Capítulo 4: Confianza.

Guen frunció el ceño contrariado una vez más y arrojó al suelo la ropa que había estado tratando de empaquetar de forma descuidada para después dar un profundo suspiro de exasperación.

El hecho de tener que irse del castillo nunca había sido de su agrado, pero, después de las revelaciones que les había hecho Zeno, le resultaba aún más frustrante y molesto.

Se sentía tan impotente y tan estúpido. Él siempre se había considerado el más fuerte y el hermano mayor del grupo. Siempre había tratado de cuidar de todos lo mejor posible, de hacer que formaran una pequeña familia. Pero los últimos acontecimientos estaban desinflando su orgullo y su ego.

¿Cuántas cosas habían estado sucediendo a su alrededor sin que él ni siquiera se percatara? Todo se le había salido de las manos. La repentina muerte de Hiryuu, los ataques de otros reinos, las rebeliones de las tribus, la persecución a la que estaba siendo sometido junto a sus hermanos, el secuestro de Abi, y para rematar se enteraba de que aquel al que consideraba su hermano más pequeño había estado jugando a los espías durante todo este tiempo en medio del nido de víboras en el que parecía haberse convertido el castillo.

Ya no podía más. Pero lo que más le frustraba era que sabía que lo que había descubierto hasta ahora era tan solo la punta del iceberg. Tenía la impresión de que había muchas cosas que aún no sabía, sobre todo de Zeno. El cual había considerado hasta hace unas horas el más fácil de manejar de sus hermanos y que ahora había pasado a ser el más problemático.

¿Qué otras cosas había estado haciendo a sus espaldas? ¿Qué otras cosas ocultaba?

Después de la charla que habían mantenido con Abi sobre el asunto que le había quedado pendiente a Zeno con Hiryuu, e incluso antes de eso, había deducido que su joven hermanito era más de lo que parecía. Pero nunca se figuró que llegaría hasta este punto.

¿De verdad estaba bien dejarle solo en el castillo, a meced de todos aquellos que habían estado conspirando contra ellos? Le había prometido que lo haría, que confiaría en la decisión que él había tomado y en su capacidad para resolver la situación. Pero no podía evitar sentirse inquieto. No con la certeza que tenía de que eso no era todo y que su hermano aún se había dejado cosas en el tintero.

Su mente ahora mismo era un mar de preguntas sin respuesta y vagas intuiciones.

Finalmente Guen se rindió en poner orden a sus pertenencias en ese momento, y decidió que lo mejor sería salir a despejarse un poco y dedicarse primero a poner en orden sus ideas.

Con esto en mente, salió de sus aposentos y vagó por los pasillos del castillo sin rumbo fijo, meditabundo y haciendo caso omiso de todos los sirvientes que le hacían una breve reverencia al pasar a su lado. Estaba demasiado enfrascado en sus pensamientos.

Lo que más le desconcertaba, era que no sabía cuál había sido el momento exacto en el que todo había cambiado. No sabía cuándo Zeno había dejado de ser el niño desorientado que se aterrorizaba ante la visión de la sangre para convertirse en un hombre maduro capaz de emprender semejantes intrigas por su cuenta.

Si tuviera que elegir un momento para establecer el punto de inflexión de su hermano, sería cuando finalmente dejo de insistir en el hecho de acompañarles al campo de batalla.

Al principio Zeno siempre había tratado de estar al mismo nivel que el resto de sus hermanos, de luchar, y siempre había fallado por su falta de fuerza y habilidades y su renuencia a hacerle daño a otro ser humano, aunque se tratara de un enemigo.

Todos habían tratado de convencerle de que dejara de acudir a las batallas, incluso el mismo rey Hiryuu, pero él no les había hecho caso y siguió tratando de estar a su altura. Hasta que un día dejó de hacerlo. De repente dejó de insistir y aceptó de buena gana quedarse en el castillo. ¿Cuándo había sido eso exactamente? ¿Pasó algo extraordinario en aquella ocasión que le hiciera cambiar de opinión? La verdad era que no podía recordarlo. Solo sabía que en ese momento se sintió muy aliviado de que Zeno entrara finalmente en razón, y decidió no darle muchas vueltas al asunto, dando por hecho que había sido una decisión lógica y racional por su parte. Pero, ¿acaso habría habido algo más? ¿Algún suceso importante que le impulsara a tomar esa determinación? ¿Tal vez fue en ese momento cuando Hiryuu compartió con él sus sospechas sobre un posible traidor y por eso decidió quedarse en el castillo para descubrirle? No lo sabía, y eso solo hacía que su frustración aumentara aún más.

