Ninguno de los personajes en esta historia me pertenece.
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Experimento aleatorio
La noche de Izuku Midoriya
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—¿Qué sucede, Joven Midoriya? —preguntó All Might.
Se hallaban sentados en su despacho terminando de tomar el té. Desde que el mayor perdiera sus poderes esas reuniones, antes secretas, se habían convertido en algo ocasional y poco frecuente que mantenían por el simple gusto de la rutina y comodidad. Para no perder la relación entre maestro y alumno que los entrenamientos físicos no les daban el tiempo a fortalecer. All Might quería saber cómo iban las clases de Izuku, cómo se sentía, cómo había estado su día, y quería saberlo de boca del propio joven. Izuku quería escuchar los consejos de All Might y aprender de cerca a ser como él: no solo un gran héroe, también una gran persona.
Izuku le miró contrariado por encima de su taza de té. El hombre había preguntado aquello al notar que algo lo mantenía abstraído pero era evidente por el modo en que debía el contenido de su taza sin prestarle demasiada atención que comprendía que no eran asuntos de gravedad. Izuku sopesó la idea de preguntarle si alguna vez había realizado una fiesta durante su adolescencia pero, aunque le encantaría conocer más sobre la vida personal de su ídolo, no confiaba en su habilidad para mentir y temía que sus intenciones resultaran obvias. ¿Qué dirían los demás si una simple pregunta de Izuku arruinaba los planes de todos?
Además… una parte de él —aquella que había comenzado a ver al héroe como más que un maestro, sino un confidente, un amigo con la sabiduría para guiarlo en la vida— en realidad no quería conocer la opinión de All Might al respecto. Ninguna respuesta, entusiasta o juzgadora, era buena en su imaginación.
—Uhm… ¿nada? —All Might bajó su taza y se quedó mirándole a la espera de la verdad, poniendo nervioso a Izuku—. Ah, ya sabes… cosas de la adolescencia… —Finalizó con una risita patética.
All Might alzó las cejas con una expresión encantada.
—Ya veo, ya veo. Bueno, sabes que puedes preguntarme lo que sea. ¿Quién es la jovencita?
—¡No, no! ¡No es esa clase de cosas! —Negó con prisa.
De algún modo aquello era peor.
—No tienes de qué apenarte, ¡es normal! Si hay algo que no te atreves a preguntarles a tus padres, no dudes en venir conmigo. —Sonrió abiertamente.
Izuku continuaba con las mejillas rojas cuando abandonó la oficina de All Might. Sin importar qué, esos eran temas que definitivamente no quería conversar con su ídolo. Ahora libre de su rutina escolar y su momento de intercambio con All Might, recurrió a su única salvación: internet.
El problema era que no tenía idea de cómo buscarlo.
Los resultados eran ambiguos y poco útiles, en ocasiones rayando en lo ridículo. Había opciones que no le resultaron agradables o de pleno las consideró poco adecuadas. Si buscaba "juegos para fiesta" lo que conseguía eran un montón de sugerencias para fiestas de niños: globos, payasos, inflables. Si buscaba "juegos para fiesta – adultos" lo que conseguía eran un montón de sugerencias sexuales acompañadas por imágenes explicitas que volvieron a calentarle el rostro. Corroboró que nadie hubiera presenciado ese resultado ocultando el teléfono contra su pecho. Por fortuna, la sala estaba vacía a excepción de él. Volvió a centrar su atención en el teléfono y en el buscador escribió: "juegos para fiesta de adolescentes", consiguiendo está vez que la pantalla enseñara juegos de piscina y toros mecánicos con un factor en común: en todos había alcohol y chicas desnudas sonriendo con rostros sonrojados por la bebida.
Soltó un gruñido de exasperación, cerró la página y se recostó contra el respaldo del sillón cerrando los ojos. Eso estaba resultando un fracaso.
Una risita a su espalda causó que girase sobresaltado.
Allí de pie, recargándose cada uno contra una pared paralela, estaban Kaminari y Mineta con idénticas sonrisas altaneras y poses petulantes.
—¿C-Cuánto tiempo llevan ahí? —exclamó Izuku.
Literalmente acababa de comprobar que estaba solo, ¿de dónde habían salido esos dos? ¿Acaso estaban escondidos?
—Oh, ingenuo e inexperto Midoriya —dijo Kaminari, ignorándolo.
—Taaan tonto —agregó Mineta—. Tal como creímos: no tienes idea de nada, ¿cierto?
