-Se acabó –dijo Apolo ansioso por ya no leer más.
-Ahora sí, mocoso –dijo Heracles mientras sacaba su garrote-. Acabemos con esto.
Percy sacó un bolígrafo, lo destapó, y se extendió su espada de Bronce Celestial, Contracorriente.
Cuando estuvieron a punto de empezar la pelea, Zeus habló/ordenó:
-¡Aquí no peleen! Dionisio llévalos a una arena o algo así.
-Con gusto padre –Dionisio chasqueó los dedos y todos en la sala desaparecieron.
Cuando volvieron a aparecer, estaban en una arena de combate gigante, del tamaño de un campo de futbol profesional, con trincheras, un lago pequeño y muchísimas gradas, éstas se llenaron con adolescentes y niños de los dos campamentos, había unos 300 del Campamento Mestizo, junto con Quirón, Argos y la Srta. O' Leary, la perra del infierno de Percy.
Por el lado de los romanos, están todas las cohortes ordenadas muy bien, también están las familias que se han formado en Nueva Roma.
Los dioses estaban en un palco con sus doce tronos, y también unos tronos a los lados, que eran los tronos de Hades, Hestia y Perséfone. Anfitrite y Tritón estaban sentados a cada lado de Poseidón con unas cómodas sillas.
Cada dios tenía una túnica a la antigua Grecia. Zeus vestía una túnica azul eléctrico con broches de rayos, Poseidón una verde mar con bordados de olas. Hades tenía una totalmente negra, con calaveras plateadas por broches. Hera vestía una túnica blanca, con bordados de pavos reales en toda la tela. Deméter traía puesta una de color de las hojas en primavera, tan verdes que parecía que era de pasto. La de Ares era de un color rojo sangre, con lanzas atravesando cuerpos humanos dibujados en toda la tela. Atenea vestía una gris tormentoso que iba a juego con sus ojos, su broche era de una lechuza con una rama de olivo en las garras. La de Apolo parecía hecha de oro, brillaba tanto que te quemaba los ojos con solo mirarla. Su gemela tenía una de color plata brillante que brillaba del color de la luna. Hefesto vestía una de color café con un broche en forma de martillo. La de Afrodita era rosa con palomas estampadas en los holanes de ésta. Hermes vestía una de color gris, con un caduceo bordado a la altura de su pecho, mientras que la de Dionisio era morada con vides estampadas por todos lados. Hestia tomó la apariencia de una joven de veinte años con una túnica naranja, con bordados de flamas rojas.
-¡Héroes! –gritó Zeus-. En esta pelea, se pueden usar todo tipo de artefactos mágicos, Apolo estará de médico, por si algo malo pasa. La pelea se detendrá hasta que el otro se rinda, o muera.
Dijo esto último mirando con odio a Percy.
-Hijo mío, estás listo –le dijo Poseidón a Percy.
-Listo –dijo el muchacho mientras asentía.
-Acabalo Heracles –gritó Zeus.
-Lo haré.
La multitud estalló en vítores, la mayoría apoyaba a Percy. Solo dos personas apoyaban al hijo de Zeus, Octavian y su padre.
-¡Que dé comienzo a la batalla!
-Vamos diosecillo, mátame si puedes –retó Percy con la espada.
Heracles blandió su garrote (¿se blande un garrote?), y atacó furioso.
-¡ACABA A TONTULES TÍO! –clamó Leo.
Percy bloqueó el garrotazo con su espada por unos segundos, después se empujaron cada uno para lados contrarios.
Heracles arremetió contra Percy, pero éste solo esquivaba los golpes. Se agacha, un paso para atrás, salta, esquiva, ó a un lado para evitar un golpe en vertical. Siguió esquivando. Se estaba conteniendo.
Reyna y los romanos estaban muy nerviosos, no sabían si Percy iba a morir o algo. Al notar esto, Nico le dijo a Reyna:
-No te preocupes, Percy se esta conteniendo. No está peleando al máximo de su capacidad.
Al escucharlo, Reyna se sorprendió muchísimo.
-Estas mintiendo –le dijo temerosa a Nico.
-Claro que no, no creo que lo hayas visto pelear con todo su poder, si te das cuenta, ni siquiera está atacando, solo esquiva.
Heracles estaba como loco tratando de asestarle un golpe al hijo de Poseidón. La furia en sus ataques no lo dejaba pensar con claridad, lo único que quería era matar al hijo de Poseidón. Lo único que hacia Percy era esquivar los furiosos ataques de Heracles.
En tan solo unos minutos, el hijo de Zeus ya estaba muy agotado, ahí fue cuando Percy atacó.
-¡VAMOOS PERCY! –apoyó Annabeth.
-Que comience la fiesta –le dijo a Zeus con una sonrisa sarcástica.
Empezó a dar estocadas por los brazos, se movía al lado contrario a tal velocidad que solo se veía un borrón y después Heracles tenía otro corte. Estaba emanando icor de cada herida. Estaba muy cansado como para tratar de detener los golpes o esquivar.
Percy le hizo un corte en la parte de atrás de la rodilla y Heracles cayó. En el suelo Heracles trató de golpear a Percy, sin éxito.
Jason PoV
-No me lo puedo creer –dije a Piper.
-Ni yo, es demasiado veloz, no puedo verlo atacar.
Thalia que estaba escuchando su conversación dijo:
-Ese es el poder de nuestro Sesos de alga –mencionó con aire de orgullo.
Yo soy habilidoso con la espada -pensé- pero no se si le pueda ganar a Percy.
Narrador PoV
Las heridas de Heracles estaban sanando a una velocidad increíble. Y al darse cuenta de esto, Percy controló el agua del pequeño lago que había para volvérselas a abrir. Le mandaba dagas de agua, tan afiladas que Heracles no paraba de gritar de dolor.
Cuando Percy acabó con él, dijo:
-Me rindo –murmuró el hijo de Zeus.
-¿Qué dijiste? –le dijo Percy con burla.
-¡Que me rindo! –gritó y todos se quedaron en silencio, asombrados por lo que acababa de pasar. Unos segundos después todos empezaron a aclamar a Percy.
-¡Percy! ¡Percy! ¡Percy! ¡Percy! ¡Percy! –coreaban todos en la arena.