-¿En qué estás pensando Hakuryuu? – habló una voz, sacando repentinamente a Guen de sus pensamientos. El dragón blanco miró a sus alrededores desorientado, buscando el origen de la voz, para darse cuenta de que en medio de su paseo había terminado en los jardines del castillo. El que le había hablado debía de ser Abi, ya que era el único que estaba al alcance de su vista y este tenía la cabeza ladeada de forma inquisitiva, aunque como tenía una venda en los ojos no podía asegurar si le estaba mirando a él o no -. ¿Qué es lo que te preocupa? -. Volvió a preguntarle Abi, confirmando sus sospechas sobre el origen de la voz.

-¿Cómo sabes que me preocupa algo? – le devolvió la pregunta el dragón blanco, de forma evasiva al haber sido atrapado con la guardia baja, cosa imperdonable en un guerrero como él.

-Porque estás frunciendo el ceño de forma exagerada, como si estuvieras intentando exprimirte el cerebro. Eso solo lo haces cuando hay algo que te preocupa – le respondió el dragón azul con total naturalidad y tranquilidad -. Como sigas con esa costumbre tus arrugas se van a volver aún más feas.

Guen hizo un leve gesto de molestia ante el humor ácido de su hermano, pero no pudo evitar sonreír. Le aliviaba el hecho de que su hermano volviera a ser el mismo de siempre, aunque aún le quedaran secuelas del ataque, ya estaba seguro de que se terminaría restableciendo por completo.

-Como siempre tus ojos son los mejores, Seiryuu – replicó finalmente, dándole la razón.

-Tu ceño es tan pronunciado que podría percibirlo a kilómetros de distancia aún con los ojos tapados.

-Oye – le reprendió Guen, ya comenzando a molestarse.

Abi se limitó a soltar una pequeña risita, a la vez que hacía que el pájaro que había estado posado en su mano remontara el vuelo.

-¿Me vas a decir de una vez qué es lo que te pasa? – insistió. Guen dudo sobre si ponerle al tanto de sus cavilaciones o no. No quería perturbarle con sus estúpidas preocupaciones ahora que parecía que finalmente se encontraba mejor -. Es sobre Zeno, ¿verdad? – inquirió con total seguridad.

Guen se sorprendió ante su perspicacia, pero luego se dio cuenta de que no le habría resultado tan difícil de averiguar, ya que todos debían de estar dándoles vueltas a lo mismo. Así que, llegados a ese punto, ya no le pareció inoportuno ponerle al tanto de sus preocupaciones. Después de todo Abi siempre le había sabido darle buenos consejos.

-Sí, se trata sobre él – le confirmó, aunque se imaginaba que no habría sido necesaria la confirmación -. No puedo dejar de darle vueltas a todo lo que nos dijo. Pero sobre todo, me estaba preguntando en qué momento fue que maduró tanto. ¿Cómo pude pasar por alto cosas tan importantes? Me siento un hermano mayor fracasado.

Abi soltó una leve risita ante el aura depresiva que rodeaba al dragón blanco, pero luego adoptó una actitud más seria.

-No debes culparte. Ni siquiera yo, que siempre me he jactado de tener los mejores ojos del mundo, he sido capaz de vaticinar esto – le aseguró, dejando translucir también su frustración -. Aunque percibía que Zeno no ocultaba cosas, e incluso que era más maduro de lo que parecía, jamás pensé que las cosas llegarían hasta este punto. Me ha hecho sentirme un inútil ignorante.

