Capítulo 4
Albert se acercaba en su auto a donde se supone era la vivienda de Candy.
Se sentía nervioso, feliz, conmocionado e incómodo, una mezcla de sensaciones que le ocasionaban grandes vuelcos en el estómago.
George aparcó el auto justo afuera de la casa. Ambos caballeros se apearon del auto.
-George, puedes entrar si deseas
-No deseo incomodarte, Albert. Tienes muchos asuntos que aclarar con Candy, los cuales no son de mi incumbencia.
-De acuerdo. Llévate el auto si deseas, para que no te aburras esperándome aquí, pues creo que esto durará más que un par de horas - acotó dejando escapar un suspiro.
-Claro Albert, gracias. Estaré aquí exactamente en tres horas ¿te parece? Suerte
El rubio se adentró a la casa y nerviosamente toco la puerta. Candy abrió casi de inmediato.
Encontrarse nuevamente con Albert la hacia sentir segura y protegida. Lo abrazó con mucha fuerza, como si no deseara dejarlo escapar. Candy sentía por el un amor tan limpio y profundo como sólo se le puede amar a un hermano.
Lástima que Albert y ella no compartieran el mismo estilo de amor, sin embargo, Albert disfrutó de ese cálido abrazo, que tanto necesitaba desde hace tiempo.
-Pasa por favor, disculpa el desorden
-No te preocupes Candy - volteó de un lado a otro bastante sorprendido - ¿Vas a mudarte?
-Ehhh, ven, siéntate ¿Te invito algo?
-No gracias.
-Albert, supongo ya estarás al tanto de todo
-¿qué es todo? Si te refieres a que Stear acaba de irse a Europa a arriesgar la vida, entonces no lo sé todo, pues no tengo la más remota idea de qué lo orilló a hacer semejante tontería.
-Creo que debo contarte todo desde el principio
-Yo también lo creo. Soy todo oídos, Candy - le dijo amablemente
-¿Recuerdas la última vez que nos vimos?
-Si
-Ese día, vi a Stear, bastante aturdido. Yo aún no le contaba a nadie lo que sucedió con Terry en Nueva York. Le pregunté que qué le pasaba, y muy seriamente me dijo que se iría a la guerra. Albert, en ese momento, sentí que un poder sobrehumano me desgarraba el corazón, fue una sensación similar a la de aquella noche que Terry y yo... Terminamos. Yo no deseaba que Stear hiciera esa locura. Entonces... entonces le dije "Stear, si hay algo, cualquier cosa, que impida que te vayas a Europa, lo que sea, por favor, dimelo, confía en mi..." El no dijo nada. Sólo noté un par de lágrimas asomándose tras sus gafas. Acto seguido le dije que lo quería. Y era verdad, le quería, pero no como se quiere a un esposo o novio, sino un cariño muy distinto. Pero creo que lo entendió de distinta manera - admitía ella, tristemente
-¿Entonces?
-Entonces, me dijo que me amaba. Te mentiría si te dijera que me sorprendió. No me sorprendió en absoluto, eso ya lo sabía, era bastante obvio. Pero que me lo dijera directamente, me desconcertó un poco. Seguimos charlando, hasta que me dijo que de ser por mi, no se iría a ningún lado.
-Debo entender que Stear te chantajeó
-No, yo no lo creo así
-Dices que el deseaba alistarse en el ejército, pero se te declaró, y te dijo que por ti no lo haría ¿Cómo se le llama a eso, Candy?
-Albert, se que no lo entenderás. Sólo yo pude percibir su verdadero sentir y darme cuenta de que Stear estaba siendo realmente sincero.
-¿Qué paso después?
-Pasaron varias semanas. Semanas en las cuales nos veíamos todos los días. Comenzó entre nosotros una relación más allá d la amistad, pero yo aún no quería darme cuenta.
-¿lo amas?
-Claro, es el padre de mi hijo
-No, no te pregunté eso. ¿Lo amas, por ser él, por ser Stear?
Candy sólo agachó la mirada.
-¿Tienes alguna idea de por que se fue a la guerra? - Pregunto sin desear seguir incomodandola - Teniéndote a ti, teniendo un hijo ¿lo sabes Candy?
-Creo que lo imagino
-¿Te molestaría decírmelo?
-Creo que no es el momento, Albert
Se levantó de su asiento, fue a una de las habitaciones y regresó con su bebé en brazos, quien acababa de despertar de su siesta. Se lo acercó a Albert, mostrándole a su tesoro más preciado en el mundo, a quien es quizás, el hombre más importante de su vida.
Continuará...