Zeus estaba a punto de freír a Percy con su Rayo Maestro, por lo humillado que dejó a su hijo favorito, pero Poseidón lo detuvo.
-Alto hermano, ganó justamente.
Zeus estaba hecho una furia.
Cuando Percy estaba volviendo a las gradas para ir a celebrar con sus amigos, Heracles agarró su garrote e iba a golpear a Percy por la espalda.
-¡Percy cuidado! –gritó Frank. Pero fue demasiado tarde.
El golpe que el hijo de Poseidón recibió en el costado, fue tan brutal que Annabeth pudo escuchar el CRACK de sus costillas rompiéndose en miles de pedazos.
-¡NOOO! –gritó la hija de Atenea.
-¡Hermano! -gritaron Tyson, Teseo, Orión y Tritón. A este último, ya le caía bien Percy.
Percy salió volando cien metros hasta chocar en una pared y caer en una trinchera.
-Apolo ayuda a mi hijo –le dijo Poseidón al dios del sol.
Apolo se transportó hacia Percy mientras todos miraban incrédulos y furiosos al ex héroe más grande de todos los tiempos.
Lo puso en una camilla, mientras le daba cubitos de ambrosía y curaba sus heridas.
-Va a estar bien –comentó al notar las miradas desesperadas de todos-. Pero tiene que estar en reposo durante unas horas.
Después de eso, transportó a Percy a su palacio, junto con Annabeth.
-Dionisio –dijo Zeus mientras le daba ambrosía a su hijo-. Llévanos a casa.
El dios del vino chasqueó sus dedos y todos estaban de vuelta en la sala de tronos.
-Chicos, porque no van a ver como se encuentra Percy, tienen la tarde libre, en la noche proseguimos con la lectura –dijo amablemente Hestia al ver lo preocupados que estaban.
Los semidioses se despidieron con una reverencia y se fueron al templo de Apolo.
Toda la tarde estuvieron con Percy, ya que estaba despierto, comentando lo increíble que fue su lucha contra Heracles, y él como siempre no le tomaba mucha importancia:
-Enserio chicos, no fue para tanto –dijo Percy un poco burlón.
-¿Cómo no? Si lo dejaste hecho una mierda –comentó Leo emocionado.
-Eso es muy cierto –dijeron los Stoll.
-Yo todavía no puedo creer lo poderoso y veloz que eres –dijo Reyna.
-Nah! Eso no fue nada, ni me cansé –respondió.
Reyna se puso pálida por el comentario.
Y si ese no era su máximo poder, ¿cuál es su límite? –pensó Reyna.
-Bueno chicos, déjenlo descansar para que se recupere –dijo Annabeth-. Nos vemos más tarde.
Todos aceptaron a regañadientes.
Después de que se hubieran paseado por el Olimpo, los chicos coqueteando con las diosas menores y ninfas, y las chicas paseando por el mercado, fueron a la sala de tronos a continuar la lectura.
-Yo leo –dijo Frank tomando el libro y lo abrió en la página en la que se quedaron.
Percy se encontraba recostado en una camilla, estuvo de tozudo un buen rato hasta que Apolo lo dejo estar en la sala.
Capítulo N°3
Inesperadamente Grover Pierde Sus Pantalones
Los semidioses les dieron miradas pícaras a Grover y a Percy.
Confesión: abandoné a Grover tan pronto como estuvimos en la terminal de autobuses.
-¡Percy! –lo regañó Annabeth.
Ya sé, ya sé. Fue grosero.
-Mucho –dijo Hestia.
Pero Grover me estaba asustando, mirándome como si fuese hombre muerto murmurando "¿Por qué siempre pasa esto?" y "¿Por qué siempre tiene que ser sexto grado?".
-La verdad, yo me iría si estuviera en esa situación –comentó Teseo.
-¿A que si? –le preguntó Percy.
Teseo chocó puños con Percy.
Como sea, fue molesto, la vejiga de Grover entró en acción, por eso no me sorprendió, tan pronto como nos bajamos del autobús, que me hiciera prometerle que esperaría por él, y luego zigzagueó hacia los baños. En lugar de esperar, tomé mi chaqueta, salí y tomé el primer taxi hacia el centro.
-Este ciento cuatro y la primera –le dije al conductor.
-Ya no vivo ahí –dijo Percy al ver las miradas maliciosas de los Stoll y Leo. Ellos hicieron un puchero, que Katie, Lou y Miranda creían que se veían lindos.
Algo acerca de mi madre, antes de que la conozcan.
-Increíble –dijo Thalia.
-Trabajadora –apoyó Annabeth.
-Inteligente –dijo Rachel.
-Cocina muy bien –comentó feliz Nico.
-Chicos por favor –dijo Sally ruborizada.
-Hermosa –dijeron Poseidón, Hermes y Apolo. El dios de los mares les dio una mirada de muerte a sus sobrinos que quería decir "Acérquense a ella y los mato".
Sally se puso como un tomate por los comentarios de los dioses.
Su nombre es Sally Jackson y es la mejor persona del mundo, lo que prueba mi teoría de que las mejores personas tienen la peor suerte.
-Eso también aplica para ti Jackson –dijo Clarisse.
Sus padres murieron al estrellarse su avión, cuando ella tenía cinco años,
Las diosas y semidiosas le dieron una mirada de muerte a Zeus.
Y fue criada por su tío a quien no le importaba mucho. Ella quería ser novelista, así que pasó la preparatoria trabajando para ahorrar dinero para la universidad con un buen programa de escritura y creatividad. Después su tío enfermó de cáncer y ella tuvo que abandonar la escuela en su último año para cuidarlo. Después de que él muriera, ella se quedó sin dinero, sin familia y sin un diploma.
-Eso no puede ser, una mujer trabajadora no puede terminar así –dijo Atenea.
Levantó una mano encima de la cabeza de Sally Jackson y la envolvió en un aura gris brillante. Cuando desapareció Atenea dijo:
-Te he dado mi bendición, desde ahora en adelante en todo lo que hagas que tenga que ver en lo creativo y laboral, tendrás muy buena suerte y conseguirás trabajo fácilmente.
