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Disclaimer
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"Los personajes de Naruto, así como su mundo, son propiedad de Masashi Kishimoto; yo sólo los tomé prestados para hacer este fanfic"

Título: Vampyr
Autora: Antifashion19
Género: Sobrenatural | Horror | Misterio | Suspenso | Romance
Personaje(s)/pareja(s) principales: Hinata H. | Sasuke U. | Ino Y. | Naruto U. | Sakura H.
Advertencias: Sasuke x Hinata. Sakura x Naruto x Ino. Universo Alterno. Posible OoC. Palabras soeces.
Leve Yuri. Violencia y muertes.
Sobre aviso no hay engaño.

Si eres anti de estas parejas, no leas y ya; pero si eres un lector de gustos variados, y sólo te importa el contenido de la historia… ¡Bienvenido seas!

Créditos: La imagen que he usado para la portada le pertenece a 1090506, cuyo link a su DeviantART se encuentra en mi profile.

Edición: 11 de Enero de 2017. Con la perdida de todos mis escritos de mi laptop, he vuelto a editar.

Aclaraciones sobre el capítulo:
Bueno, en este capítulo hablare de Futakuchi-Onna, una de las tantas y famosas criaturas de la mitología japonesa. Y aquí aclaro por qué Hinata no ataca directamente al culpable de su muerte.

Sobre la familia Hyūga, después se hablará "¿qué son?" y qué papel juegan en la historia. También sobre que Hinata mando al perro a cuidar a Sasuke, fue porque por su nueva vida tiene el deber de ver quien anda en sus territorios. ¿Falta algo? Oh, aún no han salido varios personajes como: Sai, Kakashi, Yamato, Karin, Suigetsu, etc., pero pronto aparecerán.

Creo que eso es todo.


Capítulo IV. Futakuchi-Onna
二口女
Primera parte


Cuentan las leyendas que hace mucho tiempo… en un pueblo lejano, vivía un artesano muy trabajador pero muy avaro, tan avaro que no quería casarse con ninguna mujer para no tener que mantenerla. Sin embargo, un día llegó al pueblo una mujer con la piel blanca, tan blanca como la nieve y que apenas comía un grano de arroz al día; el artesano al enterarse de eso la cortejó y se casó con ella.

Estaba encantado con lo poco que comía la mujer, pero extrañamente sus reservas de arroz se habían reducido considerablemente desde su casamiento, así que un día decidió espiarla. Con asombro vio cómo el pelo de su esposa se transformaba en dos serpientes y que entremedias se podía ver una boca la cual se alimentaba del arroz… sin poder evitarlo, un grito ahogado salió de su boca, causando que las dos serpientes notaran su presencia; trató de huir, sin embargo, lo sujetaron de la pierna, provocando que cayera al piso.

Después, la mujer avanzó hacia él y trató de hablarle, pero el hombre horrorizado comenzó a gritar; y al ver que el esposo no se callaba, las serpientes le rompieron el cuello y lo sujetaron fuertemente para llevarlo hasta la segunda boca.

Y entonces, la Futakuchi-Onna se lo comenzó a comer…

. . .

Sintió el sabor metálico en su lengua, como algo espeso y caliente descendía por su garganta; siguió masticando pero aquella cosa se removió dentro de su boca. Abrió los ojos, de inmediato, al darse cuenta que no estaba soñando; luego se sentó y vio que su almohada estaba empapada de sangre, los cuerpos mutilados de varias aves a su alrededor y las plumas de éstas cubriendo su cuerpo.

Gritó horrorizada, cayó de su cama y vomitó en el suelo…

—Ino, ¿estás bien? —preguntó su madre a punto de abrir la puerta—. ¡Ino!

La rubia se levantó como pudo, caminó tambaleándose hacia la puerta para evitar que entrara y viera tal escena, le puso el seguro; y después limpió su boca, tomó una gran bocanada de aire mientras notaba como manchas de sangre cubrían sus dorados cabellos...

—E-estoy bien —soltó—, sólo fue una pesadilla.

—Hija, me habías preocupado —contestó aliviada—. Ya está el desayuno, baja.

—Sí —se aseguró que el seguro de la puerta estuviera bien puesto—. ¡Nada más voy a cambiarme!

