Me faltó ese no se qué para continuar KG, así que como tengo exámenes y debo estudiar mucho, decidí hacer la continuación de esta historia primero.

No lo dije antes pero lo digo ahora: Yuri significa Lirio y Aoiumi significa Mar azul. Solo me remito a explicarlo por que resulta ser relevante en algunos aspectos, aunque tal vez muy ínfimos más adelante.

Advertencia: Soy cruel, así que es su decisión continuar o no.


*

.

Su corazón latía rápidamente con solo verlo un instante u oír su voz. Las piernas le flaqueaban y un intenso y ardiente sonrojo se posesionaba de ella con solo pensar en él o que hubiere sido mencionado en alguna conversación. Si, lo sabía, estaba enamorada de el como una niña ilusa e inmadura con un amor platónico insospechado por aquel a quien dedicaba sus sentimientos más profundos, más no por los demás, llegando incluso a causarles lástima a todos los que la vieran desmoronarse, desviviéndose por él si era tan lejano de alcanzar como las estrellas en el cielo.

*

Capítulo 4: El sacrificio de lo inalcanzable

Parte uno

REVELACIONES

*

De niña podía jactarse de ser su amiga. Una vez regresó a la aldea después de haber entrenado por años en el exterior, resultó no ser una amiga tan cercana como para que se dedicara a buscarla o preguntar por ella. No lo culpaba, sabía que era distraído… pero él no sabía lo mucho que esa distracción la lastima a ella de manera más horrenda e irreparable si lo consentía y no se permitía superarlo.

Cuando eran niños las cosas podían confundirla, sobretodo por pasar a la pubertad con bastantes cambios notorios en su anatomía, pero al mirar al espejo veía unos ojos ovalados tan extraños y llegando a tachar en lo ridículo y anormal que acabó llorando ante le imagen que el espejo le devolvía. No podía creer que esa fuera ella. No se sentía bonita ni merecedora de Naruto, podía pensar en Sakura, en Ino, o incluso en Ten Ten como en alguien mejor y más bonita que si misma.

Sakura era fuerte y decisiva, alguien con gran talento, sin mencionar sus habilidades curativas al estar siendo entrenada por Tsunade, nada más y nada menos que una de los tres sannin.
Ino por su parte había sido siempre una chica con un encanto natural y una belleza propia de las flores. Era precisa y pecaba de extremadamente social al saber tantas cosas y ser tan adorable y sensual, incluso haciendo que Sakura la envidiara e hiciera sentir menos.

Ten Ten por su parte era perfecta en los ataques. Nadie como ella podría dar en un blanco en situaciones nada probables como Ten Ten, y todo producto de su sangre y sudor.

En cambio ella, ella solo se dedicaba a gimotear su suerte sin hallar paz en ningún lugar del mundo. Permanecía abrazada a sus piernas, con la cara hundida en sus rodillas y los ojos rojos de tanto llorar que nunca se daba cuenta de la realidad ni abría los ojos para mejorar. En vez de ser alentador para ella a mejorar no era más que una vana ilusión que al paso del tiempo se tragó esa mentira asociándola con un sueño que no hacía otra cosa más que desangrarla por dentro, lentamente, disfrutando por darle cada vez más las alas con las que tanto quería volar para después arrancárselas y matarla de un solo golpe.

Si, ese era su plan.

Y era una profecía.

.

-¡Hinata chan!- se estremeció nuevamente con su voz. Volteo confusa y con la vista nublada por los nervios de toparse con el. Un amargo rojo se posó en su cara e incluso algunas gotas de sudor delataron su vergüenza.

-Ho… Hola Naruto kun- saludó ella tan sumisa que ni siquiera le pudo sostener la mirada por mucho tiempo.

Acostumbrado a verla siempre roja acabó volviéndosele costumbre para él ya no preguntar si se encontraba enferma o no. No era que no le importara, simplemente no le importaba tanto como antes. Así de contradictorio era.

-Mmmm…. Oye…- retomó para lo que la llamó -¿Has visto a Sakura chan por aquí?-

Hinata sintió como su corazón se estrujaba de pena, con ambas manos pegadas en el pecho con resignación y sufrir. Incluso temblaba. Pero no podía culparlo siempre a el. Era demasiado obvio y lo reconocía, era una cobarde.

-No…- respondió por fin después de obligarse a lucir como si nada pasara a pesar de que la tristeza de su mirada la delatara. –No la he visto- continuó con todo el dolor del mundo vaciado a su ser por su decisión.

