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Comenzó de la forma más peculiar, con una banda de robonoides enviados desde Planeta Madre para investigar lo que había sido de aquella colonia maldita, el lugar en el que Pink Diamond había sido destruida.

Perla maldijo su suerte, incluso si era por cuestiones de azar no podía sino sentirse traicionada por las circunstancias desfavorables que sobrevinieron a su reencuentro con el humano del que se había enamorado. Rose trataba de mantener la calma e ir un paso adelante de la Autoridad Diamante al igual que en la gran guerra, Garnet usaba todo su potencial para evaluar posibles escenarios futuros y así compensar la inferioridad numérica y armamentística de las rebeldes con estrategias novedosas, e incluso Amatista, a su modo, hacía un esfuerzo extra por proteger a los humanos que ya se empezaban a dar cuenta de que algo sumamente malo estaba a punto de ocurrir.

Incluso llegaron a liberar a Bismuto para tratar de equilibrar la balanza y tener así siquiera una chance de revertir el daño que sufría el planeta debido a todas esas incursiones, todo esto sin siquiera saber que el mundo ya estaba condenado y que ellas nada podrían hacer.

El planeta tierra entero sería devastado, de un día a otro, sin aviso. Perecería por completo junto a cada criatura sobre y bajo su superficie y de su aflicción nacería un ser como ningún otro, un anatema viviente cuya existencia no solo significaría el final de la vida de un mundo completo, sino la extinción de muchas otras vidas a lo largo y ancho del basto cosmos.

De la conflagración de aquellas que habían caído en batalla se alzaría nuevamente el estandarte de guerra de Planeta Madre adoptando una forma grotesca e innimaginable, y ni ella, ni ninguna de las gemas rebeldes podía hacer algo para detenerla.

Todo se perdería, todo dejaría de existir.

Llegó al autolavado temprano y se quedó afuera, apoyada contra la pared mientras Greg dormía en su camioneta, siendo que era verano y las noches se habían vuelto demasiado cálidas dejaba las puertas abiertas. Perla se dedicó por un largo tiempo a observar al humano, dormía pacíficamente como de costumbre, completamente contento con su vida, satisfecho de haber alcanzado sus sueños. Perla suspiró lentamente y se limpió una lagrima traicionera que corrió por su mejilla, arrepintiéndose por todo el tiempo desperdiciado y la crueldad inusitada de esos monstruos para los cuales, Greg no era sino una peste a eliminar, un sacrificio insignificante con tal de seguir adelante con una guerra en contra de toda criatura viva.

Perla las odiaba, odiaba a todas las gemas fieles a esos monstruos y se odiaba a si misma por su propia debilidad.

Nada podía hacer por su humano, nada salvo quedarse a su lado y morir junto a él.

Greg despertó al escucharla sollozar, se arrastró fuera de la camioneta y encontró a Perla con la mirada perdida en la nada, los brazos cruzados a la altura del vientre y una expresión llena de angustia en su rostro. Abandonando toda precaución, salió de la van y la rodeó entre sus brazos antes de que la gema pudiese protestar, pues Perla era… Perla, incluso estando a solas le costaba muchísimo el demostrar su afecto, cosa a la que Greg ya estaba acostumbrado.

Solo por eso, se preocupó en cuanto Perla, en lugar de ofrecer alguna excusa buscó su calor y su persona, porque era poco característico de ella.

"¿Quieres decirme qué pasó?", preguntó después de un buen rato, Perla negó con la cabeza, "Es muy complicado", murmuro apesadumbrada.

Ahora, si había algo que sí le molestaba a Greg, era que Perla tendía a subestimarlo, cosa por la que discutieron en más de una ocasión, y aunque entendía que eran muy diferentes eso no le parecía justificación suficiente como para ocultarle algunas cosas.

"Vamos, no puede ser tan malo", insistió Greg, pero al notar como Perla temblaba, tuvo la súbita impresión de que se trataba de algo mucho peor de lo que pudiese imaginar.

Y en cuanto Perla lo vio a los ojos, y supo que dentro de poco, lo perdería para siempre, toda noción de recato abandonó su ser, y aquel terrible secreto escapó de sus labios.

"Es el fin, no nos queda más que hacer"

No lo comprendió al inicio, no supo de qué demonios estaba hablando, por lo que Perla, tomando valor lo encaró firme y suspiró.

