TAKARI
CAPÍTULO IV
Todos nos mirábamos y las palabras no salían. Mi madre y mi padre en una actitud amorosa era, cuando menos, extraño, por no decir impensado… ni siquiera se sabía que tenían alguna clase de contacto. Pensé que apenas se hablaban en ocasiones que no se podían eludir…de verdad eso creí toda mi vida. Miré a Hikari que estaba muy sorprendida por lo que estaba pasando, quizás incluso más que yo. Creo que aún tenía el último pedazo de pizza en su boca sin atreverse a masticarlo.
Mamá se adelantó y le dijo algo a mi padre, quien asintió y despidiéndose con un gesto despreocupado, se marchó. Le dije a Kari que podía irse también si lo deseaba y ella estuvo de acuerdo, fue a mi habitación por sus cosas muy avergonzadamente, mientras mi madre miraba cada uno de nuestros movimientos, sin perdernos de vista. Hikari se despidió de ambos pero mi madre acabó con la silenciosa atmosfera.
—Kari, ven, ¿a dónde crees que vas? Tenemos que hablar – dictaminó.
Observé la cara de susto de ella y de cómo resignadamente se acercó.
—¿Suelen faltar a clases y venir acá? – preguntó mi madre.
—No – respondí muy seguro y tajante.
—No le diré nada a tus padres esta vez, pero que no se vuelva a repetir – aseveró mi madre mirando a Kari.
Hikari asintió tímidamente y cuando solicitó irse mi madre no la dejó.
—Esa pizza no va a comerse sola, además… ¿no se supone que estás en clases? ¿Qué te dirían si te ve llegar con el pelo húmedo? – dijo suspicaz.
Mi madre no hizo ningún aspaviento, estaba sorprendido. Aunque sabía que la charla en serio sería cuando Kari abandonara el departamento. En algún momento mamá fue al baño y aproveché de hablar con ellas a solas.
—Kari, si quieres este es el momento de huir – sugerí rápidamente.
—Sería descortés de mi parte – respondió ella.
—No sabes lo que está haciendo. Está creando un ambiente pacífico en el que me sienta cómodo para que me confíe y termine confesando todo. La conozco y esta es una de sus técnicas para conseguir mucha información en las entrevistas – le aseguré.
—No hables así de ella – dijo Kari.
—La he visto hacerlo muchas veces. Sé que lo está haciendo – recalqué.
—Está bien. Apenas pueda me marcharé y Takeru… ¿crees que nos podamos besar justo ahora? – me propuso ella.
—¡Estás loca! Mi mamá puede venir en cualquier minuto – contesté sorprendido.
—Pero eso es lo que me hace quererlo tanto – dijo ella lascivamente.
Kari no esperó a mi respuesta y me besó como si no lo hubiésemos hecho en años, me exigió mucho en esos pocos segundos tuvimos antes que de que escucháramos los pasos de mi madre acercándose.
—Tenemos una conversación pendiente – le dije.
—Yo diría que no sólo una conversación – respondió ella coquetamente.
Después de que mi madre volviera, Kari se marchó al poco rato después.
—¿Me quieres explicar desde cuándo va todo esto? – pregunto ella secamente.
—¿Qué cosa? – traté de hacerme el desentendido.
—Desde cuando Hikari y tú son novios – remarcó ella, haciéndolo parecer como lo obvio.
—Nosotros no somos eso – le respondí.
—Entonces es peor de lo que pensaba – se escandalizó.
—¿Y qué hay acerca de lo que yo vi? – pregunté mordaz.
—Bueno, eso es diferente… - dijo yéndose por las ramas.
—¿Cómo lo es? – traté de obtener una respuesta insistiendo.
—Tu padre y yo somos adultos, lo que hagamos con nuestra vida personal es cosa de nosotros. No tenemos que dar explicaciones – dijo sin muchos más argumentos.
—Creo que esta conversación no nos llevará a ningún lado – contesté evidentemente enojado.
Difería de lo que ella decía, porque sus asuntos en "su vida personal" nos habían causado muchos problemas a mi hermano y a mí antes de poder vivir en la misma ciudad, sin embargo no quería tocar ese tema.
