Un despertar difícil

Emma palpó el lado izquierdo de la cama esperando encontrar el cuerpo de su compañera al lado de ella. Con la mano apoyada en la almohada de Regina, la rubia abrió despacio los ojos, y se sintió decepcionada al ver que la morena ya no estaba ahí. Pasó su mano por el sitio donde debía encontrar el cuerpo dormido de su amada, pero las sábanas estaban frías. Debía haberse levantado ya hace un tiempo.

Emma cogió su teléfono que estaba sobre la mesilla de noche, esperando que no fuera muy tarde. Entonces vio que ya se había saltado buena parte de la sobremesa, lo que hizo que se levantara más rápido de lo que hubiera deseado. Se puso unos pantalones de deporte, bajó las escaleras, y se encontró a Henry y Grace en la cocina preparándose la comida.

«Buenos días Emma» dijo Grace con tono alegre «¿Cómo estás?»

Henry cerró la puerta de la nevera y se giró. No pudo contener una risa al ver la cara de su madre.

«Buenos…buenos días, chicos. ¿Estáis bien?» respondió Emma, intentando alisar sus cabellos que habían adquirido cierto desorden.

«Se diría que mejor que tú» dijo Henry, una gran sonrisa en sus labios «¿No estás muy mal de la cabeza, mamá?»

Arrastrando una silla, Emma se sentó de una manera muy poco elegante, apoyando el codo en la mesa para sostener su cabeza que le parecía más pesada de lo normal.

«No…solo tengo la sensación de que una tribu de pigmeos tocan el tambor en mi cabeza, pero aparte de eso, estoy bien» dijo ella dándose un masaje en el cráneo. «Quizás abusé un poco ayer» añadió finalmente mirando cómo Henry se sentaba frente a ella.

«Un poco, sí»

Henry comenzó a comer, dándose cuenta de que su madre debía tener hambre después de esa larga noche.

«¿Quieres comer algo? ¿Te preparo un sándwich? ¿Un café?»

Emma pensó un momento. Una comida completa no le pasaría, incluso le costaría tragarse un sándwich.

«Un café, sí, por favor, eres muy amable»

El muchacho se levantó y preparó una gran taza de café negro para su madre.

«El abuelo ha llamado esta mañana. Al ver tu estado de anoche, sabía que no ibas a estar levantada temprano, así que él te ha sustituido por hoy, puedes quedarte en casa. Y mamá ha dicho que ella volvería lo más pronto posible para ocuparse de su pequeña juerguista»

Le tendió un vaso a su madre con una sonrisa compasiva.

«Muchas gracias»

Emma tomó la taza y aspiró el olor a café, esperando que eso la despertase y que la cafeína aplacase un poco du dolor de cabeza.

«Coméis tarde» dijo ella mirando a los chicos «Casi son las 15:00»

«También nos acostamos tarde» respondió Henry bajando la mirada. Miró a Grace con expresión turbada, después ante la mirada perpleja de su madre, suspiró

«Regina nos ha contado todo»

Grace miró a Emma, preguntándose si su cerebro embotado comprendería lo que Henry quería decir.

Incómoda, la rubia comenzó a enrojecerse.

«Estaba borracha Henry y el hecho de que ella me desvistiese para acostarme me dio vueltas la cabeza, como sé que a ella le gustan los accesorios divertidos, yo he…»

Ante los ojos como platos de su hijo, dejó de hablar, maldiciéndose mentalmente por no haberse mordido la lengua.

«Oh, no hablabas de eso» susurró ella confusa

Llevándose la taza de café a la boca, buscó cómo salir de esa situación, e intentó pensar de qué les había podido hablar Regina. De repente tuvo un flash. No, esa imposible, su compañera no podía haberles explicado lo que había pasado ese día. Seguro que había comprendido mal, una vez más, ¡seguro!

Al ver a su madre debatirse interiormente, Henry dejó sus cubiertos y adquirió una expresión seria que Emma raramente veía en su rostro. En seguida supo que sus sospechas eran fundadas.

«Mamá nos ha explicado cómo Rumple y tú le tendisteis una trampa a Peter Pan haciéndole creer que yo estaba escondido en una cueva al borde la playa»

Emma cerró los ojos, conociendo ya lo que seguía

«Sé que tú utilizaste tus poderes junto con los de Rumple para matarlo y que te culpas porque te habías prometido no utilizar la magia sino para el bien»

Tomó las manos de su madre y las estrechó dulcemente para señalarle que era consciente de que ella lo había hecho por él y solo por él.

«Ella me dijo que tu hechizo no tuvo el éxito esperado, y que Peter solo fue herido. Cuando mamá llegó, os encontró a los tres, Rumple y tú desvanecidos por el esfuerzo hecho, y Peter Pan yaciendo en el suelo en un charco de sangre»

Ante esas palabras, Emma abrió los ojos, asustada ante las imágenes que desfilaban por su cabeza. Esos recuerdos dolorosos, añadidos a su dolor de cabeza debido a los restos de alcohol, la hicieron llorar. Soltando las manos de su hijo, se llevó los dedos a sus sienes, moviendo despacio la cabeza como para borrar esos recuerdos sangrantes.

«No tenía elección» dijo sollozando «él quería hacerte daño, quería matarte, matarnos» las lágrimas corrían por sus mejillas «Me vi obligada»

Grace y Henry se levantaron para abrazarla, intentado mostrarle todo el consuelo posible.

«Lo sé mamá, lo sé»

Henry besó su frente, y queriendo dejar todo ya zanjado, continuó

«Cuando mamá llegó, vosotros estabais desmayados. Al creerte muerta, cuando vio que Peter todavía respiraba, ella se derrumbó y…y…»

«Y lo hizo explotar desde el interior» retomó Emma tomando aire «Ella lo destrozó, después loca de rabia hizo una carnicería en las filas enemigas. Más de trescientas personas murieron ese día por la mano de tu madre»

Enderezándose, hablaba cada vez más alto y las lágrimas dejaron lugar a la seguridad y, Henry lo vio en sus ojos, a la cólera.

