Disclaimer: Tanto la historia como los personajes no son de mi creación. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es una adaptación de Lori Foster.
Cuando sonó el teléfono, Bella pegó un brinco. Llevaba varias horas en la cama, y en ese momento estaba leyendo detenidamente un artículo de una de las muchas revistas que le había dejado Alice, e imaginando las técnicas de seducción y cómo aplicarlas con Edward. Esa noche había estado a punto de caer, de eso estaba bien segura. Sin duda la deseaba.
Al menos con ese vestido puesto.
Se sintió culpable de los pensamientos eróticos que se le habían pasado por la cabeza, como si la persona que la llamara pudiera leerle el pensamiento. Cuando contestó al teléfono al tercer timbrazo, Bella se había ruborizado. Intentó poner voz de dormida para disimular su excitación. Después de todo, eran más de las doce.
-¿Diga?
-¿Bella, estás despierta?
Jasper. Algo pasaba para que Jasper llamara tan tarde.
-¿Qué pasa? ¿Qué ha ocurrido?
En ese momento se le ocurrió que quizá Edward hubiera cometido alguna estupidez como fugarse con una amante, y se le formó un nudo en el estómago de aprensión.
Pero era algo aún peor.
-Ahora está bien, de verdad. Pero Edward tuvo un accidente cuando salió de tu casa. Está aquí, en el hospital.
Nada más oírlo, Bella saltó de la cama, con el teléfono entre la oreja y el hombro mientras buscaba unos vaqueros que ponerse.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué se ha hecho?
Sabía que estaba aterrorizada, pero no creyó que Jasper se diera cuenta.
-Se ha hecho daño en la rodilla, suficiente para que no pueda salir a correr durante una temporada. Y tiene algunas contusiones bastante feas, sobre todo en las costillas.
Bella sintió un ligero mareo.
-Oh, Dios mío, contusiones.
-Son como cardenales, Bella. Cardenales muy grandes. También se ha hecho daño en la cabeza.
¡En su preciosa cabeza! Bella empezó a temblar y sintió que desfallecía.
-¿Cómo...? -tragó saliva- ¿Es grave?
-Está consciente y se va a recuperar. Pero está un tanto agitado e intratable -se produjo una pausa- ¿Cariño, podrías venir al hospital?
¡Como si pudiera quedarse en casa!
-Estaré ahí en un par de minutos.
-¡No! Estarás aquí dentro de una hora. El camino es largo y las carreteras están llenas de hielo. Hay máquinas quitanieves por todas partes. Tómatelo con calma y conduce con cuidado, ¿de acuerdo? No quiero que te pase nada a ti también.
-Tendré cuidado -le prometió y entonces colgó el teléfono antes de que su hermano pudiera decirle nada más.
Era típico de Jasper preocuparse porque ella fuera a conducir en un momento como aquel. En la misma situación, él se daría prisa, pero no confiaba en que ella pudiera hacer lo mismo y hacerlo bien.
Salió del apartamento en dos minutos, con el pelo despeinado, la ropa a medio abrochar y los zapatos sin calcetines. Pronto descubrió que Jasper tenía razón. Las carreteras estaban fatal, y eso solo le hizo sentirse más nerviosa. ¿Qué le habría pasado a Edward con aquel tiempo tan horroroso? Jasper le había dicho que Edward estaba bien, pero eso no era suficiente para ella. Su hermano era capaz de suavizar la verdad solo para que ella no se apresurara. Bella se sintió tremendamente culpable, puesto que sus espantosas técnicas de seducción habían conseguido apartarlo de ella. En realidad, había salido literalmente corriendo de su apartamento.
Llegar al hospital le llevó la mitad de tiempo del que Jasper había previsto, a pesar de las malas condiciones de las carreteras. Entró corriendo por urgencias y frenó en seco cuando Alice se adelantó a recibirla.
-¿Alice? ¿Qué estás haciendo tú aquí? ¿También te llamó Jasper?
¿Habría llamado a todo el mundo? ¿Estaría Edward peor de lo que le había hecho creer?
Alice le sonrió generosamente.
-Yo estaba aquí haciéndole una visita a Jasper cuando trajeron a Edward. Venga, te llevaré donde está él.
