Capítulo 4: Respuesta.
Un tenso silencio se formó entre ellos mientras Zeno le miraba fijamente con expresión neutra, esperando expectante su respuesta, y Jae-ha permanecía paralizado y conmocionado. ¿Cómo debía procesar todo eso? Era demasiado para asimilarlo todo a la vez. Lo que había hecho Zeno, o más bien lo que no había hecho… ¿Cómo debería reaccionar él a todo esto? Algo así era…
De repente el silencio fue cortado por un fuerte llanto. Ambos guerreros dragones parpadearon sorprendidos y bajaron la mirada hacia el bebé.
Tsuba estaba derramando lágrimas y sollozando a todo pulmón. No había que pensar mucho para averiguar que lo que le había perturbado había sido la tensión que se percibía entre los dos dragones a través de su lazo espiritual que les unía, de echó casi se podía decir que se estaban formando chispas en el lazo que Jae-ha compartía con Zeno.
Ahora que se fijaba, incluso las auras blanca y azul se mostraban inquietas. Kija y Shin-Ah ya deberían estar muriéndose de la preocupación teniendo que permanecer en el castillo mientras sentían tantos bruscos cambios emocionales en sus dos compañeros que estaban fuera de misión. Debía tranquilizarse, tranquilizarse.
Jae-ha respiró hondo, obligándose a dejar la mente en blanco, y simplemente se concentró en acunar a Tsuba, arrullándole para que dejara de llorar, pero éste no se detenía.
Los bebés realmente lloraban mucho. Él también había llorado de pequeño, ¿verdad? Aunque no podía recordarlo. No recordaba haber llorado ni siquiera después de las palizas que le propinaba Garou, porque en esos momentos ya tan solo sentía lástima de lo patético que era su predecesor y lo débil que era él al no poder resistirse a él. Sabía que llorar o pedir piedad habría sido inútil, así que no lo hacía. ¿Realmente había llorado de niño? Tenía que haberlo hecho, ¿no?
Tsuba seguía sin dejar de llorar. Zeno se mantuvo alejado de Jae-ha, seguramente estaba percibiendo sus intentos por tranquilizarse por el bien del niño y no quería perturbarle con su cercanía. Sin embargo el aura amarilla se acercó a la pequeña luz verde, que estaba entrelazada a la de Jae-ha, y pasó por su lado como si se tratara de una caricia. El mismo Jae-ha pudo sentir el afecto de ese toque a través de su enlace y, como si eso acabara de activar un interruptor en su interior, lo recordó. Un recuerdo antiguo, enterrado profundamente en su subconsciente.
Una mañana cuando era niño se había despertado en su lecho de paja esperando sentir frío, pero en vez de eso estaba cálido. Cuando abrió los ojos se encontró con una vieja capa de viaje que le cubría como una manta. Al principio no había podido reaccionar de la incredulidad, porque nunca nadie había sido así de considerado con él. Lo que había ante sus ojos era algo imposible pero era cierto. En ese momento recordó sentirse tan emocionado que derramó lágrimas, sus primeras lágrimas de felicidad, y también recordó que se sentía extrañamente feliz porque esa noche había tenido un sueño extraño y muy vivido. Un sueño con un enorme dragón dorado, que utilizaba su garra aparentemente amenazante para acariciar suavemente su cabeza, mientras él dormitaba plácidamente tumbado en una pradera desde la que se podía ver el inmenso cielo azul sobre su cabeza y sentir la suave brisa acariciando su piel. Normalmente solo tenía pesadillas de él siendo incapaz de escapar de su prisión o recibiendo alguna paliza, pero por esa vez su sueño había sido luminoso, colorido y agradable, tan agradable. Las suaves caricias del dragón dorado sobre su cabeza se habían sentido tan bien, tan afectuosas. Se había sentido tan a gusto que no quería que se detuviera, pero después de esa noche el dragón dorado no había vuelto a sus sueños y sus mañanas habían vuelto a ser frías, así que había terminado olvidándolo, probablemente tomándolo por algún tipo de ilusión o fantasía que él mismo había ideado en medio de su desesperación.
