Fate llevaba sólo una hora en su cuarto pero a ella le había parecido toda una eternidad. Tras abandonar las cuadras, lo que le pedía el cuerpo después de toda una tarde recorriendo el castillo era una buena ducha. Sólo cuando llegó a su habitación se dio cuenta del problema, en el siglo XIV no había duchas. De pronto empezó a sentir un fuerte picor por todo el cuerpo que se volvía especialmente fuerte en la cabeza "¿Cuándo fue la última vez que… o Dios" No lo entendía ¿Cómo había olvidado bañarse durante 5 días? Olía fatal tras casi una semana sin asearse. Pegó la palma de su mano a la boca esperando equivocarse pero el hedor de su propio aliento le hizo sentir asco de sí misma. "¿Y qué otra cosa esperabas Fate?" No recordaba cuando se había lavado los dientes por última vez y tras los días que había pasado sin apenas beber sentía la garganta áspera. No quería ni pensar en…
-¡Oh no! ¿Qué habrá pensado Nanoha de mí?
Tenía la cara roja como un tomate y no paraba de dar vueltas en su habitación, pero por muy avergonzada que se sintiera de su propia higiene no podía cambiar lo que ya había hecho. Su único objetivo ahora consistía en encontrar una bañera y una pastilla de jabón enorme. Sin embargo, lo que en un principio le pareció un problema fácil de resolver con el paso del tiempo tornó en una misión imposible.
La primera dificultad vino al intentar salir de la habitación, ¿Cómo iba a salir de su cuarto si su olor mataría a cualquier ser vivo que estuviera a menos de 5 metros de ella? Pero su decisión y la ausencia de posibles víctimas en el corredor la animaron a continuar.
Mientras caminaba por el estrecho pasillo en dirección sur cayó en la cuenta de que no tenía ni idea de a quien dirigirse: ¿La sirvienta? Que ella supiera no tenía ninguna, quizás hubiera algún tipo de... Mientras escarbaba en sus ya olvidadas clases de historia llegó a su destino, la escalera de caracol. La empinada escalera situada en el recoveco más sombrío del pasillo había sido uno de los grandes descubrimientos del día. Era el atajo perfecto, apenas tardaba unos minutos en llegar a una de las salidas laterales del castillo. Lo encontró durante su retorno desde las cuadras y dedujo sin esfuerzo que sería una especie de escalera de servicio ya que llevaba directamente a las cocinas, aspecto que para nada desagradaba a la rubia. De hecho había sido el olor a comida lo que la había llevado a encontrarlo, aunque ella prefería atribuirlo a su poderoso instinto, por supuesto nada tenía que ver el dulce aroma a tarta de zanahoria y crema recién hecha proveniente del lugar.
No hizo más que poner un pie fuera de la escalera y vio como la tranquila atmósfera que la había envuelto durante todo su recorrido se transformaba en una locura de sonidos, olores y personas. Las cocinas eran un mundo totalmente distinto al resto de la fortaleza. Las mujeres corrían de un lado para otro cargadas con bandejas y cacerolas, el calor de los fogones te hacían sudar como si estuvieras en el mismo infierno y los animales domésticos correteaban a su antojo. A cualquier persona aquello le habría parecido un caos, pero eso era porque no conocían a Devi.
Devi era la cocinera del castillo, la encargada de preparar el menú en las cenas importantes, quien organizaba las comidas de todos los nobles para que se sirvieran a su hora, la responsable del abastecimiento del lugar y nada, nada, escapaba a su control. La cocina era su reino y la dirigía con puño de hierro.
-Buenas tardes Devi.
-¿Cómo? ¿Aún tenéis hambre? Claris, acercadle un trozo de bizcocho a la niña y traed algo de mermelada. Sí que tenéis buen saque los extranjeros.
Alguien podría preguntarse por qué Devi, dueña y señora de las cuatro salas que formaban la zona de almacenamiento y cocinas, se dignaba a hablar con una extranjera a la que apenas se le entendía una palabra, pues bien, la razón es que la mujer era también la reina de los chismes y no había nada más jugoso en esos momentos que la nueva huésped de Dunnottar. Aunque todos habían oído hablar de la extranjera muy pocos la habían visto y menos aun eran los que habían hablado con ella. ¿Quién era la nueva mujer?, ¿De dónde había salido? Y lo más importante ¿Qué tipo de relación tenía con su señora? Nadie conocía el rango de la joven pero nada más llegar se había sentado en la misma mesa que Lady Hayate, y nada menos que junto a Lady Nanoha, debía ser alguien importante.