Sin dejar de caminar, Bella sintió que seguía temiendo sus dudas.
-¿Está bien de verdad, Alice?
Alice le dio un apretón en la mano.
-Se va a poner bien, pero ahora está un poco adormilado. Ah, aquí está Jasper; y Bella, ya sabes que tu hermano es un médico excelente.
Bella lo sabía; Jasper era uno de los mejores. Pero, en ese momento, ese hecho no la tranquilizó ni un ápice.
-¿Jasper? Dime lo que le pasa a Edward. ¿Por qué sigue aquí si está bien? Quiero verlo.
Tan solo se sentiría segura de que estaba bien después de recorrer con la vista su magnífico cuerpo de arriba abajo.
Jasper la agarró del hombro para que no prosiguiera y le dio un apretón.
-Espera un momento, hermanita. Necesito hablar contigo antes de que entres.
-¡Ay, Dios mío!
-Vamos a ver, Bella, tienes que controlarte. No es tan grave como parece. Edward tiene muchos hematomas, pero le hemos examinado la columna vertebral a fondo. No tiene daños en el cuello ni traumatismos en la cabeza.
-¿Me lo prometes?
-Cariño, ya sabes la cabeza tan dura que tiene Edward-Jasper le sonrió.
-Pero no tiene demasiado pelo que la proteja. -Te prometo que, aparte de unas cuantas contusiones, tiene la cabeza perfectamente -Jasper le dio unas palmadas en la espalda- Tiene unas buenas y estoy seguro que dolorosas rozaduras y golpes en el hombro derecho y en las costillas, y tal vez tenga que hacer algo de rehabilitación en la rodilla derecha. En este momento no podemos determinar el alcance del daño que tiene por la inflamación. En unos días podrá ir a un especialista y tal vez considerar la posibilidad de que le hagan cirugía, aunque dudo que sea necesaria. De momento, le hemos puesto un aparato externo que le inmoviliza la rodilla, y tendrá que tomar analgésicos durante unos días. Necesitará muletas para desplazarse y yo le he recomendado reposo absoluto en cama y con la pierna elevada durante unos cuantos días.
Bella se tapó la boca con la mano al tiempo que se le saltaban las lágrimas ¿Y Jasper decía que no era para tanto? A ella le pareció más que malo.
-Vamos, Bella -dijo Alice, que se acercó a Jasper; su hermano le echó el brazo a la cintura a su esposa- No puedes entrar y hablar con Edward poniéndote así. De verdad que se va a poner bien, y lo sabes. Tu hermano no te mentiría.
-Por supuesto que no -dijo Jasper, haciendo lo posible por tranquilizar a Bella, pero aliviado de contar con la ayuda de Alice-. No tiene nada roto ni está gravemente herido, pero las contusiones a veces duelen tanto como una rotura, de modo que va a necesitar que alguien cuide de él.
-Yo lo haré -Bella soltó antes de controlar su reacción.
Jasper suspiró.
-Eso era lo que me había imaginado. Ustedes dos siempre han estado más unidos que la mayoría de los hermanos y hermanas.
Alice puso los ojos en blanco, pero al ver la mirada suplicante de Bella no dijo nada.
-¿Puedo entrar ya a verlo?
-De acuerdo -Jasper soltó a Alice de mala gana y entonces le dio la mano a Bella para llevarla hasta la habitación- Lo que pasa, cariño, es que está un tanto desorientado y atontado. Teniendo en cuenta lo grande que es, le di un analgésico muy fuerte. Pero creo que tal vez me haya pasado Jasper se echó reí- Al menos ahora sé por qué nunca bebe.
Cuando estaban dando la vuelta a la esquina del pasillo, Bella oyó a alguien cantando. Era una de las canciones de la película de niños Mary Poppins, interpretada en un tono de barítono que tenía a todas las enfermeras tapándose los oídos.
Jasper sonrió.
-Está ahí dentro. Sigue el ruido. Pero ten cuidado. Intentó darme un abrazo y estuvo a punto de tirarme al suelo.
-Yo lo salvé dijo Alice con una sonrisa mientras se colocaba de nuevo al lado de Jasper. Estuvimos a punto de caernos los tres.
Bella avanzó con vacilación.
