Gracias por esperarme, lamento ser tan lenta, es que estoy algo bloqueada :P y tengo algo revuelta las ideas. La verdad, estaba tratando de terminar otra cosa, pero tanto pensar que me demoraría mucho con este capitulo, termine bloqueándome con lo que escribía y pensando mucho en este hasta que decidí empezarlo, me costo bastante. Gracias por querer leerlo y comentarme. ¡Un abrazo!
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"Por un brillante futuro"
Capitulo 4:
Gokudera apretó los puños, mientras respiraba con dificultad, esperando a que el pervertido doctor que tenía en frente se dignara a decir algo con sentido.
Había corrido lo mas rápido posible con tal de llegar hasta ahí. Ahora trataba a toda costa de no soltar una mueca de dolor. Todo junto, era lo mas estúpido que hubiera hecho en toda su vida o mas bien, lo segundo, lo primero había sido entrar a aquella farmacia y comprar aquella estupidez, una estupidez que sin misericordia le marcó un maldito positivo.
-¿Y me estas diciendo que es tuya, Hayato?
-¡¿Por qué bromearía con algo así, maldito doctor?!- Chistó más que fastidiado, era la tercera vez que le preguntaba lo mismo. Aquello había sido lo segundo, extender la prueba a aquel medicucho que se pasaba una y otra vez la mano por el cabello en tanto miraba el resultado. Frunció el ceño al no obtener nada, el único confundido debería ser el, mientras sentía que una enorme pared se colocaba delante suyo y no le permitía avanzar. ¿Qué este no era el final sino el comienzo? Al diablo con aquello, aunque fuera la verdad, era el inicio de algo con lo que no sabía como lidiar. Todo se veía tan oscuro y no podía dejar de temblar. Se mordió el labio al sentir como las lágrimas deseaban escapar, se estaba derrumbando y la única idea que poseía en su cabeza, era una idea más difícil de realizar que lanzarse al maldito precipicio.
-Sabes que no atiendo hombres, Hayato…
-¡Eso ya lo se, maldición! Pero… ¡¿A quien quieres que le pregunte?!- Gritó con un nudo en la garganta. Era lo ultimo que necesitaba para terminar cayendo en pedazos. Minutos esperando a la nada. Se cubrió el rostro con una mano, las lágrimas escapaban de todos modos y el sabor a sangre se impregnaba en toda su boca, pero sus dientes no dejaban de hacer fuerza contra su labio. Shamal arqueó una ceja desviando la mirada.
-En primer lugar… ¿Por qué te hiciste una prueba? Puede haber más de una coherente explicación para tu malestar estomacal…Aunque en el mundo de la mafia no es un fenómeno aislado, que tu pienses que estas embarazado…
-Lo ví…-Susurró tocándose el labio inferior, lo había destrozado- Acabo de ver al niño que me llamó "mamá"…Vi a…simplemente fui al maldito futuro, Shamal…
La expresión del pelinegro cambió rápidamente al escuchar aquello, recostando al peliplata sobre la camilla en la cual ya estaba sentado. Gokudera cerró los ojos al instante, sin resistencia ni reclamo, casi como una marioneta agotada a la cual se le estaban a apunto de cortar los hilos.
-Entonces, lo que me dijiste al pasarme tu prueba ¿No es una broma? ¿Qué fue lo que viste que quieres hacer eso?
No hubo respuesta, solo simples lágrimas que rodaban por una pálida mejilla. Shamal suspiró, sabia que el chico no dormía, pero aun así no insistió. Le sacaría sangre y le haría un examen, aunque por la actitud del bombardero, su estado debía ser verdad.