—Yo…
—¡Admítelo! No sabes qué hacer para la fiesta, ¿no?
Izuku desvió la mirada apenado.
—Bueno… eh…
—¡Gah, lo sabía! —gritó Mineta aferrándose la cabeza—. ¡Qué desperdicio de oportunidad! ¿Cómo pudieron creer que darte este trabajo a ti era una buena idea?
Izuku no podía sentirse ofendido porque sabía que era verdad. Kaminari mantuvo la calma, asintiendo con aire arrogante.
—Por suerte para ti vinimos a ayudarte.
—¿Eh? Pero, ¿qué hay de lo que ustedes deben hacer? —preguntó mientras los chicos tomaban asiento uno a cada lado del sillón.
Mineta realizó una mueca de fastidio.
—¿Bromeas? ¿La iluminación? Eso es una tontería, y hasta es el día de la fiesta no tenemos nada que hacer.
—Exacto. Además, Sero ya probó el cambio de luces y decidió en qué intensidad colocarlas.
—¡Sí! Básicamente no tuvimos que hacer nada.
—Creo que nos dieron ese trabajo para que no arruinemos la noche —finalizó Kaminari colocando las manos tras su nuca.
Izuku alternó la mirada entre cada uno y solo habló cuando estuvo seguro que habían terminado su relato.
—Entiendo… ¿y tienen idea de qué actividades podemos hacer?
Ambos chicos se inclinaron hacia adelante con entusiasmo.
—¡Claro que sí!
—Primero dinos: ¿ya pensaste en algo?
—Aún no… —Se rascó la cabeza, apenado.
Una vez más, sus compañeros soltaron gruñidos al mismo tiempo. En verdad estaban coordinados. Iida había dicho una vez que mientras más tiempo pasa una persona con otra, más se mimetizan sus personalidades y carácter. Ellos dos eran una buena prueba de eso.
—Ugh, Midoriya, eres taaaan inocente.
—¡Cielos, sí! ¡Qué bueno que estamos aquí para ayudarte!
—Ah, sí, ¡gracias! —se apresuró en decir, reconociendo que tenían la razón.
—Muy bien, toma nota.
Izuku se inclinó hacia delante para recoger el cuaderno y la lapicera que había traído consigo para anotar las cosas que encontrara en internet. Vaya ayuda le había sido. Dejó el teléfono en su lugar y volvió a reclinarse contra el asiento listo para apuntar lo que los otros dijeran.
—Para empezar, un clásico: ¡verdad o reto! —dijo Kaminari.
—¿Verdad o reto? ¿Eso aún se juega?
Obviamente Izuku conocía aquel juego pero no lo creía adecuado para chicos de su edad. ¿No era muy infantil? ¿Los demás no lo verían como un juego que solo causaría problemas? Confesar verdades incómodas o aceptar desafíos peligrosos o vergonzosos… no había forma de que eso terminara bien. Pero sus compañeros se golpearon la frente como si Izuku fuera denso.
—Ah, Midoriya, ¿qué vamos a hacer contigo?
—¿En verdad no entiendes nada, eh?
—Todos adoran este juego, y no está en la lista porque sí. El jugador debe aceptar una de las condiciones o hacer fondo blanco. Si cumple con su elección el resto del grupo será quien beba.
—¿Fondo blanco…? —repitió Izuku pausando en su escritura para presentar su duda.
Los otros dos parpadearon un momento hasta que comprendieron. Realizaron idénticas expresiones de incredulidad.
—¿¡En serio no lo sabes!?
—¡Midoriyaaaa! ¿Cómo diablos es que le gustas a tanta gente con esa inocencia?
Le explicaron que era beber el contenido alcohólico de un solo trago. Izuku anotó y asintió con vergüenza, no solo por su ignorancia y por cómo lo trataban (como si fuera un niño) sino también por la afirmación de Mineta. Que él supiera, nunca nadie se había fijado en su persona más que por simple amistad.
—Tenemos que poner un "Beer-Pong*", ese nunca falla.
—Y no olvides "Yo Nunca".
—También debemos jugar a la "Botellita".
—Otro clásico.
—Oigan, ese sí que no… —repuso Izuku—. No creo que alguien quiera jugar a eso.
Mineta inspiró profundo como si estuviera intentando controlarse.
—Midoriya… ¿no entiendes que todo está fríamente calculado? Estos juegos tienen un orden y un propósito.
—Así es. Primero se comienza con los juegos dinámicos y cuando todos estén relajados y… en armonía con el ambiente, es cuando se presentan los juegos más agresivos.
