Capitulo IV
–¿Disculpe? –preguntó el castaño al escuchar al señor Mutou nombrar algo llamado: "Ave del paraíso"– ¡Yami, basta! –retó al joven ojirubí que correteaba por el jardín persiguiendo a unas ardillas.
Las pequeñas ardillas treparon al alerce usando el tronco principal. Yami se quedó mirándolas unos instantes y luego sin previo aviso, comenzó a trepar también
–¡Yami! ¡Baja de ahí! –gritó el ojiazul desde el suelo.
El ave miró al castaño como desafiándolo; no bajaría, no hasta obtener lo que buscaba. Siguió subiendo hasta llegar a una rama de la que colgaba una pequeña pajarera con comida para aves donde las ardillas se habían refugiado para robar la comida que el ornitologo le dejaba a sus aves todas las mañanas.
–¡Demonios! –exclamó Seto, esa situación lo tenia a mal traer; él era jefe de una gran compañía, cuando daba una orden todos corrían de inmediato a cumplirla pero Yami... Yami no era así. El tiempo había hecho bien su trabajo en dibujar aquellos actitudes de su ex-novio que le erizaban la piel por la "molestia" que le causaban. Ya lo había olvidado.
–Dejalo, las aves trepan muy bien, son ligeras y astutas –se apresuró a explicar el ornitologo tratando de calmar un poco al empresario.
–Si, pero estamos hablando de Yami. Dudo de la parte de "astuto" –alegó con sarcasmo– ¡Ouch! –exclamó con dolor en la última parte al sentir un pequeño cono estrellarse en su cabeza. Llevó su mano a la cabeza para calmar la zona afectada y alzó la vista a ver de donde había caído el cono. No tuvo que buscar mucho, Yami estaba ahí, mirándolo con un poco de rabia en su rostro. Tal vez, ofendido por el comentario del ojiazul.
Sugoroku alzó la vista; otra vez, podía reconocer a su nieto en las actitudes de ese híbrido
–¿Yami? –preguntó el anciano.
El ave le dio una mirada rápida y se escondió entre las ramas.
–Las aves del infierno te dejaran pasar
si el canto del inframundo sabes recitar,
Y te dirán sin dudar
si el alma errante que buscas, al otro lado han visto cruzar.
–El ave que conoce las puertas del inframundo. –musitó por lo bajo. Era una antigua leyenda pero... podía ser...
–¿Qué es eso? –preguntó el castaño.
–Una teoría ¿Quieres acompañarme con una taza de té? –ofreció Sugoroku al "invitado" al tiempo que se retiraba a la cocina. El castaño solo asintió.
Los dos caballeros se sentaron bajo la sombra del gran alerce del patio del ornitologo mientras el pequeño híbrido jugada en el árbol fuera del alcance de la vista de estos.
Sugoruku sirvió el té en una tazas amarillas para él y su invitado.
–Cuando estudiaba las estaciones de cría de las aves en Egipto, los nativos me contaron una leyenda sobre un ave que habitaba las islas de mas allá de los dominios de Ra.
–Si es una de esos mitos, no me interesa escucharlo. Sabe que no creo en esas cosas –se apresuró a aclarar el empresario con el tono frío y austero al tiempo que daba un sorbo a su té.
–Puede ser –dijo recargándose sobre su sillón–, pero no puedes negar lo que has visto. Puede que sea la única pista que tengas para entender si ese pequeño es Yami –alegó dando luego un calmado sorbo a su té.
Seto suspiró con desgano.
–La historia de un sacerdote enamorado del joven faraón del Antiguo Egipto. Un romance prohibido que los dioses descubrieron y condenaron. Al poco tiempo, el joven faraón enfermó y murió. El sacerdote, destrozado por la perdida de su amante, huyó al desierto y ahí es donde el mito comenzó... –
...
