Capítulo

IV


Conduje Hawthorne a toda velocidad hasta llegar a mi casa y luego di la vuelta y me dirigí al centro de Coldwater, atajando por Beech y utilicé el marcado rápido de mi celular para llamar a Rachel.

- Pasó algo… yo… él… eso salió de la nada… el Neón…

- Te estás entre cortando. ¿Qué?

Me limpié la nariz con la parte trasera de mi mano. Estaba temblando de la cabeza a los pies.

- Él salió de la nada.

- ¿Quién?

- Él…- Intenté juntar mis pensamientos y formularlos en palabras. - ¡Él saltó frente al auto!"

- Ay, hombre. Ay-dios-ay-dios-ay-dios. ¿Golpeaste un venado? ¿Estás bien? ¿Qué le pasó a Bambi? - Ella mitad gimió y mitad gruñó. - ¿El Neón?

Yo abrí la boca, pero Rachel me interrumpió.

- Olvídalo. Lo tengo asegurado. Solo dime que no hay pedazos de venado sobre mi bebé… no los hay ¿cierto?

Cualquiera que fuera la respuesta que le iba a dar se quedó atrás. Mi mente estaba dos pasos adelantados. Un venado. Quizá podría fingir que impacté a un venado. Quería contarle la verdad a Rachel, pero tampoco quería parecer un loco. ¿Cómo iba a explicar que vi al chico que impacté ponerse en pie y arrancar la puerta del auto? Gire mi cuello hacia un lado de mi hombro. Hasta donde podía ver, no había marcas en dónde él me había agarrado.

De repente reflexioné. ¿De verdad estaba considerando negar lo que había pasado? Yo sé lo que vi. No fue mi imaginación.

- Ay rayos, - dijo Rachel. - No me estas respondiendo. El venado está pegado en los focos del auto ¿cierto? ¿Estás conduciendo por ahí con él atascado en el frente como si fuera una pala para la nieve?

- ¿Puedo dormir en tu casa? - Quería salir de las calles. Fuera de la oscuridad. Con una súbita inhalación me di cuenta de que para ir a casa de Rachel tendría que volver a la intersección en donde lo impacté a él.

- Estoy en mi cuarto – dijo - Puedes venir. Te veo en un rato.

Con mis manos fuertemente apretadas contra el volante, conduje el Neón a través de la lluvia, rezando para que el semáforo en Hawthorne estuviera verde en mi favor. Lo estaba y pasé la intersección mirando directamente hacia el frente, pero a la vez mirando con el rabillo del ojo las sombras de los lados de la carretera. No había ninguna señal del chico con la máscara de esquiar.

Diez minutos más tardes estaba estacionando el Neón frente a la casa de Rachel. El daño en la puerta fue mucho y tuve que patearla para poder salir. Luego corrí hasta la puerta de entrada, entré a toda prisa y bajé corriendo las escaleras hasta el sótano.

Rachel estaba sentada en su cama con las piernas cruzadas, tenía un cuaderno sobre sus rodillas, llevaba puesto audífonos y su iPod estaba encendido.

- ¿Quiero ver el daño hoy, o debería esperar a dormir al menos siete horas? - Me preguntó en un grito a través de la música.

- Quizá deberías escoger la opción número dos.

Rachel cerró su cuaderno y se quitó los audífonos.

- Terminemos con esto de una vez.

Cuando salimos, me quedé mirando al Neón por un largo rato. No era una noche cálida, pero el clima no era la causa del escalofrío que recorrió mis brazos. La ventana del conductor no estaba rota. Tampoco la puerta.

- Algo no está bien - dije. Pero Rachel no me estaba escuchando. Ella estaba ocupada inspeccionando cada pulgada del Neón.

Yo me adelanté para inspeccionar la ventana del lado del conductor. Cristal sólido. Cerré mis ojos. Cuando los volví a abrir, la ventana seguía intacta.

Caminé hasta la parte de atrás del auto, casi terminaba de rodearlo cuando de repente me paré en seco. Había una pequeña grieta en el parabrisas.

Rachel lo vio al mismo tiempo.

- ¿Estás seguro que no fue una ardilla?

Mi mente volvió a los letales ojos tras la máscara de esquiar. Ellos eran de un intenso color avellana. Eran intensos y avellanas como los de… Blaine.

- Mírame, estoy llorando de alegría - dijo Rachel tumbándose de forma poco elegante en el Neón para abrazarlo. - Una pequeña grieta. ¡Eso es todo!

