PARTE 4

Despertó, como cada mañana, con Draco entre sus brazos, y se odió a sí mismo porque sentía que era algo que iba a necesitar a partir de ahora, y sabía de sobras que pronto acabaría. La mañana pasó como cualquier otra, solo que parecía que el rubio había decidido no mencionar nada del beso, y se comportaba de manera esquiva con Harry, manteniéndose alejado todo lo que las esposas le permitían, como con miedo a que le saltara encima. Todo para su frustración, ya que lo único que él quería era decirle cuánto lo deseaba y repetir la escena de ayer una y otra vez, y llegar a más…

Sacudió la cabeza apesadumbrado, estaba claro que no iba a ser posible. Hermione los encontró en el sofá cuando llegó. Draco estaba concentrado en su libro alemán como si le fuera la vida en ello, y Harry miraba al suelo sin pensar en nada, con un periódico en las manos.

-Buenos días, chicos, ¡os traigo al pequeñajo de vuelta!-Los saludó animadamente. Teddy corrió hacia ellos y los abrazó. Harry intentó sonreír y aparentar normalidad, pero por la mirada que le echó la chica, supo que no lo había conseguido del todo. Por suerte el pequeño no parecía haberlo notado, y se puso a contarles una retahíla de todo lo que había hecho con Ron y Hermione.

Pasaron los tres días restantes casi sin hablarse, y Harry veía cómo se aproximaba el día en que Kingsley les quitara las esposas sin que pudiera hacer nada por evitar que Draco se le escurriera entre las manos. Por suerte Teddy le distraía lo suficiente, y se dedicaba en cuerpo y alma a jugar con él y llevarlo cada día a un sitio diferente para no tener que pensar en el rubio, aunque su constante presencia a su lado y las pocas palabras que le concedía lo hacían difícil. Harry pronto se encontró esperando impaciente el momento en que el rubio le dijera cualquier cosa, como si necesitara oír su voz para calmarse, y cada vez se odiaba más por ello, se odiaba por desear la única cosa en el mundo que no podía tener.

Y así llegó el domingo, día en que Andromeda regresaba y Teddy se volvía a casa. Fue justo después de comer que la cabeza de la mujer apareció por la chimenea para anunciar que había llegado. Recogieron y prepararon las cosas del pequeño, quien parecía triste de irse a la vez que contento por ver a su abuela.

Cuando llegaron a la casa de los Black, se encontraron con que Adromeda y la madre de Draco estaban sentadas en el salón tomando una taza de té.

-¡Pasad, pasad, no os quedéis en la puerta!-Les dijo la primera.-Estamos agotadas, así que no nos pidáis que nos levantemos.

Narcissa sonrió y asintió, acurrucándose en el sofá con la taza entre sus manos. Al ver a su hijo lo saludó.

-Hola, Draco, querido. ¿Cómo ha ido todo?- Draco se acercó y le dio un suave beso en la mejilla, y después otro a Adromeda. Harry iba detrás y saludó amablemente a Narcissa para después abrazar rápidamente a la otra. Teddy por su parte ya estaba en el colo de su abuela sonriendo y contándole sus aventuras.

-Bienvenida, madre. ¿Cómo ha ido el viaje?- Ella sonrió y comenzó a contarle con alegría lo que habían hecho. Cuando hubo acabado, y después de que Adromeda añadiera alguna cosa más, se los quedó mirando con el ceño fruncido.- ¿Aun seguís con las esposas?

-Sí, madre, pero mañana ya se acaba.-Dijo Draco, y Harry pudo ver que no sonreía ni suspiraba de alivio, al contrario, el ceño se le frunció levemente, pero enseguida lo ocultó.

-Hay que ver este Ministro, ¡qué ideas tiene!-Rio Adromeda, quitándole importancia al asunto. Harry sonrió condescendiente y se encogió de hombros, pero no dijo nada.

