Tres


-Sam, necesito que me ayudes.- grité. La televisión estaba a todo volumen ya que el señor "yo soy libre de hacer lo que quiera" estaba viendo un partido.

-Ya voy.- respondió por enésima vez. Aunque ahora sí lo escuché subir las escaleras.- ¿Qué quieres?- preguntó al entrar al baño.

-Necesito que seques y vistas a Sofi.- yo me había metido a bañar con la niña. Mercedes me había dicho que era mucho más sencillo y rápido que llenarle la bañera. Y esta vez lo que más necesitaba era tiempo.

Tenía cita con el pediatra, mejor dicho, el guapísimo pediatra de Sofía dentro de cuarenta minutos y ni siquiera habíamos comido.

-Claro, ¿algo más?- preguntó sarcásticamente. Tomó una toalla que estaba sobre el retrete y entreabrió la puerta de la regadera. Le pasé a la niña procurando que no me viera, pero al lujurioso de Evans oportunidades así no se le escapaban.- También puedo ayudarte a ti.- dijo sonriendo.

-Idiota.

Tras asegurarme que sostuviera bien a Sofi, volví a la regadera para terminar de ducharme.

-Quinn, he estado pensando...

-¿Ajá?

-Creo que para la siguiente fiesta de Sofi deberíamos contratar juegos inflables y el show de los Teletubbies.

-¡Ay no!- exclamé, ¿cómo se le ocurría?

-¿Por qué no?- cerré las llaves y estiré una toalla que había colgado sobre la puerta para secarme antes de salir.

-Sam, eso debe costar una fortuna.

-El problema no es dinero para mí y lo sabes.- se jactó.

Tenía razón. El problema era que soy demasiado orgullosa y no me atrevo a aceptar que necesito su ayuda, pero es que hacerlo sería mostrarme débil.

-Vamos, nena. A Sofi le encantará.- salí de la regadera envuelta en la toalla sintiendo mi cabello escurrir en la espalda. Sam ya le había puesto el pañal a la bebé y estaba por ponerle el vestido.

-¿Qué es eso?- pregunté, haciendo caso omiso a su comentario. Evans me miró para luego mirar a la niña. Tenía una bola en su ombligo de la cual no me percaté al enjabonarla.

-No sé.

Me acerqué a ella y rocé con mis dedos esa área. La niña no hizo algún gesto ni exclamación de dolor.

-Mmm debo preguntarle a Noah.

-¿Noah? ¿De cuándo acá tanta confianza con el pediatra?- preguntó serio, terminando de abrocharle el vestidito.

-Es cliente frecuente del café.- dije. Sam negó con la cabeza sin decir más.

Fui hasta mi cuarto, me puse la ropa interior y un vestido de tirantes color lila. Pero para colmo batallé en abrochar el cierre.

-Sam.- le hablé.- ¿Puedes venir?

-Vamos a ver qué quiere la bruja de tu tía.- escuché le decía a Sofi.

-¿Me ayudas...?- me giré de espaldas y levanté mi cabello para mostrarle el cierre. Dejó a la niña sobre mi cama y se puso de espaldas para cerrarlo.

-Listo.- dijo. Solté el cabello y me giré para verlo.

-Hueles delicioso.- sonrió. En ese momento sentí mis mejillas arder y por la expresión de él supe que me había puesto roja.

¿Qué te pasa, Fabray? ¿De cuándo acá te sonrojas con lo que Evans te dice? ¡Argh!

-Voy a darme un baño.- dijo, quitándose la camisa frente a mí. ¡Dios, éste hombre!

Asentí.

Se volteó para salir del cuarto y, sin haber desenfocado la vista de su cuerpo, noté que tenía una mancha en la espalda.

-Sam, ven.- frunció el ceño. Me acerqué a él.- Voltéate.- efectivamente, era un enorme moretón.

-¡Auch!- se quejó cuando lo toqué.

-Es un moretón. Debiste haberte golpeado con algo.

Se quedó mirándome con expresión pensativa, de pronto abrió la boca pero sin pronunciar palabra alguna. Fruncí el ceño.

-Creo que fue el día que nos caímos.- dijo. Recordé que, efectivamente, se había dado un buen golpe.

-Ve a bañarte, ahorita te pongo una pomada.- él asintió y sin decir más se fue, en menos de minutos ya escuché la regadera abrirse.

Terminé de arreglarme, dejé mi cabello suelto y me maquillé ligeramente; le di de comer a Sofi. Estaba guardando las cosas en su pañalera cuando Sam regresó a mi cuarto. Llevaba el torso descubierto y una toalla envuelta en la cadera. Estaba todo mojado.

Apenas lo vio Sofía empezó a reír.

-¡Qué preciosa, mi niña!- también él, se acercó e intentó cargarla.

-¡Sam, no! La vas a mojar toda.- el rubio me enseñó la lengua como si fuese un pequeño y se sentó en mi cama.

-Tu tía sí que es una bruja amargada, no le hagas caso, mi vida...- le decía a Sofi, suspiré. ¿Cuándo iba a madurar?

-Ven acá.- le dije. Saqué una pequeña pomada de un cajón de mi peinador. Agarré la toalla de Sofi que se había quedado en mi cama y le sequé la espalda...- ¿Se enojó mucho Santana contigo?- pregunté curiosa.

-No.- respondió despreocupado.- Siempre se le pasa. Además ella entiende que tu carácter se debe a tu inactiva vida sexual.

Me reí, lejos de enojarme aquél comentario me causó gracia.

-¿Qué...?- él volteó sonriendo divertidamente. Me quedé mirando sus preciosos ojos verdes. Con la toalla, le sequé el rostro lentamente y el abdomen...- Quinn...- me acarició los brazos. Se inclinó un poco y empezó a repartirme caricias con su nariz en la cara.

¿Dios, por qué me pongo tan débil cuando estoy con él? ¿Por qué me hace sentir tan... bien? Entiendo que Evans tiene encanto pero...

Incapaz de poder seguir pensando, lo dejé que me atrapara con sus labios y nos fundiéramos en un romántico y apasionante beso.

-No, Sam...- murmuré al separarme.

-No te resistas, preciosa. Sé que lo anhelas tanto como yo.

Y tenía razón. Pasar tantas horas a su lado, verlo semidesnudo casi a diario provocaba en mí una necesidad de querer estar con él, de perderme en sus brazos, sus caricias y dejar que me elevara a un paraíso sin fin...

Sin embargo, siempre que la necesidad se apoderaba de mí, volteaba a ver a Sofi, el tiempo que llevábamos cuidándola y la razón que nos llevó ahí. La realidad era otra, era incluso más fuerte y dolorosa que la fantasía.


Aww gracias por sus comentarios! :D espero sigan apoyando la causa de la ésta historia xD y dejen review jajajaja... feliz domingo! :D