Yo fingí que sonreía, pero mi estómago estaba revuelto. Cinco minutos antes, el cristal de la ventana se había deshecho y la puerta estaba encorvada. Ahora, mirando al auto, todo eso parecía imposible. No, parecía una locura. Pero yo vi como atravesó el cristal con su puño y sentí como sus uñas se clavaban en mi hombro.

¿Verdad?

Mientras más intentaba recordar el accidente, menos podía. Pequeñas lagunas de información perdida llenaban mi memoria. Los detalles se estaban perdiendo. ¿Era un tipo alto? ¿Bajo? ¿Delgado? ¿Musculoso? ¿Me dijo algo?

No podía recordar. Esa era la parte más aterradora.

A la mañana siguiente, Rachel y yo salimos a las siete y quince y conducimos a Enzo's Bristol para tomar un desayuno caliente.

Con mis manos envueltas alrededor de mi tasa china, intenté aliviar el frío que recorría el interior de mi cuerpo. Sí me bañé y me puse una playera mía que Rachel había guardado en su casa, pero casi ni recuerdo cuando lo hice.

- No mires ahora, pero el señor Suéter Verde sigue mirando para acá, estimando tus largas piernas a través de tus jeans… Ah! Me acaba de saludar. No estoy bromeando. Me acaba de dar un pequeño saludo militar, de esos que hacen con dos dedos. Que adorable.

Yo no la estaba escuchando. El accidente de anoche se estuvo repitiendo en mi cabeza durante toda la noche, llevándose consigo toda posibilidad de dormir. Mis pensamientos estaban enredados, mis ojos estaban pesados y no podía concentrarme.

- El señor Suéter Verde se ve normal, pero su copiloto parece un chico muy malo - dijo Rachel - Emite cierta señal de no-te-metas-conmigo. Dime que no parece al hijo de Drácula. Dime que estoy imaginando cosas.

Alzando mis ojos lo suficiente como para verlo sin parecer que lo estaba viendo, me fijé en las facciones finas y atractivas de su rostro. El cabello castaño colgaba hasta sus hombros. Sus ojos eran de color azul. No estaba afeitado. Estaba impecablemente vestido con una chaqueta a la medida y unos jeans oscuros de diseñador.

- Estas imaginando cosas - dije.

- ¿No te fijaste en ese par de ojos profundos? ¿En esa forma de uve que la raíz de su cabello deja en su frente, al estilo Drácula? ¿En su cuerpo alto y delgado? Él puede que sea de mi tamaño.

Rachel no tiene una gran altura pero es de un tamaño muy pequeño comparado a su actitud, peor lo bueno es que le encantan los tacones. Tacones altos. También tiene la costumbre de no salir con chicos de su tamaño o más bajos que ella.

- Bueno ¿cuál es el problema? - Preguntó Rachel - Te has vuelto incomunicable. ¿Esto no tiene que ver con la grieta en mi parabrisas, verdad? ¿Qué importa que hayas golpeado un animal? Le pudo haber pasado a cualquiera. Aunque está comprobado que las probabilidades hubieran sido menos si tu mamá se mudara fuera de la jungla.

Le iba a contar a Rachel lo que había pasado de verdad. Pronto. Solo necesitaba un poco de tiempo para juntar los detalles. El problema era que no veía cómo podría hacerlo. Los únicos detalles que recuerdo estaban incompletos. Era como si un borrador hubiera dejado mi memoria en blanco. Pensando, recordé que un aguacero caía en cascada sobre las ventanas del Neón, causando que todo afuera se viera borroso. ¿Habré golpeado de verdad a un venado?

- Mmm, mira eso - dijo Rachel - el señor Suéter Verde se está levantando de su silla. Vaya, eso sí es un cuerpo que visita el gimnasio regularmente. Definitivamente está caminando hacia nosotros. Sus ojos están buscándote.

Un segundo más tarde, fuimos saludados con un simpático "Hola."

Rachel y yo lo miramos al mismo tiempo. El señor Suéter Verde estaba parado tras nuestra mesa, sus pulgares estaban enganchados en los bolsillos de sus jeans. Tenía ojos azules y el pelo negro estratégicamente despeinado caía sobre su frente.

- Hola a ti - respondió Rachel - Soy Rachel y este es mi amigo Kurt Hummel.

Miré seriamente a Rachel. No me gustó que ella diera mi apellido, se sintió como si hubiera violado el contrato entre chicas y mejores amigos gay cuando se encuentran con chicos desconocidos. Hice un leve movimiento de mano como saludo y llevé la tasa a mis labios, quemando mi lengua inmediatamente.