Y cuando escuchó a su madre alejarse, fue hacia la cama; tomó la funda de la almohada, las sabanas ensangrentadas, los cuerpos de las aves y su ropa para dormir, después cogió una bolsa de su closet y metió todo ahí. Limpió lo más que pudo, y al terminar, caminó hacia su baño para esconder toda la evidencia. Luego se duchó rápidamente, enjabonando varias veces su cabello para quitar todo rastro de sangre…

—Oh, no… —se dijo, completamente asustada—, ¿qué es lo que sucedió?

Las lágrimas brotaron de sus ojos azules, sus manos temblorosas tomaban el bote de champú y lo aplicaban para tallar de nuevo su pelo.

—¿Qué me está pasando? —se preguntó—. ¿Qué es lo que me sucede?

Completamente asustada, la joven comenzó a llorar. Algo estaba cambiando en ella y, de pronto, unas insaciables ganas de comer inundaron su cuerpo; un hambre voraz que no podía controlar…

. . .

—Oye, Sakura —la nombrada se giró para verlo—, ¿no deberías estar preocupada por Ino? Desde las vacaciones no la hemos visto.

—No está enferma —respondió—, sólo no viene porque esta con su tonta dieta. Quería bajar varios kilos antes de entrar a la escuela… pero no lo logró.

—Así que si no baja —era la voz de Shikamaru que les interrumpió—, esa mujer problemática, ¿no vendrá?

—Sí —respondió la Haruno, mientras retomaba su lectura—. Esa Ino-cerda no quiere entender.

—Tal vez… —dudó un poco antes de proseguir—, si dejaras de decirle Ino-cerda, así no querría hacer dieta. —soltó Naruto, inocentemente.

Luego sonrió feliz, pero recibió un fuerte golpe de Sakura, quien lo miraba enojada.

—¡¿Me estas culpando a mí?! ¡Tonto! —gritó molesta—. No es mi culpa que ella este obsesionada.

—Sa-sakura, eso duele —se quejó el rubio—. Yo sólo lo decía porque ella me… es tu amiga.

—Lo es, pero ahora le interesa estar más delgada —habló tristemente—. Después recapacitara, eso espero.

—¿Y si vamos a visitarla? —preguntó alegremente—. Así la convencemos todos, ¡y ella regresara! ¡Dattebayo!

—Eso es muy problemático —soltó Shikamaru—. Ella no va a entender.

Naruto vio como sus amigos no lo apoyaban, sonrió al ver a cierto azabache leyendo en una de las esquinas del salón, completamente ajeno a la conversación.

—¡Teme! —corrió hacia él—. Tú si vas a acompañarme, ¿verdad?

Pestañeó rápidamente, juntando sus manos para que su amigo se compadeciera de él. Sasuke se preguntó cómo el Uzumaki podía tener tanta energía…

—Tengo mejores cosas que hacer, "Dobe". Pero a ti que te encanta la aventura —sonrió arrogantemente—, puedes hacerlo solo.

—Pe-pero, Ino es un poco violenta —tembló—. Además, si se lo pides tú… ella no lo pensará dos veces.

—Entre menos molestias —cerró su libro—, más paz para mi vida.

—Sasuke no seas un desadaptado —el rubio lo regañó—, la amistad es muy bonita. Además, leer libros es una pérdida de tiempo.

—¿Lo dice el que sólo lee mangas? —preguntó sarcásticamente—. Si quieres hacer tu obra de caridad, allá tú… a mí no me metas.

Hinata permanecía escondida cerca de la entrada, escuchando aquella conversación. Hacía ya una semana desde el pequeño accidente del Uzumaki; todos ellos se encontraban en calma y habían olvidado el tema sobre las sombras que los atacaron. Los siete jóvenes se hallaban en su salón de clases, habían sido los primeros alumnos en llegar, esperando a que Iruka se presentara a impartir su clase…

—Saben… —la Haruno llamó la atención de sus seis compañeros—, ahora que estamos solos nosotros, recordé la preparatoria.

Ellos se miraron entre sí, recordando como compartían clases anteriormente en un grupo especial de sólo nueve alumnos… "los nueve novatos" los habían llamado. Luego se acordaron de la anterior Hinata, que era parte de ese salón; y también, cuando cada uno de ellos le hizo la vida imposible, como les gustaba hacerla llorar… y que ahora, posiblemente por culpa de uno de ellos, estaba muerta.

—Y a Hinata —murmuró el rubio—. Como murió frente a nosotros.