«Ella erradicó la amenaza que pesaba sobre ti, sobre nosotros, sobre Storybrooke y sobre todos los mundos conocidos y desconocidos que Peter había previsto destruir. Ella no se anduvo con chiquitas, durante algunas horas, se convirtió en la Evil Queen de su periodo más oscuro»

Calmándose ligeramente, Emma recobró poco a poco su respiración y hundió su mirada en la de su hijo que estaba en cuclillas a su lado.

«Nos habíamos prometido que nunca te lo diríamos, para que tú no perdieras la confianza en ella, en mí, después de toda esa matanza. No sé lo que la ha llevado a contártelo todo, pero creo que ha hecho bien»

Henry tomó a su madre en sus brazos, acariciándole los cabellos delicadamente.

«Sí, ella ha hecho bien. Siempre había pensado que algo grave había ocurrido ese día. El hecho de que nadie quisiera explicarme realmente cómo Peter y la amenaza que él representaba hubiera desaparecido de un día al otro siempre me hizo reflexionar»

Henry estrechó a su madre más fuerte contra su pecho

«Ahora lo comprendo, lo hicisteis para salvarnos, y yo no os juzgo, hicisteis lo que había que hacerse y nadie podrá reprocharos nada. Te quiero mamá. Os quiero a las dos, pase lo que pase»

Besando a su madre en la mejilla, Henry se separó de ella despacio, y la sonrisa que la rubia le dedicó le hinchió el corazón.

«¡Tengo las dos mamás más fantásticas del mundo!» dijo él riendo «¡Estoy muy orgulloso!»

La rubia se secó sus mejillas húmedas, riendo suavemente. Henry y Grace se volvieron a sentar en sus sitios y durante algunos minutos se instaló el silencio.

El resto de la comida transcurrió en una atmosfera mucho más distendida, y Emma aderezó su café con una aspirina, su cerebro no dejaba todavía de tamborilear en su cráneo.

Un poco más tarde, Henry y Grace salieron a dar una vuelta por el pueblo, para aprovechar los rayos de sol y visitar a todos sus amigos, a los que no habían visto desde las últimas vacaciones.

Emma no se sentía demasiado motivada para ir a hacer una ronda con su padre, el cansancio la empujó hacia el sofá. Al ver su bolso a los pies del sillón, se acordó de que tenía un regalo para su morena preferida. Cogiéndolo, sacó una hermosa caja de madera, del tamaño de una cajetilla de cigarros.

Regina debía volver temprano, así que decidió esperarla para darle su regalo. Acomodándose en el sofá, Emma encendió la tele y algunos minutos más tarde se quedó dormida ante unos dibujos animados.

Regina regresó más tarde de lo que hubiera deseado. Pensaba encontrarse a toda su familia en la mesa de la terraza, disfrutando de una copa mientras la esperaban, pero la casa estaba extrañamente en silencio.

Henry y Grace aún estaban de paseo, seguramente los amigos los habían invitado a cenar, y Emma dormía como un lirón en el sofá. Regina no pudo evitar sonreír al ver a la sheriff en los brazos de Morfeo. Cogió una manta y se la echó por encima, besándola en la frente y acariciándole los cabellos.

«Bueno» exclamó mirando a su compañera en pleno sueño «¡Me parece que si quiero comer esta noche, es mejor que me ponga a ello!»

Regina se dirigió a la cocina y preparó una comida rápida, puso todo en una bandeja y se fue al salón a sentarse al lado de la rubia marmota que monopolizaba el sofá. Despertó a su amante con un insistente beso, arrancando una sonrisa a la rubia que estaba feliz de ver a su compañera por primera vez en todo el día.

«Buenas tardes» susurró dulcemente Regina acariciándole el pelo «¿Cómo estás?»

«Mucho mejor ahora que estás aquí» dijo la rubia estrechado a Regina hacia ella.

Hablaron rápidamente sobre sus días, Regina se excusó por llegar tarde debido a las interminables reuniones. Después la antigua reina, mirando a los ojos a su novia, vio que esta quería hablar sobre la charla que había tenido con Henry la noche anterior.

Hablaron sobre el tema, pero en seguida acabaron porque estaban de acuerdo en que Henry ya tenía la edad para saber lo que había pasado. Emma solo lamentaba no haber estado presente en el momento de la revelación.

Regina la picó diciéndole que no estaba en condiciones de mantener una conversación la noche pasada, a lo que la rubia asintió con una gran sonrisa. La velada transcurrió calmadamente, las dos enamoradas comiendo tranquilamente ante una película, pegadas la una a la otra en el sofá, hasta que la morena, cansada por su jornada, decidió que ya era hora de irse a acostar.

Se ducharon juntas, se concedieron algunas caricias, pero sin ir más lejos, las dos mujeres solo tenían una idea en la cabeza, instalarse en la cama. Pegada a Regina, Emma estaba empezando a dormirse cuando de repente se acordó de que no le había dado su regalo.

«Hey, tengo algo para ti» dijo despegándose de la morena «Lo he dejado en el salón, voy a buscarlo»

Regina la agarró por el brazo y la atrajo dulcemente hacia ella

«Duerme princesa, mañana me lo darás, es tarde»

Emma consintió, le daría su regalo durante el desayuno.

«Buenas noches, mi reina» Besó a la morena, después apoyó su cabeza sobre su hombro, estrechando a su compañera contra ella.

Se durmieron las dos, hundiéndose en un sueño sin sueños, sin percatarse de que sería el último…