Capítulo 4.

En otro lado del castillo, James había llegado a la torre de astronomía sin siquiera planearlo. Su inconsciente lo había llevado a un lugar donde estuviera tranquilo, y donde difícilmente fueran descubiertos por Filch. Lily tenía buen rato que se había callado, ya no pataleaba ni le golpeaba la espalda. Era más pequeña y liviana de lo que algún vez se había planteado. La había cargado por bastante tiempo mientras caminaba, y apenas si estaba comenzando a cansarse. La hizo botar bruscamente mientras cruzaba el último peldaño para asegurarse que estuviera despierta.

—¡Eh! Ten más cuidado— respingó esta, y James no pudo evitar una sonrisa.

Comenzó a bajarla con cuidado hasta pararla sobre el suelo. Jamás la había tenido tan cerca. Parecía aún más pequeña a su lado, fácilmente podría llevarle una cabeza de altura, y no pudo evitar apreciar sus expresivos ojos verdes, que eternamente estaba contorneados en un negro intenso.

—¿Estás bien?

—Claro que estoy bien, zoquete —murmuró esta, sosteniéndole la mirada, —solo déjame en paz.

Con una mano hizo que la soltara, pero cuando Lily dio el primer paso se tambaleó tanto que James tuvo que correr a detenerla antes que cayera al suelo.

—No, parece que no estás bien —dijo mientras la ayudaba a sentarse en el suelo, recargada en un muro. — ¿Cuánto tomaste?

—¿Cuánto tomaste? —dijo imitando su voz. —¿Qué te importa? Nadie te pidió tu ayuda.

—Lo sé que nadie me la pidió. Pero me preocupo por ti, Lily.

—No me hagas reír —se burló conteniendo una risa.

James tuvo que entrecerrar los ojos, para aguantarse las ganas que tenía de gritarle que no le interesaba en lo más mínimo. Pero, de repente, observó cómo esta iba cerrando sus ojos lentamente, y no pudo evitar admirar lo linda que se veía. Sin toda esa dureza en su rostro y la mirada de desprecio, hasta parecía una dulce chica. Sus labios húmedos estaban entre abiertos y tuvo que tragar saliva para aguantar el impulso que le había venido de repente. También había consumido alcohol, y aunque no se sentía siquiera mareado, el efecto si logró que no pudiera evitar pasar sus ojos por el cuerpo de Lily. Dudaba que volviera a tener una oportunidad como aquella, ya que siempre lucía túnicas más grandes de lo normal.

Sus piernas estaban cruzadas y su plano estómago, apenas si se contraía. Parecía duro como el acero, mientras se asomaba una piel deliciosamente blanca, parecía tan suave que estuvo a punto de pasar un dedo por esa área solo para comprobar si realmente se sentía como se veía. Pero tuve que contener el aliento cuando levantó aún más la vista, y descubrió que unos endurecidos pezones se asomaban por debajo de la camisola.

Se removió nervioso donde se había sentado, tratando de disimular la protuberancia que de repente había surgido en sus pantalones.

—Lily, despierta, no puedes quedarte dormida —murmuró golpeando suavemente su mejilla.

—¿Por qué no? —preguntó ella abriendo los ojos lentamente.

—Porque si te duermes borracha, entonces despertaras con resaca el día de mañana. Debes esperar un poco —agregó, sin apartar la mano de la suave mejilla de ella. Era verdad, tenía una piel muy tersa. No pudo contenerse a acariciar suavemente aquella área de su lechosa piel.

—¿Por qué te estas portando bien conmigo? Si casi siempre eres un cretino.

Aquella pregunto lo había agarrado desprevenido, era lógico que no podía responderle con la verdad. Así que apartó la mano de su cara, para girarse un poco y también apoyarse en el muro a su lado.

—Pues porque… porque me agradas.

—¿Te agrado? ¿Alguna vez te ha agradado alguien más aparte de tus tres amigos? —murmuró volviendo a ese tono habitual tan despectivo que utilizaba siempre. —Porque tengo entendido que lo único que te la has pasado haciendo estos siete años es, teniendo chicas, rompiendo el corazón de las chicas, teniendo problemas con los de Slytherin… bueno, teniendo problemas con todo mundo en general. Te he visto más veces en la oficina de Dumbledore que en clase.