-Muchísimas gracias, pero no es necesario, no tengo hambre.
-Gracias al cielo, pensé que jamás os saciaríais JA JA JA –La profunda voz de Devi tronó en toda la cocina e hizo encogerse a más de uno –Pero sentaos señora, conceded a esta agotada anciana un minuto de desahogo.
Aquella mujer de casi 1.80, con una larga cabellera negra trenzada hasta la cintura, no parecía superar la treintena y mucho menos tenía pinta de cansada, pero Fate accedió sin rechistar. Ahora era ella quién necesitaba información.
-Decidme qué… ¡Matilde esas papas!... os trae tan pronto a mi cocina?
-Verás, me preguntaba con quien tendría que hablar para conseguir un poco de agua.
-¿Agua decís? Aquí mismo tenemos vasijas llenas, tenéis sed señora.
-Lo que de verdad necesito es agua caliente.
-Bueno, si es té lo que deseáis cualquiera de mis niñas puede preparároslo ¡Rouse….
-NO, NO, NO Devi yo… -En veinte años de historia aquella era la primera vez que Devi escuchaba un NO dentro de su cocina, ni siquiera la señora del Castillo se atrevía a contradecirla en su territorio y la experiencia la dejó en un pequeño shock, a ella y al resto de mujeres que estaban cerca. La rubia se dio cuenta en seguida de su error –Quiero decir… muchas gracias de nuevo, eres muy considerada, pero no es té lo que estoy buscando.
Los ojos de la cocinera se suavizaron un poco, pero su mirada seguía atravesándola sin piedad. La joven no lo sabía, pero su desconocido status la había librado de la ira más temida por los habitantes de Dunnotar.
-Decid pues señora ¿qué necesitáis de esta humilde cocinera?
-Yo… me gustaría poder darme un baño y quería preguntarte Devi, si fueras tan amable, con quién debería hablar para conseguir una bañera, además de agua caliente claro.
-¿Por qué?
-¿Cómo que por qué?
-¿Por qué queréis daros un baño? Ya pasó la primavera y de todos es sabido que no es muy saludable mojarse en exceso.
La mandíbula inferior de Fate casi golpea la mesa. Sabía que no sería fácil conseguir una bañera con agua caliente, pero jamás se planteo que no pudiera volver a lavarse nunca. No, aquello no podía ser. Tal vez fuera imposible darse un baño en el siglo XIV, pero al menos debía existir el jabón no? Unos sudores fríos le recorrieron todo el cuerpo.
-Sí jejeje… tienes razón, en que estaría pensando jejeje. –La mujer a su lado negaba como quién reconoce la torpeza de un niño –Pero verás, me gustaría tener un poco de jabón… para nada en especial, sólo quería ver si se diferenciaban de los florentinos.
-El jabón es igual en todas partes niña, para qué… ¡Matilde! ¿qué te he dicho de las papas? Se os van a ahogar si no las sacáis pronto del agua, dejad de estar en la parra niña.
La pobre de Matilde casi se cae al tropezar con una de las gallinas que correteaban por allí, aunque más le hubiera valido caerse, así al menos habría tenido una excusa. Ahora Devi estaba junto a las patatas y en su arrugado entrecejo podía leerse un mal presagio.
Fate quiso acercarse a la cocinara para seguir con su conversación, estaba claro que había jabón en el castillo, sólo tenía encontrarlo. Sin embargo su lado más prudente se impuso. Un aura extraña empezaba a surgir desde los fogones a la vez que las mujeres a su alrededor iban haciéndose invisibles, o eso pretendían mientras rezaban a algún dios por un poco de suerte. Aunque la estudiante no se había percatado de nada, el delicado equilibrio que allí reinaba se había roto. Era sólo un pequeño detalle, minúsculo, pero Devi no toleraba semejantes errores en su cocina.
En cuanto la tormenta se desató la estudiante escapó como pudo de aquel infierno. Su salida más cercana resultó ser la escalera de caracol y, aunque estaba felizmente a salvo, ahora tenía otro problema ¿Cómo iba a encontrar nada si no podía salir de aquel ala de la fortaleza? Por razones obvias el atajo quedaba vedado para los próximos días e intentar andar por los pasillos principales era inviable. Simplemente no se atrevía ¿Qué ocurriría si se encontraba con alguien? "No, no, no… ya he tenido suficientes experiencias extrañas por un día".