Sin embargo ahora que el recuerdo había vuelto a él, sabía que era algo que ocurrió de verdad, y al volver a sentir otra caricia de Zeno hacia Tsuba por su vínculo espiritual lo supo con certeza. Supo cuál había sido el motivo de su agradable sueño y su felicidad esa mañana tantos años atrás en medio de su infierno. También decidió la respuesta que quería darle a su compañero dragón, que acababa de abrirle su corazón y revelarle todas esas cosas. Aunque en realidad no habría tenido necesidad de hacerlo, a pesar de que podría haber dejado a Jae-ha en la ignorancia, había decidido arriesgarse a sacar a la luz sus pecados y remordimientos. Zeno había dejando de esconderse para exponerse a su juicio y también a su posible ira. Zeno, que siempre ocultaba sus emociones y pensamientos detrás de una máscara de despreocupación inocente, había hecho eso por él.
El espíritu del dragón verde encontró la calma, y Tsuba debió percibirlo claramente porque dejó de llorar.
Jae-ha ya no tenía dudas, la respuesta que quería darle era…
—Tú también estabas sufriendo, ¿verdad? —preguntó Jae-ha con tono serio, mirando fijamente al rubio que también alzó la mirada hacia él, levemente desconcertado.
—Eso no importa —le respondió Zeno convencido—. Porque eso no cambia el hecho de que…
—No. Sí que importa —le contradijo el dragón verde tajantemente, interrumpiendo al rubio y dejándole con la boca abierta—. Todos hemos sufrido. Hakuryuu por esperar a un Rey que nunca venía a buscarle, Seiryuu por no poder ver libremente el mundo con sus ojos por miedo a su propio poder, Ryokuryuu por no poder surcar los cielos al estar encadenado a la tierra, y Ouryuu… —Jae-ha hizo una pausa para tocar el pecho de su aturdido compañero con el dedo, señalándole como si quisiera asegurarse de que le quedaba bien claro ese punto—. Y Ouryuu también ha sufrido por ver morir a sus seres queridos uno detrás de otro sin poder seguirles a los cielos. De hecho, Ouryuu ha sufrido más que cualquiera de los otros dragones. Porque nosotros hemos tenido varias vidas para repartirnos el dolor entre todos, nos hemos ido pasándonos el relevo de nuestra maldición de unos a otros, generación tras generación. Pero Ouryuu no ha podido hacer eso. Ouryuu carga con años, siglos de dolor a sus espaldas sin descanso. ¿No es así, Zeno-kun?
El rubio abrió y cerró la boca repetidamente, por una vez parecía haberse quedado sin palabras para rebatir, aunque finalmente añadió con tono dudoso:
—Es cierto, pero precisamente por todo el tiempo con el que Zeno ha contado para sobrellevarlo, Zeno debería haber…
—¿Deberías haber hecho algo? —terminó Jae-ha con tono sarcástico, quitándole las palabras de la boca—. Sí, puede que sea cierto. Podrías haber hecho algo más, tal vez incluso deberías haber hecho algo más. Pero… ¿eso se aplica solo a ti? En realidad todos podríamos haber hecho más. Hakuryuu podría haber dejado de esperar sentado a su maestro, amargado en su pequeño refugio, y buscar otra motivación para vivir. Seiryuu podría haber ignorado sus miedos quitándose la máscara para ver el mundo directamente y comprobar que puede controlar su poder sin ella. Cada Ryokuryuu ha sido retenido por su predecesor generación tras generación más que por los aldeanos, ¿sabes por qué? Porque a pesar de que Ryokuryuu desea recorrer el mundo libremente también tiene miedo de ser rechazado, de no tener un lugar al que pertenecer, de no tener un propósito, por eso se ataban a la aldea a pesar de que lo detestaban. Los Ryokuryuus podrían haber dejado esas dudas de lado y arriesgarse a experimentar el mundo por ellos mismos. Y Ouryuu… —El rubio se estremeció visiblemente encogiéndose sobre sí mismo y dando un paso atrás, pero Jae-ha le siguió dando un paso al frente, no dispuesto a dejarle escapar hasta terminar con lo que tenía que decir—. Ouryuu en vez de evitar relacionarse con la gente por miedo a sufrir perdiendo a sus seres queridos otra vez, podría haber tratado de sobrellevar el dolor rodeándose de más gente que le ayudara a superar su pérdida, en vez de aislarse durante siglos ignorando a todo el mundo, incluso a su propios hermanos, ¿no?
Zeno hizo una mueca de dolor por sus palabras y apartó la mirada, obviamente sintiéndose otra vez culpable. Pero Jae-ha continuó implacable, llegando finalmente al punto principal.
