Disclaimer: Pokemon no me pertenece, solo la trama de esta historia.
Capítulo 3:
Lysson Fleur-de-lis
En cuanto puso el pie en el salón de baile Serena deseó volver arriba. Los hombres la miraban con deseo y las mujeres con envidia. Se sentía incómoda siendo el centro de tanta atención. Dejó que su mirada vagara por la habitación hasta que chocó con unos hermosos ojos azules, que por unos instantes la escrutaron atentamente, desde la cabeza a los pies, con una atención que rozaba el descaro. Aprovechando el escrutinio del chico, lo observó con la misma atención. Era bastante apuesto, con el cabello negro y los ojos de un azul celeste que le recordaba a un cielo sin nubes. Llevaba un traje de color azul intenso con unas botas de cuero. A su lado estaba una hermosa mujer rubia de ojos azules que portaba un vestido rojo pálido. A juzgar por su posición, debía de ser su madre. Junto a la mujer había un hombre de ojos azules y cabello negro, que si bien también la miraba, le daba escalofríos. La miraba como si estuviera decidiendo por cuanto la vendería en el mercado. Turbada, apartó la vista para fijarla en el centro del salón.
-La familia real de Hálal; el rey León, la reina Vera y su hija…la princesa Serena.-escuchó que la anunciaba Albert. Compuso su mejor sonrisa, que dejo a más de uno embobado. A paso lento y majestuoso, los tres se acercaron a los tres que había estado observando. Su padre se adelantó, con la corona de Hálal resplandeciendo en su cabeza.
-Es todo un honor para mí y mi reino recibiros, rey Ricardo.-realizó una breve reverencia, seguido de su esposa y su hija.
-Nosotros nos sentimos honrados de haber sido invitados, rey León.-el tal Ricardo hizo una reverencia que tenía una nota de burla, Serena estaba segura.-Esta es mi esposa Ariana y mi hijo Kalm.
-Os presento a mi adorada esposa Vera y nuestra hija Serena.-les presentó el rey León. Serena fijó su mirada en el llamado Kalm. ¿Ese sería su futuro esposo? Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el príncipe Kalm, con gracia felina, tomó su mano para besarla, todo sin apartar la vista de sus ojos grises.
-Es un auténtico placer conocerla, princesa Serena.-musitó contra su piel. Serena se estremeció ante el tacto de sus labios y sintió como su rostro enrojecía.
-El placer es mío, príncipe Kalm.-respondió ella, inclinando suavemente la cabeza. Sentía un suave hormigueo en el estómago ante la idea de volver a mirar los ojos azules del príncipe de Élet. Pero aquel sentimiento se fue a la mierda cuando volvió a elevar la vista y se encontró con una chica colgada del brazo del príncipe. Sintió confusión y molestia. ¿Quién demonios era aquella zorr…chica?
-Eh…Princesa Serena, os presento a la princesa Diancie, del reino de los Diamantes.-se la presentó, algo incómodo. Notaba como la molestia se reflejaba en la mirada gris de la princesa.
-Es un placer.-dijo fría, haciendo una casi imperceptible reverencia. La otra solo hizo un gesto desdeñoso con la cabeza. Serena la observó. Tenía el cabello negro y liso, rematado en tirabuzones, y los ojos rojos. Tenía un pequeño lunar bajo el ojo derecho, y portaba una tira de oro que sujetaba un enorme diamante rosa con forma de corazón. No le cayó bien.
-El placer es todo tuyo. ¿Kalm, qué tal si vienes conmigo? Pronto los músicos empezaran a tocar el primer baile.-propuso, sonriendo de una manera que ella debía pensar 'seductora' mientras afianzaba su agarre en el brazo del príncipe. Este sonrió, muy incómodo. Serena estaba que los fulminaba con la mirada. Él era SU prometido, no el de ella. Por un lado, quizá así podría romperse el compromiso…Se estremeció, ese compromiso era la promesa de alimentos para su pueblo.
-Lo lamento, princesa Diancie, pero el príncipe Kalm bailará conmigo. Al fin y al cabo, es mi prometido, no el suyo.-eso fue un golpe bajo para Diancie. En silencio, Kalm admiró la elegancia de Serena. Diancie estaba que echaba chispas, sobre todo porque podía ver el verdadero mensaje reflejado en los ojos de Serena: 'Atrás, zorra, es mío'.
