¡Hola! Os traigo el nuevo capítulo de la historia, muy entretenido por cierto.
Muchas gracias por vuestros reviews en el capítulo anterior, me motivan a seguir escribiendo más. Os dejo con la lectura, que la disfrutéis.
.
-¿Me dejas que te muestre que soy maduro y que tú no eres una abuela de la edad de mi hermana la monja?- me dijo agarrándome del brazo.
No contesté así que él lo tomó como una afirmación.
Se puso a mi espalda y cerré los ojos. El nerviosismo y el cosquilleo se apoderaban de mi cuerpo cuando sentí un beso sobre mi cuello.
-¿Edward qué estás haciendo?- susurré sin abrir los ojos.
-Demostrarte que no soy un niñato- dijo mientras volvía a besarme el cuello y pasaba sus manos por mis brazos.
Me estaba excitando lo asumo. Me estaba excitando como nunca y ni si quiera me había quitado la ropa.
Giré mi cuello hasta encontrarme con sus labios, los cuales uní a los míos. Necesitaba besarle.
En cuanto nos besamos toda la delicadeza quedó atrás y girándome completamente profundicé el beso. Edward se quitó su camiseta en tiempo record al tiempo que yo me quitaba mi jersey.
Puse mis manos sobre la bragueta de su pantalón y mirándole coquetamente la bajé. Los pantalones cayeron al suelo y únicamente estaba cubierto por unos calzoncillos blancos ajustados.
Puse mi mano sobre su pene por encima de la ropa interior y apreté suavemente.
-Quizás no eres un niño, pero si lo fueses serías un niño muy grande- dije metiendo la mano en su ropa interior. Acaricié su pene suavemente y cuando estaba concentrándose en el placer le aparté. Frente a él me empecé a desnudar y cuando no tenía nada de ropa sobre mí me tumbé en su cama, apoyé los pies sobre el edredón y me abrí de piernas todo lo que pude.
-¿Vas a dejarme con la duda de si eres o no eres un niño?- dije a media voz.
En cuestión de segundos sentí a Edward a mi lado, pensé que iba a ponerse encima de mí. Me giró de modo que mi espalda estaba pegada a su pecho y sin prepararme me penetró.
-Ah- grité entre placer, dolor y sorpresa.
-No soy un niño pequeño Bella, nada pequeño- dijo mientras salía para volver a introducirse dentro de mí.
Me penetró en esa postura varias veces hasta que me hizo ponerme de rodillas y en la postura del perrito siguió penetrándome.
-Joder- dije al sentir su mano contra mi clítoris- oh, dios- grité.
-Me voy a correr- gimió contra mi oído.
-Sí, sí- gemí- hazlo.
Un par de estocadas más y sentí como alcanzaba plenamente un orgasmo brutal, igual que Edward que se quedó estático al fondo de mi cuerpo durante unos segundos.
-Uf- dijo tumbándose boca arriba a mi lado- parece que soy yo el viejo de esta relación, me has matado nena- dijo riéndose.
Mientras hablaba y yo recuperaba la conciencia me di cuenta de lo que estaba pasando. Me había tirado a un chico más pequeño que yo y que encima era el hermano de mi amiga.
-Madre mía Edward… esto… esto no debió ocurrir.
-¿Qué? No, yo más bien diría que ha tardado mucho en ocurrir Bella.
-Esto no está bien.
-¿Quieres dejar de decir gilipolleces ya? No soy demasiado pequeño para ti, no eres tan mayor. Bella hace unos minutos he visto a una chica sin prejuicios, disfrutando del sexo, de la vida sin medir qué va a pasar después. ¿Tan malo es saltarse los convencionalismos? ¿Tan malo es estar conmigo?- me preguntó serio.
-No Edward… no ha sido malo estar contigo, pero…
-Pero no confías en mí y te preocupa lo que la sociedad dice sobre las relaciones en las que la mujer es mayor, ¿no?
Callé porque justo había dado en el clavo.
-Tengo que irme.
-Bien Bella, vete. Pero te darás cuenta antes o después de que la persona ideal para ti soy yo, aun con mis 9 años de diferencia en mi carnet de conducir- me gritó.
Salí del apartamento apesadumbrada. No podía asimilar todo lo que me estaba pasando en estos momentos.
¿Edward y yo juntos? ¿Podría pasar eso?
.
Esa semana fue rara.
Por un lado me invadía la melancolía al pensar en despedirme de mi mejor amiga.
Por otro lado todo lo sucedido con Edward me tenía un poco trastocada. Me he admitido a mí misma que me atrae físicamente, pero nada más.
Edward esta semana se ha comportado excesivamente complaciente y cariñoso conmigo, a lo que yo me he mostrado reacia y esquiva. Quería olvidar que me había tirado a un crío de 23 años y lo que aun no terminaba de admitirme a mí misma era cuanto me había gustado.
Mientras tenía sexo con Edward no pensaba en nada más que en sentir placer y hacérselo sentir a él. No había trabajo, ni amigas, ni ligues, tan solo Edward y yo.
