Len sabía que era una mala idea para empezar.
Permitió este repentino acto negligente solo porque se había sentido un poco eufórico la noche anterior y le impidió pensar con claridad. Era por eso que estuvo de acuerdo con esto… este acto sacrificial de idiotez que solo había sido intentado por el increíblemente insensato.
—Len, solo tomaremos café –dijo Barry con calma, como si él no fuera el motivo de la probable muerte de Len.
Len tiró de la gorra de béisbol más hacia abajo en su rostro tanto como pudo sin enterrar sus lentes falsos en sus mejillas.
—Vamos a Jitters, Barry. También conocido como el lugar como el lugar en el que me arrestarán y seré enviado a Iron Heights para que me pudra en una celda. No puedo creer que haya dejado que me arrastres a esto.
—Me encanta cuando frunces el ceño –dijo Barry con una sonrisa. Paso un dedo por la mandíbula de Len. —Muy sexy.
Len chasqueó la lengua por el dedo de Barry, forzándolo a retroceder.
—Estoy seguro de que me encontraras irresistible en un overol gris.
Barry tarareo pensativamente.
—Todo lo que uses es sexy –le lanzó a Len una sonrisa maliciosa. —Si hay algo en absoluto.
—Cállate, Barry –Len suspiró casado. ¿Esa sensación de euforia? Se fue.
Barry tomó la mano de Len y besó las yemas de sus dedos uno por uno.
—Estás siendo un gruñón, Len –dijo Barry cuando terminó, y sonrió ligeramente cuando la mano de Len se curvo bajo su barbilla para acariciar su labio. —Anoche dormí en mi cama, así que merezco un buen café.
—Me suplicaste que mantuviera la puerta abierta –dijo Len, dejando caer la mano cuando vio a una pareja mayor sonriéndole. Aceleró el ritmo, y Barry lo siguió sin perderlo.
—Eso es irrelevante –Barry se encogió de hombros. —Además nadie te va a reconocer. No es como si estuvieras usando tu Capitán Cold.
El recordatorio tenía a Len conscientemente alerta de la tela que le rodeaba.
—Sí, soy una especie camaleón en esta—Dios—esta ridícula camisa –dijo, señalando la parte delantera de su camisa de patrón cuadriculado.
—Te ves guapo, Len –insistió Barry-
—Me veo como un nerd –dijo Len. —Me veo como tú.
Barry le lanzó una mirada asesina.
—Tú dijiste que querías mezclarte. Considera esto mezclarte.
—Claro. Esperemos que el viaje a la tienda de segunda mano pueda ser más astuto que el DPCC –Len se sentía totalmente fuera de lugar, caminando por la calle más conocida. +el debería estar en las sombras, no a plena luz del día. El único aspecto positivo era que Barry tenía razón: la gente en realidad estaba creyendo su horrible disfraz. Era casi normal caminar junto a Barry por la ciudad.
— ¿Estás nervioso por conocer a Joe hoy? –preguntó Barry suavemente.
Len se encogió de hombros. Nervioso no era exactamente la palabra. ¿Irritado? ¿Incomodo? Tal vez. Visitar al detective que tenía cuenta con él no estaba al principio su lista de cosas por hacer.
—Hay peores formas de morir –dijo finalmente Len.
Los pasos de Barry vacilaron brevemente.
—No te va a matar, Len –dijo frunciendo el ceño.
—Ya veremos –dijo Len.
Barry resopló.
—Vamos a tomar un café increíble y vas a dejar de ser un gruñón y hoy va ir genial –declaró.
—Sí, bueno, esperemos que este viaje valga la pena –después de todo, Len quería que su última bebida fuera buena.
La cafetería al fin aparecía a la vista, y Len debió haber visto a Len ponerse rígido porque le beso la mejilla antes de apretar su mano alentadoramente. Entraron juntos a la tienda, y el aroma era inmediatamente embriagador. Las cejas de Len se levantaron en sorpresa.
Barry parecía demasiado presumido.
—Te lo dije.
Los ojos de Len rondaron por el café. No estaba abarrotado, solo unas pocas mesas ocupadas por parejas, estudiantes con sus laptops, y amigos poniéndose al día. Se sentía aliviado al ver que no habían policías esperándolo. Una vez que estuvo seguro de que su cubierta no se arruinara, echó un vistazo al menú.
Len parpadeó un par de veces antes de resoplar incrédulo.
— ¿En serio, Barry? ¿Tienes una bebida que lleva tu nombre?
Barry sonrió.
—Ser un héroe tiene sus ventajas. Deberías intentarlo alguna vez; tal vez nombren una bebida a tu nombre.
Len pretendió contemplar eso por un momento.
—Voy a pasar.
Eran los siguientes en la fila, y Len realmente no podía evitarlo, por lo que ordenó un Flash y Barry sonrió antes de hacer dos órdenes. Decidieron tenerlo ahí porque Len no quería tentar su suerte, y Barry estaba agradecido por esta salida como era.
Len le ganó a Barry y sacó su billetera. Le dio a la barista un billete de veinte y le dijo que se quedara con el cambio, lo cual hizo que la mandíbula de Barry cayera ligeramente.
—T-Tú no puedes –Barry balbuceó antes de llevarlo a un lado para esperar sus bebidas. — ¿De quién es la billetera que robaste?
Len intentó no estar insultado.
—Contrario a la creencia popular, Barry, tengo dinero que es mío.
