4. ¿Un juego inocente?

Harry caminaba por los pasillos sin hacer caso a los saludos de sus amigos. Estaba demasiado ocupado pensando.

Nada más llegar al castillo, a la vuelta de vacaciones, Malfoy había empezado a rondarle. Fuera a dónde fuera, hiciera lo que hiciera, Harry siempre veía unos ojos fríos y grises observándole: en el comedor, en los pasillos, en las clases, en el invernadero, junto al lago… Se dio cuenta de que el único sitio al que podía ir para evitar la presencia del rubio era la torre de Gryffindor. Y sólo porque los Slytherin no podían entrar allí sin contraseña.

Lo cierto es que estaba más que cansado de ver a Draco Malfoy por todas partes, de toparse con él en cualquier rincón. El primer día después de las vacaciones ya habían conseguido su primer castigo del trimestre, aunque afortunadamente tuvieron detención por separado. Afortunadamente para Harry, porque Draco no parecía nada contento.

El segundo día de clase, sin mediar palabra, Draco se acercó a él y le plantó un puñetazo en la cara justo cuando McGonagall pasaba junto a ellos.

-¡Malfoy, Potter, a mi despacho!

Harry quería llorar. Aquello era humillante, nunca, en los años que llevaba en la escuela, había conseguido tantos castigos seguidos. (Y había unos cuantos manchando su expediente). Por primera vez pensó en empezar a contarlos por si superaba a Sirius y a su padre.

-Harry, ¿estás bien?

El joven alzó la cabeza, que había enterrado entre sus brazos cruzados.

-Sí, Hermione, muy bien.

-Pues no lo parece –apuntó Ron intercambiando una miradita de comprensión con al chica. Harry frunció el ceño.

-Sólo estoy cansado.

-Deberías dormir más –dijo Ron.

-Deberías dejar de provocar a Malfoy –añadió Hermione cerrando su libro-. Si no pasaras las noches de castigo en castigo dormirías más y estarías más relajado.

Harry gruñó.

-¡Yo no lo provoco! ¡Es él el que parece tener una especie de obsesión conmigo!

Las orejas de Ron se pusieron coloradas, pero Harry no lo notó, como tampoco notó la sonrisita disimulada de su amiga.

-No sé lo que pretende, pero no lo conseguirá.

Y recogiendo sus cosas se apresuró por las escaleras hacia su dormitorio.

-Pues yo diría que lo está consiguiendo.

-¿Sabes? Si no hubieras acertado con lo de Black y Lupin ahora mismo creería que estás loca y que te lo estás inventando todo, pero has demostrado ser bastante… perceptiva para estas cosas. De todas formas déjame preguntártelo otra vez: ¿estás segura de que Malfoy está… persiguiendo a Harry?

Hermione sonrió, pero no contestó y Ron, con un suspiro, volvió a sumergirse en su ensayo sobre Pociones alucinógenas.

Queridos Sirius y Remus:

Pensé que después de nuestra conversación estaría preparado para afrontar la vuelta al colegio, pero lo cierto es que las cosas en Hogwarts no van muy bien. Cada vez estoy más inseguro. Apenas duermo por las noches y eso me pone de mal humor durante el día. Oh, pero quiero dejar claro que si no duermo no es porque pase las noches pensando en él, eso que quede claro. La razón es que…, bueno, ya sabéis a quién me refiero, ese chico parece encontrar divertido el hecho de pasar las noches fregando cacharros y siento decirte, Sirius, que si esto sigue así superaré tu récord.

Hace cualquier cosa con tal de que nos castiguen. Yo pensaba que cuando estuviéramos a solas me diría o insinuaría algo, pero se limita a hacer comentarios un poco… ¿cómo decirlo? Impertinentes. Me saca de mis casillas y la mayoría de las veces acabamos tirándonos de los pelos sobre el suelo. Creo que lo único que quiere es divertirse a mi costa. Pero, por raro que parezca, ahora no me lo puedo quitar de la cabeza. Pienso en él a todas horas y creo que he empezado a volverme un poco paranoico. ¡Ahg! ¿Qué puedo hacer? ¡Necesito ayuda!

H.P.

