Como era de esperarse… el bosque simplemente era el bosque, con su usual verdura, predecible movimiento y los animales de siempre. Kohaku y Kirara se encargarían de cazar un animal lo suficientemente grande para todos. InuYasha y Miroku se adentraron aún más al bosque para conseguir leños, mientras que Sango, Kagome, Rin y Shippo permanecieron en un claro esperando a los demás.

Shippo seguía practicando sus trucos mágicos, especialmente los de transformación. Como en la mayoría de los kitsune, su error de siempre era que su pequeña cola sobresalía de todo el disfraz. A pesar de que esta falla era naturaleza de los zorros mágicos, él quería ser el primero en dominar su naturaleza para convertirse en un reconocido kitsune. Rin observaba como Shippo se transformaba, desde InuYasha hasta la pequeña Kirara y le resultaba entretenido apreciar semejante magia. Se percató de que era observado y emitió una enorme sonrisa.

-Puedo transformarme en Sesshomaru si quieres- propuso Shippo.

Rin aceptó la propuesta y aplaudiendo envió ánimos al pequeño zorro.

Como era de esperarse. Shippo logró una transformación casi perfecta, no sólo por la cola sino por la mueca distorsionada en el rostro del falso Sesshomaru. Rin soltó una carcajada debido a esto y el zorrito volvió a su aspecto normal.

-Creo que Sesshomaru debería ser más divertido- dijo Shippo en su usual tono infantil, mientras sacaba sus demás juguetes mágicos.

Rin sonrió.

Kagome observaba atenta a Rin. Siempre sintió una necesidad de buscar su bienestar desde que regresó del futuro a la época feudal. Fue una niña que sufrió mucho a su corta edad por lo que tuvo que cambiar muchas cosas para ser feliz. Entendía que todo lo que era se debía a los extraños cuidados de Sesshomaru y comprendía que Rin debía sentirse incompleta no estando él con ella.

-Rin, ¿estás bien?- preguntó por fin Kagome.

-Sí… estoy bien, de verdad Kagome-

-Me alegra que así sea. Estamos un paso más cerca de Sesshomaru, ¿eso es bueno, no?-

La sonrisa cáliad de Kagome se le contagió a Rin que respondió asintiendo. De verdad estaba agradecida con ella por apoyarla firmemente en esta situación. Algún día le pagaría el gran favor.

-Cuando estuviste todo ese tiempo en tu época… ¿extrañaste mucho a InuYasha?-

Kagome al recordar aquellos años, no pudo evitar sentir una pizca de la tristeza que experimento en esa etapa de su vida. Sango y Shippo escuchaban atentos a la conversación ya que nunca se había hablado mucho al respecto.

-Desgarradoramente- fue lo único que respondió Kagome –Pero ahora ya estamos juntos, es lo que importa. Tú verás a Sesshomaru pronto-

Rin desistió de hacer preguntas, comprendía el dolor.

Miroku e InuYasha se encontraban recolectando leños. InuYasha estaba cansado de hacerlo "a la humana" pero por recomendación (órdenes) de Kagome, se decidió que se hiciera lo más discreto posible para no captar la atención de alguna criatura sobrenatural. En realidad, debido a eso, Miroku era el que estaba haciendo todo el trabajo.

-Rin me dijo que el Ama-no-jaku, quería que nos matara- dijo InuYasha de pronto.

Miroku se mantuvo pensativo mientras reposaba los leños sobre su espalda. Era cierto que los Ama-no-jaku eran seres chantajistas que sólo deseaban causarles mal a las personas pero le resultaba extraño que pidiera algo así. Continuó avanzando, sumido en sus pensamientos, ignorando que InuYasha llevaba ya un buen rato maldiciéndolo.

-Ah, lo siento InuYasha, estaba pensando en lo que dijiste- respondió Miroku indiferente a la altanería de InuYasha.