Él arrastró una silla de la mesa de al lado y se sentó al revés, sus brazos descansando en donde se suponía que estuviera su espalda. Extendiendo una mano en mi dirección, dijo:

- Soy Elliot Gilbert - Sintiéndome demasiado formal, le estreché la mano - Y este es Jessie - añadió, alzando su barbilla en dirección a su amigo, al cual Rachel subestimó cuando le llamó 'bajito'.

Jessie inclinó todo su cuerpo y se sentó en una silla al lado de Rachel, y bajo su cuerpo la silla parecía muy pequeña.

Ella le dijo:

- Creo que eres el chico más alto que he visto en mi vida. En serio. ¿Cuánto mides?

- Uno noventa y cinco - masculló Jessie, hundiéndose en su silla y cruzándose de brazos.

Elliot aclaró su garganta.

- ¿Puedo comprarles algo para comer?

- Estoy bien - dije, levantando mi taza - Ya ordené.

Rachel me pateó bajo la mesa.

- Él quiere una dona rellena de crema de vainilla. Que sean dos.

- ¿No es eso demasiado para tu dieta? - Le pregunté a Rachel.

- El grano de la vainilla es una fruta. Una fruta marrón.

- Es una legumbre.

- ¿Estás seguro sobre eso?

No lo estaba.

Jessie cerró los ojos y se apretó el puente de su nariz. Aparentemente él estaba tan contento de estar sentado con nosotros, como yo lo estaba por tenerlos a ellos allí.

Mientras Elliot caminaba hacia el mostrador, permití que mis ojos lo recorrieran. Definitivamente él estaba en la secundaria, pero nunca antes lo había visto en Coldwater High School. Lo hubiera recordado. Él tiene una personalidad carismática y llevadera, de esas que no pasan desapercibidas. Si no me hubiera sentido tan trastornado, definitivamente me hubiera interesado para una amistad, o tal vez para algo más.

- ¿Vives por aquí? - Le preguntó Rachel a Jessie.

- Mmm.

- ¿Vas a la escuela?

- Al Kinghorn - Había un aire de superioridad en la manera en que él lo dijo.

- Nunca he oído de él.

- Es una escuela privada en Portland. Comenzamos a las nueve. - El levantó su manga y miró su reloj.

Rachel sumergió un dedo en la espuma de la leche y luego lo lamió.

- ¿Es cara?

Por primera vez, Jessie la miró directo a los ojos. Sus ojos se estrecharon, mostrando un poco de blanco alrededor de los bordes.

- ¿Eres rico? Apuesto que lo eres - ella dijo.

Jessie miró a Rachel como si ella hubiera matado una mosca en su frente. Empujo su silla hacia atrás, distanciándose de nosotros.

Elliot regresó con una caja con media docena de donas.

- Dos cremas de vainilla para la dama y el caballero - él dijo, empujando la caja hacia mí - y cuatro glaseadas para mí. Supongo que me tengo que llenar ahora porque no sé cómo es la cafetería de Coldwater High.

Rachel casi escupe su leche.

- ¿Vas al Coldwater High?

- Comenzaré hoy. Me acabo de transferir del Kinghorn.

- Kurt y yo vamos a Coldwater High - dijo Rachel - Espero que aprecies tu buena suerte. Cualquier cosa que necesites saber, incluyendo a quién deberías invitar para el baile de primavera, solo pregunta. Kurt y yo no tenemos pareja… todavía.

Decidí que era tiempo para separarnos. Jessie estaba obviamente aburrido y molesto, y el estar en su compañía no ayudaba a mí ya agotado ánimo. Hice un gran espectáculo mirando al reloj de mi celular y dije:

- Será mejor que nos vayamos a la escuela, Rachel. Tenemos que estudiar para el examen de bilogía. Elliot, Jessie; fue un placer conocerlos.

- Nuestro examen de bilogía es para el viernes - dijo Rachel.

Mi interior se estremeció, pero aun así sonreí entre dientes.

- Correcto. Me refería a que tengo un examen de inglés. Las obras de… Geoffrey Chaucer - Todo el mundo supo que estaba mintiendo.

De una manera lejana, mi rudeza me molestó un poco, especialmente porque Elliot no había hecho nada para merecerlo. Pero no quería estar sentada aquí por más tiempo. Quería seguir adelante, distanciándome de lo que paso anoche. Tal vez la desvanecida memoria no era tan mala después de todo. Mientras más temprano olvidara lo que pasó, más rápido mi vida volvería a retomar su normalidad.

- Espero que pases bien tu primer día de clases y quizá nos veamos en el almuerzo - le dije a Elliot. Luego tomé a Rachel por el codo, la obligué a levantarse y la conduje hasta la puerta.

