Cicatrices

La misma rutina se repetía todas las mañanas, una multitud de alumnos, con semejantes expresiones adormiladas se adentraba en el Gran Comedor ansiosa por saborear el suculento desayuno, antes de empezar las exigentes clases. Las conversaciones se sucedían en susurros, pues el cansancio todavía pesaba para generar el alboroto propio de comidas y cenas.

Como todos los días, el trío Dorado, se mezcló en esa imparable rutina. Ron engullía con glotonería todo tipo de dulces, masticaba sonoramente y era lo único que Hermione podía oir, mientras removía la comida de su plato con la mirada perdida en ningún sitio.

Quería gritar, huir de allí en busca de soledad y aire fresco, lo único que deseaba, desde que el curso había comenzado, era alejarse de la frívola multitud que la rodeaba, de todos aquellos que eran sus amigos y no parecían comprender lo que sucedía, se sentía decepcionada y la necesidad de gritarlo parecía a punto de asfixiarla.

La determinación que había tomado se imponía, y Hermione se lamentaba en silencio, tratando de disimular su demacrada expresión, luchando por mantener una compostura que empezaba a aborrecer.

Harry sólo comía, mientras una maraña de sospechas se agolpaba en su mente, no decía nada, consciente de que sus amigos lo negarían de nuevo. Desvió la vista a la mesa de Slytherin, sin poder evitarlo, Draco Malfoy se sentaba con la espalda erguida y bebía de su vaso como si almorzase con la reina de Inglaterra.

Volvió la vista al frente amilanado por la irritada mirada de Hermione, ella podía adivinar lo que Harry pensaba y recordaba sus propias sospechas y cómo se había prometido descubrir la verdad. Malfoy la intimidaba de un modo en que nunca la habían intimidado, y la pragmática prefecta se decía que era débil, que había sido patético llorar frente a él y la posibilidad remota que parecía tener sentido, no era más que una invención de su contrariado corazón.

No siguió la mirada de Harry, y se negó a mirar al rubio, temerosa de encontrarse otra vez con esos ojos grises que se repetían en sus pesadillas y los recuerdos de aquella fría noche se mezclaban con la cara del Slytherin.

Respiró profundamente un par de veces antes de empezar a comer con timidez, tan absorta en recordar sus largas noches en vela que no se percató del modo en que Ron la miraba, de nuevo preocupado y de nuevo sin saber que decir.

El pelirrojo podía notar el modo en que Hermione se consumía día tras día, la veía más pálida cada vez, su enmarañado cabello había perdido brillo y unas preocupantes ojeras nacían bajo sus apagados ojos. Ya no sonreía y eso era lo que más asustaba al pelirrojo, todas aquellas incoherencias que acostumbraba a decir, sólo por el placer de verla reír, habían perdido efecto, ella no escuchaba, inmersa en su mundo, se alejaba de ellos sin pronunciar palabra.

Estaba frustrado, enfadado y refrenaba el deseo de preguntar a Hermione, pues no sabía cómo debía hacerlo, temía ofenderla como hizo de camino a Hogwarts.

-Hermione-Preguntó Harry con timidez, sacando a Ron de sus cavilaciones al tiempo que se llevaba el zumo de calabaza a los labios-, la tarea de Transformaciones…

La chica alzó la vista de repente y un rubor extraño se encendió en sus mejillas.

-¿Tarea?-Preguntó, como si jamás hubiese escuchado antes esa palabra- ¿Qué tarea?

Moreno y pelirrojo intercambiaron miradas sorprendidas, sus rostros desencajados escrutaron con atención a la muchacha a la espera de que ella afirmase que se trataba de una broma. Hermione Granger siempre hacía la tarea.

-El pergamino de cuarenta centímetros que McGonagall mandó ayer, esa tarea-Recordó Ron, tosiendo entrecortadamente al ahogarse con su apetecible zumo.

Hermione palideció, lo había olvidado, ni siquiera recordaba que le hubiesen mandado tal tarea, concentrarse en una clase no era ya tan fácil como parecía y la mente de la joven se escapaba sin querer, hasta que las palabras del profesor se tornaban meros susurros.

No pensó que la situación pudiese afectarle de ese modo, hasta el punto de dejar de ser quien era, de olvidar la piedra angular de su vida, todo esfuerzo, toda responsabilidad parecía inútil.

La castaña se puso en pie, sin retirar la mirada del plato, intacto.

-¡Oh, sí!-Contestó, mirando a Harry como si de una disculpa se tratase- Claro, ¿Dónde tengo la cabeza? Ahora te la traigo, Harry, disculpa.

