¡Hola a todos! Les dejo un capítulo nuevo de la historia y una disculpa muy muy muy grande por no haber podido actualizar antes. Con esto de que se acaba el verano y llega Septiembre y la vuelta a clases y trabajos apenas he tenido tiempo para mí, mucho menos para escribir. Así que, aunque tenía la historia pensada, no he podido sacar tiempo para escribirla. ¡Lo siento mucho! A ver si en los próximos días puedo organizarme y subir los capítulos con más frecuencia. Y bueno, aquí les dejo un cachito más, la cosa se pone interesante, a ver si les gusta :)
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Una puta mierda. Si a Hermione le hubieran pedido describir su vida en tres palabras hubiera usado esas. Una puta mierda. No era capaz de encontrar ningún trabajo que ella considerase acorde a sus conocimientos. Es decir, ningún trabajo en el mundo mágico. Tampoco nada que le gustase en el mundo muggle. Había ido a preguntar por puestos en librerías y bibliotecas, pero no había vacantes. Así que, con todo el pesar del mundo, después de pasar casi dos meses dando vueltas y buscando en los periódicos, había empezado a plantearse otro tipo de trabajos más duros y que no le gustaban tanto. Al final había aceptado uno de dependienta en una tienda muggle de "herbología", o algo así, donde vendían algunos ingredientes para unas pociones relajantes llamadas "infusiones". Eso era mejor que nada, y al menos su jefe era una buena persona y el sitio era muy agradable.
Pero eso no era todo. Su segundo problema tenía nombre y apellidos, y era pelirrojo y ahora mismo debía estar viendo el partido de la selección irlandesa de quiddich. Tras un mes sin noticias de él (y después de lo que había pasado con Severus), había pensado que lo mejor era mandarle una lechuza y exponer en una carta sus sentimientos. Era una tontería que él siguiese albergando esperanzas por ella, además, así no se detendría si conocía a alguien... Le escribió una carta preciosa, de lo más emotiva, y como expuesta tan solo obtuvo un "me parece bien, hablamos a la vuelta". Eso le sentó fatal. Ella se había esforzado mucho por escribir algo sincero pero que no hiriese sus sentimientos y él le contestaba con un simple "ok".
Pero Hermione hubiera pasado por eso durante el resto de su vida gustosa con tal de que no le sucediera lo que le estaba a punto de pasar. Ella siempre había sido una chica muy regular en cuestiones de menstruación. Siempre. Pero hacía dos meses que notaba la falta. Y lo que era peor, después su última menstruación solo había tenido sexo con un hombre. Su grasiento, frío, borde profesor de pociones. Así que os podéis imaginar cómo su vida se vino abajo cuando la prueba de embarazo resultó positiva. Al principio no supo qué hacer, así que sólo se metió en la cama y se puso a llorar. A las dos horas salió, había tomado una decisión. Tenía que decírselo a él. Severus era tan responsable como ella, y por supuesto tenía tanta capacidad de decidir si quería ese niño como ella. Porque ella lo quería. O eso pensaba. Por eso estaba ahora llamando a su puerta.
Severus se sorprendió cuando oyó que alguien golpeaba su puerta. Apenas hacía unos minutos que había vuelto de viaje y ni siquiera le había dado tiempo a deshacer el equipaje, mucho menos a avisar a nadie de su llegada. Supuso que sería Lucius, que vendría a interesarse por su viaje o, lo más seguro, para pedirle que intercediese por él para algún asunto del Ministerio. Por eso se sorprendió cuando vio a Hermione. No la esperaba. Realmente, no esperaba volver a verla nunca más, después de como acabaron las cosas. Aunque tenía la cabeza embotada por el vino de la noche anterior, podía recordar perfectamente la mirada que la joven le había echado cuando amaneció a su lado. Una mirada llena de resentimiento y vergüenza que él no iba a olvidar. Decidió no abrir, podía fingir que no estaba y ella se iría. Pero no se fue, aunque tampoco siguió llamando. Severus vio como se sentó en las escaleras que daban a la calle y enterró su cara en sus rodillas, abrazándolas con ambos brazos. Parecía que estaba llorando. Y él sabía que le estaba esperando. No podía ser tan cruel, aunque eso no significase que fuese a ser amable. Después de cómo ella le había mirado, con ese asco y desprecio, como cuando llamó sangre-sucia a Lily…
Hermione se había sorprendido al oír la puerta y había mirado. Y aunque se había girado rápidamente, Severus había llegado a ver su rostro bañado en lágrimas.