-Pues entonces igual que a mí – aseguró Guen con una leve sonrisa de complicidad -. Estaba pensando sobre en qué momento comenzaron a pasarme desapercibidas las cosas, y estaba tratando de acordarme del momento en el que Zeno dejó de insistir en acompañarnos al campo de batalla. La verdad es que no lo recuerdo muy bien, ¿y tú? – Abi pareció congelarse en el sitio ante su pregunta, lo que activó las alarmas internas del dragón blanco -. ¿Seiryuu? – le llamó de forma inquisitiva, exigiendo silenciosamente una explicación para su reacción.

-No es nada – se apresuró en asegurarle en dragón azul, a la vez que sacudía levemente la cabeza -. Solo me has sorprendido, ya que estaba pensando precisamente en eso antes de que llegaras, y me ha venido a la mente algo que en su momento no le di importancia.

-¿De qué se trata? – insistió Guen, curioso.

-En esa batalla, como en la mayor parte de las que libramos, me desmayé por utilizar demasiado mis poderes de dragón – Abí se estremeció ligeramente y se quedó cayado durante unos segundos en una especie de estado de shock, como si estuviera rememorando algo especialmente desagradable.

-¿Seiryuu? – inquirió Guen preocupado.

Ante la mención de su nombre, Abi pareció salir de su trance y retomó lo que estaba diciendo como si nada.

-El caso es que en esas ocasiones, en cuanto recuperaba la conciencia, Ouryuu siempre estaba a mi lado. Para cuidar de mi e informarme sobre el estado o el resultado de la batalla en cuanto despertaba.

-Sí, lo recuerdo – confirmó Guen -. No se separaba de tu lado hasta que recuperabas por completo tu movilidad, a pesar de que tratabas de echarle diciendo que era molesto…

-Eso no viene a cuento ahora – le cortó, con un ligero sonrojo avergonzado -. Lo importante es que en la última batalla en la que nos acompañó eso no fue así.

-¿Qué quieres decir? – le preguntó Guen confundido.

-Cuando desperté, Ouryuu no estaba conmigo – le explicó, con su expresión tornándose seria -. Como te puedes imaginar, eso me sorprendió, y cuando les pregunté a los sirvientes que estaban atendiéndome en su lugar me dijeron que Ouryuu se había sentido indispuesto y se había ido a descansar por su cuenta.

-¿En serio? – inquirió sorprendido.

-Sí. Eso me dijeron, y no llegué a ver a Ouryuu hasta que nos reunimos con Hiryuu y nos comunicó que había decidido abandonar permanentemente el campo de batalla.

-¿No le pediste ninguna explicación?

-Lo hice, y me confirmó lo que me habían dicho los sirvientes, aunque de forma extrañamente evasiva – Abi frunció el ceño a la vez que se cruzaba de brazos -. En ese momento tuve la certeza de que se estaba callando algo, y que ese algo era lo que le había hecho tomar su repentina decisión de abandonar el frente.

-¿Y por qué no nos dijiste nada a los demás? – espetó Guen, sin poder ocultar su molestia.

-No quise poner en evidencia a Ouryuu delante de todos – le explicó el dragón azul sin perder la calma -. Además de que en ese momento pensé que, fuera lo que fuera lo que le hubiera ocurrido, si había servido para que tomara finalmente esa determinación, en la que le habíamos estado insistiendo todos, mejor que mejor. No quería que se diera la posibilidad de que cambiara de opinión. En ese momento creí que era lo mejor para él, y no insistí en el asunto.

-Lo entiendo – refunfuñó el dragón blanco, aceptando a regañadientes sus motivos -. Así que confirmas mis sospechas de que ya nos estaba ocultando cosas desde entonces. ¡Es tan frustrante! – espetó, para luego empezar a caminar refunfuñado, alejándose de Abi.

-¿A dónde vas ahora? – le preguntó Seiryuu, temiéndose lo peor.

-¿A dónde crees? – inquirió con un sarcasmo ácido, deteniendo sus pasos para girarse a mirarle -. A buscar a Ouryuu. Tiene unas cuantas explicaciones que darme, y esta vez no le voy a dejar que se escabulla hasta que quede totalmente satisfecho.

-No creo que sea una buena idea – le advirtió Abi, haciendo la expresión de Guen se transformara en una de molestia -. Debemos confiar en Ouryuu.

