Traficantes de Sexo
Advertencias
Esta novela corta pertenece a la Lorie O'Clare, solo lo adapto a los personajes de Twilight. Twilight pertenece a S. Meyer, por tanto el nombre de los personajes en esta adaptación también. NADA DE ESTO ME PERTENECE, POR TANTO NO HABRAN CONTINUACIONES.
(Si alguien más lleva o llevo la adaptación de esta novela, le pido encarecidamente que no arme una trifulca y mejor me envíe un correo)
[Si no les gusta, no es mi problema no armen líos, me estreso fácil]
{Contenido adulto, ¡es M de por dios!, si no son lo suficiente maduras como para llevar algo así, no lean, no es de mi interés su madurez mental y no estoy para soportar dramas}
La cuenta de GN, las reglas de GN…
-Sean bienvenidas, espero hayan leído lo anterior-
- Empieza la Historia -
Capítulo 3
Los gritos de Bella llenaron la sala, haciendo eco en el pasillo. El terror y el shock tardarían un tiempo en disminuir pero por el momento, Edward no podía hacer nada al respecto. Ella no salió herida. Era lo único que importaba. Y si los dioses estaban de acuerdo, ahora era suya.
Sólo había una pequeña cuestión que tratar en primer lugar.
El Bortan era demasiado pesado como para arrastrarlo. Pero Edward no permitiría que encontraran su cuerpo masacrado dentro de la propiedad de Bella. Mejor que su gente le descubriera más tarde al aire libre. Muerto en combate. Los Bortan de esa manera no podrían relacionarlo con Bella para vengarse.
—No puedes dejarme aquí. —Bella parecía presa del pánico—. ¿Dónde vas?
Ella continuó gritándole mientras arrastró al Bortan muerto fuera, hacia los árboles. El humo espeso corría por el campo, la casa principal no era más que una base humeante por lo que se apreciaba. Las llamas se habían ido, el suelo resplandecía rojo por debajo de la negra niebla.
Un sangriento sendero, por donde había arrastrado al Bortan fuera de la casa, le llevó de regreso a Bella.
—No tengo intención de dejarte. —Él miró a su alrededor, descubriendo un lavabo, agradecido al ver que parecía estar en funcionamiento.
— ¿Qué estás haciendo? —Ella parecía más tranquila, a pesar de que oía la inquietud en su voz. No confiaba en él.
—Tienes sangre del Bortan salpicada por todo tu cuerpo. —Abrió los armarios y sacó varios cajones hasta que encontró lo que estaba buscando—. No podemos irnos de esa manera, contigo así.
—Está bien. Suéltame. Me puedo limpiar.
Él se aseguró de que el láser estuviera listo para disparar, no convencido de que ella se mantuviera tranquila por mucho tiempo. Pero por el momento ellos estaban solos, y tenía toda la intención de aprovecharse de eso. Dejó correr el agua sobre un paño antes de exprimirlo. La sangre hincho su pene, con un dolor insoportable. Pero ya no era un niño. Edward sabía cómo contenerse. No importaba si su polla se hinchaba con la suficiente intensidad como para hacer que fuera difícil pensar con claridad.
—Te acabo de salvar de un destino peor que la muerte. —Él miró cómo sus ojos se abrían al darse cuenta del paño húmedo en su mano—. Creo que me merezco los honores.
—No eres mejor que el Bortan, Edward de Carlisle. —Ella giró la cabeza hacia la pared, negándose a mirarlo.
— ¿Ah, sí? —Tenía la intención de disfrutar de esto—. Estoy seguro que si te dejo aquí el tiempo suficiente, más Bortan aparecerán.
Ella giró la cabeza lo suficientemente rápido como para que las hebras largas y sedosas de su pelo se quedaran en su cara. Él nunca había conocido un pelo que se deslizara entre sus dedos como lo hacía el de ella. Lo miró, la ira haciendo que sus elegantes pómulos se pusieran rojos, mientras él movía el pelo fuera de su cara.
—No te atrevas a abandonarme de esta manera.
Él no podía dejar de sonreír. Sabía malditamente bien que no la iba a abandonar.
Ella se estremeció cuando deslizó el paño húmedo sobre su brazo, lavando las salpicaduras de sangre de su piel.