-Quizá en otra ocasión.-murmuró entre dientes, lanzándole miradas asesinas a la princesa de Hálal.
-Adiós, querida, ha sido un placer.-se despidió Serena con burla, entrelazando su brazo con el de Kalm. Ambos observaron irse a la princesa Diancie mientras dos pequeñas niñas observaban todo sin perder detalle.
-Señorita Diamante, ¿no cree que esto está mal? Estamos violando su intimidad…
-¡Tonterías, Carbin! ¡Debemos conocer todo sobre la prometida de Kalm! Aunque debo admitir que ya me cae bien. ¿Sabes las pocas que sabemos replicarle así a mi hermana?
Mientras las espías discutían bajo la mesa del buffet sobre si estaba mal seguirlos, los príncipes caminaron en silencio. Finalmente, Kalm fue quien empezó la conversación, en parte por no aguantar el silencio y en parte por querer volver a escuchar su voz.
-¿Os divierte el baile, Alteza?
-No mucho, si os digo la verdad. Estoy paseando del brazo de una persona que no es de mi agrado. ¿Creéis que me divierto?-replicó ella, altiva. Kalm la miró con asombro. No era habitual encontrar a alguien tan sincero entre la realeza.
-¿Acaso no soy de vuestro agrado?
-En efecto.-cualquiera que los viera pensaría que mantenían una agradable conversación.
-Estoy sorprendido. ¿Sabéis la de jóvenes que desearían estar en vuestro lugar?
-¿Pensáis que yo formo parte de esas jóvenes?
-Pues la verdad…
-Disculpadme, príncipe Kalm, ¿podría hablar un instante con la princesa Serena?-Kalm apartó la vista de los furiosos ojos grises de Serena para toparse con una arrogante mirada azul. Alzó una ceja.
-¿Y usted es…?-respondió, ignorando la anterior petición. El hombre lo miró con orgullo. Era pelirrojo, con el pelo como una llama, saliendo disparado en varias direcciones. Llevaba una pequeña barba, y tenía los ojos azules. Su traje era marrón con adornos naranjas. No le gustó nada. Podía notar la mirada que le echaba a su prometida, y lo cierto es que Serena tampoco parecía demasiado feliz de verle.
-Lysson Fleur-de-lis.-se presentó, sin apartar la mirada de Serena. A Kalm aquello empezaba a enervarlo.
-Lo lamento, Sir Lysson, pero no deseo hablar con usted.-replicó Serena antes de que Kalm pudiera decir nada.
-Insisto, princesa. No creo que a sus padres les agrade el hecho de que se niegue a conversar con un buen amigo de la familia.-Serena parecía tensa antes sus palabras. Sus labios se movieron sin pronunciar palabra, aunque Kalm juraría que había dicho algo parecido a 'cabrón sin huevos'
-Está bien, pero que sea rápido. Le prometí al príncipe Kalm el primer baile.-accedió, muy molesta. Kalm les siguió con la mirada mientras se alejaban. Algo dentro de él le decía que no los perdiera de vista.
-¿Qué es lo que quiere, Lysson? El príncipe Kalm me espera.-anunció una molesta Serena
-Por favor, princesa. ¿De verdad piensa que ese niñato puede darle lo que desea?-cuestionó Lysson.
-No importa. Puede darle a mi reino lo que necesita, y eso es suficiente.
-Serena, llevo varios años comerciando con tu reino, pidiendo permiso a tus padres para cortejarte…juntos podemos crear un nuevo mundo lleno de belleza.
-Primero, para ti yo soy Su Alteza la Princesa Serena, segundo; ¿estás loco? Podrás engañar a mis padres, pero a mí no. La única razón que tienes para casarte conmigo es conocer el secreto real.
-Piénsalo. Te haría la reina del mundo, pondría todo lo que deseases a tus pies…-Lysson, con la mirada enloquecida, agarró el brazo de Serena, haciéndole daño. Esta descubrió, horrorizada, que no podía soltarse.
