¡Hola nuevamente! Aquí acerco un nuevo capítulo de mi delirio.

Disclaimer: El potterverso le pertenece a Rowling.

Advertencia: planteo la perspectiva de los Slytherin, así que puede herir susceptibilidades.

Editado: 15/03/2018


Una mirada extranjera

—¡Increíble!, no puedo creerlo, parecen unas perras alzadas, todas y cada una de ellas, ¿has visto su comportamiento? besan la tierra que pisa, y de los hombres mejor no hablemos, todos siguiendo a las señoritas de Beauxbatons.

Aunque sus palabras eran en búlgaro, su mirada y su ceño fruncido dejaban en claro la seriedad de sus quejas y disgusto.

—¿Eres tú la que habla o son tus celos, querida Mariska?

—¡Eh! ¿Celos?! ¿Por qué tendría celos?

—No te preocupes, mi querida— dijo mientras avanzaba hacia la pelirroja—, yo siempre seré tu esclavo y humilde servidor— concluyó con una exagerada reverencia hacia ella.

—¡Ya calla, Dimitri! No ves que intento estudiar— respondió abriendo con enojo un tomo de Criaturas Mágicas del Bosque Negro.

—Fuiste tú la que comenzó el diálogo, mi bella Mariska, aunque… si lo que quieres es estudiar, te sugiero que pruebes yendo a la biblioteca, no está nada mal, o mejor aún, deja esta Bodega y sal un poco, socializa.

—¡Ni en sueños! Ya te he dicho que detesto a las estudiantes de Hogwarts, son muy escandalosas, y Viktor suele pasar horas en la biblioteca rodeado de su horda de fanáticas que no dejan de chillar, es imposible concentrarse con esas ahí.

Mientras hablaba, abría un pergamino y se disponía a hojear el libro. Tenía la intención de aprender qué tipo de creaturas habitaban el Bosque de Hogwarts antes de explorarlo..

—¿Víktor? ¿En la biblioteca?— preguntó Dimitri pensativo—. Estás de broma, no digo que sea un holgazán pero tampoco es tan aplicado como para que decir que pasa horas ahí.

—Debe ser por la prueba. Seguro busca algo que le sea útil— dijo casi perdida en sus propios pensamientos. Comenzaba a concentrarse en su lectura.

—Puede ser pero…— dio un salto que llamó la atención de la pelirroja una vez más—. No sé, no es propio de él. Si fuera sólo por el Torneo, te hubiera preguntado a ti.

Se recostó sobre la barra del bar de la bodega que oficiaba de salón comedor, sala de estudio y punto de encuentro mientras habitaran el buque mágico.

—Tal vez no quiere preguntarme porque prefiere hacer las cosas por sí mismo. Recuerda que es orgulloso y obstinado la mayor parte del tiempo.

—En fin, lo veremos en la cena, ahí me sacaré las dudas— concluyó y cerró sus ojos.

Se dispuso a dormitar mientras su amiga de ojos verdes estudiaba cerca de él.

La comitiva de Durmstrang estaba compuesta por jóvenes bravíos, inteligentes, rudos, temibles, competitivos y un largo etcétera que sólo Igor Karkarov podría terminar de describir. De entre todos ellos, Mariska Romanov y Dimitri Poliakov eran para Viktor Krum lo más cercano a 'buenos amigos' ahí dentro, casi hermanos de la vida gracias a todo el tiempo que llevan compartiendo dentro y fuera de la escuela. Si hubiese dependido pura y exclusivamente de Karkarov, de absolutamente todos los que fueron, se hubiera conformado con Krum y Romanov quienes, según sus palabras, eran el cuerpo y la mente de Durmstrang, pero sabía que ninguno de los dos se hubiera movido sin la compañía de Poliakov, así que lo trajo con ellos.