Sango y Kagome destazaban al enorme jabalí que Kirara y Kohaku habían llevado. InuYasha hambriento corrió hacia el lugar dispuesto a encender los leños en una enorme fogata. Miroku a su paso se aproximó a los demás y al sentarse le dio un tierno beso a Sango en la boca. Kagome enternecida los miraba pero la brusquedad sosa de InuYasha le cortaba la inspiración.

-Vaya InuYasha, sí que eres romántico. ¡Abajo!-

La verdad es que Kagome a veces abusaba del poder del collar que InuYasha llevaba alrededor de su cuello pero tenía la esperanza de que algún día no tuviera la necesidad de usarlo (no tan seguido)

-¡Eres una tonta, Kagome!-

-¡Tú lo eres más!-

La inmadura pelea invadía lo que debía ser una tranquila comida. Rin tomó el lugar que Kagome había dejado por caminar en círculos alrededor de un árbol mientras que InuYasha la seguía.

Gracias a las enseñanzas de la anciana Kaede, Rin había aprendido a ser una mujer común, lo cual le resultaba útil en momentos como este sólo que a veces quería sentirse igual de capaz de defender y defenderse como lo hacían todos los demás. De los que se encontraban ahí, ella era la única vulnerable incapaz de provocar daño en defensa propia.

Kohaku y Miroku se encargaban de calentar el fuego de la fogata, ya que una ráfaga de viento había pasado, casi apagando las llamas. Rin preparaba unas especias para el estofado de jabalí mientras que Sango le daba los últimos toques al corte de la carne. Kagome e InuYasha seguían dando círculos, peleando como de costumbre.

-Nunca van a parar- dijo Shippo cruzado de brazos, intentando darle un tono serio y maduro a su comentario. Los demás afirmaron con gestos.

Después de varios minutos, la comida por fin estaba servida.

Todos agradecieron por la comida y se dispusieron a consumirla. Kohaku quien se encontraba al lado de Rin decidió hablar con su amiga Rin, ya que desde que salieron de la aldea no había conversado lo suficiente, según él.

-Oye Rin… si encontramos a Sesshomaru, ¿planeas irte con él?-

Rin en realidad no se había puesto a pensar qué haría después de encontrar a Sesshomaru. Mientras sorbía el delicioso caldo de jabalí pensaba en cuál sería su respuesta.

-Es cierto… ¿acaso piensas irte con ese aburrido imbécil?- preguntó InuYasha altivo.

-En realidad no lo sé- contestó Rin mientras miraba el contenido de su plato –me había estado enfocando en el deseo de verlo que no había pensado en algo más allá de esa necesidad-

Kohaku frustrado porque quería mantener una conversación privada con Rin se mantuvo en silencio a partir de ese momento.

-Deberías quedarte con la anciana Kaede para que no esté solita. Además, ¡Sesshomaru se ve que es muy aburrido!- dijo Shippo inocentemente.

-No sé qué sucederá, Shippo. Lo único que quiero es saber que el Señor Sesshomaru está bien y que no me olvide-

Rin continuó comiendo y los demás hicieron igual.

Al terminar, Sango, Miroku, Kagome e Inuyasha fueron a buscar un lugar donde pudieran tomar un baño. Rin había tomado uno antes de salir de la aldea, así que prefirió no hacerlo por el momento. A última hora, Shippo también los acompañó y en el claro sólo permanecieron Kohaku y Rin acompañados de Kirara.

Kohaku tomó mucho valor para aparentar seguridad al hablar con ella. A pesar de ser un exterminador ávido, valiente y reconocido, cuando se trataba de socializar con Rin era la persona más cobarde del mundo, pero aún así, hacía su esfuerzo.

-Oye… al parecer el destino nos da nuestro tiempo a solas, ¿verdad?-

Rin no había notado esto pero siguió el juego de Kohaku a pesar de que en realidad, no le tomaba mucha importancia a aquello.

-Sabes Rin… creo que eres una persona muy valiente-

Entonces Rin recordó cuál era su preocupación de varias horas atrás.