-¿Confiar? – inquirió frunciendo el ceño -. ¿Quién ha dicho que se trate de un problema de confianza? No se trata de eso.

-¿Entonces de qué?

-Tantos secretos me frustran y me confunden. Así no podré protegerle.

-¿Protegerle? Ouryuu ya nos ha confirmado que lleva mucho tiempo desenvolviéndose solo sin problemas.

-Pero eso no tendría que ser así. No tendría que haberse enfrentado a todo esto, y a todas las demás cosas que no nos haya contado, él solo. Somos hermanos. Hermanos unidos por la sangre de los dragones. Somos un equipo.

-Precisamente somos un buen equipo porque cada uno tiene sus especialidades, cada uno aportamos algo al conjunto. ¿Acaso no habíamos hablado ya de eso? – razonó, Abi -. No puedes cargar todo el peso sobre tus hombros, Hakuryuu. No puedes pretender proteger a Ouryuu, protegernos a todos, para siempre. Cada uno tenemos que enfrentar nuestras propias batallas y a nuestros propios demonios – al decir esas últimas palabras hizo una leve pausa y apretó los puños -. Nosotros llevamos todo este tiempo infravalorando a Ouryuu y tratando de protegerle, pero creo que ahora es su momento de brillar. Él quiere hacer su parte como guerrero dragón, lleva todo este tiempo tratando de hacerlo, y creo que ahora ha llegado el momento de que realice la tarea que solo él puede llevar a cabo y por la que fue elegido por los Dioses – su voz era cada vez más solemne -. De modo que, como es mi hermano dragón y confío en él, no voy a hacerle ninguna pregunta. Sé que ya nos pondrá al tanto de las cosas cuando sea el momento, como ha hecho ahora. He decidido confiar en él ciegamente, y considero que tú también, como su hermano mayor, deberías darle tu apoyo en esto – Guen abrió la boca para refutar, pero el dragón azul se le adelantó -. Seguramente cometerá errores. Muchos, dada su naturaleza bondadosa y a veces exageradamente ingenua. Pero debes permitirle evolucionar y crecer, como lleva haciendo durante todo este tiempo, y como lo hemos estado haciendo nosotros. Porque ninguno de nosotros es ya el mismo que fue al encuentro del Rey Hiryuu esa primera vez. Todos hemos cambiado, llevamos nuestra propia carga a nuestras espaldas, incluido él.

Guen pareció meditar seriamente sus palabras mientras entre los dos se instalaba un denso silencio.

-¿De verdad piensas eso, Seiryuu? – le preguntó claramente escéptico -.¿Crees que está bien que le dejemos por su cuenta, que confiemos tan ciegamente en él, a pesar de puede que no tengamos un conocimiento real sobre su verdadera situación o intenciones?

-No te voy a mentir. En el fondo, la idea me desagrada tanto como a ti – le confirmó Abi, para después dar un profundo suspiro -. Pero creo firmemente en todo lo que te he dicho. Creo que debemos entregarle nuestra confianza ciega y dejar que proceda como crea conveniente. Creo que eso es lo mejor que podemos hacer por él por ahora – Guen aún no parecía muy convencido, así que añadió -: Además, si tiene algún problema, siempre podrá pedirnos ayuda. El hecho de que no estemos en el castillo no quiere decir que debamos dejarle totalmente desamparado. Le dejaremos claro que siempre podrá recurrir a nosotros en caso de que lo necesite, y si le pasa algo malo lo sabremos y podremos acudir a él inmediatamente. Después de todo, nuestro vínculo ya ha demostrado ser útil para ese tipo de situaciones.

Guen se estremeció al recordar el terrible sentimiento de angustia que le invadió durante el secuestro de Seiryuu. Cómo había sentido su dolor y su miedo a través de su vínculo, y cómo su presencia parecía pedirles ayuda a gritos parpadeando como un faro. El dragón blanco sacudió la cabeza para liberarse de esos oscuros recuerdos, que estaba seguro que eran aún peores para el dragón azul, y dio un suspiro resignado antes de volver al tema que estaban tratando:

-Está bien, Seiryuu. Te haré caso – le aseguró, aunque aún con un gesto de contrariedad -. Confiaré en él y no le haré preguntas. Pero a la mínima señal de que algo va mal…

-Sí, iremos a su rescate sin falta – añadió Abi, completando su frase por él.

