Un leve vapor inundaba la habitación, en el aire se mezclaban ligeramente distintos perfumes creando una fragancia armoniosa. Poco a poco la suciedad de su cuerpo iba cayendo junto con el agua y la espuma, bajo esta un piel blanca y tersa salía a la luz, sobre ella quedaban muchas cicatrices, las cuales sin comprender porque hoy parecían mas tenues que otros días. Algún que otro tatuaje avanzaba por su espalda, caminaban sobre sus curvas, adoptando formas inimaginables. A veces eran ocultados por largos mechones de su pelo, ahora rojo como el fuego y algo más largo que antes. Nunca lo llevaba tan largo porque se le ensuciaba mucho y como pocas veces tenía la oportunidad de ducharse así que optaba por la opción de llevarlo lo más corto posible, incluso había veces que se transformaba en chico para no llamar tanto la atención.

Cuando cerró el grifo la realidad se le impuso de una manera demasiado brusca ¿cómo iba a convencer a ese tío de que no era peligrosa teniendo esos poderes? Debía de contárselo todo, por muy doloroso que le resultase pero … él era la última opción que le quedaba en esa ciudad. Se vistió con una camiseta de tirantes blanca y unos pantalones de camuflaje que encontró en el baño, ya luego pediría perdón por ponérselo porque había dejado sus bolsas fuera. Al abrir una puerta del baño todo el vapor salió fuera dejando entrever su figura, al fondo Ryo estaba sentado en el sofá mirando el techo con una cara de circunstancia que nadie sabría explicar. Con paso cauteloso se acercó y se sentó a su lado, como estaba descalza puso los pies en el sofá sentándose sobre sus rodillas.

-Bueno...creo que ya estoy lista, supongo... -se rascó la nuca sin saber muy bien por donde empezar, él giró la cabeza fijándose por primera vez en ella, por un momento se quedó atontado mirándola, luego hizo un "¡woah!" asustándola y haciéndola retroceder- ¡pero que haces! -reía mirándole como si se hubiera vuelto loco, por el contrario él no podía dejar de mirarla, un hilillo de baba comenzaba a caerle de la boca y se acercaba lentamente a ella- ¡tío reacciona, que me estás dando miedo! -le gritaba llegando al filito del sofá

-Con que así eres de verdad...debajo de toda esa porquería estas tu..y te tendré que proteger..-su cara de pervertido aumentaba considerablemente-

-No se yo quien se va a tener que proteger de quien, ¿sabes? ¡Y aléjate! -estiró el pie separándole de ella mientras él aún hacía el intento de avanzar, lo que no supo fue como pude llegar hasta la otra esquina del sofá de un solo empujón- ¿ya no te interesa porqué cambió mi pelo? -le preguntó alzando una ceja cuestionando lo mal protector que era.

-¿Eh? ¿Que pelo?.. ¡Ah si! Bueno, si me interesa, como a todo buen detective pero.. -lo siguiente lo dijo en voz mas baja- es que con esos pechitos...-su cara volvió a tornarse demasiado pervertida para lo que se estaba tratando.

-Por lo que parece, no prestas atención a mi encargo así que será mejor que me vuelva a mi casa -hizo el amago de levantarse pero con una rapidez asombrosa Ryo se acercó a ella y la agarro de las manos poniendo su cara de tío sexy y maduro con la que "en teoría" las conquistaba a todas.

-Por favor, no te vayas, yo escucharé tu historia. -dijo con voz solemne. Jane suspiró, seguía sin fiarse de aquel tipejo pero no podía ignorar las buenas referencias que le habían dado de él así que con un gran pesar empezó a contar su historia. En el momento en que las palabras comenzaron a salir de su boca, su semblante cambió por completo, sin percibirlo el color de su pelo se fue apagando hasta quedar totalmente negro, sin ningún brillo, algunas de las cicatrices que coronaban sus brazos parecían que se hacían mas latentes, como si estuvieran hechas desde hace poco. Ryo no perdía detalle de cada uno de los efectos que revelaba su cuerpo, esto le fascinaba así que por un momento olvidó sus sórdidas intenciones y prestó atención a su historia.

