Twilight y los personajes son propiedad de Stephanie Meyer. La trama esta inspirada (¡no plagiada!) en la obra de teatro "La Barca sin Pescador" de Alejandro Casona.
...
Alice se va de la casa ahogando los sollozos mientras las lagrimas caen por su cara, nunca volverían a ser igual las cosas, nunca. Bella se queda llorando de rodillas porque su hermana tiene razón. Ella no recupero su paz diciéndole lo que pensaba, pero consiguió terminar con la felicidad de Alice. Esta jamás la perdonaría por ello…
Capitulo II
Mientras Bella aun se lamenta por la discusión que tuvo con su hermana y enciende la lámpara, Renee baja las escaleras.
- ¿Por qué no te arreglas un poco? En el fondo del cofre hay un pañuelo de seda y un frasco con colonia.
- ¿Para quien voy a arreglarme? ¿No te parece que estoy bien así?
- No digo eso. Como mujer, mujer, no tienes nada que envidiar a nadie. Ni yo misma cuando tenía tus años era más atractiva. Pero los hombres en todo se fijan, y más los extranjeros, que traen los ojos nuevos.- le dice la madre a bella mientras limpia y arregla todo lo que encuentra a mano.
- ¡La de cosas que habrá visto ese! Viajes, países, gente que va y viene.
- Muy nerviosa te ha puesto esa visita. – Bella observa la inquietud de Renne preguntándose que ronda por esa cabeza suya
- Nerviosa es poco. ¿Me creerías si te digo que estoy tiritando de pies a cabeza?
- Si, ya veo. Pero, ¿por qué? - ¿que es lo que alteraba tanto a su madre? Pensaba Bella, no es como si nunca hubiesen tenido visitas en la casa.
- Es quedespués de tanta soledad, pensar que va a entrar por esa puerta un hombre que viene de lejos. ¡Sentir otra vez en la casa pasos de hombre! ¡Oír una voz de hombre!
- ¿No te basta mi voz?
- ¿Qué vale una conversación de dos mujeres? Es como cuando llueve en el podemos ser todo lo soberbias que tú quieras y hasta desviar los ojos, porque está bien, y porque así nos lo enseñaron. Pero un hombre es un hombre. Cuando lo tienes cerca hasta las paredes parece que están más seguras. ¡Si ellos no te miran, ni siquiera te das cuenta de que eres mujer!
-Mamá… - Renne sigue siendo la misma de siempre, para ella si no se cuenta con la presencia de un hombre la familia siempre estaría incompleta. Cuando el padre de ellas, Charly, murió no estuvo tranquila hasta que Bella y Alice se casaron.
De pronto Renne se queda callada mirando hacia la ventana. Estaba muy nerviosa.
- Silencio...¡Ahí está... ahí está!...
En ese momento entran por la puerta el tío marco con Edward por la puerta. El último miraba a su alrededor familiarizándose con el entorno, hasta que su mirada se posa en bella.
-Isabella Black... Renee...- Edward mira a las mujeres con las cuales se saluda palabras.
- Él no sé cómo se llama. La verdad es que no le pregunte su nombre. – Edward avanza cohibido hacia ellas para presentarse.
- Edward. Edward Cullen. – los tres se miran en silencio, tratando de descifrar al otro. Edward contempla la casa con emoción.
- Como ven, tampoco el señor es de mucho hablar, con que, por mi parte, creo que está todo. ¿No?
- Gracias tío Marco.
- Bueno, adios – Marco se retira por la puerta que da a la calle dejando a las tres personas que quedan solas. Hay una incomodidad propia entre las personas que no se conocen y no saben que decir, hasta que Bella rompe el silencio.
- Edward Cullen... No recuerdo haber oído ese nombre.
- No, es extraño. Cuando Jacob volvía de sus viajes hablaba de los barcos y los árboles y las chimeneas grandes. Pero de la gente, poco. Le gustaba más hablar de cosas que de personas. – Bella contempla al recién llegado.
- ¿Fue usted amigo suyo?
- Amigos no es la palabra. Le conocí sólo un momento, hace tiempo, cantando una canción. Pero fue algo tan importante en mi vida que no podré olvidarlo nunca. Ese recuerdo es el que me trajo aquí. – Edward no puede dejar de mirar a los ojos a Bella, ella verdaderamente es una mujer hermosa.
Posee unos ojos chocolates realmente expresivos. En ellos puede ver la triste que lleva consigo, aunque no la demuestre a simple vista. Siente un dolor en el pecho al pensar que el es el único responsable de su pesar, si no fuera por su avaricia ella estaría sonriendo en este momento junto a su marido. Aunque extrañamente, la idea de no verla junto a el no le causa del todo remordimiento, ¿sería su falta de sensibilidad acaso se pregunta? No sabría explicarlo.