—Tus tatuajes son increíbles. —Sabía que el deseo se escuchaba en su voz, pero ver cómo se endurecían sus pezones como piedras marrones, había hecho que su polla ardiera de necesidad. Ella no respondió. Forzó toda su atención a su cara, moviendo la tela por su delgado cuello, por debajo de la línea de su fuerte mandíbula. Sus ojos permanecían cerrados, con las pestañas largas extendidas sobre sus elegantes mejillas sonrosadas.
Hacer esto fue más difícil de lo que pensaba. Su polla sobresalía contra sus pantalones, mientras que la sangre corría a través de él, elevando su temperatura corporal. Estaba casi mareado por el increíble impulso que se apoderó de él para follarla.
Necesitaba aire fresco. Necesitaba a Bella.
Y ella parecía haberse desconectado, cerrando sus ojos, relajando las manos contra los enlaces que la sostenían. Sus pezones se arrugaron tentadoramente, volviéndolo loco. Quería creer que era una señal de que su toque la había excitado, pero no podía negar que pudiera tener simplemente frío por la humedad de la tela. Esa idea no le sentaba bien. Bella tenía que saber que se preocupaba por ella. Había soñado muchas noches con ella desde su juventud. Su belleza, su fuerza, su habilidad para mantener su dignidad atada como una esclava. Cada pedacito de ella le gustaba.
— ¿Soy tan repulsivo? —agarró un paño fresco asegurándose de que el agua estuviera más caliente esta vez.
Ninguna mujer lo había negado antes. La mayoría de ellas suplicaba por su atención. Sin embargo, ninguna le había capturado nunca. No como lo hacía Bella. Su negativa a reaccionar ante sus atenciones había quemado a través de él como una fiebre, dejando mal sabor. Era inaceptable. Tenía que ver su deseo, saber que deseaba conservarla, ella tenía que admitirlo.
Ella tragó, mordiéndose el labio inferior, pero sus ojos permanecían cerrados y seguía quieta.
Esta vez él cogió el paño, casi caliente por el agua y le frotó el estómago. Ella jadeó, haciendo que su cerebro hirviera, el calor surgiendo a través de él. Le temblaban las manos en un esfuerzo por controlarse a sí mismo. Si no tenía cuidado, haría un tonto de sí mismo, corriéndose en sus pantalones.
Su estómago y piernas no estaban tatuados. Tenía viñas y flores, intrincadas y retorcidas a través de sus brazos, sobre sus hombros y cruzando por sus pechos, fluyendo por encima de sus caderas hasta su parte trasera. La mayoría de las mujeres de buena cultura estaban adornadas con intrincados dibujos de tinta en su piel. Sin embargo, Bella hacía de los dibujos una obra de arte.
— ¿Sabes lo bonita que eres? —apenas le susurró.
Hablar lo distraía de las demandas que su cuerpo imponía a su cerebro, pero necesitaba distraerse para mantener la concentración. Si no lo hacía, la violaría. Sin embargo, no la violaría. Necesitaba que ella le quisiera tanto como él la deseaba. Si ella le negaba, no sería capaz de vivir a través de eso.
Pero ella sonrió. Estaba seguro de eso. Sus labios se movieron hacia arriba lo suficiente como para demostrar que no se había desconectado del todo.
Las salpicaduras de sangre habían desaparecido de su cuerpo, pero aclaró un paño más, haciendo que el agua casi quemara. Volviendo a estar lo suficientemente cerca como para sentir su aliento, movió el paño húmedo sobre un pecho.
—Edward. —Ella gritó maravillosamente su nombre, convulsionando su cuerpo, apretando en puños sus manos.
Pasó el paño sobre el otro pecho. Ella tomó aire, con la respiración entrecortada. Si no daba algo de espacio a su polla en sus pantalones, sabía que se iba a hacer daño permanentemente en la parte más preciada de su cuerpo.
Pero no la iba a tomar a la fuerza. Ella lo quería y si jugaba bien sus cartas, admitiría este deseo. Pasó un dedo por encima del pezón, sin poder detenerse. Lo pensamientos de cómo persuadirla fluían a través de él, pero todos eran temas de seducción. Cualquier mujer podía sucumbir a su deseo si se convencía lo suficiente.
