Pesadilla.
¿Qué estaba pasando con Él? ¿Por qué parecía estar tan ansioso? Su lengua paseándose por la comisura de sus labios parecía darle la respuesta.
Desde lo que había sucedido hacía tres días Ciel le había ordenado que ya no era necesario bañarlo ni llevarlo a la cama, evitando todo tipo de contacto o charla, manteniéndolo tan ocupado como le fuera posible. Limitándose a servirle el té y llevarle la comida mientras el Conde atendía enormes cantidades de papeleo acerca de negocios en la comodidad de su oficina.
Pero esa noche sería diferente.
Suspiró mientras sacaba el reloj de plata de su bolsillo asegurándose que todos los deberes que había tenido pendientes ya estaban cubiertos y que los sirvientes ya se encontraban durmiendo en sus respectivas habitaciones. Entonces, sin esperarse un segundo más, prosiguió a encaminarse silenciosamente a la habitación del amo.
Ni siquiera se tomó la molestia de abrir la puerta para entrar. Cómo si lo necesitara, fue lo que pensó. Sus ojos comenzaron a resplandecer de un intenso tono rosáceo en la penumbra ubicada en una esquina de la alcoba.
El simple hecho de ver a su pequeño amo tan indefenso, durmiendo apaciblemente y sin aquella fría expresión en su rostro le parecía lo más placentero de admirar.
Se llevó la mano a su boca, quitándose uno de los guantes con ayuda de sus dientes. Quería tocarlo, lo deseaba; Y así lo hizo, comenzando por remover unos cuantos mechones azulados del infantil rostro. Sonriendo para sí mismo, plenamente atraído al suave tacto que la piel de Ciel le brindaba.
A pesar de estar familiarizado con la sensación de placer, había algo más, algo que no sabía describir... algo que le recorría el cuerpo entero de una manera escalofriante. Entonces supo que ya no quería pensar más.
Colocó su mano desnuda contra la cálida mejilla, inclinándose precavidamente al risueño semblante frente a sus ojos.
Tanta belleza y corrupción en una apariencia tan inocente.
Eso fue lo último que pensó antes de deslizar sus labios sobre la pequeña boca a escasos centímetros de la suya, cediendo reiteradamente al placer que tanto había añorado por culpa de su propio amo. Faltándole al respeto de una manera tan excitante, chocando y presionando sus bocas con considerable discreción, resistiéndose a la idea de llegar a más…
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Abrió los ojos de golpe, incorporándose sobre su cama, notando una gota de sudor cayendo cuesta abajo por su barbilla. ¿Qué rayos había sido eso?
El joven Conde separó los labios, presionándolos instintivamente con su mano derecha. En vez de encontrarlos calientes o tibios, los encontró a una temperatura normal.
Una pesadilla, sólo había sido una pesadilla.
No había forma de que Sebastian se hubiera atrevido a irrumpir en su habitación sin su permiso, ¿Verdad?
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N/A: Nuevamente gracias a LadyRavenCrow por aportar la idea para este drabble c:
