Como prometí en mi fic "conversaciones" (por si alguien lo ha leido) hoy actualizo este fic. Siento muchísimo haberlo abandonado durante tanto tiempo... Pero, sinceramente me quedé en blanco. Ya que empecé este fic por un brote de inspiración, sin haber planificado nada, y eso combinado con que mi musa se fue a dar una vuelta al mundo, ni fue lo mejor para el fic.

Ahora, ya lo tengo preparado y creo que podré actualizar cada semana o cada dos. Y de verdad, lamento haber tardado tanto.

En verdad, este capítulo era más largo, pero lo tuve que acortarlo un poco para que no quedase demasido largo.

Disclaimer: Bleach ni sus personajes me pertenecen, pertenecen a Tite Kubo.


Capítulo 4: Amistad

-Vaya, nunca imaginé que tú serías mi compañera de piso.

Había reconocido esa voz al instante, y uno de mis temores se vio cumplido. El propietario de esa voz tan suave y sugestiva, no era nada más que un chico extrovertido y con pinta de ser un alborotador.

Nacamura Kento.

Genial, una de las cosas que no quería que pasaran, había ocurrido. Me giré lentamente, y lo único que pasó, fue que confirmé mis sospechas. Nacamura estaba justo delante de mí.

-Nacamura… Vaya, que sorpresa. Yo tampoco imaginé que tú serías mi nuevo compañero de piso. –dije intentado mostrar sorpresa.

Me miró extrañamente y dijo - No pareces muy contenta de estar en el mismo piso que yo ¿no?

Algo en su voz me hizo sentir como si hubiese dicho algo malo. –N-No, yo sólo quería decir que no me había planteado que serías tú. No me importa la verdad.

-Bueno, tranquila, no te molestaré. Hagamos un trato, yo no me meto en tus asuntos y tu tampoco te metes en los míos y punto. –dijo sonriendo otra vez.

La verdad, es que tenía unos cambios de humor bastante extraños, pero me agradaba que hiciésemos un trato así.

-Ah, y antes que se me olvide tendríamos que hacer turnos para cocinar. ¡Me muero de ganas de saber como cocinas Kurosaki! Hoy cocino yo y mañana tú.-Y se giró hacía la nevera - ¡Y llámame Kento! –añadió por último.

Cocinar… ¡no podía ser! Yo nunca en mi vida había cocinado nada, siempre era Yuzu la que se ocupaba de eso. Lo máximo que sabía hacer, eran las pizzas que sólo había que calentar, y la mayoría de las veces se me quemaban. La única vez que intenté hacer un bizcocho de chocolate, casi quemé la casa entera.

Me quedé sentada en el pequeño sofá que había, mirando como Kento se ponía manos a la obra. Al parecer, tenía bastante habilidad y sabía perfectamente lo que hacía. En poco tiempo, había cortado diferentes tipos de verduras, y las había puesto a freír en una sartén.

Kento, al parecer se dio cuenta que le estaba observando, ya que me miro y dijo lo bastante fuerte para que lo oyese -¡Ya verás lo bien qué cocino! Te vas a quedar alucinada con mis dotes culinarias –Y rio.

Tú si que te vas a quedar alucinando con mis dotes culinarias, pero de lo malas que son pensé.

¿Qué iba a hacer? No quería quedar mal delante de Kento, e intenté hacer un esfuerzo por recordar las clases de cocina que nos había intentado darnos Yuzu a mí y a Ichigo. Pero los recuerdos estaban algo borrosos… Principalmente, era causa de que llevaba puesto mi mp3 a máximo volumen mientras fingía mirar y escuchar a mi hermana.

Bueno, ya veríamos si conseguía recordar algo para mañana cuando me tocase cocinar. Pero ahora tenía un mayor problema, y era que llegaba a mi nariz un olor increíble. Me iba a dejar por los suelos, ya que encima parecía que cocinaba muy bien…

Al cabo de diez minutos más, Nacamura trajo sonriente dos platos a la pequeña mesa de cuatro personas que había.

Tenía muy buena pinta, y con sólo ver la comida mi estómago rugió.

-Kento, ¿qué es esto? –pregunté curiosa, ya que tenía muy buena pinta.