Gokudera respiró profundo al sentir la aguja atravesar su piel, ¿Una Broma? Ojala todo lo fuera, una simple jugarreta de su cabeza, un sueño o mas bien pesadilla, pero no, no estaba soñando, era la realidad, un mundo en el cual si decides jugar con fuego, te puedes quemar y ahora estaba ardiendo. Creando ideas que sabía costarían tan caro que no tendría vida suficiente para pagar, pero ¿Qué más podía hacer? ¿Cuántas opciones tenia para que aquel futuro, en el cual se había convertido en una carga no sucediera? Aun si se convertía en un infierno lo que le restaba de vida, lo haría, porque…si apenas había comprendido que cuidar su propia vida era importante ¿Cómo podría cuidar de otra sin fallar? El solo querer cuidar de Yamamoto, alejándolo de su lado, dándole la libertad que necesitaba para volar alto, para alcanzar sus objetivos, para volverse alguien fuerte, le estaba destrozando por dentro, pero volver era inaceptable, sobretodo ahora que no era mas que un obstáculo ¿Cuánto duraría ese fugaz amor cuando llegara la monotonía y la obligación por algo para lo cual aun no estaban preparados? El sacrificaría todo, pero no dejaría a Yamamoto hacerlo, ya había combatido contra sus constantes declaraciones, podía combatir ahora todo su odio, aceptándolo, porque se lo merecería. Yamamoto no tendría que despertar cada mañana sintiéndose miserable a causa de sus propios actos, por un futuro incierto, solo el despertaría y seguiría sufriendo.
-Solo quiero que sepas, Hayato…Lo que quieres, es algo por lo cual puedes arrepentirte el resto de tu vida y aunque lo hagas, no podrás volver atrás…- Habló el doctor una vez terminó. Alejándose con un pequeño frasco con sangre en sus manos. Gokudera sonrió de lado.
-Ya lo se…Pero no quiero arruinarle su vida, no puedo permitir que algo bloquee su futuro…-Susurró lo ultimo casi para si mismo.
-¿Llegarías a tanto solo por Yamamoto Takeshi?- Shamal sonrió al ver el rostro aterrado del chico al escuchar su pregunta.
-¿Cómo…sabes…?
-¡Vamos, Hayato! ¿Crees que no notaria sus expresiones cuando se miran el uno al otro? ¿Qué su relación no es algo para tomar en cuenta? La tensión esta en el aire cuando están juntos y tu eres bastante mas explosivo con el…Creo que lo que sientes por el, es mas fuerte de lo que tu piensas. Hacer esto solo para salvarlo a el…Terminaras cavando tu propia tumba…
-¡Eso es asunto mío!
-Sabes perfectamente que no.- Su frio tono de voz hizo que Gokudera desviara el rostro-No es solo tu vida la expuesta aquí ¿Ya lo olvidaste?
El peliplata cerró los ojos, claro que no olvidaba que su vida estaba conectada a otras, sobretodo ahora, pero ya había alejado al idiota, ahora debía asumir que jamás regresaría y que todo cambiaria, el lo estaba cambiando.
-¿Y aun así quieres destruir un futuro ya escrito? ¿Tan infeliz era el que quieres quitarle a su hijo…?
-¡El puede conocer un futuro mejor! ¡Si quiere ser un maniático idiota del beisbol, que lo sea!- Soltó incorporándose- Ese futuro ya fue interpuesto una vez por la familia, si es por el decimo esta bien, pero por mi, no se lo permitiré. Seguiré con lo que planeé…- Terminó bajándose de la camilla, no era tiempo para debilidades, al menos no hasta que terminara de una vez por todas con todo, incluso si las heridas sufridas se volvían tan profundas que nada las podría curar.
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Había decidido acabar pronto con todo, pero sus pasos se habían detenido, su cuerpo paralizado no le permitió dirigirse al rumbo determinado. Sabía que debía hacerlo de un modo u otro y mientras antes mejor, pero, de solo pensarlo, las lagrimas brotaban al verse de pie frente al beisbolista. Aun no podía decírselo sin que le temblara la voz, sin derrumbarse y decirle que estaba bien si su futuro se destruía, que bastaría solo amor para seguir, que si el decidía dejar el beisbol en segundo plano estaba bien. No debía hablarle en ese momento, no cuando lo único que tenia en mente era tirarse a sus brazos y arruinar todos sus planes. Respiró profundo, mientras se detenía en la casa del decimo. Podía esperar un poco más y disculparse de paso por haber salido corriendo sin ninguna explicación. Al menos aquello era una idea agradable.