James no pudo evitar soltar una risita. Era cierto. Todo era cierto. No sabía si la risa era por nerviosismo por no saber que inventar, o porque le sorprendía que ella le hubiera puesto tan siquiera un poco de atención.

—¿Así que me ves? ¿Y te gusta lo ves? —preguntó con arrogancia estirando un poco el cuello.

Eso ganó una risa burlona de Lily.

—No te hagas ilusiones, amigo. Te veo como he visto al resto de tu calaña por siete años, cada día, durante siete años —repitió como si lo último no hubiera quedado claro. —Es un largo tiempo como para pasármela ignorando a todo mundo.

—Esa es una buena respuesta si quieres evitar mi pregunta. Sé que tengo ese efecto en las mujeres, pero bueno… ¿Qué vamos a hacerle? —murmuró provocando unos ojos en blanco por parte de Lily. —Sin embargo, yo sí veo con atención a la personas. Sí, también a ti —agregó respondiendo la pregunta que Lily estaba por formular, así que esta se quedó callada escuchando, por primera vez. Eso debe ser bueno, pensó James. —He visto que eres una chica bastante ruda… pero que al mismo tiempo puede dar un baile muy sensual, hasta dejarme con la boca abierta, y con un amigo un tanto… alborotado.

La pelirroja soltó una fuerte carcajada producto de la borrachera, así que James tuvo que saltar de repente tapándole la boca para evitar que Filtch apareciera.

—¿Podrías ser más discreta? Lo mínimo que espero es que no despiertes a todo el colegio.

La boca de Lily estaba cubierta por su mano, pero sus ojos definitivamente reflejaban la diversión por la situación. James estaba lo bastante cerca como para quitar su mano y besarla, pero eso solo la asustaría, así que lentamente y tratando de no mirar la nueva parte de su piel que había quedado al descubierto, cuando el tirante de la camisola de había deslizado por su hombro por el forcejeo, se alejó lentamente.

Levantó la rodilla con la intensión de disimular un poco la erección que no quería bajar. Haber dicho aquello anteriormente, había provocado que Lily posara sus ojos en ese lugar, al descubrir la evidencia, ella misma se tapó la boca para evitar soltar una carcajada.

—No tenía idea de que provocara eso en los hombres de tu especie.

—Los hombres son hombres; no hay especies. Somos simplemente… hombres.

—Y a mí me gustan los hombres, ¿sabes? Sobre todo los de tu especie.

—Ya te dije que no hay especies, simplemente…—

No pudo continuar, porque de repente Lily se había acercado tanto a él, pasando los dedos por su brazo derecho que sintió un escalofrío por toda la columna. Dios. Vaya que lo estaba intentando, pero si Lily continuaba mirándolo de aquella manera no sabía cuánto podría soportar antes de bajarle el otro tirante de la camisola. Notó como sus pezones se endurecían una vez más por la cercanía, y como la pequeña y rosada boca de Lily cada vez se iba acercando más a él.

Se puso de pie de un salto. Lily lo miró desde abajo desconcertada.

—¿Qué pasó?

—Lo siento, no me aprovecho de mujeres borrachas.

—Ahora eres un caballero —gruñó con desagrado, antes de pasar por su lado y dirigirse a la salida de la torre de astronomía.

Mientras tanto, Remus buscaba con el mapa del merodeador en las manos, alguna señal de James, bueno, el castillo era bastante grande y mientras caminaba con la varita en la mano, también se aseguraba de fijarse en cada sección por si encontraba algo sospechoso. Iba pasando por enfrente de un salón vacío cuando se fijó en el mapa, que justo dentro se encontraba la chica que no estaba buscando pero que lo volvía loco: E. Carter. Estaba sola.

Lo pensó un momento, podría ser el momento indicado para acercarse a ella a hablar de lo sucedido anteriormente en la sala común, o podía seguir de largo en busca de su prima y su mejor amigo. Suspiró sin poderse decidir y al final, corrió rápidamente las páginas del mapa y, descubrió camino a la sala común de Gryffindor, unos pasos apresurados de , un poco detrás de ella un trataba de alcanzarla.

—Travesura realizada —murmuró con su varita en el mapa del merodeador, para después guardarlo dentro de sus pantalones.

