Cap. 4
Había comenzado a perder el apetito, y es que la comida que daban ahí era horrible. Prefería seguir comiendo donas con glaseado que comer lo que daban aquí.
Me había enterado que mi mamá le había pedido permiso a su moroi para venir a verme, pero yo me negué a verla. No quería que me sermoneara con "esto arruinara nuestra reputación", incluso Christian había venido a verme, y a decirme que seguían con las investigaciones. También me había llevado unos cuantos libros para "entretenerme", lo cual lo sentí como una ironía ya que yo no leía mucho.
Lissa no había vuelto después de la noticia que le di, ni siquiera había intentado meterme en su mente ya que sería aun más doloroso ver la libertad a través de sus ojos.
Roza—dijo esa voz que yo reconocía tan bien, y que era como la seda sobre mi piel. Era Dimitri.
¿Qué haces aquí?—pregunte poniéndome a la defensiva.
Vine a hablar contigo—dijo.
Pensé que tú y yo ya no teníamos nada mas de que hablar—replique.
No es sobre nosotros. Es sobre ti y tu juicio—dijo.
¿Porque viniste tú? ¿Porque no Adrian o Abe?—pregunte.
Tu novio está de viaje con Lissa y Abe—no me gusto como se refirió a Adrian, ya que sonaba tan irónico y lleno de sarcasmo que me dieron ganas de pegarle. Pero la noticia me había hecho dudar.
¿Porque no fuiste con ellos? ¿Viaje de qué?—la curiosidad era una debilidad mía, y él la sabia. Por lo cual no pudo evitar sonreír haciéndome enojar más.
¿No te cansas de preguntar?—negó con la cabeza aun con la sonrisa en su rostro. Y no pude evitar sentir cosquillas en todo mi cuerpo al ver esa sonrisa que tanto añoraba, de ver a mi Dimitri, al que yo amaba tanto.
Me cruce de brazos esperando y también para protegerme del dolor que esos recuerdos me causaban.
Dimitri le pidió a un guardián que lo dejaran entrar a mi celda, y por un momento estuve a punto de decirle que no pero decidí guardar silencio.
El guardián dudo, pero debido al hecho de que Dimitri era un guardián lo dejaron entrar. Y se nos permitieron unos minutos a solas.
No fui con ella porque Lissa me pidió que me quedara contigo, y aunque a tu novio no le agrado no le quedo de otra. Ellos viajaron para buscar al hermano de Lissa—me explico cuando se sentó a mi lado en la cama.
Ah claro, si Lissa no te lo hubiera pedido te hubieras marchado, muy bien camarada—dije sarcásticamente.
Rose…- intento hablar pero como siempre yo lo detuve.
No camarada, no me digas más que no me amas. Y que tu amor por mi murió. Porque eso me lastima más que cuando eras Strigoi y te alimentaste de mi—respondí.
El palideció y por un momento no supo que decir.
Instintivamente tome su mano, la cual él quiso quitar antes de que la tocara pero yo fui más rápida.
Mírame a los ojos—le pedí. El dudó, pero finalmente lo hizo.
Yo no te guardo ningún resentimiento, jamás lo hice ni lo hare. Nunca me importo nada, te amaba tanto que había veces me moría por decirte que me convirtieras. Dimitri—mi voz sonaba ronca debido a la cantidad de emociones que sentía—Nada me ha lastimado más que tus palabras, saber que te perdí, y te recupere solo para perderte de nuevo, me mata.
Roza—mi nombre dicho por él en ruso era como si me apuñalaran varias veces—Yo no quiero lastimarte, yo quiero que tú seas feliz—apretó mi mano—y tu eres feliz con Adrian. Tú y yo no podemos estar juntos, nunca. Sabes que siempre fue así.
Pero… pero íbamos a luchar… íbamos a encontrar una manera de estar juntos—le recordé.
¿Y luego qué? ¿Qué cuando desearas un hijo y yo no pueda dártelo? (Maldita infertilidad entre Damphirs, la única manera de que una chica Damphir como yo pueda tener un hijo es tener relaciones con un moroi pero nunca con un damphir ya que es imposible)
No me importaría, porque te tendría conmigo—replique.
¿Le harías esto a Adrian?—ok, meter a Adrian en esto era un golpe bajo, ya que yo no quería alejarlo de mi vida, lo cual era muy egoísta.
¿Ves? No lo harías porque lo quieres—dijo al ver mi ausencia de palabras. Sonaba complacido con su argumento.
Me estas matando, no es justo—replique soltando su mano e intentando contener las lagrimas. Evite su mirada.
Rose, yo no quiero eso. No quiero—el coloco su mano en mi barbilla tal y como hizo Adrian en el sueño. Sus ojos habían vuelto a ser del café oscuro que eran, ya no eran rojos.
Pues no lo estas logrando. Por fin capto el mensaje. Tu no me quieres y por eso me haces esto—ok, lo que decía lo hacía para que el finalmente me dijera lo que yo realmente quería escuchar.
Roza, no es así—dijo con agonía.
Entonces ¿Cómo es? ¿Me amas?—pregunte—se sincero.
Esto solo complicara las cosas—replico.
No, si tú me dices la verdad yo no insistiré mas porque sabré el motivo por el que haces esto—insistí.
El me observo fijamente para ver si confiaba en mi, y al ver que no mentía suspiro resignado—Si Roza, te sigo amando, te amo con cada célula de mi ser, eres la razón por la que sigo aquí, vivo y luchando por superar esto. Eres quien me comprende y sabe todo de mí. Eres parte de mí ser. Daría mi vida por verte feliz—su voz fue casi un susurro.
Mis ojos se llenaron de lagrimas—ok, entonces si salgo de aquí, seguiré con Adrian. Pero antes—dije poniéndome de pie—nos despediremos como se debe.
¿Y cómo es eso?—pregunto confundido.
Así—dije sentándome en sus piernas y besándolo con todo lo que tenía. Le entregue mi alma en ese beso. Era tal y como lo recordaba, nuestros labios se amoldaban perfectamente y aunque en un principio el beso era dulce este se convirtió en algo más salvaje. Sus manos estaban aferradas en mi cintura; el también estaba dejando todo en ese beso.
Cuando finalmente nos separamos el me observo, como si estuviera intentando recordarme para siempre.
Me puse de pie y el hizo lo mismo. Se encamino hasta la puerta—el juicio será en una semana—dijo—Adiós Roza.
No dije nada ya que tenía un nudo en la garganta.
El amor era tan cruel, y en estos momentos el amor de mi vida se volvía a ir de mi lado lo cual me deprimió más que estar encerrada.
Asenti.—Si Adrian, te amo,
