Capítulo 4

El sol entraba por las cortinas de la habitación del hotel y daba directamente a los ojos cerrados de Kate. Se removió inquieta intentando ocultar su cara bajo la almohada y poder dormir un poco más. La cabeza le daba vueltas y se sentía desorientada. El sol volvió a entrar molestando otra vez a Kate, y decidió que ya era hora de levantarse. Con su mano se apartó el pelo de la cara, pero entonces notó algo raro…

Se incorporó de golpe. ¡Mierda! ¡¿Pero qué coño he hecho!? –pensó. Y se miró la mano izquierda donde un anillo dorado lucia en el dedo anular. Con la otra mano se tapó la boca. – ¡Dioooss nooooooo! – gritó desesperadamente.

Se encontraba sola en la cama de aquella habitación en el ático y desnuda. No había ni Lanie ni Richard. Y eso la confundió, ya que de lo poco que recordaba del final de la noche es haber subido a la habitación como recién casados, y hacer el amor unas tres veces hasta quedarse dormidos. Se levantó como pudo de la cama, intentando no caerse, y fue hasta el baño. En llegar se miró al espejo y vio que su cuello estaba lleno de chupetones, pero en ese momento los chupetones no eran lo que más le preocupaban.

- ¿De verdad que estoy casada? –se preguntó a sí misma en voz alta, como si alguien le fuera a contestar. Siempre había pensado que si se casara sería con el hombre de su vida, con el que se amaran incondicionalmente y la aceptase tal como era. Y que fuera él el que le pidiese matrimonio, no ella en plena borrachera en Las Vegas. Se sentía mal. Se sentía sucia por lo que había ocurrido. ¿No tenía suficientes problemas en su vida resolviendo el caso de su madre e intentando curar a su padre del alcoholismo, que encima ahora ella se había casado? Necesitaba hablar con Rick urgentemente y pedirle el divorcio.

Decidió ducharse y luego ir a buscarlo para aclarar esta locura. En salir de la ducha y volver a la habitación, se fijó que en la mesilla de noche había una nota escrita con una letra ligada preciosa que iba dirigida a ella.

"Buenos días Katherine Houghton Castle, he bajado a desayunar.
Besos, tu esposo
"

'Tu esposo'… Eso era una pesadilla, pensó Kate. Se vistió y de dirigió al primer piso donde estaba el restaurante.


Richard se encontraba en el bufet esperando a que el chef terminara de preparar una tortita con chocolate para él. No podía parar de pensar en la pasada noche. Tenía una fuerte resaca, pero en ese momento el dolor de cabeza no era lo que le preocupaba. Sino el hecho de que se acababa de casar por tercera vez en su vida, con una chica que conoció aún no hace ni un día. Aunque Kate estuviese realmente muy buena, fuese divertida, pero con carácter, y la manera en que terminaron ayer haciendo el amor después de su boda había sido increíble y estuviera directamente en el puesto número uno de su top 10, ahora mismo estar casado no era lo que quería en su vida.

- Hola Rick

Oyó su voz y enseguida se giró para mirarla. Iba vestida con ropa normal, pero igualmente estaba guapísima. Parecía mareada y un pelín sonrojada.

- Hola Kate, que tal la noche?

- Oh… muy bien, he terminado casada contigo. – dijo con media sonrisa incómoda y levantando su mano izquierda para mostrar el anillo.

- Es que me lo propusiste con tanta insistencia que no me pude negar, señorita Castle. – dije con una chispa de ironía mostrando también su anillo de oro.

- De señorita Castle nada, yo quiero mi apellido. – dijo Kate sin pensar, aunque enseguida se dio cuenta de que quizá por ese comentario él pensaría que quería seguir casada. Cuando iba a añadir algo más a su frase él habló.

- ¿Qué tiene de malo 'Castle'? – Preguntó - ¿O es que ahora yo no quiere ser mi esposa? – dijo Richard adivinado las intenciones de Kate.

- Yo… La verdad es que no. – Confesó ella, y a Rick sorprendentemente le dolió un poco su respuesta - Estaba borracha y no sabía lo que hacía. – terminó diciendo.

- Pues ahora ya es tarde. – dijo Rick con sarcasmo.

El chef le dio su tortita y se encaminó hacia la mesa que tenía reservada con Kate pisándole los talones. Los dos se sentaron, uno frente al otro, y continuaron hablando.