-Lo siento mucho, decimo…- Se disculpó una vez subió las escaleras y entró a la habitación, encontrando al pelicastaño.
-¡Gokudera-kun! ¿Por qué te fuiste así?
-Yo…- El bombardero se cubrió la boca con una mano, su voz temblaba y la expresión preocupada de Sawada no le ayudaba a mantener el autocontrol- Yo, recordé que debía decirle algo importante a Shamal. Si no lo hacia ahora, después el pervertido se iría en busca de mujeres y no me escucharía…-Forzó una sonrisa que no hizo mas que provocarle nauseas. No quería mentirle al decimo de esa forma, pero decirle la verdad…Eso jamás sucedería, se esforzaría al máximo para no preocuparlo mas de lo que ya lo había hecho con sus patéticos malestares.
-Entiendo…-Le devolvió la sonrisa tratando de verse calmado. Nadie tenia que decirle que su amigo estaba mintiendo, pero aunque no quería presionarlo, no entendía porque estaba sufriendo solo ¿Qué tan grave podía ser la situación que habían retrocedido tantos pasos?
Observó su pálido rostro mordiéndose el labio, mientras notaba como los verdes ojos brillaban más de la cuenta, el rastro de lágrimas secas no podía pasar menos desapercibido, como también la presión que ejercía su mano en su costado como si con eso detuviera milagrosamente el dolor. Gokudera no quería preocuparlo, pero involuntariamente lo hacia. Soltó un leve suspiro, intuía que si le preguntaba como estaba, el respondería que "perfectamente" a pesar de su delatora apariencia- ¿Lograste comer algo, Gokudera-kun?-Añadió de forma inocente, tomando por sorpresa al bombardero.
Las mejillas sonrojadas del peliplata le respondieron. Esta vez sonrió sinceramente, sin importar que respondiera la tormenta, buscaría rápidamente algo para comer, así al menos podía alejar esa palidez que asustaba. Si podía al menos ayudar con eso, se sentiría mejor, incluso si su guardián no le contaba la verdad.
Gokudera observó como el décimo salía de la habitación sin recibir su respuesta, sin permitirle replicar nada. Se sentó, suspirando agotado. Solo habían transcurrido un par de horas desde que estuvo en aquel cuarto, desde que se hubo enterado del origen de su malestar. El día recién comenzaba y ya deseaba que finalizara, estaba acabado como un verdadero inútil. Tomó su bolso, el que traía con los cuadernos y libros necesarios para ayudar en los deberes del día anterior al decimo, al final no había sido de ayuda en absoluto. Le había defraudado y quitado su cama en tan solo unas horas y todo por una razón que en esos minutos aun no conocía. Al abrirlo, cogió una de las tantas cajas abiertas de la estúpida prueba de embarazo, una completa pérdida de dinero y tiempo, ninguna le había marcado un dichoso negativo. Lo tiró a un lado, maldiciendo entre dientes, si que el destino podía dar un giro brusco e inesperado cuando se lo disponía.
Se llevó inconscientemente una mano al vientre. Al darse cuenta, apretó los dientes. No había tenido oportunidad para asimilarlo, pero había planeado las cosas al punto de hacerse creer que ya no tenia marcha atrás y de que no tenia tiempo para dudas a la hora de actuar. Realmente, tiempo era lo que menos quería, para dejar a un lado las típicas preguntas, como cuanto tiempo ya llevaba con el niño en su interior y hacer la vista gorda al como sus emociones llevaban una lucha interna. No quería tiempo para repetir aquella conversación en su cabeza, no quería cerrar los ojos y ver al Yamamoto de diez años en el futuro besarle con pasión, ni mucho menos, rememorar aquel inocente rostro, tan idéntico al hombre que sin proponérselo, amaba más que a nadie. Definitivamente, "Mamá", seria una palabra que no se permitiría escuchar jamás. No quería tiempo, pero el reloj no dejaba de avanzar, no se congelaba, ni daba vuelta atrás por el.
