Diclaimer: Crepúsculo no me pertenece, pero hago sufrir a sus personajes, jajaj mentira... estoy re amorosa en esta historia XD


Capítulo 3: Su lugar en mi familia

— ¡Gracias abuelito lindo! —grité eufórica cuando por fin tuve firmado la dichosa autorización para poder inscribirme en el equipo de fútbol de mi escuela.

No paré de dar saltitos de alegría sosteniendo entre mis manos aquella infame autorización que mi madre se había negado a firmar por semanas. Estaban tan emocionadas que casi olvide por completo que mi abuelo seguía allí a mi lado. Su entrecejo se relajó cuando le ofrecí el papel para que pudiera apreciar su "obra" y se quedo observando extasiado contemplándola. Usualmente mi abuelo no hacía nada contrario a lo que mi madre quería, era primera vez que accedía a secundarme en algo así y me había costado trabajo convencerlo.

Dos semanas enteras primero de halados, buenas obras, obediencia ciega hasta que llegue a los pucheros y llantos los que finalmente rindieron sus frutos: su corazón se había ablandado anoche luego de verme llorar desconsolada ante la constante negativa de mi madre por darme el permiso. Allí en ese minuto me tomó entre sus brazos y me cargó hasta la cama.

— Ya no llores que te enfermeras… verás que mañana será otro día —me consoló secando las lágrimas que brotaban una tras otras como un río. Sentía tanta pena e impotencia por ser pequeña y no poder tomar mis propias decisiones, suspiré.

¿Por qué tenía que ser tan torpe y tener tanta mala suerte?, me pregunté resignada a tener que, por ahora, obedecer a mi madre.

— Es fácil decirlo para ti, todas mis amigas están en el equipo, soy la única que no —reclamé arrugando mi entrecejo.

Entonces su gran bigote se torció en una mueca cómplice, no dijo nada pero fue como si lo hiciera mi abuelo tramaba algo sino ¿Por qué se reía tan entusiasmado? Miré bien y sus ojos negros destellaron un brillo extraño, lo que me confirmó mi teoría fue el gesto que ocurrió justo cuando mi madre se acercó hasta nosotros, esa amplía sonrisa traviesa en el rostro de mi abuelo se apago tornándose seria y más grave, "más adulta". Entonces comprendí que mi abuelo se traía algo entre manos que me beneficiaria de alguna manera, por ello, seguí con mi expresión pesarosa a pesar que a esta altura sospechaba que algo bueno me pasaría.

Mi madre nos miró a ambos y luego sacudió su cabeza en negación, nadie había dicho nada más. Por supuesto había pasado gran parte de la noche pensando en que era lo que mi abuelo tramaba hasta que por la mañana confirmé mis sospechas él estaba esperándome justo en el comienzo de la escalera con esa misma sonrisa cómplice de la noche anterior. A pesar que trató de ocultarla sobre todo cuando mi madre lo miraba me regaló en varias oportunidades esa sensación de seguridad que tanto me gustaba de él.

— ¿Aún no te has ido? —pregunté tímidamente y en voz baja puesto que no era habitual su presencia allí a esa hora.

Mi abuelo Charlie era el primero de toda la familia en salir por las mañanas, tenía una especie de fascinación por ser siempre el primero en llegar a la comisaría y eso que no lo necesitaba en absoluto por algo era el jefe de todos los demás, aún así, jamás había visto que estuviera en la casa pasada las ocho de la mañana y ya eran las ocho y media.

— Cómo advertí que ambas se quedaron dormidas decidí quedarme para llevarte a la escuela y evitar otro atraso más este mes —anunció y lo miré extrañada pero él ladeo su rostro y sus ojos se giraron hacía un costado divertido por aquel monologo tan dramático que había dado recién.

Asentí sin quejarme, a esta altura, solo quería descubrir el propósito de todo este teatro y me deje guiar por el patriarca de mi familia hasta su vehiculo: la patrulla. Mi madre me alcanzó justo cuando estaba por cerrar la puerta para hablarle y preguntarle qué era lo que en realidad sucedía, mi abuelo bajo el vidrio y yo la miré nerviosa.

— ¿segura que quieres irte en la patrulla al colegio? —preguntó un poco incrédula por mi repentino consentimiento y en otras circunstancias lo evitaría a como de lugar, en eso nos parecíamos.

— Sí no quiero llegar tarde otra vez —exclamé y ella me entregó una bolsa donde se suponía estaba mi colación.