Edward estaba tumbado boca arriba en una cama niquelada, con una fina manta cubriéndole hasta la cintura. Tenía el fuerte y velludo pecho cubierto de numerosos cardenales. Estaba con los ojos cerrados con fuerza, pero seguía cantando a voz en grito.
-Supercalifragi...
-¿Edward? -susurró Bella.
Eso le hizo callar, y entonces abrió un ojo.
-Ah, otra amiga mía. Has venido a torturarme un poco más, ¿verdad?
El sonreía, pero a Bella le molestaron sus palabras.
-Por supuesto que no. ¿Cómo te sientes?
-Como si me hubiera peleado con un camión con remolque y perdido la pelea. ¿Y tú?
¿Un camión con remolque? Gracias a Dios que no se había matado. Se acercó despacio al lado de la cama con el corazón latiéndole con fuerza.
-Estás hecho polvo. Tienes tantos cardenales que apenas queda un sitio libre.
-y tú pareces a punto de echarte a llorar -la miró y Bella vio el dolor reflejado en su mirada Preferiría que no lo hicieras -dijo en voz baja.
-No lo haré.
-¿Te gustaba Mary Poppins cuando eras pequeña?
-antes de que pudiera contestar Edward se echó a reír ¿Qué estoy diciendo? Aún eres pequeña. Quiero decir cuando eras más pequeña.
Ella asintió. Arrimó una silla junto a la cama y se sentó.
Con mucho cuidado metió la mano por entre las barandas de la cama y le agarró los dedos con su mano fría.
-Tú solías verla conmigo cuando nadie más quería hacerlo.
-Imposible. Odiaba esa maldita película. Aún la odio. Tal vez no las primeras doce veces que la vi., pero después...
Sintió que le temblaban los labios. A pesar de haberla odiado, aún había accedido a verla con ella. -Edward, te qui...
-¿Llevas bragas, Bella?
La declaración de Bella murió en sus labios.
-¿Cómo?
-Ahora dime la verdad, Bella. Y no me provoques más la miró de arriba abajo, pero como llevaba los vaqueros y la sudadera de siempre, no pudo ver nada ¿Y bien? ¿Las llevas o no?
Edward fruncía el ceño sospechosamente y Bella tuvo que respirar hondo para controlarse. Santo Dios, había estado a punto de soltarle que lo quería. Claro que él no se habría sorprendido demasiado. La familia de Bella era cariñosa y no era algo tan extraño que expresaran ese cariño de uno u otro modo. Pero ella no lo habría dicho del modo en que él se lo habría tomado.
Estaba intentando pensar en una respuesta a su pregunta cuando Jasper entró.
-¿Bueno, cómo estás?
-Jasper -Edward esbozó una sonrisa ñoña- ¿Sabes que eres el mejor médico del mundo? Te lo digo en serio, me has salvado la vida -entonces, para demostrar lo que Bella había estado pensando, añadió-. Te quiero como a un hermano, Jasper.
Jasper asintió.
-Yo también te quiero, Edward -entonces se volvió hacia Bella-. Es la décima declaración de amor absoluto que he recibido de él desde que le di el analgésico.
Bella sonrió débilmente.
-y lo digo en serio. La única cosa buena que me ha pasado esta noche es que tú estuvieras de guardia -Edward gimió y cerró los ojos con fuerza Maldita sea, ojala no me doliera tanto la cabeza.
-Si insistes en seguir cantando a voz en grito, la cabeza te va a doler cada vez más. Necesitas descansar en silencio -Jasper sonrió, aparentemente divertido a pesar de la situación- ¿Bella, por qué no sales un momento? La enfermera tiene que comprobar las constantes vitales de Edward de nuevo y yo quiero hablar contigo.
Edward abrió los ojos y miró a Bella.
-¿Te marchas?
Parecía casi desesperado y ella sintió ganas de llorar otra vez.
-No, por supuesto que no -le dijo en tono bajo en deferencia de su dolor de cabeza ahora mismo vuelvo.
-¿Prometido?
-Prometido.
Edward hizo una mueca y después dijo a voz en grito: -¡Jasper, asegúrate de que lleva ropa interior! Jasper la miró sorprendido.