-Ah bueno- dijo él desconsideradamente –Quería preguntarle si quería salir conmigo a comer un poco de ramen en Ichiraku, pero creo que no va a ser posible. En fin, Nos vemos luego Hinata-. Se despidió dejando a la pelinegra con las palabras en la boca sin poder salir. Ni siquiera por educación o por amistad, siquiera compañerismo, le cruzo por la cabeza invitar a Hinata. Y eso la derrumbó.

-Claro…- se dijo entre sollozos al no poder evitar llorar así estuviere en la calle. –No soy lo suficiente para él…- se recriminaba profundamente. Destruyéndose por dentro.

.

*

…No soy digna del clan…

.

…Soy débil…

.

…Nunca caminaré a su lado…

*

.

Fue muriendo en vida con un dolor que ella misma se buscó. Encontró una ilusión tan falsa y a la vez tan cierta, que vivió más del triple de lo que estaba destinada a vivir. Y a sus dieciséis años de vida lucía como toda una mujer, con la madurez y el rostro de una niña todavía.

Todas las heridas internas de su niñez nunca se fueron, sus cicatrices se sentían latir con un fervor mutante y maldito muy dentro de si misma. Pero lo negaba. Cerraba los ojos imaginando estar en un mejor lugar que no fuese el que estaba viviendo. Sin embargo la pequeña niña ingenua seguía aferrada a que por cosas del destino todo cambiaría a su favor. Solo que eso nunca iba a pasar. No como ella lo quería.

Cada vez Naruto y Sakura se veían como más que amigos. Sakura reía al lado del rubio y este se sonrojaba por sus risas. Y ella, Hinata, a un lado, como la muñeca rota y vacía y sin sentimientos que nunca mostraba su verdadera cara ni su verdadero dolor, solo sonreía y les deseaba lo mejor. No paraba de malinterpretar y de rezar entre lágrimas por que por lo menos una vez en su vida pudiera ser feliz. Su amor nació en el aire con cimientos imaginarios que la llevaron muy alto en el cielo, procuraba que no se derrumbara y crecía paulatinamente con cada demostración del Uzumaki, muy raras y escasas, pero ilusionadoras al fin y al cabo para una chica tan propensa como ella.

La debilidad y la fealdad habían sido un regalo para ayudarla a morir. Por que solo en la muerte hallaría paz, pero seguía aferrada a la vida, a un amor inalcanzable, a las mieles de una dicha que nunca probaría, al lecho con pétalos de rosas rojas y livianas luces alrededor que nunca compartiría con quien ella deseaba; por que estaba errónea, por que no quería abrir los ojos a la realidad y no quería rendirse ante la crudeza de la misma. Y seguía mintiéndose, engañando a su corazón y a su mente sin tocar el tema ni siquiera en sus pensamientos.

.

-¿Eres una basura, lo sabías hermana?- escuchó a sus espaldas una voz que con los años se volvió fría y peligrosa para su persona.

-Ha… Hanabi…- volteó –No sabía que… que ya habías llegado…- respondió saludando con una reverencia, acto que encolerizo a la chiquilla de la forma menos pensada.

-¿Qué haces, estúpida?- le dio una patada en la cabeza que Hinata no sintió venir cayendo de bruces contra el piso y llegando a golpearse la cabeza duramente con la pared. Se quejó, obviamente le dolía. –Un Hyuuga nunca se sobaja ante nadie por más respeto que le debamos- se aproximó a ella con unos ojos llenos de odio y rudeza tan grandes para su pequeño ser –Por Dios hermana, eres tan torpe…- sacó un kunai de entre sus ropas para lanzárselo a la cara, a lo cual instintivamente Hinata se cubrió con ambos brazos. Un chasquido metálico la distrajo y entonces vio en la pared de al lado otro kunai que había detenido la trayectoria del primero.

Hanabi masculló inteligiblente para si.

-Dejala en paz- sonó la voz de su salvador. Tragó saliva. Se trataba de su padre, Hiashi Hyuuga.

-Padre… yo…- trató de explicarse ante él Hanabi, pero no la dejo hablar.

-No- la calló autoritariamente aquel hombre de cabellos largos y ojos nefastos para después mirar a su hija mayor con desprecio –No vale la pena- dijo siendo más hiriente con esas palabras que lo que el kunai le pudiera haberlo hecho llegandole a la cara.

