Aquí les dejo el que, por ahora, es mi capítulo favorito. Me pareció muy divertido escribirlo y espero que se diviertan también leyéndolo. Es algo más corto para compensar el anterior, que me quedó muy largo, pero igualmente es muy intenso. Para mí, este es el comienzo de todo...

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Draco Malfoy había salido de la cafetería y se había aparecido directamente en el hall de su mansión. Le había dado su capa de terciopelo a Gresk, el elfo libre que tenían contratado y se había alejado, con zancadas largas, hacia la escalera de mármol blanco que subía hacia el segundo piso.

Se…señor, disculpe señor. – Le interrumpió Gresk a mitad de camino. – Hoy ha decidido bajar. Se encuentra en la biblioteca.

Draco se dirigió a un pasillo de techos altos, delimitado por columnas de mármol blancas. Como el suelo. Las paredes, con apenas cuadros, también eran blancas. Todo en esa casa era sorprendentemente blanco. Llegó a la biblioteca y abrió las dos puertas de un golpe. Entró, haciéndose dueño del lugar. Un Malfoy siempre era el dueño del lugar.

-Me alegra ver que hoy te encuentras lo suficientemente bien para bajar.

-Tu casa me deprime. Este es el único lugar donde siento que no estoy en un hospital. Todo tan blanco y con ese horrible perfume…

-Puedo bajarte al sótano, quizás te encuentres más cómodo entre cajas y ratas.

-Así que hasta los Malfoy tienen ratas.

Draco le lanzó una mirada asesina, pero cuando se encontró con los ojos del hombre. Bajó la mirada. Aún le guardaba respeto. Sentado en un alto sillón, con sus brazos sobre el reposabrazos, Severus Snape leía atentamente el periódico. Vestía totalmente de negro, pero no llevaba capa. Aun así, no le hacía falta, pues no podría ser más imponente, a ojos de Draco.

-Me voy a ir. –Dijo sin levantar los ojos del periódico.

-¿Cómo que te vas a ir? Tienes que quedarte en mi casa, son ordenes del ministerio. Además, ¿dónde vas a ir? sabes que algunos mortífagos usaron tu casa como escondite después de la guerra y los dementores la destruyeron.

-No seas estúpido Draco. – Levantó la vista del periódico y le miró fijamente. – He estado hablando con Minerva. Vuelvo a Hogwarts.

-¿A Hogwarts? ¿Ya está reconstruido? ¿Cuándo piensas irte? El curso no empezará hasta octubre y apenas hemos acabado mayo. ¿Y cuando has hablado tú con nadie, si no has salido de aquí?

Snape no se molestó en contestar. Draco suspiró y se sentó en un sillón contiguo al de él.

-No te imaginarías a quién he visto hoy, como alma en pena, en mitad de la tormenta… - Como Severus no contestó, Draco siguió hablando. – ¿Te acuerdas de Granger? ¿Esa chica que le dijiste que tenía dientes de conejo? Estaba llorando en el parque, parece que el estúpido de su marido le ha puesto los cuernos.

-No veo razón por la que eso debería de importarme. –Cerró el periódico y se dispuso a salir.

-Ella sí que encontró una para preocuparse por ti. La invité a venir a verte cuando quisiera.

-¡Estúpido Malfoy! Se suponía que era un secreto. Que nadie debía saber aún que estaba vivo. – Se paró en la puerta y sus ojos destilaban furia. Se acercó a Draco exigiendo una explicación.

-¿Qué querías que hiciese? La pobre estaba llorando, desconsolada. Me la llevé a una cafetería y como no sabía que decir, pensé que sería mejor hablarle de otra cosa.

Snape puso los ojos en blanco. – Cuanto te ha cambiado la guerra, Draco. Y pensar que hace apenas dos años intentabas matarla. ¿Cuál era tu apodo para ella? Ah, sí. Sangre-sucia.

-Ahora lamento eso.

-¿Intentar matarla?

-Por supuesto. Y también hacerla daño con esos comentarios.

-Daño ninguno, a fin de cuentas ella lo es.

-Como Lily. Y nunca tuviste ningún problema con Lily, ¿verdad? – Draco estaba cada vez más furioso por las maneras en las que Snape hablaba de Hermione, pero este comentario provocó que Snape lo empujase contra la pared.

-¡No te atrevas a decir nada malo de Lily! Ella era…

-Una santa, ¿verdad? Sólo te utilizó para que la ayudases con los estudios mientras se iba de juerga con Potter y sus amigos. Y aprovechó tu momento de debilidad para tener una excusa y no volverte a hablar. Luego murió, pero aun con esas siguió utilizándote para ganar la guerra a Voldemort. Me daría vergüenza ser tan utilizado.

Snape buscó su varita, pero cuando recordó ya no la tenía él, pegó un bofetón a Draco y salió por la puerta. Draco ni se inmutó, simplemente cogió el periódico y se sentó en el sillón.

-La guerra cambia a la gente – murmuró.- Ya le llegará a él el turno de ver las cosas claras.

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Bueno, no me maten por lo de que Snape llamase "sangre-sucia" a Hermione. Está un poco agresivo, pero en el siguiente capítulo veremos porqué.

También Draco se ha pasado un poco hablando así a Snape, pero la razón es que ahora está muy cambiado y no soporta que Severus hable mal de la chica sin conocerla. Además, le tiene mucha confianza y mucho aprecio y si le ha dicho eso de Lily ha sido por algo...