"Ellas dejaron un arma en el interior del planeta y ahora, esa cosa va a emerger y no hay nada que podamos hacer para detenerla"

Greg quedó atónito, ¿el fin?, ¿cómo podía ser eso posible?, se suponía que la rebelión había vencido gracias a Rose Cuarzo y sus Crystal Gems.

Luego, comenzó a pensar en lo raro que había estado el clima últimamente, los terremotos y maremotos que iban y venían de la nada, las tormentas, lluvias y demás eventos sin explicación y como todo, por algún extraño motivo parecía estar conectado a Ciudad Playa.

"La tierra esta condenada", sollozó Perla, "Fallamos, al final no pudimos vencer a Planeta Madre, todo nuestro sacrificio, ¡todas nuestras vidas fueron en vano!", gritó desesperada, sintiendo como todo a su alrededor era tragado por la inminente oscuridad que se avecinaba.

Había algo bajo la tierra, algo terrible e imparable que dentro de poco nacería y los mataría a todos Greg jamas imaginó que algo así pudiese suceder, después de todo, esa clase de cosas solo pasaban en las películas de ciencia ficción, volcanes gigantescos estallando, terremotos que sacudían continentes enteros e incluso meteoritos que caían a la tierra y la hacían estallar en mil pedazos, claro que se tipo de cosas podía pasar, pero nadie las esperaba realmente, al menos no él.

"¿Qué planeas hacer?", preguntó Greg, digiriendo lentamente esas noticias.

La gema no pudo responder, esa misma pregunta la venía atormentando desde hacía meses, desde el momento en que esa gema verde se posó sobre el planeta y anunció el reinicio de las hostilidades.

"Perla"

"No lo sé", contestó ella, "Queda poco tiempo y no tenemos ningún modo de oponernos, incluso si contásemos con el apoyo de los ejércitos humanos dudo de que sean efectivos en contra de la tecnología de Planeta Madre, es… es una lucha inútil Greg, no hay forma en que podamos ganarla, ni siquiera podemos retrasar lo que va a suceder"

Greg pensó detenidamente en esas palabras, sabía bien que Perla era increíblemente poderosa y según ella, Rose Cuarzo la superaba contundentemente tanto el fuerza como habilidad, y si ella, que se suponía había vencido con anterioridad no hallaba la manera de salvar a la tierra, entonces estaba seguro de que no había mucho más por hacer.

En esta clase de casos, era esperable que un ser humano cualquier, quien sea, fuese víctima de aquella aplastante realización de que la vida era sumamente frágil y que la muerte era la única certeza, Greg sabía que lo propio era perder toda racionalidad respecto al asunto, quizás ser presa del pánico y vivir en la negación hasta que esta se volviese tan irreal que sus únicas opciones fuesen el seguir ignorando esa terrible verdad o sumirse en la desesperanza, sin embargo, no hizo ninguna de esas cosas, sencillamente no pudo porque lo único que realmente le interesaba, aquello que le brindaba la entereza para no quebrarse era aquella mujer entre sus brazos. Perla se había esforzado por la humanidad entera y él no desmerecería su sacrificio.

"Nos queda poco tiempo entonces, ¿no hay nada que puedas hacer para salvarte?"

La gema quedó atónita, ¿qué quería decir Greg con eso?, ¿qué acaso esperaba que ella abandonase el planeta en lugar de quedarse a su lado hasta el final?

"¿Conoces esa colina cerca del templo?, ¿donde esta ese viejo granero?, era de mis tíos, de seguro podemos encontrar algo que puedas usar para armar una nave y salir de la tierra"

Perla no podía creerlo, ese humano… ¿de verdad la amaba tanto?, la gema se deshizo en lagrimas, atrapó a Greg entre sus brazos y comenzó a estrujarlo, "Me gustaría que vinieras con nosotras", le dijo a duras penas, "Quisiera… quisiera que todo fuese diferente, ¡ya no aguanto esta maldita guerra!", gritó, alertando a los pocos presentes que comenzaban a asomarse desde sus hogares.

Greg respiró profundamente y vio que a poca distancia, Rose, Amatista y Garnet observaban la escena conmovidas, según tenía entendido Bismuto, la nueva gema, pasaba casi todo su tiempo reparando y mejorando el equipo que tenían a disposición por lo que apenas se alejaba del templo.