Con la moral por los suelos la rubia se dirigió a su cuarto. No tenía otro remedio más que esperar a Nanoha y preguntarle directamente a ella. No importaba la vergüenza que pudiera sentir, su higiene personal era urgente y la joven madre era la única persona dentro de aquel manicomio en la que podía confiar.
Y así fue como Nanoha encontró a Fate, deprimida y hecha un manojo de nervios. Al principio la joven se asustó un poco, la posibilidad de una recaída cruzó su mente al ver el extraño comportamiento de su nueva amiga, pero la preocupación apenas duró unos minutos, el tiempo en que la estudiante consiguió superar su timidez y preguntarle directamente.
-Nhya ha ha ha
-Yo no le veo la gracia.
-Cierto… Nhya ha ha ha… tenéis razón.
-Pues no lo parece.
-Es sólo que… me hubiera gustado ver la cara de Devi.
La rubia fruncía el ceño, no terminaba de creerse aquella excusa, sobre todo porque mucho antes de hablar sobre su pequeña aventura en la cocina ya estaba riéndose.
-¿Os había dicho cuánto os parecéis a mi hija? Su frente también arruga como la vuestra cuando se enfada. –El ceño de Fate se frunció un poco más, si eso era posible.
-Yo no soy ninguna niña… y tampoco estoy enfadada.
Nanoha volvió a reír, era una sensación muy refrescante charlar con alguien tan distinta a ella. La rubia tenía con una manera de pensar tan diferente, no se parecía a nadie que hubiera conocido y eso le encantaba. Sobre todo envidiaba la libertad con la que se expresaba, no le importaba lo que los demás pudieran pensar, era como si no sintiera el inmenso peso que la sociedad imponía sobre todos ellos… Básicamente se comportaba con la libertad y la inocencia de un niño, de ahí que no pudiera parar de reír.
-No os preocupéis, mañana tendréis vuestro preciado baño.
-¿Mañana?¿De verdad?
-De verdad, pero tendréis que madrugar un poco ¿Supone eso un problema para vos?
-…No, por supuesto que no.
-Estupendo entonces, mañana a las 5 pasaré a buscaros.
-O-
Apenas si podía mantener los ojos abiertos, la oscuridad aún las envolvía y el lento movimiento de su montura la mecía suavemente. Lo único que la ayudaba a mantenerse despierta era la fría brisa que soplaba a esas horas de la mañana. Al principio, la excitación de montar por primera vez a caballo había conseguido que se olvidara del sueño que tenía, pero tras 20 minutos de viaje ya no quedaba ni rastro de aquel entusiasmo dejando en su lugar una cantidad considerable de bostezos.
No sabía exactamente a donde se dirigían pues la pelirroja había insistido en que se trataba de una sorpresa. Al principio quiso orientarse buscando alguna semejanza con los alrededores de Dunnottar en su época, pero pronto vio que no tenía ningún sentido intentarlo. No es que existieran pocas similitudes, es que no había ninguna. Fue abandonar el camino que llevaba a la fortaleza y sentirse completamente perdida. Nada más alcanzar el continente un enorme bosque les daba la bienvenida y junto a él, una solitaria "carretera" avanzaba sinuosa bordeando sus límites.
Durante un tiempo ambas mujeres estuvieron siguiendo la vía que separaba el acantilado de la inmensa masa de árboles, pero luego Nanoha comenzó a guiarla hacia el interior del bosque. No sabía como podía orientarse entre semejante maleza, ella ni siquiera distinguía nada debido a la oscuridad. Avanzaban lentamente, los cabellos apenas podían moverse entre los árboles y para evitar que las ramas le arañaran la cara tenía que pegarse a su montura, de ahí que la rubia se encontrara más dormida que despierta cuando llegaron a su destino.
Fate notó un suave zarandeo en el hombro y abrió lentamente los ojos, un nuevo bostezo se abrió paso en su boca.
-¿Aún estáis segura que madrugar no os supone un problema?
No hacía falta estar muy despierto para notar la risa ahogada que la pelirroja retenía a duras penas. Se planteó contestarle francamente, según ella las 5 de la mañana era una buena hora para acostarse, algunas veces por exámenes y otras muchas de fiesta, pero desde luego nunca sería una hora para lavarse. Sin embargo estaba a punto de conseguir su objetivo, agua y jabón, por nada del mundo quería arriesgarse a perder su oportunidad.
-Bueno, y ahora ¿Dónde está ese baño?
-Tened paciencia… os gustará, os lo prometo.