Sakura entendió ahí que él había sido el más afectado, porque aquel rubio le había gastado más bromas. Ese Naruto de la preparatoria era muy diferente al de ahora, ya que le gustaba molestar a los demás, sobre todo a aquella Hinata que no dejaba de tartamudear; pero después de aquel accidente, el Uzumaki cambió, porque en su interior se culpaba de su muerte.

Entonces, la Haruno mordió uno de sus dedos, pensando que si tal vez no era tarde para confesar que, probablemente, la causante de la muerte de Hinata haya sido ella, porque era la única que…

—Bu-buenos días… —saludó la chica mientras se quitaba la bufanda lila que llevaba alrededor de su cuello. Se había cansado de espiarlos—, a todos.

De pronto, Sasuke se sobresaltó al ver el objeto que la Hyūga usaba: una bufanda idéntica a la que tenía la anterior Hinata. Entonces avanzó sin pensarlo, sin razonarlo siquiera; mientras los demás sólo observaban como él se acercaba a ella y le arrebataba la bufanda de un tirón, inspeccionándola detenidamente.

El joven notó que el color era el mismo, y también encontró en aquella tela unas letras bordadas…

—¿Sasuke-san, tiene frío? —preguntó curiosa—. Si quiere, puedo prestarle mi bufanda.

Y, en aquel momento, el Uchiha se dio cuenta de lo que había hecho, y después regresó a ver a los demás. Le devolvió la bufanda a la Hyūga mientras salía del salón de clases, con el corazón latiéndole aceleradamente y el recuerdo de aquella chica que murió… como él le había obsequiado aquel objeto sin que ella se diera cuenta.

Avanzó por el pasillo solitario sin detenerse. La culpa lo estaba carcomiendo, y la voz de su antiguo amigo volvía a surgir…

. . .

—¿Sucede a-algo con Sasuke-san? —indagó preocupada—, ¿lo molesté?

—No te preocupes, Hinata —el Uzumaki le sonrió—. Es que anda muy "emo" últimamente.

—Hinata —Sakura les interrumpió—, ¿puedo ver lo que esta bordado en tu bufanda?

La Hyūga la miró extrañada, asintió lentamente mientras extendía la tela color lila frente a ella. Los ojos de Sakura se abrieron sobremanera al contemplar las letras perfectamente cosidas, y una mancha rojiza. Sangre. Era una mancha de sangre que no pudo ser arrancada, que se había aferrado a cada fibra de esa bufanda para recordar que su antigua dueña había muerto trágicamente.

—¡¿Dónde conseguiste esta bufanda…?! —levantó la voz—, ¡¿de dónde la has sacado?!

—Sakura-san —se quejó a causa del dolor que le provocaba Sakura al ejercer presión sobre sus hombros—, me lastima.

Naruto se acercó a ellas, y separó a Sakura de Hinata. Miró sin entender a su compañera, por qué había actuado así, hasta que vio el nombre en la bufanda y la mancha de sangre; recordaba aquella mancha, la forma que esta tenia… después de todo, él se había quedado con ese pedazo de tela hasta que Ino hizo que se desprendiera de ella.

Pero la extraña forma de la mancha seguía persiguiéndolo, cada noche al dormir, cada día al despertar: Era una rosa carmesí.

—La compré en la calle —confesó—. Me gusta su color, y tiene mi nombre… además, me gustó el dibujo de la rosa.

—No es una rosa Hinata —el rubio se alejó de ellas en dirección a la puerta—, es una mancha de sangre…

La Hyūga soltó la bufanda por la impresión. El tiempo pareció detenerse cuando ésta comenzó a caer al piso, mientras un gran silencio reinaba en el salón.

—Era de la anterior Hinata —murmuró Shino—. Al parecer alguien la encontró en la basura, y se le hizo fácil venderla.

—Lo siento —bajó la cabeza apenada, y después se alejó de ellos para sentarse en su respectivo lugar.

—No te preocupes, Hinata —Kiba esbozó una sonrisa falsa—, tú no lo sabías.

Sin embargo, Sakura observó el suelo sin quitarle la vista a aquella mancha. "¿Por qué había tomado aquella forma?", se preguntó. Ella sabía que las rosas simbolizan amor, magia, pasión y delicadeza; también representan belleza y perfección. Mientras que el rojo simboliza el poder, la vitalidad y la ambición; igualmente confianza en sí mismo, coraje y una actitud optimista ante la vida. Pero aquella mancha en la bufanda, con aquel color sangre que no la dejaba de atormentar, sólo le podía expresar un sentimiento nada más… algo oscuro y negativo: Odio.