Vagaba por la espesa arena bajo el sofocante sol, sabia que pronto, los dioses vendrían a reclamar su pecadora alma; pero al mismo tiempo, se negaba a morir ahí; no, su plan era mas elaborado, moriría si; pero en la tumba de su amado. Ahí era hacia donde se dirigía. Bien en era sabido que los faraones, al morir, eran sepultados con sus posesiones para que estas lo acompañaran en su viaje al otro mundo. Como sacerdote del faraón, él también debía estar junto al antiguo gobernante en el mas allá; acompañándolo, sirviendole por toda la eternidad. Ya estaba cerca, debía seguir caminando. Las horas pasaron, pero el Valle de los Reyes parecía haberse desvanecido; cayó al áspero y calcinante suelo, exhausto. El cansancio, el calor y la falta de agua finalmente lo habían derrotado. No podía continuar; había fallado.
–Te fallé Atem... –dijo casi en un susurro.
Permaneció ahí unos minutos cuando un tímido cantar lo hizo alzar la vista. Un ave, una pequeña ave de cabeza y pecho negro azabache y alas azules con terminaciones violetas; nunca había visto un ave con esos colores, era verdaderamente hermosa.
El pájaro avanzó con paso elegante hacia él, una pata delante de la otra, una a la vez. Cuando estuvo a pocos centímetros del humano, sacó pecho como insinuándole que no le tenia miedo y lo observó moviendo su cabeza a los lados haciendo uso de su visión binocular.
–Te fallé... –le habló al ave y sintiéndose estúpido al mismo tiempo. Esa ave no era su Atem pero seguramente tenia contacto con el otro mundo, como un ave mensajera quería que le llevara el mensaje. El pájaro abrió las alas y se alejó volando. Unos minutos después, mientras luchaba por mantenerse despierto, sintió una húmeda nariz empujarlo. Alzó la vista de nuevo: un chacal. Sin duda, el animal había sido atraído por el olor a muerte, aunque él aun estaba vivo, seguro el animal sentía que no seria por mucho.
–¿No quieres adelantar el trabajo y matarme? –habló el sacerdote sabiendo que el chacal no le respondería.
–Me agrada tu oferta, pero no es a ti a quien busco.
La voz gruesa y penetrante asombro al moribundo sacerdote. ¿Acaso el chacal había hablado? ¿acaso estaba tan confundido ya?
–¿Eres parte de mi imaginación? –preguntó de nuevo, no esperando respuesta.
–Tal vez tu eres parte de mi imaginación. –respondió el chacal moviendo sus labios.
Brujería seguramente
–¿Quien eres? –preguntó el sacerdote queriendo conocer el nombre del espíritu con el que estaba tratando. Pero este respondió simplemente.
–Un chacal, humano. Estoy buscando un ave de plumaje azul. ¿La has visto?
–Si, tenia un hermoso cantar. –respondió recordando al pájaro de pecho negro y alas azules que había visto hacia instantes.
–Si, esa es. ¿Hacia donde se fue? –se mostró interesado el espíritu del desierto.
–¿Por qué buscas al ave? ¿Qué te ha hecho? –preguntó queriendo saber las intenciones del chacal para con tan indefensa pájaro
–Se ha escapado, y debe volver a su jaula.
–Un ave tan hermosa como esa; no debería estar enjaulada.
–¿Estas seguro? –preguntó el espíritu ahogando una risa.
–Sí –respondió sin entender que podía ser tan gracioso en su argumento.
El espíritu no podía evitar sonreír divertido por lo que estaba presenciando. Un humano, un hombre argumentando por la libertad de un pájaro Era cómico e irónico en cierto punto pero había llegado a sentir un cierto respeto por ese humano ¿por qué? Aun no lo sabia–. ¿Cómo te llamas humano?
–Seth.
–Seth, ¿dime que te ha traído hasta mi desierto? –interrogó el chacal mientras se acostaba sobre la arena justo al humano.
El sacerdote le contó su triste historia, a la cual el chacal escuchó atentamente y sintiendo empatía por el dolor del humano decidió hacer un trato con él.
–¿Crees que si llamas al ave esta volverá aquí?
–¿Llamarla? ¿Cómo podría llamarla si no sé su nombre?
–¿Como hiciste que viniera la ultima vez?
–No lo recuerdo. Yo le dije... Atem.
Ni bien termino de pronunciar el nombre y ante la admiración del chacal, la pequeña ave regresó y se posó sobre el hombro del humano.
–Bien... podemos continuar...
