Solo como una pequeña aclaración, la primera parte, en la mansión, es un recuerdo. Lo digo solo por si llega a haber alguna duda.
El rubio se quedó de pie frente a los papeles, mirando la esperanzada cara que su jefe tenía ese momento. Los ojos del hombre se encontraban muy abiertos, y sus pupilas se movían de lado a lado a toda velocidad.
-Quiero que lo encuentres, Kurapika-. Exclamó finalmente, sin dejar de mirar los documentos. –Encuéntralo y convéncelo de que trabaje para nosotros, cueste lo que cueste. Incluso si eso implica gastar toda mi fortuna.-
El kuruta asintió con la cabeza, sin cambiar la seria expresión de su rostro. –Sí señor-. Dijo para finalmente dar media vuelta y retirarse del lugar, sin embargo, lo detuvieron a último segundo.
-Kurapika-. Lo llamó una vez más el señor Nostrade, a lo que el aludido se detuvo. –Buen trabajo-.
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El joven rubio pasó el resto de aquella tarde preparándose para el viaje que debía emprender al día siguiente. Luego de varios meses de investigación, había dado con un plan para recuperar el poder perdido de Neon. Sin embargo, aún seguía habiendo mucha información que desconocía, y sabía que probablemente, para conseguirla, trataría con personas peligrosas. Cerca de las diez de la noche, escuchó dos suaves golpes en la puerta de su habitación.
-¿Kurapika? Soy yo, ¿Puedo pasar?- Se escuchó del otro lado.
-Adelante-. Dijo el rubio al oír su voz. La cazadora musical entró en la habitación con una expresión algo preocupada.
-El jefe me informó que viajarías mañana-. Comenzó la mujer con delicadeza. Sabía que no debía hablar de manera muy imprudente, o el rubio sacaría a relucir su coraza.
-Así es-. Contestó sentándose sobre su cama e invitando a la mujer a hacer lo mismo. –Creo que la mejor forma de encontrarlo, será involucrándome en sus redes. Si la información que tenemos es genuina, no debería ser muy difícil-.
-Aun así, la información que tenemos es demasiado escasa. No tenemos un nombre ni un rostro, sólo un apodo. ¿Estás seguro de que es prudente arriesgarse?-. Preguntó con inquietud, pero no fue necesario que recibiera respuesta. Los seguros latidos que tenía el rubio en ese momento le hicieron darse cuenta de lo decidido que estaba.
-Alguien debe haber escuchado sobre él. Lo mejor será preguntarle directamente a personas del bajo mundo-.
La mujer se quedó en silencio durante unos segundos. Le preocupaba lo que podría ocurrirle a su amigo si llegara a encontrarse en una situación de peligro.
-¿No quieres que vaya contigo?-. Preguntó como último recurso, a pesar de saber de antemano la respuesta que recibiría.
-Será mejor que te quedes y cuides al jefe. Además, necesitaré que alguien me apoye desde aquí-.
-Está bien. Pero ten cuidado-. Pidió por último antes de levantarse para marcharse. El rubio asintió, intentando tranquilizarle con una leve sonrisa.
-Lo haré. No te preocupes-.
La mujer sonrió una última vez antes de dejar la habitación. Kurapika apreciaba que su amiga se preocupara por él, pero esto era algo que debía hacer.
Estuvo a punto de volver a sus tareas cuando escuchó que nuevamente tocaban su puerta. Se acercó a abrir esperando ver nuevamente a Senritsu, pero para su sorpresa, se encontró con la pequeña figura de la pelirosa, mirándolo con una sonrisa en los labios.
-Jefa, ¿Qué hace despierta a esta hora? Es peligroso que merodee por los pasillos-. La regañó, recibiendo una mueca exasperada por su parte.
-No seas aguafiestas, después de todo el trabajo que me costó burlar a los sirvientes-. Se quejó la joven con un pucherito, haciendo que el rubio soltara un suspiro.
-¿Qué hace aquí?- Preguntó con cierta curiosidad. No se imaginaba que podía querer la joven con él.
-Pues vine a agradecerte-. Dijo finalmente, dejando ver una sincera sonrisa. Cosa que el rubio creía no haber visto jamás. –Es muy bonito de tu parte hacer todo esto para que pueda recuperar mis poderes. Siempre creí que eren una molestia, pero ahora que no los tengo, me doy cuenta de lo importantes que eran-. Terminó la joven con cierto pesar.
El kuruta aún se encontraba algo sorprendido, y no quería ser tosco, pero debía dejarle claras las cosas desde el comienzo.
-No tienes por qué agradecerme. Es mi trabajo-. Contestó de manera cortante, apartando la mirada. Pero contra todo pronóstico, la chica amplió aún más su sonrisa.
