Arthur no encontró la carta que le había llegado a Alfred y por alguna razón milagrosa hizo que el rubio saliera corriendo lejos del cuarto en el que se había encerrado. No encontró la carta, pero encontró muchas cosas más interesantes y podría decir, con más significado más importante que la misma carta. Eso no quitaba que aun tuviera el deseo de averiguar el mensaje que contenía. Pero, ¿qué había encontrado en la habitación de Alfred? Aparte de un desastre que no le habría sorprendido mucho, había dibujos, dibujos hermosos y extraños pegados alrededor de su cuarto remplazando las fotografías y posters que antes tenía forrando las paredes de su habitación. Bellas imágenes con una misma firma y al parecer, un patrón de temas extraños.
Los examinó con cuidado, apreciaba el arte y la técnica de ese "artista" era única, muy realista. No podía haber sido Alfred, aquel chico no sabía más que llegar a escribir con una caligrafía decente. Quien abría creado aquellas obras había dejado estampada su marca con sus sentimientos representando hermosos trastos y una firma limpia siempre a la izquierda de la hoja.
Se movió con el máximo cuidado en esa habitación, no quería que Alfred notara que había estado husmeando entre sus cosas. Se perdió entre los dibujos, especialmente aquellos en los que se podía ver el rostro de una mujer casi de su edad llorando y luego la misma sonriendo. Paisajes que reflejaban una extraña pero abrumadora tristeza, lo más peculiar era que casi todos esos dibujos trasmitían el sentimiento de enojo, angustia, miedo y tristeza profunda. Pero hubo unos en específico que llamaron la atención de Arthur, o más bien, muchos. Alfred en su máxima plenitud, imágenes de él durmiendo, dibujos de él como si hubiera sido capturado en una pose simple por una cámara. Hubo una a la cual no pudo mirar sin colocarse rojo.
– Dios – Murmuró apartando la mirada. No deseaba examinar un dibujo que incluyera a su hermano enredado en una sábana. Se acercó un poco, no intentando desviar su mirada de la pequeña firma en la esquina del dibujo, le intrigaba saber quien había dibujado así a su hermano. Podría golpearlo después. – ¿Ivan? – Una mueca se apodero de su rostro. ¿Qué hacía Alfred en un dibujo de esa manera? ¿Por qué Ivan había dibujado eso? ¿Se habían conocido entonces?
Tal vez realmente si se hubieran conocido, quizá estaba realmente equivocado con la creencia de que su hermano simplemente descartaría a las personas de una personalidad tan contraría a la suya.
Necesitaba saber más. Encontrar lo que conectaba definitivamente la depresión enorme de Alfred y el suicidio de Ivan.
Llegó al escritorio de Alfred, invadido por más hojas, cuadernos que en definitiva no eran suyos. No tenían ningún rayón en la portada que fuera algo relacionado con su nombre o el nombre de un super héroe de los que leía. Levantó los papeles, más dibujos, cartas de diferente ortografía y la ortografía de Alfred, anotaciones y finalmente, un número del periódico escolar. La edición editada del fatídico día, cuando Ivan no asistió por primera vez a clases, cuando Alfred cayó en ese pozo sin fondo de desesperación. La imagen del chico estaba intacta, no como pudiera decir de la parte que reportaba su muerte.
Ahora era irrefutable, esos dos estaban conectados de una forma. Solo había una manera más de averiguar la conexión completa entre ambos hechos. Salió de ese cuarto como una ráfaga de viento.
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La ceremonia fue corta. Las hermanas de Ivan se habían ido unos diez minutos después de que la fosa de Ivan fuera cubierta completamente de tierra. Él había decidido quedarse ahí un rato más, por todo ese tiempo que no lo había hecho, aunque ahora fuera inútil por que no mejoraría en nada. El cielo se había puesto completamente gris, se apoyó en el árbol que estaba a nada de la tumba, mirándola. Ahora estaba descansando seguramente, en su mullida cama con una cobija de tierra.