- ¡Pero podemos arreglar esto! Cuando volvamos a NY nos divorciamos y ya está. – sugirió Kate, desesperada por la situación.

- Esto es una pesadilla… Acabo de divorciarme por segunda vez y ya lo tengo que hacer por tercera… ¡Y no ha pasado ni una semana! – exclamó Castle cortando un trozo de su tortita y comiéndosela.

- ¿¡Por tercera!? –exclamó Kate - ¿¡Te has casado tres veces!?

- Sí señorita, y también tengo una hija de 12 años, solo como dato. – continuó Rick aparentando estar calmado mientras comía.

- ¿¡TIENES UNA HIJA!? –Kate quería que la tierra se la tragase- Podrías habérmelo dicho o haberlo dejado caer en un comentario o algo! A parte, ¿Qué padre deja a su hija y se va a Las Vegas?

- Uno que se acaba de divorciar y solo quiere olvidarse de todo. –Dijo dejando los cubiertos en el plato encarando a Kate mejor - Ahora mismo está con su madre a Los Ángeles…

- Pero eso no explica porqué no me dijiste nada, además, ni siquiera le has ido a comprar un recuerdo.

- Si no recuerdo mal, a la única tienda que fuimos anoche fue la de lencería pera escoger un conjunto para nuestra noche de bodas.

- Le podrías haber comprado unas bragas del Mickey Mouse –inventó ella.

- No había bragas del Mickey Mouse.

- Oh sí que las había, lo que pasa es que tu solo tenías ojos para las de encaje negro.

- Y debo decir que acerté, te quedan genial – Ambos no pudieron evitar recordar cuando estaban en la tienda y luego en la habitación… Kate se sonrojó.

- ¡Serás pervertido! –Se apartó el pelo de la cabeza y se recostó al respaldo de su silla con los brazos cruzados- Esto cada vez pinta mejor… -rió con ironía - Lo siento pero no quiero casarme contigo.

- Podrías haberlo pensado antes de que te comprara un anillo de oro y te lo pusiera en el dedo, porque aunque estuviéramos bebidos, a mi me gustas Kate. –Contestó Rick. ¿Acababa de decir eso en voz alta? – se preguntó él queriendo volver atrás y no decir esa última frase.

Kate se quedó sin saber que decir. En ese momento le sabía mal divorciarse ya que todo ese problema era culpa suya y de sus ideas locas de medianoche. Sí que es verdad que Rick le atraía, y se sentía impresionada por él ya que sus libros habían sido su salvavidas después de la muerte de su madre, y ayer se sentía feliz divirtiéndose a su lado.

- Lo siento pero… - estaba muy confundida- ¡Es que todo esto es una locura! Y creo que lo correcto sería el divorcio y seguir cada uno con su vida.

Rick se quedó pensativo, intentando asimilar todo lo que había pasado en esas últimas horas y finalmente dijo – Supongo que estoy de acuerdo contigo. Cada uno ya tiene sus problemas y no hace falta complicarnos más la vida. –sentenció.


- ¿Por cierto has visto a Lanie y Javier? – Preguntó Kate una vez en el ascensor de vuelta a su habitación.

- No, diría que no les he visto desde nuestra boda, cuando hicieron de testigos –rió Rick recordando las palabras de sus amigos, ambos borrachos diciendo chorradas como 'desde que nos conocimos siempre supe que vosotros os terminarías casando' 'Sois los mejores, vais a vivir toda vuestra puta vida juntos y felices, con muchísimos hijos, que os lo digo yo, eh!'

- Diooos –Kate se puso a reír también - ¿Enserio nos hemos casado? ¿Con esos dos de testigos? –Los dos no podían parar de reír por la situación, y Kate puso su mano en el hombro de Castle intentando no caerse por el ataque de risa.

Las puertas del ascensor se abrieron y fueron a mirar si a la otra habitación encontraban a sus amigos.

Abrieron la puerta, y allí los vieron. Durmiendo desnudos uno sobre el otro en la alfombra, y con toda la habitación patas arriba.

- ¡Buenos díaaas! – Gritó Castle mientras Kate intentaba aguantarse la risa otra vez. Lanie y Espo se despertaron de golpe sin recordar ni donde estaban.


¿Os ha gustado?

Este es el último capítulo que pasa en Las Vegas. Ahora todo pasará en Nueva York.

Tardaré un poco en escribirlo, así que paciencia.

¡Reviews!