Le pareció que la mancha se hacía más grande, así que quiso quemar esa bufanda, tal vez así los recuerdos la dejarían en paz…

"Sakura-san, gracias por ayudarme", a su mente vinieron esas palabras; y deseó con más fuerzas coger esa pieza de trapo para romperla en cientos de pedazos. Pero no podía, y jamás lo haría porque le temía.

Hinata siguió observándola, callada y distante, disfrutando el momento ya que había encontrado a sus primeros sospechosos de los cuales dudar; aquel azabache, el rubio y esa joven, ahora eran los primeros en su lista…

—¡Buenos días! —saludó el profesor al entrar al salón. Detrás de él venían los otros alumnos—. Vaya, ustedes sí que han llegado temprano.

—Buenos días, Iruka-sensei —saludó la Hyūga.

El profesor se volteó hacia Hinata pero notó a Sakura y trató de llamar su atención, no obstante, ella permaneció inmóvil, mirando el piso sin hacerle caso.

—Sakura, ¿puedes regresar a tu lugar? —señaló el asiento.

—Sí —la nombrada despertó de su ensoñación—. Lo lamento.

El castaño se dio cuenta de lo que miraba su alumna, se agachó un poco para poder levantar la bufanda. La cogió y se la fue enrollando en la mano para así poder doblarla; buscó con la mirada a la Hyūga y le hizo una señal para que ella se acercara.

Hinata se aproximó sin quitarle la mirada de encima a su profesor.

—Esta es tu bufanda, vi que la llevabas puesta al entrar al edificio —se la puso en el cuello—. El color lila te queda bien.

Después sonrió amablemente.

—Gracias, Iruka-sensei —se giró de nueva cuenta hacia su lugar. Pasando a un lado de Sakura y le murmuró—: "Sakura-san, gracias por ayudarme".

La nombrada la miró aterrada. Sus manos comenzaron a temblarle y todo a su alrededor parecía girar; trató de calmar su respiración y los latidos desenfrenados en su pecho.

—¿Qué has dicho? —preguntó en voz baja, sin quitarle la mirada a la Hyūga que ocupaba su lugar—, ¿qué es lo que acabas de decirme?

—Nada, no he dicho nada—sonrió levemente—. ¿Por qué?

—No… creo que fue mi imaginación —la Haruno se acomodó en su lugar para poder prestar atención a la clase—, sólo mi imaginación.

Hinata estaba satisfecha por la tortura psicológica que había aplicado a su compañera. Sólo le faltaban el Uzumaki y el Uchiha; ella sabía que uno de esos tres no podría soportar por mucho tiempo, tenían que confesar quién de ellos había sido el culpable de su tragedia. Porque ahora, después de que había regresado de la muerte, no podía recordar algunas cosas como: su anterior apellido, en donde vivía antes, el rostro ni el nombre del joven del cual estaba enamorada; y mucho menos en dónde había sido enterrada, o más bien, el ataúd vacío…

. . .

"Eres un monstruo…"

Volteó hacia atrás pero no había nadie, así que supuso que otra vez era aquella voz en su cabeza. Siguió caminando por el pasillo, con la mirada hacia el piso, evocando aquel pasado que siempre estaba ahí para recordarle lo miserable que fue; y preguntándose que si sus padres se enteraran de lo que hizo… ¿estarían decepcionados?

De pronto, vio que su mejor amigo que se encontraba sentado en el piso, recargado en la puerta de un salón.

—Sasuke —lo llamó, sonriendo un poco—, eres un vago.

Sin embargo el nombrado sólo le dirigió una mirada fría mientras peinaba sus cabellos oscuros hacia atrás.

—¿Viste la bufanda…? —cuestionó el Uchiha con aquel tono seco que lo caracterizaba—, ¿y la rosa?

Naruto se encogió de hombros y se sentó a su lado; trató de pensar en una explicación lógica que darle sobre la bufanda de Hinata, pero sabía que por los sucesos anteriores que habían vivido, no existía lógica para ello. Regresó a verlo.

—Sí —respondió lo más calmado que pudo—. Fue sólo una casualidad que esta Hinata…

—No sé porque estas explicándome algo que no me interesa —soltó molesto—. Sólo te pregunté eso, limítate a responder sí o no.