Barry no parecía creerle, pero no presionó. Estudió a Len en silencio, su rostro moviéndose lentamente, y Len reconoció esa mirada. Esa mirada hambrienta, juguetona. La mano de Barry se levantó para empujar los lentes más arriba de su nariz.
—Sabes –empezó Barry, sus dedos recorriendo la camisa de Len. —Estos lentes te quedan bien. Muy, muy bien.
—Fueron de dos dólares.
—Muy, muy bien –murmuró Barry, sus manos se posaron en las caderas de Len. —ME dan ganas de besarte hasta que estén todos empañados.
Len humedeció sus labios, viendo como los ojos de Barry seguían el movimiento.
—Barry –dijo en advertencia, pero era débil y patético.
— ¿Solo un beso? –preguntó Barry en voz baja, mirándolo debajo sus pestañas.
Muchas, muchas cosas cruzaron la mente de Len. El hecho de que en realidad ellos no estaban saliendo era una grande y persistente. No debería sentirse demasiado como con esto, sea lo que sea esto, porque lo que sea que pasara no significaba nada y nunca, nunca significaría algo.
Pero Barry estaba tirando todas las paradas, con sus pulgares acariciando ligeramente la piel de Len a través de su camisa y sus ojos grandes y suplicantes, y la—por amor de Dios— manera en que se mordía el labio con nerviosismo. Len realmente no debería. Él de verdad, de verdad no debería.
El barista voceo sus bebidas a tiempo para darle a Len una excusa para liberarse del agarre del otro hombre, sin perderse el suspiro de desilusión. Se tomó un breve momento para calmarse antes de regresar al lado de Barry con sus bebidas.
—Toma –dijo Len, y Barry tomó su bebida mientras miraba fijamente a Len. — ¿Qué?
—Solo quiero ver tu cara después del primer sorbo –respondió Barry, batiendo sus pestañas inocentemente.
Len resistió poner los ojos en blanco. Levantó el vaso de papel hasta su nariz para inhalar profundamente antes de tomar un pequeño sorbo. Un gemido casi escapa por el sabor, y Barry parecía completamente demasiado satisfecho mientras tomaba su propia bebida.
—Bueno, ¿Huh?
—Eres ridículo –dijo Len, tomando otro sorbo.
— ¿Tiene tanto orgullo que no puedes admitir que amas al Flash? –preguntó Barry tímidamente, y Len no perdió el doble sentido.
—Será mejor que nos vayamos antes de que alguien llame a la policía –dijo en su lugar.
Barry resopló, divertido, con los labios fruncidos. Se presionó cerca de Len, sus brazos tocándose.
—De todos modos, ningún policía viene por aquí –dijo Barry. Se veía pensativo mientras seguía a Len a la salida. —Bueno, excepto por—
— ¡Barry! –jadeó una mujer con sorpresa.
—Patty… –terminó Barry, aturdido. Miró a la mujer rubia que entraba a la tienda antes de que tuviera un poco de sentido. — ¡Patty! ¡Hey!
Len discretamente se separó de Barry para quedarse junto a las mesas, manteniendo su barbilla abajo, pero con los oídos abiertos. Tomó su café en silencio. Maldición, era realmente espectacular.
— ¡Barry, es genial verte! –escuchó decir a la mujer rubia. —Te ves bien para alguien que ha estado postrado en la cama. Ah, ¡Bien como en salud! No… ya sabes… atractivo. Um—
—Patty, ¡También es agradable verte! –interrumpió Barry apresuradamente.
Len se dio la vuelta parcialmente para encontrar a 'Patty' sosteniendo la palma de su mano en su sien, con vergüenza y a Barry con la cara avergonzada.
— ¿Quién es? –preguntó ella, señalando a Len como si quisiera desviar la atención del rubor de sus mejillas.
Len se puso rígido, esperando que Barry al menos tuviera la cabeza para actuar como si no se conocieran.
—Oh, ese es mi novio –Barry dijo orgullosamente, y Len gruñó internamente. —Len, cariño, ven aquí.
Len no se movió de su posición al lado de la mesa hasta que Barry lo agarró del brazo y tiró de él.
—Barry, no –dijo en voz baja, resistiéndose gentilmente.
—Es un poco tímido –explicó Barry antes de atrapar a Len ahí con un brazo alrededor de su cintura. —Patty, Len. Len, Patty.
Len se aclaró la garganta mientras encaraba a Patty, manteniendo en cuenta que su gorra estuviera sobre sus ojos.
—Hola –dijo bruscamente.
— ¡Encantada de conocerte! –dijo Patty, sus mejillas increíblemente enrojecidas. Se puso un mechón de cabello suelto detrás de la oreja y su chaqueta se abrió ligeramente para revelar la insignia bajo su cadera.
El pie de Len se retorció en un paso alborotado, golpeando brevemente la zapatilla de Barry, sus instintos le gritaban que peleara o huyera.
—Igualmente –dijo Len, sus entrenados ojos en la abolladura de su chaqueta que él sabía era su arma.
—Estoy feliz por ti, Barry –continuó Patty. —Algo bueno que no funcionamos, ¿Cierto? –y entonces sus ojos se entornaron mientras se mordía el labio.
Los ojos de Len se entrecerraron, yendo entre Barry y Patty.
—Oh, ¿Ustedes salieron? –preguntó Len con tanta despreocupación que podía manejar.
—Brevemente –dijo Patty, y Barry estaba sospechosamente callado. Algo palpitó en el estómago de Len, elevándose hasta su garganta e hizo que se le erizara en vello de la nuca. Tomó otro sorbo de su café.