El chacal resultó ser nada mas y nada menos que el dios Anubis y tocado por el relato del sacerdote, uso sus poderes sobre el mundo de los muertos para bañar al ave azul en una tormenta de arena; cuando esta se disipó, el ave había desaparecido y en su lugar había un joven humano híbrido con alas azules: el ex-faraón. El sacerdote no caía de su asombro al volver a ver a su amante, vivo, con alas pero vivo. Anubis se apresuró a explicarle la situación. Le dijo que le devolvería a su amado faraón, pero necesitaría tiempo para reparar su cuerpo: 15 días. Mientras tanto, debería cuidar del joven híbrido que había creado para él. Al cumplirse los 15 días le devolvería el cuerpo restaurando completamente del faraón al mundo de los vivos.
Se dice que el sacerdote regresó al reino con su amante y retomó su puesto en el trono de su antiguo amor, como había sido su ultima voluntad. El sacerdote hizo todo lo posible para que el ave estuviera cómoda y esta, como muestra de agradecimiento, le cantaba en las noches; hasta le hizo poner una tobillera de oro para hacerla mas hermosa.
El ave permaneció con el sacerdote, todo el tiempo, pero un día, sin previo aviso el ave escapó dejando al sacerdote sumido en una niebla de maquinaciones ¿había hecho algo que hiciera al ave infeliz y por eso se marchó? ¿acaso Anubis lo había engañado?
Tres días después; de la nada así como se fue... el ave volvió; pero al sacerdote no lo alegró su regreso, después de haber visto su lógica saboteada por sus pares, llenando su cabeza con falacias contra el ave; ordenó que se encerrara al ave en una jaula de barrotes de oro para que nunca mas pudiera escaparse. El ave se puso triste, ya no cantaba como antes. Eso puso al sacerdote furioso y la decisión final llegó; el gobernante ordenó que le amputaran las alas al joven híbrido.
De manera nada amable, había sido arrastrado hasta aquella mazmorra. Tironeado del grillete con forma de anillo dorado que el sacerdote había ordenado colocarte en su tobillo para que todos supieran a quien le pertenecía; lo que una vez había sido una muestra de cariño hoy se convertía en una marca de la persona a la que le pertenecía; y de un poder invisible pero no por ello intangible de la posesividad que el sacerdote ejercía hacia él. Los carceleros empujaron al joven contra una lapida de manera que su pecho quedara contra esta y así, atrapado, estiraron las alas del híbrido para que el verdugo, quien se encontraba de pie junto a la pira afilando su cuchilla de manera chirriante contra una piedra, tuviera mejor acceso al origen de las mismas. El ave forcejeaba de manera desesperante para que la dejaran ir pero fue inútil. El verdugo alzó la cuchilla y con la precisión de un carnicero, cercenó las alas del híbrido desde la raíz. Una a la vez.
Los gritos ahogados del híbrido sumieron a la mazmorra en un ambiente aun mas tétrico que el anterior; aun cuando el ave no podía gritar; se dice que los presentes pudieron escuchar el lamento agónico, maldito a la vez, elevarse a través de las paredes del palacio. Una vez acabado la carnicería, el verdugo tomó hilos negros y cosió las heridas sobre los omóplatos del joven.
Al día siguiente y consecuentemente, en vísperas del día quince, el sacerdote se dirigió a su alcoba real, la cual había hecho refaccionar para mantener cautiva al ave allí; las ventanas habían sido tapeadas de manera que la luz del sol no pudiera asomar; las puertas eran vigiladas día y noche por guardias armados. Cuando entró en la misma, la oscuridad lo recibió. Todo el ambiente estaba hundido en penumbras, solo el contorno de alguno objetos eran vagamente perceptibles pero no había señales de su ave.
–¿Atem? ¿Estas aquí? –llamó en la oscuridad sin obtener respuesta y sin darse cuenta que unos orbes rubíes lo observaban en la oscuridad.
El gobernante volteó de inmediato al sentir algo moverse tras de él. Efectivamente, algo o alguien se movía entre las sombras de la habitación; no quería dejarse ver. No iba a jugar ese juego, tomó un candelabro y encendió las velas para alumbrar un poco la habitación. Un escalofrío recorrió su espina al ver algo corretear trepado al techo.
