Armand
Caminaba por aquel campo mientras contemplaba los alrededores y hacía cálculos y planificaciones mentales. Una sonrisa se dibujó en su rostro y una sombra en sus ojos. El Rey Guillermo le había concedido el condado de Wiltshire como premio a los servicios prestados. Servicios sombríos, claro, pero eso era algo que el Rey no tenía por qué saber. Ahora estaba allí, emigrado de Francia, comenzando una nueva vida. Allí construiría no sólo un hogar, sino que pondría los cimientos de una nueva familia, de una nueva dinastía de magos y brujas de alta estirpe. Una familia poderosa para una sociedad poderosa, donde se mezclarían tanto con magos como con muggles, tanto con la alta nobleza como con el populacho, todo por conseguir lo que Armand más quería, poder y presencia. A fin de cuentas, así era como tenía que ser.