-¡Por amor de Dios, Edward!
-Es muy ladina, te lo aseguro -levantó un brazo y señaló a Bella-. Será mejor que le eches un ojo.
Jasper frunció la boca y Bella soltó una exclamación entre cortada. Salió por la puerta rápidamente con Jasper a la zaga. Dos enfermeras se echaron a reír.
Nada más salir al pasillo, Jasper dijo:
-Ya te dije que estaba atontado. Nunca he visto a nadie tan colocado tan solo con analgésicos. Hasta ahora nos ha dicho que nos quería a mí, al que le ha hecho las radiografías y a la enfermera que le ha sacado sangre.
-¿Ya mí me ha mencionado?
-No, lo siento cariño, pero no ha dicho una palabra de ti. Tal vez esté disgustado contigo por ese estúpido experimento que se te ha ocurrido llevar a cabo.
Bella se puso tensa.
-No es estúpido.
-Sí, bueno, sea lo que sea, ¿crees que puedes aparcarlo durante un tiempo?
-¿Por qué?
-Porque se me ha ocurrido un modo de salvar a Edward de sí mismo.
Alice llegó a tiempo de decir:
-Esto me suena bien.
Jasper la miró por encima del borde de las gafas. -Me alegro de que sigas aquí, cariño. Creo que podrías sernos de ayuda.
-Ah, estupendo..
De mala gana, Jasper apartó la mirada de su esposa y continuó.
-Quiero que secuestres a Edward.
A Bella le llevó un momento darse cuenta de lo que Jasper le estaba diciendo. Pero no quería decir nada aún. Se aclaró la voz, intentó borrar cualquier rastro de emoción, y le preguntó con calma fingida:
-¿Sí?
Alice miró al techo y silbó. Jasper la ignoró.
-Si lo atiendes y no dejas que nadie lo vea, no tendrá nada que hacer aparte de pensar en lo estúpido que sería proponer a Rosalie en matrimonio... Probablemente tendrá que estar en cama durante unos cuantos días, tal vez incluso toda una semana antes de empezar a sentirse bien otra vez. Podría darte instrucciones completas sobre cómo cuidar de él, los medicamentos que tienes que darle...
Alice lo miró con escepticismo.
-Será el momento ideal para que piense en lo que está haciendo y en por qué no debe hacerlo.
-¿Cómo propones que haga esto? -Bella le preguntó, intrigada a pesar de sus preocupaciones- Edward es mucho más grande que yo, de modo que va a resultar difícil dominarlo.
-Ahora mismo no está como para pelearse -le explicó Jasper-. Y con la medicación, creo que estará más agradable que huraño.
-Querrá volver al trabajo, y lo sabes.
-No podrá caminar lo suficientemente bien para hacerlo. Es importante que tenga las piernas en alto. -Entonces lo hará por teléfono.
-No me importa que reciba llamadas de teléfono -le dijo Jasper-. Pero tendrá que tomárselo con calma, relajarse y recuperarse, hasta que le baje la inflamación de la rodilla. Si alguien intenta visitarlo...
-¿Como por ejemplo Rosalie?
-Sobre todo Rosalie -concedió Jasper-. Pero pensándolo bien ella deberá entender que Edward no va a estar para visitas.
Bella estaba empezando a entender la idea. ¿Sola y aislada con Edward? La idea tenía posibilidades. Así no podía echar a correr, si estaba inmóvil, sobre todo en la cama, en un lugar perfecto, la verdad, entonces su vida no correría peligro con sus técnicas de seducción.
-¿Eso es todo? -dijo con cautela, queriendo asegurarse de que lo había comprendido- ¿Quieres que evite que Rosalie se acerque a él?
-Es un comienzo.
A Bella desde luego le encantó la idea, pero tenía sus inconvenientes.
-No estoy segura de poder prohibir a la gente que no vaya a su apartamento, Jasper. Quiero decir, postrado en cama o no, Edward tendrá algo que decir a todo esto, estoy segura.
Jasper se aclaró la voz.
-Yo no estaba pensando exactamente en su apartamento. Creo que deberías llevártelo de aquí. -¿llevármelo?