La vida en el Buque Mágico podía ser placentera siempre y cuando se pudiera pisar tierra firme en algún momento. Poliakov sufría de claustrofobia, para combatirla se sumergía en los libros que Mariska había traído consigo, ella oficiaba de enfermera y consejera en sus peores episodios, tratando de hacerle olvidar dónde se encontraba. Viktor, por su parte, sólo deseaba montar su escoba y dejar atrás el mundo y las expectativas ajenas cada vez que podía y por eso solía perderse durante horas en el horizonte antes de volver a cubierta. Ahora, tras haber llegado y ser elegido campeón, se dispuso a averiguar todo lo necesario en el tiempo requerido, aprender para sobrevivir.

Karkarov no dejaba de perseguirlo, largándole información que él no deseaba. Él quería jugar limpio, ganara o perdiera sería con honor. Se disponía a pedirle consejo a su amiga cuando la vio a ella, a la pequeña castaña que colaboraba en la biblioteca y que le robaba varios suspiros y la totalidad de sus miradas.

Siempre estaba sola y rodeada de libros, algo que resultaba en extremo intimidante. Nadie se le acercaba y podía sentir que muchos parecían rehuirla. Aunque se sentaban en la misma mesa durante las comidas, ella siempre estaba aislada, separada por un mínimo de tres espacios vacíos, con la ensordecedora compañía de un libro a su lado. Nada lograba que desvíe la mirada, ni los ruidosos compañeros de la casa de Gryffindor, ni las risas de Hufflepaff. Ella siempre estaba con la cabeza gacha, alimentándose automáticamente sin quitar sus ojos de las páginas. Su perfecta coordinación lo tenía maravillado.

—¡Hey! ¡Camarada! Estuviste desaparecido todo el día, ¿qué te entretiene? — inquirió Poliakov mientras se sentaba junto a él y tomaba un trozo de pan.

—Estuvo molesto todo el día, ¿podrías hacer el favor de llevarlo contigo la próxima vez? — agregó Mariska al tomar asiento frente a ellos.

Ella se servía delicadamente, con movimientos dulces y estructurados, dignos de alguien que fue educada en las más altas esferas de ambos mundos. Era el perfecto contraste respecto a Dimitri que, sin llegar a ser grotesco, consumía sus alimentos sin atender al perfecto protocolo de su amiga.

—Estuve estudiando, investigando…— balbuceó mientras revolvía su plato.

—Sí, sí… en la biblioteca…— completó Poliakov y agregó con picardía—: pero ¡vamos! ¿cuál es tu objeto de estudio? o me atrevo mejor a preguntar ¿quién es el objeto del deseo?

La mirada cómplice y traviesa de Dimitri provocó un par de insultos por parte de Viktor. El buscador miró a su alrededor, no llegaban aún todos sus compañeros, los pocos que estaban se habían mezclado con algunos de Hogwarts y junto a ellos había sólo slytherins: un rubio platinado, otro moreno que no paraba de reír y un tercero delgado y de ojos azules que cenaba sin levantar la vista ni atender a nadie. Como seguían hablando en búlgaro, no se preocupó en seguir la conversación de su amigo.

—Nadie que te interese.

—Entonces hay alguien— respondió de inmediato Dimitri.

El comentario llamó la atención de Mariska quien se unió a la conversación.

—¿Alguien te tiene abstraído, Krum?

La pelirroja no recordaba haber escuchado nunca nada parecido por parte de su amigo. Siempre le insistió para que conociera a alguna de sus compañeras de estudio o conocidas del mundo mágico pero él simplemente decía que no o se reservaba las palabras. Esto era nuevo y muy, muy interesante. Pensaba que debía prestar atención a las intuiciones de Poliakov, él tenía el tacto personal del que ella carecía completamente.

Víktor miró intuitivamenta hacia la esquina cercana a la puerta de entrada del salón comedor. Ahí estaba la bruja de cabello alborotado, ajena a todo lo que ocurría a su alrededor. Sus dos amigos siguieron la dirección de sus ojos y no podían esconder su sorpresa.

—Pero miren nada más— dijo sorprendida Mariska—, no sabía que te gustaran las niñas, ¿sabes que podrías meterte en problemas por pedofilia?

El rostro de Viktor permaneció impávido. Tomó en cuenta la edad de la chica desde el comienzo, resultaba evidente que era bastante menor que él pero, aun así, no podía evitar sentirse atraído.