-Aquí tienes mi pollo con verduras y bolas de arroz al estilo Nacamura. ¡Qué aproveche!

Los dos, nos pusimos a comer rápidamente el plato que teníamos delante. No habíamos comido nada más que el desayuno, y con todas las horas de deporte que habíamos hecho estábamos los dos muy hambrientos.

Al acabar los platos, aún nos quedamos un rato sentados y hablando. Kento, no paraba de hablar de los más diversos temas, y de vez en cuando le daba mi opinión.

-Bueno Kurosaki, ¿tienes algo que hacer ahora? -Negué con la cabeza -¿Quieres ir a dar una vuelta por fuera, y te enseño las afueras de la academia?

La verdad es que era una buena idea, ya que no conocía nada de ese sitio tan grande, y me iría bien que alguien me lo enseñase.

-Bien, de acuerdo, me ira bien conocer un poco mejor este lugar. Y por favor Kento, llámame Karin. –Ya se habían acabado tantas formalidades, Nacamura ahora me caía bastante bien, y me sentía rara si me hablaba todo el rato por mi apellido.

Recogimos los platos, y los lavamos entre los dos. Después, salimos a fuera.

Las residencias, ocupaban toda la parte trasera de la academia. Se salía por la parte trasera que daba a un parque, y más lejos a un bosque no muy grande.

Salí con Kento, y me quedé asombrada con la cantidad de estudiantes que había allí. Había chicas y chicos de todo tipo, que se lo estaban pasando bien estudiando, hablando o haciendo un picnic.

Nunca me habría imaginado que hubiese imaginado que la gente allí llegaría a ser como adolescentes normales hasta ese punto.

Kento y yo caminamos por todo el parque, y acabamos internándonos en el bosque por un pequeño camino que lo travesaba.

Me fijé que había algo un poco extraño. Había especies de plantas no sólo de Japón, sino también había especies de otros lugares, como del Caribe o las altas montañas. Se me hacía extraño ver un abeto hibernal y un cocotero juntos y los dos creciendo perfectamente. Eso era imposible ¿no?

-Karin ¿me estás escuchando? –escuche al mi lado. Esos pensamientos me habían absorbido y no había escuchado nada de lo que Kento había dicho en los últimos cinco minutos.

-Sí… Vagamente –confesé. –La verdad es que estaba pensando como podían convivir aquí plantas de todos los lugares de la Tierra.

-¿Plantas de todos los lugares? –Preguntó sorprendido mirando alrededor -¡Es verdad! Nunca me había fijado. Bueno… ya no me acuerdo mucho de la Tierra, hace demasiado tiempo que no voy allí, concretamente desde el día de mi muerte.

Eso me hizo preguntarme cuantos años tenía Kento, y algunas cifras que había pensado eran escalofriantemente altas, ya que para olvidarse de su vida en la Tierra... No quería preguntarle que edad tenía realmente, por temor a saber la respuesta.

Era un tema muy interesante. Ya me había fijado que la gente no cambiaba allí, o que si cambiaba, lo hacía muy lentamente ¿Cuántos años tendría Reiko? ¿Y Toushiro? Era increíble que hubiese tantas cosas que no sabía. Y pensar que mis amigos que se supone que tenían más o menos mi edad podrían tener más del doble de mi edad… Era aterrador.

Decidí quitarme esos pensamientos de la cabeza, participando un poco en la conversación con Kento, y rápidamente se me olvidaron.

Al cabo de un rato atravesamos todo el bosque, y me quedé impresionada. Me había olvidado totalmente que aquel lugar estaba rodeado por una muralla debido a las dimensiones del castillo y el parque.

Habíamos llegado al final del bosque, que acababa a unos cincuenta metros de las murallas. En ese espacio, había una explanada cubierta de hierba que llegaba hasta sus pies, y que de ancho era de unos cien metros.

Allí, había algunos estudiantes luchando. Al instante comprendí que era eso. El lugar de entrenamiento.

-Es el único sitio donde se nos permite practicar es aquí, ya que sino molestaríamos a la gente que quiere descansar. –escuché a mi lado. Me había quedado fascinada viendo las luchas, y me había olvidado completamente de Kento. –Es increíble como luchan algunos ¿no? Los que ves allí –dijo señalando una batalla –son los genios del sexto año.