-De la ciudad. Bella, tú sabes que le vendría bien tomarse unos días para reflexionar sobre el asunto de Rosalie y para descansar del trabajo. Hablaré con papá. Desde luego él podrá sustituirlo, o encontrar a alguien que lo sustituya durante unas semanas.
Bella pestañeó.
-¿Pero... adónde podría llevármelo?
Jasper se quitó las gafas y empezó a limpiárselas
Con el borde de su bata blanca.
-Bueno, se me ha ocurrido algo. Tenemos una cabaña, bueno si se le puede llamar cabaña.
-¿Una cabaña? -Bella vio que Alice sonreía y que Jasper no quería mirar a su esposa ¿Alice y tú han comprado una cabaña? ¿Cuándo?
-Bueno, en realidad... -Jasper miró a Alice de reojo y entonces se puso derecho La compré yo antes de conocer a Alice.
-¿De verdad? su hermano parecía muy nervioso y Bella frunció el ceño ¿Hace cuánto tiempo que la tienes?
-Hace ya un tiempo. Es un lugar muy bonito, aunque un poco rústico -intentó distraerla cambiando de tema- Yo me llevaría allí a Edward y lo obligaría a razonar, pero ahora mismo no puedo tomarme ni un día libre.
Bella estaba anonadada; y en absoluto divertida. -¿Tienes una cabaña y nunca me lo has contado? ¿Lo saben papá y Emmett? Jasper no era mentiroso, pero Bella se dio cuenta de que estaba pensando en soltarle una mentira. Pero al final asintió con resignación.
-Papá, Emmett e incluso Edward; todos han estado allí. Es una cabaña para solteros, Bella, y por eso es por lo que no había querido decírtelo.
Alice se echó a reír.
-Bueno, eso te ha costado, ¿verdad? Reconocer delante de tu inocente hermana pequeña que eres un hombre normal -se volvió hacia Bella sin dejar de sonreír pero desde que nos hemos casado Jasper solo ha ido a la cabaña conmigo.
-En realidad -dijo Jasper con expresión seria Alice y yo fuimos allí antes de casarnos.
En lugar de sentirse avergonzada por lo que acababa de decir, Alice parecía divertida.
-Todos los machos necesitan un lugar donde satisfacer sus instintos más básicos; un lugar donde poder ser humanos, sin tener que pervertir a sus pobres e inocentes hermanas pequeñas contándoles la verdad -le susurró en tono confidencial; entonces se apoyó en el hombro de Jasper y sonrió de oreja a oreja- No es verdad, ¿doctor?
Fascinada, Bella observó cómo Jasper le daba la espalda a Alice bruscamente, casi haciéndola caer.
-Todo lo que necesites se te puede enviar allí antes de que lleguen. Llamaré a primera hora de mañana para que lleven un par de cargamentos de leña de modo que la cabaña esté bien caliente. La chimenea calienta casi toda la cabaña. Y haré que llenen la nevera. El congelador ya está repleto.
-¿Tienes electricidad, pero no calefacción?
A Bella le estaba costando asimilar todo aquello. Fue Alice la que le explicó.
-Piénsalo, Bella. ¿No es más romántico el calor de una chimenea que tener calefacción? Incluso hay una reserva de vinos y música romántica en abundancia allí, ¿no, doctor?
Jasper no le contestó, pero Bella vio que flexionaba los dedos de las manos con nerviosismo. Bella pensó si estaría pensando en estrangular a su esposa.
-No sugeriría darle vino a Edward. Entre que él no aguanta la bebida y los analgésicos, quién sabe cómo reaccionaría.
Bella negó con la cabeza, aún aturdida.
-Emmett ha estado allí. ¿Y Edward? ¿Y papá?
Ya le fastidiaba bastante imaginarse a Edward llevándose a una mujer a una cabaña perdida en medio del bosque con fines sexuales. ¿Pero a su padre?
De nuevo, Alice fue la que contestó.
-Es lo que te digo siempre, Bella. Ninguna persona normal y sana vive como un monje. El sexo responsable y maduro es parte vital de la vida de una persona.
Jasper se volvió hacia ella.
-Ya es suficiente, Alice.
En tono suave, Alice se dirigió a su esposo.
