Disclaimer: Los personajes de este fic le pertenecen a M. Kishimoto.

Notas de autor: Llegué más rápido de lo que creían. En verdad, este capítulo lo comencé a escribir inmediatamente de terminar el anterior, así que fue muy fácil continuarlo. El quinto capítulo viene antes de que finalice este mes (Mayo/2015). Gracias por su lectura, Sakuita 01, Mar Angys Dreams y Crimela, les dejo una nueva entrega. ¡Ojalá la disfruten!

Advertencia: Ninguna.

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Contradicción

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El huraño y la estrafalaria

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Por Lux Lunar

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Había pasado una semana, luego de que Sakura aceptara de vuelta a Sasuke en su vida.

No quería mentir, las cosas entre ellos iban bien, pero como temió desde el principio, la gran pelea no se hizo esperar. Pues, la noche anterior, mientras regresaban de cenar en un restaurante que a Sakura le encantó —por su comida y decoración, al estilo hindú—, el celular de Sasuke sonó. Él lo contestó ahí mismo, frente a ella, mostrando que no tenía nada qué ocultarle, pero Sakura observó una actitud extraña en él, como si hablara en códigos. Eran palabras sin contexto, como un sí, está bien, lo haré, ahí estaré, te he dicho que sí, y después, el volvía a actuar normal, reanudando la charla que mantenían. Sakura no quiso cuestionarle nada al instante.

Al llegar a casa, Sakura no pudo evitar revisar el móvil —mientras él tomaba una ducha—, tan sólo para darse cuenta que el nombre de Suigetsu estaba grabado en la última llamada. Eso fue lo que irritó a la Haruno. Más que eso, la enfureció. Ese tal Suigetsu era el viejo compinche de Sasuke mientras estaba metido en líos con los contrabandistas de drogas. Ella lo odiaba, por obvias razones; Suigetsu era un virus, una peste en la vida de su novio. Odiaba su cara de guasón, su voz, su cabello azulado y su piel tétricamente pálida. Odiaba cuando pronunciaba el nombre de Sasuke y cuando sonreía con las palabras del Uchiha. Simplemente, Sakura detestaba lo que representaba Suigetsu Hozuki.

A penas Sasuke apareció en la habitación con la toalla blanca enredada en la cadera, fue que Sakura le reclamó el que siguiera contactando a Suigetsu. Lógicamente, a él le molestó que estuviera revisando su teléfono, y ella arrancó con que no sabía si podía confiar en él aún. Para él, fue lo peor que pudo decirle. La discusión tardó veinte minutos, hasta que Sakura se puso los pantalones y prefirió salir a la calle, a despejarse, y pensar. Al regresar al departamento, Sasuke ya estaba dormido. Así terminó la noche, cada uno dándose la espalda en la cama.

Por la mañana, Sasuke se marchó muy temprano, más de lo normal. Sakura sólo alcanzó a ver su espalda, mientras se colocaba la chaqueta y cerraba la puerta de golpe.

El mal sabor de boca que aquello le causó, expiró cuando que se sentó en su escritorio y se sirvió una enorme taza de café. Al darse cuenta que Shizune le delegó más tareas que los días anteriores, Sakura se talló la sien y supo que no tendría cabeza para preocuparse por las idioteces de Sasuke. Además, tan atareada salió de casa, que olvidó, de nuevo, las llaves del apartamento en la cama.

Neji recibió una llamada de su prima esa mañana.

La historia que Hinata le contó con tanto entusiasmo, era que su padre empezó a reaccionar. Movió una mano y abrió los ojos. Los doctores dijeron que eso era común en los pacientes con coma temporal. Le dieron luz de esperanza, indicando que él estaría repuesto en poco tiempo. Neji escuchó la voz vibrante de su prima, y eso le alegró un poco. Pese a ello, no era algo que se conectara de buen modo a sus sentimientos. Hiashi ya no era la misma persona de antes. Más bien, Neji ya no sabía quién era la persona que vivía en su cuerpo. Emocionado, no estaba. Quizá sólo menos preocupado.

Ese día fue productivo, el mejor de octubre, hasta la fecha.