Al cabo de un rato Narcissa dijo que ya era hora de irse a casa y descansar, así que ellos decidieron irse también, aunque la perspectiva de estar a solas con Draco le aterraba en ese momento. Se levantaron del sofá, pero el rubio lo hizo demasiado rápido, y a Harry no le dio tiempo a seguirlo, se intentó poner de pie pero perdió el equilibrio y se trastabilló. El movimiento hizo que Malfoy también se balanceara, empujando al moreno en el hombro y haciendo que cayera hacia delante sin remedio. Puso la mano libre sobre el rostro para parar el golpe, pero aterrizó encima de la mesa, donde descansaba la tetera, que cayó y le empapó el pelo con té frío.

-¡Harry! Cielos, ¿estás bien?-Adromeda se había levantado y estaba arrodillada a su lado. Harry levantó la cabeza enseguida y se arrodilló en el suelo llevándose una mano a la frente. Draco estaba a su lado y tenía una mano en su hombro, y con la otra agarró su barbilla y lo hizo girarse para verlo.

-Mira que eres patoso, Potter.- Alzó la mano para tocarle la frente suavemente, apartando un mechón de su cabello, haciendo que Harry se estremeciera.- Tranquila, tía, no parece nada grave. Esperemos que no se haya vuelto más idiota de lo que ya era.

-¿Seguro que estás bien, querido? ¿No te has quemado?

-Estoy bien, estoy bien. Empapado, pero bien, el té ya estaba frío, no te preocupes.

-¿Quieres darte una ducha?

-No, no, no te preocupes, de verdad. Será mejor que vayamos a casa y ya me arreglo allí.

-Sí, estás empapado, Potter. Vamos.-Agregó Draco, ayudándole a levantarse. Harry se dejó llevar, sin poder evitar alegrarse ante el roce. Salieron de la casa después de asegurarle a Andromeda que estaba bien, y se Aparecieron directamente en el salón.

Draco lo arrastró sin miramientos escaleras arriba.

-Vamos, no creo que eso te salga de la cabeza ni con el hechizo de limpieza más potente.- A Harry se le abrió la boca de par en par cuando entendió lo que el rubio pretendía. Se hizo más patente cuando lo arrastró al baño y comenzó a llenar la bañera de agua caliente, y de un movimiento de varita hizo aparecer espuma y un dulce olor a jabón de coco.

-Eh… ¿Draco?- Éste le lanzó una mirada amenazante y lo señaló con un dedo.

-A callar. Te quiero ver ahí dentro ya.- Dicho esto se dio la vuelta para darle intimidad a Harry, mientras invocaba una banqueta y la colocaba a uno de los lados, de manera que se iba a quedar justo detrás de la cabeza del moreno. ¿Pretendía lavarle el pelo? Tan solo imaginárselo mandó una oleada de deseo por todo su cuerpo. Tragó fuerte e intentó pensar en algo horrible para contener la inminente erección que se apoderaba de él.- Venga, Potter, no tenemos todo el día.

Draco lo miró de reojo durante un momento y se volvió a girar. Harry, en un arranque de locura y determinación, se desvistió. Lo hizo tan rápido que casi se cae, y cuando se metió en la bañera de golpe soltó un gritito al quemarse. El rubio se giró de repente, asustado.

-Estoy bien, estoy bien.- Le aseguró Harry, acomodándose y apoyando la cabeza en el borde con un suspiro. Draco se giró con una pierna a cada lado de la bañera y lo miró desde arriba con el ceño fruncido.

-Mira que eres… - Le soltó suspirando, lo que hizo que su dulce aliento acariciara la cara de Harry, quien no lo pudo evitar y le sonrió como un idiota. El otro abrió los ojos como platos y apartó la cara rápidamente, y a Harry le pareció ver un sonrojo en sus mejillas. Se reprendió a sí mismo por tener aun esperanzas, cuando Draco lo había rechazado de esa manera días atrás.- Está bien, Potter, mójate ese nido que tienes por cabeza y deja que te ayude.