El Uzumaki estuvo a punto de hablar, pero se quedó callado, pensando en si era buena idea confesarle a Sasuke que hace tiempo vio cuando él colocó la bufanda en el asiento de la anterior Hinata para regalársela secretamente, y también, que lo había visto espiarla cuando ella sonrió por ese simple regalo, sin saber que era de parte del Uchiha…

—Eres un amargado —lo señaló acusadoramente, fingiendo normalidad—, rompes mi momento dramático.

Sasuke rodó sus ojos, se levantó y después le ofreció su mano para ayudarlo a levantarse. Y por un momento quiso disculparse, porque a pesar de todo, eran amigos; pero no lo hizo.

—Vamos, llegaremos tarde a la clase —habló, retomando el camino hacia el salón.

—Si Iruka-sensei me regaña, te culpare a ti —dijo Naruto, luego se colocó a un lado de su amigo y le pasó el brazo por su hombro para colgarse de él—. Sabes que soy su preferido.

—Sí como no —se burló el Uchiha—, sigue viviendo en tu mundo.

Y ambos caminaron de vuelta hacia su clase…

"Eres un monstruo… Naruto"

. . .

—Antes de comenzar la lección… —el profesor dejó el libro que sostenía en su mano derecha sobre su escritorio, y después se giró hacia sus alumnos—. Alguien de ustedes sabe qué le ha pasado a Yamanaka Ino.

—Se ha enfermado —mintió Sakura—, por eso ha faltado a clases.

—Oh, vaya —hizo una pausa y se quedó pensativo, mirando hacia sus libros—. Entonces, ¿alguien podría ser tan amable de llevarle los deberes de esta clase? —preguntó.

Sakura sabía que nadie más, aparte de ella, podría llevarle los deberes; a pesar de estar molesta con Ino, era su amiga, o más bien, su única amiga… aunque sabía que eso no era verdad. Ino era muy popular en la universidad, no sólo por su gran belleza, también por su actitud e inteligencia; mientras que ella sólo era alguien común y corriente. Y por esa razón, siempre se preguntaba el por qué la Yamanaka había decidido tenerla como su única y mejor amiga.

Suspiró, y trató de no tener aquellos pensamientos; movió su mano para alzarla, pero cuando estaba a punto de hacerlo, la Hyūga levantó rápidamente la suya…

Hinata se había dado cuenta que esa rubia era la que le faltaba en su lista, a la vez que recordaba cómo se había comportado esa joven con ella, y debía saber dónde estaba.

—Gracias Hinata, eres una buena alumna —y después de decirle eso, Iruka retomó el libro que había dejado en la mesa. Luego les dio la espalda, mientras empezaba a escribir en la pizarra.

Mientras que Naruto y Sasuke -que habían esperado a que su profesor se distrajera- abrieron la puerta poco a poco, y fueron entrando sigilosamente para que no los castigara. Kiba sólo reía por lo bajo, observando cómo sus amigos hacían todo lo posible para entrar; estos se atravesaron por los asientos de sus compañeros, haciendo el mínimo ruido posible. Se acomodaron en sus lugares y sonrieron al verse librados…

—Naruto y Sasuke —los nombrados se sorprendieron—, no sé si me creen tonto o muy estúpido…

Regresó a verlos sumamente molesto.

—Para no darme cuenta que empecé la clase sin ustedes, y que hasta ahora se vienen incorporando —los señaló acusadoramente—. Así que como premio a su descarada impuntualidad, tendrán que acompañar a Hinata a casa de Ino para llevarle los deberes.

—¿Pero por qué yo? —preguntó el rubio, indignado—. Hoy quería jugar con mi PSD.

—Cállate. Si quieres que nos vuelva a mandar a limpiar el salón hasta tarde… allá tú —soltó Sasuke en voz baja—. Además, ¿no eras tú el que quería ir a visitar a Ino para saber si está bien?

—¡Es verdad Sasuke, queremos visitar a Ino! —Naruto se levantó feliz, mientras que el Uchiha se golpeaba la frente por la estupidez de su amigo—. ¡Cuente con nosotros Iruka-sensei! No lo defraudaremos.

El nombrado sólo rodó los ojos. Tomó el gis y comenzó a trazar sobre el pizarrón.

—En febrero de mil ochocientos sesenta y siete, Mutsuhito a sus quince años sucedió a su padre, el Emperador Kōmei y una nueva era de Meiji, fue proclamada…

. . .