-Claro, por trabajo-. Dijo irónicamente, guiñándole el ojo. –Espero que tengas buena suerte-.
La chica salió de la habitación, dejando al kuruta perplejo. Nunca podría descifrar los extraños cambios de actitud de esa joven.
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Aproximadamente un mes después, Kurapika se encontraba sentado sobre su cama, seguro de que había hecho lo correcto. Había gastado demasiado tiempo saliendo con sus amigos, y casi había dejado su misión de lado. No podía seguir distrayéndose, y era por eso que le había informado a Leorio que se quedaría en un hotel. Pese a intentar ocultarlo, tuvo que darle la dirección, ya que el moreno no parecía dispuesto a dejarlo marcharse sin una forma segura de contactarlo. Así que le pidió al menos que lo mantuviera en secreto de los dos menores.
Gon… Nuevamente, se había marchado sin decirle nada. No podía ser de otra forma. El ojimiel era una persona muy testaruda, y además convincente. Tenía miedo de lo que esta poderosa combinación pudiera producir en él. Acabaría su misión y se marcharía de la ciudad lo antes posible. Eso sería, sin dudas, lo mejor. Gon había estado perfectamente durante todo este tiempo junto a Killua, y no dejaría que sus emociones arruinaran eso. Él tenía una promesa que cumplirle a su tribu, y hasta que no cumpliera su palabra. No podía desviar la mirada de su objetivo.
Su teléfono sonó, sobresaltándolo un poco.
-¿Diga?
-Kurapika, creemos haber encontrado su ubicación-. Habló la voz del otro lado. Senritsu.
-¿Dónde está?-. Preguntó el rubio con cierta ansiedad. Había estado casi un mes intentando obtener información y no había conseguido nada.
-En seguida te enviaré las coordenadas-.
-¿Estás segura de que la información es auténtica?-. Preguntó algo escéptico. No podía confiar de buenas a primeras en lo que dijera cualquier persona.
-Según el jefe, el informante es de confianza-. Aclaró. –Y no parecía estar mintiendo. Existen posibilidades de que él también esté siendo engañado, pero hasta ahora es lo único que tenemos.
-Entendido. Iré a revisar-. Contestó con determinación, poniéndose de pie.
-Ten cuidado, Kurapika-. Pidió la mujer con preocupación, justo antes de que se cortara la llamada. Era hora de poner manos a la obra.
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Leorio se encontraba sentado frente a su escritorio, tomando apuntes de un grueso libro de Anatomía. Sin embargo, luego de unos cuantos minutos, se dejó caer sobre el respaldo, soltando un gran suspiro. La abrupta partida de su rubio amigo lo había dejado bastante preocupado. Era muy listo y generalmente actuaba de manera racional, sin embargo, había sido víctima de su propia imprudencia en reiteradas ocasiones. Este trabajo no sonaba para nada bien. Tomó el teléfono con la intención de llamarlo, pero este comenzó a sonar dejando ver el nombre del rubio en la pantalla, casi como si lo hubiera invocado.
-¿Kurapika?-.
-Leorio, lamento molestarte, pero debo pedirte un favor-. Habló la voz del otro lado del teléfono. El moreno sintió que su estómago se encogía. Que Kurapika le pidiera un favor, significaba definitivamente que estaba en apuros.
-Sí, claro. Dime qué sucede-. Contestó el estudiante de medicina, ansioso por saber qué sucedía.
-Necesito que busques información de alguien en el sitio del cazador. Te enviaré un mensaje de texto con el nombre. ¿Puedes hacerlo?-.
Leorio contuvo las ganas de soltar preguntas por doquier, ya que la voz de su amigo sonaba urgente.
-Está bien, hay un café con computadores a la vuelta de la manzana-. Le dijo mientras tomaba su abrigo para salir. -¿Dónde estás?- Preguntó intentando al menos obtener algo de información útil.
-No puedo decírtelo-. Contestó para pesar del moreno. –No tengo mucho tiempo para hablar, Leorio. Te llamaré dentro de unos minutos para saber qué encontraste-.
-De acuerdo-. Aceptó este, sabiendo que no podría hacer nada más. Salió a toda velocidad de su departamento, y a los segundos le llegó un mensaje de texto con el nombre de la persona a la que debía buscar. Se lanzó sobre uno de los computadores apenas llegó y comenzó a teclear el nombre.
Zentaro Nagahama.
Como supuso, había varios links con información, pero ninguno era gratuito. Deslizó su licencia en una de las ranuras del computador y pagó el precio por uno de los artículos de información.