Sin decir una palabra, Harry hundió su cabeza en el agua durante un momento y volvió a la superficie, sólo para oír la dulce risa de Draco llenar la habitación. No se atrevió a decir nada por miedo a que su voz sonara extraña, sensación que se acrecentó cuando las manos del rubio comenzaron a masajear su cabeza en increíbles círculos, aplicando jabón. Sentía la presión de sus manos en cada zona que rozaba, y era una sensación celestial. No pudo evitar soltar un gemido de placer cuando esos increíbles dedos llegaron a su cuello y se concentraron en la zona de detrás de sus orejas. Se mordió el labio inferior, pero no se molestó en abrir los ojos. Notó levemente cómo las manos de Draco se paraban durante un segundo, pero luego seguían su trabajo, y para su sorpresa bajaron suavemente por su cuello y comenzaron a masajearle los hombros. "Dios mío, Draco Malfoy me está dando un masaje", pensó mientras echaba la cabeza hacia delante y soltaba otro sonido de placer. Se dio cuenta con terror que estaba totalmente excitado, y no sabía cómo iba a ocultarlo.

-Mierda, Potter.- Soltó Draco de repente, tirándole del pelo con una mano hacia atrás, mientras con la otra le giraba la cara y lo besaba. Harry se quedó paralizado un segundo cuando sus labios chocaron, pero enseguida reaccionó y se giró rápidamente, mientras pasaba su brazo empapado por detrás del cuello del rubio y lo empujaba hacia sí. Draco se elevó del taburete y le apoyó la mano que no estaba enterrada en su pelo, en el hombro.

Se besaron durante largos minutos, con una necesidad y una pasión que no había estado presente en su primer beso. Draco gimió mientras se acercaba mucho más a Harry, y este hacía lo mismo, elevándose todo lo que podía. Sus pechos estaban pegados fuertemente el uno contra en otro, y la camiseta del rubio estaba totalmente empapada, pero a Harry no le llegaba, quería sentir su pálida piel de arriba abajo. Comenzó a desabotonarle la camiseta, cosa que no fue fácil debido a las esposas, pero cuando por fin se deshizo de ella la recompensa mereció la pena. Palpó cada parte de piel al descubierto, sus finos abdominales y su increíble espalda, y finalmente esos pezones rosados que hicieron que Draco se estremeciera ante el roce. Dejó de besarlo entonces, para posar su boca sobre ellos y succionar. Probó primero uno, lamiendo con desesperación mientras notaba cómo endurecía bajo su lengua, y después el otro. La mano de Draco seguía sobre su pelo, sin ejercer presión, simplemente apoyándose. Se dio cuenta vagamente que aun estaba lleno de jabón, pero se olvidó cuando el rubio se echó todavía más hacia adelante con un gemido ante las atenciones de Harry.

-Draco, Draco, Draco… - Susurró contra su pecho con desesperación, sus labios rozando su suave piel, mientras lo agarraba fuertemente.

Draco suspiró y cogió su varita. Sin separarse de Harry susurró una serie de rápidos hechizos. El primero desvaneció el jabón de su pelo y el segundo lo secó, el tercero los Apareció en la cama de Harry, y el cuarto desvaneció el agua de su cuerpo empapado. Cuando hubo acabado con la retahíla de encantamientos, tiró la varita a un lado de la cama y se inclinó para besarlo, mientras se colocaba entre sus piernas, presionando todo su cuerpo contra en suyo soltando un gemido. Se dio cuenta entonces que el rubio aun llevaba puestos sus pantalones, y se dijo que tenía que arreglar eso lo antes posible. Acercó sus manos y comenzó a desabrochar el cinturón con desesperación, mientras seguía probando su dulce boca. Draco lo ayudó cuando hubo desabrochado todos los botones, quitándose rápidamente los zapatos y rompiendo el beso para poder echar lo que le quedaba de ropa a un lado.