—Entonces, si queremos que las cosas sean diferentes, si queremos dejar de sufrir, solo tenemos que asegurarnos de hacer las cosas bien de ahora en adelante, ¿no? —continuó Jae-ha sonriendo ladeadamente, seguro de sí mismo como si se tratara de algo obvio. Zeno por su parte parpadeó sorprendido por sus palabras, porque obviamente esperaba reproches, y volvió a mirarle con un tinte de curiosidad en sus ojos azules—. ¿Acaso no has sido tú mismo el que ha dicho algo parecido antes? El pasado no se puede cambiar, pero el futuro sí. De hecho todos nosotros ya estamos cambiando, ¿no? Kija-kun ya no está tan obsesionado con todo el tema de que los guerreros dragones somos los leales sirvientes de su maestro Hiryuu. Hace tiempo que ha aprendido a ver más allá de eso, y su aldea también se esta abriendo más al mundo y está dejando de ser tan cerrada. Shin-Ah pasa mucho tiempo sin su máscara, ya puede mirar a cualquier persona directamente a los ojos sin titubear. Sigue llevando esa cosa fea en el rostro a veces porque es un recuerdo de alguien querido para él, no porque tema desatar su poder descontroladamente. En cuando a mí, como no podría ser de otra forma, fui el primero en empezar a moverme y abandoné mi aldea cuando era niño para aventurarme hacia un mundo desconocido. A pesar de que desconfiaba de la gente, encontré un lugar al que pertenecer y descubrí que no todo el mundo es tan prejuicioso y egoísta como podría haber creído en un principio. También he aprendido a ver mi lazo con los demás dragones y nuestra querida Yona como algo bueno, y no como una cadena que me ata. Y tú también, Zeno-kun. Después de siglos de espera, finalmente también has comenzado a moverte otra vez hacia delante, como me has demostrado hoy, ¿no es cierto? —le preguntó con otra sonrisa.
—Zeno… Bueno… —tartamudeó el rubio, azorado y nervioso como no le había visto nunca. Estaba seguro de que estaría sonrojado su no tuviera esas escamas doradas aún en la cara.
—Tú, Zeno-kun, has dejado de huir de la gente. Cuando Yona quiso reunir a los guerreros dragones, viniste a nosotros por tu propia cuenta ¿no? A pesar de que antes de eso nos habías estado espiando durante semanas, o más bien años como un acosador desde las sombras, finalmente te arriesgaste a salir a la luz y te uniste a nosotros.
—Llamar a Zeno acosador es un poco rudo —se quejó el rubio, aunque finalmente estaba mostrando una pequeña sonrisa en vez de culpabilidad. Jae-ha se alegró por ello, porque creía estar haciéndole entender.
—Además de eso, también está la determinación que has comenzado a llevar a cabo hoy —continuó el dragón verde como si no le hubiera interrumpido—. Ya no vas a ignorar el sufrimiento de tus hermanos por más tiempo, ¿no? A partir de ahora vas a proteger a todos los que vengan, generación tras generación, asegurándote de que ninguno comete los mismos errores del pasado, ¿no?
—Zeno no va a huir más —aseguró el dragón amarillo con tono solemne y mirada seria, como si se tratara de un juramento.
—Así que, ¿no es mejor olvidar, dejando atrás los errores de todos, y simplemente mirar hacia el futuro? Ahora los cuatro dragones estaremos juntos en esto, y no dejaremos que todo se vuelva a malograr como en el pasado. Especialmente tú te asegurarás de ello, ¿no? Vigilarás para que ningún dragón vuelva a desviarse del camino correcto.
—Sí, así es —volvió a reiterar el rubio, igualmente determinado.
—Y si eres tú el que vuelve a tomar el camino incorrecto, esta vez no dejaremos que te escabullas tan fácilmente —le advirtió Jae-ha con una sonrisa burlona y dándole al rubio un leve golpecito en su nariz escamosa—. Dejaré dicho a mi sucesor que no te quite el ojo de encima, y me aseguraré de siga siendo así de un sucesor a otro. No te volverás a escapar de nosotros, anciano.
El dragón amarillo se tocó la nariz, donde había recibido el golpe, y soltó una pequeña risita.
—Zeno no sabe si debería sentirse feliz por eso o atemorizado —le dijo haciendo un pequeño mohín. Pero por lo brillante que era su sonrisa era fácil decir que lo que sentía era una genuina felicidad.