Tomó uno de los girasoles que había traído, haciéndolo girar un poco quedándose absorto en el centro de la misma flor y sus colores. Eran las flores que más le gustaban a Ivan, le recordaban a al sol, al cálido sol de verano. Sus mejillas se sonrojaron, había dicho una vez que también le recordaban a él. ¿Cómo una flor podía significar tanto para una persona?
– ¿Por qué estás tan triste? Me gusta más cuando sonríes, Fredka –
Acarició los petalos de la flor. Sonrió un poco ante la pregunta, levantando su rostro enfrente de él para encontrar los apacibles ojos violetas del ruso – Por que no estás aquí – dejó de mirarlo, volviendo a pasar la yema de sus dedos por los pétalos y el tallo de la flor. Cuando volvió a levantar la mirada Ivan ya no estaba ahí. De verdad su mente le estaba haciendo ver ilusiones, que medida tan desesperada para que su mente no terminara por quebrarse. Que falsa tranquilidad.
– Pero estoy aquí, ¿da? Siempre voy a estar a tu lado – Una corriente eléctrica recorrió su cuerpo, mirando a su lado. Estaba a su lado, no importa que nadie más pudiera apreciarlo. Ivan estaba con él y lo estaría siempre, se aseguraría de aquello.
Tomó su mano fría y besó sus labios azules. El viento se llevó los pétalos del girasol en su mano y la mayoría de los otros que aun descasaban sobre la tierra recién colocada de esta tumba, junto con ellos una parte importante Alfred.
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( Arthur's POV )
Hace semanas que Alfred volvió a comenzar a sonreír de nuevo después de llegar al lugar al que había salido con tanta prisa. Todos dejaron de preocuparse por él tan rápido como vieron que sonreía más, ¿qué acaso tan rápido se les había olvidado todo lo que pasó? Es increíble que todos ellos, hasta los amigos de Alfred dejaron de cuidarlo por que ya se veía feliz.
Y nuestra madre. Ella también dejo de preocuparse por Alfred una vez que volvió a sonreír. Pero sé que ella solo esta evitando la verdad, la verdad que yo puedo ver y pareciera que los demás no lo hacen para encerrarse en la burbuja de mundo perfecto que llevan. Algo no esta bien con él, todos lo saben pero no quieren observarlo.
Sonríe, pero sus ojos aun siguen hinchados y rojos. Lo he escuchado hablar solo y no lo hace con nadie más. Sus calificaciones siguen igual pero ha dejado el Football sin razón alguna, se junta con sus amigos pero no habla con ellos de nada más que pocas palabras. Sale de la casa y no dice a donde va. Cuando he intentado hablar con él sobre los dibujos que hay en su habitación y preguntarle sobre por que tiene ese periódico de la muerte de Ivan se vuelve irritable, no dice mucho.
Reflexiono, ¿qué es lo que puede estar pasando con mi hermano? Es como si hubiera perdido todo gramo de su percepción de la realidad. Ese idiota me preocupa demasiado, se lo he dicho a Francis pero solo me responde que debo estar exagerando. ¿Cómo podría exagerar con ese tipo de cosas? Simplemente es increíble que sea el único que se niegue a ver como esa sonrisa que pinta en su rostro no es de una alegría sana, no se siente como él.
Dejó que mi cabeza se recueste y cierro los ojos con el temor de volver a soñar la horrible pesadilla que involucra a mi hermano con una muerte espantosa. Mis músculos se relajan, la brisa fría que entra por mi ventana es relajante, me distrae de las preocupaciones. Pero mi silencio tranquilo es interrumpido por una balada que viaja débil con ayuda del viento. Me levanto e intento escuchar de donde es que viene esa débil voz que entona una balada enloquecedora, por el pasillo no hay nadie, esta todo oscuro. No es la radio ni mi celular. Al ver por la ventana solo puedo ver el escenario de un loco bailando con una figura invisible. Un loco que tiene la mirada perdida y canta su dolor para un acompañante que simplemente no existe.
Un loco que es mi hermano.