La verdad, es que el par que estaba luchando lo hacía excepcionalmente. Pero no superaban a Ichi-nii. –Sí, lo están haciendo muy bien –dije por llenar un poco el silencio que se había formado.

Estuvimos viendo las peleas durante un rato, hasta que Kento me preguntó –Oye Karin, ¿quieres que combatamos?

-¿Qué? – ¿Cómo había adivinado que tenía unas ganas inmensas de luchar contra él? Pero recordé una cosa –No hemos llevado los shinais para pelear.

-No hace falta Karin –dijo sonriendo –mira.

No me había dado cuenta que durante todo el paseo había llevado dos shinais colgados del cinturón. Eso quería decir que… ¿Me había llevado de paseo sólo para luchar?

Le mire con furia, pero el me siguió sonriendo burlonamente mientras me tiraba el shinai y nos dirigíamos al campo de entrenamiento.

Al llegar al un lugar con bastante espacio para luchar bien, nos encaramos.

-Ya te arrancaré yo esa sonrisa de la cara, imbécil –le rete.

-No creo que lo consigas –alardeó.

Y con un movimiento ágil y elegante, me descargó la espada encima. En el último momento interpuse la mía propia para que no me golpease, y lo empuje hacía atrás.

Seguidamente, comencé el contraataque. Hice una serie de rápidas estocadas buscando sus puntos débiles, pero Kento las paraba todas. Ya frustrada, golpee con todas mis fuerzas cogiendo con las dos manos el shinai hacía el lado izquierdo del "enemigo", pero mi golpe fue esquivado con no poca dificultad. Horrorizada me di cuenta, que había dejado un hueco muy grande de mi defensa en la parte derecha.

Kento, con una sonrisa, fue a dar la última estocada, cuando de alguna manera me moví hacía un lado y me giré dándole con el shinai en las costillas. En un combare de verdad, estaría muerto.

En ese momento, Kento dejo de sonreír y me acordé de lo que había dicho antes

Sonreí – Ves, te dije que te quitaría esa sonrisa de la cara –dije.

Pero de repente volvió a tener esa sonrisa en la cara –Esto sólo era el calentamiento Karin, ahora empieza lo bueno –declaró.

Durante un buen rato más, estuvimos luchando. El primer combate duró poco, pero a la larga cada vez duraban más tiempo, ya que empezamos a desarrollar nuestros sentidos y a acostumbrarnos a los movimientos del oponente. Cuando acabamos el noveno combate, los dos estábamos exhaustos. El último combate había durado más o menos veinte minutos, y eso era demasiado para los dos.

-Karin, creo que ya está bien por hoy –dijo Kento respirando con dificultad debido al cansancio y tumbándose en el césped.

Yo que ya estaba sentada en el suelo, levanté la vista y asentí, y en ese momento me di cuenta que había bastante gente mirándonos. Seguramente, también habían visto nuestro duelo.

Los resultados no eran como yo esperaba, pensé que ganaría y sabía que tenía la habilidad para ello, pero aparte de descubrir que Kento también se había contenido algo en las clases de manejo, también corroboré lo que había dicho el profesor; me faltaba técnica, cosa que no le faltaba a Kento.

Y ya sabía a quién le pediría que me enseñase la técnica.

Estuvimos un tiempo más tumbados en el césped, pero cuando ya estuvimos algo más descansados, nos levantamos. Miré bien, pero los curiosos que estaban viendo nuestro combate ya se habían ido, y ya no quedaba casi nadie en el campo de entrenamiento. Solamente estaba un grupo que acababa de llegar, y sorprendentemente los alumnos de sexto año, que seguían con su combate.

Era increíble, ya que llevaban luchando desde antes de que nosotros llegásemos, y era casi sobrehumano que tuviesen esa resistencia, y que pudiesen seguir luchando igual de bien que hace unas horas. Al verlos, me hice una promesa silenciosa, cuando llegase al sexto año sería muchísimo mejor que ellos; los actuales "genios" de la academia.

-Kento, ¿hay alguna fuente de agua por aquí? –le pregunté. Me estaba muriendo de sed, y para llegar a la residencia aún quedaba un buen camino.

-Sí claro, sólo hay que bordear un poco el bosque –respondió con una sonrisa cansada.