—Eso da igual, porque ya no hay vuelta atrás —aseguró el dragón verde de forma intransigente, aunque también estaba sonriendo—. Así que ya puedes tener cuidado con tus comportamientos bizarros y locos de ahora en adelante. ¿Entendido? Nosotros ya hemos sufrido suficientes infartos por tu culpa, dales un descanso a las siguientes generaciones, ¿quieres?
—Zeno se esforzará —aseguró el rubio con entusiasmo alzando los brazos al aire, aunque por su sonrisa traviesa se podía deducir que no lo iba a cumplir.
Jae-ha suspiró pesadamente resignado. Por ahora no podía esperar nada más de su loco compañero. Pero aún le quedaba una última cosa importante por decir, así que se puso serio y Zeno reaccionó a ello dejando de lado su pose infantil para devolverle la mirada seria. Captando inmediatamente el cambio de su actitud.
—Así que, aunque no puedo hablar en el nombre de todos los demás Ryokuryuus porque sería presuntuoso por mi parte… —La expresión de Jae-ha se volvió más grave, y el rubio tragó saliva nervioso, esperando el veredicto expectante—. Por lo que a mí respecta… Yo te perdono, Zeno. Por todo.
Zeno abrió ampliamente sus ojos azules, obviamente impactado, porque no se esperaba esas palabras.
—Ryokuryuu perdona a Zeno —repitió el rubio de forma mecánica, como si necesitar volver a oírlo para procesarlo—. Así, ¿sin más? —le preguntó incrédulo y luego frunció el ceño contrariado—. Zeno no puede aceptarlo, porque Zeno aún no ha hecho lo suficiente para ganarse el perdón. Zeno aún no…
Jae-ha puso la mano sobre la cabeza del rubio con un fuerte golpe para interrumpirle, y este se quejó levemente.
—Pero sé que la culpa que sientes en sincera. Ouryuu ya ha sufrido lo suficiente, no necesitas más castigo. Además… —El dragón verde le tiró un poco del pelo, para asegurarse de tener su atención porque el rubio parecía que iba a colapsar por el shock, y quería que las siguientes palabras le quedaran bien gravadas en esa cabeza hueca suya—. Además, me has prometido que a partir de ahora te enmendarías, y yo confío en ti.
Zeno se quedó obviamente conmocionado por su declaración, pero poco después sus ojos azules se oscurecieron y apartó la mirada, como si no pudiera soportar mirarle a la cara después de eso.
—La palabra de Zeno no vale nada, ¿sabes? —le dijo el dragón amarillo con tono sombrío y sus ojos ocultos con su flequillo—. Zeno ha roto casi todas sus promesas, incluso las que hizo con sus hermanos. Zeno no merece esa confianza.
—Pero a nosotros nunca nos has mentido, ¿verdad? —declaró el dragón verde totalmente convencido, para sorpresa de su compañero—. Nos has ocultado cosas, pero no nos has mentido y siempre has cumplido las promesas que nos has hecho. Te has estado esforzando en eso porque no quieres que se repita el pasado, ¿no? No quieres volver a incumplir tus promesas.
—Sí, pero… —comenzó el rubio dudoso.
—Así que voy a confiar en ti —le volvió a interrumpir Jae-ha—. Porque ya no eres el mismo que en ese entonces, has cambiado. Yo creo en eso, y tú también deberías tener más fe en ti mismo. Ten confianza, Zeno-kun. A partir de ahora todo irá bien, porque estaremos todos juntos. ¿Entendido? —le aseguró el dragón verde con una sonrisa alentadora a la vez que revolvía la dorada melena de Zeno con la mano.
El rubio volvió a alzar la mirada hacia él, aún obviamente anonadado, pero pocos segundos después hizo un puchero y comenzó a derramar gruesos lagrimones.
Jae-ha se asustó por un momento, porque nunca había visto al dragón inmortal llorar así antes, pero luego al ver la sonrisa brillante del rubio a pesar de las lágrimas se tranquilizó y sonrió tiernamente.
—Zeno se esforzará por ser digno de esa confianza —declaró el dragón amarillo entre sollozos—. Zeno lo promete.
—Querrás decir que vas a seguir esforzándote, ¿no? —aclaró Jae-ha volviendo a revolverle el pelo esta vez con más ímpetu y una sonrisa traviesa—. No menosprecies lo que has avanzado hasta ahora, anciano.