La Hermione que era el año pasado lo hubiese dicho del mismo modo jovial y alegre, hubiese enarcado las cejas como ella acababa de hacerlo, la inflexión de voz hubiese sido la misma, pero ella hubiese sido mil veces más creíble. Salió del Gran Comedor sin decir nada, apresurándose por el pasillo, como una desesperada, en busca de la biblioteca.

Se encerraba allí por las tardes, buscando esa soledad que le servía de refugio, como siempre había hecho, cogía un libro, pero ya no lo leía, pasaba páginas, desganada, como si todas sus inquietudes hubiesen muerto con sus padres.

La biblioteca estaba vacía, nadie iba allí por las mañanas, era impropio hasta de alguien como ella, la sala seguía en penumbra, y se adentró en los pasillos con el recorrido aprendido de memoria. La sección de Transformaciones, segundo pasillo a la derecha, tres estanterías que llegaban hasta el techo y que versaban sobre el arte de la metamorfosis. Olía a libros viejos y a madera antigua, una fragancia que embriagaba a Hermione, relajaba su cuerpo y su alma, la hacía revivir momentáneamente mientras deslizaba su dedo por las rugosas tapas de los libros, acariciando los lomos en busca del correcto.

Tomó uno al azar al comprender que no recordaba sobre que debía escribir su redacción y tras varias ojeadas nerviosas a su reloj, tomó un par de libros más.

Los ojeó, y de nuevo ese aroma a sabiduría la tranquilizó, devolviéndola a la vida por un tiempo, Hermione pasaba el dedo por las páginas, mientras leía, y una sonrisa se formaba en sus labios aunque ella no pudiese notarlo.

La paz nunca era duradera y comprendió lo que pasaba, el cosquilleo alegre que la sacudía, mientras sus ojos vagaban con frenesí por las páginas del libro, de un modo feliz e inapropiado.

Hermione sintió culpa, no debía ser feliz, no podía un libro compensar por unos minutos la muerte de sus padres. Hermione se lo había impuesto a sí misma, se había decidido a ser desgraciada, y ya se había convencido de que no debería haber vuelto a Hogwarts.

El libro se estrelló contra la mesa, arrojado con violencia por las crispadas manos de la castaña, que arremetieron contra él como si se tratase de Bellatrix en persona. Un gruñido escapó de sus labios y volvió a golpearlo con fuerza, una y otra vez, sin importar el tintero que había caído al suelo ni la tinta que se extendía más allá de los cristales rotos. Los demás libros también cayeron y el que ella sostenía, versado en la transformación humana, parecía a punto de quebrarse en dos, pero eso tampoco la detuvo.

Hermione gritaba, maldecía y no era consciente de ello, no importaba si la señora Pince o quién fuese la encontraba, estaba enfadada porque ella merecía la misma suerte que ellos habían corrido y un mortífago, malnacido y cobarde, se había negado a complacerla.

-¿Granger?-No gritó, más bien fue un susurro sorprendido que ella escuchó perfectamente en la quietud que había más allá de sus gritos y arrojó el libro al suelo antes de alzar la vista, aterrada por lo que sabía que iba a encontrar.

-0-

-¡Mierda, Harry!-Masculló Ron, en cuanto vio la espalda de Hermione desaparecer en la distancia- Algo va realmente mal.

El moreno asintió, al ver lo inaudito de la situación, mientras su mirada seguía clavada en las puertas del Gran Comedor.

-Tal vez sólo lo ha olvidado-Conjeturó, apenas convencido cuando vio la pálida cara de su amigo.

La interminable variedad de dulces que ocupaban el plato de Ron perdieron de pronto todo su interés.

-Debemos hablar con ella, Harry-Comentó, fulminando con la vista a su amigo- ¿Crees que podría haber pasado algo y no nos ha contado?

Harry estaba seguro, aunque no quería creerlo, eran amigos y entre ellos había pocos secretos, estaba seguro de que si Hermione tuviese un problema, confiaría ciegamente en ellos.

-¡Vamos, Ron!-Se escandalizó el moreno, autoconvenciéndose- ¡Es Hermione! Ella nos lo contaría.

El pelirrojo asintió, pero su calma duró escasos segundos, una nueva idea cruzó su mente y se horrorizó todavía más.

-Y si… son cosas de chicas-Sugirió él, con un opresivo nudo en la garganta-. Ahora que mi hermana sale con Dean Thomas me fijo más en esas cosas. No come, ¿Has visto sus ojeras? ¡Tampoco duerme! Siempre está en su mundo-Enumeraba alzando un dedo cada vez, persuasivo. ¿Y si es eso? ¡Está enamorada!

