Kurt me estuvo evitando el resto del día, pero si se daba cuenta de que cuando estábamos en la misma habitación no le quitaba la vista de encima. Era adorable ver que se ponía nervioso cuando estaba yo, era algo que hacía que mi ego se elevara.

La cosa no duró mucho, pues mamá y Burt llegaron pronto a casa y creo que ambos queríamos mantener lo sucedido en secreto, al menos hasta que lograra convencerlo.

Esa noche no pude dormir hasta pasada la medianoche. Veía moverse a Kurt en sueños. Es estúpido, pero quería saber en qué pensaba, más bien en quién pensaba. Y rogaba al cielo que no fuera en Blaine.

Sentía una enorme necesidad de él, de ser con quien sueña, de ser por quien vive de nuevo. Pero cada vez que intentaba convencerme de así era la estúpida sonrisa engreía de Blaine se mofaba de mí en mis peores sueños.

Me levanté de la cama y me arrodillé sobre la suya. Desprendía la suave fragancia que tanto me gustaba de él. Mis manos estaban ansiosas por aunque sea rozar su rosada piel. Aunque estaba junto a él eso no cesaba mi deseo, mi necesidad de él. Solo disminuía la ansiedad, pero el sentimiento de impotencia de saber que está con Blaine por mi culpa era cada vez más fuerte.

Recorrí con la punta de mis dedos ese rostro tan perfecto y bello casi sin tocarlo apenas. Y aún así sentí un escalofrío, no, más bien como una descarga de calor por todo el brazo. Sentía como si algo me oprimiera el corazón muy fuerte.

Regresé abatido a mi cama. Soñé a Kurt de nuevo, pero ahora soñé que lo perdía, que no era mío y una voz me decía que lo dejé ir y que ahora era muy tarde para recuperarlo.

Para mi gran desgracia mi sueño solo parecía ser un gran presagio de lo que ocurrió al día siguiente.

Me había levantado pensando que solo había sido un sueño y que no tenía por qué ser así y que debía apegarme a lo planeado. Estaba feliz porque era domingo, mamá y Burt avisaron que saldrían a hacer varios pendientes, así que Kurt y yo teníamos la mañana para nosotros solos.

Lo saludé y lo abracé con fuerza, quizás me excedí un poco.

- Estas de buen humor eh. – dijo Kurt sobándose las costillas.

- Sí, eso creo hermanito. – me miró extrañado abriendo los ojos como platos.

- ¿Estás bien?

- Si, ¿Por qué?

- Olvídalo.

Fue un desayuno silencioso y tenso, al menos para mí. ¿Por qué cuando tenía la oportunidad perfecta para preguntarle algo no se me ocurría nada? Así que fui directo al grano y lo invité a salir.

- ¿Qué harás esta tarde?

- Saldré a comer con Blaine, después iremos de compras de San Valentín. - ¡San Valentín! Santo Dios, lo olvidé por completo. Había estado tan ocupado con Kurt, la escuela, el campeonato de futbol, Rachel, Quinn. – Creo que finalmente me lo va a pedir. – Espera, ¿dijo lo que acabo de oír?

- ¿Qué? – dije sin ocultar mi asombro y mi coraje.

- Lo sé, ¿no es maravilloso?

- ¿Debería?

- ¡Vamos! No seas aguafiestas, te lo he estado diciendo hace meses.

- No, no lo has hecho. – Me habría dado cuenta porque viene de su adorable boca semejante abominación.

- ¿En serio? – A este punto estaba bastante irritado. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba ardiendo de celos. – No me di cuenta.

- Como de muchas cosas.

- ¿De qué hablas?

- Ni siquiera me lo habías dicho.

- ¿Por qué te importa tanto?

- Creía que nos contábamos todo, no secretos entre nosotros. – ¿Entonces yo era el único que le contaba cosas? ¿Tan poco le importaba yo?

- ¿Qué te pasa?

- Creí que lo habías entendido después de que te besé. – me miró, no, me examinó.

- Creí yo que era una broma. – me dijo serio. – O que sería una crisis de identidad. Lo dejé pasar para no causarte problemas. – me dijo afectado.

- ¿Acaso piensas que estoy confundido?

- No sería la primera vez. – dijo y se fue a nuestra habitación dejándome con la palabra en la boca.

¿Sería posible que fuera confusión? Porqué jamás sentí lo mismo con Rachel o con Quinn. Aunque sentí algo raro cuando me besó después de ganar la copa.