Guen, por su parte sonrió complacido, al sentir la determinación que bañaba las palabras del dragón azul. No le cabía duda de que cumpliría con lo que había prometido.

-Y por cierto, ¿qué estabas haciendo aquí solo, Seiryuu? – inquirió el dragón blanco, cambiando de tema, con un nuevo gesto de preocupación -. No deberías vagar solo por ahí, sobre todo ahora que tenemos la certeza de que hay un traidor dentro del castillo.

-Lo dice el que estaba caminando por ahí sin fijarse ni por donde pasaba – se burló Abi, quitándole importancia.

-¡Eso no es así! ¡Mis instintos de guerrero son excelentes! – se defendió exasperado -. Podría detectar a un atacante y derribarlo en menos de un segundo.

-Eso es lo mismo que pensaba yo, pero nunca está de más ser precavido – le advirtió el dragón azul, con un tono ligeramente sombrío. Guen tragó saliva y se puso nervioso al tener la certeza de que había dicho algo que no debía -. Aunque no permitiré que me vuelvan a atrapar con la guardia baja, no te preocupes. Así que ten cuidado tú también.

-Lo haré – le prometió aún incomodo, y trató de pensar rápidamente en otro tema de conversación -. Por cierto, ¿ya tienes listo el equipaje? Esto de tener que prepararlo tan deprisa para marcharnos mañana de madrugada es una locura. Estoy seguro de que me olvidaré algo importante.

-Sí, es algo molesto, pero es necesario. Con todo lo que sabemos ahora, cuanto antes salgamos del castillo mejor. Así no dejaremos a nuestros enemigos tiempo para reaccionar ni para interponerse en nuestro camino. Ya lo habíamos hablado – razonó Abi -. Y en cuanto a tu pregunta. Sí, ya lo tengo todo listo. Si eres una persona organizada, encontrar las cosas necesarias e importantes no lleva demasiado tiempo. Aunque me imagino que ese no será tu caso.

-Oye – se quejó, con un leve gesto de molestia -. Yo no soy tan desordenado. El que es un caso perdido para esas cosas es Ryokuryuu.

-No te discuto que su capacidad para crear el caos allí por donde pasa es impresionante, pero tú no te quedas atrás – insistió con tono burlón.

-Deja de burlarte de mí – espetó, tratando de parecer molesto, aunque en realidad le estaba divirtiendo ese intercambio de burlas con su hermano. Ya lo echaba de menos – De todos modos me tengo que marchar para continuar con los preparativos. Ya nos veremos más tarde, Seiryuu – se despidió, girándose para marcharse y haciendo un leve gesto de despedida con la mano.

-Nos vemos, Hakuryuu – le respondió Abi, extendiendo la mano en la que se volvió a posar un pájaro.

Guen nunca había sabido cómo se las arreglaba el dragón azul para hacer eso con tanta facilidad, y seguramente nunca lo sabría. Pero el pájaro volvió a alzar el vuelo rápidamente cuando se pudo oír un fuerte rugido. Tanto el dragón blanco como el dragón azul giraron la cabeza en la dirección de la que había procedido el sonido, para encontrarse con el que sabían que era el propietario de la voz, después de todo sus gritos eran inconfundibles.

-¡Estate quieto de una maldita vez, Ouryuu! – espetó Shuten frustrado, mientras trataba de golpear al dragón amarillo con el extremo romo de su lanza.

Zeno huía de él a la vez que parecía estar esquivando los golpes sin problemas, cosa que no era de extrañar, ya que él ya tenía mucha práctica esquivando los golpes de su hermano después de tantos años, y seguramente Shuten tampoco se lo estaría tomando en serio.

-¿Y esperar a que me golpees? – inquirió el rubio con un tono ligeramente burlón y divertido, a pesar de su situación que estuviera loco. Los golpes de Ryokuryuu realmente duelen.