- ¿Hizo el viaje por él? ¿No sabía... ? – Bella se queda callada, a pesar del tiempo no puede pronunciar esa palabras, cada vez que van a salir de su boca siente un gran dolor y sus ojos se llenan de lagrimas. Edward la mira y decide continuar por ella, dándose cuanta de que le cuesta hablar de ello
- Sí, lo sabía. Pero me atraía el afán de conocer su pueblo, las cosas que fueron suyas, la gente que él quería.
- Las cosas pocas son: estas cuatro paredes y una barca inútil amarrada al puerto. La gente que le quería, el pueblo entero, y nosotras.
- ¿Cómo puede recordarle tanto si le conoció sólo un momento? – Renne le pregunta con suma curiosidad, el parecia estar realmente interesado en Jacob.
- Hay momentos que valen una vida, aquel fue uno. Mi fortuna o mi desgracia dependían de una firma, y el nombre de Jacob Black lo decidió todo. Lo que yo no imaginaba entonces es que la fortuna y la desgracia pudieran ser una misma cosa. – bella lo mira interesada.
- ¿Lo supo él?
- Él no podía saberlo. Pero lo cierto es que todo lo que tengo se lo debo. Y si aún fuera posible, todo me parecería poco para pagar aquella deuda. – si tan solo pudiera cambiar lo sucedió piensa Edward, sacar de su interior esa angustia y ese remordimiento que le carcome la cabeza todo el tiempo.
- Gracias por el buen recuerdo. Pero lo que falta en esta casa, no hay dinero que pueda pagarlo.
- Lo temía. Cien veces estuve a punto de hacer este viaje y otras tantas volví a dejarlo por miedo a que fuera inútil. – en ese momento Renee intercede.
- Eso no. ¿Qué venía usted a buscar? ¿Un amigo? Pues aquí tiene dos. ¿Creía que nos debía algo? Pues con haber venido ya nos ha pagado de sobra. Habla tú, Bella, tú eres la que manda. ¿Qué habría dicho Jacob si estuviera aquí?
- Sólo tenía una frase para los que llegaban a él: esta es mi mesa, este es mi tabaco, esta es mi casa. Suyos son. – esas palabras llegan profundo a Edward.
- No se apresure a ofrecer. ¿Ha pensado antes si lo merezco? – ¿como es que estas personas le ofrecían su hogar sin siquiera conocerlo? El realmente nunca había conocido a alguien que actuara realmente de buena fe, sin intención de obtener nada a cambio suyo.
- Al que viene de lejos no se le pregunta para dar. Para recibir, sí. Es lo que nos enseñaron los viejos. – Edward no puede evitar emocionarse con sus palabras y sentir un profundo respeto hacia ella. No solo es una mujer hermosa, sino que es realmente bondadosa, de esas personas que uno no tiene la suerte de conocer todos los días.
Su esposo habría de haberla amado mucho, si el tuviera una mujer así no la dejaría ir nunca. Pero, esta mal que piense eso y la mire de ese modo reflexiona Edward, después de todo el es el responsable de la muerte del hombre al que ella amaba y probablemente siga amando.
- Gracias...señora.
- No nos agradezca y por favor siéntese, así de pie parece que se nos va a ir en seguida. ¿Acaso no está cansado del viaje? – Renee le ofrece una silla para que descanse.
- Tengo costumbre. Suelo viajar muy seguido.
-¿Cuándo vuelve a salir el barco? – pregunta Renee
- Mañana por la mañana.
- ¿Tan pronto? ¿Pero se quedará aquí con nosotras, verdad? No, no, no, no me diga que no. ¿Quiere beber algo? Puedo traer un jarro de cerveza.
- Gracias. No tengo sed.
- ¿Y frío? ¿Quiere que encienda el fuego?
- Tampoco, no se moleste.
- No está cansado, no tiene sed, no tiene frío... ¡Algo tiene que tener! La gente siempre tiene algo. – Renee lo mira luciendo enfadada, Bella le sonríe a Edward y le dice:
- No se lo tome a mal. Mamá quisiera que todo el mundo tuviera sed para darle de beber, y frío para encenderle el fuego. Es su manera de ser feliz.
- En un segundo está lista la cena. Eso sí, no hay más que arenques, y que no falten. ¿Le gusta el arenque? – le pregunta a Edward
- No se preocupe por mí. A su lado, ya estoy viendo que acabaría por gustarme todo. Muchas gracias.
- ¿A mí? ¿Gracias a mí? A usted habría que dárselas, hombre de Dios, aunque sólo sea por una noche. Pon el otro plato, Bella. – emocionada y con la voz temblándole comenta - Usted no sabe lo triste que es una mesa cuando sólo hay dos platos... y uno es ¡Tres platos otra vez!... ¡Tres platos...!
Edward la mira ir embelesado, pensando en cuanto le hubiese gustado a el tener una madre así. Bella en silencio pone el otro plato.
- Que gran mujer... ¡Qué gentileza a su edad!