Abrazó sus piernas, ocultando el rostro en sus rodillas ¿Por qué no podía detener las lágrimas? ¿Por qué el miedo le embargaba de tal manera que se sentía paralizado? Todo lo que deseaba en ese momento no era más que todo lo que estaba a punto de sacrificar, quería sumergirse en aquellos brazos, recibir esa estúpida sonrisa que brillaba más que nada en el mundo. Aun sentía que se ahogaba, en una verdad demasiado profunda, demasiado honda para solo ser el comienzo. Sus mundos no eran iguales, aunque el Yamamoto que le había confortado y resguardado tuviera la misma calidez que ahora necesitaba con desesperación, no era su Yamamoto, un chico que solo sabia sonreír como un idiota despreocupado y que amaba el beisbol con locura ¿Cómo podría cambiarle su realidad tan drásticamente? El era el único culpable, debía asumir el castigo por ceder a sus impulsos, pero ¿Podría su corazón prepararse para una inminente destrucción? No quería admitirlo, pero estaba aterrado, ridículamente asustado.
Cuando Tsunayoshi entró a su cuarto, encontró a su guardián en una posición demasiado incomoda para dormir, pero aun así, lo hacia. Dormía profundamente, mientras las lágrimas hacían su recorrido por las mejillas. Si había un momento para entrar en pánico y preocuparse de verdad, tal vez era ese el indicado.
Con un poco esfuerzo le acomodó nuevamente en la cama ¿Qué más podía hacer o qué necesitaba el terco bombardero para pedir ayuda? Si tan solo fuera que extrañaba a Yamamoto seria un asunto ligeramente más sencillo, pero todo eso sonaba absurdo. El amor no podía derrumbarte así ¿O si?
Miró la bandeja que había quedado a la espera, quería que Gokudera se alimentara, pero no podía despertarlo, a lo mejor no era comida lo que necesitaba, sino descanso, mucho descanso. Se acomodó en el suelo notando como el bolso entreabierto del peliplata se encontraba a un lado. Lo recogió sintiendo el mismo peso de los libros y cuadernos del día anterior. Suspiró, su amigo ni siquiera había ido a su casa ¿Qué tanto había hecho en todo ese tiempo sintiéndose tal como aparentaba? Meneó la cabeza, frustrado. Ahora estaba más preocupado que antes. Cerró los ojos tratando de concentrarse, buscando la forma de poder arreglar las cosas, de que todo volviera a ser como antes, los tres juntos disfrutando y riendo, si al final sus dos guardianes decidían seguir juntos, los apoyaría con todo, de eso estaba seguro. Terminó abriéndolos, sorprendido y asustado por el repentino salto que había dado el bombardero al despertar. Sin quererlo, por el asombro, había soltado el bolso y tirado parte de su contenido al suelo. Pestañeo un par de veces, sintiendo como se le encogía el estomago, antes de devolver las cosas a su lugar y mirar a la tormenta, que se removía cubriéndose los ojos un tanto aturdido.
-¿Decimo?- Se incorporó mirando a su alrededor.
-Te quedaste dormido, Gokudera-kun…-Susurró casi sin voz. Temblando ligeramente. No podía evitar que su vista se clavara directamente sobre el vientre ajeno.
-¡¿Qué?! ¡Lo siento tanto, decimo!
-No… ¡No te preocupes, Gokudera-kun!- Tsuna reaccionó dándose la vuelta y tomando la bandeja, le entrego un vaso de jugo, esbozando una amplia sonrisa. El guardián se la devolvió, aceptando apenado el gesto. -¿Te sientes bien?
-¡Por supuesto, decimo!
El castaño se mordió el labio, intentaba procesar la situación, pero en su mente todo daba como resultado que había estado en lo correcto, lo que había deseado Yamamoto tenia la posibilidad de convertirse en algo mas complicado que solo un mal sueño, porque en ese momento leía a su guardián y no le agradaba lo que veía. Todo estaba cobrando sentido de una manera que no le gustaba nada.
