Capítulo IV

Las palabras del doctor resonaban en su mente una y otra vez. Era como si intentaran grabarse en su mente para siempre, como si buscaran cobrar un sentido enigmático que escapaba a la lógica, como si fueran a perder su horrible significado si las analizaba una por una, pero ninguna interpretación cambiaría los hechos, no, nada podría cambiar lo que había sucedido, nada, y si hubiera algo que pudiera hacer para evitarlo, lo habría hecho sin pensarlo dos veces, cualquier cosa, abandonaría todo lo que le importaba, mataría, incluso llegaría a dar su propia vida, porque entregaría todo, absolutamente todo, su alma si era necesario, por proteger a Lovino. Pero ya era demasiado tarde, había fallado en defender a la persona que más le importaba en el mundo, a la que amaba con tanta intensidad que su corazón parecía un pequeño recipiente para contener semejante sentimiento. Y no había sido consciente de aquello, no había notado la manera en que su alma había tallado placentera y dolorosamente el nombre de su amado en todo su cuerpo, lo había esculpido profundamente en su corazón, tan profundo que ni la eternidad podría borrarlo; un sentimiento tan vasto capaz de consumirlo por dentro, como llamas que se extienden incontrolables, alcanzando cada parte de su ser, agradable e insoportable, gélido y ardiente, intenso, tan repentino que no podía recordar cuándo había empezado a invadirlo.

Su mente, su corazón, su piel, conspiraban en una cruel reminiscencia de momentos vividos con el italiano, la manera en que éste solía insultarlo sin motivo alguno, la manera en que sus mejillas se encendían en un escandaloso tono carmesí, como un delicioso tomate, la extraña forma en que reaccionaba cuando tocaba aquel rizo rebelde…y la culpa, amarga y aplastante, parecía no tener límite: ¿Cuántas veces había deseado cambiarlo por su hermano menor? ¿Cuántas veces había elogiado y hasta preferido al menor de los italianos? Ahora se arrepentía de todas aquellas palabras pronunciadas despreocupadamente, de no haber entendido sus propios sentimientos antes, de no haber escuchado los consejos de cierto amigo francés. Su corazón parecía desgarrarse entre la culpa, el arrepentimiento y el miedo, temor a que su Lovi no fuera a ser el mismo de antes, y una parte de sí, una parte que no quería escuchar e intentaba ignorar con todas sus fuerzas, le decía que nada sería como antes, por más que lo intentara, por más que luchara porque se recuperara, su mente estaba dañada para siempre.

Unos sollozos incontrolables lo devolvieron a la realidad. ¿Cuánto tiempo habían estado parados afuera de la oficina del desagradable doctor? Había perdido la noción del tiempo. Feliciano estaba apoyado en la pared, llorando, ausente a lo que ocurría a su alrededor. La visión le rompió el corazón y recordó cómo Lovi se esmeraba en proteger a su hermano de quien creía que podía hacerle daño. Lo menos que podía hacer era cuidarlo.

-Feli, ven conmigo.-Sus ojos bañados en lágrimas lo miraron sin comprender, totalmente perdidos.-Vamos a la sala de espera, Ludwig debe estar ansioso.-No hubo reacción.-¿Feli?-No le quedó más remedio que tomarle la mano y guiarlo hasta la sala, murmurando palabras tranquilizadoras.

Ludwig se puso de pie de un salto cuando los vio venir. Estaba más preocupado que nunca, perfectamente convencido de que todo este fatídico suceso iba más allá de lo que podían controlar, algo más complejo de lo que imaginaban.

-¿Lovino está bien?-Preguntó temiendo lo peor al ver al italiano en aquel deplorable estado.

-El doctor nos dijo que estaba estable.-Respondió Antonio con una voz tan apagada que no parecía suya.-Mejor siéntate y te contaré.

Ludwig intentaba calmar a Feliciano luego de que el macabro relato de lo que le había sucedido a su hermano desatara más lágrimas. Realmente había sido un acto horrible, cruel, bajo y sádico. Él había sido el único que había visto el lugar donde habían ocurrido los hechos y la descripción de los actos le era enfermizamente suficiente para imaginar con detalle lo ocurrido, algo que le revolvía el estómago de sólo pensarlo. Y sin embargo, él no había encontrado la espantosa escena, no había sido testigo de la manera en que el cuerpo maltratado de Lovino había sido arreglado de manera grotesca especialmente para quienes lo encontraran…y si hubiera sido así no podría borrarse la perturbadora imagen de la mente. Definitivamente tomaría mucho tiempo para que pudieran recuperarse, aunque las cicatrices estarían para siempre.

-Tengo algo que contarles.-Se sentía sumamente incómodo por el hecho de tener que entregarles información en un momento como ese. Feliciano estaba apoyado en su pecho y aunque había salido del shock inicial no parecía haber vuelto en sí completamente. Además, notó el alemán, sus manos estaban heridas, aunque al parecer el doctor ni siquiera le había prestado atención.

-Adelante.-Los ojos verdes se clavaron en sus ojos azules, escuchándolo atentamente.

-Cuando revisé el ático encontré algunas cosas, entre ellas estos frascos.-Sacó los pequeños frascos de un bolsillo de su chaqueta.-Los revisaré en mi casa, no creo que sea prudente dejarlos aquí.

Antonio asintió con la cabeza.

-Dada la delicadeza de este asunto, creo que lo mejor sería que guardáramos este incidente en secreto.

-Entiendo, tienes razón.-Las palabras del alemán le sonaban tan distantes, pero estaba consciente de que eran de absoluta importancia. Por la seguridad de Lovi lo mejor era mantener todo en secreto.