-¡CIERTO!- gritó Rin sobresaltando a Kirara y Kohaku –quería pedirte que me enseñaras algunas técnicas de exterminador, por favor-

Kohaku se sorprendió por la petición. No estaba seguro de que eso fuera lo mejor, ya que Rin jamás había tenido práctica en ninguna clase de doctrina en defensa personal. Sin embargo, después de analizarlo mucho, cayó en cuenta de que si aceptaba darle algunas lecciones, podría pasar más tiempo con ella.

-Está bien pero te advierto que no será sencillo, especialmente cuando jamás has practicado con una espada siquiera-

Rin estaba emocionada, por fin podría estar algo equivalente con sus compañeros y así aportar algo más que no fuera comida o hierbas.

-Gracias Kohaku, significa mucho para mí- Rin abrazó efusivamente a Kohaku quien se sonrojó ante esta acción. Desafortunadamente, situaciones como ésta, le brindaban a Kohaku la esperanza de que Rin sintiera algo especial por él.

"¿Qué estará haciendo en estos momentos Señor Sesshomaru?, es una hermosa noche… recuerdo aquellas noches con usted y el señor Jaken. Si tan sólo pudiera acompañarlo un día, sería grande mi felicidad".

Rin comenzó a recordar cuando todavía era más pequeña. Tres años después de que Sesshomaru la había dejado a cargo de Kaede, recuerda que fue la etapa en la que su señor iba más a visitarla. A su mente llegó una noche en especial.

Sus pies se movían a lo largo de lo que parecía ser un infinito camino oscuro, no había una sola luz, ni una estrella, ni siquiera podía percibir su cuerpo, lo único que comprendía era que debía correr, debía llegar a un lugar pero no sabía hacia dónde. Cada vez el aire se hacía más denso y su palpitar más lento. De su boca expedía un aire pesado, le costaba trabajo respirar. De pronto, a lo lejos percibió un resplandor.

"Corre hacia él" se decía conforme avanzaba.

Sus pasos se volvían lentos y a pesar de querer correr sus piernas respondían aletargadamente ante el deseo. No sabía si había recorrido mucho o poco pero al parecer no se acercaba mucho hacia su destino. De pronto cerró sus ojos y al abrirlos se encontraba ya frente a esa figura de aspecto divino. El blanco resplandor invadió su fisonomía en menos de un parpadear. Aquella figura se volvió hacia su rostro, mirándola sobre su hombro. Los ojos color ámbar brillaban como un sólido transparente a contraluz. Rin intentó estirar su mano pero no podía alcanzarlo y de pronto, el suelo fue yéndose hacia abajo, mientras que la figura permanecía por encima de ella. Ella se hundía y la imagen permanecía en el borde.

"Señor Sesshomaru"

Su visión comenzaba a cerrarse. En los bordes parecía como si el suelo comenzara a cerrarse y cada vez la aparición de Sesshomaru se hacía más estrecha. Estiraba sus brazos pero no había de dónde sostenerse. Piedras caían a su alrededor, atravesaban su cuerpo pero lo que le preocupaba era alejarse de la figura. Conforme se iba cerrando su visión, Rin quería gritar, pero era imposible ya que de su boca no se emitía ningún sonido. El escenario se cerró y Rin sentía cómo su cuerpo fluía en lo que parecía ser un lago, pero no podía ver nada, sólo percibía una tristeza profunda.

Rin despertó. Con lágrimas en los ojos se puso de pie y caminó hacia Sesshomaru quien permanecía en el suelo de la cabaña, frente a la puerta durmiendo. Sigilosamente se sentó a su lado.

"Seguramente el Señor Sesshomaru está muy cansado… no ha sentido mi presencia"

Permaneció así varios segundos hasta que la nariz de Sesshomaru comenzó a moverse. Al percibir el olor de Rin, abrió los ojos. Su aspecto sereno de siempre no se inmutó al verla a su lado. Veía como las lágrimas fluían por su cara como bolitas plateadas debido a la luz de la luna. La niña comenzaba a respirar agitadamente.

