Capítulo Cuatro
Con el corazón acelerado, Regina regresó al baño y trató de ignorar el dolor, la tristeza y el deseo persistente que emanaba detrás de la puerta cerrada. Ella siempre había sido sensible a las emociones humanas, pero nunca había experimentado una profunda conexión empática con nadie. Ni siquiera con su primer amor, Danielle.
Algo acerca de Emma, literalmente, llamaba a Regina, una fuerza que había salvado casi con toda seguridad a Emma de un terrible destino. Regina había sentido primero una poderosa ola de miedo. Acababa de colgar el teléfono público después de dejar una denuncia anónima sobre el cuerpo en el parque.
Los años de guardar secretos, de preocuparse por lo que su bestia era capaz de hacer, se derrumbaron a su alrededor. Justo en el medio de una resaca lunar, en público. Mientras trataba de recuperar el aliento por el pánico que iba en aumento, estaba intentando mantenerse en control y en forma humana. Las emociones fuertes la habían obligado a cambiar una vez, un momento aterrador que no quería volver a repetir.
A continuación, su percepción del miedo había cambiado. Aunque Regina lo experimentó en cada pedacito de ella misma, el miedo no venía de ella, la fuente, se dio cuenta, estaba en el parque Y Regina tuvo que ir a ver, no tenía otra opción.
Había corrido en el parque, siguiendo ese miedo con una exactitud que nunca dudó, dándose cuenta que si alguien había descubierto el cadáver, podía ser la causa que ella sintiera este terror intenso. Tal vez no era una buena idea ir a ayudar. Sin embargo tenía que encontrar la fuente del miedo. Nada más importaba. Sabía que se iba acercando, Sin encontrar a nadie a la vista, se quitó la ropa y, aún en movimiento, cambió a un lobo. Ese fue su aspecto para adentrarse y esperar intimidar lo suficiente para repeler cualquier amenaza. Sin saber lo que iba a encontrar, quería tener el juego a su favor.
Tan pronto como Regina había visto a ese hombre encima de Emma, usando brutalmente un cuchillo de apariencia afilada para jugar con ella, se dio cuenta que el cambio fue la decisión correcta. Ella había roto su regla de oro sin pensar, pero cuando ayudó a Emma a que el sujeto no la golpeara en el pecho, Regina no tenía excusas para no hacerlo. Bueno, excepto que Emma estaba casi tan temerosa de ella por su apariencia de lobo, como lo estaba de su atacante. Ahora que tenía un momento de tranquilidad en la seguridad de su apartamento, Regina revisó mentalmente su lucha con el hombre. Él había tenido miedo del lobo también, podía olerlo.
Sin embargo a pesar de que su temor era fuerte, su ira por haber sido interrumpido era mucho más potente. Regina no quería imaginar los planes que había arruinado. Ella no había querido dejar al atacante de Emma irse, había querido perseguirlo para hacerle pagar de alguna manera, Pero el estado emocional de Emma la retuvo. La mujer que había salvado, quien la había llamado a través de su miedo, estaba a punto de desmoronarse. Así que Regina se había escabullido entre los árboles, encontró su ropa y se vistió para poder ir hacía el claro y cuidar de Emma ya como un ser humano. Ahora se preguntaba si esa había sido la decisión correcta.
Emma era peligrosa, no había duda. No sólo porque era hermosa, la primera mujer en años con la que Regina no podía controlar su atracción, si no también a causa de su profesión. Ella era prácticamente una policía y, probablemente sería la que examinara a la mujer muerta del parque, tal vez el mismo día de hoy. La disección de la obra de Regina. Emma trataría de desentrañar cómo un animal de ese tamaño se había abierto camino en el parque. Regina se estremeció. Más que ser descubierta, odiaba imaginar a Emma viéndola sólo como otro asesino más.
Regina conocía a esta mujer desde hacía sólo veinte traumáticos minutos, pero ya se preocupaba por lo que Emma pensaría. Esto fue exactamente por lo qué había renunciado al sexo: demasiada conexión emocional. Sin embargo, con Emma el sexo no era necesario. Regina ya se sentía extrañamente unida. Regina se dio la vuelta al sonido de la apertura de la puerta del baño. Emma estaba ahí con su camisa y gafas, dando una muy buena impresión para alguien que se sostiene por un hilo muy delgado. Regina puso una expresión amable y trató de mantener la calma. Sintió que su vínculo de empatía era una calle de doble sentido que haría sentirse extraño a alguien no acostumbrado a lo sobrenatural.