—Lo que te quiero decir con esto es que espero que seas responsable. Eres inteligente, ya sabes a lo que me refiero. Yo no voy a estar vigilándote ni mucho menos, pero tengo que advertírtelo – me instruyó.
Me fui a mi habitación pensando en lo que mi madre había dicho. Ella tal vez pensaba que llevábamos algo de tiempo faltando a clases, pero había sido la primera vez que lo hacía y con muy mala suerte habíamos sido capturados. Al tirarme a la cama violentamente pude apreciar a lo que Hikari se había referido con que debíamos lavar las sábanas, pero fue cierto lo que le respondí… yo no deseaba hacerlo, porque sentir su aroma aun cuando ella ya no estaba, no tenía precio. Mi madre volvió a salir y yo pude detenerme finalmente a pensar en lo que había vivido esa maravillosa mañana.
Mis problemas con Hikari ya no existían más. En parte habíamos aclarado algunas cosas, quedaban otras pendientes, pero ya tendríamos tiempo para ello. La excitación que se apoderó de mi fue instantánea al recordar cómo me sentí experimentando con ella el conocer nuestros cuerpos. La sensación que se apropió de mi cuerpo la recordaba tan bien que fui capaz de apreciar como todo el flujo sanguíneo se concentraba en la parte central baja de mi cuerpo. Eso no era un indicador de que no estaba sexualmente satisfecho, porque no sería cierto, pero ahora quería y necesitaba tener más de eso. No sería mentira aceptar que me era difícil pensar en cualquier otra cosa que no incluyera a Hikari y a mí haciéndolo todo el tiempo. Me había transformado en una bestia anhelante de sexo.
Hikari, por otro lado, parecía estar pasando por lo mismo que yo. No había momento ni lugar que no fuera el propicio para dar rienda suelta a nuestra relación tan física. Yo sabía que no era malo, pero también que no estaba del todo bien dejarse llevar tanto por ese aspecto de la vida. Había llegado al punto en que no recordaba pasar por un lugar sin que este contuviera recuerdos de ella y yo y nuestros instintos más primitivos. Conocía todo de ella y ella todo de mí. Todo parecía perfecto, hasta que un día me di cuenta de que algo faltaba y es que todo lo que compartíamos Hikari y yo era el sexo. Me sentí más vacío a partir de ese instante. A veces ella no podía estar conmigo por el hecho de ser mujer, pero aún así yo deseaba pasar tiempo con ella, aún a pesar de que no pudiéramos tener sexo y recordaba bien que habían muchas cosas que hacíamos cuando éramos amigos normales que dejamos de hacer al comenzar esa nueva etapa. Sin embargo, ella no me daba nuevamente esa cabida en su vida ¿por qué con ella debía ser todo tan extremo? ¿Por qué las cosas no podían ser menos complicadas? ¿Había influido yo de alguna manera para que la situación se tornara tan retorcida?
Catherine se alegró cuando le conté sobre Hikari y yo y dijo que sólo necesitaba un poco más de tiempo con lo de nuestra supuesta relación. A mí no me importaba, pero a Hikari sí. Sé que no le importaría si le explicara los motivos por los cuales aparentábamos ser pareja, pero no podía porque era un secreto que a mí no me correspondía revelar. Kari era más celosa de lo que nunca habría imaginado y aunque a veces esas peleas me disgustaban, el maravilloso sexo de reconciliación casi hacia que buscara que eso pasara.