La visión del cuerpo desnudo de Draco lo dejó sin aliento un momento, y se lo quedó mirando de arriba abajo durante un rato. Su cuerpo parecía esculpido en mármol, y era perfecto, se fijó entonces en su miembro, que estaba igual de excitado que el suyo. Sonrió cuando vio los rubios rizos que lo acompañaban. Volvió a alzar la vista a sus ojos y pudo ver que su grisáceo color estaba negro de lujuria, y lo miraban preocupados, mientras un leve sonrojo teñía sus mejillas.

-Eres increíble.- Le susurró, abrumado por el sinfín de sensaciones que lo recorrían en esos momentos. Draco suspiró con lo que pareció alivio y el gesto fue tan encantador que Harry no pudo pensar en nada más. De un rápido movimiento acercó al rubio hacia sí y lo recostó sobre la cama, invirtiendo las posiciones. Esta vez era él quien estaba encima, colocado entre las piernas abiertas de Draco, que le rozaban las caderas. El pelo platino estaba explayado sobre su almohada, y el rubio estaba encantador con los labios medio abiertos y esa actitud relajada que parecía invitar a Harry a acercarse. Éste no se hizo esperar, y se inclinó a besar su ombligo, que le resultaba adorable, la recompensa fue un suspiro que se convirtió en un gemido por parte de Draco. Besó el camino del ombligo a su clavícula, y se concentró en su cuello, lamiendo y succionando a partes iguales, incluyendo suaves mordiscos de vez en cuando. Pudo notar como Draco se derretía y se deshacía bajo su roce, y notó como su erección temblaba de placer, buscando atención.

En un acto casi involuntario, inclinó sus caderas hacia delante para juntar su miembro con el del rubio, y el contacto los hizo suspirar de placer a los dos. La mano del Draco le hizo alzar la cabeza y éste lo besó de nuevo, mientras sus caderas se movían en una fricción exquisita que casi hizo que Harry llegara al clímax. "No, aun no", se dijo, dispuesto a alargar el acto lo máximo posible. De repente, la mano de Draco se desenredó de su pelo y bajó acariciando su espalda para girarse sobre sus caderas y acariciar sus erecciones. Harry gimió ante el contacto, y juntó su mano esposada con la del rubio, quien correspondió entrelazando sus dedos y apretando, gesto que devolvió el moreno. Entonces la otra mano comenzó a moverse sobre su miembro de arriba abajo, suavemente al principio y más segura después. Harry le agarró la muñeca y lo detuvo, mirándole a los ojos.

-Si sigues voy a…

-Hazlo.-Le dijo simplemente Draco, lamiéndose el labio superior en un gesto tan erótico que dejó a Harry jadeando.

-No, aun no.-Dicho esto soltó la muñeca del rubio dispuesto a hacerle perder los papeles. Tal como había hecho él antes, llevó su mano a la ingle, acariciando el rubio vello púbico durante unos momentos para luego concentrarse en otros asuntos. Acarició la longitud de abajo arriba, describiendo círculos en la punta con el dedo gordo, y bajando otra vez para acariciar los suaves testículos del rubio, quien arqueó la espalda ante el contacto y soltó un largo gemido, agarrándose a la cadera de Harry fuertemente. Éste tragó saliva y siguió su recorrido hacia abajo, llegando a la entrada del otro. Describió círculos a su alrededor, sin atreverse a dar el siguiente paso.

-P-Potter… Más…- Dijo el otro en un susurro casi inaudible. Y Harry no necesitó más. Con un rápido movimiento cogió la varita de Draco, que aun descansaba a un lado de la cama y lanzó un hechizo que hizo aparecer un chorro de lubricante. De los nervios, no le salió del todo bien y éste cayó encima del miembro del rubio en abundante cantidad. Draco soltó una risita, pero Harry no se dio por vencido. Apartó la varita y pasó su mano por la loción, untándola hacia abajo. Cuando llegó a ese dulce punto, su mano estaba empapada de líquido. Deslizó tentadoramente un dedo al interior, ganándose un grito ahogado por parte del rubio. Deslizó el dedo de dentro hacia fuera un par de veces, y luego insertó otro más, buscando ese punto en el interior de Draco que sabía le gustaría. Movió los dedos exploratoriamente, y por fin pudo oír como el rubio jadeaba y se agarra más fuerte a la cadera de Harry.