-Muchísimas gracias Sra. Atenea –dijo Sally haciendo una reverencia.
Lo único bueno que le pudo pasar, fue conocer a mi papá.
-Código 10-A –gritó Percy y al instante los del campamento mestizo se taparon los oídos.
-¿Qué quiere decir es…? –preguntó Octavian pero fue callado por un chillido tan estridente que dejo sin oído a los romanos por un largo rato. La que gritó fue Afrodita.
-¿Qué fue eso? –dijo Reyna un poco sorda.
-Eso fue el código para taparse los oídos que inventó Percy, lo usamos cada vez que pasa algo romántico en el campamento y están cerca los hijos e hijas de Afrodita, aunque también funciona con Afrodita –dijo Clarisse.
No tengo recuerdos sobre él. Ella solo me dijo que era rico e importante, y que su relación era un secreto. Un día, el tuvo que partir en un viaje a través del atlántico y jamás volvió.
Se perdió en el mar, decía mamá. No murió. Solo se perdió en el mar.
Hermes le dio una mirada soñadora a la mortal.
Ella hacia trabajos pesados, tomaba clases nocturnas para obtener su diploma de preparatoria, y me criaba por su cuenta. Nunca se quejó o enojó. Ni una sola vez. Pero yo sabía que no era un chico tranquilo.
-Ni cuenta Sesos de alga –dijeron Nico, Thalia, Jason, Leo, los Stoll y Frank.
Esto va a ser largo –pensó Percy.
Finalmente, se casó con Gabe Ugliano, quien fue simpático los primeros treinta segundos que lo conocimos,
-Nunca pensé que llegaría a ser simpático –dijo furioso Grover.
Y después mostro su verdadera cara de imbécil de primera. Cuando era pequeño, lo apodé "Oloroso Gabe". Lo siento pero es verdad. El tipo apestaba a pizza rancia y calzoncillos de gimnasio.
-Ewww –dijeron todas las mujeres en la sala, mientras los hombres ponían mueca de asco.
Entre los dos, le hacíamos la vida difícil a mamá. La forma en la que el Oloroso Gabe la trataba, la forma en la que nos llevábamos… bien, cuando llego a casa es un buen ejemplo.
Entré en nuestro pequeño departamento, esperando que mamá ya haya llegado del trabajo. En su lugar, el Oloroso Gabe, estaba en la sala, jugando póker con sus amigos. La televisión estaba en ESPN. Papas fritas y cerveza estaban tiradas por todos lados de la alfombra.
-Esa no es la forma en la que debería vivir un niño –dijo Deméter.
Apenas me miró y sin quitarse su cigarro dijo:
-Así que estás en casa.
-¿Dónde está mamá?
-Trabajando –dijo-. ¿Tienes dinero?
-¿Te pedía dinero? –gritó Artemisa.
Percy se encogió de hombros.
Era todo. Ningún: "Bienvenido a casa, que bueno verte, ¿qué ha sido de tu vida en los últimos seis meses?"
Gabe había engordado. Parecía una morsa sin colmillos con ropa de tienda barata.
-Eh! No insultes a las morsas –se burló Hazel, haciendo reír a todos.
Tenía cerca de tres cabellos en su cabeza, todos relamidos sobre su cuero cabelludo, como si eso lo hiciera verse guapo o vete tú a saber qué.
Todas las chicas de la sala hicieron ademán de vomitar.
Él manejaba Electrónicos Mega-Mart en Queens, pero se la pasaba en la casa la mayor parte del tiempo. No entiendo por qué aun no lo han despedido. Se ha mantenido coleccionando sus cheques de pago, gastando el dinero para comprar cigarros que me hacen sentir nauseas, y en cerveza, por supuesto. Siempre cerveza. Cada que estaba en casa, esperaba que sustentara su fondo de apuestas. Lo llamaba nuestro "trato de chicos". En otras palabras, si le decía a mamá, me molería a palos.
Un silencio sepulcral inundó la sala. Después de unos segundos de tensión, Sally habló con los ojos llorosos:
-Hijo –dijo entre lágrimas-. ¿Él te golpeaba?
Todos miraban a Percy temerosos. De pronto, un humo negro muy espeso, salió de la hoguera, y en él, se veían imágenes como en un Mensaje Iris.
Se apreciaba un hombre, que era Gabe, golpeando a un niño de cabellos tan oscuros como la noche, tenía los ojos cerrados por la hinchazón de los pómulos, le caía sangre desde las cejas por todo el costado de su carita. Tenía muchos moratones en la cara, estaba raspado por todos los brazos, las manos le sangraban, tenía una pierna doblada en un ángulo antinatural, en la espalda tenía azotes marcados, algunos sangraban.
-Di que esta vez tuve compasión –le dijo Gabe al niño.
-Le diré a mamá lo que me hiciste –dijo el niño llorando, pero sin abrir los ojos.
Gabe lo levantó del suelo agarrándolo del cabello y le dijo:
-Tú le dices algo y te juro que le va a ir peor que a ti –le amenazó.
Lo lanzó al piso y se fue dejando al niño llorando.
-A mamá no la tocarás –dijo el niño.
Entonces abrió sus ojos y todos en la sala aguantaron la respiración. Tenía los ojos de un verde mar tan intenso, pero estaban como apagados, tenían tristeza y dolor.
La imagen se disolvió.
Todas tenían lagrimas corriendo por sus mejillas. Annabeth abrazaba a Percy muy fuerte.
-LO VOY A DESPEDAZAR, DESEARÁ NO HABER NACIDO EL MALDITO INFELIZ –gritó furioso Poseidón. La sala empezó a temblar, un aura verde oscuro comenzó a rodear al dios de los mares. Todos los semidioses se escondieron detrás de sus padres. Excepto Percy que quería calmar a su padre, sin mucho éxito.
Zeus estaba congelado de miedo. Deméter se le acercó a Poseidón para calmarlo.
Octavian no entendía cómo es que el hijo de Poseidón, pese a que tuvo la peor de las infancias, seguía sonriendo, actuaba relajado, pero en el fondo estaba tan quebrado que muchos se habrían suicidado. Pero no, él siguió adelante y apoyó a todos los que lo rodeaban.
Cuando Poseidón se tranquilizó, continuaron con la lectura.