Con un poco de esfuerzo, y algo de ayuda, la estudiante bajó del caballo para seguir después a su compañera. Nanoha apartó unos matorrales secos para dejar al descubierto una pared rocosa perfectamente pulida, tenía una forma algo extraña y su color, un gris casi plateado, se le antojaba extraño para esas latitudes. Lo que más llamaba su atención era la enorme grieta que se abría justo frente a ellas. Era algo estrecha y un poco espeluznante para su gusto, pero cuando la joven madre desapareció tras la abertura no lo dudó y trató de alcanzarla. Al ser un poco más alta le costó algo de trabajo atravesar por completo aquel pasillo formado entre las rocas, pero tras unos pequeños apuros consiguió llegar a su altura.
Si la rubia no hubiera asumido ya que cosas como los viajes en el tiempo podían ocurrir, le habría costado asimilar que una fuente termal pudiera encontrarse en el norte de escocia. Al salir de la grieta lo primero que vieron sus ojos fue una serie montañosa del mismo tono grisáceo que la piedra que habían atravesado, no era muy elevada pero discurría alrededor de un lago situado en el centro de aquel valle. Pocos árboles ocupaban el lugar, no había muchas especies capaces de crecer con tan poca tierra para sus raíces, por lo que el cielo aparecía límpido sobre sus cabezas. Los primeros rayos del amanecer asomaban por encima de las rocas, bañando el claro con un sinfín de tonos rojizos. Por momento pensó que se encontraba en el paraíso.
-Os lo prometí, la espera merecía la pena.
Fate sólo podía asentir con la cabeza, aún seguía sobrecogida por la espectacularidad de aquel paisaje.
-Nhya ha ha ha, sabía que os gustaría. Bueno, no perdamos más tiempo…
Fate se volvió hacia Nanoha para escucharla mejor cuando entró en pánico.
-¿Qué haces?
-¿Qué hago? Desvestirme, no esperaréis que entre en el agua con mis ropas.
-No… quero decir… yo pensaba que…
-¿Erais la única a la que le place bañarse? Sé que puede parecer extraño, al menos eso dirían la mayoría de las mujeres de la corte, pero me resulta desagradable dejar adherida a mi piel todo el polvo y la inmundicia que inevitablemente hay en el castillo. Vengo aquí casi a diario.
La rubia se sorprendió, no esperaba que existiera gente así en una época donde lavarse la cara con agua se creía dañino. Pero su sorpresa no duró mucho, el tiempo necesario para ver una considerable porción de inmaculada y tersa piel cuando el vestido de Nanoha comenzaba a deslizarse sobre sus hombros. Rápidamente se giro para darle la espalda. No es que Fate tuviera problemas en ver a una mujer desnuda, ella consideraba el cuerpo humano algo natural y nunca le había parecido violento tener que desnudarse frente a otras personas, pero ahora era diferente. En una pequeña parte de su ser sabía que Nanoha le gustaba. Era una mujer preciosa, amable y divertida ¿Cómo no le iba a gustar? Así que no podía evitar ese sentimiento de culpabilidad si la miraba aunque sólo fuera de reojo, sería traicionar su confianza, por muy infantil que pudiera parecer simplemente no podía hacerlo.
Soltó un suspiro cansado, ¿Por qué parecía que le encantaba complicarlo todo? Sería más sencillo si no se sintiera tan atraída por la pelirroja, pero tampoco sabía qué hacer al respecto, lo único que se le ocurría en ese momento era guardar las distancias, aunque dudaba que le diera resultados. Aún de espaldas al lago comenzó a desvestirse, obviamente tendría que hacerlo si quería bañarse de una vez por todas. Apenas había empezado cuando sintió un poco de calor junto a su oreja.
-No imaginaba que fuerais tan vergonzosa.
Casi se le paró el corazón al percatarse de lo cerca que estaba ella, tanto que su piel se estremecía con la caricia de su aliento
-Está bien, es bueno que una sea lo suficientemente tímida por las dos, pues yo no pienso serlo.
Si pudiera verse en un espejo, habría visto la poca diferencia que en esos momentos había entre su rostro y el rojo intenso característico de sus ojos. Ahora sí que no sabía que hacer, estaba hecha un manojo de nervios. Si Nanoha lo había hecho a posta se trataba sin duda de la persona más cruel sobre la faz de la tierra.
Terminó de quitarse la ropa como pudo, intentando siempre mirar a cualquier parte menos a la cara de su compañera, y entró en el lago. El agua caliente la envolvió por completo ayudando a que sus músculos y su cabeza se relajaran, un poco al menos.
-O-
-Debo suponer, Signum, que no has venido a verme porque me echabas de menos ¿Cierto?