— Llegarás temprano para que vayamos al supermercado —cuestionó mirando a mi abuelo y este se concentro en ella, arrugo su entrecejo.

— Pensé que iríamos mañana —discrepó despacio y con sutileza, él sabía llevar a mi madre tendría que aprender de él si quería ganar más batallas de las que ya ganaba de por sí — hoy quede en ir donde Billy —agregó culpable y sentimos como mi madre resopló entre dientes — lo siento hija pero… no sabía… —se disculpó con ella.

— Sí no puedes no importa —exclamó entre dientes evidentemente molesta y concentró su mirada en mí, entendí la pregunta sin que la hiciera.

— Hoy tengo jornada completa —concluí y sus ojos se pusieron en blanco

— En vista que ninguno puede acompañarme ¿Algo especial que quieran? —preguntó resignada a tener que ir sola, ninguno de los dos dijo nada, en realidad todos queríamos evitar dilatar el minuto tenso que estaba fraguándose en la conversación — Bien, entonces nos vemos a la noche, cuídate y compórtate —recomendó enérgica y sonreí como una dulce niña.

Grande fue mi sorpresa cuando antes de bajarme cuando llegamos por fin a la escuela, mi abuelo me entrego un sobre, abrí mis ojos entusiasmada y la sonrisa se tatuó en mi expresión al ver que contenía ese sobre: Mi autorización. Mi mirada se deslizó hasta el final de la hoja y allí estaba la firma de mi madre, grité producto de la impresión.

— ¿Cómo? —pregunté en un soplido histriónico — ¿Pensé que ella no quería…? —agregué casi sin voz de lo emocionada que estaba.

— Tienes razón, tu madre aún NO quiere… —confirmó y me confundió.

— ¿Pero? —refuté al segundo.

— Prométeme que te cuidarás sino ambos sufriremos la furia contenida de Bella, no solo tu estarás castigada sino que jamás volverá a hablarme y es ella la que cocina ten en mente aquello —explicó con voz ronca un poco más serio que antes.

Entonces comprendí, mi abuelo había falsificado la firma de mi madre ¡Inteligente!, ¿cómo no se me había ocurrido hacerlo a mí?, pensé con la sonrisa de par a par en mis labios. Di un brinco de alegría al imaginarme jugando fútbol con los demás. Le dí un beso en la mejilla y abrí la puerta para bajarme, en ese minuto, me sostuvo por la manga de mi chaleco.

— Marie, espera, dos cosas —exclamó mucho más serio que antes — Ni una palabra a tu madre de esto ¿Prometido? —me preguntó y asentí solemne sonrió — y nunca hagas lo que yo acabo de hacer, ¿Júramelo? —agregó culpable por haberme dado una idea demasiado buena para obviarla en un futuro.

— Lo juró —prometí y gracias a dios tenía los dedos cruzados detrás de mi espalda sino tendría que haber acatado. Volví a abrazarlo agradecida, como me gustaba que él fuera mi abuelo, no solo por aquello, sino por todo, siempre estaba de mi lado y eso me encantaba.

Charlie era realmente excepcional, siempre atento, cariñoso y preocupado además era la figura paterna perfecta, no podría haber pedido un padre mejor y más comprensivo que él. Lo quería con todo mi alma y no me imaginaba haber vivido en otro lugar, lejos de él.

Ha veces pensaba que yo había heredado más cosas de él que de mi madre, con ella en lo único que nos parecíamos era en la torpeza y bueno, un poco en lo físico pero mis gustos era idénticos a los de mi abuelo Charlie, podíamos pasar horas viendo televisión, me encantaba ver fútbol y me fascinaba comer fuera todos los viernes. Además amaba ir a pescar, aún no comprendía como mi madre podía odiarlo.

— Gracias —murmuré contra su cuello, me separó y sentí ese gran bigote suyo pinchar la piel de mi frente haciendo cosquillas al besarme con ternura.

— De nada, será un secreto entre ambos —susurró.

Me bajé de la patrulla feliz y extasiada, entré al colegio sin importarme que la presuntuosa de Jenny Stanley se encontraba en la puerta y como odiaba a esa niña pero hoy no me importó. Pase por su lado y la ignoré aún cuando gritó mi apellido. Caminé hasta mi locker y allí estaba mi amiga del alma Lily.

— ¿Te dieron la autorización? —me preguntó apenas la alcance.