-No tengo –le dije.
Levantó una de sus grasientas cejas.
El ambiente estaba tan tenso que nadie comentó nada.
Gabe podía oler el dinero como un perro de cacería a la sangre, lo que era sorprendente, dado que su propio olor debería de haberlo cubierto todo.
Atenea al fin comprendió la razón para que la mortal se casara con ese cerdo.
-Tomaste un taxi desde la estación de autobuses –dijo-. Probablemente pagaste con uno de veinte. Tienes seis, siete dólares de cambio.
-Hombre! Los cerdos saben contar –interrumpió Leo, tratando de aligerar el ambiente, lográndolo un poco.
Alguien que espera vivir bajo este techo, debería de tener su propio peso. ¿Estoy en lo correcto Eddie?
Eddie, el intendente del edificio me miró con algo de simpatía:
-Vamos Gabe –dijo-. El chico acaba de llegar.
-¿Estoy en lo correcto? –repitió Gabe.
Eddie miró con el ceño fruncido su tazón de pretzels. Los otros dos tipos pasaron gas en armonía.
-Que maldito asco –dijeron todas las mujeres.
-Está bien –dije. Saque unos dólares de mi bolsillo y los arrojé a la mesa.- espero que pierdas.
-Tus calificaciones llegaron cerebrito –gritó tras de mí-. ¡Yo no actuaría tan petulante!
-Tiene dislexia, idiota –masculló Apolo.
Azoté la puerta de mi cuarto, aunque en realidad no lo era. Durante los meses de escuela, era el "estudio" de Gabe.
-¿Qué va a estudiar ese idiota? –murmuró Annabeth.
El no estudiaba algo allí, salvo viejas revistas de autos, pero amaba empujar mis cosas al armario, dejar sus botas fangosas en mi alféizar, y hacía su mejor esfuerzo por hacer que el lugar oliera a su asquerosa colonia, cigarros y cerveza rancia.
-Ewww –chillo Piper.
Dejé mi chaqueta en la cama. Hogar dulce hogar.
-Sarcasmo dulce sarcasmo –dijeron a coro Leo y los Stoll.
El olor de Gabe era casi tan malo como las pesadillas cerca de la Sra. Dodds, o el sonido de esa vieja mujer al cortar el estambre.
Todos en la sala se estremecieron al recordar a Las Parcas.
Tan pronto como pensé en ello, sentí débiles las piernas. Recordé la cara de Grover, como me hizo prometer que no volvería a casa sin él. Un escalofrío repentino me atravesó. Sentí como si alguien –algo- estuviese mirándome en ese instante, quizás marcando su camino hasta las escaleras, con sus largar y horribles garras.
-No entiendo –dijo Reyna.
-¿Qué cosa? –preguntó Percy.
-¿Cómo es que sientes a los monstruos?
-No lo sé.
Luego escuché la voz de mi mamá:
-¿Percy?
-Un momento, un momento –interrumpió Thalia-. Sesos de alga. ¿Confundiste a tu mamá con un monstruo?
-Era por el miedo que sentí en ese momento –se excusó Percy.
-Que excusa tan pobre –dijo Nico.
-Calla aliento de muerto –le dijo Thalia.
-Deja a Nico, cara de pino –lo defendió Percy.
-No me defiendas, erizo de mar –espetó Nico.
-Chico zombi.
-Cerebro de algas.
-Pino con patas.
-¡Se quieren callar! –gritó Annabeth.
-Ok.
Abrió la puerta de mi habitación y mis miedos se esfumaron.
-Awwww –arrullaron las diosas y semidiosas.
Mi mamá puede hacerme sentir bien con solo entrar en la habitación. Sus ojos brillaron y cambiaron de color con la luz. Su sonrisa es tan cálida como una colcha. Tiene unas canas mezcladas con su largo cabello café, pero nunca he pensado en ella como vieja. Cuando me mira, es como si viese todas las cosas buenas que hay en mí, ninguna mala. Nunca la he escuchado alzar la voz o decir una mala palabra a nadie, ni siquiera a Gabe o a mí.
-Eso es un logro –comentaron los Stoll.
-Oh Percy –me abrazó fuerte- no puedo creerlo. Creciste desde la navidad.
Su uniforme de "Sweet On America" olía como las mejores cosas del mundo: chocolate (inserte suspiros de Quirón), licor, y todas las cosas que ella vendía en la dulcería en Grand Central. Me había traído una bolsa de muestras gratis, como hacía siempre que estaba en casa.
-Yo quiero una madre así –suspiraron los Stoll.
Nos sentamos juntos en el borde de la cama. Mientras comía unas agridulces tiras de mora azul, ella pasó su mano por mi cabello exigiendo saber todo lo que no había puesto en mis cartas. No mencionó nada acerca de mi expulsión. No parecía importarle. ¿Pero estaba bien? ¿Su pequeño niño se las apañaba?
-Niño de mamá –susurró Ares.
Le dije que me estaba asfixiando, que me dejara y esas cosas, pero la verdad, estaba muy emocionado de verla.
-Awww –arrullaron las diosas.
Desde la otra habitación Gabe gritó:
-¡Hey Sally! ¿Qué tal un poco de dip de frijoles?
Me rechinaron los dientes.
Como a todos en la sala.
Mi mamá es la mejor dama del mundo. Debería de estar casada con un millonario y no con un imbécil como Gabe.
Percy fue abrazó a su mamá y se sentó con ella.
Por su bien, he intentado sonar optimista acerca de mis últimos días en la Academia Yancy. Le dije que no estaba deprimido por la expulsión. Esta vez había durado casi todo el año.
-Eso sí que es nuevo –comentó burlón Jason.
Había hecho algunos amigos nuevos. Me fue bien en latín. Y honestamente, las peleas no habían sido tan malas como dijo el director.
-Ajá sí –se burló Clarisse.
Me gustaba la Academia Yancy. En verdad me gustaba. Me esforcé durante el año, que casi me convencí. Había empezado mal, pensando en Grover y en el Sr. Brunner. Incluso Nancy Bobofit no pareció tan mala.
-No me lo creo –comentó Piper.
-¿Qué tiene? Estaba con mamá –le respondió Percy.