–¡Atem! ¡Baja en este instante! –bramó queriendo intimidar al ave. Estaba seguro que esa cosa era Atem.
El híbrido, lejos de intimidarse, bajo aterrizando detrás del humano. El sacerdote volteó a ver al joven pero algo no andaba bien. El chico se comenzó a arrastrar hasta una de las paredes, parecía que estaba sufriendo una ataque, gemía como una fiera herida dándole la espalda al gobernante. Seth observó las monstruosas heridas que cubrían la espalda del joven. Esas puntadas hechas con hilos gruesos; eran abominables.
–¿Qué te sucede? –preguntó sin comprender.
Un gorgoteo emanó del joven ojirubí al tiempo que se abrazaba a sí mismo llevando sus manos hasta su lesionada espalda cubriendo sus heridas. De repente, un gritó se elevó sobre el palacio, las manos de ojirubí se apartaron de las heridas y ante la admiración del sacerdote dos bultos comenzaron a emanar de la espalda del joven que rápidamente crecieron y se expandieron transformándose en alas; pero no eran las alas que tenia antes; estas nuevas alas eran casi trasparentes hechas de piel y cartílago. Parecían las alas de un demonio. Seth retrocedió ante esa abominable imagen pero antes de poder retirarse de la habitación; el ave se había puesto de pie y con la fuerza de un animal salvaje lo había tumbado al suelo. Sus garras, antes pequeñas e inofensivas, ahora eran grandes y filosas. Seth uso sus manos para tratar de alejar a ese demonio de sí, cuando tocó su cuerpo se dio cuenta que los huesos eran casi visibles en el animal; sus pequeñas cancelas que antes recubrían algunas regiones de su cuerpo se había convertido en escamas gruesas y rugosas; sus ojos inyectados en sangre; y la expresión cínica en su rostro; el ave estaba totalmente ida, ida y enajenada.
–¡Detente! –gritó el sacerdote al tiempo que le daba un golpe en la cabeza para confundirlo y poder escapar. Pero el animal, lejos de confundirse se aferró aun mas al humano y devolvió el golpe sobre el ojo izquierdo del humano hundiendo sus garras en este.
El gritó del gobernante atrajo la atención de los guardias, quienes entraron a la habitación encontrándose con ese demonio sometiendo al faraón.
El ave alzó la vista a ver a los intrusos y rugió ahogadamente desplegando sus demoníacas alas haciendo retroceder a los guardias.
Seth aprovechó el descuido del híbrido para empujar al ave y quitársela de encima haciendo que esta golpeara su espalda contra las maderas que tapeaban la ventana de la habitación. El faraón tomó impulso alentado por el odio de su ojo perdido y golpeó al ave una vez mas contra las maderas haciendo que estas se rompieran abriendo paso a los mortecinos rayos de luz del nuevo día. El ave se puso de pie, su expresión pareció suavizarse al ver la luz de nuevo.
El faraón tomó una espada que guardaba en la habitación y se interpuso en el camino del ave y la salida.
–Pagarás lo que has hecho –exclamó furioso al sentir la sangre en su rostro, caer de su ahora ciego ojo izquierdo.
El ave bajó la vista y se quedó un segundo estática. El faraón sintió que el híbrido no pelearía mas e indico con la cabeza a los guardias que apresaran al ave. Los guardias de inmediato se acercaron al joven ojirubí pero este, antes de ser atrapado tomó carrera esquivando al faraón mas no a su espada, la cual rozó su abdomen, hiriéndolo gravemente y así, sin que nada mas importara se lanzó al vacío.
–Ante la mirada incrédula y estupefacta de Seth, saltó del balcón al amanecer, cuando los rayos del sol de la mañana lo bañaron tal como prometió Anubis, el cuerpo del faraón fue restaurado solo para morir de nuevo...
Un fuerte ruido interrumpió el relato, haciendo voltear al narrador y al oyente hacia el origen del barullo. La pajarera que antes colgaba de la rama del árbol ahora se encontraba derribada sobre el suelo y la comida en su interior derramada a su alrededor. El anciano y el castaño elevaron la vista hacia la copa del árbol encontrando al joven ojirubí sujeto al tronco principal y al mismo tiempo sobre la rama de la que hacia instantes colgaba la pajarera; mirando con culpa y tristeza el alimento que estaba tratando de alcanzar, ahora, en el suelo. Al verse descubierto, se retiró al instante escondiéndose entre las hojas del árbol.
