La promesa de que la vida puede
continuar
Capitulo 4: Ayudar
Voy a casa de Haymitch y le pido ayuda. Él accede y entre los dos, recostamos a Peeta en su cama.
- Lo voy a ayudar – le digo mientras tapo a Peeta con su sabana.
- ¿Qué? ¿Tú, preciosa? ¿Cuándo lo has decidido? – me pregunta irónico.
- Vale, sé que lo he dejado, que lo he ignorado. Pero entendí que me necesita, Haymitch. -
- Vale, vale…¿Pero que ha ocurrido para que lo entiendas? Sabes que te he repetido miles de veces que este chico te necesita, que está perturbado y lo único que hacías era hacerlo responsable de los ataques siendo que él ni siquiera entiende lo que paso – me dice y noto por su tono de voz que en verdad no entiende.
- Haymitch, yo sé que estuve mal. Él no se merecía lo que yo le hacia. – Lagrimas caen por mi mejilla y noto que sube el volumen de mi voz – Él no se merecía nada de lo que le ha sucedido. Lo único que sé en estos momentos es que lo amo y que lo necesito a mi lado. Y prometo recuperarlo y ayudarlo en lo que mas pueda, Haymitch. -
- Vale, preciosa. Al fin te has dado cuenta de que lo amas – me dice riendo y se va de la habitación.
Me quedo mirando a Peeta que duerme tranquilo como un niño y esta imagen me trae muchos recuerdos. Pero…esa ultima frase de Haymitch me quedo grabada en mi mente…¿ Acaso todos sabían que sentía por Peeta antes que lo descubra yo misma? Finnick lo sabia y me lo dejó claro en el 13.
Decido irme. Para tratar de ayudar a Peeta, primero tengo que estar tranquila yo y pensar qué debo hacer. Entonces, enseguida encuentro el lugar donde soy yo misma: La Pradera. Entro en mi casa y agarro la chaqueta de caza de mi padre y uno de mis antiguos arcos. Salgo de mi casa y corro, con energía renovada, hacia La Pradera. Ni bien piso la carretera y levanto la vista, mi garganta se llena de dolor, culpa y … ceniza. Por todas partes donde veo hay ceniza, calaveras, hogares destrozados, cuerpos en descomposición y a lo lejos veo mi Pradera…mi hermosa Pradera con su césped verde, a la cuál la mas pequeña brisa la hacia bailar y formaba una imagen hermosa, ahora esta cubierta por cenizas, ramas caídas, cuerpos en descomposición de las personas que quisieron escapar por allí…todo junto me da tristeza. Mi hermosa Pradera se convirtió en un cementerio, donde han abierto un gran pozo y están metiendo allí todos los cuerpos.
Me siento mareada así que, como no me agrada la idea de volver a mi casa, decido ir a caminar por las calles en las cuales han recogido los cadáveres y solo quedan cenizas. Pienso que me encontraré con la imagen habitual: casas destruidas, locales derrumbados, escombros y ropa sobre la calle…pero de pronto esa imagen no está…
creo que hace un mes y medio que estoy y… ¿ Ni siquiera me enteré por Sae La Grasienta, la cual concurre todos los días a mi casa, de lo que estaba pasando? ¿Por qué no me lo habría dicho?...El distrito 12 esta resurgiendo de entre las cenizas.
Veo habitantes del Distrito 12, mis antiguos vecinos, conmocionados por la destrucción de su hogar pero con la fuerza suficiente para seguir adelante y empezar de nuevo. Están juntando los escombros de la calle y colocándolos al lado para cuando nuevos camiones, enviados directamente del Capitolio, los recojan y los lleven a otro lugar. Los niños ayudan a sus madres barriendo las cenizas para poder volver a habilitar los lugares y reconstruir sus casas.
Veo todo lo que sucede desde mi postura y me siento pequeña y vulnerable. Todas las personas de mi distrito que han sufrido muertes, que ven su antiguo hogar convertido en escombros y cenizas…Todas estas personas sufrieron y hoy se levantan…y yo estuve un mes y medio sin salir de mi casa, depresiva, queriendo que la muerte me alcance, ¿Es justo? No, no es justo…
Tengo que levantarme y ayudar a reconstruir este lugar. Soy el Sinsajo y como tal ayude a formar la rebelión y derrocar el gobierno dañino del Capitolio. Pero mi trabajo como el Sinsajo no termina aquí…los debo ayudar. Fui la causante de la destrucción de mi distrito y ¿Cómo remediarlo? Ayudando a estas personas a reconstruir mi distrito.
Me ajusto el cierre de mi chaqueta y camino directamente hacia una casa donde una mujer de mediana edad trata de juntar los escombros de lo que quedó de su casa mientras sus tres pequeños niños, menores de 5 años, juntan la ropa chamuscada que quedó alrededor.
La gente me mira pasar incrédula de que esté aquí.
- Hola – le digo a la señora, que gira y se queda atónita mirándome.
- ¿Tú? – una sonrisa se le dibuja en su rostro a pesar de que está agotada y dolorida al ver las ruinas de su hogar - ¿Qué haces aquí? No sabíamos nada de tu paradero desde que terminó la rebelión, Sinsajo. -
- Si, soy yo. Lo que pasó fue que estuve muy enferma y con tratamiento todo el mes pasado, pero ya me estoy recuperando -
- Gracias por ayudarnos a todos, ahora con nuestra nueva presidenta todo resurgirá y se vendrán buenos tiempos – agarra mi mano entre las suyas y me mira a los ojos y por un momento, la alegría desaparece de sus ojos – Siento muchísimo lo de Peeta, todo se solucionará, ya veras. Ah…todos lamentamos muchísimo lo ocurrido con tu hermana. Han emitido en todo Panem, un video en su honor y recordándonos lo que hizo por nosotros -
- Muchas Gracias…¿ De verdad han transmitido eso? No se nada del estado del gobierno de Panem desde la muerte de Coin – de pronto descubro que es verdad, no he mirado televisión y no me he enterado que es de la situación de Panem, ni siquiera sé quien es nuestra presidenta.
- Si, lo han transmitido. Nuestra presidenta se llama Paylor, fue comandante en el 8 durante la rebelión – ella ha captado enseguida mi desconcierto – fue elegida a través de votos y, en este mes que ha esta al mando, todo parece mejorar. -
- Vale, gracias por decírmelo – suelto mi carcaj de flechas y mi arco y agarro una pila de escombros y la coloco junto a la montaña armada de atrás.
- ¿Qué haces? – me dice atónita.
- Quiero ayudarte, tengo mucho tiempo libre – le digo mientras ayudo a la niña mas chica que se cae agarrando su remera chamuscada – y de verdad, les vendría bien ayuda y también lo hago por estos hermosos niños. -
- Muchas Gracias Katniss.
Asiento con la cabeza y las dos nos dirigimos hacia los escombros donde supuestamente tendría que estar la cocina ya que se ven solo partes de lo que era una mesa. Ella, mientras recoge escombros, va llorando al recordar lo que era antes su casa. Trabajamos sin descanso hasta el atardecer mientras los niños duermen bajo una lona en forma de tienda de campaña. Ella decide que es hora de cenar y me ofrece quedarme, pero rechazo la invitación y me dirijo directamente a mi casa. En la puerta me encuentro con una carta. Es muy extraño porque nunca he recibido una. Me fijo lo que tiene escrito y dice " Katniss Everdeen, Distrito 12 " abro el sobre y la leo :
Querida Katniss: Mamá.
Disculpa que no me he despedido, pero ya sabias que no me gustan las despedidas, ¿vale? He querido escribirte antes pero el trabajo me tiene muy ocupada. Aquí, en el Distrito 2, se ha construido el primer hospital y por suerte me han dado el titulo de doctora ya que lo que hice en el 13 ha servido. El hospital siempre esta lleno: heridos graves y leves que ha dejado la rebelión y enfermos de toda clase. Es muy difícil seguir adelante después de lo que ha pasado con Prim. Aquí hay muchas enfermeras jóvenes y recuerdo las ganas que tenia ella de ayudar. La extraño muchísimo pero la fuerza para seguir me la dan los heridos, por ellos tengo que seguir. Espero que tu estés bien y hayas podido salir adelante. Te extraño, hija. Muy pronto te estaré llamando.
Lagrimas han mojado el papel mientras leía. Guardo la carta en un cajón para que no se me pierda. Ella también quiere que siga adelante así que lo primero que se me ocurre es ir a ver a Peeta.
Me sorprende ver, por las ventanas de su casa, a Haymitch y Peeta comiendo y conversando animadamente. Entro y guardan silencio.
- Hola, preciosa ¿Dónde has estado? – me dice Haymitch mientras me ofrece una silla y un plato - ¿Quieres? Lo he preparado yo para ayudar a Peeta mientras terminaba sus panes. -
- Bueno, Gracias. Estuve ayudando un poco en la reconstrucción del distrito -
- ¿De verdad? – me dice Peeta - ¿Están reconstruyendo todo? Parece excelente. -
- Si, es buenísimo.
Nos sentamos los tres y terminamos nuestros cuencos de estofado sin decir palabra. Esta bueno…pero algo me resulta extraño…¿Por qué Haymitch hace esto? ¿ Por qué esta sobrio, ha cocinado y no toma alcohol en la mesa? No lo sé, mas tarde lo averiguaré. Algo de pronto rompe el silencio.
- Tú no eres un muto ¿Real o no? – me pregunta Peeta con sus ojos dilatados y sus manos formando puños sobre la mesa. Con esto puedo ver que sus recuerdos alterados aparecen sin aviso cuando estoy cerca de él. Pero tengo que ayudarlo.
- Real. Eso es lo que el Capitolio quería que creyeras.
- Tú me quieres matar ¿Real o no?
- No, nunca lo haría
- Mientes! – me grita Peeta parándose agitado de la mesa. Haymitch lo agarra de los brazos y lo lleva a su habitación. Voy tras ellos y veo a Peeta recostado en su cama, llorando y mi alma se rompe en pedazos.
- Tranquilo Peeta. Todo estará mejor, ya veras – me acerco, me acuesto a su lado y lo abrazo.
- No! Suéltame! Por favor – me da pequeños empujones pero lo abrazo con mas fuerza, no quiero irme y dejarlo. – No quiero hacerte daño.
- Tranquilo, no lo harás, ya lo sé. Todo estará mejor solo descansa.
- ¿Por qué me pasa esto, Katniss? No hay ningún momento en que estos recuerdos me dejen tranquilo.
- No lo sé Peeta. Pero te prometo que encontraremos la solución.
Él se deja abrazar y se duerme entre mis brazos. Le acaricio el rostro, corro un mechón de pelo que cae sobre su frente y recorro con mis dedos la gran cicatriz que le han dejado las mismas explosiones que mataron a Prim. Verlo llorar y sufrir con cada recuerdo me ha puesto mas decidida y fuerte que nunca. Tengo que ayudar a Peeta y rescatarlo de ese mundo oscuro donde lo han encerrado.
Sé, por lo que he visto hoy, que no será fácil hacerlo. Pero debo hacerlo y esto es solo el principio.