-Va a cumplir sesenta años de juventud. – le dice bella sonriendo. Edward la observa y piensa que no solo su mirada es atrapante, sino que también posee una sonrisa encantadora.
- ¿Y es siempre así?
- Siempre, en el buen tiempo y en el malo. Hay árboles que nunca pierden las hojas.
- Son ustedes un pueblo tranquilo y fuerte.
- ¿Le gusta el país?
- Acabo de conocerlo y ya quisiera que fuera el mío.
- Gracias.
- Tío Marco me dijo que usted también trabaja.
- No es ninguna maldición. ¿Qué haría si no?
- Pero más de lo que pueden resistir esas manos. Incluso cultivar la tierra.
- Bah, un pequeño huerto, ahí mismo. – Edward no puede evitar pensar que el es el culpable de que ella tenga que maltratarse las manos de esa manera en el hurto para poder ganar dinero, seguramente cuando su marido aun vivía no debía hacerlo.
- ¿Hacía ese trabajo antes?
- Antes no era necesario. Cuando vivía Jacob plantábamos rosales. Después hubo que sembrar. Lo más triste de las casas donde falta el hombre es que hay que convertir en huertos los jardines.
- ¿Por qué se niega a aceptar mi ayuda? Con lo que yo he gastado en una noche puedo comprar lo que no produciría ese huerto en cien años.
- Su noche es suya. Mi trabajo es mío. Y me ayuda a recordar.
- Espero que no habrá interpretado mal mis palabras.
- No, sé que son sinceras, y limpias, se lo agradezco. – se hace un silencio.
- Parece que no es usted muy feliz con su fortuna.
-¿Para qué me sirve? Ya lo ve, ni puedo ahorrar con ella una fatiga de mujer, ni comprar una hora de sueño tranquilo.
- ¿Tiene algo que olvidar?
- Ojala pudiera...
- El tiempo le ayudará. Y los viajes. ¿Va muy lejos?
- No me espera nadie en ninguna parte. Me gustaría perder ese barco pasado mañana y aguardar aquí el regreso.
- Es un pueblo muy humilde, no se acostumbraría.
- Es tan poco lo que necesito... y tan difícil de encontrar.
- ¿Descanso? ¿Es eso lo que esta buscando?
- Descanso... quién sabe si no está aquí la paz que ando buscando. - Bella lo mira pensativa
- ¿Cuánto tarda en regresar su barco?
- Un par de semanas. - ella desvía la mirada de los ojos de Edward
- Si le basta una mesa de pino y una ventana al mar... arriba hay una habitación vacía. No es muy lujoso, peor creo que esta bien para que se quede
- ¿Aquí, en esta casa? ¿Bella Black es quien me ofrece su techo?- Edward no podía creerlo, la mujer a quien le había arrebatado la felicidad por su ambición era quien se ofrecía para ayudarlo a encontrar lo que necesitaba. Si supiera que era lo que lo atormentaba...
- Siempre procuro hacer lo que hubiera hecho él. ¿Por qué baja los ojos?
- No sé... la falta de costumbre. Vengo de un mundo donde todo se hace por
Dinero, hasta el más cobarde de los crímenes. Allí a todo desconocido se le mira como a un enemigo posible. En cambio usted no me pregunta quién soy ni de dónde vengo para abrirme su puerta. ¿Comprende por qué bajé los ojos? ¡Son treinta años de vergüenza que se me han subido a la cara!
Y si ella supiera realmente el motivo por el cual le corre la mirada, si supiera que todo su pesar es solamente y únicamente por su causa, seguramente no le abriría la puerta de su hogar así. ¿Como podía verla a los ojos cuando le había arrebatado su dicha? Pero en el fondo Edward sabía que a pesar de ello no quería irse, quería quedarse allí con ella y conocerla.
Había algo que lo atrapaba, aun sabiendo que no lo merecía, deseaba compartir tiempo por ella. De lo que no estaba seguro era del porque, si apenas sabia su nombre. La realidad era que Bella Black era todo un desconocida para el, peor a pesar de todo aspiraba a poder conocerla realmente. La pregunta era ¿querría ella conocerlo a Edward Cullen? ¿Aun sin saber que el era el asesino de su esposo?
continuara...
¡Hola! Bueno estoy otra vez por estos lados trayéndoles un nuevo capítulo de "El pacto". Quiero agradecer a las chicas que me dejaron review en la nota que subí dándome su apoyo y alentándome a que siga, ¡esto es para ustedes! Porque como dije antes aunque sea para una sola persona yo la voy a seguir subiendo la historia a esta página.
Solo me queda decirles que espero que las haya gustado el cap y el rumbo que esta tomando la historia. Ellos ya se conocieron ahora veremos que pasa ¿ustedes que creen? Díganme que opinan ¡POR FAVOR! Háganme saber su presencia. Un saludito y pásense por mi perfil a ver mis OS que son muy lindos jaja denle que ¿si?
micaprudence