La semana de San Valentín fue la más extraña de todas. Me volví súper popular entre las chicas, era halagador, pero algo no encajaba, seguía pensando en Kurt. Quinn me miraba más de lo usual. ¿Será que en verdad me había enamorado de Quinn y que por eso jamás funcionó con Rachel? ¿Será que Kurt tenía razón? Pues no.

Se me ocurrió la estúpida idea de hacer que Quinn me besara, poniendo un puesto de besos. Resultado, Rachel me odia, Quinn sigue enamorada y yo, yo no sé.

Kurt llegó deprimido después que el imbécil ese de Blaine, se le iba a declarar a otro chico. Tuve que fingir muy bien que me alegraba que ese idiota no estuviera enamorado de él. No se merece a alguien tan bueno como Kurt.

Mercedes casi me mata después de lo que hice, sin embargo, y después de que le explique por qué lo hice simplemente me dijo que la mononucleosis era lo menos que debía haberme pasado. A pesar de todo las sigo viendo. Kurt se va a dormir con ellas cada quince días. Supongo que Kurt no sabe que ellas si están enteradas de que me gusta. Y Rachel no sabe que a Kurt ya se lo dije. Esto es una bomba de tiempo que estallará y acabara con esa amistad.

Por cierto, a pesar de todo, Rachel seguía aferrada a que estuviéramos juntos. No iba a poder con eso mucho tiempo así que tuve que hablar con ella. No pareció muy convencida hasta que le inventé que cuando besé a Quinn sentí como fuegos artificiales. El problema es que Quinn si los sintió. Lo pude ver. Sin embargo ella me dijo que no iba a terminar con Sam hasta que no aclaráramos lo que sentimos.

Estoy hecho un lío total, solo me siento bien cuando estoy en casa con Kurt. Pero me temo que ya no está funcionando.

- Finn ¿Estás bien? – me examinaba extrañado.

- Sí, sí, ¿por qué?

- Te quedaste dormido en pleno partido y ni te diste cuenta de que apagué el televisor.

- Lo, lo siento, he estado bajo mucha presión últimamente. El día de San Valentín me tiene loco.

- No eres el único con problemas. – se sentó junto a mí con aire compungido. - ¿Sabes lo que se siente consolar a la persona que te gusta porque la han rechazado y aparentar que eres fuerte como para no golpearlo para que te vea finalmente? – lo miré con cierto rencor.

- ¿Qué estás ciego?

- Lo sé, lo sé, estás enamorado de mí. – dijo como si fuera una pésima broma. – Es solo que me duele verlo así. – lo seguí mirando con odio.

- Eso y más debería pasarle. – dije sin compasión. – No te merece.

- Finn por favor.

- El hecho es que el amor apesta

- No podría estar más de acuerdo. – Una lagrimita resbaló por su mejilla.

- No me gusta verte así. El no vale la pena. No deberías llorarle. – Soltó el llanto y lo único que pude hacer fue abrazarlo. Se quedó dormido en mis brazos.

Acaricié la suave superficie de su rostro con las yemas de mis dedos. Esa superficie rosada era fascinante, como un imán que cada vez más me atraía hacia él.

Hablamos por horas el resto de la tarde, como lo hacíamos antes. Como si nunca me hubiera portado como un idiota, como si jamás lo hubiera lastimado, como si todavía me amara.

El pobre estaba tan afectado por lo que le hizo ese inútil, sin embargo todavía lo justificaba, cada día lo estoy perdiendo más y no sé qué hacer para recuperarlo. Al menos todavía tengo su compañía.

No se que vaya a hacer con todo este desastre que es mi vida, no sé si pueda arreglar las cosas con Quinn o con Rachel, no sé si algún día lograré que el club Glee sea genial, no se cuanto dure mi nueva popularidad, no sé si pueda hacer que Kurt me vuelva a amar y que olvide de una vez y para siempre a ese cabeza hueca de Blaine. Dejaré que las cosas sigan su curso y que las cosas sucedan. Yo mientas tanto estoy tratando de animar Kurt y me voy a encargar de que ese idiota de Blaine pague por hacerlo sufrir.


Hola a todos!, se que me tardé en actualizar, pero creanme que este sera un cuatrimestre muy pesado y no sé cuanto tiempo tendré para dejar algo por aquí.