Lavender salió del castillo dispuesta a encontrarse "casualmente" con Ron, había escuchado que estaba solo en los campos de quidditch y no tenía ninguna intención de perder la oportunidad de confundirle un poco. Su Ro-Ro no podía estar con la aburrida sabelotodo, no era natural, Ron era dulce, gracioso, apasionado, muy mono, suyo… Sí, definitivamente no podía permitirlo, Hermione Granger no se lo quitaría.

Andaba rápidamente sin fijarse en lo que había a su alrededor, los demás alumnos de su curso disfrutaban de ese inusual día de calma en el colegio intentando quedarse con algo del sol que había ese día, bueno, al menos los que tenían la suerte de no estar en pijama buscando su habitación o de tener algún amigo de menos edad que le prestase algo de ropa. Vio por el rabillo del ojo a Draco Malfoy y a Blaise Zabinni paseando, el último, riéndose bastante alto. Lavender ralentizó el paso para observarle mejor, al parecer el verano se había portado muy bien con él, estaba muy moreno, llevaba el pelo algo más corto de lo normal y sus ojos verdes resaltaban contra el tono de su piel, y qué espalda… Lavender sacudió la cabeza y se puso otra vez en marcha, tenía que encontrar a Ron.

Ron estaba parado en el aire observando el paisaje a su alrededor cuando vio una figura aproximándose hacia el campo, a medida que bajaba se dio cuenta de que era una chica. De pelo moreno. Sin uniforme. Guapa. Lavender. Ron alzó las cejas sorprendido, no habían hablado mucho últimamente.

-Hola, Lavender. Veo que has tenido la mala suerte de despertarte donde no era, no llevas el uniforme. –sonrió amistosamente.

-Vaya Ron, estaba buscando a Hermione, ¿no sabrás por casualidad dónde está? –preguntó inocentemente.

-Pues la verdad es que no lo sé, no la he visto desde ayer –contestó rascándose la cabeza.

-Oh, ¿habéis discutido o algo?

-Que va, Herms es así, vive en su propio mundo. Bueno, ¿y tú qué tal estás? ¿Tenemos a una mujer lobo por aquí?

-No, no, para nada, al final, con las pociones que me tomo lo único que debería preocuparos será mi mal humor los días de luna llena.

-Já, eso está bien, no me gustaría verte andar peluda comiendo gente cada vez que haya luna llena.

-Oye, ¿te importa que nos sentemos? Estoy algo cansada.

-Lo siento Lavender, pero deberíamos ir ya al Gran Comedor, luego hablamos.

Ron se dio la vuelta y se encaminó al colegio, se giró y le pareció ver a Lavender frunciendo el ceño, pero en cuanto ella vio que le miraba, sonrió con coquetería. Mientras andaba hacia el colegio se dio cuenta de que en cierta forma, aún flirteaba con Lavender más de lo que debería ahora que tenía novia, pero esa chica aún le removía algo en su interior, y esa sonrisa coqueta que siempre ponía, su forma de sacar tema de conversación de cualquier parte… Y desde luego, era mucho más cariñosa y atenta que Hermione. De cualquier manera, Hermione era su novia, y seguramente Lavender no sentiría ya nada por él a esas alturas.

Lavender pateó el suelo furiosa. Ese idiota de Ron la había dejado allí sola antes de poder siquiera insinuársele un poco, seguro que habría quedado con Hermione, otra idiota.

-Vaya Brown, ¿nos hemos levantado hoy con el pie izquierdo?

Una voz la sobresaltó, Blaise Zabinni se acercaba con las manos en los bolsillos, esta vez sin Malfoy. Vio como la miraba de arriba abajo descaradamente.

-Zabinni, ¿querías algo?

-No, en realidad pasaba por aquí y te he visto pegándote con el suelo nada más darse la vuelta la comadreja. Oh, no me digas que aún estás enamorada de él –se horrorizó teatralmente- qué desperdicio.

Lavender simplemente se rió sin nada más inteligente que contestar. Zabinni la miró confuso, esperaba una respuesta algo más creativa que eso, al parecer Brown era tan tonta como decían todos, serviría solo para cotillear y tener sexo.

Le profesora McGonnagall bajó tranquila las escaleras, nadie se atrevería a hacer semejante travesura nunca más. Abrió las puertas del Gran Comedor y todo quedó en silencio, había una sola mesa en el centro, había alumnos en pijama, unos pocos en uniforme y el resto con ropa muggle prestada, pero todos tenían la misma cara de expectación. Subió muy seria las escaleras hasta llegar a la mesa de los profesores, no se sentó, espero unos segundos antes de empezar a hablar y frunció el ceño.