Sus compañeros se encargaron de adornar la oficina con la temática de halloween. Ya faltaban dos semanas para el día —pagano— festivo. Neji sólo veía fantasmas de papel y calabazas con rostros graciosos por aquí y por allá. Sakura le preguntó si podía poner un esqueleto de cartulina fosforescente en su monitor. Neji tardó en responder, y sólo dejó ir un okay como respuesta, haciéndose a un lado para que ella colocara el adorno.

A la hora del almuerzo, Neji fue al comedor a tomar una taza de té. Todo parecía ser normal y habitual, algunos empleados tomaban su periodo de descanso. Lo que llamó su atención, es que ahí estaba Sakura, con Tenten y con otros tres compañeros de la oficina. La de cabello rosa parecía contar una anécdota, porque todos la miraban con mucha atención. Neji no escuchó bien qué decía, sólo entendió palabras como bruja, ropero, un bate de base bol, una linterna y gritos desquiciados. En ese momento, todos rompieron en risas, incluyéndola a ella. Por lo visto, narraba una historia verídica de un halloween anterior.

Más tarde, antes de acabar la jornada, Tenten se acercó a su cubículo para contarle que había conversado con Sakura y le pareció encantadora. Neji no le pedía información sobre las impresiones que tuvo de la chica ni sobre qué charlaron, pero Tenten se las decía con gusto. Como por ejemplo, que tenía el cabello de ese color desde hace cinco años, cuando era miembro de una banda de rock. Le contó que ella cantaba y tocaba la guitarra. También que sus padres son de alguna parte del occidente y que es hija única. Neji escuchaba sin dejar de escribir en el ordenador. Tenten le dio un beso en la mejilla y se marchó, avisando que debía recoger algo en la limpiadura y se le hacía tarde.

Esa tarde, a Neji se le fueron las horas como agua en el río. No reparó en el tiempo. Las ocho de la noche y él aún en la oficina, haciendo horas extras. Dio un tacladazo y se percató del silencio a su alrededor. Levantó la cabeza para ver si quedaba alguien, y sólo notó que Shizune y Tsunade seguían trabajando —esas dos mujeres casi vivían ahí—. El Hyuga estiró los brazos y relajó los músculos. No tardó en apagar la computadora y tomar las llaves de su auto.

Cuando salió del edificio, Neji vio que en la banca de enfrente, estaba la recepcionista, concentrada en su celular, de piernas cruzadas, temblando de frío.

Neji no le prestó demasiada atención y se dirigió a su coche. Parecía que la noche iba a terminar bien, que pronto llegaría a su apartamento, se quitaría el atuendo de oficina, quizá podía echar un poco de ropa en la lavadora mientras cenaba algo ligero, y después, a la cama. Oh, sí, esos pensamientos le daban placer al Hyuga. Placer mallugado cuando metió la llave en el coche para encender el motor, y este, simplemente no reaccionó. Un par de intentos más y la paciencia se le curtió. Esto nunca le había pasado antes, y por eso temió, pues nunca tuvo necesidad de llevar el coche al mecánico. Se quejó, bajó del auto y abrió el cofre. Intento detectar el problema, pero todo parecía en orden. Volvió al interior, para hacerlo encender, sin embargo, no hubo reacción alguna.

Neji se recargó en el asiento, dejando ir la cabeza hacia atrás, y soltó un "jodida suerte" al aire. Para su tremenda impresión, brincó en el asiento cuando alguien tocó a la ventanilla de improvisto, justo a su lado. Era Sakura, que sonreía y le pedía que bajara el vidrio. De nuevo, Neji tardó en reaccionar pero obedeció.

—Noté que tienes dificultades para encender el coche. ¿Necesitas ayuda?

¿Ayuda? ¿De quién, de ella?

—No, no, está bien. Creo que el clima frío le habrá afectado un poco.

—¿Por qué no hacemos esto? Abriré el cofre y lo revisaré rápidamente. No sé mucho de mecánica, pero quizá encuentre algo.

Neji frunció el ceño, incrédulo. Sakura rodó los ojos.

—Y no me mires así, hablo en serio.