Abrió los ojos a todo lo que daban y lo vio marcharse avergonzado de ella y su debilidad. Y es que era cierto, por mucho que se esforzara, por mucho que tratara de mejorar con todo lo que entrenó en esos años en que en silencio respetó la promesa que le hizo a Naruto cuando lo veía marcharse, había avanzado mucho, pero no estaba al nivel de los demás.

Era solo una carga incluso para su equipo.

Las misiones que tuvo con respecto a Akatsuki u otros enemigos y villanos no fueron la excepción, atrapada en cristal, como rehén, como carnada, de la forma que fuese acababa siendo una carga y una desilusión. Kiba y Shino no lo decían por que era su amiga, pero muy dentro de si sabían lo que Hinata representaba para ellos haciéndolos quedar mal a pesar de ser el mejor equipo de búsqueda y rastreo de la aldea, bajo mando de Kurenai Yuhi.

Todas las noches escapaba de su tormento en las fuentes de agua cercanas. Con la luna reflejada en el agua junto a las estrellas. Despojada de inhibición y pudor. Solo ella, ella y su solitaria alma que guardaba tantos secretos profundos como peligroso. Y no lo sabía.

Pero cada mañana era igual, una agonía por vivir de nuevo la tortura de su existencia, el odio de su familia hacia su debilidad, hacia su patético ser. El entrenamiento que la cansaba y no rendía frutos. El desanhelo e ilusión de Naruto.

.

Y todo lo que no se contaba.

.

*

-Esto no puede seguir así- golpeó con el puño el tronco del árbol donde estaba recargado un chico de cabello café bajando su brazo. Al lado un perro de gran tamaño solo gemía por la indiscreción de su amo.

-Trata de calmar tu furia Kiba- le aconsejaba un chico de ropa holgada cubriendo por completo su identidad además de unas negras gafas ocultando celosamente sus ojos. Era todo un misterio su fisonomía así como la sabiduría que emanaba de él. Pero el otro chico no sobrellevaba tan bien las cosas como Shino lo hacía.

-No trates de justificarla esta vez. Se equivocó y eso pudo habernos costado la vida- replicó con enfado. Si bien antes había procurado con espina a Hinata, ahora solo sentía lealtad por ella apenas dócil, pero ya no tolerante. Estaba fastidiado.

-Kiba- trató de hacer que se detuviera.

-No Shino. Ya no más. Hinata esta cada vez peor, si no mejora nos arrastrara con ella al fracaso como lo ha estado haciendo…-

-¡Kiba!- volvió a callarlo alzando la voz. Con solo mover su cabeza hacia el lo dejo en completo estado de mutismo. –Cierra la boca de una buena vez- emitió él sin zozobra. Kiba quiso objetarle, pero en aquel momento se percató de que en un árbol cercano, recargada y a penas visible, se encontraba Hinata, habiéndolo escuchado todo.

-Maldición…- espetó hosco sabiendo el enorme desliz que acababa de cometer al hablar de más y en voz alta sin fijarse. Shino solo bajó la mirada mientras el castaño perseguía a la Hyuuga con exaltación. -¡Hinata! ¡Hinata!- corría tras ella, esta estaba llorando, pero no lo demostraba -¡Para, te digo!... ¡Hinata!- la alcanzó tratando de hacer que se volteara, pero ella solo trató de soltarse de su agarre. –Hinata, escúchame, lo que dije…-

-Tienes razón- lo interrumpió ella dejándolo en tal estado de shock que aflojó su mano pudiendo liberarse de él. –He sido yo la que ha causado nuestras últimas derrotas y fracasos en las misiones- confesó aún de espaldas.

-Hinata…- murmuró con extrañeza Kiba junto a Akamaru.

-Esta bien- volteó por fin con los ojos cerrados y saliendo de estos ríos de saladas lágrimas sin control. –Te prometo que voy a mejorar.- le sonrió tristemente para después correr y alejarse a toda velocidad.

-¡Hinata!- cayó de nueva cuenta en su idiotez. Trató de ir por ella, pero su compañero canino lo detuvo jalando con sus colmillos la ropa de su dueño.

Incluso Akamaru resultaba más sensible que él.

.

Por las calles, sintiendo la traición desplazarse por su cuerpo invadiéndola con su gélida verdad, corría la hija semimortal de un Dios enviada a sufrir para morir pronto aún renuente a dejar de vivir. Aferrada a lo que no podía ser nunca.