Barry rió nerviosamente, aunque sonaba un poco estrangulado.
—Entonces, ¿Cómo has estado, Patty? –preguntó Barry. El brazo alrededor de Len se retiró ligeramente para frotar círculos en la espalda de Len. Len comenzó a relajarse, dándose cuenta de lo rígido que estaba.
—Estoy genial –aseguró Patty con un asentimiento. —Sin embargo, yo debería hacerte esa pregunta—tú eres el único que ha estado desaparecido.
Barry se congeló por un segundo.
—Sí, yo, uh, estaba mortalmente enfermo y ahora me estoy tomando un tiempo personal para, uh, tratar con… algo.
Barry probablemente era el peor mentiroso en la historia del mundo. Len se apiado de él.
—Me ha estado ayudando a sobrellevar el fallecimiento de mi padre –dijo Len suavemente. No era del todo una mentira; su padre había fallecido meses atrás. Sin embargo, Len solo había necesitado alrededor de un día para asumirlo antes de reanudar su vida normal, finalmente libre de ese bastardo.
Patty asintió con simpatía, sus cejas se unieron.
—Lo siento tanto.
—Está bien –dijo Len. Agachando la cabeza ligeramente cuando Patty miró muy intensamente su rostro. —De hecho, estamos en camino para reunirnos con el florista.
Patty asintió rápidamente.
—Claro. Entiendo. Yo solo—lo siento. Había tenido al intención de pedir ayuda, y ya que te tengo aquí, Barry… ¿Solo una pregunta rápida?
Len intercambió una mirada con Barry. Suspiró silenciosamente por su nariz antes de hacerle un gesto con la cabeza.
—Adelante –dijo Barry, asintiendo.
Patty se iluminó antes de sumergirse en la explicación de un caso en el que estaba trabajando, donde la química de eso no tenía sentido.
Len se desconectó después de las palabras análisis termogravimétrico y, en su lugar, se conformó con mirar cómo Barry explicaba animadamente la ciencia detrás de eso, su brazo libre moviéndose alrededor de su café con énfasis, sus ojos chispeando de emoción. Era casi encantador.
Vale, era encantador, pero Len nunca iba a decir eso en voz alta. Había estado tan concentrado en la parte superhéroe de Barry que prestó poca atención al lado forense, y qué lástima por eso.
—…así que sería sensato hacer una nueva prueba –estaba diciendo Barry.
—Definitivamente voy a hablar con los chicos de los laboratorios sobre esto –le sonrió a Barry. —Muchas gracias.
Solo cuando escuchó al suavidad de su voz, Len notó el efecto que Barry parecía tener sobre ella. a él realmente no le gustaba la forma en que Patty se sonrojaba con Barry, o cómo sus ojos reparaban en su rostro, en sus labios…
—Simplemente no hagas enojar a los químicos –dijo Barry, con los labios temblando. —No queremos que ellos… sobrereaccionen.
Patty y Barry se echaron a reír. Len había estado bien con toda esta charla de nerds—todo bien, de verdad, hasta que Patty en forma juguetona apretó el brazo de Barry cuando su risa desapareció.
— ¿Barry? –murmuró Len, y Barry se giró hacia él, sus labios aún en una sonrisa.
Len inclinó el rostro de Barry hacia arriba y presionó sus labios juntos, en un ángulo que la gorra no saliera volando. Era casto, por supuesto, pero la mano de Len todavía se apretó alrededor de Len. Paso un pulgar en su mejilla antes de retroceder, viendo como Berry perseguía sus labios.
—Tenemos que irnos, ¿Recuerdas? –Len le recordó suavemente.
Los ojos de Barry se abrieron, sus labios ligeramente separados.
—Huh…
— ¿Para el florista? –Len insitó.
—Florista…
—Fue un placer conocerte, Patty –dijo Len a la mujer sonrojada. —Debemos irnos.
—V-Vale, adiós Len. Espero verte pronto en el trabajo, Barry –dijo, levantando la mano en despedida.
Barry hizo un sonido sin compromiso con el fondo de su garganta, sus ojos nunca dejaron a Len.
Len los llevó a la salida, sintiendo cómo se aflojaba el nudo en su estómago cuando volvió a estar al aire libre con Barry bajo el brazo otra vez. Llegaron a la seguridad de la acera sombreada sin problemas, dirigiéndose hacia el apartamento.
—Puedes dejar de mirar –dijo Len, dándole a Barry una mirada de soslayo.
Barry continuó mirándolo de todos modos.
—Len, ¿Estás celoso? –prácticamente difamo, como si estuviera borracho de la realización.
—No me pongo celoso –respondió Len, porque obviamente no lo hacía. Obviamente estaba tratando de sacarlo de ahí antes de que cualquier otro policía pudiera parecerse. Obviamente.
—Estás celoso –Barry dijo sonriendo, aturdido, y entonces presiono su mejilla contra el hombro de Len. —Lo sabía. Me amas.
—No lo hago –dijo Len, casi automáticamente, pero Barry continuó tarareando felizmente.
—Lo que digas, Len.
Len hacía tiempo que necesitaba un arma apuntando a su cara.
Francamente, lo extrañaba. Le enviaba adrenalina por la venas, haciendo latir su corazón, su cuerpo listo para luchar contra el culpable.
Y Len lo habría hecho si el arma no le perteneciera a Joe West.
