Hola. Veo menos gente que al principio, pero no importa mil gracias a Alboranista05, , Carola GiGi y AngelZafir0 por sus comentarios y opiniones.

En este capitulo ya vemos un poco más de la interacción de Bakugo y Camie y sus sentimientos, ya para el siguiente comienzó a develar un poco sobre los misterios y del porque o como Camie llegó a estar en coma. Lamento si vamos despacio y es que esta serie esta llena de surrealismo y ciencia ficción, entonces para entender el siguiente punto, debemos primero conocer los sentimientos y todo se irá ilando.

Entonces, feliz lectura. Nuevamente dejo un capítulo y un POV de Camie en el siguiente.

-o-

Kintsugi

Dos semanas atrás

"Entre lo que deseamos vivir y el intrascendente ajetreó en que sucede la mayor parte de la vida,
se abre una cuña en el alma que separa al hombre de la felicidad como al exiliado de su tierra"
Ernesto Sabato

Nadie le negó el permiso, como podrían, quien en su sano juicio opondría, no porque se trate de él, es que… se veía arruinado. Tanto que al caminar arrastraba sus propios retazos como ropa vieja y a veces los fragmentos de su ser se desprendían de su cuerpo. Ya era un rompecabezas. Aizawa sospechó que si decía que NO fragmentaria más sus emociones y crecería la desconfianza que en sí mismo después de fallar. Así que tuvo que dejarlo salir, sin condiciones ni advertencias. Con la única regla de cuidarse así mismo porque allá afuera las cosas se movieron de una manera siniestras que ni siquiera los mismos héroes saben cuáles serán los movimientos del enemigo.

Dejarlo ir al hospital fue idea de su madre, propuso que podría ser terapéutico. Ella llamaba casi diario para conocer el estado de su hijo quien no le respondía los mensajes ni las llamadas. Se apoyó en el profesor para estabilizar su estado emocional. Mitzuki quería ir a verlo, pero prefirió esperar. Deseaba abrazar a su hijo, imaginaba lo que sucedida.

Ellos también se sentían culpables.

Dicen que la desgracia alcanza el punto más alto cuando se ha visto, lo bastante cerca, la felicidad. Justo cuando el muchacho estaba reaccionando, siendo mejor persona, avanzado, brillando con la lucidez del sol.

Se rompió.

Resbaló de sus manos como un plato de porcelana al suelo y todos saben que al pegar los pedacitos se convierte en Wabi-sabi.

La pieza de arte en la que se convirtió Katsuki, desplegaba un sentimiento parecido a cuando se culpó por lo sucedido con All Migth. Una sensación que carcomió su cuerpo y quiso arrancarse la piel para no sentirlo. Volver a ese estado vulnerable lo desesperaba y lo hacía golpear con furia y descontrol el saco de boxeo en el gimnasio. Pero no se detenía, un golpe, tras otro, dolor, fuerza, agonía… no llegó el cansancio y siguió golpeando. Visualizó el rostro del culpable.

El mismo.

Quería que algo uniera sus fragmentos, porque no entiende mucho sobre su condición, pero odia a todos y quería destruir, golpear, gritar… ver la sangre de otros sobre su cuerpo, como multa, venganza.

Sacrificios humanos.

Una lluvia de puños cayó contra el costal de entrenamiento hasta romperlo. La arena salió disparada por todo el gimnasio y gritó al caer de rodillas al suelo. Maldijo. Sólo Kirishima presenció la derrota de su amigo. Hundido en su propio sudor y llanto.

"No sirvo… no pude. ¿Por qué? Otra vez…" golpeó el suelo, estalló su mano en él. Una mancha negra quedo como recuerdo de su impotencia. "Siempre, siempre, ¿será así? No podré salvar nada…" Recriminaba al reflejo en el espejo, donde las muchachas solían hacer estiramientos.

Kirishima le dijo que había que pedir otro costal y sólo así, lo sacó de su transe. Un poco más tranquilo, sólo un poco. Porque ardía su pecho y sus manos.

Lo jodia saber que ella se convirtió en su debilidad, que si ella lo necesitaba iría hasta donde este, que era importante para él. Y cada que lo recordaba se daba lastima. Él. Inseguro y diminuto como se sentía hace un año ahora tenía que cargar con esos malditos ojos que lo jodieron para siempre, que le hicieron el amor con sólo mirarlos. Negándose al hecho de que los seres humanos están destinados a perder personas. Sobre todo, porque tenía miedo de que ella en realidad se olvidará de él.

― Estoy roto ― le dijo a Kirishima esa tarde al salir del gym.