-¿Qué quieres? – Dijo con un tono de voz frío y en cierta manera amenazante, sin franquear la puerta. No le conmovía la situación de la chica, y tampoco le importaba que llorase en la calle, quería que se sintiese tan humillada como ella le había hecho sentir. Y desde luego no la iba a invitar a pasar.
-Me gustaría hablar contigo.
-¿Qué quieres? – Repitió él en el mismo tono cortante.
-¿No me vas a invitar a pasar? ¿Qué ha sido de tus modales? – Dijo ella sacando su carácter. – No es algo que te gustaría oír en la calle, créeme.
-Entonces es una lástima, pero creo que me quedaré sin oírlo. – El dio un paso hacia atrás y se dispuso a cerrar la puerta. Era un farol, y sabía que si fallaba se quedaría sin saber la razón por la que ella estaba ahí, pero eso en realidad le daba un poco igual, lo que más quería era que ella se fuese y le dejase en paz de una vez.
-¡Espera! – Ella subió de un salto los escalones que le quedaban y puso una mano en la puerta para impedir que cerrase. – En serio, necesito hablar contigo, es importante.
-¿Vienes para pedirme ayuda? – Dijo él en tono burlón. – O tal vez es para decirme que mi libro no estará publicado. O quizás es para seducirme y acostarte conmigo, dejándome a la mañana siguiente con una mirada de asco. Si es para algo de eso ya puedes irte.
-Estoy embarazada. – Hermione no gritó, ni lo dijo muy rápido. Fue en un tono calmado, pero a él le entró una sensación parecida a la que se debía sentir si se abría el centro de la tierra y te engullía. Porque si ella estaba allí, eso es que había posibilidades de que ÉL fuese el padre.
Hermione empujó la puerta suavemente mientras él la abría del todo para que ella pudiese pasar, y una vez dentro la cerró. Se quedaron cara a cara y Severus podía jurar que la suya estaba blanca como el mármol, aún más que de costumbre.
-¿Cómo…? – Toda la frialdad de su voz se había evaporado, quedando ahora solo un susurro aterrorizado.
- Creo que no te tengo que explicar el cómo. – Dijo ella con una sonrisa, intentando que no hubiese tanta tensión en el ambiente.
- ¿Hay posibilidades de que yo…?
-Sí.
- ¿Seguro?
-Completamente. Pero Severus, no quiero que te hagas cargo, que lo tomes como una obligación. Yo quiero tenerlo, y lo voy a tener, y he venido solo porque me pareció que debías saberlo. Pero si no quieres hacerte cargo lo entenderé y el niño nunca sabrá de ti.
Severus se dio la vuelta y se dirigió hacia el salón. Hermione le siguió, pero cuando llegó no había nadie, así que supuso que habría una puerta oculta en algún lado. Sin estar muy segura de si debía irse o quedarse y esperar, se sentó en un sillón. Después de diez minutos examinando de lejos los libros sobre magia oscura y pociones que tenía su profesor en casa, decidió que quizás lo mejor era irse y dejarle tiempo para pensar. Pero justo en el momento en el que se levantaba del sillón, se movió una de las estanterías y Severus apareció detrás. Había recuperado su semblante frío y calculador.
-¿Cómo sé que esto no es un truco, que pretendes hacerme creer que es mío solo porque Weasley te ha dejado y así no quedarte sola con el niño?- Preguntó él. Tenía sentido, no podía fiarse, no después de todo el rencor que le guardaba. La conocía del colegio y, a pesar de que no creyese que ella fuese capaz de hacer algo así, la consideraba lo suficientemente inteligente y desesperada para hacerlo. – Por lo que me contaste el otro día estás sin trabajo, y la casa pertenece a Ron.
-Ya te lo he dicho, no tienes que hacerte cargo. Yo sólo venía a decírtelo, puedes creerlo o no. Yo sé seguro quién es el padre, y si quieres le preguntas a Ron, hace tres meses que no nos acostamos, y siempre usamos protección. – Ella se dio la vuelta para irse, pero antes de llegar a la puerta se giró. – Por cierto, he encontrado trabajo, en una tienda de infusiones. Y también tengo sitio donde vivir.
-¿Ah sí? Qué rápido. ¿Ya has encontrado a otro que te deje vivir en su casa? – Dijo él, evidentemente molesto con ella por lo mal que le había dejado y consigo mismo por haber pensado así de ella.