¿No le había dicho a Barry que iba a recibir un disparo? Debería haber hecho una apuesta; podría haber hecho un poco de dinero real. Len estaba contento de dejar que Barry viera a su padre adoptivo a solas, pero Barry lo necesitaba, su apoyo, y ahora mira donde lo tenía.
Barry había dejado que Len se pusiera un suéter sobre la escena del crimen con una camisa, por lo menos su cuerpo no se encontraría en un estado tan incriminador. Lástima que la gorra y los lentes se hayan quedado en el auto; a Barry realmente le habían gustado esos.
—Debería haber sabido que era tú, Snart –gruñó West, su mano amartillando el arma. Len rodó los ojos por el dramatismo. West no iba a disparar a un hombre desarmado en su propio porche, especialmente no con Barry dentro de la casa. Pero de nuevo, él es Leonard Snart y nadie lo extrañaría. —Tienes a Barry pensando en todo tipo de tonterías.
—Ahórrame el teatro, Detective –arrastró Len, inclinando la cabeza. —Barry no estará muy feliz contigo cuando descubra que estás amenazando a su novio.
West prácticamente estaba temblando de ira, lo que Len encontraba infinitamente entretenido.
—Tú no eres su novio.
—Intenta decirle eso –dijo Len, y esquivó el puño dirigido a su mandíbula. Entornó los ojos. — ¿Qué te dijo exactamente Cisco?
West pareció orientarse antes de contestar venenosamente.
—Que la meta-humano golpeó a Barry con una de sus flechas de amor y que está confundido por eso.
—Ah –dijo Len, sus cejas levantándose. —Así que ahora saber que están enamorado de mí –una parte de Len se complació en decir, disfrutando la forma en que se sentía en su lengua, la afirmación que poseía.
— ¡Él solo piensa que está enamorado de ti! –escupió West- su voz se estaba poniendo peligrosamente fuerte ahora, y pronto ni siquiera el sólido roble de la puerta podría detener el sonido de sus argumentos.
—Entonces ves mi problema –dijo Len rotundamente. —Para su información, Detective, en realidad estoy tratando de ayudar a Barry.
West resopló, su rostro lleno de cómica incredulidad.
— ¿Y cómo sé que tú y esta meta no están trabajando juntos? ¿Qué no estás usando a Barry por sus poderes? ¿El objetivo perfecto, huh?
Fue Len quien resopló esta vez.
—Me siento halagado de que piense que podía ser tan astuto –dijo Len. —y sin corazón. Sin embargo, este no es el caso. Lamento decepcionarlo.
—No eres más que una baja, escoria—
La puerta se abrió y Barry se sobresaltó de inmediato por el arma levantada.
— ¡Joe! –jadeó, sus manos se agitaron levemente. — ¿Qué estás haciendo? ¡Deja eso!
— ¡Vuelve adentro, Barr! –West gritó.
No, te di el minuto que querías con Len –argumentó con voz temblorosa. —Ahora, por favor, ¡Guarda tu arma!
—Lo escuchaste, Detective –dijo Len con una sonrisa. —No se puede dañar la mercancía.
De repente, Len fue azotado contra la pared, una de las manos de West agarrando su cuello mientras que la otra sostenía el arma a un lado de su garganta. Len mantuvo la mirada fija en la de West mientras un gruñido retumbo en lo profundo de su garganta.
— ¿Crees que no voy a matarte? –murmuró West rápidamente amenazante. —Estás subestimando lo mucho que amo a mi hijo.
— ¡Joe! –gritó Barry. — ¡Joe, por favor! ¡Detente!
—Entonces mátame –desafió Len, su barbilla sobresaliendo con orgullo.
—Nada me gustaría más que borrar esa sonrisa engreída de tu cara.
Antes de que Len pudiera decidir cuán dolorosamente quería desarma a West, se distrajo con un pitido agudo.
—P-Por favor… –Barry se asfixió débilmente.
—Hey –dijo Len aturdido, sus ojos aterrizando en Barry. sus ojos se ensancharon cuando vio el reloj destellando en rojo.
— ¡Hey! ¡Quítame las manos de encima, West! –gruñó, luchando contra él. El reloj ahora chillaba, fuerte y enojado, como clavos contra una pizarra. Barry se desplomó en la puerta cerrada, con el rostro lleno de pánico y confusión.
West, el maldito idiota, finalmente libero a Len más por la impresión que por cualquier cosa, y Len intentó atrapar a Barry antes de que pudiera colapsar.
—Hey, estás bien –le aseguró Len, bajándolo suavemente. Barry tenía los ojos muy abiertos, casi hiperventilando, su pecho subía y bajaba rápidamente. —Estás bien, Barry.
—L-L-Len, t-tú… –sus manos se aferraron desesperadamente a los antebrazos de Len.
—No hables, Barry. Solo respira. Estoy bien. Estamos todos bien –Len continuó murmurando garantías seguras y recordándole respirar profunda y lentamente hasta que Barry comenzó a relajarse, y su monitor regreso a la normalidad.
—No más discusiones –graznó Barry, sonando como si acabara de hacer gárgaras con vidrios rotos. —No más peleas. Por favor.
— ¿Escuchaste eso, West? –Len miró por encima del hombre para mirar al hombre atónito. —Supongo que tendremos que ser civilizados ahora.
West apretó los dientes, pero permitió que Len ayudara a Barry a levantarse. El Detective enfundo su arma antes de abrirles la puerta, con la cara blanca además de la mandíbula apretada.