Hasta ese viaje al museo…
-¿Qué? –me preguntó mamá. Sus ojos penetraban mi mente, tratando de sacar los secretos- ¿Algo te asusta?
-No mamá.
-Chico, es bueno que mientas pero la norma N° 1 es: JAMAS mentirle a tu madre –reprendió Hermes a Percy.
-Eso es verdad –comentó Orión.
Me sentía mal mintiendo, quería contarle de la Sra. Dodds y las tres ancianas con en el estambre, pero creí que sonaría estúpido.
-Oh! Claro que no mi amor –comentó Sally-. Te hubiera escuchado de todas formas.
-Gracias mamá –dijo Percy.
Ella frunció los labios. Sabía que no le estaba contando todo, pero no me presionó.
-Eres una buena madre –elogió Hera.
-Gracias señora –dijo Sally haciendo una reverencia.
-Tengo una sorpresa para ti –dijo-. Iremos a la playa.
Abrí mucho los ojos:
-¿Montauk?
-Esa playa me encanta –dijo Percy.
-A mi igual –respondieron Sally, Poseidón y Annabeth.
-¿Y tu cuándo fuiste a esa playa? –preguntó Thalia.
-Percy me llevo, después de la Batalla de Manhattan –respondió la rubia.
-¿Cuál batalla de Manhattan? –preguntó Atenea.
-De seguro viene en los libros –respondió Grover.
-¿Podemos seguir? –preguntó Clarisse.
-Tres noches, misma cabaña.
-¿Cuándo?
Ella sonrió:
-Tan pronto como me cambie.
No podía creerlo. Mi mamá y yo no habíamos ido a Montauk los dos veranos pasados, porque Gabe había dicho que no había suficiente dinero.
-Pero si tiene para sus malditas cervezas –murmuró Juniper-. Es un maldito hijo de…
Grover la abrazó para tranquilizarla.
Gabe apareció en el marco de la puerta y gruñó:
-Dip de frijol Sally, ¿no me escuchaste?
Quería golpearlo,
-Hazlo –gritaron todos en la sala.
-Sangre! Sangre! Sangre! –empezaron a murmurar Thalia, los Stoll, Nico, Leo, Chris y Ares.
Pero me encontré con la mirada de mi madre y entendí que me ofrecía un trato: se amable con Gabe solo un poco más. Solo hasta que estuviese lista para ir a Montauk. Luego nos iríamos de allí.
-Que aguafiestas Sally –dijo Apolo.
-Estaba por ir, cariño –le dijo a Gabe-. Solo estábamos hablando del viaje.
-¿Cómo le puedes decir cariño a ese bastardo? –preguntó Artemisa.
-Era para que fuera más creíble –contestó la mortal.
Los ojos de Gabe se entrecerraron:
-¿El viaje? ¿Estabas hablando en serio respecto a eso?
-Lo sabía –refunfuñé- no va a dejarnos ir.
-Tiene que dejarlos ir –gruñó Poseidón.
-Claro que lo hará –dijo mamá firmemente- tu padrastro solo se preocupa por el dinero. Eso es todo. Además –agregó- Gabriel no tendrá que conformarse solo con dip de frijol, le haré lo suficiente para todo el fin de semana. Guacamole. Crema agria. Las sobras.
-Muy buena técnica –elogió Hermes-. Soborno y listo.
-¿Gracias? –respondió Sally.
Gabe se suavizó un poco:
-Este dinero del viaje… saldrá de lo que gastas en ropa ¿verdad?
-¡¿Qué?! –Exclamó Afrodita-. Eso no lo puede hacer, desgraciado.
Atenea y Artemisa rodaron los ojos.
-Si cariño –le contestó mamá.
-Y no usaras mi carro salvo para ir y regresar.
-Nada le parece –bufó Hazel.
-Tendremos cuidado.
Gabe se rascó la papada:
-Qué asco –Thalia hizo una mueca sacando la lengua que a alguien que la vio le pareció adorable.
-Quizá si te apresuras con esa botana y si el chico se disculpa por interrumpir mi juego de póker.
-Y pide disculpas el infeliz –se sorprende Katie.
Quizá si te golpeo en tu punto débil –pensé- y te hago cantar como soprano por una semana.
-Hazlo –se emocionó demasiado Frank.
Pero la mirada de mamá me advirtió sobre molestarlo.
¿Por qué lo defendía? Quería gritar. ¿Por qué le interesaba lo que el pensara?
-Porque me protegía –murmuró Percy.
Annabeth lo escucho y le dio un beso en la mejilla.
-Lo siento –dije-.
-¡¿Qué?! –exclamaron Leo, Thalia, Nico, los Stoll, Chris y Annabeth.
-¿Y el bendito sarcasmo? –dijo Leo.
-De veras lo siento por interrumpir tu importantísima partida de póker. Por favor regresa ya mismo.}
Se escuchó un suspiro y un Ah por parte de Leo.
Gabe cerró más los ojos. Su pequeño cerebro intentaba encontrar el sarcasmo en mis palabras.
-Si no lo entiende es un verdadero idiota –dijo Travis.
-Sí, como sea –declaró. Y volvió a su juego.
-Para que te molestas viejo –le dijo Connor.
-Gracias Percy –me dijo mi mamá- cuando hayamos llegado a Montauk seguiremos hablando acerca de… lo que sea que no me hayas dicho ¿está bien?
Por un momento, pensé ver ansiedad en su mirada –el mismo miedo que pensé ver en Grover durante el viaje en autobús- como si mamá también sintiera algo extraño en el aire.
-Eres muy observador muchacho –dijo Ares.
Percy solo asintió.
Pero su sonrisa volvió, y pensé que estaba equivocado. Revolvió mi cabello y se fue a hacer la botana de Gabe.
Una hora después estábamos listos para irnos.
-Al fin –se arrodillaron los Stoll y levantaron los brazos al cielo.
-Siéntense pringados –dijo Katie.
Gabe tomó un descanso lo suficientemente grande de su juego para verme llevar las maletas de mamá al auto.
-¿Ni siquiera te ayudó? –preguntó Hestia.
-No pero así era mejor, no lo quería cerca –contestó Percy.