Neji clavó sus opalinas pupilas en la chica de enfrente. Parecía que ella no tenía problemas con tratar a las personas. Era bastante acomedida, y Neji no creía que eso fuera malo, era sólo que, a veces la gente así podía ser un poco irritante. Sin embargo, no perdía nada con acceder a darle luz verde.

Sakura levantó la tapa del cofre para revisar su interior. Neji, aún en el asiento del coche, vio entre resquicios a la muchacha moviendo las manos de un extremo a otro, comprobando que cada cosa estuviera en su lugar. A los tres minutos, volvió a la ventanilla.

—Lo siento mucho, pero creo que la enfermedad es grave y el diagnóstico sólo debe ser suscitado por un médico con experiencia.

Sí, Neji también había reparado en su extraño modo de hablar. Punto y aparte, él supo que el coche no encendería. Neji suspiró, derrotado.

—Tendré que dejarlo aquí.

—¡Oh, pero no tienes qué hacerlo! —argumentó ella—. Conozco un buen mecánico que está disponible noche y día, y además está muy cerca, a dos cuadras de aquí. Lo dejará como nuevo en dos minutos, te lo prometo.

Todo era demasiado para Neji. La amabilidad de Sakura no tenía punto de partida ni final. Él no estaba muy convencido, le parecía desconcertante. Sí, eran contadas las veces que necesitaba ayuda de alguien para arreglárselas. No estaba acostumbrado a apoyarse de otros cuando estaba metido en serios problemas, siempre quería resolverlo por su cuenta. Eso era lo que posiblemente, rompía su burbuja y su zona de confort, el que ella se ofreciera a auxiliarlo con tanta insistencia. Si por él fuera, que el coche se quedara ahí, dentro del estacionamiento, con tal de no molestar a nadie.

—Ahora no tengo como pagarlo. No creo que sea buena idea.

—Descuida, los Akimichi son mis amigos, podemos llegar a un acuerdo con la forma de pago. No lo compliques tanto, ven.

Sakura le extendió una mano.

Neji tan sólo podía decir que no. Pero no pudo.

Se vio a sí mismo caminando a su lado, a la expectativa. Sakura le contó en el camino que esperaba que unos amigos la llamaran para concretar una cita, pero no sonó el teléfono. Neji sólo respondió con un uhm.

Llegaron al establecimiento, llamado simplemente Akimichis. Frente a un televisor, comiendo una bolsa enorme de papas fritas, se encontraba el menor de los Akimichi, quien vio a Sakura y la saludó con entusiasmo. Ella, por su parte, se encargó de presentarle al muchacho. Choji le extendió la mano llena de grasa. Neji no quería tocarlo, hasta hizo una mueca de disgusto, aunque el momento no ameritó para un desplante.

De acuerdo a la explicación que Neji le dio al mecánico, éste supo que no sería un trabajo laborioso arreglar su vehículo. Le pidió las llaves del auto y le dijo que fuera a buscarlo donde lo dejó, en dos horas. Era un tiempo razonable, pero como siempre, a Neji le pareció incómoda la situación y el hecho de esperar tanto tiempo. Choji no esperó su entero consentimiento y le arrebató las llaves de la mano, sin dejar de sonreír. Neji iba a quejarse, pero ella le interrumpió.

—No te preocupes, yo esperaré contigo.

Para Neji, ese fue su límite. No podía soportar que una mujer como Sakura quisiera controlarlo todo. Era, simplemente, que es amabilidad, no la digería. ¡Era demasiado!

—Sakura —La llamó, con tono de voz firme, estando solos en plena calle, sólo con el ruido de los coches transitando—. ¿Podrías dejar de…? —No pudo terminar la frase. Neji levantó las manos y las empuño, tratando de calmarse. Luego pensó en otra cosa menos grosera—. Escucha, puedo lidiar con esto solo. No tienes qué salvar la situación a cada segundo. ¿Entiendes?

Sakura parpadeó, y aquella amable expresión, se esfumó de su rostro. Para ella, ese también fue su límite.

—¿Siempre eres así de tortuoso, Neji Hyuga?