Con todo el valor que tenía digno de ser todo un Gryffindor, y de enfrentarse cada mes a la luna llena, se dirigió al interior del salón vacío. Dentro descubrió a Emma sentada sobre un escritorio, observando la gran ventana que se levantaba mostrando la noche estrellada. Le daba la espalda, y parecía tan metida en sus pensamientos que no se percató cuando él ingresó en la habitación.

—¿Estas bien? —dijo Remus llamando su atención.

Se cabello castaño se balanceó cuando se dio la vuelta tan bruscamente, un delicioso aroma llegó a la lobunas fosas nasales de Remus.

—Eres tú —suspiró tomándose el pecho. —Me asustaste, pensé que sería un profesor.

—No te preocupes, soy solo yo.

—¿Cómo me encontraste? —preguntó Emma, bajando del escritorio.

—Podría decirse que fue… una casualidad. Busco a mi amigo James y, entré al aula a verificar que no estuviera aquí. Entonces te encontré.

Asintió con la cabeza en seña de comprensión, pero sin mirarlo a los ojos. Parecía muy apenada y comenzaba a dar pequeños pasos acercándose a él. Eso le pareció adorable a Remus, tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para acercarse nuevamente a la puerta y decir:

—Ahora que me aseguré que estás bien, me voy…

—No. No te vayas, por favor —lo detuvo con dulce mirada y quedas palabras.

Remus ya estaba con el pie fuera, pero al ver su expresión se maldijo por ser un caballero y no poder dejarla con las palabras en la boca.

—Siento mucho lo que pasó antes… yo… sólo fue un malentendido.

—No, Emma, no fue un malentendido. Me usaste —explotó Remus, como pocas veces lo había hecho. Se acercó unos pasos y trató de mantener el nivel de su voz. —Tú solo crees que por ser bonita puedes utilizar a los demás. Pero no. Yo no soy igual que los demás, yo… yo hice mucho por ti. Obligué a mi mejor amigo a que saliera con tu prima, solo para tener una cita contigo; organicé una fiesta en miércoles, solo para tener la oportunidad de pasar más tiempo contigo, no solo en la biblioteca. Y tú… tú me pagas utilizando todos mis recursos para salir con Anthony McMichael.

—Todo fue un malentendido.

—No. Si piensas que voy a seguir creyendo que…

Remus no pudo terminar la frase, que prometía ser bastante hiriente, porque Emma había acortado los pasos que los separaba para besarlo en los labios. Pensó que el alma se le caería a los pies. No podía con la emoción de estar besando, por fin, esos labios rojos. Trató de recuperarse y corresponder al beso tomándola de la nuca. Sus labios eran suaves y mejor de lo que lo había soñado. Emma se separó lentamente, sin apartarse un solo centímetro de su cuerpo y mirándolo directamente a los ojos.

—Fue un malentendido. No iba a salir con Anthony, él solo creyó que sí.

Trató de decir algo, por Merlín que trató que aunque fuera un susurro saliera de su boca. Pero solo se quedó con la boca ligeramente abierta, mientras Emma reía un poco nerviosa y le plantaba otro casto beso, para después comenzar a alejarse lentamente hacia la puerta.

Cuando Emma había salido del aula, el alma de Remus volvió a su cuerpo y solamente pudo soltar una risa haciendo al mismo tiempo, un gesto de victoria.

Por otro lado, cuando James ingresó a la sala común se sorprendió al darse cuenta que ya estaba desierta, si no fuera por los fuertes ronquidos que provenían de un sillón. Tendría que ser Colagusano, no había ninguna duda. Conocía esos ronquidos, podía identificarlos en cualquier lugar, tanto como la voz de Sirius diciéndole "cabrón".

Lily había desaparecido por las escaleras de las chicas llevándose el abrigo del chico –después de haber buscado su varita—; James se lo había quitado en un intento vano por cubrir el sutil cuerpo de ella, pero después de haberlo recogido del suelo unas tres veces, Lily había terminado por aceptarlo.

Se dejó caer en el sillón frente a Peter despertando al susodicho en el acto.

—¿Qué pasó? —se ahogó con su propio ronquido.

—Nada. ¿Por qué estás aquí? ¿Sirius está en la habitación, cierto?