Hikari
Estaba aterrada, no sabía que hacer. Sabía que jugaba con fuego cada vez que estaba con él y no nos cuidábamos, pero es que Takeru me gustaba demasiado y todo el tiempo tenía algo parecido al hambre, pero de él. Siempre me creí más inteligente que las demás chicas y cuando veía a algunas de ellas cercanas a mi edad embarazada me preguntaba cómo, si habían tantas formas de evitarlo le terminó pasando de todos modos, pero eso fue antes de estar con él. Me sorprendí a mi misma siendo tan descuidada como aquellas chicas que siempre mire por sobre el hombro, pero ahora era yo la que se encontraba en ese momento y tan temida situación. Lo había hecho con T.K. más veces de las que podía recordar y ninguno de los dos se cuidó en más de alguna ocasión. No me atrevía a hablar con él, no había forma de hablar con Miyako tampoco… Mimi estaba lejos… y aunque yo sabía muy bien a quién podía acudir por ayuda. No deseaba sus consejos y asesoría, pero los necesitaba y no sabía cómo hacerlo porque hace meses que no ya nada era lo mismo. Estaba un tanto histérica y asustada, así que sin cuestionármelo más, fui a casa de Sora. No hablaba con ella desde que me había enterado de su relación con Yamato. Ella no comprendía por qué me había alejado de ella, estaba segura, pero tampoco se acercó para preguntármelo.
Al tocar me abrió su madre que amablemente me hizo pasar, y mientras esperaba aprecié que la casa de ella estaba llena de hermosos arreglos florales y la casa tenía un olor muy particular.
Sora al verme quedó sorprendidísima, pero me sonrió y me invitó a su habitación para estar más cómodas. Esperé a que estuviéramos sentadas y sin titubear más fui directo al grano.
—¿Cómo sabes cuando estás embarazada? – Pregunté demandante.
Ella abrió los ojos demasiado para mi gusto. Me incomodó.
—¿Sabes? Olvídalo. No sé en qué pensaba en venir aquí – le dije. Me levanté y me acerqué a la puerta.
—Hikari detente ahí. Vuelve y explícamelo, quiero detalles. Luego hablaremos de nuestro problema, por lo que veo ahora necesitas otro tipo de charla – dijo sabiondamente.
Su voz autoritaria hizo detener mi paso. Necesitaba que ella dijera eso.
—Estoy asustada, Sora. Sé que he actuado irresponsablemente pero no se qué haría si eso deja de ser sólo una sospecha y se confirma – le conté apenada.
—Hay una manera de saberlo de inmediato – respondió con seguridad.
—No quiero averiguarlo – confesé.
—No puedes tapar el sol con un dedo, Kari. Vamos a ir. Ahora – determinó ella y yo sólo la seguí.
Ella compro las cosas con suma naturalidad, mientras yo estaba en una esquina aterrorizada y avergonzada.
—Nos vamos a mi casa de vuelta – sentenció.
Al llegar seguíamos sin hablar demasiado y yo sólo obedecía lo que ella me indicaba y asentía cuando me explicaba algo. Después de probar tres test de embarazo distintos, el mundo se sintió más liviano no había salido ninguno positivo. Después de que la presión de la incertidumbre cesó, Sora me miró con ojos recriminadores y molestos.
—Hikari que me lo cuentes todo; desde cuándo, con quién y qué tanto, para poder recomendarte el método más efectivo. Podría explicártelo sin que me contaras todo eso, pero perdería la gracia – sonrió y sonó como la Sora que yo conocía, cuando ella y yo nos guardábamos secretos en otros tiempos.
Estaba aún medio reticente a contarle, pero sabía que debía, lo deseaba en el fondo. Nadie sabía lo que estaba viviendo y era la clase de cosas que a veces necesitan ser contadas, porque son importantes y no se nace aprendiendo.
—Desde hace unos meses… cada vez que puedo… con T.K…. – confesé con un hilillo de voz.
Sora estaba perpleja, pero sonrió de oreja a oreja.
—Yo sabía que se gustaban, todos lo saben, de hecho… pero nunca imaginé que tan pronto ustedes… - empezó el discurso pero no terminó la frase porque la corté.
—Sólo pasó, no lo planeamos… y te agradecería si no hicieras comentarios al respecto – le pedí un tanto suplicante y exigente al mismo tiempo.
—Me ofende que pienses que debes aclarar ese punto. Nunca me he caracterizado por andar hablando demás – dijo realmente ofendida.
—Ya no sé en qué posición estamos, por eso lo digo – contesté molesta.
—¿A qué te refieres? – preguntó como si no lo supiera realmente.