Una desauseada sin sentido ni razón de vivir más que un ridículo amor hacia quien no notaba su existencia ni un poco más de cómo a ella le gustaría que fuera.

Y de nuevo acuchillando, cortando más profundo en las heridas que ella misma se había hecho. Estaba tan cegada que no veía más allá a las personas que si la querían. Las que la apreciaban. Muy pocas, y las cuales se podían contar con una sola mano, pero cada vez más lejos, mas lejanos en la distancia.

La paz de Shino. La confianza de Kiba. Kurenai procurándola. La amistad de su primo. La alegría de Ino y Sakura. Las palabras y admiración hacia Naruto y su contagiador entusiasmo.

Todo. Absolutamente todo, se estaba desvaneciendo como su aliento en el frio de la soledad.

.

La llama no tardaría en extinguirse.

.

Y entonces llegó el día en que por fin pudo confesar aquel amor que tanto tiempo se guardo en si misma con todas las cadenas imaginablemente posibles.

*

.

*

Akatsuki penetró en la aldea y Sakura acabó yendo por Naruto al estar Konoha casi totalmente destruida. Los dioses veían desde sus respectivos sitios celestiales la caída de un imperio potencia en el mundo ninja. El poderoso país del Fuego.

Pero ese Jinchuuriki, poseedor del zorro de las nueve colas acabó enfrentándose a Pein, uno de los más peligrosos miembros de Akatsuki, cuando en un momento de distracción acabó bajo el pie de este a punto de ser llevado.

Pein había tenido el mismo maestro que Naruto, sus distintas formas de pensar habían sido muy diferentes conforme los dos asumieron esa filosofía que les legó, pero ahora uno de ellos iba a caer, y ese era Naruto.

-Dices que mi paz es una mentira- lo veía desde arriba al tenerlo clavado en el piso por las manos con altos aires de sus palabras. –Pero en este mundo corrupto, la idea de paz donde todos se lleven como hermanos no es más que una fantasía-

A Narutó le llegó el recuerdo de su maestro fuertemente.

"Yo creo que algún día las personas podrán entenderse entre ellas"

.

-¡Te equivocas!- gritó furioso ¿Cómo era que él hablara con esas palabras habiendo sido Jiraya también su maestro? -¡¡El viejo pervertido creía que llegaría el día en que las personas llegaran a entenderse!!-

-Todo lo que haces es hablar…- sacó de su túnica otra espada -¿Cómo dices eso sin tener pruebas?- sostuvo el arma preparándose para clavarla en el rubio –Lo único que puedes hacer es darme el Kyubi- amenazó con el filo negro a Naruto. –Ya te lo dije, tu muerte nos traerá paz-

.

-Naruto-

Veía Hinata desde una distancia considerable lo que ocurría con su Byakugan activado. La preocupación la había invadido por completo.

.

Una tras otra fue clavando más espadas en el cuerpo del Uzumaki..

-Las heridas no son profundas- decía –Así ya no podrás moverte- explicaba.

-¡Resiste ahí muchacho! ¡No escuches lo que el dice!- gritaba una rana con una túnica a unos metros de ellos algo histérica. -¡¡Tu eres el niño de la profecía!! ¡No puedes perder!- a un lado yacía el cuerpo de Pa en un charco de sangre -¡Jiraya y Pa dieron sus vidas por ti! ¡No te perdonaré si te rindes!- le amenazó pero antes de que pudiera seguir fue atacada por Pein sin dudarlo.

-Rana molesta- dijo él.

-¡Maldito bastardo!- gritó Naruto desde el piso, pero Pein solo respondió:

-Es hora de irnos…-

*

Una figura salió de la nada habiéndose movido a gran velocidad hasta allá. Los dos la miraron, a pesar de su fortaleza no era nada para ambos. A lo lejos un hombre de su clan maldecía no haber sido capaz de detenerla.

Un agujero apareció en la zona donde Hinata había lanzado su ataque, el lugar de donde Pein se movio rápidamente para evitarlo.

-Refuerzos, eh?- la veía sin mucho afán, con su rostro igual de inmutable de siempre.

Aquella determinación no era de Hinata, no del cuerpo de aquella humana, pero si de su corazón. Sus ojos nunca habían brillado tanto como esa vez. Con franqueza y valentía.