Ahora bajaba en el ascensor hasta la primera planta, el vuelo de Alice salía en dos horas e iba a ir a despedirla al aeropuerto. Cuando el ascensor paró en la tercera planta, un chico de ojos verdes entró. Me sonrió en cuanto me vio y al pasar por mi lado susurró mi nombre a modo de saludo en mi oído.
Mi cuerpo entero se estremeció, mis pezones se endurecieron y un cosquilleo se produjo en mi vagina.
No obstante, decidí no darle importancia y salir del ascensor sin mirarle.
La despedida de Alice fue breve, tal y como a ella le gustaban. Me hizo prometer que cuidaría de la empresa y que al menor signo de que su hermano no realizaba correctamente su trabajo la llamase, ella misma vendría desde EEUU a arreglar el desastre.
El mismo viernes por la tarde quedé con Emmet, íbamos a pasar un fin de semana en el campo.
Nada más llegar a la caseta supe que el fin de semana iba a ser una mierda, pero el sentimiento se confirmó cuando mientras preparábamos la cena Emmet comenzó a acariciarme suavemente las nalgas.
Esa caricia me había excitado hace unas semanas, pero hoy tan solo podía pensar en que Emmet quitase la mano de ahí.
Más tarde tumbados en la cama, Emmet me daba suaves besos en el cuello que tampoco lograban excitarme y yo no paraba de recordar cómo esta misma mañana Edward susurrando mi nombre en mi oído me había hecho querer hacerle de todo.
Casi sin darme cuenta cerré los ojos y ya no era Emmet el que me bajaba las bragas, era Edward. Edward sonriente y cariñoso, como siempre.
Las manos de Edward subían por mis piernas, separándolas, abriéndolas, hasta que toca mi clítoris y de un espasmo muevo la cadera.
Aquella noche no hice el amor con Emmet, lo hice con Edward.
Y al día siguiente no podía sentirme peor conmigo misma.
El sábado por la mañana fuimos a dar un paseo por los alrededores, intenté que mi incomodidad ante la cercanía de Emmet no se notase demasiado pero no podía evitar apartar mi mano de entre las suyas o dar un paso al frente cuando su mano se apoyaba contra mi espalda.
El momento de tener sexo lo temía, ayer estuve pensando en Edward todo el tiempo pero eso no me parecía justo para Emmet ni ético para Edward, pero sabía que no iba a ser capaz de acostarme con Emmet de nuevo.
-Emmet no- dije sacando su mano de entre mis bragas cuando comenzó a tocarme.
-¿Por? ¿No te apetece?- preguntó besándome el cuello.
-No-
-De acuerdo, lo dejaremos para mañana por la mañana- dijo cubriéndose su erección.
-No, Emmet. Estar contigo me ha encantado pero ya no siento lo mismo, he perdido el feeling contigo.
-El feeling- dice mirándome con ceño fruncido.
-Sí. Pero no es por ti, de verdad- intentó tranquilizarle.
-¿Has conocido a otro?
-Sí- respondo.
-Bueno, nosotros no estábamos en ninguna relación. Ambos somos libres de terminar con esto cuando queramos, así que no voy a ponerte ningún impedimento Isa-
-Gracias Emmet.
-Pero me parece mal que engañes a ese chico conmigo si tenéis algo serio.
-O, él y yo no tenemos ningún tipo de relación-
-Pero te gustaría tenerla- acotó.
-No- respondí rápidamente.
-Entonces no te gusta-
-Me gusta pero…
-Si te gusta estate con él. No tienes porque casarte con él, pero mientras te guste disfruta- dijo antes de salir hacia el baño.
Disfruta, pensé.
Otra cosa igual no, pero disfrutar era todo lo que había hecho con Edward desde el primer momento que había estado con él. Disfrutaba con sus meteduras de pata, con sus comentarios fuera de lugar, con sus insinuaciones hacía mí, con sus intentos de seducción y por supuesto disfrutaba con la manera en la que me hizo el amor.
El lunes quería ver a Edward con más ganas de las que me atrevería nunca a aceptar.
En cuanto le vi salir del ascensor, sonriendo y saludando a todo el mundo a su paso, no pude evitar suspirar. Era guapísimo.
-Bella- saludó sonriente.
Como se había hecho costumbre en él esta última semana, para saludarme se acercó a darme un beso en la mejilla.
Lo que no era costumbre era que yo le devolviera el beso a la vez que ponía mis manos en su pecho.
-Edward- saludé.
Vi como me miraba extrañado pero sonriente por mi comportamiento inusual.
A la hora del almuerzo volví a coincidir con él en el ascensor. Había unas 14 personas con nosotros en ese espacio tan reducido así que me empujaron hasta el fondo, donde Edward estaba apoyado. Casi mecánicamente las manos de Edward se colocaron en mi cadera creando un calor insoportable. El ascensor se fue vaciando pero yo no me moví, ni las manos de Edward tampoco.
Cuando en la pantalla digital se dibujó el número uno, planta en la que nos deberíamos bajar los dos, seguimos sin movernos y el ascensor bajó hasta la planta -1, al parking. Con el ascensor totalmente vacío me giré a mirar a Edward.