Fuimos hasta la fuente donde bebimos ávidamente agua y nos lavamos la cara. Después decidimos volver ya al piso, ya que las horas habían pasado tan rápidamente que ya empezaba a ponerse el sol.

Aún que no lo pareciese a la ida, ahora me daba cuenta que el camino era más largo de lo que pensaba ya que con el cansancio lo notaba más. Habíamos caminado casi media hora hasta llegar a nuestro piso.

Nos duchamos por turnos, ya que había un solo baño con dos puertas. Por suerte, me había dado cuenta desde el principio eso de la doble puerta, ya que sino… No me podía imaginar que podría haber ocurrido.

Había una cosa que no gustaba nada en la sociedad de almas, y era lo poco avanzada que tenían la tecnología. No me importaba mucho que pareciese el periodo Edo, pero me molestaba bastante que ni siquiera tuviesen un champú como dios manda. Matsumoto, me había dado una cosa líquida y viscosa que era gris como champú, que según ella contenía arcilla y otros extractos de plantas muy buenos para el pelo, pero igualmente echaba de menos mi champú.

Al acabar de ducharnos, Kento volvió a hacer la cena que estuvo otra vez buenísima. Eso, me volvió a deprimir pensando que mañana me tocaría cocinar…

Exhausta por ese día tan largo, me fui a dormir. Soñé que luchaba contra los genios del sexto año, y los vencía. Eso sí que era un buen sueño.

A la mañana siguiente, salí de mi cuarto y vi que Kento ya se había ido. Era un poco extraño ya que aún quedaba una hora para que empezase la primera clase y no sólohabía ocurrido hoy, ya que el día anterior tampoco había aparecido por la mañana.

Desayuné, me vestí y salí media hora antes de que empezara la clase, ya que ya había aprendido lo grande que era la academia y lo fácil que era perderse allí.

A primera hora tenía clases de Kidoh, por lo que estaba algo emocionada, ya que me gustaba la idea de poder hacer algo parecido a la magia. En el mapa, salía que las clases eran en un patio interior, pero había muchos patios interiores, y no conseguía encontrar el correcto. Iba con el mapa en la mano, y caminando sin mirar. Por eso no vi a las personas que doblaban la esquina… y chocamos.

En un momento estuvimos las tres en el suelo, y escuché una exclamación de dolor. Me di cuenta, que me había chocado al contra Reiko y una amiga suya que posiblemente era su compañera de piso.

-¡Lo siento!-exclamé

Reiko se levantó de un salto, y ayudó a su amiga a levantarse.

-¡Hola Karin! –Dijo abrazándome – No pasa nada, da igual.

Le di una mirada de disculpas a la amiga de Reiko, que me sonrió. – ¿Me podríais decir donde está el patio donde hacemos las clases de Kidoh? –Pregunté –Me he perdido totalmente.

-¡Claro Karin cómo no! –Exclamó Reiko –Aún me acuerdo cuando eran nuestros primeros días y casi toda la clase siempre llegaba más o menos media hora tarde…

Al cabo de un rato, llegamos a la clase de Kidoh. El profesor era un hombre bastante alto y delgado, moreno. Llevaba barba, que extrañamente era pelirroja.

Cuando me vio dijo –Vaya, tu debes ser la alumna nueva ¿no? Ya veremos que tal se te da el Kidoh –y se giró silbando. –Bueno chicos, hoy practicaremos el encantamiento que aprendisteis la última clase. Así que poneros en dos filas a hacer turnos para darles a las dianas.

Como esperé, estuve toda la clase con el profesor dando teoría. Según él, tenía que saber la teoría antes de empezar la práctica y él no podía enseñarme todos los días, así que necesitaba urgentemente un profesor particular.

Otra vez con el profesor particular, pero por suerte la persona que había elegido para ello sabía utilizar muy bien la magia demoniaca, así que me podría enseñar lo básico.

La clase junto al profesor acabó, y ya se me habían quitado las ganas de practicar la magia demoniaca. Parecía más fácil de lo que era, ya que la fase de concentrar el Kidoh en las manos ya la había superado, pero la parte de empujar toda la energía al exterior no me salía. Eso, según el profesor lo debería de practicar como deberes, hasta que pudiese crear como un pequeño rayo. Ese rayo, no tenía que ver con ningún encantamiento, ya que no producía nada.