—Abrázame, por favor –murmuró Barry cuando pasaron el umbral. Len los llevó al sofá más cercano antes de ir por ello. Tiró de Barry sonrojado a su lado, frotando arriba y debajo de su brazo con dulzura. —Gracias –suspiró, dejando caer su mejilla en el hombro de Len.
—Iré, ah, a hacer un poco de café –murmuró West antes de retirarse a la cocina.
El teléfono de Len fue de inmediato bombardeado con mensajes de Cisco, que iban desde letras en mayúscula hasta signos de interrogación y exclamación. Len le envió un simple Él está bien antes de guardar su teléfono para centrar su atención en Barry.
— ¿Estás bien? –preguntó Len. No podía ver la cara de Barry, pero podía sentir la tensión en sus hombros. El otro hombre permaneció callado durante unos minutos, con Len cada vez más preocupado.
—Amo a Joe. Él es como mi padre, ¿Sabes? –murmuró Barry con tristeza. —Pero también te amo a ti. Tanto, duele… y ver a los dos peleando así –se cortó, sacudiendo la cabeza.
—Lo siento, Barry –dijo. Se retiró un poco para examinar el rostro de Barry. se veía tan cansado. Len sintió que su estómago se revolvía con culpa.
West se aclaró la garganta cuando entró de nuevo en la habitación, y Len intento no mirar con furia mientras se sentaba frente a ellos. Se miraron el uno al otro por un largo momento, Barry se puso rígido junto a él mientras se estiraba incomodo, y Len comenzó a frotarle el brazo de nuevo.
—Quita tus manos— –empezó West, pero Len lo interrumpió.
—No puedo. Lo siento –dijo, aunque no lo lamentaba en lo más mínimo. —Eso lo calma, como viste antes –dijo de manera casi acusadora, aunque sabía que fue culpa de ambos por haber dejado a Barry así.
—Creo que voy a enfermarme –dijo West.
La mano se Len se envolvió sobre la de Barry.
—Acostúmbrate.
Hubo un largo momento de silencio. Len uso ese tipo para escanear las muchas fotos colgadas en las paredes, apoyadas contra las mesas. Barry se veía muy feliz en cada una de ellas.
—Nunca pensé que tendría al Capitán Cold en mi sofá –dijo West finalmente.
Len sonrió un poco por su alter ego.
—Esto tampoco es exactamente un sueño hecho realidad para mí, West.
— ¿De verdad? –resopló West, con los ojos serios. — ¿Cómo si no estuvieras revisando mi casa para referencias futuras en este momento?
Len fijó sus ojos de vuelta a West, con una sonrisa sin humor en su rostro.
—Es uno de mis malos hábitos.
—Claro. Como robar bancos en tu tiempo libre.
—No admito nada. Aunque, hipotéticamente, eso es más un pasatiempo –explicó Len inocentemente.
— ¿Pueden parar ya? –dijo Barry de repente. Len había pensado que se quedó dormido; había estado tan callado. —Joe, querías verme. Aquí estoy. ¿Puedes por favor parar de interrogar a Len?
—Len –repitió West en blanco. — ¿Desde cuándo es 'Len'?
Barry se sentó ligeramente, todavía apoyado en Len, pero ahora Len podía ver su rostro claramente.
—Lo amo, Joe. Necesito que estés bien con eso.
— ¿Te estás escuchando, Barr? –exigió West con incredulidad. —Este es el hombre que hizo su misión matarte, ¿Recuerdas eso?
Barry le frunció el ceño.
—Las cosas cambiaron.
—No –West dijo, negando. —Solo piensas eso a causa del meta-humano.
—Incluso antes de eso –protestó Barry. —Las cosas fueron diferentes. Nunca me lastimo después del accidente en Ferris Air. Simplemente es irritantemente dramático con sus escapadas. Y ha sido tan dulce conmigo.
—Forma de arruinar mi reputación en la calle, chico –dijo Len. Barry le sonrió, y Len siempre se preguntó cómo los ojos de Barry podían ser tan expresivos, revelando lo aficionado que es a Len.
—Deja de mirarlo así, Snart –gruñó West.
Len volvió a mirar a West, completamente molesto. Parecía que todo lo que Len hacia merecía un arresto.
— ¿Cómo?
—Como si realmente te importara un comino, porque ambos sabemos que no es verdad –dijo West ásperamente.
Len comenzó a levantarse de su asiento, con las manos cerradas en puños, pero Barry lo detuvo.
—Sería sabio contar las bendiciones que tienes, que soy yo quien mantiene su corazón latiendo en lugar de alguien menos tolerante –gruñó Len. —Podría irme si quisiera.
La mano de Len se apretó en la manga de Len.
—Quédate –dijo una voz, y Len se giró para encontrar a Iris rondando cerca de la pared, entrando en la sala de estar. Cerró la puerta de la entrada completamente mientras miraba a Len, cautelosamente, pero con una especie de desesperación.
—Iris –dijo West en advertencia, un poco de miedo se filtró en sus ojos como si pensara que Len la atacaría repentinamente.
—Si eres el que mantiene a Barry con vida, entonces te tienes que quedar –ella sacó un poco la barbilla, con la misma mirada de orgullo que había visto en su padre.
—No te preocupes, no soy un monstruo –respondió Len con frialdad.
— ¡Iris! –dijo Barry, y se movió un poco como si quisiera saludarla adecuadamente, pero no quería separarse de Len. — ¿Cómo están tú y Eddie? ¿Bien?
Iris le ofreció a Barry una sonrisa pequeña, todavía tensa junto a la puerta.