"También me gustaría ir contigo", pensó, "Pero no hay forma de que pueda irme con la consciencia tranquila mientras que tantos otros mueren"

"No puedo mentirte, tengo mucho miedo y sin embargo… me alegra haber regresado, siento que ha valido la pena", confesó Greg, "Perla… no te quedes por mi, no te rindas"

Para Perla, esto último se sintió como una puñalada, ella estaba lista para morir a su lado en caso de que no pudiese hallar otro modo de salvarlo, por ello, no entendía la pasividad de Greg frente a su próxima destrucción.

No entendía el que quisiera reconfortarla cuando ella le había fallado.

"Por mi culpa no viviste una vida plena, lo siento Greg, siento tanto el no poder… quisiera… yo quisiera..."

"Lo entiendo"

Perla sacudió la cabeza, "¿Cómo puedes aceptarlo tan fácilmente?", preguntó, "Se supone que todo sería distinto de ahora en adelante, y que tú y yo estaríamos juntos"

El humano enmarcó el rostro de la gema entre sus manos, quería que Perla comprendiese a la perfección que tampoco era sencillo para él.

"Sé que no puedo acompañarte al espacio y que le queda poco a este mundo, no tiene sentido negar la realidad"

La gema en cambio estaba en completa negación, cerró los ojos y trató de apartarse, pero por primera vez su fuerza no superó a la del humano y se vio obligada a escucharlo.

"Perla, mirame a los ojos", le pidió dulcemente.

Perla suspiró largamente y obedeció, los orbes pálidos semejantes a un día claro se llenaron de gotas de lluvia, frente a ella, Greg, su humano, su amor, contenía su propia tristeza de forma admirable y aquellas señales de la edad que a los ojos de otras podrían haber parecido insignificantes se transformaron en pequeños recordatorios para la gema de lo que fue un bello romance el cual, ella no dejaría perecer.

No podría permitirse esto último, no cuando todo aquello cuanto poseía le sería arrebatado.

"Te amo"

La tierra se sacudió debajo de los dos, una herida profunda nació en las fundaciones del planeta junto a los dolores de parto de incontables consciencias reuniéndose en un solo ser, buscando dar forma a aquella prisión que compartían. Las Crystal Gems saltaron de inmediato, Greg se apartó de Perla y le agradeció a Amatista que la ayudó a alejarse con rumbo al templo.

Rose se acercó a él y le dio la mano, "Lo siento", murmuró apenada, "Ustedes dependían de nosotras y los hemos decepcionado", luego, dio media vuelta y siguió al resto de las gemas.

"Hasta siempre Perla..."

La vio desaparecer en el punto en que la arena y las olas se conjugaban en una sola entidad, y por el patrón de los muchos temblores adivinó que el fin estaba cerca, varías bandadas de gaviotas y otras aves revolotearon en todas direcciones, confundidas ante la deformación de las nubes que anunciaban la inminente catástrofe, Greg, que nunca pensó demasiado en lo que haría al momento de su muerte fue súbitamente consciente de aquel impulso que le rogaba por correr junto a Perla y abordar una nave, huir con ella a cualquier rincón del universo y abandonar todo lo que conocía del mismo modo en que ya lo había hecho con su carrera y compromisos. Mas, se contuvo y dejó que la tensión acumulada recorriese toda su espina hasta los talones.

Estaba siendo egoísta, sabía que si lo pedía Perla haría de todo por salvarlo, peor en ese caso, no se salvaría a si misma.

No había forma de que él sobreviviese en el espacio y de ninguna manera se convertiría en una carga para ella.

"Una última canción", se dijo a si mismo, "Para ti Perla"

Condujo hasta el lugar en el que se conocieron, ahora sin la necesidad de montar un escenario, tan solo él y su guitarra, la arena bajo sus pies y la cadencia del que sería quizás el último atardecer del planeta tierra.

En el abandono absoluto, del silencio sempiterno que impregnaba el muelle vacío el rasgar de las cuerdas dio paso a su última sinfonía, con la maestría refinada de toda una vida cantó a algo superior a si mismo, una verdadera diosa viviente, la mujer eterna, la única, el gran amor de su vida. Cantó hasta que su garganta quedó destrozada, tocó hasta perder toda sensación en la punta de sus dedos, se quedó allí hasta que sus piernas se entumecieron, y en un acto de desesperación creyó ver las luces de una nave espacial alejándose de la tierra o quizás, luceros rebeldes desprendiéndose desde el cosmos para ir a su encuentro.