Se mantuvo quejándose y lloriqueando acerca de extrañar la comida de mamá –y lo más importante, su camaro del 78- por el fin de semana.
Hombres –pensó la diosa de la caza.
-Ni un rasguño al carro, cerebrito –me advirtió mientras llevaba la última maleta- ni un pequeño rasguño.
-Como si fuese a manejar, tiene doce años –dijo Thalia.
Como si yo fuese a manejar, tenía solo doce años.
Todos rieron por la coincidencia.
Pero eso no le importa a Gabe. Si una gaviota ensuciara la pintura, encontraría la forma de culparme.
-Disculpe señor Neptu… Poseidón –habló Hazel.
-¿Si?
-¿Las gaviotas entran en sus dominios?
-Sí, ¿por qué?
-Entonces si sería tu culpa Percy.
Percy hizo un mohín.
Viéndolo regresar al apartamento, me enojé tanto que hice algo que no me puedo explicar. Mientras Gabe alcanzaba el umbral de la puerta, hice el gesto con la mano que le vi hacer a Grover en el autobús, una especie de escudo protector, una mano con garras sobre mi corazón, a continuación, un movimiento de empuje tras Gabe.
-Qué bueno que te serví de algo hermano –dijo Grover.
La puerta se cerró tan duramente golpeándole en el trasero y lo envió a volar por la escalera como si fuera un hombre bala.
Todos en la sala se empezaron a retorcer de risa.
Tal vez fue solo el viento, o algún extraño accidente con las bisagras, pero yo no permanecería el tiempo suficiente para averiguarlo.
-¿Cómo lo hiciste? –preguntó Atenea.
-¿Le digo la verdad? –Preguntó Percy- no tengo ni idea.
-Típico –murmuró Thalia.
Me metí en el Camaro y le dije a mi madre que pisara a fondo.
Nuestra cabaña de alquiler estaba en la costa sur, cerca de la punta de Long Island. Fue un pequeño pastel cuadrado con cortinas desgastadas, medio hundido en las dunas. Había siempre arena en las sabanas, y arañas en la alacena,
Atenea y sus hijos sintieron escalofríos.
Y la mayoría del tiempo el mar estaba demasiado frio para nadar en el.
Amaba el lugar.
-Yo también –dijo Poseidón.
Íbamos allí desde que yo era un bebé. Mi madre aún más. Nunca lo dijo con exactitud, pero sé por qué esa playa es tan especial para ella. Es el lugar donde conoció a mi padre.
-¡Código 10-A! –gritó Percy y todos en la sala se taparon los oídos. El chillido que soltó Afrodita, fue más estridente que el anterior.
Conforme nos acercábamos a Montauk, parecía volverse más joven, años de preocupación y trabajo desaparecían de su rostro. Sus ojos se volvieron del color del mar.
Llegamos al atardecer, abrimos todas las ventanas de la cabaña e hicimos la limpieza de rutina. Caminamos en la playa, alimentamos de frituras de maíz azul a las gaviotas, los remojamos en gelatina de Jelly Beans azules, caramelo azul y todas las muestras gratis que mamá había traído del trabajo.
-¿Por qué tanto azul? –preguntó Malcom de la cabaña de Atenea.
Creo que debo explicar la comida azul.
-Por favor.
Verán, una vez Gabe le dijo a mamá que no había tal cosa. Tuvieron una pelea,
-Lo mejor que me pasó ese día –comentó Percy.
Que a la vez parecía realmente una cosa pequeña. Pero desde entonces, mi mamá se dedicó a comer azul. Horneó pasteles de cumpleaños azules (Suspiros de Nico). Preparaba smoothies de mora azul. Compraba tostadas azules, y llevaba dulces azules de la tienda. Esto –junto a su apellido de soltera, Jackson, en vez de llamarse Sra. Ugliano- probaba que no estaba totalmente consumida por Gabe. Tenía un lado rebelde, como yo.
-Tú eres todo rebelde, sesos de alga –dijo Thalia burlona.
Cuando oscureció, hicimos una fogata. Asamos hot dogs y malvaviscos. Mamá me contaba historias de cuando era niña, de antes de que sus padres muriesen en el accidente. Me contaba acerca de los libros que quería escribir, cuando tuviese dinero suficiente para renunciar a la tienda de dulces.
Atenea le sonrió con simpatía a Sally, que correspondió la sonrisa.
Eventualmente, me ponía nervioso por preguntar aquello que siempre venia a i mente cuando íbamos a Montauk, mi padre. Los ojos de mamá se volvieron misteriosos. Supuse que me diría las mismas cosas de siempre, pero nunca me cansaba de escucharlas.
-El era simpático, Percy –decía- Alto, guapo y poderoso. Pero también amable. Tú tienes su cabello negro, lo sabes, también sus ojos verdes.
-De tal palo, tal astilla –dijo Grover.
-Eso es correcto, sátiro –dijo Teseo.
Mamá termino la última gominola azul de la bolsa de dulces:
-Desearía que pudiera verte, Percy. Estaría muy orgulloso.
-Lo estoy de todos mis hijos –aclaró Poseidón.
Me pregunté como ella podía decir eso. ¿Qué había de grandioso en mí?
-Todo –dijo Annabeth coqueta.
-Gracias listilla –le susurró y después le dio un beso en la mejilla.
Un chico con dislexia y con hiperactividad, con una D- en su boleta, expulsado de la escuela por sexta vez en seis años.
-De todas formas, me enorgulleces –le dijo Poseidón.
-Awww –arrulló Afrodita.
-¿Qué edad tenía? –pregunte- quiero decir… ¿Cuándo se fue?
Miró las llamas:
-Sólo estuvo conmigo un verano, Percy. Justo aquí, en esta playa. En esta cabaña.
-Pero… me conoció de bebé.
-No cariño. Supo que estaba esperando un bebé, pero nunca te vio. Tuvo que irse antes de que nacieras.
Traté de remplazarlo con el algo de que parecía recordar… algo acerca de mi padre. Un resplandor cálido. Una sonrisa.
Hestia vio con cariño al muchacho.
Siempre asumí que me había conocido de bebé. Mamá nunca lo había dicho, y aún así, sentí que era verdad.
-Espero que no lo hayas hecho, hermano –amenazó Zeus.