Cuando me fije en los otros alumnos y en las dianas que tenían, me di cuenta que sólo una estaba destrozada del todo, la de la fila de Reiko.

Después de despedirnos del profesor, fui junto a Reiko y su otra amiga que creo que se llamaba Yamamura o algo así.

-Y Karin, ¿tu de donde vienes? –me preguntó Yamamura cuando entramos.

No, esa pregunta no. ¿Por qué me la tenían que hacer tan pronto?

-Vengo del distrito 72 sur del rukongai. –mentí.

-¿Qué? ¿Vienes del rukongai? –dijo Yamamura que inmediatamente puso una cara de asco. – ¿Cómo te han dejado entrar? La clase entera pensaba que eras una persona muy especial y que eras muy importante para que te dejasen entrar a mitad de curso. Y encima tus habilidades lo corroboraban pero ahora… No sé qué decir –y se fue echándome una última mirada de asco.

¿Cómo se podía comportar así? Daba igual de donde se suponía que venía ¿no? Pero era muy penoso que esa chica juzgara a la gente por el lugar del que venían... Me giré a preguntarle a Reiko si eso era común, pero me miraba de forma extraña. Si ella también tenía esos prejuicios… No sabría que hacer.

-¿Por qué no me habías dicho que venias del rukongai? –me preguntó. No noté ningún deje de enfado en su voz, sonaba totalmente neutral.

No sabía que responder, ya que en verdad eso no me había parecido importante hasta ese momento. Así que decidí decir la razón que yo pensaba –Porque no me parecía una cosa muy importante.

-Ah… Pues es bastante importante para algunas personas. –Dijo otra vez con esa extraña voz neutral –Se supone que no debería estar contigo, pero me caes bien, y… no sé que hacer- Susurró al final con un temblor en la voz.

No sabía que hacer, la verdad es que me derrumbaba ver a Reiko que normalmente estaba tan feliz en ese estado, y encima por mi culpa. Pero seguía sin entender el porqué de que no debería estar conmigo.

-Reiko… No se el porqué, pero si de alguna manera ser mi amiga te causará problemas, tal vez deberías no serlo. –dije afligida.

-No Karin –siguió diciéndome –no es que me causaría muchos problemas, sólo que está mal visto, y además mis padres me dijeron que no me debería juntar con gente del Rukongai… Pero, acabo de decidir una cosa –dijo de repente algo más animada –No me importa, te conozco hace poco pero eres una buena persona y no voy a dejar de ser tu amiga por unos ideales tontos.

Me alegró Reiko había volviera a ser la misma, pero lo que había dicho me dio mucho que pensar. Matsumoto, ya me había dicho que normalmente la escuela era solamente para gente que venía del seiretei, y que la gente que venía del rukongai era considerada inferior, pero no sabía que era hasta ese punto.

En las siguientes clases como sanación, donde aprendíamos los principios básicos para curar a alguien herido, Reiko siguió comportándose normalmente conmigo, y eso me alegró. Pero Yamamura se alejó completamente de mí.

Y ahora tenía otro problema, ya que estaba en la última clase y después me tocaría cocinar… y no quería quedar en ridículo.

Cuando volví al piso, Kento ya estaba allí.

-Hey Karin ¿Qué vas a cocinar? –pregunto sonriendo.

La verdad es que no tenía ni idea, por eso me puse a mirar por los armarios qué había allí para hacer algo fácil de cocinar. Y la respuesta la encontré en seguida, ramen. Había un paquete con los fideos especiales para el ramen, y tenía que cocinar sólo el resto.

Cogí una olla, y puse agua a hervir, mientras que empezaba a cortar el pollo. La carne, tenía muchas partes con grasa, y la piel aún la tenía, así que las pasé canutas para cortar el maldito pollo y que los trozos me salieran regulares. Cosa que al final no conseguí.

Al acabar de cortar el pollo, me di cuenta que el agua ya estaba hirviendo hace tiempo, pero a la hora de meter los fideos me fijé en que Kento me estaba mirando con una sonrisa burlona. Genial, se había dado cuenta de mi inexperiencia.