-¡Es lo menos que podrías hacer estúpido! ¡Te lo advertí!

-¿Se puede saber qué está pasando aquí? – intervino Guen determinado, interponiéndose entre los dos.

Zeno aceptó feliz la ayuda escondiéndose detrás de la espalda de su hermano mayor, pero Shuten gruñó cabreado.

-¡No te metas! ¡Esto es entre Ouryuu y yo! – espetó, aunque dejó de lanzar golpes para encarar al dragón blanco -. ¡Le advertí que se arrepentiría si dejaba alguno de esos asquerosos pastelitos en mis aposentos, y cuando llego me encuentro una montaña enorme de ellos en la misma entrada! ¡Está pidiendo a gritos ser aleccionado, así que apártate!

-¿Es cierto eso, Ouryuu? – preguntó Guen, mirando a Zeno por encima del hombro, ya que este seguía escondido detrás de su espalda.

-Yo solo quería endulzarle un poco – se explicó Zeno, con su sonrisa más brillante -. Ryokuryuu siempre parece estar amargado, y contra eso lo mejor es un dulce.

-¡Odio las malditas cosas dulces! ¡¿Cuántas veces te lo tengo que repetir para que te entre en esa cabeza hueca tuya?! – gritó a la vez que se la jugaba lanzando un golpe con el extremo romo de su lanza a la cabeza de Zeno, que había asomado levemente por detrás de Guen mientras hablaba. Pero este fue rápido en volver a esconderse, de modo que fue el desprevenido dragón blanco el que finalmente recibió el impacto en plena cabeza.

-¡Oye! ¡Ten cuidado con lo que haces con esa maldita cosa! – se quejó apartando la lanza con un manotazo de su garra dragón y utilizando su otra mano para tocarse la zona afectada.

-Es imposible que odies los dulces. Todo el mundo ama el chocolate – respondió Zeno por su parte, asomándose por el otro lado de Guen, volviendo a tentar su suerte de forma despreocupada.

-¡Pues yo lo odio! – exclamó Shuten, volviendo a tratar de golpearle.

Zeno se volvió a poner fuera de su alcance fácilmente, usando al dragón blanco como escudo. Este por su parte estaba preparado en esta ocasión y frenó el golpe de su hermano con su garra dragón.

-¡Ya basta, os estáis comportando como un par de críos! – se quejó Guen, comenzando a perder la paciencia.

-¡Todo es culpa del idiota de Ouryuu!

Abi, por su parte, permaneció en su sitio viendo cómo se desarrollaban los acontecimientos silenciosamente. Fue testigo de cómo Zeno seguía provocando a Shuten, consiguiendo que este fuera aún más feroz en sus ataques y terminara en medio de una batalla campal con Guen que se había metido en medio, tratando de solucionar la situación y fracasando estrepitosamente a la vez que terminaba metido de lleno en la refriega.

Abi sonrió ante la situación, y permitió que un nuevo pájaro se posara sobre su mano mientras les contemplaba tranquilamente. Se encontró disfrutando de la situación en vez de resultarle molesta por lo ruidosos que eran, como le había pasado tantas otras ocasiones antes. Se preguntó si eso era porque sabía que el tiempo que le quedaba para compartir así con sus hermanos se estaba agotando. El tiempo seguía corriendo inexorablemente en su contra y él trataría de aprovechar al máximo cada segundo. Como creía que estaban tratando de hacer también el resto de sus hermanos, aunque cada uno a su manera.

Ooooooooooooooooooooooo

Espero que os haya gustado este nuevo capítulo.

Y para lo que no os hayáis fijado ya, he comenzado un nuevo fanfic llamado "DESDE MÁS ALLÁ DEL CIELO: CAPÍTULOS EXTRA" en el que, como su nombre indica, voy a ir incluyendo distintos extras de este fanfic. Ya publiqué el primer extra hace unos días.

Muchas gracias por todos los reviews y el apoyo que me estáis dando para continuar con este proyecto. Muchas gracias a Tsukiyo-san, WorldSandy12 y lucero por vuestros comentarios, y también a todos los que me habéis dejado un favorito.

Nos vemos en alguno de mis próximos fanfics o traducciones.