― Lo sé, bro, pero hasta una gis roto sigue pintando. Saldrás de esta.

Katsuki se miró los pies, pensó que la comparación le quedaba bastante bien. Agradeció a Kirishima no dejar que se convirtiera en un cadáver emocional, por no haber subestimado su tristeza y su dolor. Porque todo parecía descompuesto, las horas, el día, la noche, el tiempo estaba cayendo en pedazos a su alrededor.

― Los hombres no estamos hechos para ser derrotados ― habló Kirishima ― podemos ser destruidos, quedarnos en escombros, pero jamás derrotados.

Buscó alguna frase para contradecirlo, odiaba perder, odiaba no tener la razón. Y sólo por esa vez, dejo que su mejor amigo venciera. Y es que sí, estaba lastimado, pero no muerto, era verdad, igual que ella. Sólo quedaba recostarse un rato y sangrar, luego se levantaría a pelear de nuevo. Eso quería.

Días después del accidente, comía poco y si no fuera por Kirishima estaría encerrado en su habitación el tiempo que no había clases o entrenamiento. No quiso dejarlo sólo. ¿Y si se suicidaba? Sí, Kirishima pensaba cosas estúpidas, pero jamás lo descartó. Afortunadamente no cayó en depresión, se aseaba e intentaba mantenerse en pie por lo menos a la hora de esperar la charola del almuerzo. Hablaba poco y lo necesario. Todo desapareció a su alrededor o se derrumbó.

Ignoraba las miradas curiosas sobre él en los pasillos días después del incidente. No quería ver la cara de nadie y reconocer que provocaba lastima.

"Pobrecito" se acostumbró a escuchar a las muchachas al verlo pasar. Incluso las fuerzas para hacer frente a las burlas perecieron… no quiso enfrentarlos, estaba cansado y aburrido de la misma basura todos los días. Las explosiones se apagaron al igual que sus ganas de pelear.

Decían que seguía en shock, pues las clases las tomaba como autómata y no estaba interesado. La clase A no hizo comentarios, trataban a su compañero con la mayor delicadeza, sin mencionar el incidente.

Pero cuando veía a Uraraka, comprimía todas sus ganas de aplastarle la cabeza. Ya desde hace un tiempo quería reventarla. Cuando le pidió que tratara mejor a Izuku. Ella no debería meterse, no tenía que importarle la relación que tenían ellos, fuera o no buena. Entrometida y protectora. ¿Qué era? ¿Su madre? La despreciaba, pero en aquellos días toleraba su existencia. Ahora no. Ella es quien debía estar en esa cama en coma o muerta para mejor de los casos.

No soportaba su presencia y se lo hacía saber cada que la miraba, al lanzarle copias de alguna clase a la cara, empujarla ligeramente al pasar cerca de ella, interrumpir sus conversaciones, al atravesarse frente a ella y su interlocutor. Uraraka por su puesto, respiraba profundo e intentaba no ser afectada por sus ataques.

Es por ello que sólo ahí, en esa fría y aromática habitación logra disculparse, se desvanece y se culpa. Su padre sabe que no es sano que vaya a visitar a la muchacha porque es la causa de todo su estrés post traumático, pero lo permiten porque si no fuera por ella, habría hecho explotar la escuela. Hubiera matado a Uraraka y de nuevo tendría que batallar con el nerd.

Las flores que dejo la primera noche que ella llegó ahí, seguían con vida y no hubo necesidad de traer más ramos ostentosos.

Su camino al hospital siempre era abrumador, era un zombie que buscaba la misma dirección y la pesadilla comenzaba. Recordaba los eventos frescos en el autobús. Se repetía esa canción fúnebre como una maldita consecuencia. Estaba considerando terapia como recomendó Midnight. Y mientras llegan más noches y días, siguió buscando el hueco, ese punto en el tiempo donde todo se fue a la mierda.

¿Por qué ella quiso ser heroína justo en ese momento? No entendió porque quiso proteger a la cara redonda si a ella… Uraraka no simpatizaba con Camie desde que la conoció. No sabía por qué. Todo se confundió y Camie entró al escenario como la fresca mañana de un nuevo día. No entendía cómo podía ser tan despreocupada y grácil al mismo tiempo.

Pero le agradaba, llamaba su atención. Nunca supo describirlo, prefirió no preguntarse, sólo se dejó llevar, sin resistencia… hasta donde ella y volvió a sonreír. Era un sentimiento nuevo y caliente que lo atontaba un poco. Vio su cara y pensó, "mierda, me gusta, ¿qué hare? Lo mejor que pudo hacer en aquel momento fue ser indiferente. Porque si ella se daba cuenta que se interesó en ella… lo liquidaría.

