Disclaimer: Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi. Kazou pertenece a mi amiga Gaby Rodin. Yo los utilizo para diversión.

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. -indica cambio de escena.

Indica el pasado.

—indica tiempo actual-

"Indica diálogo de bestia interna".-

"Indica pensamientos"

3

Estaban caminando rumbo al castillo del Lord, esa tarde después de una discusión muy candente con la azabache con el único fin dejar a Rin ahí para que estuviera a salvo, al final el Lord accedió.

Ahora la infante se encontraba sobre el lomo del gran dragón de dos cabezas con Jaken como compañía, mientras que la azabache iba volando junto con el platinado, cabe decir que era de noche.

Para suerte de ambos la azabache había aprendido a volar un par de noches atrás, por lo tanto, no tendría que ir en los brazos del platinado como las veces anteriores, y mucho menos ahora que iba enojado.

No tardaron mucho en llegar y ser recibidos por los guardias con mucha amabilidad y respeto por su amo y sus acompañantes.

— ¡Kain! —llamó el Lord y a los minutos un demonio de bajo rango apareció frente a ellos— Alista una habitación para la Miko y que sea en ala norte, cercas de la mía.

El demonio solo asintió y comenzó a caminar en dirección contraria a ellos.

— ¿Señor Sesshomaru? —el aludido miró a la niña—¿puedo jugar en jardín?

— Haz lo que quieras, siempre y cuando Jaken esté contigo.

La infante sonrió y corrió arrastrando a Jaken que en ese instante estaba lloriqueando.

— Miko, sígueme. -ordenó mientras caminaba.

— No me llames Miko—reprocha—¿Es qué acaso yo te llamo yokai?

El albino no dijo nada y comenzó a caminar de nueva cuenta dándole la espalda a la chica dejándola hecha una furia.

Caminaron unos minutos hasta llegar a su despacho donde la invitó a pasar y tomar asiento para explicarle como funcionaban las cosas en su castillo.

No estaba dispuesto a dejar que una niña lo insultara de tal manera.

— ¿Para qué me trajiste aquí? -preguntó con enojo.

— Recuerda que estás en mi palacio. -fue su respuesta.

— ¿A qué quieres llegar? -volvió a interrogar.

El no respondió solo se puso de pie y se acercó a uno de los enormes anaqueles llenos de pergaminos y cogió uno y regresó a su lugar para después entregar el pergamino chica, la cual lo tomó y comenzó a leer en silencio.

— ¿Porque me muestras esto? -preguntó alterada al terminar de leer.

— Esa es tú historia. -respondió mientras recogía el pergamino y lo volvía a colocar en su lugar.

— ¿Hablas de que esa legendaria yokai-miko soy yo? -Preguntó intentando asimilar la idea.

— No, esa era tu madre—hizo una pausa— Ella y tu padre murieron a los meses de tu nacimiento, protegiéndote, según ese papel, y por ordenes de tu padre fuiste enviada al futuro. Mi padre se encargó de ello. No se que tenía en mente pero el y tu padre nos unieron cuando nacimos.

La cara de la chica se desfiguró por completo. No quería que la ataran con ese yokai tan engreído.

— ¿Es una broma verdad? -preguntó a lo que él negó.

— Una cosa más Miko. —ella le miró interrogante—. Nunca más vuelvas a faltarme al respeto, ahora que lo sabes Yo soy tu próximo señor. -demandó para después ser interrumpidos por alguien al otro lado de la puerta.

— Señor la habitación para la señorita está lista. -informó para después retirarse.

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— Inuyasha ¿podemos descansar ahora? -interrogó Sango.

— Esta bien Sango. -respondió con algo de fastidio, sabía que no podía exigirles mucho a sus amigos así que los cuidaría, por el bien de todos.

— Muchas gracias Inuyasha. -la castaña desempacó todas sus cosas y fue en busca de lo que sería su cena, mientras el monje hacía una fogata.

— ¡Chicos logré atrapar este enorme jabalí! -gritó Sango que estaba teniendo dificultades para llevar el jabalí. Inuyasha corrió a ayudarla.

— Bien hecho Sango. -felicitó a su compañera mientras levantaba al jabalí sobre su hombro.