—No es tan pequeña como para ser un crimen— respondió como un latigazo.

—¡Entonces lo confirmas! — gritó Poliakov que volvía a la conversación luego de devorar un par de trozos de carne.

Ambos amigos comenzaron a reír profusamente de un avergonzado Viktor Krum que se hundía en su plato.

—¿Por lo menos sabes su edad?, ¿cómo se llama?, ¿algo?

La pequeña inquisición estaba en manos de Mariska, Dimitri escuchaba a la par que atacaba un trozo de tarta. No había duda alguna que la cocina de Hogwarts era deliciosa.

—No, no he tenido tiempo de hablarle.

—¿No has tenido tiempo? Pero si esa es la niña que…

—¡Deja de decirle niña! — gruñó Krum.

—Está bien, está bien…— carraspeó Marisca para disimular su sonrisa—. Esa es la bruja que trabaja en la biblioteca y tú te la pasas ahí. ¿Me dirás que en todo este tiempo no tuviste una sola oportunidad de acercarte a ella o de escuchar su nombre cuando sus amigos la buscan?

Se tomó un instante antes de responder hasta que finalmente se rindió a la verdad.

—No soy como ustedes, no… no sé hablar con desconocidos…— resolvió mientras se acomodaba en su asiento.

La respuesta volvió a sorprender a la pelirroja por segunda vez, sin duda era una noche de sorpresas. Su hermano de la vida estaba admitiendo que se sentía atraído por una chica relativamente extraña y, a la vez, reconocía que él era tímido. Algo así nunca había pasado porque nunca le había importado al mago.

—Eso no debería sorprenderte— dijo Poliakov con la boca cargada—, siempre has sido así, camarada.

—Ella… ella parece no tener amigos, siempre está sola, incluso ahora…

Si bien hablaban en búlgaro, Draco Malfoy entendió que el objeto de la conversación no era otra que Hermione Granger por las miradas que los tres estudiantes de Dumstrang daban en su dirección. Decidió congraciarse con su jugador estrella favorito y con la hermosa joven que siempre lo acompañaba.

—¡Disculpen! – dijo interrumpiendo a Krum—, ¿tienen curiosidad por la paria de la casa Slytherin? — la arrogancia en su voz era palpable.

Viktor no hablaba bien español, Dimitri sabía suficiente como para sobrevivir pero Mariska conocía el idioma a la perfección como para entender a qué se refería con 'paria'.

—¿Disculpa? — preguntó la joven cortésmente y con cierta sorpresa.

—No deben preocuparse por aquella. Es la vergüenza de nuestra casa, no debería estar aquí. Si fuera por nosotros, hace tiempo la hubiésemos echado de la escuela.

—Habla por ti, Malfoy— corrigió Zabini con el ceño fruncido, había dejado de reír en cuanto el rubio comenzó a hablar.

—¿Me dirás que ahora quieres que se quede? — preguntó con sorpresa.

El moreno levantó sus hombros desmereciendo las palabras de Draco y agregó:

—No molesta y nos da suficientes puntos como para remediar todas tus metidas de pata por Potter. Así que por mí, puede quedarse.

—¡Ajjj! Zabini, cada día te entiendo menos.

—Este…— comenzó a articular Viktor, buscaba las palabras en su mente, buscaba armar la frase. Malfoy no podía creer que su jugador favorito le dirigiera la palabra así que silenció a sus compañeros para escucharlo con atención—. ¿Por qué dices que es… una 'paria'?

—Porque Hermione Granger es una sangresucia— soltó con vehemencia.

Los tres enmudecieron y Krum hizo una mueca de absoluto desagrado que Malfoy interpretó como aliento a sus juicios.