Querido Harry,

Nos alegró recibir tu carta, aunque nos dejaste bastante preocupados con tus confesiones. Pero no tienes que preocuparte, no estás paranoico, sólo un poco… trastornado. Yo también lo estaba cuando Remus intentaba seducirme. Incluso llegué a tener sueños bastante subiditos de tono con él y eso que… (Remus me ha obligado a tachar esta parte)

Remus dice que es normal que te sientas así, que sólo es una fase y que se te pasará pronto.

Decías en tu carta que no puedes dormir por las noches, pero que no es porque pienses en él y luego confiesas que no te lo puedes quitar de la cabeza. ¿En qué quedamos?

Harry, no debes preocuparte tanto (Eso ya lo he escrito yo ¬¬). Debes tomarte esto con calma y pensarlo muy bien. Dices que aún no sabes lo que sientes, pero por lo que escribes la actitud de Draco parece bastante clara: busca cualquier excusa para estar contigo y esos castigos son la coartada perfecta.

¡No te dejes engañar por él! Demuestra que eres digno de tu apellido y compórtate como es debido, o si no yo mismo iré a Hogwarts y me encargaré del asunto. (También tachado)

Confíamos en que serás capaz de elegir el camino adecuado, nosotros te apoyaremos desde aquí.

Un abrazo de:

Sirius y Remus

P.D. Ahora que Remus no está aprovecharé para escribirte estas líneas: si el rubio se pasa contigo, si te amenaza o te obliga a hacer algo no dudes en avisarme. Estaré allí en un momento. Puedo ser muy rápido y silencioso. Ya sabes, pórtate bien y no hagas nada que yo no haría.

¡Suerte!

Harry dobló la carta y la guardó en su bolsillo con un suspiro. ¿Qué esperaba? Remus y Sirius parecían el angelito con arpa y el diablo de afilado tridente que se disputan los hombros de los niños confundidos (Casi podía imaginar a su padrino echando fuego por los ojos). No le habían aclarado nada, aunque tampoco es que confiara mucho en ello. Les había escrito sólo para desahogarse, para contarle a alguien su situación… aunque cada vez estaba más seguro de que Ron y Hermione sospechaban algo.

Volvió a sacar la carta y releyó la penúltima frase: Pórtate bien y no hagas nada que yo no haría. No parecía un buen consejo teniendo en cuenta que su padrino se había enamorado de un hombre. Claro, que a él le había ido bien. Le había ido genial. (Remus era la persona ideal para él). Sí, hacían una pareja perfecta, pero ahora tenía cosas más importantes en las que pensar:

Aquella misma mañana, Draco se había acercado a él y le había preguntado si le apetecía entrenar un rato después de clases. Bueno, en realidad, y para ser sinceros, había sonado más como: ¡Ey, Potter! ¿Te crees capaz de demostrar tus increíbles tácticas de buscador esta tarde en el campo?

Estuvo a punto de decir que no, pero luego recordó a Sirius y a Remus. Se acordó de sus cuerpos entrelazados sobre el colchón, de la ternura del beso que sorprendió… y de sus consejos. Y dijo que sí.

Bueno, en realidad dijo: ¡Te demostraré lo que quieras donde quieras!

¡Y qué mal había sonado eso!

-A las siete en el campo –dijo el Slytherin con una sonrisa que mandó una descarga a la espina dorsal de Harry. Y se marchó.

Eran las siete menos diez y Harry no sabía todavía si ir o esconderse. Podía ir al baño de las chicas y encerrarse en el cubículo de Myrttle… como un cobarde. ¡No, de eso nada! ¡Él era un Gryffindor! Si no iba, estaba seguro de que Malfoy se reiría de él por los siglos de los siglos, y no le apetecía oír su risita de autosuficiencia y burla, muchas gracias.

-¿Crees que no iré? Pues te equivocas, serpiente, estaré allí, y no dejaré que roces la snitch ni una sola vez.

Y lanzó una carcajada maquiavélica…, estilo tebeo muggle. (Vamos, patética)

Veinte minutos después dos personas volaban rápidamente sobre el terreno de juego, un destello dorado entre ellas.

-¡Vamos, Potter! ¿A qué esperas? ¡Eres más lento que un gusamoco con muletas!

-¡¡Cállate de una vez, Malfoy!!