-¿Por qué lloras?- le preguntó en un tono serio y grave.

Ella no contestaba. Sesshomaru se sentó y se despojó de su cobija. Tomó del hombro a Rin y la recostó a su lado. Ella sólo lo observaba con sus ojos brillantes humedecidos. Posó su mano en su frente y la observó hasta que volviera a dormir.

"Ojalá estuviera usted aquí para que me ayudara como aquella vez hace cinco años…".

Rin despertó ante la luz intensa del Sol. Sus amigos se encontraban preparando algo de comer excepto InuYasha quien se encontraba tendido sobre el tronco de un árbol, durmiendo. Rin aprovechó la ocasión para jugarle una broma. Se trepó ágilmente al tronco y se mantuvo frente a InuYasha por unos segundos. Después, gritó ¡Abajo! Asustado por la palabra, como de costumbre, InuYasha cayó bruscamente al suelo culpando a Kagome de haber interrumpido su siesta. Desorientada, ya que esta vez no había sido ella la culpable, vio a Rin que se retorcía de risa.

-Ahora entiendo cómo te sientes Kagome- gritó siendo aún esclava del carcajeo.

Rin procuraba reír, era lo único que le quedaba, sabía que tarde o temprano, como fuese, vería a Sesshomaru de nuevo, y a pesar de que ya había pasado bastante tiempo desde que se había ido trataría de ser fuerte para que cuando la viera otra vez, encontrara en ella aquella sonrisa que ella siempre le ofrecía. Dicho esto, tomó una decisión.

-Oigan…- dijo Rin en voz alta para que todos la escucharan –creo que nunca vamos a encontrar al Señor Sesshomaru. La idea de venir a buscarlo fue muy deliberada, lo siento mucho, creo que… lo más conveniente será que regresemos a la aldea. Es muy egoísta de mi parte disponer de su tiempo cuando ustedes tienen una responsabilidad muy grande, más de la que sienten que tienen conmigo, sin embargo, los quito de todo compromiso. La verdad es que ya era hora de que me hiciera a la idea, ¿no?- finalizó sonriente.

Por alguna razón Kagome se sentía triste respecto a lo que Rin había decidido. Sospechaba que una parte de ella se había dado por vencida y que lo único que le quedaba era esperar, sin embargo, aún había pasado poco tiempo desde la última vez que Sesshomaru visitó la aldea. Posiblemente hubo algo distinto desde aquella ocasión pero prefirió no preguntar y esperar qué decidirían todos.

-¡Te lo dije tonta!- fue lo que resonó después de que Rin terminara de hablar. Parecía que InuYasha estuviera hecho para decir cosas así en automático.

-Lo sé InuYasha, tenías razón, la anciana Kaede tenía razón- dijo Rin bajando del árbol –aunque mis deseos sean ver al Señor Sesshomaru, fue malo de mi parte ignorar que a mi alrededor los demás tienen cosas qué hacer y que tengo la responsabilidad de acompañar a la abuela Kaede… no debí haber tomado esta decisión-

-No hay de qué preocuparse- contestó Miroku mientras se acercaba a Rin –además, no fue una pérdida de tiempo, obtuvimos algo de información…-

-Eso es mentira Miroku, recuerda que la anciana Kaede y yo ya habíamos llegado a la conclusión muchísimo antes de que ese tal Teriyakki…-

-Tetsuya- intervino Kohaku.

-Sí, ese Tetsuya lo dijera-

Kagome no podía creer lo impertinente que era InuYasha y con regocijo le dictaminó la sentencia a su mala conducta.

-No te preocupes Rin, de cualquier manera, fue bueno pasar tiempo juntos- concluyó Kagome.

Después de la pequeña conversación decidieron regresar a la aldea. Sin una pista de Sesshomaru o del amanecer rojo pero finalmente fue útil.

"Espero no equivocarme. Espero que regrese a verme…"