-¿Es ahí…?- Dijo en un susurro, y deslizó otro dedo dentro. Pronto tenía a Draco bajo suya, completamente cegado de pasión y moviendo las caderas para encontrar sus dedos y hundirlos hasta el fondo dentro de él.

Lo besó de nuevo con pasión mientras sacaba los dedos de su interior y lo miró con preocupación, no estando seguro de que lo que iba a hacer a continuación gustara demasiado al otro. Éste lo miró con los ojos nublados y asintió, acercándolo otra vez para besarlo. Sin pensarlo dos veces, se inclinó y deslizó su erección al interior del Draco, que estaba más que preparado para recibirlo. Empujó hasta estar totalmente enterrado en él, y no pudo evitar soltar un gemido, era tan estrecho y estaba tan caliente que no podía ni creerlo. Miró a Draco a los ojos con sorpresa, y lo besó durante unos momentos para calmarse, estaba seguro de que si se movía ahora, todo habría acabado.

-¿E-Estas bien?-Le preguntó preocupado, a lo que el rubio asintió, moviendo la mano de su cadera para pasar en brazo por su hombro y colocarla en su espalda. Se elevó entonces, juntando sus pechos y moviendo sus caderas invitadoramente.

Harry comenzó a moverse, y pronto no pudo pensar en nada, tan solo sentía al rubio jadear en su cuello, y su calor y su voz susurrando su nombre.

-Harry, Harry… Oh dios… -Decía una y otra vez, y cada vez que pronunciaba su nombre Harry se estremecía. Pudo notar entonces cómo el miembro del otro rozaba su barriga, y se dio cuenta de que no le había prestado la atención que merecía, por lo que deslizó la mano y comenzó a moverlo. Al cabo de unos segundos Draco arqueó la espalda y mordió el hombro de Harry, mientras éste sentía cómo el rubio se tensaba cuando llegaba al clímax. El interior se hizo más estrecho, y fue lo que necesitó Harry para acabar. El orgasmo llegó como una ola que le nubló la vista y lo dejó sin aliento. Cuando pasó, cayó encima del rubio, sin aliento y sin fuerzas.

Se quedaron así un rato, Harry con la cara enterrada en el cuello de Draco, mientras este dibujaba dulces círculos en su espalda.

-Te estoy aplastando, ¿verdad?- Dijo entonces el moreno, dándose cuenta de que estaba totalmente apoyado encima de él. Se percató de que aun seguía en su interior, así que se colocó y salió, haciendo que un escalofrío de placer lo recorriera. Hizo ademán de apartarse, pero Draco lo agarró. Vio entonces que sus manos esposadas seguían entrelazadas.

-No.- Dijo simplemente, y giró la cabeza para enterrar su nariz en el pelo de Harry. Éste no se atrevió a decir nada, y al cabo de un rato notó que la respiración de Draco se hacía más débil mientras se quedaba dormido. No dispuesto a pensar en nada que arruinara el momento y decidiendo que ya se preocuparía por todo mañana, posó su mano en el pecho del rubio y hundió su cabeza en su cuello, aspirando su dulce aroma. Al cabo de un rato se quedó dormido también.

A la mañana siguiente lo despertó la luz de las esposas al soltarse. Pudo notar que había despertado en la misma posición en la que se había dormido. Alzó la vista hacia arriba, aterrorizado de lo que pasaría ahora. Draco se estaba despertando también, y a Harry le entró el pánico de repente. Se alzó de golpe, despertando al rubio del todo, que lo miró con expresión de sorpresa.