—Estamos bien, Barry. Más preocupados por ti, en realidad. Visite Laboratorios S.T.A.R. y Cisco me conto todo los detalles, pero dejó fuera el… quién de ello.
Len estaba terriblemente cansado de eso. Esperaba que Iris sacara su arma y la sostuviera en su cabeza en otro enfrentamiento que tuviera a Barry al borde de la muerte por segunda vez hoy, pero no llego. En cambio, ella hizo algo que era posiblemente mil veces peor.
Ella le agradeció.
Legítimamente. Un real. 'Gracias por salvar su vida', salió de su boca, sin sarcasmo, sin tono condescendiente, nada.
Len la miró por un largo momento, tratando de evaluar la situación.
—No hay problema –dijo Len al final, a pesar de la montaña de problemas que tuvo y que continuara enfrentando.
—Papá –le dijo ella a West. —Sé que es raro—créeme, lo sé—pero cisco y Caitlin parecen confiar en él lo suficiente. Deberíamos nosotros también.
—No va a lastimarme –dijo Barry en voz baja, y allí estaba de nuevo.
Len sintió algo indiscernible en la boca del estómago. No sabía si se sentía cómodo con Barry haciendo apuestas de esas maneras, prometiendo a todos una buena racha. ¿Se esperaba que ayudara porque estaba pagando una deuda? Eso está bien. ¿Se esperaba que ayudara porque hay algo bueno en él? Eso, él no creía estar a la altura. No importaba cuando lo intentara, solo terminaría decepcionando a todos los involucrados, especialmente a todos.
—Sí, no lo hará, o lo último que va a ver es mi arma –dijo West, con el rostro relajado, pero sus ojos eran tan agudos que era una maravilla que Len no estuviera desangrándose.
Iris finalmente se dirigió al lado de su padre, golpeándolo suavemente y diciéndole que se portara bien. Len estaba casi agradecido con ella cuando le lanzó una larga descripción de las cosas que había descubierto los últimos días, los artículos de noticias que había estado escribiendo, que generalmente llenó la habitación con algo más que un silencio tenso.
Len prácticamente tenía una competencia de miradas con West frente a él, mientras Barry le explicaba a Iris lo que había estado haciendo, afortunadamente las partes embarazosas que pintaban a Len como una horrible excusa de villano. Sintió que Barry lo apretaba mientras enfatizaba ciertas partes de las historias, en un momento agarrándose el codo ("Y él los tiró— ¡Fue gracioso!") pero Len estaba completamente enfocado en el hombre obviamente jugando algún tipo de juego. Era una cuestión de dominio, algo que ninguno de los dos iba a ganar a este ritmo.
No pasó mucho tiempo antes de que Iris hiciera planes para volverse a ver pronto, teniendo suficiente de las miradas que recorrían por la habitación y decidiendo que era suficiente por un día. Todos se pusieron de pie, pero Iris apartó a Barry para hablar con él en privado. Len asumió que era para comprobar si él realmente estaba bien, si era una indicación la preocupación que veía en sus ojos. Vio a Barry asentir continuamente con la cabeza, como si le diera un sermón y tuviera que demostrar que estaba escuchando. Sin embargo, antes de que pudiera a esforzarse por escuchar la conversación. West se aclaró la garganta e hizo un movimiento con su barbilla.
—Esperó escuchar el discurso[1]–dijo Len con calma mientras se apoyaba contra la pared.
West parecía que quería limpiar toda su casa con agua bendita.
—Cállate, Snart. El hecho de que tenga que tratar contigo por el momento no significa que tenga que disfrutarlo.
Len levantó la ceja.
—Tienes todo un arsenal de amenazas de reserva, ¿No? Vamos a escucharlas entonces.
—Chico, realmente la pelea[2] del siglo, ¿No?
—Esa es una gran declaración, teniendo en cuenta de que no estamos ni siquiera a dos décadas –Len no sabía realmente porque le producía tanta diversión agitar una bandera roja frente a un toro de carga; simplemente lo hacía. Pero West no se divertía—de hecho, se veía más serio de lo que Len alguna vez lo había visto.
—Solo voy a decirlo una vez, así que será mejor que escuches. Si descubro que estás usando a Barry, o si le hiciste daño de alguna manera… –West tocó con un dedo su arma enfundada. —…no dudaré en disparar.
Len buscó ene sus ojos, buscando algo que pudiera revelar su engaño, pero no encontró nada. Barry se acercó para abrazar a West, apartando sus inquebrantables ojos de Len.
—Cuídate, ¿Está bien, Barr? –Le dijo contra el cabello de Barry. —Quiero que me visites a menudo hasta que acabe todo este clavario acabe.
Barry le ofreció una pequeña sonrisa antes de apretar el hombro de West y retroceder.
—Lo haré, Joe. Te veré pronto.
Len no le dio otra mirada a West, solo asintió como apreciación a Iris, cuyos ojos parpadearon al brazo que tenía alrededor de Barry. Ella no le dijo nada a Len, solo le dijo adiós a Barry antes de llevarlos a la salida. Su mandíbula se estaba poniendo un poco adolorida por apretarla y abrirla fuerte.
No es que Len no supiera que era un criminal es quien es; está en su sangre. Por supuesto que él lo sabe. Es como si quisieran que se equivocara y usara a Barry para sus motivos ocultos. Él podía si realmente lo quisiera. Una parte de él quería hacerlo, solo para fastidiar a ese maldito de West de la mejor (peor) manera posible. Pero el rostro de Barry, pálido y sin vida, cruzaba por su mente, y tenía ganas de tragarse las náuseas que pasaban por su garganta.