–Eso es ridículo ¿esta diciendo que Yami, así como lo vemos, fue resultado de algún embrujo o un hechizo?
–No lo sé, Seto. Yo aun no lo creo y lo estoy viendo.
–Por favor, es totalmente irracional. Usted... ¿no habló con Yami? ¿Acaso no puede llamarlo y preguntarle si esta bien?
–No he tenido noticias de Yami desde hace ya un año.
–¿Y Yugi?
–Si ha estado en contacto con Yami, debo decir que lo ha escondido bastante bien.
–No tiene sentido... –expresó al tiempo que suspiraba tratando de acomodar sus ideas. Alzó la vista al cielo. ¿Acaso era posible? nunca había visto algo como eso aunque estaba seguro que detrás había una explicación perfectamente razonable. Yami creía en todas esas historias antiguas; a él siempre le parecieron tonterías Pero... estaba ahí; y no era un sueño ni una ilusión. ¿Pero que significaba? Que Yami, el verdadero Yami, el que conocía, el que amaba, había...
Un fuerte estruendo, inundó el lugar haciendo que los comensales dejaran sus tazas de té sobre la mesa y voltearan hacia el origen del nuevo estruendo. Ambos elevaron la vista a la copa del árbol donde Yami estaba hacia unos instantes atrás. Ya no estaba allí. Un quejido los hizo bajar la mirada al suelo, Yami estaba sobre el suelo intentando incorporarse. Se había caído del árbol. Como acto reflejo, Sugoroku se puso de pie y se dirigió a auxiliar a esa criatura que podía ser su nieto.
–Yami... ¿te caíste?
En el interior de Yami, dos emociones se debatían: la impotencia y la tristeza. Se había resbalado y caído de un árbol. Era denigrante, mordió su labio hasta casi hacerlo sangrar. Sentía enojo concentrado en su interior.
–¿Te lastimaste?
Ante la pregunta y la mirada estupefacta del mayor; el ave alzó la vista respondiendo con un rugido defensivo. Un rugido ahogado, lastimero pero a la vez amenazante que hizo retroceder al anciano. El ojirubí se encontraba estático, con sus pupilas totalmente dilatadas, parecía un gato que se siente amenazado y solo se concentra en la figura que tiene frente a él.
Seto se acercó al lugar atraído por ese peculiar comportamiento–. Oye, tranquilo –le habló al ave con un tono tranquilo pero a la vez firme haciéndolo salir de su posición defensiva. El ave pareció volver a la realidad; regresando sus pupilas a su forma descansada, plegando sus alas, guardándolas y volteando a ver al empresario–. ¿Ve? Le dije que no era listo.
–Vamos, no seas así con él –respondió Sugoroku al tiempo que se acercaba de nuevo a Yami para revisarlo –. ¿Qué le pasó a tu ala?
–Debería dejársela así. Si no quiere que lo ayuden, es problema suyo –comentó el castaño con un tono frío al ver la preocupación del mayor hacia ese malagradecido crio.
Sugoroku sonrío.
–No es tan sencillo. No puedes esperar todo de un ave; no son como perros que simpatizan con los humanos con rapidez, son criaturas muy sufridas e indefensas. Su supervivencia se basa en la desconfianza –explicó mientras tomaba el ala fracturada y la extendía ganándose un quejido por parte del menor al tiempo que retrotraía su ala alejándola de las manos del ornitologo –. Esta bien, lo siento –alzó sus manos en señal de disculpa.
–Usted me contó esa historia del ave y el sacerdote pero ahora habla de él como si fuera un animal.
–Por lo que veo, esta actuando a instinto. No creo que nos recuerde y después de todo... ¿ese no era el problema?
Seto se quedó en silencio un momento.
–Traeré unos vendajes –dijo al tiempo que se retiraba hacia el interior de su casa dejando a los ex-amantes solos.