Trataba de bajar las escaleras como podía, sosteniéndose del pasamanos y con sus piernas temblando; poco a poco descendió hasta la primera planta de su casa. Su padre se acercó rápidamente a ella y la ayudó, recargándola sobre él, luego le quitó el mechón rubio que le estorbaba en la cara.

Ino quiso confesarle lo que le había sucedido al despertar, pero la cabeza le dolía levemente, tenía náuseas y unas incontenibles ganas de volver a vomitar…

—Gracias, papá —trató de sonreírle—. Me siento débil.

—Tranquila —su padre la acomodó en una de las sillas del comedor —, recuerda que estuviste en el hospital.

La rubia lo miró sorprendida, y después buscó a su madre con la vista; ésta, caminaba hacia el comedor con un plato de comida y luego se lo acercó a ella.

—¿Estuve en el hospital? —preguntó incrédula—. No lo recuerdo.

—Estuviste grave, Ino —su madre se secó las lágrimas que bajaban por sus mejillas —, casi te perdemos…

La Yamanaka pudo ver como sus padres se abrazaron para consolarse. Mientras que para ella era difícil de entender por qué había sido internada en un hospital y no lo recordaba, ni si quiera sabía la razón por la cual se había enfermado. Bajó su vista hacia el plato de comida y le dio asco, no quiso comer.

—¿De qué me enfermé? —cuestionó retirando el plato de ella—, no recuerdo.

—Por no comer… —su madre le acercó la comida, enojada. Y su padre le puso un cubierto en su mano—. Así que come ahora, no voy a perderte por una tonta dieta.

—¿Me enferme por la dieta que hice? —soltó sorprendida —. No creí que fuera tan malo.

Sus padres asintieron.

—¿Y Sakura? —tomó agua de un vaso que su madre le había arrimado—, ¿ha venido a visitarme?

—Te internamos en una clínica fuera de la ciudad, y Sakura no se ha enterado —explicó su madre—. Recuerda que nos contaste que ella le tiene miedo a los hospitales desde pequeña, así que no vimos necesario que se enterara… sólo se angustiaría al saber que estabas ahí y que no podría ir a visitarte.

—Oh, sí —se metió a la boca un pedazo de carne, la fue masticando poco a poco—. Pero, supongo que hace tiempo me dieron de alta, ¿no?

—Hace una semana —contestó su padre—. Pero ahora que estás mejor, puedes hablarle por teléfono.

Ino sonrió. Se metió otro pedazo de carne pero eso no podía satisfacer el hambre que comenzaba a surgir dentro de ella; así que devoró rápidamente todo lo que había en el plato, lo levantó y se lo devolvió a su madre para que le sirviera más. A aquella mujer se le iluminó la cara al ver que su hija comía, fue rápidamente a la cocina y regresó con el plato lleno.

—Mi pequeña, que bueno que has recuperado tu apetito —dijo la mujer llena de gozo mientras veía como Ino tomaba la carne hasta con las manos, y que comía apresuradamente, como si su vida dependiera de ello—. Tranquila, Ino… puedes ahogarte.

Empero la rubia hizo caso omiso, luego se lamió los dedos. Su padre, que la miraba atentamente, le limpió las sobras de comida que estaban alrededor de su boca con una servilleta, y ella sólo siguió lamiéndoselos, perdida y feliz.

—Comes como una pequeña cría —su padre dejó la servilleta a su lado. Se levantó y se apresuró a tomar su saco—. Hija, tenemos que salir. Tu madre a atender la florería, y yo iré pagar las cuentas del hospital.

—Te quedarás sola —agregó la mujer—. Por favor, no te mal pases y toma las medicinas que te recetó el doctor.

Le extendió un papel con las indicaciones de la hora y la cantidad que debía tomar de medicamentos. Ino sujetó el papel y lo revisó de arriba abajo; ensanchó su sonrisa, enseñando sus dientes blancos manchados de la salsa roja que acompañaba a la carne.

—No se preocupen —dejó la receta en la mesa—. Llamare a Sakura para que venga, ya saben cómo le encanta sentirse una doctora.

—Bien, pero no hagan un alboroto —sus padres iban saliendo por la puerta principal—, aún estas débil. Trataremos de venir lo más pronto posible.

—Nos vemos —dijo mientras movía su mano de un lado a otro en señal de despedida. Observó la puerta cerrarse, y se acomodó en la silla mientras seguía comiendo. A su lado su mascota comenzó a hacer ruidos extraños—. ¡Cállate, Kiku!