"Apenas rozaba los dos años cuando me secuestraron en la puerta de la guardería, yo ni si quiera lo recuerdo, lo se porque se lo oía comentar a algunos de los científicos que se ocupaban de mi. La verdad es que tampoco me acuerdo de como llegué a ser así, tengo vagos recuerdos en los que estaba horas tendida sobre una camilla, a veces me inyectaban cosas, líquidos raros...eso me provocaba unos dolores inimaginables, se que algunas veces me desmayaba del propio dolor."

Tragó saliva con dificultad, no era un buen trago contar aquello.

"También recuerdo un tiempo en el que me quedé ciega, no se exactamente cuanto fue...pero si que no veía nada. Fue duro tener que aprender a moverme sin ver, había veces que estaba tan derrotada que no hablaba..tampoco comía, solo podía seguir existiendo. Tenía algunos amigos en la base, que me decían que cambiaba pero claro, yo no supe nada hasta que poco a poco fui recuperando la vista. Cuando aquel día me miré en el espejo creía que me estaban gastando una broma, que habían puesto a una chica al otro lado del espejo para simular que fuese yo...pero no era así."

Suspiró.

"Cada día descubría cosas nuevas en mi cuerpo, nuevos cambios, nuevas habilidades...aunque claro, todas controladas por los científicos. Después de esto las intervenciones a las que me sometían aumentaron, cada vez eran mas duras, ciertamente no se como llegué a sobrevivir. Con lentitud iba creciendo, conocía a gente en la base, muy pocos perduramos hasta el final, la mayoría iban desapareciendo, al parecer..no sobrevivían a los experimentos. Cuando ya era algo más mayorcita me enteré de que lo que nos estaban haciendo era convertirnos en armas, fuimos creados para ser una nueva generación de super niños, de mutantes...los que venderían posteriormente a las grandes potencias para poder llevarnos a guerras incluso contra nuestro propio país, aunque a decir verdad yo ya había perdido la fe en mi país y en el de cualquiera."

Hizo una pausa y le miró, su cara no reflejaba nada, solo permanecía concentrado, indagando en su historia, era la primera vez que veía esa cara en alguien.

"Toda mi vida cambió el día de la explosión. Yo estaba encerrada en mi celda, como todas las mañanas, miraba por la ventana el cielo, recuerdo que el día estaba nublado, con un gris amenazante, de pronto un extraño ruido me sacó de mis pensamientos. Al principio pensé que había sido un trueno pero esta idea se desvaneció al ver que la puerta de mi celda se había abierto, en el pasillo estaban todos mis compañeros corriendo, recuerdo que cuando me di cuenta estaba corriendo con ellos hacia un enorme agujero que se había hecho en una de las paredes, al salir todos nos fuimos separando y desde aquel día, no he sabido nada de muchos de ellos. Después de eso vagué por el mundo cambiando constantemente de aspecto, cada mes adquiriendo una nueva personalidad y empezando de nuevo. Constantemente he tenido a los … cabrones estos detrás mía, queriendo atraparme para seguir con los experimentos pero...ya ves, no lo han conseguido. La verdad es que últimamente están más brutos que de lo normal y estoy algo acojonada porque han llegado a hacerme más daño de lo normal...por eso he acudido a ti, para que me ayudes a librarme de ellos."

Ryo no sabía que decir, sabía que las mafias japonesas eran capaces de cualquier cosa para conseguir sus propósitos pero jamás hubieran tenido esa maldad de secuestrar niños y modificarlos de esa manera. Su historia había conseguido atraparle, sentía pena de ella, cómo habían destrozado su vida, sus ilusiones. Esa tarde se propuso que no descansaría en paz hasta liberar a esa chica de su tortura. Definitivamente...

-Jane, acepto tu encargo.