Ambos chicos soltaron risitas graves y lascivas que Izuku no supo interpretar; aunque sabía que cosas raras pasaban por las mentes de esos dos, él carecía del nivel de perversión necesario para entender lo que podrían haber imaginado. Decidió aceptar lo que los chicos dijeran sin cuestionamientos. Después de todo, ambos tenían más experiencia que él en cada sentido pertinente a la fiesta. Mineta conocía muchos juegos en donde eran necesarios equipos y vasos, y ocasionalmente pelotas de ping-pong; sus ideas iban más por el lado competitivo y apresurado. Kaminari presentaba juegos donde cada participante debía contar algo de sí mismo o demostrar cuánto conocía a sus compañeros.
La conversación fue interrumpida por la llegada de Ojiro y Uraraka.
Mineta y Kaminari programaron "citas" para la organización de los juegos durante la semana. Izuku llenó la mitad de un cuaderno con juegos y reglas que los chicos aportaron. Todos con un objetivo común: beber alcohol. No estaba seguro de aprobar que las actividades se centraran solo en eso, pero había visto suficientes películas para saber que sus compañeros no se equivocaban con la elección. Luego comenzaron a planear el espacio que cada juego debía ocupar en la sala.
—Este juego lo pondremos en la esquina… y cuando no queden vasos disponibles podremos usar la mesa para este otro… —murmuraban inclinados sobre una hoja en donde habían trazado un plano de la sala común para organizar las actividades.
Izuku también miraba pero no comentaba nada. No hacía falta agregar que él no había participado mucho en la cuestión. Sus dos compañeros habían decidido encargarse y desechaban cualquier sugerencia que Izuku pudiera dar porque la consideraban "poco madura". Izuku no iba a discutir algo que probablemente fuera cierto. Kaminari incluso se había reunido con Kirishima y Shoji para explicarles lo que necesitaban.
—Uhm, de acuerdo, pero ¿qué no era Izuku el que debía encargarse de eso? —preguntó Kirishima.
—Sí, solo estamos dándole una mano.
Izuku quisiera que así fuese. La realidad era que él no estaba haciendo nada en absoluto salvo asentir a todo lo que sus compañeros proponían.
—No te sientas mal, Deku —le dijo Uraraka durante el almuerzo luego de oír cómo Izuku lamentaba no poder ser de mayor utilidad—. Lo importante es que todos están colaborando… bueno, casi todos… —agregó lanzando una mirada hacia el fondo del comedor.
Izuku la imitó y sus ojos se encontraron con los de Kacchan, que ya estaba mirándole. Ante esto, el entrecejo de Kacchan se frunció con fastidio e Izuku apartó la mirada para que el otro no creyera que hablaban de él (aunque técnicamente eso hacían). Rogó en su interior que Kacchan no le hubiera estado observando debido a que estaba próximo a gritarle, pero la falta de insultos contra su persona durante los siguientes segundos le confirmó que no era así. Se relajó.
—Es cierto, Midoriya —agregó Iida con vehemencia—. Ya que todos nos comprometimos con este acto de vandalismo, es natural que nos apoyemos los unos a los otros.
—Qué exagerado —dijo Uraraka con una risita.
—Sí, supongo que tienen razón.
—¿Pero es prudente dejar que esos dos se encarguen? —preguntó Todoroki al otro lado de Iida.
—¿A qué te refieres?
—Pues… ambos tienen cierta "fama" por incomodar a las chicas —dijo tras unos segundos, sin duda pensando primero en las palabras más agradables que había para describir a ese dúo.
Ninguno podía negar que era cierto.
—Oh. Hasta ahora ninguno hizo nada extraño, o al menos no que yo sepa —informó Izuku pensando en la actitud de Kaminari y Mineta.
Los juegos que habían pensado para la fiesta eran normales y en ningún momento habían propuesto que los perdedores hicieran cosas inapropiadas como besar a alguien o desvestirse. De hecho, salvo por sus extrañas risas perversas ambos se habían comportado de forma decente durante toda la semana.
—No te preocupes por nosotras. Si llegan a proponer algo indebido se los haremos pagar —aseguró Uraraka.
La sonrisa amable en su rostro que no cuadraba con sus palabras la hicieron lucir aterradora. La conversación llegó a su fin luego de que Ashido llamara el nombre de la chica desde una de las mesas cercanas, gritando que debía acercarse a ver algo en el teléfono de Kendō.