-Alumnos de séptimo, como bien se habrán dado cuenta, alguien, aún no sabemos bien quién, ha tenido la desfachatez de cambiar de sitio las habitaciones de vuestra torre y de imposibilitar su recuperación, el profesor Flitwick está trabajando en un contra hechizo. Antes de castigarles a todos, doy un minuto para que el culpable salga por voluntad propia para evitar un castigo a todos sus compañeros –todo el mundo se quedó en silencio esperando al culpable, pasaron los segundos, y como McGonnagall esperaba, nadie levantó la mano- Bien. Supongo que era de esperar, por lo tanto, les explicaré lo que les espera a todos el resto del curso. Como bien saben, hasta ahora las habitaciones siempre han sido de cuatro personas, todas de la misma casa, pues bien, ahora serán de dos –los alumnos sonrieron emocionados por la idea- pero habrá una ligera diferencia, puesto que el culpable considera que puede molestar y culpar a todos sus compañeros, uniéndoles así, ¿por qué no hacer lo mismo con las habitaciones? A partir de hoy, las habitaciones compartidas tendrán miembros de distinta casa, así, leones, serpientes, águilas y tejones aprenderéis a convivir juntos. Ahora, cuando salgan, podrán comprobar que las habitaciones estarán en sus nuevos sitios, hay un listado en la puerta de la torre con indicaciones sobre dónde se encuentra cada habitación, antes de salir, os será entregado un papel con el número de habitación, una vez que lleguen a la suya, se encontrarán con sus cosas y con un nuevo compañero. Mucha suerte.

Todos se quedaron en silencio observando salir a su nueva directora, una vez que se cerró la puerta, el caos estalló, todos se quejaban a voz en grito, discutían unos con otros tratando de hallar al culpable, al parecer, nadie lo sabía, Malfoy le propinó un puñetazo a Blaise que por suerte nadie vio, él no lo devolvió sabedor de que se lo merecía y de que tenía suerte de ser amigo de Draco y que no le hubiera delatado.

Hermione observó a Ron intrigada, éste parecía en estado de shock, no había dicho ni una palabra todavía, cosa rara en él, poco a poco, fue cogiendo color, primero dejó de estar pálido como siempre, luego algo sonrosado, luego colorado, luego rojo, luego granate, luego le subió el color por la frente quedando tan rojo como su pelo, entonces empezó a gritar y a despotricar contra todo el mundo. Hermione se quedó mirando durante tres segundos, luego decidió que no le interesaba y se levantó a ver qué habitación tenía. Se acercó andando tranquilamente y cogió un papelito de dentro de una urna. Habitación 29. Se encogió de hombros y fue andando hasta su torre, la habitación estaba en el último piso.

Luna Lovegood esperaba a su nueva compañera sentada encima de una de las camas de la habitación que le había tocado. Era un cuarto bastante grande con dos escritorios muy cómodos debajo de un ventanal con unas vistas muy bonitas desde las que se veía el lago casi entero, estaba en el último piso, así que era una suerte que no sufriera nada de vértigo. Se quedó mirando fijamente el marco de la puerta esperando ver algún pimpyluk curioso que intentara colarse en su habitación, pero no aparecía ninguno. Había dos cómodas camas en el centro de la habitación pegadas a la pared, las dos tenían los mismos colores, sin distinción por casas, era todo blanco, lo que le deba un toque acogedor con la decoración de madera del resto del cuarto. También tenían un baño bastante grande con una gran bañera y una ducha, con estantes y un armarito debajo del lavabo.

Hermione, después de mucha vuelta por fin encontró la condenada puerta de su habitación ¡la última del último piso! Por Merlín, ni que quisieran aislarla. Se debatió unos segundos entre llamar o no llamar, pero qué demonios, era su habitación, no necesitaba llamar para entrar. Abrió la puerta suavemente para no asustar a quien hubiera dentro, su alegría fue inmensa cuando vio a Luna mirando la puerta sin verla, perdida como siempre en su mundo, metida en su pompa.

-¡Luna! –exclamó sonriente.

-Hola Hermione, qué suerte que te haya tocado conmigo, ¿qué cama prefieres? –preguntó con la mirada soñadora.

-No me importa, la que menos quieras tú.