Seto se quedo mirando al ojirubi. ¿Podía ser? Que Yami estuviera escondido dentro de esa cosa. No podía negar que algunas de las actitudes de ese híbrido eran similares a las de Yami o tal vez Yami guardaba mas similitudes con un ave de lo que él había notado en su convivencia.
–Bien, veamos como esta esa ala –anunció Sugoruku al volver con unas vendas y algodón en las manos.
Mientras el ornitologo trataba la fractura del ala de Yami el empresario se perdió en sus propias reflexiones. Las ideas iban y venían pero ninguna resolvía el acertijo. ¿Era o no era Yami?
–La herida estaba bastante bien tratada; solo necesitaba las tablillas –comentó mientras terminaba de pasar la venda alrededor del codo del ala Yami–. Listo.
Yami miraba curioso el nuevo vendaje que recubría su ala y luego, de la nada comenzó a extender y plegar su ala de manera repetida.
–Oye no –advirtió el anciano deteniendo la acción del joven; no cabía duda que Yami era muy activo, curioso e impaciente. El vendaje no le duraría mucho así–. Tal vez deba inmovilizar el ala completamente. ¿Y seto? ¿Que harás con él?
–No lo sé. No puedo dejarlo en casa solo.
–¿Le has contado a Mokuba?
–No, no podría dejarlo con Mokuba. Es demasiado inquieto.
–¿Como Yami? –agregó sonriendo.
–Tal vez, aun peor que Yami.
–Bueno, por si no lo has notado, tu tampoco lo has tenido bajo control. Te esta pasando por encima, señor empresario –comentó divertido el anciano mientras veía como el ave seguía mirando su nuevo vendaje.
El castaño alzó una ceja ante ese comentario cuando un sonido electrónico invadió el lugar. Seto bajo la vista, reconocía ese sonido; su celular.
–Disculpe –se alejó un poco de la escena para poder hablar tranquilo–. Diga
–Señor Kaiba, ¿esta usted bien? –una voz masculina al otro lado de la linea.
–Si, Izono. ¿Qué sucede?
–Tenemos un problema en la compañía.
–¿Qué clase de problema?
–Sera mejor que lo vea usted mismo –respondió casi en un balbuceo.
Suspiro resignado; sí, había muchas cosas que sus subordinados no podían resolver. –Esta bien, voy para allá –colgó el teléfono
–Tengo que irme –anunció mientras tomaba su saco que estaba sobre el respaldo de la silla.
–Espera, ¿adonde vas? –preguntó Sugoroku sorprendido, nunca hubiera esperado que el castaño se fuera así como así. ¿Qué iba a hacer con Yami?
–Tengo que ir a trabajar.
–¿Y que piensas hacer con ...?
–¿Puede cuidarlo? Pasaré por él a la tarde.
–¿Sabes? esa clase actitudes son las que tanto disgustaban a Yami.
–Lo sé...
–¿Y no te pones a pensar en ello?
–No tengo tiempo ahora. Pasaré a la tarde. Dele frutos rojos y agua en un bol.
–Lo sé, Kaiba. Yo crio aves.
–Hasta la tarde entonces –gritó ya saliendo de la casa.
Entró a su compañía, el clima no era el usual; había mucho revuelo gente que iba y venia sin cesar. ¿Qué estaba pasando?
–Señor Kaiba.
Escuchó una voz conocida llamarlo. Sin prestar mayor atención, comenzó a caminar hacia el ascensor siendo seguido por su secretario de gafas oscuras, traje y corbata, Izono.
–¿Qué es todo esto Izono? –preguntó al tiempo que presionaba el botón del ascensor para ir al piso 40, su oficina. Las puertas del ascensor comenzaron a cerrarse e Izono se apuró a entrar al aparato antes de que se fuera.
–El ventanal del piso 45 se rompió anoche durante la tormenta.
–¿Y llamaron a la policía por eso?
–No, en realidad. La ruptura del vidrio activó la alarma silenciosa anoche y llamó a la policía. La compañía de seguro también vino.
–Perfecto –estuvo tan ocupado con Yami anoche que olvidó la alarma inalambrica, funcional aun sin flujo eléctrico –. ¿Qué tan mala es la situación?
–Bueno, hay varios fotógrafos tomándole fotografiás al mirador y...