La tierra se abrió bajo sus pies, el mar estalló embravecido y de entre la oscuridad eterna, una sola luz plateada quemó el firmamento antes de desaparecer.

Su música fue devorada por la tempestad.

Y la tierra dejó de existir.

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Observó aquella diminuta esfera de lodo colapsar en si misma con un ronco crujir mientras la bruma producto de la muerte del planeta se dispersaba para dar paso a la bestia, en poco tiempo sería libre por completo para servir a la monstruosa ambición de sus antiguas lideres contra las que habían jurado venganza.

Durante el breve trayecto de regreso al templo llegó a enterarse de varias cosas que hasta ese momento ni siquiera podía imaginar, como que Bismuto se había hecho de una nave y que esta ya estaba lista para el despegue, utilizando piezas de tecnología abandonada alrededor de todos los rincones del planeta, llegó a saber también que un pequeño grupo de gemas apostadas en Planeta Madre habían capturado su propio transporte y que estaban de camino para encontrarlas, juntas, buscarían un nuevo mundo y empezarían de nuevo, crecerían y se opondrían a la depredación sin sentido de Planeta Madre y la Autoridad Diamante.

Vengarían a los humanos, a cada uno de ellos y a todas y cada una de las criaturas inocentes que habían perecido por culpa de las diamantes.

Rose juró encargarse personalmente de esto último, incluso si para ello debía de revelarse nuevamente como Pink Diamond, noticia que no solo sorprendió a Perla sino también a sus compañeras.

Claro que ella conocía el secreto de Rose, ¿cómo no hacerlo siendo que era su perla de confianza?, ese pequeño mundo era el sueño de su líder, y luego se transformó en el suyo propio, su pequeño tesoro perdido en el universo, en lugar en el que su canción sonaba en las radios sin que nadie más lo supiese salvo él, que había llegado a conocerla tan bien que su ausencia ahora se volvía insoportable.

La recriminación acabaría con ella, se dio cuenta, la culpa la acabaría y entonces nadie más quedaría para recordar a Greg Universe.

Perla se limpió las mejillas y se prometió a si misma no volver a derramar lagrimas, sería indigno de su parte.

Greg había perecido amándola, por él y por tantos otros daría su vida en un sacrificio final, eliminaría al cluster de uno u otro modo y luego, luego atacaría a lo que quedaba de la Autoridad Diamante, atacaría una y otra y otra vez hasta verlas convertidas en polvo, clavaría su lanza en el pecho de cada una de ellas y destrozaría sus gemas para que supiesen de una vez para todas que su voluntad no podía torcer ya más a sus súbditas, las acabaría en nombre de un humano y les demostraría el grave error que fue el arrebatarle todo lo que amaba.

Y si moría que era lo más probable, entonces tal vez se encontraría con Greg, justo como sus primitivas creencias dictaban.

"Perla"

"¿Qué quieres Amatista?"

No prestaba mucha atención al exterior, se hallaban bastante lejos de los escombros para no toparse con la armada de Planeta Madre y haciendo contacto con el nuevo grupo como para distraerse.

"Traje esto con nosotras, y pensé que podrías apreciarlo"

Amatista le entregó una vieja camiseta bastante roída, era uno de los recuerdos que Greg enviaba de vez en cuando, de uno de sus primeros tours, cuando su nombre recién comenzaba a hacerse conocido.

"Vaya", murmuró Perla, "Recuerdo esto, tiene un poema atrás"

La gema púrpura se hizo a un lado y contempló el anillo de escombros que rodeaba al cluster, seguía sin comprender qué clase de maquinación perversa podía hallarse detrás de tal destrucción, para ella, era maldad pura, ninguna otra cosa podía explicarlo.

De allí que buscó ese recuerdo para Perla, porque si iban a enfrentarse nuevamente a esos monstruos, entonces necesitarían ser cautelosas, tendrían que ser más cuidadosas que nunca.

Lo había notado en cuanto abordaron la nave, aquella peligrosa determinación en Perla, la misma de la guerra anterior, aquella que la empujaría de seguro a destruirse a si misma con total abandono.

Tenía la esperanza de que las aquellas palabras de Greg calasen hondo en Perla, y que ella luchase no solo por ganar, sino también por sobrevivir.