—Mucha suerte, chicos. Los veré después.
—Tú también —respondió Iida—. ¡Sé que harás un trabajo estupendo decorando la sala para mañana!
Esto sacó una risita de los labios de Uraraka, que pareció sentirse más confiada gracias a las palabras de su amigo.
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—¿Qué sucede, joven Midoriya? —preguntó Yagi.
Se hallaban sentados en la oficina del hombre terminando de almorzar. Yagi bajó su vaso para observar con preocupación a su estudiante, que ensimismado mantenía la mirada perdida sobre su arroz.
Izuku le lanzó una mirada descubriendo la honestidad del gesto no solo en el modo en que las cejas y labios de su ídolo se arqueaban hacia abajo, sino también en el brillo de sus ojos celestes. Sopesó la idea de contarle en un intento por calmar la angustia que sentía, pero lo cierto es que aquello era algo que no podía hablar con nadie. Ni con su ídolo ni con sus padres. Ni siquiera con sus amigos. Los dos primeros estaban fuera de la cuestión por la vergüenza que implicaba hablar de algo tan personal sumado a la visión adulta de la situación que ellos le presentarían en forma de reproches y sermones. En cuanto a los últimos… era la razón por la que había decidido almorzar con Yagi en lugar de limitarse al té de la tarde.
Tras lo sucedido en la fiesta las cosas estaban tensas. No era un problema del grupo en general, pero sí de personas en específico.
Ochako y Tenya eran uno de los casos. Sus amigos no se habían dirigido la palabra desde esa noche y, cuando por un motivo u otro se hallaban cerca, ya fuera durante las clases o el entrenamiento, la tensión entre ellos era más que palpable. Izuku debía alternar su atención entre uno y otro porque no había forma de que se acercaran o siquiera se miraran; Ochako mantenía la mirada gacha con una seriedad impropia cuando Tenya estaba demasiado cerca, mientras que este último fijaba la vista en frente con una expresión tensa que agravaba las arrugas de su entrecejo.
Izuku no se atrevía a preguntar qué había sucedido porque no quería ser invasivo y porque, en realidad, ya lo sabía. Y era por eso que pretendía no saber. Para no incomodar a sus amigos, para que esa tensión no se expandiera sobre los tres.
Era el problema que creyó que tendría con Shōto, pero su amigo había actuado con tal normalidad que la posible tensión entre ambos no había llegado a desarrollarse.
Era el problema que tenía con Katsuki, porque a Izuku le aterraba enfrentarlo y recibir el odio de su amigo de la infancia mientras que este había perdido la poca capacidad de dialogo que tenía cuando de Izuku se trataba; si antes era agresivo en presencia de Izuku, ahora era mucho peor. Cosa que solo alimentaba su temor.
—No es nada, All Might. No te preocupes. —Incluso él podía notar lo poco convincente que había sonado.
—Midoriya… —Yagi suspiró—. Mi muchacho, ¿por qué estás aquí conmigo y no con el resto de tus compañeros? —Izuku agachó la cabeza rehusándose a mirarlo a la cara, cosa que solo agravó más el gesto de su maestro—. ¿Hay algún problema del que deba estar informado?
—¡N-no, para nada!
Hubo una pausa.
—¿Es algo que no puedes decirme?
—No. —Pero la mentira era obvia en su voz.
—Ya veo… —Otra pausa; otro suspiro—. Joven Midoriya, te he dicho esto muchas veces y lo repito porque no siento que me creas: puedes contarme lo que sea. Estoy aquí para ayudarte, siempre.
—Lo sé, All Might. Por favor, no te preocupes.
—A decir verdad… —Insistió él—, tu grupo siempre me pareció el más unido y prometedor. Un gran ejemplo de lo que los futuros héroes deben ser.
Dejó las palabras en el aire e Izuku encogió los hombros al comprender lo que All Might insinuaba, y por desgracia las palabras (si bien no del modo en que el hombre pretendía) tocaban una fibra cercana al núcleo del problema. Sin embargo, Izuku no iba a hablar. Ni ahora, ni nunca. ¿Qué expresión pondría su ídolo si se enteraba? Una terrible, sin duda. Tal vez enojo seguido de decepción y tristeza, lo que destrozaría el espíritu del más joven.
Aunque se lo merecería. Vaya que lo merecería. Pero sus compañeros no tenían por qué pagar por sus errores.
«Vaya héroe…», pensó, y si hubiera sido el mismo chico de hace dos años habría roto en llanto. Ahora, en cambio, era capaz de retener las lágrimas para un momento en el que no hubiera testigos.