-¿Qué ocurre, Jasper? ¿Temes que tu hermana pequeña averigüe que eres humano? ¿O acaso que averigüe lo humana que es ella?
Jasper se calló durante unos segundos y Bella pensó en la cara de rabia de su hermano en ese momento. Era la primera vez que pensaba en su hermano de ese modo, porque normalmente era tan... sosegado. .
Pasados unos segundos, Jasper se calmó un poco. -No soy tan torpe como tú crees, cariño.
Alice arqueó las cejas.
-¿No?
-No.
Entonces Jasper le echó el brazo a Bella y la apartó de Alice.
-Dudo mucho que Edward acceda a dejar de trabajar durante unos días para ir a la cabaña. Ya sabes lo dedicado que está al trabajo. Por eso he pensado que vamos a tener que mostramos más hábiles que él.
Alice se unió a ellos como si Jasper la hubiera invitado.
-Sabes, estoy totalmente de acuerdo conque Bella haga esto. ¿Pero, dime, qué ha hecho esa Rosalie que sea tan malo?
-Nada. Simplemente no es la mujer adecuada para Edward.
-¿Por qué? Tú no la conoces íntimamente, ¿verdad?
Jasper le dedicó a Alice la sonrisa más malvada que Bella había visto en sus apuestas facciones.
-¿Celosa, cariño?
Alice entrecerró los ojos y fue a darse la vuelta, pero Jasper le agarró del brazo para impedírselo. Antes de que Bella pudiera pensar en darles un momento de intimidad, Jasper le plantó a Alice un apasionado beso en los labios. Bella se ruborizó.
¿Quién necesitaba libros cuando su hermano era uno viviente? y, al contrario de la reacción de Edward, Alice pareció deleitarse con las técnicas de Jasper.
-Te quiero, Alice.
Ella le dio unas palmadas en el pecho y sonrió. -Sí, pero eso no contesta a mi pregunta.
Rosalie es una mujer de negocios hasta la médula. No es de la que inspira pensar en un hogar y en una familia. Al menos, a mí no me pareció. Pero ahora con Edward... No puedo creer todo esto. La idea del matrimonio es ridícula ladeó la cabeza
¿Contesta eso a tu pregunta?
-Afortunadamente para ti... sí. Jasper volvió al tema de la cabaña.
-Estarán lo suficientemente aislados, de modo que Edward no tendrá nada que hacer sino recuperarse y pensar en lo ridículo que es su plan de matrimonio.
Bella asintió.
. -y tú -añadió Jasper- podrás aprovechar para pensar en ese estúpido asunto de la seducción.
Alice sonrió de oreja a oreja.
-Oh, estoy segura de que lo hará. Después de todo... -le guiñó un ojo a Bella- la cabaña está equipada para la seducción. ¿Cómo no iba a pensar en ello? y mejor aún, pensaba Bella, ¿cómo no iba Edward a pensar en ello? El lugar le daría la oportunidad perfecta para poner en práctica su proyecto, solo que entonces Edward estaría a su merced. No podría escapar de ella
-¿Pero y si le ocurre algo?
Bella miró hacia la habitación donde estaba Edward. Aún le oía cantar mientras un grupo de enfermeras lo examinaba entre risas y comentarios, coqueteando con él. Desvergonzadas.
¿Qué mujer decente se aprovechaba de un hombre impedido?
Bella frunció el ceño al darse cuenta de que ella estaba pensando en hacer precisamente eso.
-¿y si empieza a dolerle más o necesita otro medicamento distinto?
-Yo puedo asegurarme de que te lleves todas las recetas antes de marcharte, que debería ser mañana por la mañana. Quiero que se quede esta noche para poder vigilarlo, pero estará bien para salir mañana... con los cuidados precisos. En realidad, si conozco a Edward, probablemente insistirá en marcharse.
-Tú lo dices como si fuera tan fácil. Jasper asintió. .
-Lo será. Te apuntaré todas las instrucciones.
Pero para estar más seguros, puedes llevarte mi teléfono móvil contigo. Solo asegúrate de esconderlo. Si Edward sabe que lo tienes, llamará a un taxi y correrá a casa a proponerle a Rosalie en matrimonio - Jasper miró a Bella de modo comprensivo- Y no queremos que eso ocurra, ¿verdad, Bella?