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La última expedición terrestre traía más sorpresas de las que pudiese imaginar, con el retorno compulsivo de sus gemas exploradoras la cantidad de humanos candidatos para el zoológico se había incrementado lo suficiente como para asegurar la continuidad de la especie, aunque claro, algunos especímenes solo servían como muestras.

Tal era el caso de un malherido humano que presentó resistencia en cuanto notó que a sus pares los estaban capturando cerca de uno de los templos allí abandonados.

Blue Diamond aprendería después de parte de Yellow que tal lugar no estaba del todo desierto, que en realidad, era el hogar de las rebeldes que las retaron y vencieron al destruir a Pink. El hecho de que ese grupo siguiese existiendo llenaba a Blue de irá, ¿cómo se atrevían a permanecer en el mundo que por derecho debería haber sido de Pink?, fue necesario contenerla para impedir que se pusiese a si misma en peligro por ir a la tierra a vengarse personalmente.

Pero al menos le quedaba una venganza, estaba segura de que ese humano sabía de ellas y en cuanto despertase lo interrogaría.

Al ver llegar a su perla no perdió tiempo y la entrevistó en secreto.

"El humano ha fallecido"; entonó lacónica, "Recuperamos algunos artículos suyos, ¿desea verlos y catalogarlos?"

Blue Diamond asintió, lamentándose el haber perdido la chance de hablar con uno de esos nativos y saber de primera mano lo que sintió al darse cuenta de que sería destruido, aún así, el tener sus primitivos haberes podría resultarle útil ahora que la especie entera había sido reducida a un puñado de terrestres destinados al cautiverio.

Ese sería un buen trofeo para conmemorar su venganza en contra de Rose Cuarzo, pensó la diamante sintiéndose complacida, tomar de ella todo por lo que luchó y sacrificó a las gemas que con innegable lealtad le ofrecieron sus vidas, Blue Diamond se adueñaría de todo, incluso de los vestigios de aquella imperfecta sociedad que conformaban los humanos.

"Traelos", ordenó en voz baja, recibiendo por parte de su perla una leve reverencia para luego, encontrarse con lo que parecía ser un contenedor de cristal trasparente, pero que en realidad, se trataba de una especie de polímero refinado.

"Es un contenedor artificial de manufactura terrestre", explicó la perla, "El humano parecía estar realmente interesado en protegerlo, inclusive..."

Blue Diamond observó a su perla dudar antes de contestar, y de un chasquido recuperó su atención, "Dilo", ordenó firme, en apenas un susurró que congeló de terror a la diminuta gema.

Blue Pearl se inclinó nuevamente, "El humano sonrió al verme, dijo que estaba feliz de que yo estuviese a salvo y luego… tomó mi mano y murió"

La diamante no supo que pensar de todo esto, así, mientras Blue Pearl abría el contenedor de plástico para organizar las posesiones de Greg en frente de su diamante.

Muchas de ellas no tenían significado alguno para la diamante y mucho menos para la perla, eso, hasta que se topó con una imagen estática enmarcada detrás de un cristal.

"Que interesante, es una perla..."

Le tomó algo de tiempo el ir revelando los secretos allí contenidos, entrevistas con otros humanos que fueron narrando la historia de un músico famoso que lo dejó todo por una mujer, la misma de la que siempre estuvo enamorado, le cantaron sus canciones o al menos lo que recordaban de ellas, y le leyeron las viejas cartas cuidadosamente preservadas.

Y Blue Diamond llegó a comprender que existían criaturas magnificas en ese mundo y que ella había sido artífice en la aniquilación de alguien en apariencia excepcional, sin embargo, era demasiado tarde como para dar pie atrás, su venganza era necesaria y nada la impediría, pero al menos, protegería ese memento de la humanidad del mismo modo en que protegió el palanquín de Pink Diamond, pues hubiese sido una vergüenza que algo tan precioso llegase a perderse.

Su propia perla parecía estar de acuerdo con esto último, pues en cada ocasión que reabrían el contenedor, solía contemplar su mano izquierda, la misma que el humano hubiese alcanzado buscando a alguien que de seguro ya no existía.

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Ok, como que esto tenía un final feliz, pero no.

En otras noticias, creo que al fin terminaré la segunda parte de mi primer fic en este fandom, cosa que me emociona ligeramente… ahora intentaré dormir, ojala disfruten leer esto y hasta la siguiente.