Fue enfado lo que denotó su voz y no el alivio que Harry esperaba encontrar, pero Ron estaba más colorado que antes, buscando a Ginny con la mirada para abalanzarse sobre ella con un centenar de preguntas sobre Hermione.

El moreno asintió sin creerse del todo la teoría de Ron, Hermione parecía triste, abatida de un modo que él conocía reciente, todo lo contrario al vigor que transmitía el romanticismo, pero prefirió no sacar a Ron de su error, el pelirrojo recorría con la mirada de la mesa de Gryffindor, en busca de aquel que había cambiado tanto a su amiga.

-¿McLaggen?-Lo pronunció como si el sólo hecho de mentarlo le diese arcadas y cuando miró a Cormac, luciendo su habitual mueca presumida, no fue capaz de reprimir un gesto obsceno ni que el rojo de sus mejillas se encendiese más- ¿Un Ravenclaw? Sería más propio de ella.

Como atraída por un cotilleo recién horneado Lavender apareció de repente, mirando a Ron con ociosa curiosidad.

-¿Más propio de quién, Ro-Ro?-Preguntó, esbozando una coqueta sonrisa- ¿Acaso buscas una cita?

-Ehm… -Carraspeó el pelirrojo, mirando a Lavender como a Aragog- Perdona, Lav…

-Yo podría ayudarte, Ro-Ro-La chica se sentó junto a él, entusiasmada- tengo buen ojo.

A pesar de la penetrante y significativa mirada que le dedicó, Ron prefirió no darse por aludido, y la pertinaz curiosidad regresó en el momento oportuno, a pesar de la ofendida mirada de Harry.

-Veamos si es verdad, ¿Con quién saldría Hermione?-Lo preguntó como si de un reto se tratase y Lavender torció el gesto, desviando su vista más allá de la mesa de Gryffindor.

-Hermione Granger… -La chica, con una pícara sonrisa en sus labios abarcó todo el Gran Comedor con una mirada felina- deberías salir con… -Alguien se levantaba de la mesa de Slytherin y ella dibujó una mueca divertida, juntando su cuerpo más con el de Ron- Con Malfoy, por supuesto.

-¡¿Qué?-Ron profirió un grito ahogado y el zumo de calabaza de Harry salió a presión de su boca, rociando a Seamus como si fuese un aspersor- ¿Te has vuelto loca?

Lavender le guiñó un ojo a Ron, divertida y apoyó su mano en el hombro de él-

-¡Ay, Ro-Ro! ¡Era una broma!-Rió tontamente- No creo que Malfoy saliese con Hermione aunque ella le fuese todo el día detrás.

Según Lavender Brown, nadie en su sano juicio saldría con Hermione, la prefecta de Gryffindor anteponía sus responsabilidades a su aspecto físico y ningún hombre, muchos menos el guapo Ron Weasley, iba a apreciar eso en una mujer.

Por su parte Ron no parecía más tranquilo, ignoraba la cercanía de Lav-Lav y el constante pestañeo coqueto que le dedicaba mientras evaluaba otras posibilidades con la mirada.

-¿Qué opinas de…?-Giró la cabeza para mirar a Harry, pero cuando encontró el lugar en que normalmente se sentaba el moreno, no había rastro de él- ¿Harry?

-0-

La había seguido sin estar seguro de saber por qué, pero la escena que encontró frente e él debía ser una horrible pesadilla. Ella no le había visto, parecía en guerra con un libro y de sus labios escapaban incoherentes maldiciones, gritos desgarradores que la prefecta de Gryffindor jamás pronunciaría en voz alta. Sintió la necesidad de huir, irse cuando todavía estaba a tiempo, como si jamás hubiese estado allí, debía alejarse de Hermione para impedir que la culpa que ella le provocaba volviese a inundarle de nuevo, ahora que había logrado acallarla al fin.

-¿Granger?-La voluntad de hacer algo le retenía allí, sin saber de qué se trataba en realidad y se sorprendió a sí mismo al avanzar dos pasos hacia Hermione, que lo miró como si él fuese Voldemort en persona.

Seguía roja de ira y frustración, tal vez también de vergüenza, pero no dijo nada, sólo lo miró a los ojos, como si pudiese ver algo en ellos y Draco no fue capaz de apartar la mirada, como había hecho en el Expreso de Hogwarts, aquellos ojos grises y sin vida, como dos dagas de acero, la atravesaron casi con repugnancia al ver en ella el terror y la muerte que les había marcado a ambos, su propia vida, la culpa, el miedo, frente al poder absoluto que creía tener.