Pero quería que Bella estuviera contenta de haberle follado después del acto, y no arrepentida
— ¿Todavía estás asustada? —Quería saber sus pensamientos, tenía que saber lo que se agitaba más allá de esas pestañas revoloteando, de esa respiración temblorosa.
Ella le sostuvo la mirada, con sus ojos grises moviéndose por la emoción. Abrió la boca para hablar, pero luego volvió a cerrarla, frunciendo los labios en una mueca deliciosa. Lo que daría por sentir esos gruesos labios envueltos alrededor de su polla.
— ¿Me harás daño?
Casi no la oyó, hablaba en voz muy baja. Él negó con la cabeza, sorprendida por su pregunta.
—No. —Si tenía algo que decir al respecto, nunca experimentaría dolor otra vez.
—Entonces no te tengo miedo. —Sus pestañas revolotearon sobre esos hermosos ojos, y en un instante se dio cuenta de lo que pasaba.
Quería decirle que las familias de los dos estaban muertas, que todos los tratados y las leyes que les impedían estar juntos ya no existían. Todo lo que quedaba eran ellos dos, libres para crear su propio camino. Pero decirle estas cosas sería manipular sus decisiones. Bella tenía que decidir que le deseaba.
El paño aterrizó en el fregadero. No quería que le impidiera tocarla por más tiempo. Su piel era como la seda, decorado con colores muy vivos. Quería mirar cada parte de ella al mismo tiempo, explorar todo lo que tenía que ofrecer con un solo toque. La sangre corrió a través de él, al igual que lo hicieron sus pensamientos, sus ansias por intensificar el momento en el que estaba enfrente de ella.
—El Bortan te probó. —Sus caderas se movieron mientras él se centraba en su coño afeitado—. Vi lo que te hizo.
Su respiración se hizo más lenta, inhalando profundamente. Ella anticipaba lo que iba a hacer. No había pánico en su expresión. A pesar de que sus ojos permanecían cerrados, de nuevo, ya no creía que fuera para bloquearle.
Edward se arrodilló, inhalando el olor espeso de su crema. El aroma le volvió loco de necesidad. Líquido preseminal empapó la punta de su polla y le tomó más fuerza de la que creía tener el moverse lentamente. Las piernas de ella temblaban, extendidas, sin poder cerrarlas mientras estuviera unida a la pared, permitiendo que pudiera tocarla, saborearla libremente.
—Te prometo, que ningún Bortan va a tocarte aquí de nuevo. —Pasó un dedo por la abertura de su coño, dejando que la humedad se filtrara de su pequeño agujero, empapando su dedo.
Los músculos de sus piernas se hicieron más definidos, con su cuerpo tensándose mientras sus caderas se empujaban hacia él. Así es como la quería, ansiando su toque, haciendo todo lo posible por animarle a continuar.
Deslizó su dedo a través de su calor, la humedad calentado su piel. Su coño se apretaba alrededor de él, la entrada más estrecha de lo que había previsto. Tal vez los rumores de todos los hombres a los que se había follado no eran ciertos. Estaba condenadamente apretada. Por primera vez se preguntó si era virgen. Él sería el hombre más feliz de este planeta si eso fuera cierto. Después de todo lo que había perdido ese día, saber que ella no se había entregado nunca a otro hombre, sería una luz cálida en medio de este terror.
Bella gimió de manera muy adorable cuando sacó el dedo de su coño. La rica crema que lo mojaba sabía cómo el néctar, un regalo de los dioses. Tal vez se le ofrecía en compensación por la pérdida de todo a manos de los Bortan.
—Nunca he probado nada tan maravilloso. —Miró hacia arriba y la pillo observándolo, con su boca formando un adorable círculo apretado.
Continuó mirándola, rezando por mantener cautiva su mirada, mientras movía la boca a su coño. Ella no miraba hacia otro lado cuando su boca se cubrió con su calor, sintiendo su crema empapar sus labios. Podía pasar horas allí. Pero su tiempo era precioso. Y ahora tenía que escuchar lo que vio en su expresión.
— ¿Soy tan repulsivo? —volvió a preguntarle.
Por unos minutos me pase del día de publicación, lo siento.
Las quiere,
GN
GN