-No -desde luego eso era lo último que Bella deseaba. .
Otra enfermera entró en la habitación de Edward, y Bella oyó que Edward la recibía con un silbido. Los analgésicos le habían puesto de un humor extraño, y no estaba dispuesta a dejar que otra mujer, ni siquiera una enfermera, se aprovechara de su repentina vulnerabilidad.
-Voy a pasar la noche aquí con él -anunció y espero a que alguno se lo rebatiera.
Jasper se limitó a asentir y Alice dijo:
-¿Quieres que vaya a casa y te traiga algo? -Gracias, Alice, pero estaré bien.
Solo quería volver al lado de Edward, verlo y estar con él... y mantener a raya a las demás mujeres.
Alice le tendió la mano.
-Dame tus llaves. Estoy segura que no has aparcado el coche bien para pasar la noche.
-No, está delante de las urgencias -se metió la mano en el bolsillo y sacó el abultado manojo de llaves del apartamento y el coche- Gracias.
-No hay de qué -Alice decidió marcharse a casa después de colocar bien el coche de Bella y besó a su esposo y a su cuñada antes de irse.
Jasper le prometió que llegaría temprano a casa. Su turno había terminado horas antes, justo cuando habían llevado a Edward. Bella sabía que debía estar agotado.
Jasper se volvió al oír el profundo gruñido que salió de la habitación de Edward.
-Creo que nuestro paciente está dando demasiada guerra. Supongo que no debería sorprenderme. Los hombres suelen ser los peores pacientes. Vamos, creo que la enfermera necesita de nuestra ayuda.
Bella lo siguió rápidamente, algo ansiosa al oír las palabrotas y las quejas que salían de la habitación de Edward. Cuando entraron, vieron á Edward forcejeando con una enfermera mientras esta intentaba retirarle la manta.
-Quítame las manos de encima, mujer! -Necesito mirarle las costillas, señor Masen. -¡No pienso permitir que me desnude!
Jasper se adelantó.
-No se preocupe, señorita Dryer. Yo me ocuparé de él..
Edward miró a Jasper con expresión indignada. -Llevo todo el día aguantando el acoso de un montón de mujeres mandonas.
Bella se puso colorada, pero Jasper no pareció darse cuenta. Desde luego no había captado el verdadero significado de las palabras de Edward.
Jasper intentó calmar a Edward.
-De verdad que te entiendo, Edward. Pero lo cierto es que, si quieres que te den el alta por la mañana, tendré que hacerte un reconocimiento antes. Por muy grandote que seas, no eres invencible. Sobre todo después de chocarte con un camión. Cállate la boca
y déjame hacer mi trabajo.
-Eres un buen amigo, Jasper, ¿lo sabías? Un amigo estupendo.
Jasper miró a Bella de reojo como queriéndole decir que ya empezaba otra vez. Jasper bajó la sábana, apenas manteniendo la modestia de Edward, y Bella lo vio casi desnudo. Tenía el abdomen musculoso, incluso en estado de relax. Y más abajo las caderas estrechas, donde el vello se perdía en el exquisito territorio masculino.
El mismo vello que le cubría levemente el pecho le recorría el centro del abdomen hasta el ombligo, y de ahí hacia abajo...
Edward levantó la vista y la sorprendió observándolo con embeleso. Agarró la sábana y se la subió hasta la barbilla mientras la miraba como si fuera una pervertida.
Jasper miró a Bella y su rostro se dulcificó con una comprensiva sonrisa. Volvió ligeramente la cabeza hacia la puerta.
-Danos un momento, cariño, ¿quieres? Edward se siente tímido de pronto ,Bella no quería salir.
Quería quedarse y seguir estudiando el cuerpo fuerte y potente de Edward. Quería retirar la sábana un poco más. Tal vez más que un poco; preferiblemente hasta la rodilla.
Deseaba inspeccionar cada raspón, cada cardenal y herida de su cuerpo, y besarle por todas partes para aliviar su dolor. No le importaba que estuviera lleno de golpes y contusiones, seguía teniendo el cuerpo más bello que había visto en su vida, lleno de músculos y cubierto de fino vello. Lo amaba.