Peter asintió todavía medio dormido, mientras se sentaba en el sillón.

—Parece que dormiremos en la sala común, otra vez, con Lunático. Por cierto, ¿dónde está? —preguntó mirando para todos lados.

—Fue a buscarte.

—Es bastante bueno en rastreo —murmuró James vagamente con un dejo de sarcasmo en la voz, cuando en ese momento entraba una apresurada Emma Carter por la puerta del retrato, perdiéndose en las escaleras de las chicas. —Ya veo por qué se le complicó.

Antes de que Remus llegara a la sala común, Sirius había bajado de la habitación de los chicos acompañado de Amelie Thompson. Iban bastante despeinados pero con una gran sonrisa en el rostro.

—Acompañaré a la señorita a la entrada de su sala común. Nos vemos más al rato —murmuró Sirius sin prestarles mucha atención.

Al día siguiente, a los estudiantes mayores se les había complicado tanto levantarse, que el gran comedor todavía estaba medio vacío. Los merodeadores estaban muy acostumbrados a dormir poco, después de sus salidas nocturnas cada luna llena, era común que aparecieran sin haber dormido nada. Por lo que estos se mantenían ya, en la mesa de Gryffindor disfrutando de un jugoso desayuno. Las ojeras eran evidentes pero la sonrisa de uno de los chicos centelleaba tanto en la oscuridad que eso terminó por molestar a James:

—¿Podrías borrar esa estúpida sonrisa? —dijo dirigiéndose a Remus. El cual ya estaba por terminar su avena.

—Lo siento, no puedo disimular mi alegría. ¡Por Merlín! ¡Me besó!

—Ya sabemos que te besó —se quejó Peter, con un codo sobre la mesa y al mismo tiempo deteniendo su cabeza. –Estuviste toda la mañana repitiendo lo mismo.

—Y sin embargo, estuviste a punto de retirarte del juego —agregó Sirius del otro lado de la mesa, aun sirviéndose una gran cantidad de huevos.

—Fue solo un momento de debilidad, creí que me había utilizado, pero cuando me la encontré en la sala vacía…Fue lo mejor que pude haber hecho, me alegra mucho que te hayas desaparecido, James.

James gruñó y señaló un lado de la mesa de Gryffindor, donde bien apartada de ellos, Lily compartía el desayuno con su mejor amiga. Lucía realmente de mal humor, mucho más de lo normal. Mantenía el ceño fruncido y por la manera en que movía sus labios, James juraba que estaba diciendo pestes de los hombres. Ya se imaginaba una cátedra, sobre que los varones eran más hormonales que las féminas, que primero te buscaban y luego te abandonaban, un discurso de algo por el estilo. Algo que realmente no le agradaba, no era lo que se dice un fan de ese tipo de mujeres, menos mal que solo tendría que seguir fingiendo que le gustaba sino, Remus no obtendría su cita y la sonrisa que no apartaba su rostro, desaparecería.

La primera clase que tenían era Transformaciones compartiéndola con los alumnos de Slytherin, quienes cuchicheaban entre ellos, mirando a James. Después de la fiesta de la noche anterior, los chicos de Ravenclaw se habían encargado de que todo el colegio supiera que James Potter había golpeado a Rob Nichols, porque le gustaba Lily Evans. James se dirigió a las butacas de atrás como siempre lo hacía, al lado de Sirius esperó a que iniciara la clase sin percatarse de lo que sucedía en el aula.

La actividad era simple, tenían que convertir sus propias sillas en artefactos de cocina. Para él era bastante fácil, y cuando todos sus compañeros se pusieron de pie, simplemente al segundo intento había logrado convertirla en un sartén. Sonrió con suficiencia, pero no tardó en darse cuenta que una luz roja pasó por un lado de su oreja, se giró sorprendido y descubrió a una Lily mirándolo fijamente desde el otro lado del salón con la varita en alto, y con un ceño fruncido que lo decía todo.

El hechizo había golpeado a un chico de Slytherin que de repente se había tirado al piso retorciéndose de dolor, siendo inmediatamente ayudado por la profesora McGonagall.

—Esa chica realmente te tiene un odio… —murmuró Sirius acercándose a él.