Neji levantó una ceja, sorprendido por el adjetivo, y más que nada, por la reacción de la chica.

—No —respondió secamente—. No sé qué clase de personas conoces, para que yo te de la impresión de ser tortuoso.

—Conozco a muchas personas, y tú no eres único en tu especie. No te hagas el interesante —Sakura se colocó las manos en la cadera—. ¿Te molesta la cordialidad? ¿Es eso? ¡Al diablo entonces con la amabilidad y la delicadeza! Vamos al grano: creo que estás reprimido hasta los huesos, y que eres un antisocial. ¡Vaya, lo dije! —Pero segundos después de haberlo dicho, Sakura se dio cuenta que estuvo mal; se arrepintió y arrugó la nariz, deseando que existiera una clase de borrador de palabras dichas o de la memoria. Observó a Neji, que aún parecía escéptico, pero intentaba ser serio—. ¡Ay, no quería decir eso! ¡Tú me obligaste!

La escena se convirtió en algo que ninguno de los dos se esperó. Neji observó a Sakura como si fuera un bicho raro. Sin embargo, notó también que parecía frustrada por algo, pues se tapó el rostro con las manos y se hizo el cabello hacia atrás, mirando sin mirar al suelo. A pesar del extraño momento, Neji creyó que podría decir algo para bajar la temperatura de la situación.

—Bien, cree lo que quieras. Yo sólo sé que estás loca.

Sakura levantó el rostro y abrió los párpados, como si no quisiera creer lo que él había dicho. Ella era tan crédula. Neji quería golpearse la frente, pues no lo había dicho en serio. Suspiró profundamente y aclaró:

—Es una broma, Sakura.

La Haruno tardó en asimilarlo, aunque pronto terminó sonriendo.

Todo dio un giro radical, y quizá, un poco descabellado, pues diez minutos después de ese evento seudo neurótico que ambos armaron, ahora se encontraban sentados en una mesa, en un pequeño bar, a unas calles de la oficina. La mirada de Neji estaba clavada en la chica. Sakura depositaba monedas en la rocola, cerca de la barra. Él no supo cómo pudo dejarse convencer; sus planes estaban arruinados, y tan sólo les quedaba esperar que el coche estuviera listo.

En la bocina del pub se escuchó la dulce melodía de la canción que Sakura seleccionó.

"Baby love, my baby love, I need you, oh how I need you!But all you do is treat me bad,break my heart and leave me sad, tell me what did I do wrong? To make you stay away so long."

La chica regresó a la mesa dando saltitos, cantando la letra de la canción.

El mesero ya les había dejado una jarra de cerveza y dos tarros. Neji le pegó un trago a su bebida, y Sakura lo observó, intentando aguantar la risa. Neji frunció el ceño, sin entender cuál era la gracia de todo aquello.

—Lo siento, no me burlo de ti. Es sólo que, para ser sincera, no creo que estés totalmente reprimido, pero sí que eres un hosco con las relaciones interpersonales.

—Bueno, en realidad no buscaba ser el ejemplo de la persona más sociable en la tierra.

—Ah, claro, seguramente adoras ser un hombre solitario y taciturno —se burló la Haruno.

—Me conformo con no llamar demasiado la atención. Creo que tú no sabes a lo que me refiero —Al decir esto último, Neji dirigió la mirada al cabello graciosamente rosa de la chica.

Sakura abrió los labios, mostrándose fingidamente ofendida. Neji era directo y escueto, no le importaba decir lo que pensaba, aunque no fuera agradable. Sin embargo, era prudente y mantenía su privacidad dentro de una caja fuerte.

Sakura no pudo evitar reírse y en venganza, le arrojó una paloma de maíz al rostro. Neji cerró un ojo cuando el maíz rozó su párpado. Sakura volvió a reír.

En ese momento, Sakura no pensó en Sasuke ni en sus problemas en casa. Y Neji terminó preguntándose nuevamente, ¿cómo es que terminó pasando la noche en aquel pub con una mujer tan estrafalaria como lo era Sakura Haruno?


¿Qué les pareció?

¿Qué creen que les depara el futuro a estos dos?

Déjenmelo saber.

¡Chao!

Lux