-¿O qué? Hermano –le respondió Poseidón.
Zeus lo miraba con muchísima rabia, por siquiera desobedecer sus órdenes. Siguieron con la lectura.
Ahora que me había dicho que nunca me había visto…
Sentí coraje hacia mi padre.
Poseidón bajó la cabeza.
Quizá era estúpido, pero me molestaba que se fuera en ese viaje en el océano, y no tuviese las agallas para casarse con mi mamá. Nos abandonó, y ahora estamos atrapados con el Oloroso Gabe.
-Lo siento, hijo –se disculpó Poseidón.
-No te preocupes papá, ya no pienso así –Percy dijo con una sonrisa.
-¿Vas a alejarme de nuevo? –le pregunte- ¿A otra aburrida escuela?
Quitó un malvavisco del fuego.
-No lo sé, cariño. –su voz sonaba dura- Creo… creo que tendré que hacer algo.
-¿Por qué no me quieres cerca?
-¡Percy! –le reprendió Annabeth.
-Lo siento, no era mi intención –respondió un Percy apenado.
Me arrepentí tan pronto lo había dicho.
-Más te vale –amenazó la hija de Atenea.
Los ojos de mamá se humedecieron. Me tomo una mano, y la sujeto con fuerza.
-Oh Percy, no. Yo… yo tengo que hacerlo, cariño. Por tu propio bien tengo que mandarte lejos.
Sus palabras me recordaron lo que el Sr. Brunner había dicho: que lo mejor para mí, era dejar Yancy.
-Ya lo traumaste Quirón –se burló Thalia.
Percy, como Héroe del Olimpo, maduro, le sacó la lengua.
-Porque no soy normal –dije.
-Lo dices como si fuera malo, Percy. Pero me doy cuenta de cuán importante eres. Pensé que la Academia Yancy estaba lo suficientemente lejos. Pensé que estarías a salvo.
-Eres muy buena madre –elogió Hera.
-Gracias –se ruborizó Sally cuando vio como la veían todos.
-¿A salvo de qué?
-Oh de nada –comentó Poseidón-. Solo de los idiotas de mis hermanos.
Me miró a los ojos y varios recuerdos me inundaron: todas las cosas extrañas y espantosas que me habían pasado, algunas de las que había tratado de olvidar.
Durante el tercer grado, un hombre en abrigo negro me había acechado en el patio de recreo. Cuando los profesores trataron de llama a la policía, se fue aullando, pero nadie me creyó cuando les dije, que bajo su sombrero de ala ancha, el hombre tenía un solo ojo, justo en medio de su frente.
-Tal vez le envié a cuidarte –comentó Poseidón.
Antes de eso; un recuerdo aún más lejano. Estaba en preescolar, y un profesor me puso accidentalmente bajo una manta para dormir en una cuna en la que había una serpiente. Mi mamá gritó cuando fue a recogerme y me había encontrado con una cuerda escamosa, que de alguna manera había conseguido estrangular con mis regordetas manitas.
-Awww –arrullaron las diosas.
-Justo como Heracles –dijo Zoë.
-A mi no me compares con ese enano –bufó Heracles.
-¿Quién tiene dos pulgares y venció a tontules? ¡Este chico! –dijo Percy apuntándose con los dedos.
Todos en la sala se estaban orinando de la risa.
Cuando se calmaron siguieron con la lectura.
En cada escuela, algo extraño había pasado, algo inseguro, y yo era forzado a cambiarme.
Sabía que debía decirle a mi mamá sobre las viejas damas en el puesto de frutas, y de la Sra. Dodds en el museo, acerca de mi extraña alucinación de que había hecho polvo a mi profesora de matemáticas con una espada. Pero no podía obligarme a hacerlo. Tuve el extraño presentimiento de que estas noticias terminarían con nuestro pequeño viaje a Montauk, y no quería eso.
-Ay sesos de alga –dijo Annabeth dándole un zape.
-Auch, ¿y eso por qué listilla? –Percy se sobaba el lugar del golpe.
-Porque sí –respondió con una sonrisa.
-Sigue con la lectura Frankie –Leo gritó.
-He tratado de mantenerte lo más cerca que he podido –me dijo- Me dijeron que fue un error, pero solo hay una opinión, Percy: el lugar al que tu padre quiso mandarte. Y yo sólo… sólo no podía hacerlo.
-¿Mi padre quiso mandarme a una escuela especial?
-No a una escuela –dijo suavemente- a un campamento de verano.
-¡Campamento Mestizo! –gritaron todos los del campamento.
Quirón solo sonreía por sus alumnos.
Mi cabeza me daba vueltas. ¿Por qué mi padre, quien no se había quedado lo suficiente como para verme nacer, había hablado con mi madre acerca de un campamento de verano? Y si era tan importante, ¿por qué ella no lo había mencionado antes?
-Porque te quería cerca hijo –comentó Sally.
-Lo sé mamá, gracias –Percy le dio un abrazo.
-Lo siento, Percy –dijo, mirándome a los ojos- pero no puedo hablar de ello. Yo, yo no podía mandarte a ese lugar. Hubiera significado decirte adiós para bien.
-¿Para bien? Pero si es sólo un campamento de verano…
-¿Qué? –Respondió Percy al notar las miradas de los campistas- En ese momento yo no sabía qué era.
Se giró hacia el fuego, y supe por su expresión que si hacía más preguntas empezaría a llorar.
Esa noche tuve un sueño vívido.
-Tus sueños apestan, sesos de alga –dijo Nico.
-No tanto como tú, viejo –se burló Percy.
Nico solo le sacó la lengua.
Estaba tormentoso en la playa, y dos hermosos animales, un caballo blanco (Poseidón levanta la mano como si fuera la escuela), y un águila dorada (Zeus levanta la mano), estaban tratando de matarse a la orilla de la playa. El águila se deslizó hacia abajo y destrozo los muslos del caballo con sus enormes talones.
-JA! Toma maldito –Zeus bramó a Poseidón.
El caballo se levantó y coceó las alas del águila.
-Woohoo, te di –se burló Poseidón.
Los romanos no se podían creer que los dioses griegos fueran tan infantiles.