James todavía no apartaba sus ojos de Lily, que tampoco intimidada había bajado la mirada. Hasta que McGonagall chocó con su hombro interrumpiendo el contacto visual, pasado a su lado para llevar al chico a la enfermería.

—Parece muy enojada —se dirigió a Sirius que también miró a la chica, que ya se había volteado hacia su silla.

—¿Qué le hiciste ayer? Antes simplemente te ignoraba, pero ahora parece dispuesta a lastimarte.

—Te lo dije que era mala idea relacionarse con Lily Evans, es una experta en Encantamientos, me haría papilla con los ojos cerrados. Si no fuera por su mala puntería, ahora estuviera en la enfermería.

—No me has respondido, ¿qué le hiciste?

Sirius se cruzó de brazos esperando a que su amigo le dijera. James solo suspiró y tuvo que hablar, había estado tratando de guardárselo.

—Nada, eso fue lo que pasó, no hice nada— murmuró después de contarle la historia completa.

—¿No hiciste nada? —rio Sirius tomándolo del hombro. —Mi pequeño saltamontes, cuando una chica se te lanza tienes que responder como macho.

—Estaba ebria, Canuto. Podré ser el más cabrón de Hogwarts, podré ser un mujeriego y gastarle bromas pesadas a mis enemigos; pero si hay algo que tengo, son principios y a las mujeres las respeto. Ella estaba ebria, y nunca obligaré a una mujer a hacer algo que no quiere, mucho menos en su estado.

—No la estabas obligando a nada, ¡ella se lanzó!— repitió alzando los brazos, con sus ojos casi saliendo de sus cuencas.

—¿Qué sentido tenía? Se supone que debo salir con ella, ¿tú crees que saldría conmigo después de haberme aprovechado de su estado?

Sirius pareció pensarlo un poco, al final asintió.

—Investigaré qué puedes hacer.

Esa misma tarde, en la sala común de Gryffindor justo frente a la chimenea se encontraba Susan Parker. Disfrutaba todas las tardes, cuando la mayoría de las personas de la torre preferían ir a pasar un rato en las afueras del castillo o algunos hacían los deberes en la biblioteca. Ella no, ella prefería hacer los deberes durante el almuerzo, y disfrutar de la tranquilidad de la sala común cuando se encontraba desierta. Tenía entre sus manos un libro que le había prestado Lily: El fantasma de la Ópera. Normalmente no solía interesarle mucho la literatura muggle, pero de vez en cuando hacía sus excepciones y definitivamente Gastón Leroux se había robado su corazón de a poco.

—Reacciona Christine, Raoul no es para ti —murmuró pasando una hoja lentamente para después enfrascarse nuevamente en la lectura.

En ese momento, Sirius Black iba bajando las escaleras de la habitación de los chicos con un pergamino cuidadosamente doblado. Sonrió divertido por la ingenuidad de la chica, y guardándose el pergamino en el interior de su túnica se acercó.

—¿Quién es Christine?

Susan saltó de su asiento dejando caer el libro.

—Me asustaste —musitó con el corazón latiendo a mil por hora. No sabía si era por el susto, o por cierto personaje que le dedicaba una sonrisa coqueta.

—Lo siento. Te escuché hablar sola y solo quería asegurarme que no estuvieras loca —dijo recogiendo el libro del suelo y pasándoselo. —Entonces, ¿quién es Christine?

—Solo una corista de quien El fantasma de la Ópera está enamorado, pero ella prefiere a Raoul de Chagny, que por supuesto es más guapo pero muy ordinario.

Sirius rio para sus adentros. Si quería conseguir algo de esa chica, no podía reírse en su cara por la indignación que sentía por una novela totalmente ficticia. No entendía a las mujeres, les encantaba el drama, leer novelas y desquiciarse por los finales felices; por eso él simplemente prefería mantenerse alejado de las relaciones, divertirse de vez en cuando pero no mezclar nada de sentimientos ni formalidades.

—Seguramente Raoul tiene su lado interesante.

De repente, como si acabara de percatarse de con quién estaba hablando, Susan dio un respingo y abrazando el libro contra su pecho se puso de pie.

—No comprendo por qué estoy hablando de esto contigo. No pareces el tipo de hombres que disfruten las historias de amor.