West tenía razón; hubo un tiempo en el que quería acabar con el Flash, pero las cosas cambiaron. Las cosas eran diferentes. Len vio un nuevo contrincante, un nuevo oponente, uno con el que tenía mucha diversión y solo terminó el juego para bien. Ese meta ataque era algo que no podía haber planeado, algo que no podía haber esperado interponerse en sus planes. Tenía que volver a jugar y no sabía a dónde llevaría esto. Odiaba o saberlo, odiaba no tener el control.
Azotó la puerta del auto con un poco más de fuerza de la necesaria. Barry lo miró desde su asiento tan pronto como se sentó.
— ¿Estás bien? –la voz de Barry era gentil, como siempre lo era porque esa era la persona que Barry era—tan generoso y desinteresado, un verdadero héroe. Solo le recordó a Len que no se merecía nada de eso.
—Estoy bien –dijo rotundamente Len, y sin importarle si Barry le creía o no, no volvió a preguntar.
El televisor arrojaba un cálido brillo sobre el techo cuando Len lo miraba desde su perezosa posición en el sofá. No podía dejar de pensar en lo que sucedió. No importaba cuando lo intentara, simplemente encontraba a su mente regresando a la conversación anterior.
—Len, háblame, ¿Por favor? –dijo Barry por lo que parecía ser la quinta vez. Estaba mirando a Len desde la silla de la cocina, esperando otro lote de galletas que se tomó tiempo para hornear. Len estaba empezando a darse cuenta de que esto era probablemente un ejercicio para aliviar el estrés.
En lugar de responder con su habitual gruñido de rechazo, Len suspiro.
—No hay nada de qué hablar, Barry –dijo, y Barry se enderezó inmediatamente al escuchar su voz de nuevo. Len odiaba cómo eso le hacía sentir un poco mejor, viendo cuán sensible era Barry para él. No debería hacerlo sentir de ninguna manera.
—Sé que ver a Joe hoy fue un poco… –Barry no parecía saber la palabra correcta, pero Len entendía. —…sí. Pero todo está bien ahora. Bueno, tan bien como podría ser.
—Bien –Len repitió. —Sí.
Barry le frunció el ceño. Dio unos pasos hacia Len, pero se detuvo para recoger algo del suelo.
—Oh, me encanta esta gorra –dijo Barry con cariño, moviéndola entre sus manos. Len casi había olvidado que la tiró al entrar.
Barry contempló la gorra por un momento antes de levantarlo para asegurarlo sobre su cabeza para que la visera quedara hacia atrás. Len perdió rápidamente su tren de pensamiento.
Barry atrapó su reflejo en el espejo de la pared antes de reírse para sí mismo, haciendo que se la quitara.
—No te la quites –dijo Len antes de poder detenerse.
Barry parpadeó y bajó las manos.
—Oh, ¿Te gusta? –preguntó moviendo las cejas.
Idiota.
—Cállate –dijo Len sin enojo. La sonrisa de Barry se ensanchó mientras se paseaba hacia el sofá, inclinando la cabeza burlón.
—Len –casi cantó.
—Dije silencio, tú –dijo Len, espantando las manos de Barry sin entusiasmo. Todo el aire quedo fuera cuando Barry se lanzó sobre Len.
—Te amo –le dijo dentro del cuello de Len antes de presionar sus labios allí.
Len lo empujó con la cabeza, sintiéndose un poco de cosquillas.
—Sigues diciendo eso, pero siempre soy el que se lastima por tus codos huesudos.
—Esos son heridas de amor –Barry se apoyó en sus huesudos codos, justo en el pecho de Len. Heridas de amor, cierto.
Len alcanzó a tocar la gorra de béisbol, tirando de la visera hasta que un mechón de cabello salió de la abertura. Barry miró a Len silenciosamente mientras sus manos bajaban nuevamente.
Barry deslizó su brazo hacia arriba, sus dedos extendidos para rozar el rostro de Len. Len lo dejo, disfrutando de la sensación de las puntas de los dedos del otro hombre a lo largo de su piel. Barry trazó la línea de sus cejas, sus pómulos, su mandíbula, antes de acercar su rostro con ambas manos. Barry se inclinó gentil y lentamente, para que Len tuviera tiempo de alejarse, pero lo pocos segundos que le dio no eran suficientes para calmar la guerra que se desarrollaba en su cabeza entre su deseo y su control.
En el momento en que sus labios se tocaron, Len sabía que estaba terminado, su control estaba condenado. Era lento y gentil, solo los movimientos flojos de sus labios y los lentos movimientos de la lengua. Barry soltó un gemido suave desde el fondo de su garganta cuando las manos de Len se movieron en sus caderas, y Len estaba casi seguro de que su cerebro hizo un corto circuito por el sonido. Era adictivo lo cálido que era Barry, lo extremadamente sensible que era con sus pequeñas respiraciones cada vez que Len pasaba sus pulgares en los huesos de su cadera. Quería escuchar más de eso, ver que otros ruidos podía sacar de eso labios, ver cuán desesperado Barry podía estar por más…
—Barry –murmuró Len en sus labios. —deberíamos parar.
—Deberíamos –Barry estaba de acuerdo, pero ninguno de ellos se alejó.
No fue hasta que Len sintió que Barry se endurecía contra su muslo que giro el rostro, jadeando levemente.
—Hablo en serio –dijo Len tan firme como podía.
—Siempre eres serio.
—Barry.