–¡Demonios! –Detuvo el ascensor y marco el nuevo destino, el piso 45.
–Señor Kaiba, el señor Pegasus llamó. Vendrá a la reunión mañana a la mañana –Informó de manera sumisa, no queriendo enfadar mas a su jefe.
–Perfecto, perfecto –se repitió tratando de desestresarse. No, no era perfecto. Mañana no era un buen día; había otros asuntos que mañana quería tratar. Pero, un problema a la vez.
–Piso 45 –habló la voz electrónica del ascensor.
Seto salio del ascensor con paso enérgico para ver el circo que los curiosos seguro estaban armado, y no se equivocaba. Caminó hasta el mirador, la puerta estaba obstruida por una banda de "No cruzar". Esto era ridículo. Sin hacerse esperar, atravesó la cinta, rompiéndola.
–Bien, ¿quién esta a cargo de este circo? –habló con voz autoritaria haciendo que todos los presentes voltearan ver. Izono permaneciendo tras él.
–¿Señor Kaiba? –llamó una voz grave masculina.
Un hombre alto, fornido, rubio, de cabello corto y patillas apareció entre la muchedumbre. Quitándose sus modernos lentes de sol.
–¿Si?
–Buen día. Soy el detective Raphael Kawahara –se presentó dándole la mano al empresario.
–¿Detective? –preguntó respondiendo el saludo.
–Si, lamento todo esto –se disculpó por la muchedumbre alborotada–. Los del seguro se irán pronto.
–Esta bien. Así que... detective...Vaya, no sabia que a la policía le importaban las rupturas de vidrios. Si van a cambiarlos le diré a mi secretario que vaya a comprarlos.
–No, no –rió por lo bajo ante el sarcasmo del empresario–. Es un asunto mas técnico ¿Puedo hacerle usa preguntas?
Suspiró, lo que se temía–. ¿Queda otro remedio? –el sonido de los flashes seguían llegando hasta sus oídos poniéndolo de mal humor–. ¡Izono! ¡¿puedes sacar a esos curiosos de aquí?! –ordenó.
–Si, señor Kaiba –Izono se retiró al grito de–: bien señores. Ya es suficiente. ¡Retírense!
Raphael sonrió ante la eficacia de los métodos del empresario–. ¿Trabaja alguien en el piso 45? –soltó la primer pregunta, la cual hizo detener en seco al empresario.
–Señor...
–Detective –corrigió de inmediato.
–Detective, se dará cuenta que soy un hombre muy ocupado y esos datos puede pedírselos a mi secretaria.
–Si, lo sé, disculpe. Pero todos aquí se mostraron algo... como decirlo... temerosos de hablar de esa habitación
Seto se sonrió –. Solo digamos que esa habitación ha visto caer a grandes y corruptos hombres.
–Si, el accidente de hace 10 años. Lo recuerdo.
–Como no hacerlo, fue una noticia nacional. Pero para fines prácticos; no, nadie trabajaba allí.
–¿Usted tampoco? ¿Nunca ocupó la oficina de su padre?
–Detective Kawahara, no tengo tiempo para seguir con sus suposiciones. Me hizo una pregunta y se la conteste; no hablare de cosas que a usted no deben interesarle –el tono del castaño se volvió furioso; no entendía hacia donde iban esas preguntas; si el rubio intentaba escarbar en el pasado, él ya había tenido que contestarlas hace mucho ya.
–Esta bien.. tranquilo. Solo era una pregunta. Si recuerda algo inusual, llámeme –ofreció entregándole su tarjeta.
Seto tomó la tarjeta de manera nada cordial, volteó y se retiró del lugar –Le diré a mi secretaria que le dé los datos que necesite y si recuerdo algo lo llamaré. Buen día.
–Si, claro que lo hará –habló sin nadie que lo escuchara. Era obvio que el empresario prefería evadirlo, a él y a sus preguntas y por lo tanto, no lo llamaría. Volteó a ver la escena, los fotografos habian desaparecido dejando solo a su ayudante y dos persona mas.
–¿Encontraron algo? –preguntó el detective acercándose a un joven de cabellos bordo que estaba tomando unas notas.