-No te dejaré que le pongas otro dedo encima a Naruto- advirtió con filosas palabras.

-¡Hinata! ¡¿Qué haces aquí?!- se preocupó Naruto molesto -¡Vete! ¡No eres rival para el!- le gritó como orden.

-Ya lo sé- respondió ella. Narutó desorbitó los ojos al escucharla.

Por primera vez aquella amiga lejana y a la vez tan cercana al corazón que tenía, estaba ganándose toda su atención en esos angustiantes momentos. Sus acciones lo dejaban sin habla, y el viento mecía su lacia cabellera negra en el aire mientras ella le dirigía su mirada a Pein a pesar de estar escuchando a Naruto.

Tenía un nudo en la garganta.

-Solo estoy siendo egoísta- incluso en esos momentos se encontraba frágil ante sus descubiertos sentimientos por el.

-¿De que hablas?- gritó de nuevo -¡¿Que crees que haces?! ¡Es peligroso!-

Naruto también sabía de su debilidad, pero no era ella. No más.

Izanagi estaba pendiente de su muerte así como los océanos se alebrestaron por lo que pasaba.

-Junsuinatsuki…-

Murmuraban las olas.

*

Tenía que morir ese día. Debía acabar su vida.

*

Esa era la profecía de la Luz de Luna

*

-Estoy aquí por mi propia voluntad- activo el byakugan sosteníendole la mirada a Pein. Naruto se sintió asolado por lo que le dijo a continuación –Solía llorar y rendirme fácilmente… me fui por el mal camino- comenzó a decir ante un atónito Naruto –Pero tu… tú me mostraste el camino correcto…- se mordió el labio inferior sabiendo que su esfuerzo, a pesar de ser grande, no había dado tantos resultados como había esperado de su convicción.

Y ahí estaba, peleando por el. Por que había descubierto lo que todo ese cariño, respeto y admiración por Naruto se había convertido.

-Siempre estuve detrás de ti… quería ser como tu…- sonaba la dulce voz de Hinata con el aire aún arremolinando su cabello. –Quería caminar junto a ti… Quería estar con tigo…-

El Uzumaki no podía creer lo que estaba escuchando.

-Tu me cambiaste. Tu sonrisa me salvó- visualizó sus mejores momentos en la niñez cuando podían sostener más largas charlas, antes de que Sasuke captara toda la tención del rubio. Hinata no podía dejar de darle ánimos, pero hasta ese momento no se había descubierto en él lo que significa Hinata en su vida.

Y no lo haría hasta después al descubrir sus verdaderos sentimientos.

.

-Por eso no tengo miedo a morir por protegerte…-

Ahí estaban, las últimas palabras de su vida según los dioses…

*

Por que yo…

.

te amo…

*

Una última mirada, un último desconcierto por parte de Naruto ante la confesión que acababa de recibir de Hinata, y ella se lanzó a atacar a Pein. Derrotada a los pocos segundos de haber empezado.

Su grito final sonó por la tierra y el polvo levantado hasta Naruto. Sus ojos abiertos y perdidos, sin luz. Su sangre. Y Pein a un lado con una espada en la mano, antes de volver a ver al rubio con indiferencia.

No podía estar más lleno de ira que en esos momentos.

-¡¡Detente!!- gritó él. Pero la espada atravesó su cuerpo con un solo movimiento.

Los padres de Pein habían sido asesinados de una forma muy parecida a como estaba matando a Hinata. Pein, Nagato, había visto a su mejor amigo caer ante manos de un ninja de la aldea. Los odiaba.

-El amor alimenta al sacrificio- sacó la espada con la sangre de Hinata fluyendo por el filo –Y el sacrificio alimenta a su vez el odio.

Los ojos de Naruto comenzaron a cambiar, su chakra se liberó como nunca antes con una explosión inmensa.

-Entonces conocerás el dolor…-

Su ira era la más grande que podría tener en la vida.

-¿Tu me odias?-

Un exosqueleto apareció sobre él con seis colas liberadas. El collar que le había dado Tsunade se lo tuvo que quitar arrancándolo de su pecho. Pein sería destruido a pesar de su fuerza, así que Nagato se vió obligado a usar, esa técnica…

•Chibaku Tensei•

Peligrosa y Prohibida.