Le mostré el sobre blanco sacudiéndolo en el aire entre mis manos, le sonreí sugerente.

— ¡Guauuuu! ¡Genial! Pero ¿cómo lo hiciste? pensé que tú madre no quería por ningún motivo que te inscribieras otras vez en el equipo de futbol no después del esguince que tuviste —exclamó sorprendida y la miré con suficiencia

— El que sabe… sabe —respondí con soberbia largando una carcajada.

Entramos a la clase de literatura y apenas terminó salí rauda hacía el gimnasio para entregar la vendita autorización, el entrenador me miro suspicaz y luego de vuelta a la hoja.

— Pensé que te mantendrías alejada por esta temporada —comentó guardando mi autorización en un gigante archivador.

— ¿No me quiere en el equipo? —le pregunté desilusionada y el sonrió

— No me refiero a eso Swan, contrario a todo, eres buena y lo serías más si lograrás no atraer los accidentes como imán —explicó guiñándome su ojo. Sonreí feliz, al menos para algo era buena.

— Nos vemos a la tarde entonces –anuncié feliz saliendo por la puerta de su oficina

— A las tres en punto no llegues tarde —previno al verme salir, asentí.

Puntualmente a las tres estábamos entrando al campo de juego, Lily venía rezongando por sus short que se habían encogido desde la última vez que se los había puesto, estaban recién lavados, me reí.

— Creó que estos eran las tuyos —me previno tirando de la tela.

— No, estos eran los míos, ya te mostré que tenían una marca de mis iniciales, mi madre marca todo —le explique nuevamente y como odiaba que fuera tan insistente. Al menos me había hecho el enorme favor de haberme traído mi ropa de gimnasia.

— ¡Swan pero sí esta viva! ¿Te quedarás todo el partido o piensas volver a caerte como la última vez? —preguntó mordaz Jenny y la fulminé con la mirada.

— Te daré ventaja, me caeré en la mitad del tiempo a ver si logras distinguir el arco del equipo contrario al tuyo —le contesté provocando que él resto de nuestras compañeras estallaran en risa.

Probablemente yo era torpe pero ella era mala, ni siquiera podía achuntarle al arco cada vez que trataba de meter un gol. La pelota salía disparada a cualquier lado incluyendo el arco de su propio equipo cada vez que Jenny tomaba el control del balón era un desastre pero me gustaba, ganábamos sin necesidad de hacer tanto esfuerzo. Los autogoles eran su única especialidad. Nos miramos con suficiencia y nos separamos cuando el entrenador llegó.

Como de costumbre me puse en mi lugar y Jenny frente a mí en el bando contrario. Tensé mis labios y apreté más de la cuenta mis quijada que crujieron, esta vez le daría una lección a la presuntuosa frente a mí.

Cómo era de esperar y justo pasado media hora de tiempo, la caprichosa de Jenny en una patada poco usual tiró lejos el balón deteniendo el partido para un saque lateral, me dispuse en el borde de la cacha, tomé entre mis manos el balón y estaba mirando al resto de mis compañeras de juego para ver quién se encontraba más desmarcada y así asegurar el balón cuando de la nada y mientras tomaba impulso corriendo unos pasos, un cuerpo se atravesó frente a mí. Venía a toda prisa, yo solo pude verlo de reojo pero no pude evitar la colisión. ¡Qué demonios hacía allí!, me dije en la mente pero ya era demasiado tarde chocamos.

La fuerza del impacto hizo que cayéramos a unos cuantos pasos de distancia, dentro del campo de juego y para mal de males, cayó sobre mí. Mantuve mis ojos cerrados y para cuando lo abrí, dos ojos azules profundos y un poco avergonzados no dejaban de contemplarme.

— ¡Newton! —grité exasperada y entonces me percaté de que el voluminoso cuerpo de Jack Newton estaba sobre mí, toda esa humanidad de peso me había primero derribado y luego golpeado.

Ahora comprendía porque había sentido tan fuerte el golpe y es que esos kilos debían haberse potenciado por la ley de la aceleración.

Para mí fue un golpe seco y sucedió en cuestión de milésimas de segundos para cuando traté de pararme fue allí el problema, apenas quise deshacerme de aquel peso tan grande de Jack fue cuando sentí un tirón en la base de la nuca y todo se me fue a negro.

Desperté, me imagino unos minutos después y ya estaba siendo transportada en una ambulancia hacía el hospital. ¡No puedo tener tan mala suerte! Grité en mi mente mientras contemplaba el techo del vehículo. Me lleve las manos hacía el cuello porque sentí que algo me oprimía y no me dejaba respirar bien, y allí estaba el infame implemento medico: un cuello para nada sexy sino más bien vergonzoso e exagerado.

—No te muevas —me pidió el paramédico y quise que me tragará la tierra. Mi abuelo se enojaría y mi madre enfurecería.

Me bajaron de la ambulancia y apenas las puertas de emergencia se abrieron otro par de ojos azules, demasiado conocidos, me enfrentaron. Como odiaba que Forks fuera un pueblo tan chico.

— Marie ¿Qué haces tu aquí otra vez? —fue la pregunta y a esta altura se estaba haciendo recurrente. Bueno yo era algo así como alguien "frecuente" en estos lugares.

Suspiré.

— Alguien cayo sobre mí ¿Puede adivinar quién? —le pregunté picadísima que fuera su maldito sobrino torpe el causante de todo mis tropiezos durante estos último meses. Ya creía que Jack se había convertido en mi sombra a esta altura porque francamente no encontraba otra explicación para que siempre estuviera metido al medio.

— ¿Jack? —preguntó y allí noté que venía entrando otra camilla además de la mía, de reojo cuando me giraron le vi, se quejaba y era increíble. Yo había sufrido mayor daño y el sollozaba como un bebe.

Habían pasado al menos dos horas desde que me habían traído y todavía sacaban exámenes tras exámenes el tiempo se me hacía eterno. Cuando sentí que la camilla era movida y que me volvían al pabellón de urgencias pediátricas respire aliviada. La enfermera se acercó y cerró la cortina.

— Espere… ¿Cuándo me podré ir? —pregunté apenas deduje que me iba a quedar sola otra vez.

— Aún faltan un par de evaluaciones, además aún no consiguen localizar a ninguno de tus padres —me anunció y se me contrajo el estomago.

A mi mente se vino el retrato del rostro furioso de mi madre y otra vez, de manera repentina me sentí mareada ¡Respira Marie! y tomé una gran bocaranada de aire. Era obvio que tendría que venir por mí, aunque lo hiciera el abuelo Charlie, de todas maneras tendrían que decirle sobre mi accidente. Era una cuestión inevitable, saldría de ese hospital totalmente e irrevocablemente castigada de por vida.

La mujer se retiró y la cortina cerró. Me quede mirando el techo, hubiera querido que me quitaran el maldito collarín, me apretaba demasiado y me hacía sentir estúpida, siempre con la vista al frente incapaz de moverme aunque quisiese. De vez en cuando también provocaba que no pudiera respirar bien, traté de soltarlo pero me fue imposible, además si lo quitaba me regañarían y con el reto que tendría por parte de mi progenitora no iba agregar otro del tío Mike.

Espere resignada a estar allí para distender el momento comencé a contar, cuando estaba por llegar al tres mil por cuarta vez sentí unos pasos firmes en mi dirección, a esta altura ya estaba jugando con el velcro del collarín y cuando sentí el ruido de unas voces detrás de la cortina demasiado cercanas las quite presurosas y las bajé justo a tiempo antes de ser sorprendida.

Giré mi rostro para encarar a quién fuera y frente a mí dos pares de ojos, unos menos conocidos que otros, a la enfermera ya la había visto era la "nueva adquisición" y a la cual mi tío Mike había tratado de hacerle los puntos todo el rato que estuvo examinándome, como si ya de por si no fuera incomodo cuando trató de hacérselos a mi madre. Gracias al cielo no consiguió nada sino hubiera muerto infartada al haberme "emparentado" con el torpe de Jack. Hubiéramos sido algo así como "primos" ¡De ninguna manera!.

Pero al hombre junto a ella si no lo había visto jamás, no me parecía conocido en ningún aspecto, a pesar que era bastante más guapo que el ordinario de los médicos allí, solo había uno que era tan o más apuesto que él. Aún así ese cabello broncíneo desordenado y esa barba incipiente que le daban un aspecto desaliñado me hacía dudar de su profesión.

¿Acaso era médico?

Su atuendo me decía que sí, estaba perfectamente vestido con una bata azul, por lo que deduje que era cirujano y el delantal blanco característicos de todos me refrendó mis conjeturas. Me hubiera fijado más de no ser por la posición en la que estaba, hacer el esfuerzo de girar el rostro para advertir su presencia me costo una puntada que me recorrió de pies a cabeza y que me provocó un ahogo producto de la presión que ejerció el maldito collarín contra mi traquea. Justo cuando volvía mis ojos a su posición habitual noté algo que si me cautivo, que fue la profundidad de su mirada agua marina. ¿Dónde había visto esos ojos antes?, me pregunté pero no conseguí nada más que una jaqueca insipiente.

— ¿Dónde está el tío Mike? —pregunté dejando mi vista pegada al frente, me dolía sobre manera. Detuvo sus pasos en seco al escucharme pronunciar aquel nombre ¿Se conocían?

— Soy el Dr. Cullen, y te haré una evaluación neurológica —me explicó y caí en cuenta a lo que se refería la otra enfermera con que faltaba una evaluación rodeé mis ojos en el mismo instante que advertí algo ¿él había dicho Cullen?

Era imposible si mal no me fallaba la memoria considerando que hacía sólo una semana me había topado con el verdadero Cullen, cuando me habían quitado el casco de yeso de mi tobillo. El Dr. Cullen era el obstetra que me había traído al mundo y el único médico que era guapo dentro de la planta de aquel hospital.

Demasiado bochornoso había sido aquel encuentro furtivo de la semana pasada, en el pasillo de ese mismo hospital, él con esa sonrisa de dios griego y el brillo enceguecedor de esos dientes perfectos me había obligado a permanecer más de lo deseado, sentí vergüenza ajena al notar su mirada, como si tuviera tres años me apretó el pómulo de mi mejilla izquierda sacudiendo mi rostro levemente para hacer el comentario tan característico de un momento así — ¡Marie Swan pero que grande estas! —Comentó resuelto y risueño, lo odié — sí me parece fue ayer cuando te tuve entre mis brazos —agregó.

¡Trágame tierra! Pensé al segundo sonrojándome instantáneamente. Qué acaso no estaba viéndome, ya tenía nueve años pronto a cumplir diez era necesario este saludo tan… tan infantil.

Miré de reojo y allí en la puerta estaba otra excepción a la regla, el becario de traumatología, tan tierno, amable y galán pero curioso, clavó sus ojos azules en los míos provocando que la vergüenza aumentara a limites insospechado, juré que me había dado una taquicardia porque mi corazón latía desbocado en mi pecho.

Volví del recuerdo al presente, era cierto, el hombre frente a mí se parecía pero no era el doctor que yo solía conocer de eso no había duda.

— ¿Cullen? —Discrepé enseguida — ¿Dónde esta el verdadero Dr. Cullen? —agregue y sonó un poquito histérico y molesto pero en realidad estaba molesta con la situación en sí más que con él.

Se quedo mirándome desconcertado, ese mar esmeralda me contemplaban de pies a cabeza sin creerlo. Tal vez, lo había sorprendido lo resuelta que parecía allí considerando que yo era una "niña" y tenía toda la razón para mi esto era más un trámite que otra cosa. Mi analogía era simple ¿De que me servia angustiarme cuando el hospital ya era algo así como mi hogar?

La pinturita detrás de él estaba también confundida con mis actitudes pero sabiamente no dijo nada.

¡Perfecto otra tonta más!

Y era increíble que de todas las "nuevas" no hubiera ninguna como mi tía Ángela, ella sí era una enfermera real no como estás que lo único que querían era atrapar a uno de los médicos residentes y ojala fuera a mi tío Mike, al menos así, desistiría por completo de ser mi "padre sustituto".

— y "Doc" ¿Cuál es el diagnostico? —y fue como si lo hubiera llamado con el pensamiento apareció repentinamente y tan animado como si tuviera todo bajo control. Lo asesine con la mirada, de hecho, yo no estaría allí todavía con el collarín si no fuera por su "derivación".

— No lo sé aún no logro examinarla —confesó el supuesto Dr. Cullen y lo miré resignada. Por que fuera o no fuera su apellido, me examinaría de eso no cabía duda.

Como pensé me encegueció con la luz de la pequeña linternita que puso frente a mí, se acercó más, sus lánguidos y finos dedos se acomodaron en mi mejilla y pude notar apenas me toco que sus manos eran tan frías como él día.

Me estremecí, enarcó una ceja y frunció el entrecejo un tanto avergonzado provocando también en mí vergüenza, mis pómulos se tiñeron de un rojo furioso y delatador. El sonrió torciendo sus labios en una mueca bastante familiar y ¿De dónde lo había visto? Me examinó hasta que, fuimos interrumpidos por nada menos y nada más que los insistentes y frenéticos pasos de mi madre.

Como la peor interrupción de todas, arribo al lugar histérica, sus gritos podían sentirse desde el otro lado del hospital si se lo proponía.

¿Por qué tenía que ser así de aprehensiva?

Me pregunté en el segundo exacto que los ojos del médico me increparon en silencio — Sí es mi madre —le confirmé poniendo mis ojos en blanco y bufando un silbido entre mis dientes. Se venía lo inevitable: El regaño. Apenas me vio creo que descansó porque advertí que resopló con soltura — sí mamá estoy bien —exclamé con la mirada pero claro, no estábamos en "sintonía" en lo absoluto. Como ella estaba sobredimensionando mi accidente hasta notarlo de manera exagerada hoy no habría empatía de su parte.

Lo siguiente que sucedió no se como definirlo solo diré que fue algo demasiado extraño. Toda esa angustia que irradiaba su rostro de pronto se apago por completo y surgió a cambio la sorpresa.

Mi madre, estaba sorprendida pero ¿de qué?, esa pregunta en parte se respondió al escuchar la pregunta que ella pensó hizo bajito pero que yo escuche sin esfuerzo.

— ¿Qué haces tú aquí? —balbuceo y entonces miré al interlocutor: él.

No le contestó nada sino que se quedaron mirando ambos perplejos, hasta que, como buen Newton que era, mi tío Mike los interrumpió. Como gran mediador explicó quién era el hombre frente a mí y entonces por primera vez escuche su nombre

"Edward"

Aquel sustantivo propio me remontó hasta hace tres semanas atrás.

No me quedaba nada más que resignarme a mi aburrida rutina, esa rutina consecuencia del esguince y del yeso sin taco que me habían puesto luego de mi caída, estaba confinada a mi hogar, sin poder salir a ningún lado, pasaba desde mi cama al sofá de la sala y de vuelta a el por las noche, menudo panorama. Así aburrida aquel día puntualmente a la diez de la mañana llego la Señora Brown, mi niñera por esos días. Me sonrió como de costumbre y me preguntó que quería hacer, consideré las opciones y aunque ella se veía bastante corpulenta algo así como un presentimiento me indicó que era mejor permanecer en el segundo piso hasta que el abuelo Charlie retornará a casa y fuera él quien me bajará. Dulcemente y mostrando mi mejor sonrisa le dí mi veredicto: Me quedaría allí.

Ella bajó resuelta supongo que a cocinar, en realidad, no me interesó mayormente a que iba al primer piso. Motivada solo por la monotonía de aquel día, se me ocurrió luego de mirar la televisión por incesantes minutos sin encontrar ningún programa bueno ordenar mí cuarto, que era el viejo cuarto de mi madre.

Me levanté de la cama y dí saltitos hasta el armario empotrado a la pared. Evidentemente no podría ordenar lo que estaba colgado ni pensar lo que estaba en altura pero sí podría ordenar las cajas que estaban amontonadas en el suelo y así lo hice, busque caja por caja, la mayoría no eran mías, eran de mi madre y de mi abuelo.

Millones de fotografías, algunas de la boda de mi abuelo con mi abuela Renee, que se veía preciosa, nunca imaginé hasta ahora que se hubieran casado cuando ella era solo una niña, le calculé dieciocho años, me sorprendió la belleza que irradiaba. Se veía preciosa es su vestido blanco, absorta pensando en como se vería mi madre vestida así la contemple por unos minutos más fantaseando en como sería la mía algún día. Estuve así mirando y mirando cosas sin sentidos, viejas en su mayoría, hasta que dí con el anuario de madre.

Me reí al ver su rostro todo descolorido y con una mueca para nada feliz, aunque trató de aparentarlo sabía que las fotografías no eran su fuerte, se sentí incomoda y eso se plasmo en aquella juvenil fotografía. Seguí recorriendo las fotografías contenidas en aquel libro, me sorprendió ver al tío Mike tan joven, realmente era apuesto cuando menor, no era que ahora no lo fuera pero… definitivamente no era mi tipo de "papá", me sonreí.

De pronto, mientras miraba la fotografía de la tía Ángela, en la parte superior de esa misma hoja estaba un apellido un tanto desconocido en principio… Cullen.