-B-Baño.- Dijo apresuradamente, soltando la mano del rubio muy a su pesar, y saltó de la cama, colocándose los calzoncillos y corriendo escaleras abajo. Cuando estuvo a salvo en el baño se apoyó contra la puerta y suspiró. Se dio una ducha, pues aun estaba sudoroso de la noche anterior, y pudo ver que unas gotas de semen de Draco adornaban aun su barriga. Lo tocó como ensimismado y se sonrojó ante su propio gesto. Salió rápidamente de la ducha, con una toalla en la cadera y subió a su habitación dispuesto a vestirse. Draco entró por la puerta impecable con sus ropas de Auror, lo que le recordó a Harry que todo iba a acabar. Acabó de vestirse, y las esposas enseguida se juntaron. Miró al rubio a los ojos y decidió, como buen Gryffindor que era, afrontar la realidad y confesarlo todo.

-E-Escucha, sé que esto sonará horrible viniendo de mí, pero… No, déjame acabar.- Dijo tapándole la boca con una mano cuando vio que Draco la abría para decir algo.- Sé que probablemente lo de ayer lo hiciste sin pensar y te arrepientes horriblemente, y lo entiendo, de verdad. Pero sólo quiero que sepas que para mí… Bueno, para mí fue algo más. Sé que parece estúpido y sé que esto no quieres ni oírlo, pero sólo quería que supieras que no lo hice por razones ocultas, simplemente quise, y quiero, y no me arrepiento. Y… - "Y me encantaría repetirlo cada día, y quiero que te levantes cada mañana en mi cama, abrazado a mí." Pensó finalmente, pero no lo dijo. – Y por favor no digas nada, porque esto ya es lo suficientemente difícil… Será mejor que vayamos al Ministerio, ya llegamos tarde.

Sin esperar respuesta de Draco, aterrorizado ante lo que pudiera decir y decidido a conservar el recuerdo de la noche anterior como algo increíble, lo agarró de la mano y los Apareció en el Ministerio.

-Oye, Potter…- Intentó decir el rubio cuando llegaron.

-Está bien, de verdad.- Dijo él, arrastrándolo hacia la oficina de Kingsley.

-Potter, quieres hacer el favor de-

-¡Potter, Malfoy!- Kingsley apareció por el pasillo y los vio.- Me alegra que ya estéis aquí, venga, a mi despacho.

Los medio empujó pasillo adelante y los metió en su oficina, una vez dentro los evaluó detenidamente.

-¿Cómo ha ido? ¿Habéis resuelto vuestras diferencias?

-Por supuesto, Ministro.- Dijo Draco con una sonrisa de suficiencia en el rostro. Kingsley los miró de arriba abajo durante un rato, y luego suspiró.

- En fin, supongo que si esto no ha funcionado, nada lo hará.- Dicho esto agitó su varita, y Harry pudo ver con finalidad cómo las esposas se abrían y abandonaban sus muñecas. "Ha acabado", pensó con tristeza, sin atreverse a mirar a ninguno de los dos. Kingsley les estuvo explicando durante bastante tiempo cómo iban las cosas tras su ausencia, y los puso al día con los nuevos casos que se les habían asignado. Cuando hubo acabado los mandó de vuelta a sus despachos.

Harry murmuró un "adiós" y salió rápidamente de la oficina, iba a mitad del pasillo cuando oyó a Draco correr tras él y llamarle.

-¡Potter! ¡Hey, Potter! ¿Quieres parar y escucharme un momento?

-¡No!- Le dijo y echó a andar más rápido que antes, dispuesto a encerrarse en su despacho si era necesario. Se negaba completamente a oír el rechazo de Draco. Para su desgracia, el rubio parecía obstinado en hacerle miserable, pues corrió con todas sus fuerzas, obligando a Harry a salir disparado.

-¡Potter, eres un imbécil! – Dijo, y le lanzó un hechizo. Las piernas de Harry se hicieron mantequilla, y cayó al suelo. Draco se colocó encima suyo, con una pierna a cada lado y sentado en su barriga, impidiéndole escapar incluso y si lograba que sus piernas volvieran a la normalidad. - ¿¡Se puede saber qué te pasa! – Le preguntó exasperado mientras agarraba su camisa con ambas manos.