-¿Qué quieres, Malfoy?-Inquirió con la voz ronca de tanto gritar

Hermione quería correr, pero la salida cobarde no parecía atractiva, la muchacha no se movió, y su respiración se tornó entrecortada, ansiosa por llorar y gritar, por acusar a Malfoy, y, si de verdad se trataba de él, rogar por que acabase con todo aquello de una vez.

-¿Fuiste tú?-Preguntó, esperando con horror que él lo comprendiera y apartó la vista de él, mirar a Draco a los ojos se había vuelto imposible.

Draco lo sintió como si le hubiese golpeado de verdad, como en tercero había hecho sin problema alguno. Bajó la mirada y, por una vez, quiso responder, liberar la carga, pensó, sin poder evitar la ironía, que si llegaba vivo a Azkaban allí sería libre de nuevo.

Recogió el libro de Hermione, volviendo a mirarla y sin pronunciar palabra, podía sentir el temblor de su cuerpo y las lágrimas agolpándose en sus ojos, no pudo evitar pensar en lo patética que resultaba verla así, después de cinco años de intachable fortaleza, la sangre sucia no parecía más que una niña desvalida, y volvió a sonreír al comprender por quién sentía lástima, él mismo no distaba mucho de esa imagen desamparada que emitía Hermione.

-¿Yo qué?-Fingió no darse por entendido, cuando el libro volvió a descansar sobre la mesa avanzó dos pasos más, los mismos que había retrocedido Granger.

No le importaba si ella lo sabía o no, sería casi un consuelo si descubría que siempre había sido el mortífago que pudo matarla, el que prometió hacerlo.

Ella lo supo, quizá sólo lo intuyó por la forma despreocupada de andar, por el tono jocoso con que pronunciaba cada palabra, como si pretendiese dotarla de un significado oculto o aterrador, pero se lo confirmó su mirada, la nota asustada que brillaba en sus ojos grises, oscurecidos por el odio tal vez, brillaban con luz mortecina, eran los mismos que la atormentaban en sus pesadillas.

-¿Por qué no me mataste?-No tenía nada que perder, ni siquiera quería intentarlo, ni tuvo más miedo del que ya tenía cuando Draco aceleró sus trémulos pasos, fulminándola con aquella mirada grisácea, tan fría, que sólo con ella podría matar.

Draco se estremeció cuando sus manos tomaron los hombros de la castaña, obligándola a alzar la vista para mirarlo, aunque ya suponía el dolor que causaba mirarle a los ojos. La escuchó lanzar un quejido por la fuerza con que la sostenía, pero no trató de apartarse, se quedó allí y Draco vio esperanza en sus ojos, tuvo miedo y se sintió terriblemente mal, enfrentándose a aquello que él había provocado, tratando de averiguar en qué había convertido a Granger.

-¡Escúchame bien, sangre sucia!-Masculló, zarandeándola bruscamente por los hombros, como si pretendiese hacerla entrar en razón- No te atrevas a sugerir tal cosa, ¿Entendido?-Bramó, ofendido por el tono suplicante de ella, como si lamentase estar allí, viva.

Un dolor agudo le recorrió el costado, recordándole el precio de la vida de Granger: cinco cruciatus y aquella cicatriz para ser exactos. Eso costaba tal desacato a su tía, y la muerte la próxima vez.

La sostuvo con más fuerza cuando se tambaleó, estaban demasiado cerca y la oleada de repulsión se acentuó al mirar a aquella muchacha desagradecida que quería morir, tenía una segunda oportunidad cuando él había fallado la noche de su iniciación.

-¡Suéltame, Malfoy!-Hermione reaccionó al fin, atravesada por la helada mirada de él, todavía preguntándose si acaso ambos hablaban de lo mismo y deslizó su vista hasta el brazo del Slytherin, parecía distraído, si era uno de ellos…

Hermione alzó una mano, buscando con cuidado la muñeca izquierda del joven. A pesar de lo fuerte que él apretaba ambas manos en su hombro, logró apartarlo de él y la sorpresa se reflejó en su rostro el tiempo justo que tardó en comprender que intentaba hacer y luchó por ponerle remedio, Draco estaba perdido, pero era demasiado cobarde para dejarse atrapar.

Forcejearon, Draco trataba de apartar la mano, agarrando a Granger con la fuerza necesaria para apartarla de sí, su brazo izquierdo atrapó la delgada cintura de Hermione y la retuvo contra su pecho, tan cerca que la joven podía sentir el acelerado ritmo de su respiración y el aleteo nervioso que era su corazón.