Edward Cullen se leía bajo la fotografía de aquel joven pálido pero de un peculiar color cobrizo en el cabello, sus facciones eran delgadas pero masculinas, sus ojos verdes eran intensos y tenía una sonrisa curvada que seguro dejaría a cualquier sin habla…

En ese minuto volví al presente dibujando en mi memoria aquel recuerdo cotejándolo con el reflejo frente a mí, mis ojos se abrieron en sorpresa al comprobar que entonces el médico a escasos centímetros de distancia de mí era él, aquel nombre detrás no solo de esa fotografía sino también detrás de aquella carta… volví al pasado como si se tratase de una película la cual retrocedía a mi antojo.

Ese día no había sido la primera vez que me daba por "investigar" en las viejas cosas de mi madre, siempre me había parecido interesante saber más sobre ella, más cuando ella evitaba conversar conmigo sobre su niñez y no era que mi madre fuera una anciana pero siempre me había extrañado que sus amigos se redujeran a Jake, Billy que era algo así como el hermano siamés de mi abuelo, el catete del tío Mike y mi tía Ángela.

Aparte de ese círculo reducido jamás le había conocido a nadie más lo que me parecía en tanto extraño, más cuando, mi abuelo en sus interminables historias de sobremesa, ese domingo en particular había hablado sobre la juventud de mi madre y sus múltiples peripecias, en todas ellas había la omisión de alguien cercano podía adivinarlo por la manera en que eran contadas. Lo que me había hecho preguntarme algo que jamás me había inquietado.

¿Acaso no había algún novio de antaño?

Mirando el anuario otra vez esa pregunta volvía a mí, de pronto se me contrajo el corazón al notar que Navidad se aproximaba a paso agigantado y al igual que en los años anteriores nuestra cena se reduciría a ir a la reserva a visitar a los amigos de mi abuelo, donde por cierto, nos entregarían regalos y tendría que fingir que aún creía en Santa, como si no hubiera descubierto a mi abuelo hacía años. Como siempre, todos disfrutaríamos de aquella festividad pero mi madre estaría nuevamente sola. No triste, jamás le había visto llorar en aquellas cenas pero si había cierta nostalgia. Esa soledad en parte era mi culpa y hoy extrañamente eso me hacía sentir un tanto miserable por primera vez desde hacía mucho.

Pensando en aquello, aquel día había dado, sin querer y como obra del destino con una pequeña caja, al parecer había estado oculta en el interior de otra pero con el tiempo seguramente la habían sacado de allí restándole importancia. Estaba detrás de todas, metida en un rincón oculto del armario. Entonces la tomé entre mis manos y en su interior solo habían papeles ninguna fotografía me dedique a ordenarlas hasta que tope con un sobre ni tan pequeño ni tan grande, era rectangular, aquel nombre inscrito en el anverso había pasado sin sentido para mí aquel día, hoy era diferente.

Edward Cullen

Dormitorio G Torre Sur

Universidad de Dartmouth

New Hampshire

Presente

Ese día no había podido leerla, el grito de mi abuelo y sus pisadas me habían asustado por lo que con una torpeza excepcional la había vuelto a poner en el interior de la caja y justo a tiempo la había escondido en su posición original.

Hoy, ese nombre se asociaba a un rostro y a un cuerpo que respiraba y estaba allí frente a mí. Él aun me examinaba, yo estaba perdida en mis recuerdos, hasta que otra vez, una Swan necesitó ayuda. Agradecí en parte no tener que ser yo pero claro, de tal astilla tal palo. El cuerpo de mi madre se tambaleo y romeo al rescate saltó. Mi tío Mike la saco olímpicamente de allí y era inverosímil que mi madre se fuera a desmayar solo por ver como me examinaban ¿O había sido algo más?

Me recriminé no estar tan atenta pero claro luego del viaje al pasado no podía estar pendiente de todo. Para mi fue como otro examen medico cuando acabó mi madre se apresuró a distraer mis divagaciones, mi atención paso del "pasado" al "presente" cuando escuche las dilapidadoras recomendaciones medicas, debía reconocer que el Dr. Cullen era hábil para no parecer el malo de la película en cambio el Dr. Newton me las pagaría.

¿Reposo? ¿Sin escuela? ¿Por diez días?

¡Quería morir! Encerrada en mi casa, otros diez días no lo soportaría. Las lágrimas estuvieron a punto de brotar sin control pero dignamente solo solloce, claro que, esto hasta que nos quedamos solas y mi madre se encargó de hacerme sentir quien era el adulto de las dos.