Una esfera de energía negra apareció de sus manos lanzándola a Naruto desatado de furia. La esquivó, pero esta comenzó a atraer toda la tierra que podía, casi como un magneto de descomunal atracción. Los árboles, todo lo cercano estorbaba, la tierra era llamada creándose en el cielo una gigantesca masa. Estaba por vapulear a Naruto por su increíble tamaño. Incluso Konan, al lado de Nagato, lo consideró demasiado grande.

El Kyubi aprovechó su oportunidad en medio del dolor de Naruto.

Era insoportable tanta confusión y desesperanza.

.

Destruye

*

Estaba perdido

*

DESTRUYE

.

Comenzó a decir el Kyubi en su interior.

Cada vez más se parecía al zorro de las nueve colas saliendo de la masa de tierra.

-Retira el sello- ordenó teniendo a Naruto bajo su influencia. Lo iba a quitar. Era el fin.

.

Pero entonces un hombre apareció -el único que podría detenerlo- llevándose lejos a Naruto.

-¿Cuarto Hokage?- lo reconoció.

-Cree el sello para que al liberarse ocho colas yo apareciese en tu mente... Esperaba que esto nunca ocurriese.- le hablaba -Esperaba no volver a verte Kyubi…- Naruto estaba sin aliento. –Pero también esperaba ver como ha crecido mi hijo… aún en una situación como esta…-

.

Izanagi esperaba pacientemente mientras Hinata agonizaba. Junsuinatsuki debía aparecer.

.

Yondaime había encerrado al Kyubi en el cuerpo de su hijo con un jutsu que le quito la vida condenando su vida al ser consumida su alma por el dios de la muerte eternamente, abajo, en la tenebrosa tierra de los muertos donde Izanami gobernaba.

Era inevitable la felicidad de Naruto al confesarle el cuarto que era su padre, pero también el enojo por haber encerrado al zorro de las nueve colas en él.

Lo cierto era que mientras Minato le explicaba a su hijo el por que las cosas comenzaron a hilarse. Los minutos de Hinata estaban contados...

.

-Hace diesciseis años descubrí algo…- pidió perdón a Naruto antes de explicar el peligro que corría la vida en la tierra –Alguien estaba controlando al Kyuubi desde las sombras. Era un ninja poderoso, poseía habilidades únicas…-.

-¿Quien?-

.

-No lo sé, pero era de Akatsuki...-

*

Madara

Akatsuki. La Luna roja, todo esta relacionado con la luna. Dentro de esta se encontraba el cuerpo del primer demonio que mandó Izanami a la tierra y que Rikodou Sennin había ocultado en ella su cuerpo con el Chibaku Tensei después de dividir su chakra en los nueve biju al morir.

Tsukiyomi se lo permitió, pues al mismo tiempo tenía planes para la llave de esta prisión. La llave que podría sacar al cuerpo del demonio de las entrañas de la luna reposaba en el cuerpo de su hija junto a su poder.

Junsuinatsuki era esa llave, y por eso debía morir para subir con su padre. El que estuviere en la tierra era demasiado peligroso y tentador.

*

Izanami protegía a Madara. Quería llegar a Sasuke. Pero a su vez Madara quería matar a Sasuke para ser quien gobernara las sombras y al demonio formado de todos los Biju así como lo hiciere Rikodou Sennin en el pasado.

*

.

*

Pero Hinata no murió. Su alma volvió…

Su primo y equipo llegaron a tiempo, y Sakura curó sus heridas por muy herida que estuviese.

.

Es una lástima decir que ella sería la causante de la muerte de esta en un futuro…

*

Nagato calló ante Naruto y Konan se llevó tanto su cuerpo como el de Pein. Finalmente había regresado al camino de Jiraya. Controlando parte de la muerte como regalo del poder que una vez Izanami soltó sobre la tierra para tratar de fastidiar a Izanagi, Nagató regresó las almas de todos a los que habia matado. Incluyendo la de Kakashi claro está.

.

Izanami estaba furiosa. Todo había salido mal, ni tenían al zorro de nuevo colas ni había muerto Hinata. Iba a destrozara Nagato en cuanto bajara al infierno.

Sin embargo, con el alma renovada, Izanagi se lo llevó al cielo.

*

.

*

Vagó por días, Konoha fue reconstruida.

Pero Hinata caminaba sin rumbo perdida en su letargo de autocompadecimiento silencioso.

.

Naruto no habló con ella a pesar de haberle confesado sus sentimientos.

*

Y se daría cuenta de ellos demasiado tarde...

*

.

Continuará...