¡Hola!
Martes y ya sabéis lo que eso significa: ¡capítulo, capítulo! Jajaja Gracias a Crislu y Xavier por los reviews. Crislu, ahora mismo no me acuerdo de si te he contestado, si no es así, perdóname es que últimamente no sé dónde tengo la cabeza. En cuanto a ti, Xavier, yo también me di cuenta de lo que dices pero supongo que ha sido un recurso literario del autor para hacer que Minerva tenga algún tipo de cómplice :D
Sin más dilación...¡El Sorteo! Enjoy!
Disclamer: todo lo que podáis reconocer no me pertenece, es propiedad de J. K. Rowling y el fic es original de FlashFiction. Yo sólo lo traduzco.
Capítulo 4: El Sorteo.
Minerva estaba en lo alto de la escalera, ajustando su sombrero. El primero de septiembre por lo general era una ocasión feliz, el día en que daba la bienvenida a los nuevos alumnos y saludaba a los que regresaban. Ese día había sido diferente de lo habitual. Los estudiantes, que caminaban a través de la puerta en su camino hacia el festín parecían ansiosos y asustados en vez de felices.
Minerva vio a las hermanas Patil, una Gryffindor, una Ravenclaw, entrar en el Gran Comedor. Tras ellas había dos Gryffindors más: Demelza Robins y Colin Creevy. Cómo Creevy había conseguido volver al colegio, Minerva no tenía ni idea. Ella, al igual que la mayoría de la gente, sabía que era un nacido de muggles. Sólo podía imaginar que alguien había mentido por él y esperaba que la mentira se mantuviese. Colin asintió con la cabeza mientras pasaba. Era un chico alto, musculoso y de pelo rubio y lacio que le caía sobre la frente. Estaba en su sexto año, pero Minerva siempre pensaba en él como el pequeño de primero lleno de abrumador entusiasmo y un molesto flash de cámara. Todos habían crecido tan rápido.
Algunos estudiantes, notó Minerva, no parecían demasiado descorazonados por volver. La mayoría, si no todos, eran de Slytherin. Nunca había tenido prejuicios hacia ninguna Casa y no encasillaba a una persona por el lugar en el que estuviese sorteada, pero Slyherin...Slytherin la irritó. Tan engreídos, tan convencidos de que estaban protegidos de cualquier daño. Probablemente tenían razón. No muchos nacidos de muggles o traidores a la sangre entraban en Slytherin.
Pero, pensó Minerva, no muchos nacidos de muggles quieren ir a Slytherin.
Ser un Slytherin requería tener cierta mentalidad que tenían los que se habían criado en una sociedad de sangre pura o ser extremadamente adaptable. También se tenía en cuenta ser astuto hasta el punto del engaño, algo que Minerva nunca pudo entender. Sin embargo, suponía que debía haber un montón de cosas acerca de Gryffindor (su casa) que el resto no entendían. Los Gryffindors eran valientes hasta el punto de la estupidez. Se interponían entre la Maldición Asesina y las personas que querían y después se negaban a morir. Eran poderosos y fuertes, como el animal que los representaban. Minerva estaba orgullosa de ser una Gryffindor.
—Siento interrumpir sus pensamientos—dijo la voz de Alecto Carrow, voz que no sonaba ni remotamente arrepentida—, pero el director la requiere en el Gran Comedor.
Minerva levantó una ceja.
—No puedo imaginar lo que puede querer de mí.
—Eso es asunto suyo, no mío, Minerva.
—Bueno, Alecto—dijo Minerva—, tengo que estar aquí para recibir a los alumnos de primer año.
Alecto sonrió, los ojos le brillaban llenos de malicia.
—Supongo, Minerva, que no recibió el aviso. Ya no está obligada a conducir a los nuevos alumnos.
Los ojos de Minerva se estrecharon.
—¿Y por qué sería eso, Alecto?
—Porque, Minerva—contestó Alecto con una sonrisa de satisfacción—, yo estoy al cargo de los de primero este año.
Minerva frunció el ceño tan profundamente que se parecía bastante a un halcón. Se encargaba de los de primer año. Ella siempre se había encargado de ellos. Lo había hecho durante los últimos treinta y nueve años y ahora esta...¡esta intrusa quería quitarle el trabajo!
—No creo que sea necesario—dijo, con la voz tensa.
—Oh, pero el director piensa que sí lo es—susurró Alecto, en su voz ya no había rastro de burla.
—Podría haberme informado él mismo si era tan importante—espetó Minerva.
—Tiene cosas más importantes que hacer.
—¡Cosas más importantes!¡Él es el maldito director! ¿Qué es más importante que la dirección de la escuela? Oh, espera, me olvidé que estaba bajo un contrato. ¡Él no sirve a la escuela, sirve a su Marca!
Minerva metió la mano en su túnica y sacó la varita. Se mantuvo en pie, casi desafiando a Alecto a retarse con ella.
—Calma, calma—dijo Alecto, con la boca curvada en una sonrisa pícara—. Un duelo no es algo conveniente a su edad.
Los labios de Minerva formaban una línea tan fina, que casi desaparecieron. La mano le temblaba de rabia. Alecto vio que había dado en un punto débil y siguió con su ataque.
—Además—se burló—, ¿qué clase de ejemplo le estaría dando a los alumnos? Honestamente, Minerva, te llamas a ti misma profesora.