—La muy perra entró a Slytherin el mismo año que nosotros— señaló a los dos que tenía frente a él —. Nadie entiende por qué pero decidió quedarse a pesar de todos nuestros esfuerzos por hostigarla para que se fuera. Debo reconocerle la obstinación pero eso no le quita la inmundicia…

El joven rubio seguía con sus insultos. Poliakov desvió su mirada hacia un costado y Krum tenía sus ojos fijos en el idiota que no paraba de hablar, si hubiera tenido un mínimo de instinto de supervivencia hubiera notado el halo asesino del jugador búlgaro. Por su parte, el joven delgado de cabello negro y ojos azules simplemente apartó su plato aún sin terminar, se levantó y retiró sin emitir sonido alguno. Mariska se preguntaba cuánto más podía llegar a tolerar Viktor antes de levantarse y propinarle un puñetazo al suicida que tenían de interlocutor.

—… ni siquiera el jefe de nuestra casa la respeta. Si hubieran escuchado como la trataba el primer año, ¡ja! tuvo que aprender a callarse, ahora por lo menos no escuchamos su patética voz muggle en el salón de clases. Pensar que nuestra sala común se ve contaminada por su presencia sólo hace que me dé escalofríos, debería haber una poción o encantamiento que permita asegurarse la sanidad de los espacios, ¿no creen? Aunque imagino que ustedes en Durmstrang no tienen estos inconvenientes. Menos mal que en algunas partes del mundo mágico existe algo de cordura porque…

Eso fue suficiente para colmar la paciencia de Krum, sus puños ya estaban cerrados. Poliakov puso su mano sobre el hombro de su amigo antes de que éste decidiera levantarse de golpe.

—Creo que entendemos lo que dices… disculpa… ¿tu nombre? — interrumpió Mariska a Draco con su dulce voz.

—¡Oh! ¡Qué modales los míos! Draco Malfoy. Entiendo que no me recuerdes del primer día, yo fui el que te cedió el asiento.

—Entonces disculparás mi descuido, ese día fue en extremo intenso— él sólo asentía bobamente mientras ella hablaba—. Ahora dime, ¿en qué año estás?

Mariska sabía cómo manejar esas situaciones con niñitos mimados que sólo piensan en el estatus social y el dinero. Creció en ese ambiente, se le enseñó a moverse en esas aguas y podía manejarse sin problemas.

—En cuarto, nací el 05 de junio de 1980, mi familia es una de las sagradas veintiocho— dijo a toda velocidad y con orgullo.

Blaize Zabini, que se había sumergido en su cena en el preciso instante en el que Draco Malfoy comenzó su perorata, no pudo más que reír al escuchar la última intervención.

—¿De qué te ríes Zabini? — preguntó con enojo Draco.

—De tu estupidez Malfoy, de tu estupidez— respondió meneando la cabeza mientras reía socarronamente, se levantó de manera educada, hizo una sutil reverencia hacia Mariska y continuó—: Mi señora, le ruego me disculpe; caballeros, con su permiso.

Así se despidió de los tres durmstrangs siguiendo el camino que anteriormente había seguido el chico de cabello negro y ojos azules.

Gregory Goyle y Vincent Crabbe llegaban justo a tiempo para ocupar los lugares que Zabini y Nott habían dejado libres. Viktor había tenido más que suficiente y sus dos amigos estaban de acuerdo por lo que se levantaron y se retiraron. La única que se dignó a saludar fue Romanov, por simple cortesía. Malfoy se encontraba extasiado por haber conversado con sus ídolos del momento, no sólo se trataba del mejor buscador del mundo y de una de las bellezas de Europa del este, sino que eran de Durmstrang, la escuela a la que él hubiera ido si no fuera por su madre.

Mientras caminaban hacia la salida, los tres miraron de reojo a Hermione que se encontraba sumida en su lectura, parecía absorta en el conocimiento que estaba adquiriendo. Sólo Poliakov pareció percatarse que bajo la mesa, la joven movía su varita en dirección a Draco quien, instantes después, gritaba porque la sopa se había volcado sobre su pantalón.


Observaciones: y aparece mi búlgaro favorito. En los próximos capítulos me detendré un poco más en sus dos amigos, cierto apellido debería resonar en ustedes. Zabini y Nott, Nott y Zabini... ambos van dejando pequeñas migajas de pan que sólo cobrarán sentido en su futuro.

Espero les haya gustado ¿Algún review que alimente esta historia?

¡Gracias! =)