Profirió un grito ahogado, a punto de pedir auxilio y alzó la vista, en busca de esa mirada asesina que sabía iba a encontrar en los ojos de él.

No tuvo tiempo, el aliento del joven golpeaba su oreja, frío y cálido a un tiempo, la hizo estremecer, su cabello se erizó mientras hacía nuevos intentos por librarse, por más que Draco no estaba dispuesto a moverse un ápice.

-Te lo advierto, Granger-Masculló, en un siseó contra su oreja, apretando los ojos con fuerza cuando el aroma de la joven se coló por sus fosas nasales-, no vuelvas a intentar algo así-Prosiguió, sus mejillas se tocaban y Hermione se arrepintió de haber empezado aquello, tragó saliva, encogiéndose sin decir nada, tratando de apartar su cara de la de él-. Tal vez me obligues a cambiar de opinión. Creo que sabes de lo que estamos hablando.

Los labios de él dibujaron una sonrisa contra su oreja, ella lo sintió, notó como se contraían los músculos de su mejilla, al tiempo que la comisura de su boca tocaba su mejilla que, como una reacción en cadena, provocó una extraña sensación que hizo sus piernas temblar.

Draco había cerrado los ojos, sorprendido por el efecto demoledor de sus palabras y la cercanía de la sangre sucia que parecía mucho más pequeña que de costumbre. Se sintió conmovido, sonreía y ya no la sostenía con tanta fuerza, casi parecía un abrazo.

Hermione suspiró con fuerza, tomando aire para reprimir el llanto un poco más, y cuando Draco abrió los ojos, al comprender qué estaba haciendo, estos brillaron con furia renovada, a pesar de que intuyó qué era ese algo que se sentía en la obligación de hacer cada vez que veía a Granger, sabía que jamás en la vida se rebajaría a algo así.

No esperó y se la quitó de encima como si quemase, empujándola de pronto por temor a gritar de nuevo, a volver a insultarla o perder el escaso autocontrol del que disponía. La miró una última vez, una de esas miradas vacías que destilan odio y repulsión y se sacudió la túnica, como si se hubiese manchado antes de alejarse de allí todo lo rápido que era capaz, con la sola idea de perderla de vista para siempre, de olvidar ese alivio casi ínfimo del cuerpo de la castaña, o la aterradora idea de consolarla y pedir perdón.

Hermione lo vio alejarse, maldiciendo la voluntad de levantarse por las mañanas, contuvo un hipido y de nuevo las lágrimas, se negaba a llorar por provocaciones que jamás le habían afectado, por más que pareciesen, de pronto, en exceso serias.

Intentó serenar el temblor de sus rodillas y la sensación de asfixia en la boca de su estómago, provocada por el miedo y la sorpresa y todavía el olor de Draco demasiado cerca, demasiado tangible, apabullante.

Hermione se dejó caer sobre la silla y la sensación que tuvo al llegar a Hogwarts se repitió, con más intensidad, iba a demostrar quién era Draco Malfoy, se iba a vengar por sus padres, y por ella misma.

Holaaaaa!

Ya sé que no tengo perdón de Dios! Pero entre el error de Fanfiction, que cuando acabé el cap no me gustó y lo volví a escribir y el insti… no he podido acabar antes, eso sí, prometo que no voy a dejar el fic y que nunca tardaré más de quince días en actualizar, lo intentaré cada semana más o menos, sino dos.

Bueno y pasando al cap, espero que os haya gustado, como siempre creo que me tomo en serio esta pareja, xd

Bueno besos y nos vemos en los comentarios

Aivlis Malfoy.

Respuesta al comentario deJazhy-Malfoy:

Holaaaa! Si que tengo un millón de cosas que hacer, al final de este año tenemos que examinarnos para el acceso a la universidad, de las materias que hacemos en el insti y hay que trabajar más que nunca, ufff! Pero bueno siempre hay un ratito para escribir fics, verdad? Me alegra que te haya gustado el cap, vemos que Draco no se deja de tonterías pero le tienes que dar tiempo, jaja. Y si Hermione sufre, y lo que le queda ;) Pero bueno, una cosa que llevo tiempo preguntándome yo, de verdad tu marido tiene un gemelo? Y no te cae bien? Yo que creía que tenía mala suerte con mi prima, que fuerte! Perdona la broma pero, sería doblemente incómodo si un día te confundes, no? XD lo siento no te ofendas por favor… Me alegro de que el tiempo se alegre, aquía va y viene, aunque yo prefiero el frío, el sol me sienta fatal, me quemo enseguida… Bueno te deseo una feliz semana, que yo pasaré estudiando, disfruta chica. Muchos besos

Aivlis Malfoy.