Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo Don't missSwan me, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi hija Kath porque es mi orgullo, a mi Gen porque le gustan los terremotos, a mi Alex porque es un solete, a mi esposa porque no me deja caer, a Bego porque pienso mucho en ella y a Natalia porque es la mejor del mundo mundial.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, Erpmeis, Laura Brooks, El palacete, Mi pequeña Emma, en carrera y a esthefybautista.

CAPÍTULO 4 HISTORIAS

El fin de semana pasó demasiado lento y, por mucho que intentó centrarse en sus estudios no podía hacerlo, no con ella en mente, no cuando cada cinco segundos le asaltaban recuerdos de sus ojos aguamarina mirándola, de su sonrisa, de su voz…

No podía sacar de sus pensamientos las reacciones de su cuerpo ante su cercanía, el hormigueo en sus extremidades, el escalofrío que recorrió su alma entera cuando pudo tocar su brazo nada más que un instante…

Tiró frustrada el bolígrafo contra la mesa, mirando su teléfono sin dejar de pensar en ella, en Emma, en por qué no le había dado su número ya que así no podía llamarla, no podía escucharla y tenía que esperar al maldito lunes para ir a buscarla a la facultad donde estudiaba, el único lugar de referencia que le había dado… ¿Iría a buscarla? Solo pensar en no ir le dolía y ya estaba cansada de luchar consigo misma sobre lo absurdo que sonaba ese pensamiento en su mente. De alguna manera la enigmática Emma Swan se había colada en ella y su corto paso por su vida, apenas unos minutos en una noche de fiesta, lo había puesto todo patas arriba, necesitaba volver a verla.

Eterno, largo como un verano sin sombra, fue pasando el tiempo y en las prácticas del lunes solo quería salir corriendo ya que no estaba muy lejos de la facultad de historia.

Cuando por fin quedo libre y terminó su jornada, escribió un mensaje escueto a su madre diciéndole que no la esperase a comer, que tenía asuntos pendientes, mientras sus pasos la guiaban hacia ese edificio donde Emma le dijo que podía encontrarla. No recordaba exactamente que aula era pero no le importó, una persona como Emma Swan no pasaría desapercibida en ese lugar y estaba segura de que podría encontrarla, o al menos eso creía hasta que entró en el edificio y, sin poder evitarlo, se perdió entre pasillos y recovecos, entre estudiantes que no le prestaban la más mínima atención, sintiéndose idiota en el acto.

Se había perdido, pero no pensaba darse por vencida, siguió andando buscando con la mirada esa melena rubia tan característica cuando tropezó por accidento con un hombre, seguramente un profesor, que se la quedó mirando con gesto inquisitivo. Balbuceando una disculpa mientras su rostro enrojecía, el hombre le regaló una sonrisa cortándola en el acto y tomando la palabra.

-"¿Se ha perdido señorita? No recuerdo haberla visto antes por aquí. Soy el señor Gold, decano de la facultad y si puedo ayudarla lo haré encantado"

-Disculpe señor Gold, yo soy Regina Mills y tiene razón no estudio aquí estoy buscando a alguien

-"¿Mills? ¿Eres la hija de Cora Mills?"

-Sí, soy yo ¿Conoce a mi madre?

-"Hace muchos años que la conozco, aunque a ti no te veía desde que eras una niña, no debes acordarte de mi… ¿A quién buscas Regina?"

-Oh, a una estudiante, debe ser de máster o doctorado ya que es mayor para estar simplemente estudiando la carrera, me dijo su aula pero no la recuerdo.

-"Bueno, tenemos pocos alumnos con esas características ¿Sabes su nombre?"

-Emma Swan

Con semblante confuso, Regina tuvo que esperar algunos minutos que le parecieron demasiados mientras el señor Gold no podía parar de reír. Finalmente el decano se limpió una ligera lágrima mirándola con cariño.

-"La doctora Swan estará seguramente en su despacho corrigiendo exámenes, ven conmigo, te acompañaré ya que encontrar algo en esta facultad es un poco complicado cuando no la conoces"

Doctora, su rostro se cubrió de rubor, estaba convencida de que Emma era una alumna y resultaba ser una doctora que impartía docencia en esa facultad pero ¿Cómo? Era demasiado joven. El señor Gold, como adivinando sus pensamientos, la puso al corriente del extraño hallazgo que era Emma Swan, de cómo había accedido a la universidad mucho antes de lo normal debido a sus amplios conocimientos y como en poco tiempo empezó a destacar, saltándose cursos por lo que, a pesar de su juventud, tenía titulación de sobra a sus espaldas y grandes investigadores se basaban en sus trabajos, extensos y maravillosamente detallados.

Cuando el decano la dejó frente a una puerta en la que podía leer E. Swan, historia antigua, toda la ansiedad que venía acumulando desde el viernes se esfumó, tocando levemente y entrando al despacho, enfrentándose con la mirada aguamarina de Emma y su hermosa y brillante sonrisa satisfecha.

No supo qué decir, en realidad explicarle a esa muchacha que se sentía irremediablemente atraída por ella no le pareció una buena idea por lo que guardó silencio mirándola. Emma tampoco dijo nada, simplemente se levantó y cogió sus pertenencias, dispuesta a marcharse a casa. Lyana, había ido a buscarla tal y como tenía previsto y le tocaba a ella mover sus piezas en esa extraña partida de ajedrez que había instaurado entre ellas.

Al llegar a su altura, tomo su mano sintiendo la euforia explotar en su vientre al reconocer la corriente eléctrica que invadía su alma cuando tocaba a su amada, una sonrisa que no podía borrar de su rostro y sus ojos claros clavados en ella, en sus gestos, en la pequeña sonrisa de satisfacción que dibujaba su rostro, sus ojos caramelo mirándola con curiosidad, sus manos unidas como siempre debían estar.