Lo primero que vio, fue la imagen de un hombre poco fornido, con una mirada penetrante. Bajó un poco más y comenzó a leer rápidamente la información. Resultó ser el heredero a una gran fortuna, un hombre importante en el bajo mundo. Se dice que es una persona peligrosa, que siempre obtiene lo que quiere gracias a sus fuertes redes de aliados.
Mientras más leía, más se preocupaba. Ese hombre parecía ser una persona peligrosa. Esperó unos minutos a que su amigo lo llamara, pero al no recibir nada, decidió llamarlo él mismo.
-¿Apagado? Maldita sea, Kurapika, no me hagas esto ahora-. Murmuró volviendo a marcar. Nada. La idea de llamar a sus amigos cruzó su mente. Sabía que el rubio no estaría nada contento de que los involucrara a ellos. Pero estaba demasiado preocupado como para no hacerlo.
-Si estás bien, será tu culpa por haber apagado tu teléfono-. Habló solo una vez más, marcando el número de Gon.
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Killua miraba como el pecho de su moreno amigo subía y bajaba en una respiración suave, propia del sueño. No podía quitarle la vista de encima. Se preguntaba si estaría enojado con él por lo que había hecho el día anterior. No habían hablado de ello desde entonces.
Gon no era de las personas que se enfadaban con facilidad, pero él había actuado de manera desconsiderada. Ni siquiera había tenido en cuenta la opinión del ojimiel cuando rebeló a sus amigos con ese repentino beso la relación que tenían. Había sido un estúpido.
-¿En qué piensas, Killua? Habló de pronto el moreno. Killua le quitó la vista de encima por primera vez en varios minutos.
-Nada especial-. Contestó, recostándose boca arriba.
Gon se giró hacia él. –No me mientas-. Se quejó haciendo una mueca. El ex asesino lo miró nuevamente.
-¿No estás molesto?-. Preguntó logrando extrañar al moreno.
-¿Ah? ¿Por qué lo preguntas?-. Contestó este desentendido. Killua no pudo evitar sonreír un poco.
Él siempre había sido así. No se preocupaba de detalles, no veía el mal en las cosas. Probablemente, ni siquiera se había dado cuenta de las intenciones que había tenido con esa brusca acción. Se reincorporó un poco y se acercó a él para besarlo con suavidad. No podía ser más afortunado de poder verle todos los días, oír sus ocurrencias, soportar su terquedad. No podía evitar perder la cabeza cuando las cosas se trataban de él.
Gon devolvió aquel beso, sintiendo que sus mejillas adquirían color a medida que el albino aumentaba la intensidad. Pronto sus manos comenzaron a moverse casi por sí solas, y se metieron bajo la ropa del moreno. Este no esperó demasiado para hacer lo mismo. La piel de Killua era increíblemente suave y tersa, irresistible al tacto.
Las caricias y los besos comenzaron a cobrar intensidad, hasta que Killua, sin contenerse más, comenzó a acariciar la intimidad de su acompañante. Gon soltó un pequeño quejido. Si bien habían hecho este tipo de cosas en numerosas ocasiones, el moreno aún se sentía algo avergonzado cada vez que llegaban a ese punto. Guiado por sus instintos, mordió el labio inferior de su albino compañero con suavidad, produciendo una placentera reacción en él. Acto seguido, movió un poco una de sus piernas, provocando una pequeña corriente eléctrica en su albino amigo al sentír como esta rozaba su entrepierna. Definitivamente, sabía cómo volverlo loco.
Estuvieron a punto de comenzar a quitar la ropa que comenzaba a sobrar, cuando los interrumpió el conocido sonido del teléfono de Gon.
Killua pensó seriamente en arrojarlo por la ventana, pero el moreno ya se había levantado a responder.
-¿Diga?-. Contestó con la respiración algo entrecortada.
-Gon… Escucha, no quiero alarmarte, pero creo que Kurapika está en problemas.
Sí, lo sé, tengo un problema con los celulares. No me odien por eso xD Volviendo al tema del fic, sí, creo que puedo mantener la regularidad. Me dediqué a tener el capítulo incluso con tres pruebas esta semana, pero bueno, prioridades (?)
Este capítulo, como ven, se centró en relatar un poco más la trama, así que no tuvo mucha acción, pero ya se viene, tengo unas cuantas ideas para más adelante.
Insisto en dar las gracias, como siempre, a las personas que me dejan reviews. De verdad que me hacen muy feliz, me emociono siempre que veo uno nuevo e.e Gracias por leer 3 Y espero dentro de una semana, a más tardar, tener el próximo capítulo.
Por último y como siempre, te agradezco, Pam, que me salves cada vez que tengo un bloqueo mental. De verdad :3
¡Nos leemos, los quiero, besitos!