La mejor decisión para su interés era probablemente controlar sus emociones. Regina se centró. Tomando una respiración profunda, dijo:
-¿Te sientes mejor? -
-Mucho.- Emma cerró la distancia entre ellas y dio a Regina su teléfono celular. -El taxi estará aquí aproximadamente en cinco minutos.-
El alivio inundó a Regina, luego sintió culpa. Se sintió aliviada por que Emma habría desaparecido antes que Renee regresara a recoger la otra mitad de su dinero.
Emma dio un respingo. -Yo... tengo que sentarme- -Por supuesto.- Regina la llevó al sofá y se sentó en el brazo; con el dilema de quedarse cerca o mantener una distancia segura. Esto confirmó la sospecha de Regina. Emma no se limitó a transmitir su emoción, ella la recibió y estaba en sintonía con Regina. Por la expresión perpleja de Emma, Regina supuso que Emma no tenía idea de lo que estaba sucediendo. Eso era lo mejor. Regina redobló sus esfuerzos por mantenerse neutral.
-¿Dijiste que estabas planeando presentar una denuncia policial? Regina se maravilló de la manera en que Emma mantuvo su rostro estoico, incluso cuando ella emitió una ola de vergüenza.
-¿Es eso correcto?"-Yo no creo que tenga mucha elección. - Emma miró hacia otro lado. -Mi ex es detective-. Lilly no me dejaría en paz si no presento una denuncia sobre esto.
-Bueno, Lilly tiene razón."- Regina dijo con lo que esperaba fuera un tono reconfortante de voz. Recordó el temor de Emma cuando ella dijo que su atacante tenía su bolso. A Regina no le gustaba este hecho, tampoco. -Todo estará bien. Lo van a encontrar – Emma sacudió la cabeza y se encogió de hombros como si fuera una idea agradable, pero poco probable. Ella tenía razón.
-Bueno, eso espero. Desafortunadamente, No estoy segura que obtengan mucho de mí para encontrarlo. Lo más probable es que tengan que esperar hasta que lo intente de nuevo. Esperemos que la próxima mujer tenga la misma suerte que yo.- La mandíbula de Regina se apretó cuando ella rememoró lo que podría haber encontrado si hubiera llegado a la escena pocos minutos después.
-Sí, esperemos que si-.
-Me alegro de que me escucharas. - Emma levantó los ojos y se encontró con que Regina la miraba con timidez.
-Yo tenía tanto miedo de hacerlo enfadar, y no creo haber hablado en voz tan alta como para llamar la atención de alguien. Es un milagro que estuvieras tan cerca.
Regina no había estado cerca en absoluto. Ella había hecho por lo menos tres minutos corriendo antes de llegar a Emma. Pero ella asintió con la cabeza de todos modos.
-Decidí dar un paseo esta mañana-.
-No puedo decir lo mismo. Pero me alegro de que te conociera-. Miró a Emma sorprendida cuando las palabras salieron de su boca, y Regina sintió vergüenza como un cuchillo en el estómago. -Yo también- el teléfono celular sonó en la mano de Regina y ella contestó sin romper el contacto visual. Tras un momento colgó.
-Tu taxi está afuera. - Emma asintió con la cabeza.
-Bueno... gracias de nuevo.
-De nada- Regina resistió la tentación de darle a Emma otro abrazo.
Se sentía desconcertada por la forma en la que podía percibir el estado de ánimo de Emma de forma tan clara, aún así nada se había sentido tan bien como tener a Emma en sus brazos.
-¿estás segura?
-lo estoy - acompañó a Emma a la puerta principal, luego se detuvo con la mano en el pomo.
-¿Te volveré a ver otra vez?
No sería prudente, pero Regina quería decir que Sí. Forzando una sonrisa casual, dijo, -Quizás-.
La felicidad de Emma se apoderó de Regina, y ella no tuvo que esforzarse mucho para mantener una sonrisa.
-Muy bien, entonces. Adiós.-
Regina tenía la puerta principal abierta y vio a Emma caminar hasta el taxi Ella no se permitió transmitir la desilusión de saber que ver a Emma otra vez no era una buena idea, o la preocupación por la seguridad de Emma. No era justo para Emma cargar con cualquiera de las turbaciones que se agitaba en su estómago.
A medida que el conductor del taxi se alejaba de la acera, Emma le dio un último adiós, qué Regina devolvió cortésmente. Una vez que Emma estaba fue de su vista, entró a su casa y cerró la puerta. Regina ya la extrañaba.