-Quizás te pienses que soy una fulana, pero en toda mi vida sólo me he acostado con dos hombres, y uno de ellos ha sido mi novio durante cuatro años. – Dijo ella muy enfadada, con lágrimas en los ojos. Las insinuaciones de él le habían hecho daño.
Severus, dándose cuenta de su error, trató de solucionarlo intentando ser más amable con ella.
-Lo siento, sé que me he pasado y me he dejado llevar por mi mala fe. –Ella se quedó sorprendida por sus palabras. - ¿Dónde vas a vivir?
-Vuelvo con mis padres. –Dijo ella, aún molesta. –Viven cerca de mi nuevo trabajo.
-¿Qué? ¿Vas a vivir y trabajar en los barrios más muggles de todo Londres? ¿Qué pasará cuando nazca el bebé?
-No pasará nada. Normalmente los bebés no tienen magia, Severus…
-Pero es más fácil cuidar a un bebé con magia. Además cuando sea mayor podría tener problemas, sobre todo si no sabe controlar los poderes o se le desarrollan demasiado pronto, antes de Hogwarts. – Dijo él, recordando su infancia y el rechazo del resto de niños, incluyendo Petunia Evans. Todos a excepción de Lily.
-¿Y qué propones? ¿Qué me vaya a vivir a algún sitio donde no haya nadie en cien metros a la redonda para que no tenga problemas? – Dijo ella, irónica.
- Exactamente. –Tras un periodo de vacilación Severus dio rienda suelta a un pensamiento que llevaba algunos minutos rondándole por la cabeza. - Ven a vivir aquí. Veníos los dos.
- ¿Qué? – Hermione no se podía creer lo que le estaba diciendo ese hombre con el que se había llevado mal toda la vida y el cual le acababa de decir que era poco menos que una fulana.
- Es una zona tranquila, relativamente cerca de tu casa actual y de la de tus padres, por lo que creo. Así que el trabajo tampoco estará lejos. Además, no te estoy proponiendo que seamos pareja ni nada por el estilo. Hay dos habitaciones, puedes quedarte en la otra o subir a la bohardilla y dormir allí. Y yo estaré por aquí si necesitas algo. – Añadió esto último en voz muy baja, lo cual sumado a que ella hacía rato que no le miraba y estaba absorta en sus pensamientos, le hizo comprender que no le había escuchado.
-Quizás no es tan mala idea. Lo pensaré. – Concluyó al final.
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Bueno, pues parece que Hermione está embarazada. ¡Y de Severus! Este hombre donde pone el ojo pone la bala, que eficacia, jajaja. Por lo pronto no quiere que su hijo o hija viva en un barrio de gente mayormente muggle y le ha pedido que vaya a vivir allí, ya veremos que decide Hermione, no es una decisión fácil. (Por un lado Severus tiene razón, pero un bebé no da tantos problemas mágicos y yo personalmente no llevaría a mis hijos a vivir a una zona tan vieja y medio abandonada, con una casa tan oscura, pero ya veremos que decide ella).
Por cierto, la tienda en la que trabaja Hermione es un Herbolario (al menos en España se llaman así, no sé si fuera se llaman igual) que es como una tienda de té pero no solo tienen té, sino demás plantas y semillas para hacer infusiones relajantes, para adelgazar, para la piel... en fin, para todo. De entre todos los trabajos del mundo que podía elegir para ella, cogí este por dos razones: la primera es que estas infusiones son (salvando las distancias) como la versión muggle de las pociones. Cada una con sus ingredientes, su tiempo de cocción, de reposo... Y a Severus le gustan las pociones... La segunda razón es porque Hogwarts es un instituto mágico, que les prepara para trabajos en el mundo mágico. Pero Hermione en realidad no tiene ninguna formación profesional para trabajar como muggle (quiero decir, no puede ser profesora, ni guía turístico, médico, banquero, ingeniero...), pero para trabajar en un herbolario solo se necesita tener conocimiento de las plantas y sus cualidades, y eso ella sí que lo ha estudiado, así que el trabajo no le iba tan mal.
Y bueno, gracias por sus follows y favs, sobre todo teniendo en cuenta que llevo casi una semana sin publicar nada. ¡Me siento fatal! :( Pero a partir de ahora intentaré que sea algo más frecuente (aunque aún no es nada seguro). ¡Disfruten de la historia, un saludo!