–No, nada fuera de lo común. El seguro cree que fue un destrozo mas causado por la tormenta de anoche; y no fue el único. Los vidrios explotaron hacia adentro por lo que, el perito piensa que el vidrio explotó producto de la vibración
–¿Vibración? –el rubio se acerco a la ventana y miró hacia abajo. Fragmentos de vidrio habían caído al pavimento.
–Si. Fue una suerte que los vidrios no lastimaran a nadie cuando cayeron del edificio.
–Si, es una larga caída –respiro y volvió a alejarse de la ventana al sentirse mareado por la altura sujetándose de uno de los vidrios rotos que aun quedaban pegados al ventanal. Algo llamó su atención –¿Alister? ¿viste esto? –preguntó señalando un fragmento de vidrio partido. Una mancha, una mancha de inconfundible rojo coagulado.
–¿Sangre? –preguntó acercándose
–Es posible –dijo al tiempo que se agachaba a buscar mas pistas sobre el piso de la habitación–. Mira esto –llamó la atención de su compañero indicándole unas leves manchas en el piso.
–Esta... lavada.
–Como si hubiesen querido limpiarla.
–Tal vez es suciedad, recuerda que llovió mucho.
–Es posible.
El pelirrojo suspiró, ese "es posible" solo significaba una cosa–. Bien, tomaré unas muestras de la 'supuesta' sangre y la mandaré al laboratorio.
–Es una muy buena idea –secundó el rubio mientras seguía su búsqueda de pistas y la encontró. Un objeto negro, peculiar, que estaba sobre el suelo bajo un fragmento de vidrio que era empujado suavemente por el viento que entraba por la ventana. Tomó el objeto: una pluma negra.
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Señoritas, ¿como estan? acá esta mi último capi de este fic. Tuvo sus cambios con respecto a la organización, se notó no? que no puse mis queridas "", espero no les moleste; ya desde hacia un tiempo que quería poner los diálogos bien en formato español pero bueno, este es un capi especial así que es la oportunidad de comenzar :) Ademas, no estaría cumpliendo mi obligación de ficker si no les doy la best quality que puedo dar :P
Eh, sé que muchas querían la explicación de porque Yami se transformó en un híbrido. La verdad no sé si cubrió sus expectativas... en realidad, era una historia de otro fic... 2 fics en realidad que no van a conocer la luz del dia :P Ademas, Seto no cree en esas cosas... mucho... y voy a darle el espacio a su duda ;) pero no voy a adelantar detalles; por ahí algún dia lo subo al fic responsable... o ya lo subí lol. Aclaro por si las moscas, lo que relató el abuelo fue un mito que me inventé. No esta basado en ninguna historia egipcia, que yo sepa.
Bueno dije que este capi era especial porque... turururu viene con dedicatoria :D
a MagiDunkelheit que me dio ánimos desde el comienzo, no solo con este fic sino con todos, fue inspiración para que empezara a acechar a esta pareja tan especial y ahora ya no anda mucho por aquí, así que chica, donde quieras que estés; espero que estés bien y te deseo suerte en tus proyectos :D ademas este fic nació como resultado de leer su fic Cenizas del Corazón; una historia bastante triste, que me dejo en stand by un momento por el final... Me quede: 'esta bien... es un final avisado pero... no se relató. Que pasaría si en verdad sucede...' ¿podría Seto sobrellevarlo? Aviso que este fic no es una continuación directa, como ya dije en el párrafo anterior, me gusto la idea de "que pasaría si..." y claro, le agregué este toque psico que tengo.
Otra dedicatoria para Sineadhdz que hace todo el análisis de lo que escribo y me deja pensando... es como una editora esta chica XD, a Ross Rice y Kusanagi-sama por su apoyo en mis recientes capítulos de mis otras historia y un agradecimiento a Funeral-Of-The Humanity por su review que develó un manga que también me encanta... mucho ;) Muchas gracias a todas/os y espero seguir teniendo noticias suyas; ya sé que me tardo en responder a veces y espero me disculpen; trato de encontrar un equilibrio pero, como Yami, tambien me resbalo del árbol aveces.
Espero que les haya gustado, por favor, dejen reviews ¿si? y nos leemos proximamente.
Saludos!