Me fijé de nuevo en sus facciones, en su pelo revuelto y sobre todo en sus ojos. Esos ojos me volvían loca.
Me acerqué con cuidado a su boca, indecisa de que él pudiera apartarse, pero sus manos se colocaron en mi culo y de un empujón seco me acercó a él y a su boca.
Nos besamos como si no hubiera mañana mientras me restregaba levemente contra su erección.
-No sé a qué se debe ese cambio de actitud, pero no sabes cómo me alegro de que así sea- dice antes de volver a besarme.
-Tenías razón, en todo. Eres para mí así como yo tengo que ser para ti- dije antes de volver a besarlo.
-Oh Bella- dice aun con su frente pegada a la mía- te necesito urgentemente- dice mientras baja una de mis manos a su entrepierna.
Gemí ante el cosquilleo que me asaltó la vagina.
-Vamos- digo sacándole del ascensor.
-¿A dónde? Esta empresa es jodidamente trasparente, no hay un sitio donde pueda hacerte lo que quiero hacerte sin que nos vean- dice mirando hacia los lados.
-Vamos a mi casa.
-Vamos- dice encaminándose a la puerta de salida cogiéndome de la mano.
Tardamos 7 min en llegar a mi casa y nada más entrar a mi apartamento comenzamos a desnudarnos contra la puerta. Cuando ya estamos totalmente desnudos Edward se arrodilla ante mí y mirándome se acerca a mi pubis. Antes de poder soltar un gemido su boca está cubriendo todo mi sexo otorgándome un gran placer.
-¿Te gusta?- dice separándose brevemente.
Miro hacia abajo y veo que está sonriendo, tiene los ojos brillantes y su voz suena como un niño emocionado tras conseguir su logro.
-Me encanta, pero no pares- digo mientras le agarro la cabeza con ambas manos y vuelvo a acercarle a mí.
Minutos más tarde me corro, en su boca, contra la puerta y grito, fuerte, a escasos centímetros del pasillo del portal, pero no me importa que me oigan los vecinos porque acabo de recibir el mejor sexo oral de mi vida.
Edward sonriente se levanta del suelo, se pone a mi altura y me gira, ahora él está contra la puerta y nos baja poco a poco hasta que se sienta con la espalda apoyada en la puerta y yo me siento encima de él.
Me introduzco poco a poco su pene en mí y comienzo a moverme encima de él.
Edward no para de besarme y con los ojos entrecerrados por el placer veo como su cara va cambiando hasta que hace una mueca de satisfacción. Mientras que veo como Edward se corre, el orgasmo también se apodera de mí y vuelvo a palpitar contra su pene.
-Uff- digo cuando el orgasmo ha remitido.
-Me ha encantado- dice besándome suavemente.
-Y a mí.
-Me alegra saber que mis intentos de seducción han dado sus frutos. Sabía que no ibas a poder resistirte mucho tiempo- dice riendo.
-Sí, digamos que esta última semana me lo has puesto muy difícil- le digo antes de acurrucarme en su cuello. Decido no sacar a relucir el hecho de que fue con Emmet cuando descubrí que Edward me atraía más de lo que quería aceptar.
Estuvimos en esa posición unos minutos, pero no era muy cómoda así que me levanté en seguida.
-Venga vistámonos, solo nos quedan 20 minutos para comer- dije dándole una mano para que se levantase.
Pasé por el baño para peinarme y retocarme el maquillaje pero Edward me lo impidió.
-Déjate el pelo suelto- dijo arrebatándome el peine de las manos- estás preciosa así. Además tienes un rizos naturales muy bonitos- dijo colocando parte del pelo sobre mi hombro derecho y la otra parte sobre mi espalda.
Me mordí el labio para evitar que una sonrisa de estúpida se instalase en mi cara.
Me giré y le besé suavemente.
-¿Vamos?- digo sacándole del baño de la mano.
-Espera- dice mientras me atrae hacia sí para abrazarme- no sé qué has pensado tú sobre nosotros, pero yo no quiero que se quede aquí. Me gustas mucho Bella, desde que te vi, y no quisiera frenar nada de lo que pueda ocurrir entre nosotros.
-Esto tampoco es una simple aventura para mí Edward. No voy a proclamarte amor eterno porque no es lo que siento- le digo y noto como su mirada se ensombrece brevemente- pero me gustas y me haces sentir muy bien.
Nos besamos para sellar el trato y salimos del apartamento hacia la cafetería de la oficina. Nadie se extraña por vernos comer juntos porque ya lo hemos hecho varias veces.
.
.
.
Chan, chan, chan…. Pues parece que sí ha habido más que palabras entre estos dos. Bella ya está cambiando su forma de ser y de ver a Edward.
¿Qué creéis que pase en el siguiente capítulo? ¿Comenzarán una relación o volverán a odiarse? Podéis dejarme vuestras respuestas en un review.
Recordar que REVIEW = ADELANTO
Bella Bradshaw.