—¿Qué no disfruto las historias de amor? —brincó Sirius fingiéndose ofendido y, tratando de disimular su sonrisa. —No puedes hablar de algo que no sabes, preciosa, realmente yo estoy muy interesado en El Fantasma de Ópalo…

—Ópera— corrigió de forma automática.

—Estoy tan interesado en las historias de amor que estoy en este planeta con una misión —continuó ignorando la interrupción. —Merlín me ha hablado en sueños y me ha dicho que Lily Evans y James Potter deben estar juntos —decía teatralmente pensando que quizá la chica sería tan fan de la cursilerías, que probablemente sería tan tonta como para tragarse el cuento.

—Que ridiculez —murmuró para su sorpresa, y luego caminando hacia las escaleras de las chicas se alejó.

Sirius tuvo que correr para alcanzarla antes de que se perdiera en la curva de las escaleras de caracol.

—Lo siento, soy un imbécil. La verdad es que a mi amigo le gusta tu amiga, y solo quería saber qué posibilidades hay de que vuelvan a entenderse.

A Susan le pareció de lo más lindo que el atractivo Sirius Black se estuviera rebajando para obtener un poco de información para su amigo, además se veía tan guapo parado en el pie de la escalera mirándole con esos ojos cual mercurio, que no pudo resistirse y regresar frente al fuego. Aunque fuera por esas razones, disfrutaría la compañía del chico que le había robado el sueño por tanto tiempo. Era su oportunidad y no iba a desaprovecharla.

—Te odia como Tom a Jerry, palabras textuales de la amiga —decía Sirius horas más tarde en la habitación de los chicos.

—¿Cómo Tom a Jerry? —preguntó James desde su cama donde ya estaba preparado para dormir. —¿Quiénes son?

Peter ya se encontraba roncando, mientras Remus se paseaba por la habitación arreglando el uniforme para el día siguiente.

—Tom y Jerry es un programa de televisión, en donde Tom es un gato y Jerry es un ratón, durante cada episodio Tom se la pasa queriendo comer a Jerry— dijo Remus de espaldas a ellos.

—¿Un qué?— preguntaron ambos chicos al mismo tiempo.

Remus volteó los ojos, dejando la corbata en un gancho.

—Olvídenlo.

—¿Qué voy a hacer? Se supone que debería tener una cita con ella, pero en cada una de las clases ha intentado matarme, no solamente en Transformaciones sino que en Cuidado de Criaturas Mágicas me ha lanzado un Escreguto de cola explosiva.

—Tranquilo, Cornamenta, algo se nos ocurrirá —lo animó Sirius desde el otro lado de la habitación.

—¿No es obvio? —preguntó Remus por fin lanzándose en su cama. Ambos chicos lo miraron sin entender. Soltó un suspiro de frustración y se acomodó mejor para abordar la explicación: —Ella se humilló, ¿no es así? Creo que para arreglar las cosas. Tú deberías hacer lo mismo.

—¿Humillarme? ¿Y cómo rayos voy a hacer eso?

—Yo que sé —alzó los hombros Remus. —Que el sabio saltamontes maduro te ayude.

Automáticamente James giró su cabeza en dirección a Sirius que tenía cara de espanto, pero captando la mirada de su mejor amigo la modificó a una inocente, y señaló la cama donde un Peter roncaba a pierna suelta.

—Creo que se refiere a Colagusano.


Hi, chicas!

Siento mucho la tardanza, lo que les comentaba en el capítulo anterior es que ahora sí, realmente no tengo tiempo para escribir, antes me daba mis momentos pero ahora... ahora sí que se me ha complicado mucho pues tengo dos meses sin escribir nada! nada! de ninguno de mis fics! y eso es preocupante. Por el momento les subo el cuarto capítulo de esta adaptación, y solamente queda uno para que se acabe mi reserva. *llora*

Me encantaría saber que piensan acerca de este capítulo, y como notarán cada vez se va alejando más de la película, así que estense preparados porque tengo muchas sorpresas.

¡Muchísimas gracias a las personas que han agregado a favs y follow! Pero especialmente a JinP, Rii-chan95, SerenaMileto y Vic, que se tomaron el tiempo para escribir un review y subirme los ánimos, ¡muchas gracias, chicas!

Nos vemos en la próxima

Besos, S.