Hayate se encontraba en la intimida de su cuarto acompañada por una de las pocas personas que disfrutaban de toda su confianza. La habitación, tan sólo iluminada por la luz del hogar, parecía mucho más grande y solitaria gracias a la penumbra en la que ambas se encontraban.
-Traigo noticias.
-Lo suponía.
La castaña resopló, últimamente Signum sólo le traía malas noticias y aquella ocasión no parecía ser una excepción.
-Decidme entonces ¿De qué se trata esta vez?
-Sé que ya habéis recibido nuevas desde el frente así que, con vuestro permiso mi señora, me saltaré esa parte para ir directa al grano –Hayate volvió a resoplar, a veces los formalismos de su amiga eran exasperantes –Se trata del conde Douglas.
-Espero por Dios que no hayáis venido a contarme que siguen llegando tropas a su castillo.
-No desde hace un mes mi señora, aunque son numerosas las personas que entran y salen de la fortaleza cada semana. –La castaña asentía, eran muchos los rumores que había escuchado en torno a los movimientos del conde –Hoy vengo a hablaros de un nuevo consejero en el más íntimo de sus círculos.
La castaña se sorprendió, ¿un nuevo consejero? Era la primera vez que oía algo al respecto, aunque eso tampoco era de extrañar. Signum era su mejor espía, además de la más fiable, si no corrían rumores acerca de un flamante nuevo consejero era porque muy pocas personas sabían de su existencia.
Una de las características que suponía ser mujer en la escocia del siglo XIV era que nadie te tomaba en serio, al parecer todos sabían que las féminas tienen poco cerebro y son incapaces de comprender los complicados problemas de política o las estrategias guerra. Sin embargo, este aspecto cobraba una importancia crucial si tu objetivo es pasar inadvertida y Hayate lo sabía. No sólo Signum trabajaba para ella como espía, toda una veintena de mujeres estaban a su servicio otorgándole una red de información que más de un rey envidiaría. A diferencia de los hombres, las mujeres podían entrar en cualquier habitación de la fortaleza mejor custodiada y nadie sospecharía de ellas, alguien tenía que atender los aposentos de aquellos inteligentes caballeros ¿no? Y como son unos seres tan sencillos, una simple sirvienta es incapaz de entender un mapa con la situación de las tropas, leer la correspondencia, contabilizar el número de soldados que… La señora de Dunnotar era con toda seguridad la persona mejor informada de toda escocia.
-Contadme, ¿Qué diferencia a este hombre del resto de consejeros?
-Que no es otro noble sin cerebro. –Hayate escuchaba con atención, no era fácil escuchar un cumplido en boca de Signum y aquello era lo más parecido a uno proviniendo de la espía –En menos de una semana consiguió acceder al círculo más cercano del conde y tan sólo unos meses mas tarde ya se había convertido en su principal consejero.
-¿Y por qué razón jamás he oído hablar de alguien tan "impresionante"?
-El hombre es un neurótico, se pasa la mayor parte del tiempo en sus habitaciones. Las sirvientas comentan que sus aposentos son un caos de libros y artilugios extraños, al parecer es algún tipo de Maese. Aunque algunas también dicen haber encontrado cadáveres de animales mientras limpiaban.
-Quizás se trate de un loco con mucha imaginación y la labia suficiente como para engañar al conde.
-Loco o no ha mejorado la seguridad del castillo notablemente, organizado sus tropas y convencido al rey de que Douglas es un santo corderito leal al reino.
-Signum, ese hombre es un peligro.
-Así es mi señora.
-Necesito pensar en todo lo que me habéis dicho, ahora muchas cosas cobran sentido… Volved a vuestro puesto lo antes posible, no quiero levantar sospechas innecesarias y Signum, esta información no debe salir de aquí, ni siquiera Nanoha debe saberlo.
-Como ordenéis señora.
AN: Aquí está por fin el siguiente capítulo. La verdad es que no me termina de gustar como ha quedado, hay algunas cosas que podrían mejorar bastante, pero no quería retrasarme más en publicar y he decidido subirlo tal cual.
Como siempre, muchas gracias a todos los que seguís el fic, en especial a los que opináis en cada capítulo. Gracias a vosotros sé cuales son los puntos más débiles de la historia, o los que más gustan, aspectos que intento tener en cuenta a la hora de escribir. Tb me ha sorprendido mucho ver que hay gente que lee y aun comenta mis otros fics… Parece que hace un siglo desde que escribí el primero xDDD.
Un saludo ^^