-Estás completamente loco. Nadie puede controlar el poder de un dios.
-Yo puedo hacerlo. Con tu ayuda.-apretó con más fuerza su brazo. Serena empezó a asustarse.
-¡Suéltame!
-¿Algún problema, Sir Lysson?-de la nada, apareció Kalm, obligando al pelirrojo a soltar a la rubia. Esta miró con alivio a Kalm.
-Princesa…
-Creo que el baile comenzará en breve. Debería ir, Sir Lysson. Mi prometida y yo deseamos hablar en privado.-dijo Kalm, remarcando el 'mi'. Lysson apretó los dientes.
-Un día, Serena, no habrá príncipe que te salve.
Con la amenaza flotando en el aire, Lysson se dio la vuelta, haciendo ondear su capa, y pisando fuerte se perdió entre los invitados. Cuando por fin dejaron de verlo, Serena suspiró, tranquilizada, mientras Kalm la abrazaba, acariciándole el cabello.
-¿Se encuentra bien, princesa Serena? ¿Desea que le dé la paliza de su vida a ese cabrón malnacido?-para sorpresa del chico, Serena rió.
-Nunca pensé que un príncipe tuviera tales palabras en su vocabulario.-sonrió ella. Por un momento se quedaron en silencio. De repente, Serena pareció darse cuenta de que los brazos de Kalm la rodeaban, porque le pegó un puñetazo que le mandó al suelo.
-¡Ay!-se quejó Kalm en el suelo.-¡¿Así tratas a todos los que te ayudan?!-Serena le ignoró, mientras caminaba hacia el salón de baile. Kalm llegó con rapidez a su lado, frotándose el brazo golpeado.
-Vaya carácter tiene usted, princesa…-masculló Kalm, mientras ambos volvían al centro del salón. Serena se dio la vuelta de repente, frunciendo el ceño.
-Muy bien, lo siento. Es solo…-se abrazó a sí misma.-que Lysson me da miedo. Es la primera vez que llega tan lejos.-bajó la mirada, avergonzada. No le gustaba mostrarse débil ante nadie. Para su sorpresa, Kalm solo le sonrió, mientras la miraba.
-No pasa nada. Es normal que se sienta asustada, princesa. Acaban de prometerla con un desconocido y viene un loco a decirle tonterías.-ella le sonrió. Le gustaba como Kalm parecía adivinar lo que sentía, sin que ella tuviera que explicarlo.
-¿Me concede este baile, princesa Serena?-le preguntó Kalm de repente, ofreciéndole una mano. Serena le miró. Quizá Kalm mereciera un premio, solo por ayudarla con Cabeza de Llama.
-¿Cuántos años tiene?-preguntó. Kalm la miró raro, aunque contestó.
-Diecisiete.
-Yo tengo dieciséis. Somos casi de la misma edad, no hace falta que me trates de usted. Me hace sentir vieja.-ambos rieron.
-¿Quieres bailar conmigo, entonces?-volvió a preguntarle el príncipe. Serena ignoró el suave cosquilleo que la recorrió cuando colocó su mano sobre la que le ofrecía el príncipe.
-Si me pisas te mato.-respondió, mientras se acercaban a la pista de baile. Él la sujetó por la cintura, acercándola a su cuerpo, y agarró la mano de ella. Serena, por su parte, colocó una mano en el hombro de Kalm y dejó que él entrelazara sus dedos con los suyos en su otra mano.
-Eres muy linda, ¿lo sabías?-susurró Kalm en su oído. Serena se estremeció al notar el aliento del chico en la oreja.
-Por supuesto que lo sabía. Soy increíblemente hermosa.-bromeó Serena. Kalm sonrió, mientras tras ellos los violines comenzaban a sonar.
El baile daba comienzo.
¿Qué tal ha quedado?¿Algún review?Bueno, quería decir que yo realmente no puedo prometer un día fijo para actualizar. Lo hago cuando tengo tiempo e ideas para el siguiente capítulo. Por ahora podre actualizar bastante seguido, pero quizá no en un mes o así. Lo mismo con mis otras historias. Gracias a todos los que dejáis reviews, sois los mejores! Es genial ver que alguien comenta la historia. Gracias a todos!