-"¿Has comido ya Regina?"

Su voz consiguió despertarla de la ensoñación en la que se había sumido en cuanto sintió la calidez de sus manos enredadas, una pregunta que despertó su estómago pues pasaba de la hora de comer y aún no había ingerido alimento alguno.

-No, aun no

-"Entonces vamos, te invito a comer"

Salió, sonriendo sin poder evitarlo, sin soltarle de la mano, en dirección a la calle, a su moto, su montura, Regina la seguía, su aroma fresco a manzana la invadía, se sentía completa, se sentía viva por primera vez desde que había despertado con solo quince años, desde que sabía la verdad, desde que comprendía que jamás estaría completa sin Lyana.

Frente a la moto, le tendió a su amada Lyana uno de los cascos ya que sabía que ella iría a buscarle, sabía que iba a necesitar dos, mientras se colocaba el suyo propio y subía, arrancando y temblando al sentir el cálido abrazo de Regina a su espalda, salió volando sobre el asfalto y solo podía pensar que por primera vez en toda su vida era feliz.

No tardó en llegar a su casa y, sin pronunciar palabra, dirigir a Regina por el camino correcto hasta su morada. De no haber estado completamente emocionada por el paseo en moto, seguramente la joven morena se habría negado a entrar en el piso de una desconocida pero, en lo más profundo de su ser, sentía que podía fiarse de Emma que no le haría daño.

Mientras su anfitriona dejaba los trastos en cualquier lado y se disponía a cocinar, Regina curioseó por la casa, viendo que abundaban los libros, sobre todo aquellos que hablaban de historia antigua, de mitos, de dioses griegos, dones que estos entregaban a los mortales, una gran colección que seguramente su madre amaría nada más verla.

La comida fue agradable, bebían vino que iba liberando sus inhibiciones, hablando de todo y nada, mirándose de vez en cuando y sonriendo. Con los platos ya vacíos, Emma los retiró asegurándole que los limpiaría después, llenando nuevamente su copa y acompañándola al sillón donde ambas se colocaron, cómodas y tranquilas. Fue en ese momento cuando la pregunta que rondaba a Regina como un aguijón fue pronunciada.

-¿Por qué Grecia Emma? Es como una especia de obsesión, todos tus libros hablan de Grecia, eres especialista en su historia ¿Por qué te gusta tanto?

-"Bueno, es una larga historia"

-¿Me la cuentas? Me encantan las historias

-"Todo empieza con Alessandro, Alessandro y Lyana, con ellos empieza todo"

-Creo que he oído hablar de ellos, al menos a mi madre en alguna ocasión, ella también enseña historia pero en el instituto

-"¿Qué sabes de ellos?"

-Que se amaban, que Hades se encaprichó de Lyana y al no poder tenerla decidió castigarla robándole a su amado, por lo que Alessandro murió en batalla, una lanza lo atravesó movida por el traicionero dios de los muertos. Lyana al ver a su amor sin vida enloqueció de dolos y también murió. Trágico

-"¿Te gustaría saber un poco más?"

Regina la miró, su sonrisa era su respuesta. Se acomodó como pudo sobre el sillón dispuesta a escuchar la voz de Emma contándole una historia sobre mitos de antaño.

La rubia también se acomodó, acercándose a Regina debido a que su sillón no era muy grande y empezó a narrarle con pasión su historia.

Le contó como siendo solo niños Alessandro y Lyana se convirtieron en familia, le habló de los profundos sentimientos que atravesaron el alma de Alessandro al verla maltratada por un gran soldado espartano, como todo él reaccionó buscando liberarla, como su espada fue certera y segó la vida del hombre que se había atrevido a dañarla, venciéndolo en combate singular y ganándose el derecho a ser llamado hombre entre los espartanos, el derecho a tener a Lyana para él.

Le contó como la había liberado, como amaba perderse en los ojos oscuros de la muchacha, tres años menor que él, le explicó sus ansias de librar batallas sin nombre para demostrar al mundo entero que él valía la pena, como creció luchando y enamorándose profundamente de Lyana, siendo esta siempre su apoyo, su guía, su fuerza y la única que realmente lo conocía. Cuanto más convivía con ella más convencido estaba que nunca podría dejar de amarla y esa convicción se volvió el lema de su vida, mil vidas le harían falta para demostrarle cuánto la amaba.

Le contó, con un deje de nostalgia en sus ojos, como se ganó el favor de los dioses por su valor y virtud, como Afrodita lo tomó bajo su protección y como Hades, celoso, siempre quiso quitarle a su amor sin conseguirlo.

Finalmente, con dolor en sus palabras, le relató esa última batalla, la lanza atravesando su pecho y el nombre de Lyana como un grito desgarrador, fue lo último que escapó de sus labios antes de encontrarse con la muerte.

Durante unos instantes, el silencio bailó entre ambas, Emma sufriendo atormentada por tan amargos recuerdos y Regina completamente fascinada por la pasión que demostraba tener la joven por esa historia, se notaba que era muy importante para ella.

Finalmente el silencio se le hizo pesado y lo rompió, recibiendo una mirada cargada de cariño por parte de Emma y una sonrisa.

-Es una historia muy triste Emma, pero también hermosa, se amaban de una forma desgarradora y, por cómo me lo has contado, prácticamente he podido sentir ese amor… Qué pena que se lo arrebatasen

-"Pero Regina, no es el fin de la historia, es solo el principio, la primera de muchas pues mil vidas pedía Alessandro y Afrodita se las concedió"

-¿Me contarás el resto de la historia?

-"Lo haré, lo prometo, pero no hoy, ya está oscureciendo y es hora de que te lleve a casa"