Conforme los animales peleaban, la tierra temblaba, y una monstruosa voz se reía desde algún lugar por debajo de la tierra, alentando a los animales a pelear más fuerte.
-A mi no me miren, yo ni siquiera me rio –dijo Hades al notar que todos lo miraban.
-En eso tienes razón, secuestrador –comentó Deméter.
-Mamá, ya déjalo en paz –Perséfone hablo con su madre.
-Bah!
Corrí hacia ellos, sabiendo que debía detenerlos para que no se matasen, pero corría lentamente. Sabía que llegaría tarde. Vi descender al águila, con el pico dirigido a los ojos del caballo, y grité:
-¡NO!
Desperté sobresaltado.
-Oh sí, te iba a ganar, hermano –masculló Zeus.
-Dejémoslo en empate, no llegaste a matarme –respondió Poseidón.
Zeus iba a refutar pero Frank siguió con la lectura.
Afuera, realmente estaba tormentoso, la clase de tormenta que derriba arboles, y arranca casas.
-Y ahora, ¿por qué pelean, merluzos? –preguntó Hades.
Zeus y Poseidón se encogieron de hombros, alegando que el otro perdería.
No había ningún caballo o águila en la playa, sólo rayos haciendo luz de día falsa, y olas de veinte pies golpeando las dunas como artillería.
Con el siguiente trueno, mamá se despertó. Se levantó con los ojos bien abiertos y dijo:
-Huracán.
Supe que era demente. En Long Island nunca se habían visto huracanes al empezar el verano. Pero el océano parecía haberlo olvidado.
-¿Cómo lo puede olvidar tío P? –preguntó Hermes, tratando de hacerse el gracioso.
-Si tío, ¿por qué lo olvidó? –secundó Apolo. Una flecha plateada le rozó la mejilla.
-Cállate y deja continuar la lectura –amenazó Artemisa.
-Tranquila hermana –dijo Apolo burlón.
Sobre el rugido del viento, oí un sonido distante, un enojado, y torturado sonido, que hizo que se me pusieran los pelos de punta.
-¿Así? –preguntó Annabeth, tratando de tocar su Talón de Aquiles. Pero Percy ni se inmutó.
-Ya no lo tengo, listilla –dijo Percy.
-Pero… ¿cómo?
-Supongo que en los libros lo dicen, no desesperes.
Luego un sonido más cercano, como maletas en la arena. Una voz desesperada, alguien gritando, tocando la puerta de nuestra cabaña.
Mi madre se levantó de la cama en su ropa de dormir y fue a abrir la puerta.
Grover estaba parado en el marco de la puerta tras la inmensa lluvia. Pero no era… no era exactamente Grover.
-¿Cómo está eso? –preguntaron Leo y los Stoll. Las chicas rodaron los ojos.
-Toda la noche buscando –murmuro- ¿Qué estabas pensando?
Mi madre me miró asustada, no por Grover, sino por lo que había dicho.
-Percy –dijo cerrando la puerta para hacerse oír sobre la tormenta- ¿Qué pasó en la escuela? ¿Qué es lo que no me has dicho?
-Si Percy, ¿qué no le has dicho? –Travis se burló. Katie le dio una palmada en la cabeza.
Estaba helado, viendo a Grover. No entendía lo que estaba viendo.
-¡O Zeu kai alloi theoi! –Gritó- está tras de mí ¿No le dijiste?
Estaba bastante conmocionado para darme cuenta de que había maldecido en griego antiguo, y lo entendí perfectamente. Estaba demasiado sorprendido preguntándome cómo es que Grover había llegado allí por su cuenta en medio de la noche. Porque Grover no tenía puestos sus pantalones, y donde sus piernas deberían…
-¿Si? –exclamaron los Stoll y Leo inclinándose para oír mejor.
Donde sus piernas deberían…
-¿Si?
Mi mamá me miró con severidad y habló en un tono que nunca había utilizado antes:
-Percy. ¡Habla ahora!
Yo balbuceaba algo acerca de las viejas damas en el puesto de frutas, y la Sra. Dodds, mi mamá me miró, su rostro palideció a la luz de los relámpagos.
Tomó su bolso, me lanzó mi impermeable y dijo:
-Suban al auto, los dos. ¡Ahora!
-Bien hecho, firme para que te hagan caso –alabó Ares a Sally.
Grover corrió por el Camaro, bueno, no corría exactamente. Él estaba trotando, sacudiendo el peludo trasero, y de repente, su historia acerca de un trastorno muscular en las piernas tenía sentido para mí.
-¿Así que ahora sacudo mi peludo trasero? –Grover cuestionó a Percy.
-Desde siempre lo haces, hermano –Percy respondió.
Grover estaba rojo de vergüenza.
Comprendí como podía correr tan rápido y aun así cojeaba al caminar.
Porque en donde deberían estar sus pies, no los había. Había pezuñas.
-Se acabó –anunció Frank-. ¿Quién el siguiente?
-Yo –respondió Leo tomando el libro. Leyó el título y le pasó el libro a Teseo- mejor léelo tú.
Teseo no entendía por qué él debía leer, pero tomo el libro de todas maneras.
Hola
Muchas gracias por el apoyo que le están dando al fic.
Lo siento por no subir nada el miércoles pasado, pero como estoy en finales del semestre, tengo muchos trabajos y tareas para acabar el año.
Lo siento si no les gustó la pelea, es la primera vez que redacto una, así que todavía no le encuentro el truco.
Opiniones, amenazas de muerte, críticas, premios, todo se acepta en sus reviews.
Si tengo errores de gramática u ortografía, díganmelo, para arreglarlos.
Voy a responder algunas Reviews:
*Lupiz Cullen Mellark: Muchas gracias, me da gusto que te este gustando la historia.
*Shazam-The-Thunderolt: Me alegra que te guste, aquí esta la ruptura de cara xP.
*Daap: Gracias, a mi también me gustó escribir la parte de Zoë. Espero que te lo estés pasando bien en Florida. Hasta la próxima.
*Anonimus Maximus: Gracias, espero que te guste este capitulo.
*phoenix1993: Aquí está la actualización, y espero que te guste la pelea. ¡SANGRE!
Gracias a todos por dejar sus Reviews.
Hasta la próxima.