Esa noche sucedió algo que no pasaba muy a menudo, el inu hanyou se mostró compresivo y colaborador. Gracias a eso todo fue un descanso muy reconfortante.

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— Naraku Kanna está grave. -informó Byakuya entrando a la habitación.

— ¿Que ha sucedido? -preguntó con molestia.

— Nos atacó el lobo del norte. -informó

El hanyo-kumo* destrozó la mesa que yacía delante de él.

— ¿Le han quitado sus fragmentos? —la extensión negó— ¡Son unos inútiles!

Después de eso pidió que trajeran a su "hija" como la consideraba necesitaba saber que tan grave estaba.

Esa noche él lloró como nunca lo había hecho. La pequeña Kanna se le había ido y todo por culpa del ookami. Juró vengarse y con ese deseo la perla se volvió más oscura.

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— Señorita el amo quiere verla. -informó una de las sirvientas.

— Muchas gracias, informarle que en un momento voy.

La sirviente no dijo nada solo se limitó a asentir y retirarse.

La azabache comenzó a alistarse para tomar una ducha antes de bajar y reunirse con él.

Era tan relajante el vivir dentro del castillo por cuatro días no se había preocupado por retraer su yoki por lo tanto, ella estaba la mayoría del tiempo como lo que en realidad era.

Terminó de arreglarse y bajó con un lindo Kimono blanco con detalles en dorado, se había sujetado el cabello con un par de pasadores. No utilizó nada de perfume todos le resultaron horribles a su olfato.

— ¡Señorita Kagome! -La saludó al verla entrar por la enorme puerta del salón donde se encontraba el comedor.

La azabache solo le sonrió y siguió su caminar pausado y sobre todo elegante para posicionarse al lado derecho de Sesshomaru.

— Llegas tarde. -se limitó a decir el demonio de afilados ojos.

En seguida aparecieron los cocineros con una especie de cochecito de comida. El más alto de ellos comenzó a preparar la mesa para que el otro comenzara a servir los platos.

— ¡Te he dicho que comiences con ella! -gritó colérico el albino.

El sirviente sudó frío y comenzó a servirle el plato a la sacerdotisa.

— Muchas gracias. -expresó la chica al ver que había terminado de servirle su desayuno.

— No hagas eso. -reprendió la actitud de su prometida.

— El que tú no tengas modales no quiere decir que yo dejaré de tener los míos.

Todos los presentes se quedaron pasmados con la respuesta de la chica así su amo. Estaban casi seguros de que la mataría.

Por otro lado el platinado estaba echando chispas de lo enojado que se sentía en ese momento, la mujer estaba logrando sacarlo de quicio.

Un fuerte gruñido se escuchó, todos volvieron a sus labores.

— Recuerda que aún puedo matarte.

La chica lo ignoró por completo y comenzó a comer con rapidez, se notaba que estaba molesta. Al terminar no esperó la autorización del Lord para retirarse de la mesa, solo se levantó y se fue.

Ese día era de lo peor, lo mejor sería regresar a su época por unos días, se alistaba para despegar en el balcón cuando unas garras la detuvieron.

— ¡Tú no te vas! -demandó.

Al instante la chica comenzó a dejar que un aura rosada la rodeara, el reiki quemaba la piel del demonio pero aún así no la soltaba, así que incrementó el poder de purificación y sólo así logro hacer que le soltara. Sin perder tiempo ella ascendió al cielo para emprender vuelo está vez fue detenida por una enorme pata de can.

— ¡Mal nacido! -gritó colérica la chica que yacía sobre la tierra.

El enorme can de ojos rojos solo gruño.

Ella se puso de pie y comenzó a transformarse, en ese instante todos en el palacio se preocuparon, era la primera transformación de la mujer, todo podría salirse de control así que decidieron resguardarse lejos de ellos.

Ambos canes con la ligera diferencia de que ella era de color gris, ambos se gruñian enojados.

"¡No perderé! " exclamó el macho para lanzarse sobre la hembra.

¿Les gustó?

¿Algún valiente que nos diga qué podría pasarle a Kagome?

¿Les está gustando hasta ahorita?

Kumo* Araña en japonés.

Sayonara. RT