-¿Sabes? Esta mañana cuando preparaba el desayuno para ti, me encontré con Lambo adulto, creo que el Lambo niño se disparó cuando estaba en el cuarto ¿Tu no viste nada, Gokudera-kun? ¿No fuiste al futuro también?- Preguntó inocente. El peliplata solo se sonrojó, tensándose notoriamente.
-Debe haber sido cuando fui al baño, Decimo…-Contestó con la voz entrecortada. Tsuna solo asintió riendo levemente.
-Si…Espero que no haya sido algo malo y urgente lo que le hayas tenido que decir a Shamal esta mañana, como saliste corriendo sin decirme nada…Puedo ayudarte si quieres…
-No…no era nada importante, Decimo…solo quería saber algo y si no lo preguntaba ahora, tal vez después lo olvidaría…- Bajó la mirada- ¡Solo era una tontería! No se preocupe…-Exclamó al final, forzando una pequeña sonrisa.
-Ya veo…Esta bien-Sonrió- Pero sabes que puedes confiar en mi…
-Muchas gracias, decimo…
-Por cierto…Cuando no estabas, Yamamoto vino preguntando por ti…
Tsuna guardó silencio al ver como el vaso que sujetaba el otro, caía al piso derramando el líquido.
-¡P-Perdón! Yo…
-¡No hay problema, Gokudera-kun!- Se apresuró a decir. La voz del ojiverde temblaba al igual que todo su cuerpo- Iré a buscar algo con que limpiar…- Se dio la vuelta, acercándose a la puerta. Frunció el ceño, angustiado. Se culpó por presionarlo así, el albino debía estar aun mas confuso que el. Miró de reojo antes de salir, el bombardero se apretaba el estomago en un gesto desesperado, mientras cerraba los ojos. Se apresuró en bajar las escaleras y volver, algo le decía que no debía dejar a su amigo solo.
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Caminó lo mas lentamente que pudo, retrasaba lo inevitable, pero ¿Quién lo culpaba cuando se tenia una noticia así? Seria tan fácil si fuera de otra forma, si fuera otra situación. Para el, todo lo era la mafia, la familia Vongola, el decimo, por sobre todo el decimo, quien le acepto sin mas. Protegerlo era su visión a futuro.
Amaba a Yamamoto Takeshi tanto como también lo consideraba un fastidioso amante del beisbol. Ambos tenían distintas prioridades en la vida. Vaya mano derecha estaba hecho, era un desastre andante, debería sonreír de forma engreída y demostrar al destino que podía con todo. Que podía cumplir con su deber en la familia Vongola, sorteando cualquier dificultad, pero esto lo había superado. Podía apostar que derrotar enemigos era mucho más fácil.
A pesar de todo lo ocurrido en tan solo el principio del día, la compañía del decimo le había ayudado, pero esa sensación de calidez había durado solo un pestañeo. Se maldijo por ser tan débil. Por sentir escalofríos solo por una pequeña brisa nocturna o tal vez no era por eso…
Detenido ahora frente a la casa de Yamamoto, pudo sentir como los escalofríos se intensificaban. Era una simple estupidez tener miedo de revelar la verdad. Había tomado la decisión y debía seguir adelante, ocurriera lo que ocurriera. Sin esperar como Yamamoto le había dicho, actuando rápidamente. Ahora vería si esos hilos eran tan fuertes como el maniático decía, si de verdad podían sortear obstáculos sin importar que cambiara el futuro, si Yamamoto realmente sentía todo el amor que declaraba tener…O eso es lo que quería ver, pero no lo lograría. No podía, al menos no en ese momento. Su pecho dolía de solo pensar en entrar. Era deprimente, pero huiría, correría como un idiota para refugiarse nuevamente en la incertidumbre. ¿Qué no necesitaba llorar? ¡Que se pusiera en su maldito lugar y le repitiera eso! Que sintiera como se desgarraba su interior y le volviera a decir que todo estaría bien. Ahora solo quería volver a dormir…
Mañana seria otro día, porque el tiempo no se detenía y el futuro seguía ahí, sea oscuro o brillante, aguardando.
Continuará…