El chico rubio rió. Tenía al niño que vivió a su merced, y eso le hacía sentir sorprendentemente poderoso.

-¡Mía! –exclamó el rubio con un grito de júbilo, lanzándose en persecución de la dorada pelota que acababa de dar señales de vida.

Harry gruñó y se lanzó tras él, dispuesto a coger la snitch. Voló hasta situarse justo al lado del rubio, rozando sus rodillas. Malfoy lo miró.

-Te ves hermoso con esa cara de concentración.

Fue suficiente para desconcertar a Harry y hacerle perder la snitch.

Draco reía alzando la pelota dorada.

-Parece que hoy no estás en forma, ¿eh? ¿Por qué no juegas así en los partidos? Me harías un favor.

-Sólo has tenido un poco de suerte. Me muevo más rápido que tú y puedo demostrártelo cuando quieras.

-¿Qué tal esta noche en mi cama?

Harry se llevó tal susto que estuvo a punto de caer de la escoba, con la atronadora risa del Slytherin retumbando en sus oídos.

-¿Crees que no sé lo que pretendes? –dijo Harry recuperando la compostura-. Sólo quieres distraerme para volver a ganar, pero no te funcionará una segunda vez.

-¿Seguro?

Harry bufó.

-Vamos, suéltala.

Draco abrió la mano para soltar la snitch, que se alejó rápidamente de ellos con un aleteo de oro.

-¿A la de tres? –dijo Harry poniéndose en posición, su cuerpo arqueado sobre el mango de la escoba. (La escoba… recordó las palabras de Sirius y sacudió la cabeza con furia).

-Una…

-Dos…

-¡TRES!

Pero la pelota había vuelto a desaparecer.

-Tengo una idea para hacer esto más interesante –dijo el rubio. No parecía preocupado por la snitch. Al menos no tenía la cara de concentración desesperada de Harry.

-No.

-Aún no he dicho nada.

-Ni falta que hace. Seguro que no es nada bueno.

-¡Vaya con el chico listo!

Harry no contestó y durante unos minutos permanecieron en silencio, volando tranquilamente, esperando que la snitch asomara la nariz.

-Iba a proponerte una apuesta.

-Ya he dicho que no.

-El que pierda, hará lo que el otro le pida durante un día entero.

-No.

-Y el que gane, por supuesto, podrá pedir al otro que haga cualquier cosa.

-No.

-Creía que lo que distinguía a los gryffindors era la valentía.

-Soy valiente.

-A mí no me lo parece. Tienes miedo de una simple apuesta.

-¿Quién ha dicho que tenga miedo?

Draco sonrió y Harry pudo ver sus blanquísimos dientes brillando al sol.

-Entonces trato hecho.

Harry miró con desconfianza la mano extendida frente a él. Lo pensó durante dos segundos antes de estrecharla con fuerza. (Sí, lo siento, pero este chico atolondrado de luminosos ojos verdes y cabello alborotado es un poco… impulsivo).

-De acuerdo, Malfoy. El primero que coja la snitch gana.

-Hecho.

-¡Noooo! ¡Mierda, mierda, mierda….!

Harry se tiraba del pelo con desesperación. ¿Cómo había pasado? ¡La tenía al alcance de la mano! ¡Estaba mucho más cerca de ella qué Malfoy! ¡¿Por qué?!

-Lo siento, Potter. Me temo que serás mío durante un día entero.

-¡Espera! ¡Quiero otra oportunidad!

Malfoy torció sus labios en una sonrisa despiadada.

-Me parece que eso no va a ser posible.

-¡¿Por qué!? –preguntó Harry asustado.

-Porque no quiero desperdiciar esta oportunidad. Ni hablar. ¿Nos vemos el sábado?

Y alzando su mano en un gesto de despedida el rubio engominado de marchó, dejando solo a un Harry muy –perdón-, MUY preocupado.

Continuará…

N/A: Lo sé, este capítulo ha salido un poco corto… Pero el escenario queda dispuesto para el temido sábado. ¿Qué pasará? ¿Saldrá Harry ileso? ¿Irá Sirius a salvarlo?

Gracias a todos por vuestros comentarios, espero veros pronto.

DAIA BLACK
M.O.S.