-¡No hace falta que lo digas! Maldita sea, Draco, ¡ya sé que me vas a rechazar, no hace falta que lo digas!

-Tú… ¿Cómo puedes ser tan sumamente idiota? Lo único que quiero decir es…

-¡Muffliato!- Gritó, apuntándose a sí mismo. Un pitido llegó a sus oídos y dejo de oír al rubio, que lo miró estupefacto por un instante antes de cambiar a una mirada de odio inmenso.

Le obligó a mirarlo a cara y dijo algo muy despacio con los labios, para que Harry pudiera leerlo. "Idiota". No le dio tiempo a hacer nada, pues los labios de Draco de repente estaban en los suyos, y lo besaban con la misma pasión de la noche anterior. Harry enseguida perdió la habilidad de pensar coherentemente y hundió sus manos en el pelo del rubio, girándole levemente la cabeza para poder besarlo más profundamente. Lo probó y bebió de él sin preocuparse de que alguien apareciera por el pasillo y los viera. Adoraba cómo la lengua de Draco acariciaba cada parte de su boca con pasión, sin resultar invasiva, pero sí firme y decidida.

Se apartó al cabo de un rato, y ambos se miraron jadeando, y Harry se quedó embobado de nuevo mirando aquellos increíbles labios, rojos por sus besos. Era una visión simplemente encantadora. Los labios se movieron de repente, pronunciando algo que no podía oír, pero supo enseguida que era un "Finite Incantatem", porque entonces pudo volver a escuchar y sus piernas volvieron a la normalidad.

-Mira que eres imbécil, Potter.-Dijo Draco mientras lo volvía a besar, alternando palabras y besos.- Idiota… - Su boca se movía pegada a sus labios.- Estúpido… Maldito Gyffindor…- Parecía incapaz de dejar de besar a Harry, y éste estaba tan estupefacto que sólo podía devolver sus besos.- ¿Pensabas acostarte conmigo… declararte… y después huir de mi?

-Pensaba que tú no…

-Eso te ayudará a no pensar.- Dijo finalmente, dejando su boca y elevándose, pero sin dejar de sentarse sobre él.

-P-pero…

-Si piensas que soy de los que se conforman con líos de una sola noche, estás muy equivocado.

Harry lo miró estupefacto, no podía creer que Draco le estuviera diciendo aquello, que prácticamente sonaba como una declaración en sí misma. Estaba diciendo que quería pasar más días, más noches, más tiempo con él…

-Draco… Si esto es alguna clase de broma… Que sepas que no tiene ninguna gracia.

-¿Por qué iba a bromear con algo como esto?

-No lo entiendo… ¿Por qué querrías…? Tú eres tú… Y yo soy yo… Y…

-Me fascina tu gran elocuencia, Potter.- Lo cortó Draco, poniendo los ojos en blanco.- Y creía que era bastante obvio el "por qué"…

-No se me dan bien los acertijos.-Contestó Harry incrédulo.-Además, siempre que puedes me insultas, y me maldices, y cosas peores.

-Bueno.- Contestó el aludido, encogiéndose de hombros.- Es que me frustraba verte cada día y saber que no podía tenerte, así que me desahogaba… Francamente, que me besaras en París fue una grata sorpresa.- Se calló un momento y se inclinó para pegar sus labios a la oreja de Harry.- Así que me vas a tener que compensar la larga espera… Harry.- Dijo en un susurro. Harry tragó saliva y agarró el rostro de Draco con ambas manos, haciendo que lo mirara a los ojos. Era incapaz de decir nada, pero esperaba que al menos el rubio pudiera ver lo mucho que significaban para él esas palabras.

-Sin duda.- Pudo decir al fin, al mismo tiempo que lo besaba, lentamente.

~FIN ~

Y… ¡acabado! Espero que os haya gustado~ Muchas gracias a los que dejaron reviews y a los que lo leyeron~