—Está bien, está bien —accedió el rubio entre leves quejidos de dolor—. Pero no hagas eso. Duele. Duele. Vas a dejar a Zeno sin pelo —se quejó infantilmente haciendo exagerados ademanes con los brazos.
—Solo te volverá a crecer, ¿no? —señaló Jae-ha con tono burlón para después finalmente alejar su mano de la cabeza de su compañero.
—Todos siempre utilizáis esa escusa para hacerle esto a Zeno —se volvió a quejar el dragón amarillo con un exagerado puchero y sobándose la cabeza, aún con lágrimas en las mejillas pero ya sin llorar—. Realmente duele.
—Dice el que se corta un miembro casi sin pestañear —le echó en cara el dragón verde con una sobreactuada expresión escéptica.
—Ya deja de ser malo con Zeno, Ryokuryuu.
La ocurrente burla que Jae-ha ya tenía en la punta de la lengua fue cortada por un repentino estornudo.
Ambos dragones parpadearon sorprendidos, y bajaron la mirada hacia el bebé que obviamente había sido la fuente del sonido. Habían estado tan concentrados en su conversación anterior que casi se habían olvidado de su presencia. Gran fallo por su parte.
—Será mejor que nos apresuremos hacia la aldea en la que dejamos los caballos y nuestro equipaje, Ryokuryuu —señaló Zeno, retomando un tono serio—. Está atardeciendo y está empezando a hacer frío. Esta fina sábana no es suficiente abrigo para Ryokuryuu-chibi y no debería pasar la noche a la intemperie. Se podría enfermar —añadió mientras utilizaba un trozo de su arruinada ropa que no estaba manchado de sangre para limpiar los mocos que habían comenzado a salir de la pequeña nariz del bebé.
—Cierto —concordó Jae-ha, tratando de abrigar lo más posible al niño con la sábana—. Me pregunto si podremos comprar allí alguna toquilla adecuada para él.
—Zeno tiene una en su equipaje —reveló el rubio tranquilamente para sorpresa de su compañero—. Zeno se imaginó que esto podría pasar, así que le pidió prestada a su alteza una de las antiguas toquillas del príncipe Jak-shi.
La imagen fugaz de la capa de viaje que se encontró cubriéndole esa mañana cuando era niño cruzó la mente de Jae-ha, pero este sacudió la cabeza para concentrarse en el presente.
—Está bien, pero aún así tendremos que comprar algo de comida para él. Algo de leche…
—A tan temprana edad no podemos darle a Ryokuryuu-chibi cualquier tipo de leche —señaló Zeno con tono sabiondo—. Pero Zeno preguntó antes en la posada y hay una mujer que ejerce de nodriza en la aldea. Podríamos buscarla para que amamante a Ryokuryuu-chibi.
—Sorprendentemente no se te ha escapado ningún detalle esta vez, ¿eh? Estoy impresionado —habló Jae-ha con un ligero tono burlón.
—Que grosero, Ryokuryuu —se quejó Zeno con un exagerado puchero de molestia—. Zeno sabe ser responsable cuando es necesario.
—Claro, claro. Perdóneme por haberle ofendido, venerable anciano —se burló descaradamente esta vez, y Zeno aumentó su puchero pero al parecer no quiso discutir más.
—En todo caso, debemos apresurarnos o se nos hará de noche antes de llegar —razonó el rubio, dando por zanjado el asunto.
—¿Te llevo en mi espalda? —se ofreció Jae-ha.
—No es necesario, Zeno puede seguirle el paso a Ryokuryuu corriendo —aseguró para después examinar el estado de su propio cuerpo—. Las escamas de Zeno aún durarán un rato y Zeno no quiere manchar a Ryokuryuu de sangre.
—Sí, será lo mejor —concordó el dragón verde—. Después de todo, Yun-kun ya montará suficiente alboroto al verte a ti, como para que yo también me aparezca en el castillo manchado de sangre.
—Zeno ya te dijo antes que el muchacho no tiene porque enterarse de nada —le recordó el rubio, alzando un dedo y guiñando un ojo para después decir con tono presumido—. Zeno tiene una ropa de repuesto, exactamente igual que esta, en su equipaje. Así Zeno estará a salvo de la ira del muchacho.
—Lo dices como si ya estuvieras esperando acabar hecho un desastre antes de venir aquí. ¿O acaso aún conservas algo de clarividencia de tu época de sacerdote y has visto el futuro? —le preguntó con tono burlón.