El día escolar casi se había acabado, solo quedaba biología y me dirigí a la clase después de que hiciera una parada rápida en mi casillero para cambiar los libros. Rachel y yo llegamos antes que Blaine, ella se deslizó en su silla vacía y buscó en su mochila, sacando una caja de caramelos picantes.

- Por aquí va una fruta roja - ella dijo, ofreciéndome la caja.

- Déjame adivinar… ¿La canela es una fruta? - Alejé la caja.

- Tampoco almorzaste - dijo Rachel, frunciendo el entrecejo.

- No tengo hambre.

- Mentiroso. Siempre tienes hambre. ¿Esto tiene que ver con Blaine? ¿No piensas que él de verdad te está acosando, verdad? Porque anoche solo estaba bromeando con todo ese asunto en la biblioteca.

Comencé a masajearme circularmente las sienes. El sordo dolor que tomó por residencia mis ojos aumentó por la mención de Blaine.

- Blaine es lo menos que me preocupa - dije.

Eso no era exactamente cierto.

- Mi asiento, si no te molesta.

Rachel y yo miramos simultáneamente al sonido de la voz de Blaine.

El sonó lo suficientemente simpático, pero siguió observando a Rachel mientras colgaba su mochila en su hombro y parecía que ella no se podía mover lo suficientemente rápido porque él movió su brazo hacia el lado, invitándola a que se saliera del medio.

- Luciendo bien, como siempre - él me dijo mientras se sentaba en su silla. Se recostó en ella, extendiendo sus piernas. Sabía que era bajo, pero nunca me había puesto a medirlo. Ahora, mirando sus piernas, supuse que él medía más de uno setenta. Quizá uno setenta y tres.

- Gracias - respondí sin pensar e inmediatamente quise retirar lo dicho.

¿Gracias? De todas las cosas que pude haber dicho, 'gracias' era la peor. No quería que Blaine pensara que me gustaban sus cumplidos. Porque no me gustaban…la mayor parte de ellos. No se necesitaba mucha percepción para darme cuenta que él era problemático y ya tenía demasiados problemas en mi vida. No tenía necesidad de invitar más. Quizá si lo ignoraba, eventualmente él dejaría de intentar iniciar conversaciones y entonces podríamos sentarnos uno al lado del otro en silenciosa armonía, como los demás compañeros del salón.

- También hueles bien - dijo Blaine.

- Se llama tomar una ducha - Yo estaba mirando directamente hacia el frente. Cuando él no contestó, miré hacia el lado - utilizas Jabón. Champú. Agua caliente.

- Y te desnudas. Sé el proceso.

Abrí mi boca para cambiar el tema, pero la campana me interrumpió.

- Aparten sus libros - dijo el entrenador desde detrás de su escritorio – Les voy a repartir un examen corto para prepararlos para el examen del viernes - Él se detuvo frente a mí, lamiendo sus dedos mientras intentaba separar las hojas de los exámenes - quiero quince minutos de silencio mientras responden las preguntas. Luego, discutiremos el capítulo siete. Buena suerte.

Trabajé con las primeras preguntas, respondiéndolas con un rítmico desplazo de hechos memorizados. Si no fue otra cosa, el examen robó mi concentración, apartando el accidente de anoche y la voz que cuestionaba mi salud mental. Haciendo una pausa para quitarme el calambre que le había dado a la mano con la que escribía, sentí que Blaine se inclinaba hacia mí.

- Te ves cansado. ¿Tuviste una noche agitada? - Susurró.

- Te vi en la biblioteca - tuve el cuidado de mantener mi lápiz moviéndose sobre mi examen, pareciendo que estaba trabajando duramente.

- Lo más destacado de mi noche.

- ¿Me estabas siguiendo?

El movió su cabeza hacia atrás y rió suavemente.

Intenté otro ángulo.

- ¿Qué estabas haciendo allí?

- Buscando un libro.

Sentí los ojos del entrenador sobre mí y me dediqué a mi examen. Después de contestar otras cuantas preguntas, miré disimuladamente a la izquierda y me sorprendí al descubrir que Blaine me estaba mirando. Él sonrió.

Mi corazón dio un inesperado vuelco, sorprendida por su extrañamente atractiva sonrisa. Para mi horror, estaba tan desconcertada, que se me calló el lápiz, rebotó varias veces sobre la mesa y luego rodó hasta el borde. Blaine se dobló para tomarlo, lo sostuvo en la palma de su mano y tuve que concentrarme en no tocar su piel mientras lo tomaba.

- Después de la biblioteca – susurré - ¿a dónde fuiste?

- ¿Por qué lo preguntas?