Eso fue ir demasiado lejos. Minerva se acercó a Alecto, mirándola con ojos brillantes. Su varita apuntaba hacia la barbilla de Alecto y su pecho subía y bajaba, arriba y abajo.
—No. Cuestiones. Mis. Capacidades. Para. La. Enseñanza—susurró, peligrosamente bajo.
Alecto retrocedió, intentando parecer desafiante pero estaba obviamente intimidada. Era arrogante, pero no estúpida. Minerva McGonagall era una bruja de prestigioso talento y una más que digna rival.
—Si crees que puedes vencerme—continuó Minerva en un susurro—, estoy lista. Cualquier momento, cualquier lugar.
Giró sobre sus talones y se dirigió al Gran Comedor.
Minerva se sentó entre Filius y Horace, disgustada. En cualquier momento los niños de primer año caminarían a través de la puerta, dirigidos por esa vaca de Carrow. Serían llamados a sentarse en el taburete y luego serían seleccionados para una Casa de Hogwarts por el legendario Sombrero Seleccionador. Parecía menos emocionante, ya que no lo estaba haciendo ella misma. Era infantil, incluso Rolanda lo habría dicho, pero no podía dejar de pensar en ello. Ahora, lo único que esperaba con interés era ver a los nuevos alumnos de Gryffindor.
Cinco minutos después, un grupo de niñas y niños pequeños, vestidos con las túnicas de Hogwarts, entraron arrastrando los pies al Gran Comedor. Al frente del grupo estaba Alecto Carrow, con aire satisfecho. La mayoría de los recién llegados parecían aterrorizados. Algunos, no obstante, no lo estaban. Posibles Slytherins y Gryffindors. Los Slytherin estaban contentos con el nuevo régimen y los Gryffindors sonreían al pensar en el peligro.
Alecto hizo un gesto para que los estudiantes esperaran, desapareció y volvió con un taburete y un sobrero viejo con un rasgón en el borde. Minerva se inclinó hacia delante con renovado interés. El Sombrero Seleccionador, antes de poner a los nuevos alumnos en sus respectivas casas, tradicionalmente cantaba una especie de canción. De hecho, la mayoría de los antiguos alumnos se inclinaban también hacia delante, ansiosos por ver qué tenía que decir el sombrero sobre el clima actual. El Sombrero Seleccionador se estremeció, abrió el rasgón y comenzó a cantar.
He visto cada sorteo
Desde que los fundadores construyeron la escuela
Y divido según lo que veo
Esa es mi única regla
Pero estudiantes, personal y profesores
Esta advertencia os doy
Tenéis que olvidar vuestro color
Si queréis sobrevivir
A la tormenta que se avecina
Con la intención de dividir
Dónde estamos y si tomamos nuestras armas
Es lo que debemos decidir
Azul, Rojo y Amarillo deben ser fuertes
Juntos, de la mano
Y el extraño siempre de Verde
Debe decidir a qué atenerse
Nuestras diferencias son grandes
Pero nuestro enemigo es el mismo
Convocad a las cualidades de vuestra Casa
Las cosas que les dan fama
Gryffindor trae el coraje
Ravenclaw la sensatez
Slytherin la astucia
Hufflepuff la perseverancia
Juntos no podemos ser vencidos
Juntos lucharemos
Y tratarán de vencernos
No vamos a parar hasta que se hayan ido
No hay un mejor momento
Para ayudar a vuestros hermanos y hermanas
Y saldremos adelante, si nos apoyamos los unos a los otros*
Hubo un incómodo silencio ya que todo el mundo se había dado cuenta de lo que estaba diciendo el Sombrero. Minerva miró a Snape, cuyo rostro permanecía impasible. Los ojos de Amycus Carrow parecía que iban a saltar de su rostro. Por lo general, había algunas personas que no entendían las canciones del Sombrero pero este año el mensaje era claro: uniros y luchad.
Una persona solitaria comenzó a aplaudir. Los ojos de Minerva se movieron hacia sus Gryffindor. Un chico alto, de pelo castaño desordenado y cara redonda era la fuente del ruido. Neville Longbottom. Comenzó a aplaudir y más y más personas se unieron. Minerva sonrió y comenzó a aplaudir también, más por Neville que por el Sombrero Seleccionador. Los dos prefectos de Gryffindor, Ron Weasley y Hermione Grenger, no estaban ese año. Seguramente estaban con Harry Potter, planeando cómo salvar el mundo mágico. Eran sólo niños, pero podían hacerlo. En cualquier caso, Gryffindor necesitaba nuevos líderes y Neville parecía un candidato perfecto. Minerva sonrió aún más ampliamente. Tal vez ese año no será tan malo después de todo.
*Canción del Sombrero: no estoy contenta del todo con el resultado de la canción pero he hecho lo que he podido. Nunca había tenido que traducir poemas o canciones y es más difícil de lo que parece ya que las palabras deben rimar. En inglés queda mejor pero tampoco rima del todo así que no se puede decir que lo haya hecho tan mal, pero aún así no estoy contenta. Decidme si quizá debería revisarla o, si os pasáis por el orginal, si tenéis una versión mejor.
Eso es todo por hoy, ¿qué os ha parecido? :D
¡Dejadme reviews!
¡Besos y hasta el martes!
