Mi tesoro más grande
Capítulo 4
El niño siguió llorando. Se sentía de verdad mal. Abrazó aún más su gatito y sollozó.
Quería irse de ahí, quería volver con su mamá y su abuelo.
Pero… no podía.
Escondió su rostro en la almohada y continuó con su llanto. Solo quería que alguien se acercara y lo abrazara, al menos por unos segundos. Qué tenía de malo un abrazo? No lo sabía, pero al parecer en esa mansión una simple muestra de afecto como esa estaba prohibida.
De pronto, dejó escapar un grito. Alguien lo había tomado del cabello. Y la verdad, desde el principio supo muy bien quien era.
Miró a la mujer con terror. Ya estaba cansado de tener que sentir dolor a manos de esa sirvienta.
Pero, qué podía hacer? Él era muy pequeño como para poder defenderse.
-Qué te había dicho sobre llorar, mocoso!?- preguntó la mujer, dándole una cachetada al niño.
-Lo siento, señora… perdone…- susurró Yugi, dejando escapar más lágrimas. Su mejilla le dolía demasiado.
Abrazó su gatito, al menos eso le daba un poco de apoyo.
La mujer miró esta acción y una mueca de completo desagrado se formó en su rostro.
Tomó el peluche, con la intención de quitárselo al niño, quien de inmediato opuso resistencia.
-Dame eso!- exclamó la mujer.
-No! Por favor, no a Tinks!- habló Yugi. No podía dejar que le quitaran a su único amigo. Qué haría sin él?
-Que lo sueltes, te he dicho!- De un solo jalón, la mujer le quitó el peluche al niño. Sin embargo, Yugi estaba decidido a recuperarlo, se acercó a la mujer e intentó arrebatarle el minino.
Lo único que logró, fue que la sirvienta le dio un fuerte empujón, que lo hizo caer.
Y con furia, la mujer empezó a patear el pequeño cuerpo frente a ella.
IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII
Yami seguía sentado en el piso de su habitación. Los recuerdos inundaban su mente…
-"No puedes trabajar todo el día! Y nuestro hijo? Él necesita un padre!"- exclamó la mujer. Esta tenía largo cabello negro y hermosos ojos amatista. Su vientre estaba crecido, indicando que tenía algunos meses de embarazo.
-"Y también necesita educación, comida, juguetes… piensa en eso!"-
-"Pero antes que todo eso necesita tu cariño! Dios, simplemente trabaja como cualquier persona normal y ya!"-
-"Ya me cansaste con ese tema! Ya te lo dije, trabajaré cuanto me dé la gana y haré lo que me dé la gana y no voy a cambiar solo por ese mocoso!"- exclamó Yami con enojo. La mujer lo miró con tristeza.
-"No es un mocoso… es tu hijo…"-
-"Mira… si tanto te preocupa… por qué no te vas a vivir con tu padre y me dejas en paz. No quiero seguir soportando tus cursilerías"-
-"Pero amor…"-
-"Pero nada! Ya lo decidí, nos vamos a divorciar… pero no te preocupes, mantendré a ese mocoso…"-
-Como pude ser tan cruel?- susurró Yami. –Siempre tuviste la razón… como pude estar tan ciego?- se preguntó con enojo. Por su estupidez había perdido a su esposa, quien de verdad lo había amado más que a nada en el mundo.
Pero la pregunta ahora era una sola. Perdería a su hijo también?
Abrió sus ojos en impresión al pensar esto.
Su hijo… su niño era todo lo que le quedaba. Y él era todo lo que le quedaba a Yugi.
-Tengo… tengo que arreglar esto. Yugi… dios, como pude ser tan frío como mi hijo… mi hijo!- exclamó, sus propias palabras al fin tocando fondo en su mente. Yugi no era cualquier niño, era su hijo!
Se levantó de inmediato. Tenía que arreglar todo esto. Yugi necesitaba el cariño de un padre ahora más que nunca. Su madre había muerto apenas hace una semana…
Salió de su habitación. No podía esperar a llegar a donde se encontraba el niño. Por fin se sentía dispuesto a darle todo el cariño que su hijo necesitaba. Quería hacerlo, e iba a hacerlo.
El camino se le hizo eterno, pero por fin llegó.
Abrió la puerta de la habitación de su hijo y entró, solo para quedarse congelado al ver la macabra escena frente a él.
Yugi estaba en el suelo, al parecer inconsciente. Y ahí, parada frente a él, estaba una de las sirvientas.
-Se…señor…- fue lo único que dijo.
Yami la miró con furia.
-Que hiciste!?- exclamó. De inmediato se acercó al niño y se arrodilló a su lado. La sirvienta aprovechó esto para salir rápidamente de la habitación.