- ¿Me seguiste? - Exigí en tono bajo.

- Luces un poco agitado, Kurt. ¿Qué pasó? - sus cejas se juntaron con preocupación, pero era todo fingido porque había un brillo burlón en el centro de sus ojos avellana.

- ¿Me estas siguiendo?

- ¿Por qué querría perseguirte?

- Contesta la pregunta.

- Kurt - la advertencia en la voz del entrenador hizo que me volviera a concentrar en mi examen. Pero no pude evitar especular sobre cuál hubiera sido su respuesta y eso hizo querer alejarme de Blaine, estar lejos de él en el salón. Al otro lado del mundo.

El entrenador hizo sonar su silbato.

-Se acabó el tiempo. Pasen sus exámenes al que está en frente. Esperen preguntas similares en el examen del viernes. Ahora - él juntó sus manos y el sonido seco que causó, hizo que me estremeciera - a la lección de hoy. Señorita Berry ¿Puede adivinar cuál es el tema de hoy?

- S-e-x-o - anunció Rachel.

Precisamente, luego de que ella hablara, yo me desconecté. ¿Blaine me estaba persiguiendo? ¿Era su cara la que estaba tras la máscara de esquiar, si es que había una cara tras ella? ¿Qué quería él? Abracé mis codos, sintiendo súbitamente frío. Quería que mi vida volviera a ser como era antes de que Blaine irrumpiera en ella. Al final de la clase, detuve a Blaine antes de que se fuera.

- ¿Podemos hablar?

Él ya estaba parado, así que se sentó en el borde de la mesa.

- ¿Qué pasa?

- Yo sé que tú tampoco quieres sentarte conmigo y creo que el entrenador consideraría cambiar nuestros asientos si tú hablas con él. Si le explicas la situación…

- ¿La situación?

- Nosotros no somos… compatibles.

El pasó su mano sobre su mandíbula, un calculador gesto con el cual ya me he familiarizado en el poco tiempo que he ido conociéndolo.

- ¿No lo somos?

- No es una novedad.

- Cuando el entrenador me pidió las características que deseo en un compañero, le di las tuyas.

Mi boca se abrió levemente.

- Retira lo dicho.

- Inteligente. Atractivo. Vulnerable. ¿No estás de acuerdo?

Él estaba haciendo esto con el único propósito de contrariarme y eso solo me puso más nervioso.

- ¿Le pedirás al entrenador que nos cambie de asiento o no?

- Paso. Empiezas a gustarme.

¿Cómo se supone que respondiera a eso? Obviamente su objetivo era que yo reaccionara, lo cual no era difícil porque nunca sabía cuándo él está bromeando o hablando en serio.

Traté de que mi voz sonara tranquila.

- Creo que estarás mejor sentado con otra persona y creo que lo sabes - sonreí tenso, pero cortésmente.

- Creo que podría terminar sentado con Rachel. - su sonrisa parecía igual de cortés que la mía - No voy a presionar mi suerte.

Rachel apareció al lado de nuestra mesa, mirándonos a mí y a Blaine.

- ¿Interrumpo algo?

- No - dije, cerrando mi mochila. - Le estaba preguntando a Blaine sobre la lectura de esta noche. No recuerdo cuáles fueron las páginas que el entrenador asignó.

- La asignación está en la pizarra, como siempre. Como si no lo hubieras leído - dijo Rachel.

Blaine rió, pareció que estaba compartiendo una broma privada con él mismo. Sin ser la primera vez, deseé saber qué él estaba pensando. Porque a veces estaba completamente segura de que esas bromas tenían todo que ver conmigo.

- ¿Algo más, Kurt?

- No – dije - te veo mañana.

- Eso espero - El guiñó. De verdad guiñó.

Después de que Blaine estuviera lo bastante lejos par que no pudiera escuchar, Rachel agarró mi brazo.

- Buenas noticias. Anderson. Ese es su apellido. Lo vi en la lista del entrenador.

- ¿Y eso es algo por lo cual debería alegrarme porque…?

- Todo el mundo sabe que los estudiantes tienen que registrar en la enfermería las medicinas recetadas - ella tiró del bolsillo frontal en mi mochila, en donde yo guardaba mis píldoras de hierro - además, todo el mundo sabe que la oficina de la enfermera esta convenientemente localizada dentro de la oficina principal, donde, da la casualidad, están también guardados los archivos de los estudiantes.

Con los ojos brillantes, Rachel enlazó su brazo con el mío y me arrastró hacia la puerta.

- Es hora de hacer trabajo detectivesco de verdad.


Gracias Por Leer :D