Con suerte, una vez que lo tuviera a su merced, podría ver un poco más de él. Tal vez todo de él. Y al detalle. Sonrió solo de pensar en ello, y seguidamente salió de la habitación de mala gana.
Fue a llamar a su ayudante en la librería para que trabajara jornada completa hasta que volviera a llamarla. Le dio tanto el número de Jasper como el de Alice, y la mujer le prometió que se ocuparía de todo debidamente.
Jasper tardó otros quince minutos más en salir. Fue directamente adonde Bella esperaba con impaciencia.
-Se ha dormido. Me imaginaba que los medicamentos lo tumbarían antes o después. Vamos. Te llevaré a cenar algo y podremos hablar de la cabaña.
-No quiero dejarlo.
-Está fuera de combate, Bella. No sabrá si estás ahí con él o no, y le he pedido a las enfermeras que me llamen si se despierta.
-No tengo hambre, Jasper. ¿No podría quedarme sentada a su lado?
Jasper la miró con curiosidad y, finalmente, asintió.
-De acuerdo. Le pediré a un enfermero que te suba una butaca más cómoda. ¿Quieres una almohada por si acaso te quieres echar una cabezada?
-Gracias -Bella habría accedido a cualquier cosa con tal de dejar arreglado el asunto.
Sobre todo deseaba estar junto a Edward, agarrarlo la mano y asegurarse de que estaba bien de verdad.
Por encima de su sentido de culpabilidad, que era muy grande, sintió un empeño tremendo en dar a la relación con Edward todas las oportunidades posibles. Si ello significaba echarse encima de él, aprovecharse de él o comportarse como una mujerzuela, entonces lo haría. y si con todo ello acababa con el corazón roto, tendría que aguatarse.
Jasper le echó una mirada prolongada y después se acercó y le dio un abrazo.
Tengo que marcharme. Edward seguramente dormirá toda la noche de un tirón, pero si hay algún problema puedes llamarme a casa. El doctor Morton estará aquí toda la noche, y es bueno, pero aún así preferiría que me llamaras si ocurriera algo.
-Lo entiendo. Yo también lo quiero -Bella sonrió a su hermano mientras intentaba no echarse a llorar- Y prometo llamarte si hay algo.
Jasper le dio un beso en la frente.
-No te agotes demasiado. Intenta dormir un poco. Edward va a necesitar mucha atención en los próximos días, y tú tendrás que estar preparada para ello. Sobre todo- dado el modo en que ha reaccionado a los analgésicos.
Después de que Jasper se marchara para pedir la butaca y la almohada, Bella entró de puntillas en la habitación de Edward. Se quedó de pie junto a la cama, le agarró de una de sus enormes manos y la retuvo entre las suyas. Lo observó mientras dormía plácidamente, examinó el cardenal que tenía en la sien y el feo raspón del hombro. Hasta que no vio una lágrima caer sobre sus manos entrelazadas, no se dio cuenta de que estaba llorando.
Haría lo mejor para él. Si ello significaba llevárselo a un sitio aislado donde Edward no tuviera más remedio que escuchar sus argumentos razonables, entonces lo haría.
Haría todo lo necesario para que Edward no se casara con la mujer equivocada. Y si mientras estuvieran en la cabaña Edward la convencía de que tan solo la quería como a una hermana, de que Rosalie era la mujer adecuada para él, entonces se daría por vencida sin alborotar. Por encima de todo, deseaba la felicidad de Edward.
Pero primero Edward tendría la posibilidad de elegir. Vería lo mucho que ella lo amaba, que todo podría ser maravilloso entre ellos si él quería. y, entonces, podría decidir.
Le llevaron la butaca y se la colocaron junto a la cama de Edward. Bella se acomodó en el asiento, pero no durmió. En lugar de eso se quedó toda la noche despierta, planeando cómo iba a seducir a Edward. Tenía la intención de poner toda la carne en el asador. Sin lugar a dudas, Edward valía la pena.
Hola chicas!!
lo siento, se que tarde mucho en subir capitulo
pero la pagina no me dejaba publicar el cap..
prometo actualizar muy pronto!! =)
dejen Reviews!!!
quiero saber si les va gustando la historia,
mil besos y abrazos :)
Brianda Cullen