Se quedó mirándolo. El felino blanco tenía la cabeza abajo, con su cola inflada y arqueada, viéndola con sus pupilas dilatadas; sus orejas estaban aplanadas hacia los costados, sus bigotes hacia atrás a lo largo de sus mejillas y siseaba con su boca.

—¿Kiku? —se levantó para acercársele. Este enchinó su pelaje y mostró sus colmillos—. ¿Qué te pasa?

Le acercó la mano pero su mascota la aruñó y corrió lejos de ella. Ino se revisó la lesión, se dio cuenta que sólo era una herida superficial, así que regresó a la mesa para seguir comiendo, sin embargo, le dieron ganas de regresar el estómago; se hincó en el suelo, sujetándose el estómago a causa del dolor, y vomitó. No pudo evitarlo. Luego se echó completamente sobre el piso en posición fetal.

Notó las plumas negras y blancas en su vómito, incluso pudo distinguir partes de algunas aves. Se tapó la boca instantáneamente, mientras unas lágrimas comenzaban a salir de sus ojos azules. El gato volvió a acercársele, ronroneándole; y ella sonrió como desquiciada, a la vez que el maullido de su mascota se escuchaba por toda la casa…

. . .

—Así que… te has quitado la bufanda, Hinata —habló el rubio que la acompañaba.

—Bu-bueno, no quería hacerlos sentir mal —jugó con sus dedos, fingiendo nerviosismo—. Porque la bufanda le pertenecía a su amiga.

—Aquella Hinata no era nuestra amiga —respondió Kiba, que caminaba detrás de ellos—. Era nuestra compañera de clase, nada más.

La Hyūga se molestó al escuchar como se había referido a ella y, en aquel preciso momento, deseó cortarle la yugular…

—Cambiando de tema —Naruto interrumpió—. ¿Qué hacen ustedes aquí? Iruka sólo nos envió a Hinata, a Sasuke-bastardo y a mí.

—Eres un bipolar, Naruto —Kiba se burló, colgándosele al cuello a la vez que tallaba su puño contra la cabellera rubia de su amigo—. Tú eras el que quería que viniéramos a visitar a Ino.

—Es cierto, pero nadie quiso —lo miró con ojos acusadores—. La verdad, es que quieren estar de vagos.

De repente y sin previo aviso, recibió un coscorrón de parte de la chica de ojos verdes, causando que cayera al suelo; se sentó inmediatamente, sobándose el golpe mientras se quejaba del dolor. Hinata le extendió su mano para ayudarlo a reincorporarse y le sonrió. Naruto sujetó a la Hyūga, pero una extraña sensación recorrió todo su cuerpo, desde la punta de su cabeza hasta las de sus pies, y su piel se le erizó; Sasuke se percató del semblante de asombro de su amigo…. Sin embargo, siguió con las manos en los bolsillos y se quedó callado.

—Va-vaya, Hinata —deshizo el agarre—, tu piel es muy fría, como la nieve. Demasiado.

—Ya me lo habían dicho a-antes —sonrió apenada, limpiando discretamente su mano—. Soy muy sensible al frío.

—O eres un vampiro —soltó Kiba sin poder contener la risa—. Pero como el sol no te quema, no lo eres. Así que estamos a salvo de que quieras beber nuestra sangre…

—Eso no es gracioso, Kiba —habló Shino, quien se acomodaba sus lentes oscuros y adquiría un semblante serio—. Los vampiros son seres…

—Ya, ya Shino —el castaño rodó los ojos—, arruinas mi diversión.

No obstante, la Hyūga lo miró sorprendida, motivando a que Sasuke no le quitara la vista de encima. Siguieron caminando, olvidando las palabras del Inuzuka; palabras que posiblemente tenían cierta connotación importante sobre como Hinata había regresado a la vida.

Avanzaron por una vereda contigua a la vía principal de la ciudad de Konoha, sin ajetreos y murmullos de personas a su alrededor, caminaban tranquilamente y cada uno en sus pensamientos. Entonces llegaron a una casa que se situaba al final de la calle; la parte exterior de la vivienda construida con cemento, mientras que parte del techo, las ventanas y la puerta principal eran de madera; junto a la entrada había un pequeño arbusto cercado por delgadas barras de madera grisácea.

