IV. Imbécil
—Canuto, resultas deprimente —dijo James, cansado de ver a su amigo lanzando miradas de pena a Remus, quien, como los últimos dos días, se había sentando en la otra punta del aula y ni siquiera se molestaba en mirarles.
—¿Es que no me va a perdonar nunca? —gimió Sirius, dejando caer los codos en la mesa y escondiendo la cara entre las manos.
—Dale tiempo. Lunático siempre acaba perdonándote todas tus tonterías.
—¿Cómo estás tan seguro?
James sacudió la cabeza, lamentando que su amigo fuera tan ciego para algunas cosas.
—Te perdonó cuando rompiste su libro de Transformaciones usándolo como escudo en un duelo contra Snivellus, que cambiaras accidentalmente su champú por una poción y llevara el pelo de color rosa chicle durante una semana, que hablases de su pequeño problema peludo en las duchas y la mitad de los estudiantes sacaran ideas equivocadas.
—Haces que suene como si fuera un autentico imbécil con él —masculló Black, mosqueado.
—Y no es ni la mitad de las cosas que haces y por las que no te disculpas.
—¿Por eso crees que me perdonará?
—Bueno... —James se rascó la cabeza y ojeó a Remus, que parecía estar rígido en su asiento—. Quizás esta vez sí que deberías pedirle perdón apropiadamente.
—¿Y si no quiere perdonarme?
Sirius parecía aterrado ante el pensamiento.
—Tendrás que vivir con ello —respondió James.
Continuará...