— mamita por favor —protesté y ella fue dilapidadora

— Nada de mamá… podrías haberte matado —reclamó ella en un susurró y entonces no aguanté más, me largue a llorar de plano.

— No sacas nada con llorar esta vez me harás caso ya oíste a Mike —advirtió y la mire — Dr. Newton —se corrigió firmando los papeles para que pudiéramos irnos

— Ya Marie cambia la cara pareciera que estuviera sentenciándote a muerte —exclamó mi "doctor" para nada favorito. Lo miré de reojo.

— Que come que adivina —exprese tocándome el cuello y era el colmo para rematar la idea tuviera que usar durante los diez días aquello ¡Fabuloso! Rezongue.

Caminamos hacía la salida, yo con la cabeza agacha tomada de su mano y ella tratando de evitar parecer flexible pero la tenía un poco convencida de ablandar el castigo. Sabía que ese "reposo" podría ser un poco más maleable si lograba dar lastima de aquí a que llegáramos a casa.

Estábamos por llegar al auto cuando una voz varonil resoplo presurosa. ¿Él? Y entonces aquel asunto que había dejado a medias, producto del castigo, volvió a mí. Le dí una mirada a mi madre y esta se desfiguró al notar que era el Dr. Cullen quien la llamaba.

Me sonreí al advertir lo que ella trató de ocultar, me miró incomoda, sus facciones se endurecieron producto de la molestia. Entonces mi teoría cobraba más fuerza, de no ser así ¿Por qué esa cara de espanto cuando lo escucho?

— entra al auto por favor —me pidió pero no me moví ni un ápice de mi lugar, su mirada se hizo suplicante pero luego cambio a una rotunda orden —sube —insistió desesperada porque el elegante e insistente Dr. Cullen llegaría hasta nosotros y yo sabría la verdad.

Ahora entendía porque la llamó tan familiar en una primera oportunidad, su mirada me fulminó.

— ¡ahora! —se apresuró a ordenar y no pude evitar rezongar ante su autoridad. Pocas veces mi madre mostraba mando, generalmente utilizaba la técnica de los consensos, se imponía pero no de manera autoritaria lo que me agradaba, hasta hoy que francamente estaba fastidiándome su repentino ataque de paternidad.

Me ordeno que subiera al auto y lo hice, cerró la puerta justo cuando los zapatos varoniles del "neurólogo" llegaron hasta ella. No sé que le dijo pero por sus facciones que veía por el espejo lateral me decían que algo había pasado demasiado cómico, tanto él como ella tenían una mega sonrisa tatuada en el rostro. Se movió nervioso esperando tal vez la respuesta de mi madre hasta que me ocurrió una locura.

Si quería saber que lugar ocupaba este famoso Dr. Cullen en mi familia, debía partir por tener una segunda opinión, abrí la puerta de un dos por tres, sin que ninguno se diera cuenta en realidad estaba allí hipnotizados él uno en el otro. Pocas veces, por no decir nunca, había visto un comportamiento así en ella. Entonces aproveche la ventaja infantil.

— Mamá —la llamé decidida a sondear mis conjeturas y presentimientos — creo que no me siento tan bien —previne poniendo mis ojos en blanco y agradecía las clases de teatro en las que sí me habían dejado participar.

Lo siguiente que sentí fue algo blandito. ¡Suerte la mía!

— ¡Hija cuidado! —exclamó mi madre atónita.

Pero un par de brazos fuertes me sostuvieron evitando que cayera al suelo.

— Llevémosla dentro —anunció decidido.


¿Gusto? ¿No gusto? ya saben dejen sus reviews haciendo click abajito y pueden decirme todo lo que quieran, desde que les ha encantado hasta que la han odiado... particularmente esta es mi primera vez en donde no habrá drama XD... bueno salvo por el comienzo pero nada es perfecto :P Gracias a todas las que han agregado esta historia como alerta, como favorita y que me han regalado esos hermosos reviews a tan pocos capitulos... espero seguir leyendo muchos de todas ustedes... ¡Gracias mil gracias!

Ps. A las que leen Pecados Carnales, les digo que pronto subiré capítulo, he estado pensando, y eso no se si es bueno XD, tiendo a cambiar cosas pero espero les guste, recuerden que le quedan poquitos capítulos.... me da penita... ya bueno las dejo

Besitos y gracias. Cariños

Liz