Se acercaron a la puerta y tocaron el timbre, pero nadie contestó, sin embargo, escucharon leves ruidos dentro de la casa, indicándoles que sí había alguien en el interior. El maullido de un gato, fuerte, seco y horroroso retumbó por todo el lugar; se miraron entre sí. Kiba y Naruto se asomaron por las ventanas pero no pudieron distinguir nada…

—¿Qué fue eso? —preguntó Sakura.

—Ino tiene un gato, ¿cierto? —soltó Chōji—. ¿Será que se ha lastimado?

—¡Kyaa! —la voz aterrada de la Yamanaka los hizo despertar de sus pensamientos—. ¡No!

Y al escuchar sus gritos, Naruto junto con Sasuke le dieron unas fuertes patadas a la puerta para que se abriera, los demás sólo se hicieron a un lado; y cuando ésta se abrió de golpe, todos quedaron sorprendidos al ver a la rubia frente a ellos sentada en el piso, recargada contra la pared y bañada en sangre, con los restos de un gato a su alrededor.

Ino lloraba descontrolada.

—Oh, mierda —dijo Kiba—, e-el gato —lo señaló pero inmediatamente se tapó la boca.

—¡Ino! —gritó Sakura, tratando de llegar hasta ella. Y de repente, la mano de Hinata le detuvo el paso—. ¡¿Qué te pasa Hinata?! ¡Ino!

—Creo que no debemos entrar —respondió la Hyūga al sentir la presencia sombría dentro de la casa—, algo no está bien.

Más sin embargo, la Haruno hizo caso omiso y corrió hacia su amiga; la levantó como pudo del suelo, con todas las fuerzas que tenía, pero la rubia se encontraba semiinconsciente. Hinata sólo pudo contemplar como todos sus compañeros entraban al lugar para tratar de socorrer a la joven rubia; empero ella se quedó inmóvil, viéndolos correr preocupados. No podía hacer nada al no poder entrar a esa casa, ya que no había sido invitada por uno de los dueños de ésta misma.

Chasqueó la lengua, molesta, al verse retenida por esa especie de "regla" que debía acatar; y entonces trató de llamar la atención de la Yamanaka para que la dejara entrar. Mientras tanto, Chōji colocó su mano detrás de la cabeza de Ino, y notó que sus cabellos se movían por si solos, como si de serpientes se tratasen.

Hinata abrió los ojos sobremanera al avistar el peligro que sus compañeros corrían dentro, y con esa chica en ese estado, sabía a lo que se enfrentaban: Futakuchi-Onna… la mujer con dos bocas.

—¡Cuidado! —gritó fuertemente.

Pero ya no pudo seguir exclamando, la puerta se cerró de un portazo, golpeándole el rostro brutalmente y haciendo que cayera un poco lejos de la entrada, mientras el grito de pánico del Akimichi resonaba en su cabeza; e inmediatamente, ella cerró sus ojos y quedó inmóvil en el suelo sin poder hacer nada… absolutamente nada.


Continuará…


"Más allá de la puerta"

Futakuchi-Onna: Es un Yokai que nace de un humano por una serie de circunstancias, normalmente suele ser por algún tipo de maldición o de suceso muy violento o incluso por una enfermedad como en este capítulo:

Suele surgir de mujeres que no quieren comer y que por culpa de esto sufren algún tipo de enfermedad. Cuando esta situación es lo suficientemente grave aparece una segunda boca en la parte posterior de la cabeza justo debajo del pelo, esta boca es totalmente idéntica a la habitual, dispone de labios, dientes y lengua. Para evitar la muerte de la "anfitriona" la segunda boca comerá el doble de lo que coma la mujer.

La segunda boca que posee tiene consciencia propia hasta el punto que puede llegar a sugestionar a la mujer para que cometa cualquier tipo de acción, si esta intenta resistirse la segunda boca emitirá un grito increíblemente doloroso y que no cesara hasta que la mujer se rinda. En algunas historias cuentan que el dominio de la segunda boca es tan poderoso que llega a controlar el pelo de la mujer como si de serpientes se tratasen.


Notas de la autora:
¿Creen que esto ya acabó?
Pues no, falta la segunda parte que vendrá en el siguiente capítulo.

Y sobre el término "Yokai" pondré su definición en el siguiente capítulo.

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Antifashion19
No permito que nadie tome mis fanfics sin mi autorización, y mucho menos que lo publiquen en esta o en cualquier otra página diciendo que él/ella son los autores de dicha historia.
¡Eso es plagio!


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