Y no la culparía.

Aunque si la odiaba un poco, por vencer su conciencia y sus falsas libertades. La odió porque le demostró demasiado rápido que lo quería y lo deseaba, pero después no supo él mismo como responder a esas demostraciones. La odió porque no sabía demostrar lo que sentía por ella, pero ese día se fue cargando con todo aquello hasta su cama.

Hablaron muchas veces por teléfono que cuando la tuvo de frente fue tan familiar y cercana como si la conociera de toda la vida.

Sabía que quería ser heroína porque le gustaba la socialite, pero también porque quería rescatar los sus sueños, las ilusiones de las personas. ¿Había encontrado en Uraraka esa ilusión que había que proteger? Se preguntó cuando vio su cuerpo ser trasladado en ambulancia esa tarde.

Odiaba el olor a hospital, antiséptico por todas partes, el blanco brillante de las paredes y los uniformes de enfermeras y médicos. Imitando a los ángeles, salvadores, curanderos y embusteros. Porque si fueran tan buenos, ya hubieran salvado a Miss Ilussions de su momentáneo sueño. Se abrió paso entre los pasillos, con el mismo andar torpe y abatido. Tercer piso, habitación trecientos tres.

La primera noche que estuvo ahí fue justo después de salir del quirófano y anunciar el coma. Vio a su madre llorar en una silla pequeña a un costado de su hija. Un hombre elegante, rubio y alto colocó ambas manos en los hombros de la mujer. Debía ser su padre.

Inmóvil en el umbral.

Los ojos azules del distinguido hombre lo encontraron. Tuvo una sensación de respeto y admiración que no sentía ni por su padre. Algo muy distinto a lo que sentía por All Migth. Hizo una reverencia, lo que nunca, lo que jamás pensó hacer en el mundo. Inclinarse ante nadie. Su cuerpo se movió sólo. Las lágrimas se escaparon sin poder detenerlas. El atractivo señor lo invitó a pasar. Su voz era grave pero suave. Katsuki se enderezó lentamente pero no pudo sostener la mirada severa de aquel hombre.

Tuvo miedo.

― Tú― sollozó la mujer. Se parecía un poco a Camie por el cabello y los ojos.

Katsuki estaba aterrado, si esa mujer decidía golpearlo, lo aceptaría, es más, pondría la otra mejilla hasta que ella quedara satisfecha.

Su voz tampoco respondió, se fue de paseó porque no pudo expresar nada, no salía ni gruñidos de su garganta. Él comenzó a desarmarse un poco a cada minuto. Tenía la esperanza de que esto no iba a pasar. Nunca.

Miró la cama. Camie era tan bonita, parecía muñeca de colección en la habitación de una niña. Sus cabellos dorados se esparcían con gracia en la almohada y si no fuera por el respirador, juraría que sonreía. Joder, le gustaba tanto. No podía creerlo, tantas niñas en el mundo y jamás se había detenido a contemplar a nadie, sólo a ella. Y para su castigo, no sólo era linda, su cuerpo era hermoso y su carácter era suave, agradable, como la brisa fresca en un día cálido. No, no era perfecta, era atolondrada y juguetona y eso era jodidamente encantador.

Sus lágrimas no pudieron seguir escondidas. Se rompió el dique que las sostenía, derramándose así en sus mejillas. No quiso detenerlas. Pensó en todas las cosas que hicieron juntos, fueron pocas, pero existían y estaban marcadas en el calendario, flotaban en el pasado, estaban frescas, torturándolo. Las calles aún tenían la marca de sus pisadas y el café vintage guardaba su mesa preferida con la esperanza de que volvieran.

Luego quiso romper las paredes, explotar las ventanas, salir volando y caer al suelo.

― Gracias― oyó al hombre. Se dirigió a él y lo abrazó.

Katsuki estaba temblando al sentir el contacto de aquel gentil caballero. Olía a un delicado perfume fino y sus ropas eran igual de sofisticadas que sus movimientos. Recordó que era dueño de una empresa de publicidad y Camie era su princesa, su heroína, la niña de sus ojos. No se atrevió a darle la cara. Sólo dejo que el abrazó doliera más que un golpe.

― Camie nos ha hablado mucho de ti― dijo la mujer.

Aquella afirmación fue como disiparle un balazo en el alma.

No entendió porque le daba las gracias y su trato era familiar. Él no la pudo salvar, no pudo correr a ella y evitarlo, estaba lejos, protegiéndose así mismo. Si bien en ese momento, Camie era su pareja en esa práctica, tenía, además, la responsabilidad de cuidarla de acuerdo a las reglas de operación de la misma.