Barry se alejó con otro suspiro y apoyó su frente contra la de Len.
—Te deseo –susurró Barry, su aliento cálido contra sus labios. —Te deseo tanto.
—No lo haces –dijo Len, porque tenía que recordárselo a Barry, una y otra vez.
—Lo hago –se balanceó contra Len, acomodándolos juntos. Las manos de Len se tensaron en las caderas de Barry para mantenerlo quito, apenas conteniendo su gemido de placer. A este ritmo, ambos terminarían en el punto de no retorno. Tenía que parar, pero… Barry era tan cálido, un peso reconfortante sobre él. Prácticamente podía sentir que s resolución se hacía añicos, y al parecer Barry también podía, porque estaba conectando sus labios otra vez, besando seriamente esta vez.
Len gruñó, alzándose. Presionó hacia delante hasta que Barry cayó sobre su espalda, colocándose sobre él. Su gorra cayó al suelo en el frenesí, pero Len no podía encontrar que le importará en ese momento.
— ¡Sí, sí! –jadeó Barry, y luego gimió cuando Len lo beso bruscamente, sus lenguas se enredaron caliente y húmedo. Len se retiró para rozar la barba incipiente de Barry a través de su mandíbula antes de agacharse para meterse en la suave piel de su cuello.
Barry estaba temblando debajo de él, con sus piernas apretadas alrededor de su cadera y sus manos arañando sus omoplatos. Len lo mordía más que besarlo, más dientes que lengua, antes de retirarse a examinar su trabajo. El cabello de Barry estaba despeinado, la boca abierta por lo fuerte que jadeaba, sonrojado hasta el cuello.
Len estaba a punto de zambullirse de nuevo, para mostrarle a Barry lo bien que podían estar juntos, hasta que capto el movimiento en lo profundo de los ojos de Barry.
— ¿Len? –murmuró Barry cuando sintió el cuerpo de Len agarrotarse.
Len observo como las pupilas del hombre se ondeaban, como un estanque negro perturbado por un guijarro perdido.
Era como un chorro de agua fría sobre él, y el calor del momento fue remplazado por una sensación escalofriante que recorrió su espina dorsal. Se sintió enfermo. No debería estar haciendo esto. ¿Por qué él estaba—?
Se arrancó de las manos de Barry y tropezó con sus pies.
—Len –dijo Barry de nuevo, confundido esta vez. Sus piernas todavía abiertas, su respiración era irregular. — ¿Qué pasa?
—Yo no… –comenzó Len sin poder decir nada. Presionó una mano sobre su sien, sacudiendo su cabeza suavemente. No quería que sucediera de esta manera. No así…
Cuando volvió a mirar a Barry, sintió una fuerte punzada de culpa por el dolor tan evidente en su rostro.
—No quieres hacer esto –dijo Barry en blanco.
—Lo siento, Barry –dijo Len, incapaz de mirarlo a los ojos.
—No, no lo estés. Estoy—Dios, me siento como un idiota –Barry dejo escapar una risa sin humos antes de frotar una mano sobre su rostro. Se tomó una largo momento para recuperarse antes de ponerse de pie. —Está bien. te amo, Len. Más allá de lo físico, te amo. Está bien. de verdad.
—Barry…
Barry presionó un casto beso en sus labios antes de que pueda decirle algo más, algo que se sentía como una disculpa.
—Te deseo –murmuró Barry tristemente. —pero no cuando tú no me deseas también.
Era esa inhalación temblorosa de aliento lo que casi rompe a Len. Barry se alejó para regresar a la cocina y comenzar otra tanda de algo, y lo único que la mente de Len podía era gritar Lo hago te deseo, te deseo demasiado.
Len lo miró, su interior se agitaba con dolor y anhelo, con deseo y necesidad. Si solo Barry, el verdadero Barry, supiera lo mucho que Len lo deseaba— ¿Tendría miedo? ¿Huiría? ¿O dejaría que Len lo desarmara debajo de sus dedos, con su lengua, hasta que Barry suplicara ser follado? ¿Permitirá que Len lo abriera con sus dedos, lenta y burlonamente, uno por uno, hasta que Barry se retorciera, jadeara, gimiera y pidiera más? ¿Permitiría que Len le susurrara al oído lo sucio, desesperado y desvergonzado que era? ¿Cómo sería de bueno para Len, tomando su pene mientras gemía y se apretaba a su alrededor hasta que estuviera completamente profundo? Y tal vez Barry haría esos ruidos entrecortados, mientras las embestidas de Len sacaban los sonidos directamente de él, aferrándose de él como si dependiera su vida, con las uñas dejando arañazos rojizos a lo largo de su espalda. ¿Querría eso? Cuando la cama golpeara la pared y lo único que Barry sabría fuera el nombre de Len, ¿Gritaría hasta que perdiera su último rastro de coherencia? Y cuando ambos este en la cima de sus clímax, casi cayendo por el borde, ¿Dejaría que Len mordiera su cuello, ser marcado para que el mundo entero lo viera, reclamándolo así nadie se atrevería a tocarlo?
Entonces Len recordó que este era Barry Allen a pesar de todo; por supuesto que no lo haría.
[1] Sholvel talk. La charla 'Si la/lo lastimas, te destrozaré' que se da como advertencia a una pareja romántica por un parte preocupada, usualmente familia o amigo cercano.
[2] Ass whooping. Generalmente dicho para una agresión física, con la perspectiva de que el agresor termine el altercado favorablemente.
Notas del traductor:
Gracias por leer~
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