Sin embargo, fue detenido por dos hombres, los guardaespaldas de Yami, quienes al escuchar el grito del joven, habían subido hasta ahí.
-Llamen a una ambulancia- susurró Yami, al ver el estado de su hijo.
Los hombres de inmediato salieron de ahí.
Yami abrazó con fuerza el frágil cuerpo de Yugi, y ahí dejó sus lágrimas caer. La culpa lo invadió. Él pudo haber evitado todo esto.
-Yugi… mi niño, por favor… no me dejes- susurró al ver cómo al niño le costaba respirar. –Hijo… snif… por favor… te necesito… Yugi…- Las lágrimas cayeron en mayores cantidades. Sin poder soportarlo, Yami dejó escapar un grito de angustia.
Miró luego a su pequeño.
-Voy a reparar todo el daño que hice… snif… te lo prometo… pero no me dejes… snif… voy… voy a ser el mejor padre de todos… snif… te voy a cuidar… y siempre te voy a querer… snif… hijo… solo… solo déjame ver tu sonrisa de nuevo… snif…- Sollozó aún más al ver una herida en la mejilla del niño. No se había caído, claro que no…
-Como pude permitir esto!?- exclamó con furia Yami. –Soy su padre… su padre!-
Miró hacia la puerta, al escuchar un sonido. Dos hombres con ropas blancas entraron. Dejó que le arrebataran a Yugi de sus brazos.
Por unos minutos se quedó ahí solo. Miró a su derecha y de nuevo dejó caer cientos de lágrimas al ver el peluche favorito del niño en el suelo.
Lo tomó, mirándolo con tristeza. Lo abrazó luego, empezando a sollozar.
Yugi tenía que recuperarse… simplemente tenía que hacerlo.
IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII
Miraba fijamente una de las paredes blancas del lugar. El gato de peluche descansaba en sus manos. No se atrevía a soltarlo.
Quería que le dieran noticias sobre su hijo, ya había pasado demasiado tiempo.
Las lágrimas aún adornaban su rostro, y la desesperación estaba empezando a inundar su pecho.
Había sido la espera más larga de toda su vida.
-Yugi Motou?- Alzó la mirada al escuchar el nombre de su hijo. Se puso de pie de inmediato, acercándose al médico luego.
-Es mi hijo. Como está?- El hombre suspiró.
-Tenía varias fracturas. Una costilla rota, un hombro dislocado, además de varios golpes en todo el cuerpo- Yami contuvo las lágrimas al escuchar esto. –Pero lo más grave fue una contusión que recibió en la cabeza… y fue eso lo que…- Se detuvo, buscando la mejor manera de decirlo. Suspiró nuevamente. –El niño cayó en estado de coma-
Yami lo miró por unos segundos. Las lágrimas se hicieron presentes nuevamente. Intentó contenerlas.
-Puedo verlo?- preguntó. Lo único que quería en realidad era gritar y sollozar… pero tenía que ser fuerte por Yugi.
-Claro, sígame- respondió el médico. Ambos caminaron por los pasillos por algunos minutos, hasta que el hombre se detuvo por fin frente a una puerta. La abrió luego.
-Iré a ver a mis demás pacientes. Si algo sucede, al lado de la cama hay un botón rojo- le dijo. Yami asintió. El médico se alejó luego.
El joven entró a la habitación, dejando caer al fin sus lágrimas al ver a su hijo en la cama.
Se acercó, su corazón quebrándose con cada paso que daba.
Miró al fin el rostro de su niño. Un pequeño vendaje cubría su mejilla. Y una máscara de oxígeno cubría su boca y su nariz.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, puso su mano en la frente de Yugi, acariciando esa zona.
La alejó y tomó el gatito de peluche, poniéndolo en la cama al lado de su hijo.
-Mira Yugi, tu gatito vino a verte- le dijo. El niño no respondió.
Yami dejó caer más lágrimas.
-Tienes que despertar… hijo… snif… tienes que abrir tus ojos- susurró. De nuevo su única respuesta fue el silencio. Sintiéndose aún peor, se sentó en la silla que estaba al lado de la cama, y recostando su rostro contra la cama, sollozó en silencio.
Yugi tenía que volver. Su hijo no iba a morir.
No, no podía morir.
Si moría, él jamás podría cargar con toda esa culpa.
IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII
Magi: ok… como es que siempre me tiene que salir algo angustioso en mis fics!? O.o Bueno, al menos actualicé sorprendentemente rápido n.n Algo es algo xD
Muchas gracias por sus reviews! n.n
Nos vemos!