No lo hizo. No pudo.

Falló.

―No te sientas mal, muchacho― dijo el padre de Camie― ella hizo lo que creyó correcto. Ahora nos resta esperar.

― Creo que nada sucede por casualidad, ¿sabes? ― la señora Utsushimi se dirigió a él ― en el fondo las cosas tienen un plan secreto ― las pupilas de Katsuki se hicieron grandes, redondas, opacando un poco la luz ― aunque nosotros no lo entendamos.

― Aunque nosotros no lo entendamos ― repitió al mismo tiempo que la señora.

Los tres se miraron como si estuvieran perdidos en la carretera. El señor Utsushimi se aclaró la garganta rompiendo así la sorpresa.

― Ella me dijo lo mismo en nuestra primera cita ― explicó el joven Bakugo.

Y, sin embargo, los padres de ella no dijeron nada, no era inesperado, después de todo, ellos la criaron.

Su garganta quemó, iban a salir flores por no poder decir lo que en realidad pensaba. Pedir perdón, aceptar la responsabilidad de la situación de Camie, no pudo. Porque también quería decir que se vengaría de la culpable, que en estos momentos se burlaba de todos, reírse a costa de ellos. Jurarles que la encontraría y le sacaría los ojos, explotaría su cabeza, arrancaría sus viseras… hacerla sufrir lentamente porque, es decir, nadie se mete con lo que es de Katsuki Bakugo. Nadie se burla de él sin pagarlo.

e

Y vive para contarlo.

Los padres de Camie lo invitaron a sentarse, hablar de trivialidades, pero él se mantuvo en silencio y asentía en ocasiones. No quería mirar a Camie, lo agobiaba. Sabía que soñaba, que su mente era un reflejo, un truco de un orbe intemporal que no se nombra. "¿Quién serás esta noche en el oscuro sueño, del otro lado del muro?" Se preguntó antes de marcharse; las ocho de la noche y debía volver al dormitorio. El señor refinado lo acompañó a la salida del hospital. Katsuki notó que era un hombre ocupado e inteligente, todo el caminó lo guio con una mano en su hombro, era eso o no quería que escapara.

Antes de despedirse, el hombre se inclinó, le agradeció por las atenciones y el trato que ha tenido con su hija, sabía de sobra su estado de ánimo y le pidió que cuidar más de sí mismo. Porque cuando la niña despertará…

― No querrás que ella te vea deplorable. A Camie le gustan los muchachos cuidadosos con su persona. Aunque dijo que eras un delincuente pasado de moda.

El rostro de Katsuki se ensombreció. Es que, joder… Camie era demasiado pequeña para dejar un vacío al irse.

― Debí abrazarte un poco más la última vez que te vi ― susurró al ver partir al señor Utsuhimi de regresó al hospital, sus movimientos eran sin duda los de un noble, un monarca si eso existía todavía ― Estoy hecho una mierda, carajo.

"Cúrame del vacío"
Alejandra Pizarnik

Un ramo gigante de gardenias llegó después. Simplemente le parecieron las más hermosas y finas de la florería. Ni ostentosas ni sencillas, eran elegantes. Las secretarias en la recepción sonrieron con picardía y ternura al verlo entrar. La enfermera entró a la habitación de Camie, se ofreció a cuidarlas. Tanta condescendencia para él, debía parecer basura.

Hold up

Hold on

Don't be scared

You'll never change

What's been and gone

Una canción en inglés, suave y melancólica atravesó sus oídos. El cuarto ya estaba adornado de arreglos florales y globos, cartas, chocolates, melones, sandias… la enfermera comentó que la música fue recomendación de un neurólogo, algunos pacientes al escuchar música tienen mejores reacciones y han despertado. Además, dijo que algunos compañeros de clase de la paciente habían dejado presentes, pero que sus flores eran las más llamativas. "Debe ser porque las compraste con amor" le dijo antes de salir.

Palabra desconocida para él. Cursi, aburrida, usada en libros y películas para atraer a jovencitas pubertas que romantizaban el sentimiento. Como Hagakure, como Mina y hasta Uraraka. No quiso defenderse, porque sabía que las eligió buscando lo mejor y único para ella.

Despierta.

Camie se mereció que Bakugo le diera un besito en la frente y escucharlo decir que gracias a ella su vida mejoro. Pero no lo escuchó. Hasta ese momento supo que la felicidad dependía de cosas tan pequeñas.