—Tal vez —admitió el dragón amarillo encogiéndose de hombros con una exagerada expresión de inocencia, siguiéndole la corriente.
Jae-ha soltó una carcajada, pero luego se puso serio.
—Será mejor que nos dejemos de jueguecitos y nos pongamos en marcha. ¿Seguro que podrás seguirme el ritmo? —le preguntó con un aparente tono de preocupación pero sonriendo traviesamente—. Puedo intentar reducir la velocidad por ti.
—No subestimes a Zeno. Zeno está muy orgulloso de su velocidad cuando tiene sus escamas —le advirtió el dragón amarillo sacando pecho con una pose orgullosa—. Puede que Zeno incluso pudiera ganar a Ryokuryuu en una carrera, aunque Zeno nunca lo ha probado.
—Ya veo, en ese caso tendremos que poner a prueba esa velocidad tuya un día teniendo un duelo de velocidad formal, con testigos —le propuso Jae-ha, realmente curioso, y Zeno sonrió y asintió en conformidad—. Sin embargo ahora tenemos que ser cuidadosos porque tenemos a un niño a nuestro cargo, ¿recuerdas? Tampoco te emociones mucho dando saltos o destrozarás todo el bosque.
—Zeno no es tan… —comenzó a argumentar el rubio infantilmente, pero no le dio tiempo a terminar la frase antes de que Jae-ha saltara repentinamente elevándose por el cielo—. ¡Eso es trampa, Ryokuryuu! —se quejó el dragón amarillo dando un grito, pero su compañero siguió adelante sin mirar atrás, aunque le pudo oír soltar una carcajada divertida—. Con que esas tenemos, ¿eh? —masculló el rubio con el ceño fruncido pero también una sonrisa traviesa—. Zeno te va a enseñar de lo que Zeno es capaz —declaró determinado a la vez que daba un confiado paso al frente fuera de la rama en la que estaba para caer al vacío.
El dragón amarillo calló fuertemente al suelo sobre sus dos pies, dejando un pequeño cráter debajo de él, para al instante después comenzar a correr a una velocidad sobrehumana entre los árboles dando largas zancadas de varios metros de distancia cada una. La sonrisa del rubio se amplió al ver que comenzaba a dar alcance al dragón verde, cuya figura se podía apreciar saltando entre las ramas más altas de los árboles.
Zeno aceleró aún más su ritmo, decidido a adelantarle y bajarle un poco los humos. Porque a nadie le importaría si ese inmenso bosque perdía dos o tres… o cuatro… o cinco… o unos cuantos árboles, ¿verdad?
Jae-ha también aumentó la velocidad al atisbar su figura amarilla por el rabillo del ojo, y ambos soltaron una carcajada a la vez sin ser conscientes de ello. El pequeño Tsuba también sonrió feliz entre los fuertes brazos de su predecesor, disfrutando de su estimulante paseo por los cielos.
ooooooooooooooooooooo
Hasta aquí este capítulo. El próximo jueves publicaré el primero de los dos capítulos extras que quedan todavía para concluir la historia, los cuales van a ser mucho más amenos y sobre todo llenos de amor y humor.
Cuando escribí este capítulo lo hice casi de tirón, sin detenerme a pensar, porque ciertamente esta necesaria charla entre Jae-ha y Zeno ya me la había llegado a imaginar muchas veces y pensado en cómo podría llegar a ser, así que este capítulo ha sido realmente como verter en un escrito todas esas ideas que llevaban tiempo pululando en mi cabeza y estaba deseando tener la oportunidad de escribir.
Mientras estaba revisando este capítulo para publicarlo me han dado muchas ganas de escribir también una charla entre Shin-ah y Zeno sobre este tema, pero como ahora no tengo mucho tiempo para escribir y tengo otras cosas pendientes de actualizar me contendré de momento, pero tal vez lo haga en un futuro, como una especie de secuela de este fanfic, pero eso ya se verá. No me inspira tanto hacer una entre Kija y Zeno, porque realmente Kija una infancia bastante feliz teniendo en cuenta las circunstancias, y ya hablaron un poco de este tema en el manga e incluso escribí un poco sobre ello en uno de mis aportes de mi fanfic Marzo blanco, pero nuevamente digo que conmigo nunca se sabe cuándo me voy a inspirar y escribir un fanfic completo sobre ello XD
Bueno, ya no me extiendo más. Nos vemos la semana que viene en el primer capítulo extra que se titulará "Presentaciones".