Pensé en el siguiente paso a seguir, pero genial, ya no me acordaba. No sabía que tenía que hacer más. Me quedé parada en medio de la cocina, y sin saber que hacer. Y empecé a oír una risa, la risa de Kento.

-Karin ¿seguro que sabes cocinar? –me preguntó entre risas. –Por que parece que no tienes ni idea.

Le mire furiosamente, y me puse a buscar la salsa de soja por los armarios, sin mucho éxito. Y Kento no paraba de reírse.

Yo seguía buscando, cuando de repente note un movimiento detrás de mí.

-Karin, ¿Quieres qué te ayude? Porque no tienes la más mínima idea de cómo hacer ramen. –Sentí como me ponía roja –No creo que sea bueno desperdiciar toda esta comida.

Me di cuenta en ese momento, que el agua hervía demasiado y que se estaba desbordando. Genial, yo no servía para la hacer comida y estaba quedando en ridículo. –Acabo de empezar, y lo del agua ha sido un pequeño descuido –dije en un intento de salvar la situación.

-¿Lo del agua? No me había dado cuenta. Yo lo digo por tus maneras de cortar y hacer las cosas sin pensar.

¿Por qué me estaba pasando esto? No podía hacer más el ridículo.

-Y lo más tonto, es que no me dijiste que no sabias cocinar, eso se puede arreglar, te puedo enseñar yo. –vale, sí que se podía hacer más el ridículo. Pero lo de las clases de cocina…

Pero qué podía hacer más, tampoco quería que Kento estuviese cocinando para mía durante todos los meses que viviríamos juntos, no quería ser una carga muy grande. Tenía que aprender a cocinar.

-Está bien –contesté –te agradecería si me enseñaras a cocinar.

Él me miró triunfante, y yo no había pasado más vergüenza en mi vida.

La siguiente media hora, Kento se pasó el tiempo explicándome cómo hacer el ramen.

Nunca pensé que cocinar pudiera ser tan divertido, y además por suerte no se burló más de mí.

Comimos, el ramen que estaba muy bueno a pesar de mis destrozos, y acordamos que él a partir de ahora me daría clases de cocina.

Después de comer, me despedí de Kento, ahora tenía que hacer una cosa muchísimo más importante, ir a buscar a mi entrenador personal.


Bueno, espero que os haya gustado, he dejado algunas dudas sin responder, como quién será en eltrenador de Karin, por qué minió sobre donde venía que pasará con sus compañeros de clase ahora que saben que viene del Rukongai... Bueno, si siguen leyendo lo sabrán.

Ya veis que Karin se va haciendo poco a poco amiga de Kento y Reiko, y que empieza a formar una sólida amistad por encima de los prejuicios de la gente. Yo creo que es muy importante que haya gente que te apoye seas de la manera que seas.

También hay otra cosa que quiero decir. Ahora, las cosas ocurren muy lentamente y estoy dedicando cada capítulo a poco tiempo. Eso es porqué tengo que explicar poco a poco el nuevo mundo que es para Karin, pero poco a poco cuando Karin ya se haya familiarizado con la gente, academia... Los sucesos ocurrirán un poco más rápido.

Y me acabo de releer los otros capítulos, y me he dado cuenta que para los profesores de la academia me he basado en mis profesores de mi instituto xD El de manejo de arma para mi profe de Catalán -de verdad mi profe da tanto miedo- la de historia en mi profe de Geografía -mi profe se comporta igual que una adolescente xd -Y el de artes Kidoh en mi entrenador de Volleybol.

Bueno, y ahora quería agradecer a akane0arwen5, xxxprincessakuraxxx, ArcadiaDelacroix, plna, kaede0621, obnornrejo, Suigin Walker, flor_d_cristal, Artemis K. Wolf, ahiru-spinwall y Sharon. Todos me habéis animado a continuar este fic cuando aun que estaba en blanco y sin inspiración, y si no fuera por vosotros tal vez no lo habría continuado.

Por favor, los que lean este fic dejarme un review, que siempre me animarán a mejorar y continuar este fic. Sólo hay que apretar ese boton que hay abajo, y poner me gustó, o no me gustó en el caso que no te gustó el porqué.

Nos leemos

Kirara11^^