-Vale, mejor quédate tú con esa, me ha parecido ver unos pequeños kimpycus debajo de la cama y, no sé, desde pequeña hacían que tuviera pesadillas, pero no creo que a ti te afecten, si no, podemos quedarnos una tarde cazándolos, ya sé, podríamos pedir al señor Filch, que estaría encantado de ayudarnos, claro…

Luna siguió hablando, pero Hermione realmente no la estaba escuchando, miraba encantada la habitación, era más o menos igual de grande que la anterior, pero esta era solo para ellas, con dos escritorios estupendos, dos camas grandes y un baño que según lo que se veía por el hueco de la puerta entreabierta estaba muy bien.

En otra habitación, tuvieron que poner un hechizo insonorizador para que no escucharan sus gritos por todo el castillo. Draco Malfoy y Ronald Weasley iban a ser compañeros de habitación. Nada más encontrarse se pelearon por abrir la puerta, por pasar primero, luego por la cama, después por el escritorio que querían, luego los turnos de ducha, más tarde discutieron y se gritaron por lo idiotas que se consideraban el uno al otro, luego se gruñeron lo mucho que se odiaban, y terminaron los dos tan cansados de haberse estado gritando más de dos horas y media que, afónicos, decidieron salir los dos de la habitación para despejarse y no verse la cara.

-¡HARRY! ¡HARRY!

Harry se giró al escuchar a alguien que le llamaba con gritos desesperados, no le sorprendió ver a Ron a varios metros de distancia corriendo mientras le llamaba, esperó pacientemente a que llegara y le contara la sorprendente noticia que traería esta vez, la última vez que le vio tan colorado les dijo a sus padres que salía con Hermione.

-Harry, voy a asesinar al imbécil mortífago hurón oxigenado idiota gilipollas capullo…

-Ron, Ron, relaja, ¿qué te ha hecho Malfoy esta vez? –preguntó curioso.

-¡Ese gilipollas es mi nuevo compañero de habitación!

Al escuchar eso Harry no pudo más que reírse viendo la cara de desesperación de su amigo, el pobre cada vez iba poniéndose de un color, su cara era un poema.

-¿¡Te parece gracioso! ¿¡Tú eres idiota! Espera, ¿quién te ha tocado a ti?

-Pues la verdad, te va a sorprender, pero no es tan mal tío, tiene sus cosas, pero no me parece ni peligroso ni nada…

-Harry, ¿no estarás hablando bien de un Slytherin, verdad? –preguntó Ron entrecerrando los ojos.

-Bueno Ron, tampoco exageres, que sigue siendo idiota, pero Zabinni no está tan mal…

-¿Qué te ha hecho? Harry, ¿no habrás tomado nada que te haya dado él?

-Ron, que no soy idiota, te digo que no ha estado tan mal, en serio, verás, te cuento.

»Mira, iba por el pasillo pensando en quién podría tocarme y rezando porque no fuera nadie muy raro, entré en la habitación y, a simple vista, no vi a nadie, entonces me puse a ordenar las cosas y a meterlas en uno de los armarios, cuando de repente, sale Zabinni de la ducha solo con una toalla. Te puedes imaginar la cara que se me quedó, yo pensaba que no había nadie, y bueno, llegas a oír el grito que pegó y te descojonas.

-¡POTTER! ¡Cómo se te pase por la cabeza mirarme otra vez de arriba abajo te reviento, que puedo machacarte sin que se me caiga la toalla!

-Zabinni, definitivamente tú eres imbécil, ya te gustaría a ti.

-Claro, Potter, no sueño con otra cosa, por favor, cuando tengas un rato libre, azótame.

Harry se le quedó mirando incapaz de creerse lo que estaba escuchando, que sabía perfectamente que Zabinni le estaba vacilando, pero él se esperaba algo así como tener que pelearse con él, no escucharle bromear.

-Verás, Potter, como comprenderás, si tengo que aguantar tu gigantesco ego en mi habitación durante el resto del curso, no pretendo pasarme el día discutiendo, así que tú no me molestas, yo no te molesto y bueno, podemos hacer el idiota de vez en cuando, pero no esperes que saque la varita porque me veas en toalla, es más, tengo intención de salir así cada vez que me apetezca, así que no insistas.

Y con estas, no nos hemos llevado tan mal al final, de hecho, aunque sea idiota, no le odio«.

Ron abrió la boca sin poder creerse lo que su amigo le decía. Le habían abducido. Hechizado. Controlado. Matado. ¿Si no? IMPOSIBLE.

…..

Lo siento muchísimo, como siempre, tardo una eternidad en actualizar, lo sé, soy un desastre. Agradezco muchísimo vuestros reviews, vuestras críticas y todo, aunque no tenga casi jaaja, bueno, un besoo.

Simerat!