May your smile

Shine on

Don't be scared

Your destiny may keep you warm

La vista desde su habitación era especial. Había mucho que ver y era una pena que ella no pudiera. Estaba en medio de la tierra y el cielo. En la vigilia de su propio retorno. Había estrellas y la luna nueva brillaba, dando luz a la ciudad. Una ciudad que se ofrecía a los pies de Camie como si fuese la princesa del cuento de hadas. Esperando un milagro, el hechizó romper.

Le hubiera gustado despertarla con ese beso rompelotodo, juntar sus caras, respirarle en las orejas, preguntarle por él, que si ha pensando mucho, le hubiera gustado eso.

La noche estaba caliente, como si estuviera dentro de una pistola, ardiente, recién disparada. La noche olía a pólvora, a dinamita con flores y glicerina. Sus manos.

Extrañarla, claro que la extrañaba todo el tiempo, se extrañaba en ella, antes de que fuera posible, la extrañará cuando ya nada importe, en el peor de los casos, cuando ya no exista él en ella y ella en él. Extrañarla como si nunca la hubiera encontrado, de no haber sido por ella y porque quizá no lo era, desde que ya no lo tenía.

― Allá donde jodidamente estas y no sé qué diablos pasa allá ― dijo desde la ventana ― pero sé que allá nadie está llorando, y nadie recuerda el dolor. Algo se está muriendo, mierda. ¡Al carajo! Ya no importa, porque según tú ya estaba previsto. Desde allá, desde el jodido olvido, todo se ve tan incognito. Y desde acá, desde el recuerdo, todo se ve tan falso… Quiero odiarte, maldita sea, para que ya no me lastimes.

La canción seguía sondando, picando como agujas cada adjetivo.

Get up

Come on

Why you scared?

You'll never change

What's been and gone

"Mañana serás mi héroe, babe" fue el último mensaje que envió. Quiso borrarlo, pero siempre se quedaba viendo la pantalla del celular sin apretar el botón de delete.

El mensaje le recordaba su fracaso, su debilidad y la inferioridad que poseía. Porque hasta el imbécil de Deku pudo defender a la cara redonda y él… miró su tragedia que yacía en la cama. ¿Y cómo huir cuando ya ni siquiera hay islas para naufragar?

¿Qué clase de conjuró aplicó en él? ¿Qué tenían sus labios carnosos la primera vez que la beso? Porque ahí empezó. Sus labios suaves como las rosas o un poco más. Su boca dulce y sus besos punzantes como el piquete de un avispón. Siente que le falta el aliento, el corazón palpita, se le derrite el alma y a pesar de todo lo que sintió la primera vez que la besó… quiso más besos. ¡Que extraña forma de vencerlo! ¿Habrá tomado veneno Camie antes de besarlo? ¿Cómo no se ha muerto antes? ¿Habrá Deku besado ya a Uraraka también?

― No mueras, ilusiones… no te mueras― fue lo primero que dijo después de diez minutos de estar pensando cosas sin sentido. Sus dedos se apretaron sobre sus piernas. Con la cabeza inclinada.

Implorando.

Suplicando

¡Vuelve!

El cardiograma mostró un ligero cambió que él no notó. Su llanto calló todo alrededor excepto la canción que se acomodaba a sus sentimientos.

Because all of the stars
Are fading away
Just try not to worry
You'll see them some day
Take what you need
And be on your way
And stop crying your heart out

-o-

Notas:
Kintsugi:
Es el arte o la actividad de reparar con oro objetos de porcelana.
Queda acorde con el musulmán.

La canción que suena es Stop Crying Your Heart Out de Oasis, y no lo van a creer, pero justo cuando escribí este capítulo estaba sonando así que dije, ¿Por qué no? Incluir la rola, además de que es cierto, a los pacientes en coma se les pone música como terapia.
Si no saben inglés les dejo la traducción aquí. Para que vean que esta como anillo al dedo.

Aguanta
Aguanta

No te asustes

Nunca cambiarás lo que fue y pasó

Puede que tu sonrisa

Brille

No te asustes

Tu destino puede protegerte

Porque todas las estrellas

Se están desvaneciendo

Solo trata de no preocuparte

Las verás algún día

Toma lo que necesites

Y se a tú manera

Deja de hacer llorar a tu corazón

Levántate

Vamos

¿Por qué estás asustado? (no estoy asustado)

Nunca cambiarás lo que fue y pasó

Todos nosotros somos estrellas

Nos estamos desvaneciendo

Solo trata de no preocuparte

Nos verás algún día

Solo toma lo que necesites

Y se a tú manera

Deja de hacer llorar a tu corazón