—¿Seguimos siendo amigas, Sora? – interrogué.
—Por supuesto que sí. ¿Por qué tienes una idea distinta? – respondió incomoda.
—Porque cuando terminaste las cosas con mi hermano, al parecer también yo estaba incluida en el paquete… ¿De verdad te agrado o sólo me tolerabas porque debías caerle en gracia a la hermanita de tu novio? – pregunté lo que me carcomía desde que todo había pasado.
—¿Es por eso que has estado molesta conmigo? – era una pregunta que sonó más aseveración.
—Me dejaste sola – le confesé sentida.
—Lo siento, Kari, no era mi intención – dijo sentidamente.
—Comprendo que no quisieras estar más con Tai, el amor se acaba… pero Sora… también terminaste conmigo y ni siquiera te diste cuenta de eso.
—No, tienes razón, no lo noté… Cuanto lo siento Kari… - se disculpó nuevamente. Lucía de verdad apenada.
Ella comenzó a contarme un poco sobre su relación con Yamato, fue difícil al principio porque seguía metida en mi papel de hermana, pero ahora debía aprender a separar las cosas, ya no era la hermana de su novio, ahora era solo su amiga y debía apoyarla, porque ella se veía bien y contenta. Por otro lado yo le conté sobre mi relación con Takeru. Nos reímos de la vida y las cosas vergonzosas que habíamos vivido en el último tiempo y también me habló de los distintos métodos anticonceptivos, pero me aconsejó también ir al médico.
Al llegar a casa me sentía un poco traidora con mi hermano. Él había sufrido más de lo que se sabía con lo de Sora. Le había costado dejarla ir y yo me sentía inmensamente culpable por haber empezado una relación aún cuando él no podía siquiera dar por terminada la de él.
En mi habitación reflexioné sobre cómo estaba llevando mi vida y me encontré a mi misma tratando de sabotear mi relación con Takeru, yo sabía que estaba siendo demasiado celosa y el tratar de mantenernos alejados y de no tener con él nada más que sexo. No comprendía del todo su historia con Catherine, ante los demás ellos eran novios y aunque él insistía en que no tenía nada de qué preocuparme, yo lo hacía, y mucho. Me excitaba pensar que yo era la otra y me enojaba también, además me convenía por otro lado, porque de esa forma nosotros no necesitábamos hacer oficial lo nuestro, mientras tanto aquello me servía y por eso no hacía demasiados problemas.
Takeru y yo nos encontrábamos besándonos acaloradamente en la parte de atrás del gimnasio, él me estaba tocando un pecho por encima de la ropa. No era sano el efecto de su toque sutil en mi. Gemí, quería sentirlo bajo la ropa, dentro de mi, pero debía conformarme con eso. No me convencí demasiado pero ya habría tiempo más tarde. Escuchamos el ruido de unos pasos y nos separamos inmediatamente. Se veía la evidencia de nuestra excitación. Fui a ver si había alguien cerca, pero no vi a nadie.
Al terminar esa semana pasó lo que no me esperé. Un murmullo se escuchaba por los pasillos y sentía que las miradas se dirigían a mí pero no comprendía por qué. Fui a mi casillero y los murmullos se seguían escuchando, entonces una de las amigas de Catherine se me acercó y con un manotazo cerró mi casillero recién abierto. Me volteé molesta por su falta de respeto.
—¿Quién te crees? – le pregunté enojada.
—¿Y tú? ¿Quién te crees que eres para andarle quitando el novio a las demás? – me increpó altaneramente.
—¿De qué hablas? – sostuve mi posición de desconocimiento.
—De que Takaishi y tú han estado viéndole la cara a Catherine todo este tiempo y que además le has estado abriendo las piernas… y nosotras nos haremos cargo de que pagues por lo que has hecho – sentenció segura de sí misma.
Mi temor se había hecho realidad… la relación que tanto traté de ocultar había salido oficialmente a la luz, y ahora, además, era la nueva mujerzuela de la escuela…
Continuará
Gracias por los reviews! Espero seguirlos recibiendo :D
Saludos