Ludwig se sentía mal por tratar esos asuntos tan fríamente, pero era necesario. Si el enemigo era alguno de los supuestos amigos de alguno, entonces llevaban la ventaja. Lo mejor era no alertarlos de lo que podían averiguar, los datos que podrían extraer de los análisis de laboratorio que se encargaría de hacer. La ignorancia a veces era la mejor arma.

-Creo que lo mejor es que descansemos.-Propuso sin mucha convicción. Estaba seguro de que Antonio se quedaría en el hospital. Pero por otra parte necesitaba asegurarse de que Feliciano estuviera bien.

-Me quedaré aquí.-Definitivamente acompañaría a Lovi, aunque no le permitieran verlo. Alejarse de él sería absolutamente insoportable.

-Está bien. Feliciano y yo iremos a una posada, necesita descansar. El shock fue demasiado para él.

No muy sorprendido, notó que el italiano había caído dormido sobre él. Despidiéndose de Antonio y sintiéndose culpable por dejarlo solo, cargó a Feliciano hasta la salida del hospital.

Feliciano no despertó hasta que Ludwig hubo encontrado una posada. La recepcionista se había alarmado cuando pidió una sola habitación y exigía que mostrara los documentos de identificación del italiano, que parecía sospechosamente inconsciente y menor de edad. Afortunadamente había despertado en el momento justo en que el alemán estaba a punto de salir, indignado.

-Ve, Ludwig, ¿Crees que fratello estará bien cuando despierte?

La reconfortante cama se sentía totalmente extraña luego de todo lo que había sucedido. No podía recordar con claridad todo lo que había sucedido y las aterradoras imágenes de la manera en que habían encontrado a su hermano acudían a su mente como si se tratara de pesadillas, una y otra vez, sin que pudiera alejarlas. Y es que su hermano y él compartían un vínculo único, tan fuerte como si fueran una misma entidad, un mismo ser divido en dos cuerpos distintos; era una armonía que nadie podría entender, cada sentimiento, cada herida, cada daño, era compartido por ambos, de una u otra manera.

-Con el tiempo…-Respondió casi dormido.

Las pesadillas no tardaron en invadir su mente, retorcidos sueños donde un grupo de hombres enmascarados devoraba brutalmente a su hermano, que intentaba de todas formas detenerlos, rogando clemencia, pero sólo lograba azuzarlos…luego Lovino aparecía descuartizado, vivo aún, mientras una figura se inclinaba sobre él y abría su torso lentamente para luego arrancarle las vísceras…

Despertó gritando, empapado en sudor frío, su rostro bañado en lágrimas. Ludwig estaba a su lado, diciéndole que todo había sido una pesadilla, pero las imágenes habían sido tan vívidas que le costó volver a la realidad.

-Sólo fue una pesadilla-Susurraba. Con delicadeza limpió las lágrimas del rostro del italiano, provocando que éste se estremeciera.

-Pero parecía tan real…-Sollozó. Su amigo tenía razón, sólo había sido una pesadilla, aunque el vínculo con su hermano dejaba la posibilidad de que fuera una representación de lo que realmente había ocurrido, una manera de expresar los horribles actos…

-Tranquilo, sólo fue una pesadilla…

-Ve, me siento seguro contigo. No quiero tener más pesadillas, son horribles.-Susurró.-No puedo evitar ver la imagen de mi hermano, cada vez que cierro los ojos… ¿Me despertarás si tengo otra?

-Claro, estaré aquí para protegerte. Tienes mi palabra.

-Gracias, Ludwig, te quiero.

Sin aviso, antes de que Ludwig pudiera responder, el pequeño italiano lo abrazó fuertemente, apoyando su cabeza en su pecho y pasando una pierna entre las suyas. El corazón del rubio dejó de latir por algunos segundos y toda la sangre se acumuló en su rostro, dolorosamente consciente del calor de aquel cuerpo desnudo.

Parte de su cuerpo había quedado descubierta, haciendo que su piel mediterránea brillara con la luz de la luna que entraba por la ventana, como si se tratara de una visión, una belleza etérea de aquellos mitos en que visitan a sus amantes por las noches. ¿Pero qué demonios estaba pensando? No podía tener tan poco tacto y pensar cosas tan inmorales en un momento como ese.

-Feliciano…

¿Qué le estaba sucediendo? ¿Por qué escabrosos pensamientos llenaban su mente en ese momento? Esas eran cosas propias de Francis, no de un alemán disciplinado como él. Seguramente se debía al estrés por los eventos ocurridos, nada más. Su relación con el italiano estaba totalmente bien definida, amistad y nada más que eso…o al menos intentó convencerse de eso hasta quedarse dormido, pensando en los análisis de laboratorio que tendría que hacer cuando llegara a casa para olvidar que las delicadas manos de su dormido amigo se deslizaban por su pecho, provocándole escalofríos…Sería una larga noche.

-.-

.-.


A:No sé si se habrá notado mucho el cambio de estilo entre el capítulo anterior y éste. Tampoco sé si es que el fic termine siendo escrito por dos personas, Lysiabelle y yo...quizás sea contraproducente :S de todos modos la idea es mía y que alguien escriba sobre eso es raro, me cuesta un poco adaptarme. ¿Qué opinan? ¡Necesito de sus sabios consejos! D=

Gracias a por los reviews, gracias a ellos la historia sigue. Toda crítica es bien aceptada =)

Diablos, no sé cómo hacer separaciones! (por eso esa especie de caras al final del capítulo) Los computadores me odian D=