—Debo volver a clases —susurró recogiendo su comida y la mochila.
All Might se mostró herido por su evasiva, pero volvió a intentarlo:
—Mi muchacho, puedes confiar en mí.
—Adiós, All Might. Te veré en clase —se despidió sin siquiera voltear a verle.
Su actitud le dolió a él también, y no pudo más que cerrar los ojos con fuerza mientras se alejaba de la oficina de su maestro, arrepentido de todo. Arrepentido del modo en que le había hablado a su ídolo, arrepentido de las evasivas y, sobre todo, arrepentido de lo que había hecho dos noches atrás. En sí, lamentaba que la fiesta hubiera sucedido porque entonces todos esos remordimientos consecuentes no existirían.
Peor aún fue llegar a clase. El ambiente no había cambiado nada a como fue durante las clases de la mañana, las primeras luego de la fiesta. Podía notar el modo en que cada uno de sus compañeros fue afectado por el suceso, tanto en lo que expresaban como en lo que intentaban ocultar.
Porque Izuku era observador por naturaleza, cualidad que persistió incluso con la bebida afectando su razón. Y él había visto muchas cosas, cosas que ahora desencadenaban consecuencias que otros ignoraban.
Tenya y Ochako, en quienes había estado pensando momentos antes, se mantenían serios con la espalda recta pretendiendo que leían sus apuntes de clase (inadvertidamente actuaban del mismo modo, o tal vez ambos eran conscientes de lo que el otro hacía y sin proponérselo imitaban el comportamiento contrario), de hecho, Ochako había cambiado asientos con Momo para no continuar sentada a espaldas de él; Hanta, por otro lado, volteaba a cada rato para mirar a la chica en cuestión, pero Ochako hizo un trabajo formidable ignorándolo; Minoru llevaba desde la mañana posterior a la fiesta desanimado y lamentándose como si su vida fuera una desgracia; Denki lucía similar, pero su desaliento volcaba más en la tristeza que en el dramatismo mientras que Kyōka, en cambio, mantenía la cabeza entre las manos con gesto pensativo y de cuando en cuando ambos se miraban de soslayo. Si sus miradas llegaban a encontrarse apartaban la vista con rapidez y un ligero rubor en las mejillas. Mina giraba en su asiento para sonreír a Momo, que le devolvía el gesto con encanto, sin notar la forma decepcionada en que Eijiro observaba el intercambio; Mezo era el único que parecía preocupado por Minoru, aunque resultaba imposible determinar el porqué; y Katsuki… Izuku no podía ni mirarlo.
Esa mañana su amigo de la infancia había apartado la vista de todo, tenso y de malhumor (cosa usual) pero abstraído del resto. En ese momento, en cambio, mantenía la vista al frente con una expresión iracunda que inquietó a Izuku. Como si su nerviosismo fuera un imán natural para el chico, los ojos de Katsuki se posaron sobre él, que apartó la mirada al instante alcanzando a notar cómo los puños del chico se cerraban con fuerza.
Eso estaba mal. Todo estaba muy mal.
Izuku apenas si había tolerado la culpa unas horas antes, no podía repetirlo. Con una mueca cargada de angustia giró su cuerpo dispuesto a salir de allí pero, en lugar de eso, se encontró de lleno con Shōta. El profesor entornó los ojos al ver el ademán del menor.
—La clase ha comenzado —anunció átono.
—¡Sí, lo siento!
Izuku se apartó del camino y prácticamente trotó hacia su asiento luchando contra cada instinto de su cuerpo que le rogaba lanzar una mirada a Katsuki. Era tan natural para él mirar al otro chico que en ese momento abstenerse requirió tanto esfuerzo como si de otro entrenamiento se tratara. Pero lo consiguió. Desde que tomó asiento por primera vez esa mañana del lunes pudo comprender por qué Ochako había decidido cambiar de lugar: solo contemplar la nuca de Katsuki generaba una presión inexplicable en su pecho. No podía hacer otra cosa más que mirarlo, a pesar del dolor, a pesar del modo en que Katsuki temblaba con los puños apretados, como si estuviera luchando contra sí mismo para no estallar. Izuku no había podido prestar atención a la clase en ningún momento del día, y no podía definir si el hecho de que él no hubiera sido el único en encontrar cierta dificultad para hacerlo fuera un alivio o no.
Se preguntó si la clase 2-B estaría pasando por algo similar…
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Parte 4 de 10
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